El nuevo presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate, Rodrigo Correa, citó para este martes 13 de enero a una primera cumbre con los productores, pero esta cita podría fracasar por la negativa de los productores a asistir en forma fragmentada, ya que el llamado salió para unas pocas asociaciones.
La Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM) adelantó que no asistirá a la reunión con Correa, por considerar que el método que dispuso para el desarrollo “es contraproducente para el sector yerbatero, ya que pone un límite de participación de cuatro asociaciones de productores y siendo así, no estará representada toda la zona productora, acotando la información y diagnóstico socio económico a ser socializado, dividiendo a los productores y sembrando dudas sobre la transparencia y objetivos que encabeza la nueva presidencia de la institución”.
La misma posición tomaron productores de la zona norte.
“La exclusión de asociaciones, de mujeres y hombres comprometidos con el crecimiento y desarrollo de la producción de yerba mate, en una reunión como esta, con la máxima autoridad de la Institución más importante del sector, en un momento de profunda crisis como la actual, no puede ni debe ser admitida”, señalaron desde la APAM. “La APAM ratifica principios como el trabajo en conjunto, la diversidad y la ayuda mutua para superar los desafíos colectivamente, en línea con los hechos históricos, de público conocimiento, que nos dieron buenos resultados, y también ratifica el reclamo permanente de la restitución de todas las facultades del INYM, acorde a la Ley 25.564 que le dio origen y está vigente”, remarcaron desde la entidad que lidera Hugo Sand.
El análisis de la evolución de las plantaciones de yerba mate en Misiones y Corrientes entre 2016 y 2025 muestra con una claridad difícil de discutir que el problema estructural del sector no es la falta de producción, sino exactamente lo contrario: un crecimiento demasiado rápido y demasiado concentrado de la superficie implantada, en un contexto donde el propio Estado fue perdiendo -y ahora renunciando formalmente- a las herramientas para ordenarlo. En ese período, el área total del país pasó de 165.326 a 231.352 hectáreas, lo que implica un aumento cercano al 40 por ciento en menos de una década. Ese proceso, lejos de ser gradual, se aceleró con fuerza a partir de 2021 y luego se frenó de manera abrupta en 2024 y 2025, cuando el crecimiento interanual cayó primero al 3,64 por ciento y luego al 0,48 por ciento. En términos económicos, esa secuencia es típica de un mercado que entra en saturación: primero se expande rápidamente y luego se detiene porque ya no puede absorber más oferta sin que los precios se deterioren.
Dentro de ese proceso, Misiones juega un papel absolutamente determinante. En 2016 concentraba 144.118 hectáreas de yerba mate y en 2025 alcanzó las 203.692, lo que significa un incremento de casi 60.000 hectáreas, es decir, un crecimiento del 41,3 por ciento. Medido como índice con base 2016, Misiones llega a 141,3, muy por encima de Corrientes. Esto confirma que la expansión del sistema yerbatero fue empujada casi por completo desde territorio misionero y que, en consecuencia, allí se genera también el grueso del excedente que hoy presiona a la baja los precios de la hoja verde, señala el estudio realizado por el diputado Cristian Castro.
Corrientes, en cambio, muestra una dinámica distinta. Pasó de 21.209 hectáreas en 2016 a 27.661 en 2025, un crecimiento del 30,4 por ciento, significativo pero claramente menor al de Misiones. Además, desde 2023 se observa una meseta e incluso una leve retracción en el último año. Esto sugiere una conducta productiva más conservadora o condicionada por límites agroecológicos y empresariales más claros, lo que refuerza la idea de que la sobreoferta que hoy atraviesa al sector no se origina allí, sino en Misiones.
La comparación directa entre ambas provincias vuelve aún más nítido este desequilibrio. A partir de 2022, Misiones empieza a crecer más rápido que Corrientes, ampliando la brecha relativa. En términos prácticos, esto significa que el núcleo del problema yerbatero está localizado en Misiones y que cualquier política de ordenamiento, sostenibilidad o regulación del mercado debería concentrarse allí, porque es en esa provincia donde se define el equilibrio global del sistema.
Pero este proceso de expansión acelerada ocurre, además, en un momento particularmente delicado desde el punto de vista institucional. El mercado yerbatero no solo se expandió sin planificación: también fue perdiendo, por decisión política, los instrumentos que permitían moderar, ordenar o amortiguar ese crecimiento. El Decreto 812/2025 del Gobierno Nacional prohibió expresamente al Instituto Nacional de la Yerba Mate intervenir en la oferta y la demanda, lo que implica, en los hechos, que ya no puede cupificar, regular volúmenes ni definir tiempos de cosecha con criterios de equilibrio de mercado.
Esa lógica de desregulación acaba de profundizarse con la Resolución 146/2025 del propio INYM, que abrogó y modificó una serie de normas históricas para alinearse con el nuevo marco de “libre iniciativa”. Entre los cambios más relevantes se eliminó la Resolución 37/2007, que impedía la cosecha y secanza durante el período de brotación, una herramienta clave para ordenar el flujo de materia prima y proteger los ciclos biológicos del cultivo. Desde ahora, según el propio organismo, el respeto por esos ciclos quedará librado a la “responsabilidad de cada operador”, es decir, al mercado y no a la regulación.
También se desmanteló buena parte del sistema sancionatorio. Se derogó la Resolución 15/2003, que tipificaba infracciones, y se eliminó la Resolución 103/2017, que permitía inhabilitar de manera inmediata a un operador que no tuviera en regla la documentación de movimientos de materia prima durante una inspección. A partir de ahora, incluso la falta de presentación de declaraciones juradas ya no genera una baja automática, sino que habilita un sistema de intimaciones previas. El propio directorio del INYM reconoció en los considerandos que esta es solo la primera etapa de una “depuración” normativa más amplia, destinada a remover todo aquello que pueda ser considerado una interferencia con la libertad de mercado.
En este contexto, la señal que emiten los datos de 2024 y 2025 es aún más preocupante. Cuando el crecimiento de la superficie cae por debajo del uno por ciento anual, como ocurrió en 2025, el sistema entra en una fase de saturación en la que cualquier nueva producción tiende a transformarse directamente en presión sobre los precios. Y eso ocurre ahora en un mercado que ya no tiene herramientas públicas para ordenar la cosecha, regular los volúmenes o administrar los tiempos de ingreso de hoja verde.
En definitiva, los números y las decisiones regulatorias convergen en un mismo punto: la crisis de la yerba mate no es un problema de falta de demanda ni de coyuntura climática, sino el resultado de una expansión desordenada de hectáreas -especialmente en Misiones- combinada con un proceso de desregulación que dejó al sector sin instrumentos de equilibrio. Sin cupos, sin control de nuevas plantaciones, sin regulación de la cosecha y con un sistema punitivo debilitado, la dinámica actual tiende a castigar al productor primario, favorecer la concentración aguas abajo y consolidar un excedente estructural que vuelve crónica la inestabilidad. En ese escenario, más hectáreas ya no significan más ingresos: significan más oferta sin control y un mercado cada vez más desigual.
En el marco del Programa de Asistencia Técnica para el Manejo y Restauración de Agroecosistemas Yerbateros, el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones avanza en el desarrollo de estrategias orientadas a una producción sustentable y al fortalecimiento de la competitividad del sector yerbatero, promoviendo la transición hacia sistemas agroforestales complejos y el aumento de la biodiversidad. Durante el año 2025, la iniciativa llevó adelante capacitaciones y acciones de asistencia técnica en conjunto con el Instituto Misionero del Suelo, alcanzando a 400 productores y 20 técnicos en 15 municipios de la provincia: Eldorado, Comandante Andresito, San Pedro, San Vicente, El Soberbio, Dos de Mayo, Salto Encantado, Aristóbulo del Valle, Campo Grande, Los Helechos, Colonia Alberdi, Apóstoles, Santa María, Concepción de la Sierra y Azara.
Las capacitaciones abordaron temas clave para el manejo sustentable de la yerba mate, como sistematización y preparación de suelos, plantación, cubiertas verdes y arborización, cosecha y manejo poscosecha, manejo integrado de plagas, elaboración de compost y mantenimiento de caminos. En varias de estas instancias se realizó además la entrega de árboles nativos producidos en Biofábrica Misiones, fortaleciendo la restauración ambiental y la diversificación de los sistemas productivos.
En relación con el enfoque del programa, el ministro del Agro y la Producción, Facundo López Sartori, afirmó que “integra producción y conservación, porque entendemos que la sostenibilidad tiene una relación directa con el aumento en la competitividad del sector”.
Por su parte, la subsecretaria de Desarrollo y Producción Vegetal, Luciana Imbrogno, destacó que “las capacitaciones y la asistencia técnica permiten acompañar a productores y técnicos en la incorporación de prácticas sustentables, fortaleciendo la transición hacia sistemas productivos más diversificados y resilientes”.
Como parte de las acciones 2025, también se desarrollaron capacitaciones en Agrotech dirigidas a técnicos del Ministerio del Agro y la Producción, con el objetivo de incorporar herramientas tecnológicas aplicadas al acompañamiento técnico y a la gestión territorial.
Articulación interinstitucional y valorización del trabajo yerbatero
El trabajo interinstitucional tuvo un rol central a lo largo del año. El Ministerio del Agro y la Producción participó en las Jornadas de Agua y Suelo, organizadas junto a la UNAU y el municipio de San Vicente, donde se abordaron contenidos vinculados a la conservación del suelo y el manejo del agua en sistemas yerbateros.
Asimismo, en el marco de la 47° Fiesta Nacional e Internacional de la Yerba Mate, el Ministerio participó en la organización de distintas actividades. En la ciudad de Apóstoles se realizó la 2ª edición del Concurso de Cosecha de Yerba Mate, que puso en valor el trabajo, la destreza y el conocimiento de los tareferos, actores fundamentales de la cadena productiva.
El concurso contó con la participación de 60 tareferos y tareferas de distintas localidades de la provincia, quienes demostraron técnicas de cosecha, eficiencia y cuidado de la planta, priorizando prácticas que contribuyen a la sustentabilidad del cultivo y a la calidad de la materia prima. La actividad fue organizada de manera conjunta por el Ministerio del Agro y la Producción, el municipio de Apóstoles, la Comisión Organizadora de la Fiesta Nacional e Internacional de la Yerba Mate, el INTA y el INYM.
En ese mismo marco, se desarrolló la Jornada Tecnológica de la Yerba Mate, donde se presentaron avances y experiencias vinculadas al manejo sustentable de los yerbales, la innovación tecnológica aplicada a la producción y la mejora de la calidad productiva. Allí, el Ministerio del Agro y la Producción presentó la Evolución de la Producción Orgánica en Misiones y la Check List Orgánica “¿Qué tan cerca estás de certificar tu producción?”.
Esta herramienta permite a los productores realizar un autodiagnóstico de su establecimiento, identificar el grado de cumplimiento de los requisitos establecidos por la Norma Orgánica Argentina y reconocer los principales aspectos a mejorar para avanzar hacia la certificación, consolidándose como un primer paso para agregar valor, acceder a mercados diferenciados y fortalecer la sustentabilidad ambiental, social y económica del sistema productivo.
Durante el almuerzo de la familia yerbatera, también en el marco de la Fiesta Nacional e Internacional de la Yerba Mate, se realizó una nueva entrega de la Orden del Mate, reconociendo al establecimiento Anna Park, dedicado a la producción, elaboración y comercialización de yerba mate orgánica, y a la bioquímica Ana Eugenia Thea, investigadora en calidad e inocuidad de yerba mate.
Producción, ambiente y trabajo: un enfoque integral
El programa se basa en la integración entre producción y conservación. La incorporación de árboles y cubiertas verdes, junto con la sistematización de suelos y caminos, permite mejorar la regulación del microclima, reducir temperaturas extremas y heladas, disminuir el estrés hídrico, favorecer una mayor estabilidad productiva y proteger el suelo frente a la erosión, mejorando su estructura, infiltración y contenido de materia orgánica.
Además, el aumento de la biodiversidad contribuye a una menor presión de plagas y enfermedades, reduciendo la dependencia de insumos externos, fortaleciendo la conectividad del paisaje, la captura de carbono y la mitigación del cambio climático.
Estas prácticas también impactan positivamente en las condiciones laborales, generando más sombra, menor exposición al sol, reducción del estrés térmico durante la cosecha, menos riesgos asociados a altas temperaturas, menor uso de agroquímicos y un entorno de trabajo más saludable y seguro.
En ese sentido, el coordinador del Instituto Misionero del Suelo, Guillermo Reutemann, recalcó que “la restauración de los agroecosistemas yerbateros mejora la estructura del suelo, reduce la erosión y permite sostener la productividad en el tiempo, cuidando el ambiente y a los trabajadores”.
De esta manera, el Gobierno de Misiones, a través de la cartera agraria, consolida una política pública que acompaña al sector yerbatero con una mirada integral, territorial y sustentable, fortaleciendo uno de los pilares productivos e identitarios de la provincia.
En un contexto de expansión internacional del consumo de yerba mate, dos emprendedores argentinos decidieron transformar ese fenómeno cultural en un proyecto de negocios con proyección global. Se trata de Álvaro (36) y Valentín Sampedro (32), hermanos marplatenses que a fines de 2021 lanzaron YACÍ, una bebida natural a base de yerba mate orgánica producida en Misiones, la principal provincia yerbatera del mundo.
La iniciativa surgió a partir de una lectura temprana de una tendencia global: durante sus años de formación en Europa -Álvaro cursó un máster en Negocios en Madrid y Milán, y Valentín un máster en Innovación y Emprendedurismo en Londres- observaron cómo el mate comenzaba a instalarse en el exterior como una bebida natural, energizante y asociada al alto rendimiento deportivo, impulsada por la visibilidad internacional de figuras como Lionel Messi.
A partir de ese diagnóstico, regresaron a la Argentina para desarrollar una propuesta que trasladara el valor cultural, funcional y simbólico del mate a un formato listo para consumir, orientado a los mercados urbanos y globales.
El nombre de la marca no es casual. YACÍ remite a la diosa Luna de la mitología guaraní, quien, según la leyenda, regaló la planta de Caá -la yerba mate- al pueblo guaraní como símbolo de amistad y hermandad. Esa narrativa cultural se articula con una estrategia productiva basada en la calidad de origen.
La bebida se elabora a partir de yerba mate orgánica (Ilex paraguariensis) proveniente de productores de Misiones, que no utilizan agroquímicos y trabajan bajo criterios de sustentabilidad. A eso se suma un envase de aluminio de 354 centímetros cúbicos, ciento por ciento reciclable, alineado con los estándares ambientales que hoy demandan los mercados premium.
Tras casi un año de desarrollo, la empresa lanzó tres variedades que conectan la yerba mate con perfiles regionales de sabor:
Iguazú, con limón y jengibre;
Pampa, con menta y hierbas;
Patagonia, con frutos rojos.
Un modelo de alianzas para escalar
Para convertir el proyecto en una operación industrial y comercial, los hermanos Sampedro estructuraron un esquema de alianzas con empresas de trayectoria. Entre los socios estratégicos figuran Cabrales S.A., que aporta su red logística y comercial, y Laboratorios Gihon, que se encarga de la producción, el desarrollo y el control de calidad.
“Diseñamos un esquema de inversión directa e indirecta con la participación de empresarios con experiencia industrial y comercial. El vínculo se consolidó luego de presentar nuestro plan de negocios”, explican los fundadores.
La producción y el envasado se realizan en Mar del Plata, donde también funcionan el laboratorio y el centro de distribución. A partir de ese esquema, YACÍ logró ingresar en cadenas y plataformas de alcance nacional como Cencosud, Coto, Axion, Mercado Libre, PedidosYa y Rappi, lo que permitió una rápida expansión en el mercado argentino.
Actualmente la empresa cuenta con 30 empleados y proyecta para 2026 superar 1,5 millones de unidades producidas, como paso previo a su desembarco en mercados de América Latina y Estados Unidos.
El proyecto se apoya sobre un activo clave: la fortaleza estructural de la cadena yerbatera argentina y, en particular, de Misiones. Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), el país produce más de 275.000 toneladas anuales para el mercado interno y exporta alrededor de 40.000 toneladas, lo que lo convierte en el primer productor mundial y el segundo exportador, detrás de Brasil.
En el mercado internacional ya existen bebidas a base de mate, como Materva en Estados Unidos o Club Mate en Europa, pero ninguna se produce en Argentina con yerba mate de origen misionero. Incluso intentos de grandes multinacionales, como la bebida Nativa de Coca Cola en 2003, fracasaron por no lograr instalar la categoría.
Para los fundadores de YACÍ, ese vacío representa una oportunidad estratégica. “El mate tiene atributos únicos que todavía no están plenamente aprovechados en el mundo. Así como el café y el té se convirtieron en bebidas globales, creemos que la yerba mate -emblema de nuestra cultura y de la producción misionera- tiene todo para ocupar ese lugar”, afirman.En un escenario global que prioriza lo natural, lo funcional y lo sustentable, la yerba mate de Misiones emerge no solo como una tradición regional, sino como un activo estratégico de la agroindustria argentina. Y proyectos como YACÍ buscan convertir ese capital productivo y cultural en una plataforma de valor para competir en las góndolas del mundo.
Santi Carneri, El País. En Paraguay, cuna de la yerba mate, encontrarla silvestre se ha vuelto casi imposible. Entre monocultivos de soja, estancias ganaderas y la pérdida acelerada del bosque nativo, una comunidad guaraní lucha por preservar el ka’aite —la yerba auténtica, en guaraní— que desde hace siglos es parte esencial de su identidad.
La mejor yerba mate del mundo nació, sin proponérselo, de una historia de amor: el amor de un hombre hacia su esposa, de un pueblo hacia sus tradiciones y de una comunidad hacia un bosque cada vez más pequeño, cercado por enormes campos de soja y pastizales para el ganado. Para los guaraníes, el ka’a, es la planta madre. Sagrada. Hoy, consumirla es, a la vez, un placer y un acto de resistencia.
Victoria, esposa de Ernesto Vera.Mayeli Villalba
Son casi las cuatro de la madrugada cuando Ernesto Vera, un anciano de la aldea Tekoha Y’apy —Territorio del Manantial— sale de su casa en una fresca mañana de octubre. El aire huele a lluvia y a hojas de menta y salvia. Su silueta pequeña, envuelta en un abrigo demasiado grande, se mueve en silencio sobre tierra roja y ramas tan húmedas que no crujen bajo sus sandalias. Ernesto es el tamoi, el guía espiritual de la comunidad. Entra a la cabaña de madera anexa a la casa de ladrillo comunal, una estructura amplia con techo de chapa, enciende un fuego y calienta agua en una vieja cazuela. Coloca la yerba molida verde y oscura en una calabaza esculpida, agrega el agua y sorbe el mate con una tacuara, un fino junco de madera. Ningún día comienza sin mate. Cuando le ofrece la bebida a Victoria, su esposa, son casi las seis de la mañana y el cielo ya se está aclarando. A su alrededor, hijas, nietos y pájaros les acompañan.
El Ogaguasu es el espacio donde se realizan las ceremonias espirituales, en el patio de la casa de Ernesto Vera.Mayeli Villalba
Desde hace un milenio, los guaraníes realizan ceremonias similares en estas tierras tropicales. Aunque el mundo conozca la yerba gracias al exilio sudamericano de las dictaduras de los años 70, o más recientemente, por las figuras como Messi o el papa Francisco, proviene de los pueblos guaraníes que habitaron y habitan la selva paranaense, cuyos vestigios están hoy repartidos entre Argentina, Paraguay y Brasil. Es parte del mito fundacional de su cultura, donde todas las plantas son sagradas. Y la yerba mate ocupa un lugar especial: purifica, fortalece, conecta con la tierra. Su uso más antiguo consistía simplemente en masticar las hojas y beber agua del río, con eso basta para sentir sus propiedades medicinales y estimulantes.
Pero hace unos veinte años, en la misma casa comunal, Victoria decidió dejar de tomar mate. Decía que sufría acidez cada vez que lo consumía. Ernesto se sorprendió: la yerba mate siempre había sido parte fundamental de sus vidas. Pero sus palabras le hicieron recordar algo: hacía décadas que ya no consumían el ka’aite, la yerba auténtica, silvestre, sino yerba industrial comprada en paquetes de la tienda. La auténtica planta del bosque había desaparecido detrás de los monocultivos y del avance de las estancias ganaderas. La vida diaria y la pobreza habían empujado a su comunidad a aceptar las versiones comerciales, producidas por empresas que controlan tierras, precios y procesos con agroquímicos y maquinaria.
Preocupado, Ernesto pasó horas rezando a Tupã, la mayor deidad de los guaraníes, y meditando junto al fuego. Y entonces surgió una idea tan simple como arriesgada: cruzaría las estancias, los alambres de pinchos y los campos de soja para buscar la yerba mate original. Le traería a Victoria hojas tiernas, como las que tomaban antes de que llegaran los blancos.
Una gran extensión del territorio Y’apy está dispuesto como reserva natural.Mayeli Villalba
Tekoha Y’apy da cobijo y buena vida a 1.800 agricultores que preservan unas 850 hectáreas de bosque nativo, de donde extraen sus medicinas y algo de caza menor. Sin embargo, a su alrededor, unas pocas familias controlan cientos de miles de hectáreas casi completamente deforestadas. Apenas uno o dos árboles se alzan tímidos en medio de las explanadas sin fin de soja verde o pastos y vacas donde alguna vez hubo hasta yaguaretés (jaguares).
Paraguay es uno de los países más desiguales en la distribución de la tierra. Aproximadamente un 2% de la población es dueña del 85% de la superficie cultivable, según la FAO. Y ocho de cada diez hectáreas de bosque están dentro de propiedades privadas. La mayoría de ellas pertenecen a terratenientes que operan como señores feudales modernos.
En busca del mate verdadero
Ernesto recordaba bien lo que su abuelo le había enseñado: cómo encontrar el ka’aite bajo los lapachos de flores rosadas y los árboles cubiertos de musgo y helechos gigantes. En su infancia bastaba caminar una hora para llegar al yerbal silvestre. Pero ahora, su comunidad era una isla verde rodeada por el rugido de excavadoras, motos, vacas y alambradas interminables.
El mate es parte intrínseca de la identidad de Paraguay como lo es de Argentina, Uruguay y el sur de Brasil. Es un gesto cotidiano que une a millones de sudamericanos de toda clase, bandera y condición. La senadora antes de su discurso y la agricultora antes del amanecer, el enfermero durante su guardia y la camionera mientras conduce sola por la Panamericana, el profesor que se quema los labios ante sus estudiantes, todos sorben mate, propio o ajeno, en su casa o en la calle.
Mariano Vera hace el primer tueste de la yerba mate, rama por rama, con las hojas aún verdes.Mayeli Villalba
Y esta herencia ancestral es gracias a los pueblos guaraníes que descubrieron su uso. Es círculo de palabra, compañía, ceremonia y, a veces, refugio. También viajó con migrantes árabes, y por eso hoy Siria y Líbano lo consumen cotidianamente. Mientras tanto, cómo no, en Europa y Estados Unidos se vende como bebida energética procesada, alejada de la tradición. En latas de refresco con gas o mezcladas con otros 20 ingredientes y montones de azúcar.
El mundo demanda cada vez más yerba, y, paradójicamente, los guardianes originarios de la planta luchan por acceder a ella.
A partir de los 2000, además del ganado, a Paraguay llegó la soja. Millones de hectáreas de monocultivo rodearon las últimas selvas. A Ernesto, la búsqueda se le complicó todavía más. El tamoi comenzó a explorar otras comunidades, a preguntar dónde habría una isla de bosque en la que creciera la yerba mate. En sus caminatas había una palabra que se repetía: permiso.
Tenía que pedir permiso a un estanciero, permiso a alguna de las familias o grandes empresas adueñadas de la tierra. Permiso para abrir la puerta de la estancia sin que le disparen, permiso para caminar entre las vacas, permiso para tomar en la mano algunas hojas y ramas. Permiso para cruzar los grandes campos de soja donde una sola persona subida a un tractor con pantalla táctil y aire acondicionado puede cosechar cientos de hectáreas en una tarde o fumigar agrotóxicos alrededor de su comunidad.
Fernando, de la comunidad Y’apy debe conseguir permiso de acceder a los terrenos cerrados.Mayeli Villalba
Aquella situación le recordaba demasiado a lo que sus antepasados habían sufrido durante cientos de años. Los colonizadores españoles observaron el primer consumo de yerba mate en el siglo XVI en lo que hoy es Paraguay y entonces era el Virreinato del Perú. Tan pronto como lo vieron lo prohibieron. En 1610, la Inquisición prohibió usar la planta y en Asunción se impusieron penas de 100 latigazos para los indígenas y 100 pesos de multa para los españoles que consumieran o traficaran yerba, según cuenta el argentino Jerónimo Lagier en el libro La aventura de la yerba mate.
El renacer del ka’aite
Solo 20 años después, los españoles la legalizarían y la convertirían en la base de su expansión económica y territorial en la región, dando lugar a la Provincia Paraquaria, una especie de Estado jesuita que llegó a abarcar parte de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay cuando aún España y Portugal se repartían el territorio americano en tratados. Esta rama de la Iglesia Católica, junto a franciscanos y dominicos, gestionó las relaciones diplomáticas, bélicas y religiosas con casi todos los pueblos guaraníes. Por unos dos siglos impusieron su religión y costumbres a los nativos mientras absorbían sus saberes, su fuerza de trabajo y, no solo su yerba mate, sino su territorio. Sus bosques. Fueron los primeros europeos en hacer monocultivos para exportación desde América del Sur.
Ernesto caminó durante días por estancias privadas, esquivando cercos y guardias armados, hasta que finalmente halló un árbol de mate; sí, un árbol, y no esos arbustitos que se ven en las plantaciones industriales desde tiempos de la Colonización. Estaba cerca de un arroyo, como siempre. Trepó casi dos metros sin dudar, abrazado al tronco, arrancó unas ramas, guardó las hojas en los bolsillos y volvió con el tesoro a casa. Cuando Victoria probó la yerba silvestre, la acidez desapareció. Habían recuperado el sabor verdadero: dulce, amargo, ahumado. Vivo.
Este árbol, que puede llegar a medir hasta 20 metros de alto, es sagrado.Mayeli Villalba
Cansado de pedir permiso, Ernesto tomó una decisión revolucionaria: si el bosque ya no ofrecía ka’aite, entonces la yerba debía volver a crecer dentro de la comunidad.
Comenzó a plantar junto a otras familias. Así nació un proyecto colectivo: recuperar la yerba mate auténtica a través del cultivo comunitario, sin químicos, respetando los tiempos naturales.
Hace diez años, durante un Mitã Karaí, la ceremonia para otorgar nombres espirituales, Ernesto y Victoria conocieron a Norma Ávila, artista y cantante de Asunción con dos décadas de experiencia trabajando para ONGs que apoyan a las comunidades indígenas. Ella quedó fascinada por la música y por el vínculo entre la comunidad y la yerba mate. Al ver la producción acumulada por TekohaY’apy y comunidades vecinas, Victoria propuso ofrecerle que se convirtiera en su puente hacia el mundo exterior. Así nació la marca SEA.
El Tatuape (“Caparazón de armadillo”), hecho de forma artesanal, con componentes naturales del bosque, lo usan para hacer el segundo tueste de la yerba mate.Mayeli Villalba
El proceso de producción es artesanal de principio a fin: sapecado al fuego, secado en el tatuape —un horno gigante construido sin un solo clavo—, tostado lento durante días y molienda manual. La yerba se estaciona un año antes de ser envasada. SEA fue incorporada al Arca del Gusto de la Fundación Slow Food, que reconoce alimentos que deben preservarse por su valor cultural y ambiental. Hoy, Norma viaja presentando la yerba, narrando su historia, explicando quién es el tamoi Ernesto y guiando ceremonias del mate que mezclan canto, memoria y naturaleza.
Mientras SEA viaja por el mundo, en TekohaY’apy cada día comienza igual que siempre: Ernesto enciende el fuego antes del amanecer y toma los primeros sorbos de mate. Victoria revisa la huerta. Otros vigilan el tatuape, donde las ramas de yerba se tuestan lentamente. En uno de los pocos rincones de Paraguay donde aún hace fresco algunas mañanas aunque no sea invierno, el mate conserva su espíritu original: un acto de amor, resistencia y memoria viva.