“Es una situación similar o peor a la de 2001. Es lamentable que que siempre tengamos que pagar el pato los productores, el sector más débil de la cadena”, definió Igor Sobol, uno de los productores yerbateros que hoy encabeza el “abrazo” al Instituto Nacional de la Yerba Mate, en un nuevo intento -que saben poco eficaz- de conseguir torcer la voluntad del Gobierno nacional y recuperar las facultades de regulación y fijación de precios. El abrazo no es la única herramienta. El conflicto por la yerba mate, uno de los principales productos de exportación del Nordeste, escaló en terreno judicial. Un conjunto de asociaciones de productores, cooperativas y sindicatos de Misiones presentó una medida cautelar innovativa en el fuero penal federal para que el presidente Javier Milei “cese en el delito” y que designe de manera inmediata al presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate.
El planteo no es menor. Las entidades sostienen que la omisión del Gobierno configura un “estado de delito permanente” y que la desregulación del mercado yerbatero, iniciada con el Decreto de Necesidad y Urgencia 70/2023, derivó en un perjuicio económico estimado en más de$140.000 millones para el sector primario. Para los productores, el DNU de Milei, “ha permitido al oligopolio yerbatero el abuso de su posición dominante, imponiendo un proceso de destrucción política y económica del sector de la producción primaria, ocasionando artificialmente la inviabilidad económica de “la chacra” misionera”.
El abogado José Federico Padolsky, en diálogo telefónico con Open1017, definió la presentación judicial como la expresión colectiva de un sector en emergencia: “Esta presentación resume el sentimiento de las asociaciones de productores”, dijo, y explicó que detrás del expediente hay un trabajo sostenido: “Venimos trabajando hace rato respecto a hacernos escuchar desde el punto de vista judicial”.
Padolsky sostuvo que el objetivo inmediato es provocar un cambio concreto en la dinámica del mercado yerbatero y provocar una respuesta institucional: “Creemos que esta medida tendría un impacto, por lo menos generaría algunos cambios en la situación del sector yerbatero”. Finalmente señaló que continuarán “quedando atentos a todo lo que venga ocurriendo posteriormente a esta presentación” y que permanecerán en contacto con las comunidades productoras para acompañar los pasos siguientes.
El INYM fue creado en 2002 como un organismo público no estatal con participación de la Nación, las provincias de Misiones y Corrientes, y los distintos eslabones de la cadena. Entre sus atribuciones centrales estaba la fijación de precios de la hoja verde y la yerba canchada, herramienta destinada a equilibrar la relación entre productores y molinos.
El DNU 70/2023 eliminó esas facultades regulatorias, bajo el argumento de promover la competencia y liberalizar la economía. Sin embargo, las asociaciones afirman que en los hechos se consolidó el poder de un oligopolio industrial-comercialintegrado por unas pocas compañías con capacidad de fijar precios, “financiarse a costa de los productores” y orientar el negocio hacia un modelo de agronegocio intensivo.
Durante la cosecha gruesa de 2024, el precio de la hoja verde se desplomó de $370 por kilo en diciembre de 2023 a $180 puesta en secadero. La diferencia, aplicada a los 700 millones de kilos aportados por productores familiares (el 71% de la oferta total), implicó que el sector dejara de percibir alrededor de $140.111 millones.
La magnitud de la cifra ubica al caso más allá de un litigio sectorial: se trata de una de las transferencias de ingresos más grandes desde la agricultura familiar hacia la industria concentrada en la historia reciente del país.
La consecuencia inmediata fue la pérdida de ingresos de más de 12.000 pequeños productores y 15.000 cosecheros, muchos de los cuales “quedaron en situación de indigencia”, dice la presentación judicial.
Pero el impacto va más allá:
Estructura agraria: el derrumbe de precios acelera la inviabilidad de las chacras familiares y promueve un proceso de concentración de tierras.
Mercado laboral: el sector tarefero enfrenta mayor precarización, con pagos diferidos a 6 o 12 meses mediante cheques.
Consumo y calidad: la parálisis del INYM limita los controles de calidad y trazabilidad, con riesgo de deterioro del producto en góndola.
Dimensión social: la pérdida de ingresos afecta la seguridad alimentaria, el acceso a la salud y la continuidad educativa en zonas rurales.
La presentación judicial también plantea una discusión institucional de fondo: el Ejecutivo nacional no sólo modificó una ley por decreto, sino que desobedeció un fallo de la Cámara Federal de Posadas que en abril de 2024 restituyó la vigencia plena de la Ley 25.564. Según los denunciantes, esta omisión encuadra en los delitos de desobediencia e incumplimiento de deberes de funcionario público.
El caso, además, tensiona el federalismo: al vaciar al INYM, se desconoció la participación de Misiones y Corrientes en la gobernanza del sector y se concentró poder en el Ejecutivo nacional.
Más allá de la resolución judicial, el caso exhibe las tensiones estructurales del negocio yerbatero: la disputa por el reparto del valor entre producción primaria e industria. Un debate que, con números de esta magnitud, excede al sector y se convierte en un espejo de las políticas económicas aplicadas a las economías regionales. La yerba mate, en el semáforo de Coninagro, está, desde 2024, en luz roja.
En agosto Misiones registró exportaciones por 41,8 millones de dólares, con un crecimiento del 28% frente al mismo mes del año pasado. En términos de volumen, se embarcaron 56.858 toneladas, un 16% más interanual, con un precio promedio de 735 dólares por tonelada, un 10% superior al de agosto de 2024.
La composición de las ventas externas del mes mostró un perfil equilibrado: 41% correspondió a manufacturas de origen agropecuario (con una variación positiva del 2%), 41% a manufacturas industriales (que crecieron 26%) y el 18% restante a productos primarios, que se dispararon con un incremento del 230% interanual.
En el acumulado de los primeros ocho meses, la provincia alcanzó exportaciones por 351,8 millones de dólares, con un crecimiento del 15% interanual. Se trata del segundo mayor volumen de ventas externas en dos décadas para este período, solo superado por 2011, cuando se habían contabilizado 355,9 millones de dólares. Con este desempeño, Misiones sostiene su liderazgo en el Nordeste Argentino (NEA), concentrando el 39% de las exportaciones regionales medidas en dólares.
Si se mide en cantidades, los embarques totalizaron 460.315 toneladas, con un incremento del 12% interanual, lo que equivale al 24% del total exportado por el NEA.
Al combinar valores y volúmenes, el precio promedio provincial en el acumulado fue de 764 dólares por tonelada, un 2% más que en 2024. Este nivel ubica a Misiones con el mayor precio promedio de la región, muy por encima de Corrientes (548 dólares por tonelada), Formosa (378 dólares) y Chaco (325 dólares).
Ramiro Barreiro (Dialogue Earth). Hay una leyenda guaraní que cuenta la historia de un joven indígena que se adentra en la selva del Chaco, equipado con un trozo de tacuara -un tipo de caña de bambú- y una calabaza conocida como “mati” en su idioma. Después de perder el rumbo y toda esperanza, sus provisiones resultan ser una bendición cuando encuentra las hojas de una planta que, una vez mezcladas con agua y sorbidas desde su calabaza, le devuelven el ánimo y le dan energía para continuar.
Hoy en día, esta hoja, de la planta Ilex paraguariensis o yerba mate, una vez tostada, secada, molida y preparada, es la infusión favorita de Sudamérica.
Argentinos, uruguayos, paraguayos y brasileños consumen distintos tipos de yerba según los diferentes tipos de canchada, como se le llama a la molienda. La yerba argentina y paraguaya es gruesa e incluye partes de las ramas del árbol, “el palo”; la que consumen en Uruguay, en cambio, es fina y, por consiguiente, tiene más polvo; y en Brasil la yerba es casi un polvo verde. Pese a las diferencias, todos son cultores de esta bebida, y en estos países el mate es un clásico para el trabajo en equipo, en jornadas de trabajo o estudio, charlas cruciales y también banales, y como presentación ante extranjeros, que suelen acceder a probar este extraño brebaje verde con desconfianza.
Su gran popularidad también contribuye a impulsar una industria que genera más de 2.000 millones de dólares al año. Más allá de la infusión tradicional, la yerba mate se utiliza cada vez más en bebidas energéticas, cosméticos, barritas de cereales, helados y vermú, entre otros productos.
Sin embargo, a medida que los efectos del cambio climático traen consigodesafíos ytransformaciones en la agricultura en este rincón de América del Sur, el panorama de la producción de yerba mate, actualmente dividida entre Argentina, el sur de Brasil y Paraguay, también podría estar a punto de cambiar.
En 2023, Argentina fue el principal productor de yerba mate con 982.000 toneladas, seguido de Brasil (736.000 toneladas) y Paraguay (160.000 toneladas), según datos de laOrganización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Uruguay, por su parte, nunca ha cultivado la planta en grandes volúmenes, pero la sed de sus 3,4 millones de habitantes por esta bebida lo convierte en el mayor consumidor per cápita, con aproximadamente10 kg por ciudadano al año, demanda que se cubre con importaciones de sus vecinos.
Un estudio realizado en 2024 por científicos brasileños advirtió que esa realidad puede cambiar, y que las áreas favorables para los cultivos de yerba mate se reducirán en Paraguay y Brasil y se mantendrán estables o hasta aumentarán en Uruguay, por efectos del cambio climático, lo que podría desarrollar esa nueva industria.
El informe presenta cuatro posibles escenarios de cambio climático con diferentes grados de optimismo en cuanto a la magnitud de la reducción de las emisiones globales de gases de efecto invernadero durante cuatro periodos de 20 años, desde 2020 hasta 2100.
En todos los escenarios posibles proyectados por los investigadores, a medida que pasan los periodos, las zonas cultivables parecen desplazarse a lo largo de los cuatro países, desde el noreste hacia el suroeste.
Para comienzos del próximo siglo, y en el peor escenario posible, Uruguay, al sur del departamento Río Negro, quedaría dentro de un selecto grupo favorable para el cultivo de yerba mate, junto a una pequeña porción de la provincia de Buenos Aires en Argentina, y zonas más pequeñas aún en Rio Grande do Sul y Santa Catarina en Brasil.
En la actualidad Argentina lidera el podio de superficies cultivadas con yerba mate, con más de 230.000 hectáreas; le sigue Brasil, que cuenta con 85.000 hectáreas cultivadas de yerba mate —sin contar la recolección silvestre—; por último, Paraguay con unas 40.000 hectáreas. Uruguay posee producción, de momento, artesanal, por lo que no existen registros estadísticos.
“Este escenario sugiere que Uruguay podría consolidarse como un centro estratégico para el cultivo de yerba mate en las próximas décadas, especialmente si invierte en tecnologías adaptativas y políticas de fomento a la producción. Sin embargo, es importante destacar que este potencial está fuertemente condicionado por el grado de calentamiento global”, advierte a Dialogue Earth Guilherme Botega, del Instituto Federal de Mato Grosso do Sul, uno de los investigadores.
En medio de estos posibles cambios, Dialogue Earth visitó a pequeños productores de yerba mate que actualmente trabajan en Uruguay y habló con figuras de la industria en Argentina que evalúan la resiliencia de su producción, tras haber sido testigos de los efectos del cambio climático.
El proyecto de Ambá
La jornada arranca temprano en las sierras de Rocha -a unos 300 metros sobre el nivel del mar- donde la blanca bruma se hace más densa por el aporte de un fogón preparado para sapecar unos 30 kilos de hojas de yerba mate.
Sapecar significa “abrir los ojos” en guaraní, y en términos técnicos, sirve para reventar los estomas, las estructuras por dónde respira la planta, en un primer proceso de deshidratación, que se completa en el secado.
Empleados empaquetan yerba mate en grandes bolsas en una plantación de Misiones, Argentina. El país es actualmente el líder en superficie cultivada de yerba mate, mientras que los proyectos en Uruguay son en su mayoría de pequeña escala (Imagen: Jason Rothe / Alamy)
El tostado se lleva a cabo en un proyecto dirigido por Ambá, una organización sin fines de lucro dedicada a la restauración de la naturaleza y los ecosistemas. En su centro de regeneración en el este uruguayo ya registraron un millar de árboles de ilex paraguariensis en dos campos de poco más de siete hectáreas. Se trata de árboles que crecen en forma silvestre entre las quebradas, protegidas por una mata de bosque nativo.
Ambá significa “el propósito más alto” en guaraní. La organización plantea que el vínculo emocional del ser humano con la naturaleza está dañado, y se han decidido a cambiar esa realidad restaurando ecosistemas como base para el desarrollo de las comunidades locales y las economías regenerativas.
La yerba mate que se ha integrado en sus paisajes puede que sea solo para su propio consumo, pero no son los únicos que muestran las posibilidades de este cultivo artesanal. Los campos privados y el cultivo de yerba a pequeña escala son cada vez más numerosos. Entre los productores más conocidos se encuentran elvivero I Porá, en el departamento de Maldonado, en el sur del país, y Quebrada de los Cuervos, en el departamento de Treinta y Tres, dirigido por Alberto Demichelli, a quien se considera “pionero” en la reintroducción de la especie en el país.
Los árboles de Ambá en Rocha crecen a su antojo, gracias a las aves que comen sus semillas rojas —parecidas a las del café—, y que luego de un proceso de escarificación en el tracto digestivo, son dispersadas con la deposición.
“Haciendo la cosecha de hojas en un campo, sin querer, el dueño nos dijo que vio un árbol nuevo. Nos llevó a ver ese árbol y caminando por la zona encontramos diez más que no habíamos contado. Eso es dispersión pura de la semilla”, cuenta Talía Zamboni, coordinadora de Restauración Ecológica de Ambá.
El grupo organiza actividades abiertas a la comunidad, en las se circundan los distintos senderos serranos y se realiza parte del proceso que convierte a las hojas en yerba y, como es de prever, todo sucede al ritmo del mate.
Una historia de silvicultura y ganadería
Su cultivo a gran escala ha hecho creer al público que la yerba mate es un arbusto, pero en estado silvestre es un árbol que puede alcanzar alturas de entre 10 y 30 metros, con troncos de hasta 80 centímetros de diámetro, por lo que se poda para facilitar la recolección de las ramas.
Arbustos de yerba mate plantados en una granja finca en Brasil. En estado silvestre, los arbustos se convierten en árboles que pueden alcanzar alturas de entre 10 y 30 metros, pero en las plantaciones se podan para facilitar la recolección de las ramas (Imagen: Adilson Sochodolak / Alamy)
La especie se desarrolla mejor en regiones con una temperatura media anual de entre 15 y 25 °C, siendo la óptima de 20 a 23 °C, y una precipitación anual superior a 1.200 mm. Además, es reacia a la luz solar directa.
Otro de los pioneros en Uruguay es el ingeniero agrónomo Raúl Nin, quien vio por primera vez un árbol de yerba mate en 1964, en el departamento de Tacuarembó, y se ha vuelto referencia y proveedor de árboles.
Cientos de plantines esperan crecer en su vivero Ca’aguigua —“morador del bosque” en guaraní—, un espacio de 1.600 metros cuadrados a menos de un kilómetro del mar de la ciudad costera de La Paloma, con más de 200 especies nativas.
Nin cuenta que hay productores que le solicitan cientos de plantas y reseña que ha pasado con los árboles de yerba mate que crecían en el Uruguay a mediados del siglo XX.
“En la Segunda Guerra Mundial no quedó un monte en pie en Uruguay porque no había petróleo y hubo que traer la línea férrea desde Paraguay para sacar el carbón. Luego llegó el negocio forestal, o sea, se perdió la producción en masa por decisiones políticas y por necesidad de la época”, relata.
Ganado Angus en la finca Rincón del Sauce, en el departamento de Florida, en el sur de Uruguay. Los árboles de yerba mate del país desaparecieron debido a factores como el auge de la ganadería, tanto por el uso de la tierra como por el gusto de las vacas por las hojas amargas de yerba, señala el ingeniero agrícola Raúl Nin (Imagen: Pablo Bielli / Dialogue Earth)
Nin agrega otros factores: el reemplazo de nativas por exóticas y el auge de la ganadería, tanto por el uso de la tierra como por debilidad que tienen las vacas por las amargas hojas de yerba mate.
Regeneración
Así como Nin y Ambá en Uruguay están tratando de demostrar el potencial de la producción de yerba mate a pequeña escala para integrarse a los ecosistemas locales, los productores a gran escala, como los de Argentina, también se ven obligados a tener en cuenta los cambios ambientales y la necesidad de adoptar enfoques diferentes.
“Necesitamos volver a generar sistemas productivos que se parezcan a sus ambientes naturales”, plantea la subgerente del área técnica del Instituto argentino de la Yerba Mate (INYM), Verónica Scalerandi.
La ingeniera agrónoma reconoce que el informe de sus colegas brasileños “invita a tomar conciencia” y advierte que ya ha visto algunos avances de lo que plantea en las últimas sequías de 2021-2022.
“Los efectos de las precipitaciones no son solamente que llueva 1.200 milímetros de promedio [en las zonas de cultivo de yerba mate de Argentina], sino que el cambio climático lo que está haciendo es que estas precipitaciones se concentren, y además se conjuga con algo que el informe no tiene, que es que nuestros suelos están altamente degradados, y que la precipitación llegue a las raíces de las plantas no depende de la cantidad de agua que cae, sino de las condiciones físicas de nuestros suelos”, afirma.
Un informe del INYM al que Dialogue Earth tuvo acceso relevó condiciones físico-químicas de los suelos yerbateros argentinos que demuestra que cerca del 80% están en condiciones malas de calidad física, por laboreo, sobrelaboreo, compactación, y falta de cobertura, lo que implica que menos del 60% de las precipitaciones efectivamente lleguen a las raíces de las plantas.
“Tenemos promedios de producción muy bajos que evidencian que hay cultivos que están muy degradados y produciendo muy poquito, pero uno va a veces a un campo, a un productor que maneja las cosas bien y tiene rendimientos altos”, dice Scalerandi.
La especialista es, no obstante, optimista. “La yerba mate es la oportunidad para nuestra ecoregión, que es el relicto de selva paranaense, porque es un cultivo nativo que le gusta la sombra, que se lleva muy bien con la cobertura arbórea y que se puede cultivar haciendo un manejo eficiente de las coberturas espontáneas y naturales de los suelos, lo que otros llaman malezas”, sostiene.
La representante del INYM considera que la sostenibilidad del sector no se logrará únicamente aumentando la producción, sino que la verdadera oportunidad frente al cambio climático reside en desarrollar sistemas más resilientes y priorizar la protección del suelo, que considera el único factor capaz de garantizar la producción a largo plazo.
Maximiliano Sardi, Revista Noticias. En la Argentina, podés discutir inflación, FMI, déficit cero o si conviene dolarizar. Pero atenti: si te metés con el mate, estás tocando un nervio más sensible que la grieta. El mate es religión, patria y escenografía política todo en uno. Y la última semana lo dejó claro: volvió el versus entre kirchneristas y libertarios bajo las banderas de los “bien del mate” y los “anti-populares”.
La chispa fue Axel Kicillof, que llegó con termo y mate Stanley a “Odisea Argentina”, el programa de Carlos Pagni en LN+. Pagni destacó el gesto político del gobernador que no tomaba whisky si no mate, “como buen bonaerense”. Un guiño que desató el debate. Para algunos, fue un acto de autenticidad. Para otros, la sobreactuación de lo nacional y popular bajo una marca estadounidense cuyo equipo de mate ronda el medio millón de pesos.
Lo cierto es que Kicillof convirtió un mate en trending topic y, de paso, instaló su perfil de “presidenciable 2027” con un gesto más barato que cualquier focus group. Mientras Milei ruge contra la casta y exhibe su Biblia de Mises, el gobernador bonaerense bajó un cambio y acomodó la bombilla. Estrategia pura: uno grita “¡Viva la libertad, carajo!”, el otro susurra“¿Querés un mate?”.
No es casualidad que Ricardo López Murphy haya salido con los tapones de punta. El bulldog, siempre listo para defender las formas británicas del té de las cinco, publicó un tuit con fotos de Massa, Mayra Mendoza, Kicillof y hasta Juan Román Riquelme, todos con mate en mano. La idea era ironizar: “Mirá el club de los mates, el verdadero círculo rojo”. Lo que no esperaba es que internet nunca perdona: Sergio Chouza y decenas de usuarios rescataron fotos del propio López Murphy cebando como un campeón. Nadie escapa al poder de la calabaza.
Porque ahí está la trampa: el mate es demasiado argentino como para rechazarlo sin costo político. Podés ser liberal ortodoxo, libertario extremista o peronista de barricada, pero tarde o temprano el mate te alcanza. Te encuentra en la sobremesa, en el pasillo del Congreso o en la canchita de papi fútbol. Y si no lo tomás, ojo: sos “raro”, casi antipático. Milei lo sabe. Agarró la bombilla en el contexto de La Rural con Nicolás Pino a su lado. Pero el gesto denotó su falta de experiencia. Nada que sus seguidores condenen: se jactan de ser “anti-populares”, como si renegar de la yerba fuera una medalla de modernidad.
El contraste es brutal: de un lado, los que muestran el mate como bandera de proximidad, humildad y pertenencia (Riquelme, Kicillof, Massa, Mayra). Del otro, los que lo evitan como si fuese un impuesto distorsivo. Y en el medio, Pagni intentando explicar que un gobernador bonaerense tomando mate es noticia.
¿Y qué nos dice todo esto? Que la política argentina es un eterno casting de símbolos. Antes era el bombo, la escarapela en la solapa o el asado en campaña. Hoy, el mate es el comodín perfecto: barato, transversal, inofensivo. Ningún consultor cobra honorarios por recomendarlo, pero todos lo ponen en la primera página del manual de comunicación. “Si no podés hablar de déficit primario, por lo menos cebá un par de mates”, sería la versión criolla del keep it simple.
Lo curioso es que hasta en este terreno Milei queda descolocado. El presidente que rechaza ser “fenómeno barrial” se topa con un límite insalvable: la ronda de mate. Es el ritual más populista de todos: circular, gratuito y compartido. Nada más anti-liberal que pasar una bombilla de mano en mano. Y el episodio deja una enseñanza: en la Argentina, la política no solo se mide en votos o en índices económicos, sino en gestos culturales.
Al final, en la Argentina podés bancar déficit cero, dolarizar o recitar a Hayek de memoria. Pero si no tomás mate, estás perdido: ni la motosierra te salva de quedar como un marciano. Porque en este país, podés ser radical, peronista o libertario, pero si no tomás mate… te tildan de extranjero en tu propia tierra.
Buenos Aires. El presidente de CONINAGRO, Lucas Magnano, sostuvo que es el momento de dejar de “jugar a la defensiva” y desplegar la capacidad productiva del interior del país. Subrayó que el bienestar de los argentinos depende de un campo próspero.
En el marco de la octava edición del Congreso Internacional de CONINAGRO 2025, Magnano enfatizó que Argentina debe superar las divisiones y “la chiquita del día a día” para construir un país serio a largo plazo.
“Necesitamos una sociedad cohesionada”, afirmó. Después, hizo un llamado a reducir la distancia que separa a los argentinos para que cada sector pueda desarrollar su potencial de inversión e innovación.
Para el presidente de la Confederación, el camino hacia la prosperidad implica que tanto productores como industriales puedan generar ganancias que se traduzcan en mejores salarios y reducción de la pobreza a través del trabajo genuino y no de planes sociales. Este desarrollo, sin embargo, requiere condiciones favorables como la baja de impuestos y retenciones a nivel nacional, provincial y local. Esto permitirá a los productores “ser lo más ofensivos posibles” en términos de inversión y producción sostenible.
Al referirse a las economías regionales, como las de Misiones, Magnano expresó su preocupación por la situación de producciones clave como la yerba mate. Advirtió que los productores yerbateros sufrieron precios estancados por más de dos años y plazos de pago extendidos, que complicaron severamente la ecuación del productor. “Es muy importante, sobre todo a la hora de hablar desde CONINAGRO en la participación que tenemos en todo lo que es Misiones”, afirmó.
Destacó la fuerte presencia de la confederación en la zona yerbatera. Para Magnano, es fundamental que actividades como la yerba y la mandioca se vuelvan negocios rentables, ya que es “sano ganar dinero en buena ley trabajando y produciendo la tierra”.
Las cooperativas como motor del desarrollo sostenible
En este contexto de desarrollo, las cooperativas se ofrecen como una herramienta clave para el desarrollo territorial y sostenible. Magnano resaltó que su función principal es “contener, apoyar y potenciar a los productores”, brindar herramientas para fortalecerlos y asegurar su permanencia en el campo junto a sus familias. Cuando funcionan eficientemente, estas organizaciones son dinamizadoras de la economía social y reconcilian la actividad económica con el bienestar de la sociedad.
Misiones tiene una larga historia de cooperativismo que ha sido fundamental para su desarrollo económico y social. En el sector yerbatero, aunque el mercado está altamente concentrado, varias cooperativas misioneras se destacan a nivel nacional por su producción y comercialización. Cuatro de las doce empresas que controlan el 75% del volumen de yerba mate en el país son cooperativas, y tres de ellas son de Misiones: Piporé (Cooperativa Santo Pipó), Montecarlo y Andresito.
Las voces de los gobernadores
La octava edición del Congreso Internacional de CONINAGRO contó con la participación del jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, Guillermo Francos; los gobernadores de las provincia de Buenos Aires, de Santa Fe y Entre Ríos; Axel Kicillof, Maximiliano Pullaro y Rogelio Frigerio. También estuvieron los candidatos a diputados nacionales Florencio Randazzo y Jorge Taiana.
Durante su discurso, Guillermo Francos remarcó que el Gobierno tiene un norte claro. “Hemos hecho esfuerzos para apoyar al sector productivo de Argentina. Durante nuestro Gobierno incrementamos la producción agroindustrial, este resultado tiene que ver con las medidas que tomamos de desregular y bajar impuestos”, remarcó.
Kicillof destacó la importancia que tiene el productor cooperativo en la provincia y aseguró que su gestión elabora políticas públicas para el sector. “Somos un gobierno que cree en el cooperativismo, la economía social y esto lo respaldamos con políticas públicas. Tenemos una batería inmensa para fomentar el cooperativismo y al pequeño productor”.
En su exposición, Pullaro remarcó la trascendencia que tendría para el sector una quita definitiva de las retenciones. “Las retenciones en Argentina se tienen que terminar. Los productores cuando les va bien trabajan para fortalecer las economías regionales. Si no tuviéramos retenciones, esas producciones pondrían a la Argentina en un lugar diferente”, sostuvo.
Frigerio cerró el bloque de gobernadores y dejó un mensaje con miras al futuro y en la falta de consenso actual en nuestro país. “Hay que dar un paso más en la búsqueda del diálogo y el consenso, debemos mejorar el día a día a la gente. Hay que sentarse a trabajar en pos de la Argentina que soñamos”, insistió.
Durante las diferentes ponencias se insistió en el rol fundamental que tienen las cooperativas en el desarrollo productivo. Además, los dirigentes coincidieron en la necesidad de buscar el consenso.