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Yerbatera Don Máximo obtiene viabilidad ambiental para proyecto de quemador de biomasa y tipificación de té

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El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones otorgó la Viabilidad Ambiental Definitiva al proyecto de la empresa Yerbatera Don Máximo S.R.L., que contempla la instalación de un quemador de biomasa y la incorporación de maquinaria para la tipificación de té orientada al mercado internacional. La resolución, publicada en el Boletín Oficial bajo el Nº 247, establece una serie de condiciones y medidas de mitigación que la firma deberá cumplir.

El emprendimiento, ubicado en Campo Viera (Lote Agrícola 244, Sección VII, Colonia Yerbal Viejo), se desarrolla en un predio de 25 hectáreas, con un secadero de té de 3.200 m² cubiertos y una superficie industrial total de 8.000 m². La vida útil proyectada para el nuevo equipamiento es de 15 años, con una potencia instalada de 95 HP.

Según la memoria técnica presentada, el objetivo es mejorar la eficiencia energética del secado y la clasificación del té mediante un quemador de biomasa de alta eficiencia, alimentado con chips de madera implantada. El plan incluye la construcción de un tinglado para la recepción y almacenamiento del combustible, un intercambiador de calor y la adquisición de maquinaria de tipificación, lo que permitirá a la empresa ampliar su producción y acceder a mercados internacionales donde el té argentino es reconocido por su calidad.

Certificaciones y estándares
Yerbatera Don Máximo cuenta con certificaciones Rainforest Alliance, Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) y HACCP, tanto en sus plantaciones como en su planta industrial. Actualmente, su producción de té en rama se destina al mercado interno, pero la nueva infraestructura permitirá exportar a distintos destinos.

Condiciones y obligaciones
La resolución ministerial establece que la empresa deberá:

  • Informar cualquier modificación del proyecto con al menos 60 días de antelación.
  • Cumplir con los planes de gestión, contingencia y mitigación ambiental aprobados.
  • Evitar la implantación de especies forestales exóticas y priorizar especies nativas para restaurar zonas intervenidas.
  • Mantener y proteger cursos de agua, prohibiendo su alteración o desvío.
  • Abstenerse de realizar quemas controladas, utilizando métodos alternativos para el tratamiento de residuos vegetales.
  • Presentar informes periódicos de cumplimiento ambiental.

Además, se exige especial cuidado en la protección de especies vegetales protegidas presentes en la zona y en la minimización de impactos negativos durante y después de la ejecución de la obra.

Con este aval, Yerbatera Don Máximo avanza en un proyecto que combina innovación tecnológica, estándares internacionales de calidad y compromiso ambiental, en el corazón de la cuenca tealera misionera.

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Del campo a la góndola: el productor yerbatero recibe cada vez menos

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La cadena productiva de la yerba mate atraviesa una etapa de fuerte desbalance que golpea con dureza al sector primario. Los datos del primer semestre de 2025 confirman que la desregulación del mercado, impulsada por el DNU 70/2023 y la apertura indiscriminada de importaciones, profundizó la pérdida de poder de los productores frente a una industria altamente concentrada.

Entre enero y junio de 2025 se procesaron 449,55 millones de kilogramos de hoja verde, lo que implica una caída del 20,3% respecto al mismo período de 2024 -año de cosecha récord- y un retroceso del 1,9% frente al promedio de procesado entre 2021 y 2024.

El consumo interno de yerba mate en junio se ubicó en 21,41 millones de kilogramos, un 7% por encima del nivel de junio de 2024, pero 17,8% por debajo del pico alcanzado en noviembre de 2023. En el acumulado del primer semestre, el consumo totalizó 138,27 millones de kilogramos, con un aumento del 15,7% interanual, aunque todavía 0,3% por debajo del registrado en el mismo período de 2023.

Las exportaciones crecieron 18% frente a 2024 y 30,8% respecto al promedio 2019-2024, mientras que las importaciones bajaron 9,7% en términos interanuales, pero siguen 276,6% por encima del nivel de 2023, consigna un estudio del Centro de Economía Política Argentina. 

La relación de precios más desigual en años

El deterioro más evidente se observa en la relación precio al productor/precio de góndola. En junio de 2025, el productor captó apenas 18,9% del valor final, 5,5 puntos porcentuales menos que el promedio de los últimos cinco años.

En términos reales, el precio que recibe por la hoja verde se desplomó 45,9% entre diciembre de 2023 y junio de 2025, mientras que el precio en góndola retrocedió 31,8%. Esto indica que el ajuste más severo recayó sobre el productor, que tiene escaso margen para fijar precios en un contexto sin el respaldo regulatorio del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM).

En 2024, los secaderos procesaron 986,7 millones de kilogramos de hoja verde, la mayor cifra en cinco años, 19,6% por encima del promedio 2020-2023 y 27,4% más que en 2023. Sin embargo, el consumo interno se hundió 9,3%, hasta 258,8 millones de kilogramos, el nivel más bajo en ocho años.

Las exportaciones marcaron un récord, con Siria como principal destino (70% del total), mientras que las importaciones se dispararon un 80,1% frente a 2023, alcanzando 11,9 millones de kilogramos. La medida que habilitó este aumento fue la reducción temporal de impuestos a la importación de yerba mate —dispuesta por la Resolución General 5490/2024 y prorrogada hasta diciembre de 2025— que favoreció el ingreso desde Paraguay y Brasil.

Grandes empresas como Las Marías y La Cachuera concentraron el 70% de esas compras, junto con la Importadora Sudamericana SRL, que trae al país marcas como Canarias. La materia prima importada llegó a un costo promedio de 1,2 dólares por kilo, que con impuestos representaba alrededor de $1.300. Esto fue inferior al precio que se pagaba a los secaderos en el mercado local (unos $1.406 en abril de 2024), lo que permitió a las industrias presionar a la baja los precios internos y extender los plazos de pago, con fuerte impacto negativo en la rentabilidad del productor.

Una cadena productiva atomizada en la base y concentrada en la cima

La estructura del sector explica en parte estas asimetrías: alrededor de 12.000 pequeños productores, 228 secaderos y 105 industrias molineras y fraccionadoras componen la cadena, pero las diez principales concentran 75% del mercado. Las tres más grandes -Las Marías, Liebig y Santa Ana- controlan el 47%.

El impacto del DNU 70 y la pérdida del rol del INYM

La eliminación de la potestad del INYM para fijar precios, la ausencia de un presidente designado y el desfinanciamiento del instituto -sin actualización del valor de la estampilla desde diciembre de 2023- dejaron al sector primario sin herramientas para defender su posición en una cadena dominada por la industria.

El DNU puso fin a los acuerdos semestrales de precios y promovió una “reconversión” de pequeños productores, debilitando la capacidad negociadora de quienes venden la materia prima. La apelación del Gobierno Nacional al amparo que buscaba frenar el capítulo yerbatero del DNU mantiene vigentes sus disposiciones.

El escenario actual guarda similitudes con la desregulación de los años 90, cuando se eliminó la Comisión Reguladora de la Yerba Mate y el Mercado Consignatario. En esa década, el precio real de la yerba canchada cayó a un tercio de su valor inicial y el de la hoja verde a un quinto, mientras el precio en góndola se mantuvo estable.

La creación del INYM en 2001 revirtió esa tendencia: entre 2002 y 2023, el precio real al productor de hoja verde y yerba canchada subió 246% y 255%, respectivamente.

Hoy, la pérdida de ese marco regulatorio vuelve a poner en riesgo la sostenibilidad del sistema yerbatero, con un patrón que repite el pasado: caída de la producción de hoja verde, deterioro de los precios al productor y concentración creciente de la renta en el eslabón industrial.

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“Esto es un exterminio”: Rubén Fischer, el productor que volvió de Suiza para apostar por la yerba y hoy enfrenta una crisis terminal

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Rubén Fischer dejó una vida en Suiza para volver a su tierra natal y dedicarse de lleno a la producción de yerba mate. Invirtió todos sus ahorros en maquinaria, galpones y en cuidar su plantación en el municipio de 25 de Mayo. Con emoción y preocupación, hoy expresa su angustia ante la crisis que atraviesa el sector yerbatero.

“Transformé mi amor por la planta de yerba en mi profesión. Eso me ganó el pan”, relata. Pero en la actualidad, la situación es crítica. “Está la preocupación de los bajos precios, que es muy triste lo que está pasando. Espero que se revierta, que las empresas y todos vean que no está nada fácil para el productor”, sostiene.

Fischer hace cuentas y el resultado es desolador: “Quizás me sobran 50 pesos por kilo, pagando el flete y todo, pero ahí tengo que aguantar un año, limpiar todo, pelear con las malezas que cada vez vienen más bravas… y vivir, ¿no es cierto?”

Con la voz quebrada, resume el sentir de miles de pequeños productores: “Esto es terrible, es un exterminio de la producción madre, del orgullo de la bebida nacional. Pienso en los más de 15.000 colonos yerbateros, que están peor que yo. Todos están mal”.

Rubén no sólo volvió para producir: volvió a vivir en su tierra. “Invertí todo acá. Todo está ahí en los galpones, en maquinaria. La vida está en el yerbal”, dice. Y lanza un reclamo firme ante la falta de respuestas: “Lo tenemos que parar. Ir en contra de esto que está pasando en la Nación. No nos cierran los números. Solo compramos gasolina, otra cosa ya no”.

La crisis no es de todo el sector yerbatero: la suma del consumo interno y las exportaciones, da como resultado el volumen más alto de la década. Se trata de una crisis de precios de la producción primaria como consecuencia de la desregulación del mercado, que impuso el presidente Javier Milei.

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Chacra & glamour: Zaira Nara presentó su propia marca de yerba

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La yerbatera menos pensada. La empresaria y modelo Zaira Nara sorprendió al revelar la salida al mercado de su propia marca de yerba mate: se trata de Alba Nueva, una yerba misionera desde el vivero. 

“Hoy, mientras me hago un mate, quiero contarles que ese proyecto ya está tomando forma. La idea era contárselos un poco más adelante, pero la verdad… este sueño ya es una realidad. Y quiero empezar a compartirlo, así como me gusta compartir un mate: espontáneamente, sin pensarlo tanto. Estoy feliz de que lo empiecen a conocer. Se viene algo muy especial”, sorprendió Nara. 

“El mate es uno de esos momentos simples del día que me dan mucha felicidad. Lo tomo sola, lo comparto con amigos, con mis hijos, con mi familia, lo comparto hasta con desconocidos. Es un ritual chiquito, cotidiano, pero lleno de sentido. Y un día pensé: ¿Cómo algo que me hace tan bien no lo voy a hacer de la mejor manera posible? ¿Cómo no compartirlo con toda la gente que me sigue?”, relató en su cuenta de Instagram.

“Hace un tiempo me venía dando vueltas la idea de tener mi propia yerba. Me junté con amigos que saben muchísimo del tema -de esos que están en el rubro hace años- y les conté el sueño. Desde entonces, vengo trabajando en silencio, aprendiendo y armando todo con mucho amor”, detalló.

El sueño cobró forma. Los hermanos Laura y Ariel Mozo tenían el producto. Zaira se asoció para darle una visibilidad global. Las plantaciones de Jardín América cobraron así una dimensión enorme para su lanzamiento. Solo en Instagram, la menor de las Nara tiene 8,2 millones de seguidores. La sommelier Karla Johan aporta el expertise del sabor.

Alba Nueva se propone conquistar el mercado premium con una producción que combina el saber tradicional con la más avanzada tecnología, bajo un firme compromiso con la calidad y la sustentabilidad ambiental.

El proceso comienza mucho antes de que la yerba llegue a la taza. “Nuestro compromiso con la calidad empieza en el vivero”, destacan desde la firma. La semilla inicia allí un recorrido hacia la excelencia, donde cada etapa del cultivo es cuidada minuciosamente. Desde la selección del terreno hasta la cosecha, se busca que cada planta crezca saludable y fuerte.

En el momento de la plantación, se utilizan al menos 3.300 plantas por hectárea, dispuestas en “curvas de nivel” para protegerlas de la intensa erosión hídrica que caracteriza a los suelos ondulados de Misiones, expuestos a lluvias torrenciales. Durante su primer año en el campo, se reponen fallas, se controlan malezas y se prepara la estructura de la futura planta. Luego, las podas adquieren un rol fundamental: definen una planta baja, de gran copa, con buena luminosidad, que facilita la cosecha y asegura una mayor productividad.

Este año, Alba Nueva inauguró su propio secadero libre de humo, equipado con la mejor tecnología disponible y alimentado con biomasa como fuente de energía para el sapecado y secado. Este sistema no solo mejora el perfil sensorial de la yerba, sino que responde a criterios de cuidado ambiental, optimización de recursos y desarrollo sustentable.

La yerba Alba Nueva se estaciona durante un mínimo de 12 meses en galpones especialmente acondicionados. Allí, la humedad, la temperatura y la circulación del aire son monitoreadas de forma constante para garantizar que el producto alcance su máxima calidad antes de llegar al consumidor.

Molienda y blends con firma de experta
La última etapa del proceso está guiada por la experiencia de Karla Johan, referente en el mundo de los blends. La molienda implica una serie de operaciones de trituración, zarandeo y mezcla. Las hojas se limpian, clasifican y muelen hasta lograr el punto justo según el grado de trituración buscado. El palo, por su parte, se corta en trozos uniformes para lograr una composición equilibrada.

De esta manera, Alba Nueva se presenta como una yerba mate premium que respeta la tradición yerbatera de Misiones, incorpora tecnología de vanguardia y asume el compromiso de producir de forma responsable y sustentable. Un producto pensado para quienes buscan, en cada mate, la más alta calidad.

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El negocio que todavía no se ve: lo que la ciencia puede extraer de la yerba mate

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La yerba mate despierta a los dormidos, corrige a los haraganes y hace hermanas a las gentes que no se conocen, escribió Eduardo Galeano, y sintetizó con belleza lo que cualquier bebedor sabe: el mate tiene magia. Pero lo que no es tan conocido es que el mate también tiene ciencia, mucha ciencia, que está en las reacciones químicas que se producen en el cebado, en sus efectos sobre nuestras neuronas, en los sabores que puede agregar a nuestras comidas. Así comienza el libro del científico Juan Ferrario y la sommelier del mate, Karla Johan.  

Desde el rescate de su reputación frente a acusaciones de potencial riesgo cancerígeno, hasta la identificación de compuestos con alto impacto en la salud, Ferrario propone mirar al mate desde el laboratorio.

El título de tu libro propone mirar el mate desde la ciencia. Se dice que tiene muchas virtudes, pero empecemos por los detractores, que aseguran que tiene riesgo cancerígeno ¿Cuál fue el punto de partida?
El disparador fue un viejo debate: la temperatura del agua y el supuesto vínculo con el cáncer. Ese tema llevó a retomar el diálogo entre ciencia y mate, una relación que existe desde los orígenes. Desde la época jesuítica hubo ciencia aplicada al cultivo: los jesuitas desarrollaron técnicas para que los guaraníes pudieran plantar yerba cerca de sus poblados, con un impacto económico enorme. Pero esa unión ciencia-mate tuvo altibajos en la historia.

En 2005, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) incluyó al mate entre las bebidas “potencialmente cancerígenas”. El argumento era que se consumía a temperaturas muy altas. Nelson Bracesco, investigador uruguayo, lo dijo claramente: “Esto pasa porque no se investiga y no se muestra la evidencia”. La clave era demostrar que la temperatura real en el consumo estaba por debajo del umbral de riesgo.

¿Cómo se hizo esa comprobación?
El ingeniero químico Miguel Schmalko y la doctora Ana Thea, en Misiones, desarrollaron un sistema para medir la temperatura en distintos puntos del recorrido del agua dentro del mate. Con agua a 75-80°C en el termo, detectaron que al salir por la bombilla no superaba los 60°C, muy por debajo de los 65°C que la IARC fija como límite para considerar una bebida riesgosa. Esa evidencia permitió que el mate fuera retirado de la lista de bebidas potencialmente cancerígenas. Fue un punto de inflexión: con ciencia, el mito se derrumbó. La ciencia trata de mostrar la verdad y ese hecho era irrefutable. Cualquiera podía medir la temperatura en el agua. 

También se habló de riesgos por el secado tradicional con humo…
Sí, se discutió la presencia de benso(a)pirenos -un hidrocarburo aromático policíclico (HAP) clasificado como carcinógeno humano-, residuos de combustión. En la técnica tradicional de barbacuá podían quedar trazas de ceniza. Si bien estudios mostraron que no eran solubles en agua y que la cantidad era muy baja, la exportación a Europa exigió eliminarlos. Esto aceleró la adopción de métodos de secado sin humo. Hoy, incluso, hay procesos que mejoran el sabor, como el sapecado con hornos desde abajo. 

¿Y qué dice la ciencia a favor del mate?
Muchísimo. Cuando conocí a Nelson en 2018, él ya era la figura referente en investigación del mate. Y en un congreso en que se estaba diciendo todo lo bueno del mate, le dije que esto no era creíble, que la gente iba a decir que la yerba era el nuevo aloe vera con todas esas propiedades. Y Nelson me dice que no, que esto hace bien a las células y si hace bien a las células, hace bien a todo el organismo. Era encontrar eso, ¿qué es lo que hace bien? Hay dos elementos. Uno es el efecto antioxidante, que viene de la mano de los polifenoles. Desde hace tiempo se sabe que es una de las bebidas con mayor concentración de polifenoles, compuestos antioxidantes que contrarrestan el estrés oxidativo. Se habla mucho del estrés oxidativo, pero no es un término que para los no biólogos o médicos sea natural. Muchos en óxidos deben pensar en un hierro que se va oxidando, no tiene nada que ver con eso. La oxidación es un proceso secundario de la respiración celular, que ocurre todo el tiempo, porque lo necesitamos para estar vivos. Como fenómeno secundario genera una molécula que no es agua, es peróxido de hidrógeno que tiene radicales libres. Radicales libres son cargas eléctricas. Esas cargas eléctricas se pegan a otras moléculas y hacen que funcionen mal. Entonces, la célula tiene mecanismos para contrarrestar esas cargas eléctricas. Pero a veces no da abasto. Eso es el estrés oxidativo. Con el agregado de antioxidantes externos, se ayuda a las células. Cuando las células no logran neutralizar los radicales libres que afectan su funcionamiento, ese proceso se asocia a enfermedades crónicas, cáncer y trastornos neurológicos. El mate aporta antioxidantes externos que ayudan a las células a mantener su equilibrio.

Pero lo más interesante es uno de esos polifenoles: el ácido clorogénico, que dispara el metabolismo, que es como las células organizan su energía, porque la falta de energía es una de las principales causas de muerte celular. Y entonces aparece el ácido clorogénico con mucho énfasis y acá yo voy a decir “por suerte”. Por suerte el café también tiene mucho ácido clorogénico y entonces hay mucha gente en el mundo que lo empezó a estudiar. El mate es el alimento con mayor concentración de este compuesto, junto con el café. El ácido clorogénico regula el metabolismo celular y mejora el uso de energía, algo vital para las neuronas, que no se reproducen. Esto abre perspectivas en la prevención o el retraso de enfermedades neurodegenerativas como Parkinson o Alzheimer.

¿El mundo está mirando al mate como objeto de estudio?
En realidad, está mirando al ácido clorogénico, como un principio activo del café porque también lo tiene en abundancia. Esa coincidencia nos beneficia: la investigación global sobre este compuesto fortalece nuestra evidencia. En nuestro laboratorio trabajamos sobre su efecto en neuronas y los resultados son muy alentadores. Vemos mejoras en la regulación del metabolismo, como las neuronas pueden distribuir su uso de la energía celular y en la resistencia a daños que, con el tiempo, llevan a la muerte neuronal. 

Ahí la yerba puede ayudar…
Ahí puede ayudar. 

¿La industria se da cuenta de eso?

No, no, absolutamente no. La industria todavía no la vio. Si algo tenemos los que estamos en el mundo científico es que estamos unos pasos adelante porque estamos viendo los resultados y porque lo que yo estoy contando son resultados que salen de nuestro laboratorio y que no aparecen todavía públicos, no son públicos porque no los terminamos. 

Pero tiene un valor económico enorme. 

El ácido clorogénico, porque yo me estoy metiendo el ácido clorogénico como preventivo de enfermedades neurodegenerativas porque es mi tema de trabajo.

Pero el ácido clorogénico es, además, y por el mismo mecanismo que favorece a las neuronas, es además la molécula que evita la obesidad. No es un adelgazante en general. En realidad evita acumular grasas. Entonces, evita la obesidad. Termina resultando como un adelgazante. Pero todavía nadie está diciendo desde la industria o el INYM, “extraigamos ácido clorogénico de la yerba”. Hace poco en uno de los webinarios del INYM la doctora Sandra Guerrero, mostró una técnica para sacar ácido clorogénico de los palos que terminan siendo desechados. Da bronca encontrar en las farmacias productos naturales enriquecidos con ácido clorogénico importados y extraídos de té verde. La industria no la ve. Yo no soy, con mi mentalidad científica, experto en pensar los negocios. Pero se los estamos diciendo, ahí hay una posibilidad.

¿Y qué productos se pueden elaborar con esto?

Píldoras que podés agregarlas directamente a tu dieta, como se toman las vitaminas, por ejemplo. Si bien vos podés obtener los beneficios del mate, podrías obtenerlo directamente tomando una pastilla. Hay hay grupos japoneses que han hecho experimentos interesantes con yerba mate. Con polvo de yerba le hacen tomar a las personas porque no querían tomar en otras en otras variantes, y es efectivo igualmente. Así que se pueden generar compuestos, comprimidos y no tan costosos.

Otros principios activos de la yerba mate pueden aumentar la variedad de opciones. No quedarse solamente con la cafeína y el efecto energizante, sino a pensar en otras variantes.

¿Productos de belleza?

Se que sirve, pero no me metí tanto en el detalle. Como soy fisiólogo, me metí más en el funcionamiento fisiológico. Sé que sirve, que se usan, pero en ese caso de manera dérmica, es decir, las cremas. Lo que escuché es que son beneficiosas.

El camino de esta investigación se cruzó con la figura del premio Nobel Bernardo Houssay, el científico más importante de la historia argentina. 

¿Qué significó para tu trabajo saber que un premio Nobel también estuvo buscando los beneficios de la yerba?

Cuando empecé a trabajar con yerba mate me decían que era pseudociencia. Lo mismo que le pasó a Houssay décadas antes, cuenta entre risas. Fue una reivindicación. Para ambos. 

La búsqueda de documentos sobre los estudios de Houssay en yerba mate fue una aventura casi detectivesca: cartas olvidadas, bibliotecas, museos y hasta un coleccionista que guardaba el material sin saber muy bien qué hacer con él. “Fue un hallazgo completamente fortuito. Encontramos 114 cartas, 28 reportes científicos, dibujos originales, bibliografía recopilada… Un tesoro que estaba a punto de quedar para siempre en la oscuridad”, relata.

Gracias al trabajo de su equipo y al apoyo de la Facultad, todo ese material fue digitalizado y está disponible para el público, cumpliendo el deseo que el propio Houssay dejó escrito en varias cartas: “Esto se tiene que saber”.

Aunque su tema principal de investigación es el Parkinson, la yerba mate ha ido ganando cada vez más espacio en su agenda científica. “Hoy diría que el 70% de mi trabajo está dedicado a la yerba mate. Y creo que voy camino a dedicarle el 100%, porque lo que encontramos es mucho más trascendente de lo que imaginaba”, reconoce.

También se ha convertido en un divulgador apasionado. “Es parte de nuestra labor como investigadores. No basta con que la ciencia avance si no se lo contamos a la gente”.

¿A qué edad comenzar a tomar mate? Para la respuesta, se remite a la evidencia internacional: nada de cafeína antes de los 12 años y, entre los 12 y los 18, no más de 100 mg diarios (el equivalente a un mate cebado con yerba común). 

“La cafeína en dosis moderadas no genera adicción ni cambios permanentes en el cerebro, pero hay que ser prudentes con los niños”, advierte.

A título personal, confiesa que toma entre tres y cuatro mates por día y que el café casi no forma parte de su dieta. “El café es el demonio”, bromea.

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