Día: 2 junio, 2026

“Más sommeliers que restaurantes: eso no es un problema, es una oportunidad enorme”

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Por Dolores Lavaque* – El mapa profesional de la Sommellerie atraviesa una transformación que redefine las habilidades que hoy demanda la industria del vino. Frente a un mercado donde los restaurantes de alta gama representan solo una parte de las oportunidades posibles, Dolores Lavaque reflexiona sobre los nuevos espacios que ocupa la profesión, desafíos y posibilidades.

El sommelier sigue siendo una figura central en la sala de un restaurante. Lo fue siempre y lo seguirá siendo: ese momento de encuentro entre una persona, una copa y alguien que sabe cómo unirlos es insustituible. Pero quedarse solo con esa imagen sería perder de vista algo mucho más grande que está pasando en la industria.

La Sommellerie nació para el servicio y la comunicación del vino, y esa esencia no cambia. Lo que sí se amplió —y de manera notable— es el mapa de lugares donde esa esencia cobra vida. Hoy el sommelier ocupa un lugar estratégico en importadoras, distribuidoras, bodegas, retail, consultoría, prensa especializada, educación y hospitalidad en sentido amplio. Está presente en cada punto de contacto donde el vino y las personas se encuentran. Y el mercado no solo lo permite: lo necesita.

No hay suficientes restaurantes de alta gama para incorporar a todos los sommeliers que se gradúan por año. Eso no es un problema: es una oportunidad enorme, si la formación acompaña el cambio.

Lo veo todos los días, tanto desde mi rol como formadora en CAVE como desde Dolores Lavaque Studio, donde trabajo en la búsqueda y selección de talento para la industria del vino y la hospitalidad. La base técnica es innegociable —sin ella todo lo demás se cae— pero el diferencial real está en otra parte: en la capacidad de leer a la persona que tenés enfrente, de traducir el vino en valor, de generar una experiencia que el otro no va a olvidar.

Hay una frase de Maya Angelou que repito siempre, porque resume mejor que cualquier currículum lo que busca la industria hoy: “La gente olvidará lo que dijiste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir”. El futuro del vino está en la experiencia que genera. Y quien tiene las herramientas para crear esa experiencia —en una vinoteca, en una presentación comercial, en una cata, en un restaurante de alta gama o en un supermercado— es el sommelier bien formado.

En ese contexto, las nuevas generaciones de profesionales aportan algo que no hay que subestimar: una mirada fresca sobre cómo comunicar el vino. Son nativos digitales que entienden intuitivamente cómo construir comunidad alrededor de una botella, cómo traducir la técnica en contenido accesible, cómo convertir una marca en tema de conversación real. No reemplazan la experiencia acumulada —la necesitan, la buscan— pero la renuevan. El desafío real es aprender a combinar esas miradas en lugar de ponerlas en tensión.

Y ahí aparece una pregunta que la industria todavía no termina de responder: ¿estamos formando a los profesionales del vino para comunicar en este nuevo escenario? No alcanza con saber de vino. Hay que saber construir relato, generar vínculo, entender cómo funciona el ecosistema digital, cómo se comporta el consumidor actual, qué hace que una marca genere agenda. Eso ya no es marketing táctico: es comunicación como construcción cultural.

Eso implica también que todos —nuevos y veteranos— conozcan la realidad del mercado argentino de verdad. Entender y respetar todos los vinos, incluyendo los que mueven la economía de la industria.

Según datos del INV, entre el 64% y el 68% del vino comercializado en el mercado interno argentino corresponde a vinos sin mención varietal. En paralelo, el consumo de vino en Argentina atraviesa mínimos históricos: en 2025 cayó a 15,7 litros per cápita. Entender al consumidor real ya no es opcional para la industria: un sommelier que ignora o subestima ese segmento tiene un punto ciego enorme —y se cierra puertas que no tendría por qué cerrar.

La Sommellerie es hoy una profesión con un mapa de posibilidades más amplio que nunca. La sala del restaurante sigue siendo un escenario noble y exigente. Pero es solo uno de los muchos lugares donde un sommelier puede —y debería— hacer la diferencia. Lo que viene ahora es aprender a ocupar todos esos espacios con la misma convicción y con las herramientas que el momento exige.

*Dolores Lavaque. Directora de Dolores Lavaque Studio, formadora de Sommeliers y Coordinadora Tercer Año CAVE, es docente titular y coordinadora de tercer año en CAVE, Wine MBA graduada con distinción por KEDGE (Francia), coach ontológica empresarial certificada por Newfield Consulting y la Universidad Torcuato Di Tella, y cuenta con formación en Neurociencias aplicadas al Liderazgo por la Universidad de San Andrés.

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Uno en un millón: el joven que iba a la escuela en carreta, tiene la enfermedad más rara de la provincia y hoy sueña con poner su voz en personajes de ficción

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A los seis años nadie sabía qué tenía. El Instituto de Genética Humana del Parque de la Salud descifró su diagnóstico, le cambió el hábitat y le trazó un camino. Nelson Tachile, el chico de Cerro Azul que llegó en carreta, hoy lo cuenta con su propia voz.

Nelson Tachile llegó al Instituto de Genética Humana a los seis años, derivado por un supuesto retraso madurativo que, con el tiempo, resultó ser otra cosa: el síndrome de Ehlers-Danlos de tipo músculo estructural, una enfermedad rarísima que afecta a uno de cada un millón de personas y que, según la médica genetista Eugenia Heis, lo convierte en el primer caso diagnosticado en la provincia de Misiones. Criado por su abuela en Cerro Azul, Nelson cursó toda la primaria y la secundaria, perdió la visión de un ojo, aprendió a convivir con el dolor y la fragilidad de su cuerpo, y hoy sueña con ser actor de doblaje. Su historia es la de un sistema de salud que no se rindió ante lo desconocido.

El niño que llegó del monte

Había algo que no cerraba. Cuando Nelson llegó por primera vez a la consulta del Instituto de Genética Humana, su historia clínica decía “retraso madurativo”. Pero Heis, médica pediatra especialista en genética, intuyó desde el principio que había una pregunta más profunda esperando respuesta.

Nelson tenía seis años y vivía en una zona rural de Cerro Azul. Iba a la escuela en carreta. Tenía moretones que tardaban dos o tres meses en reabsorberse, una fragilidad del tejido conectivo que lo volvía vulnerable a cualquier golpe menor, y una pérdida visual severa que nadie había logrado explicar del todo. El cuadro era difuso, pero inequívoco para un ojo entrenado: algo genético estaba en juego.

“El retraso madurativo no existía, sino que había una patología de base a la cual teníamos que responder muchas preguntas”.

Así lo recuerda Heis, quien desde entonces lideraría un proceso de diagnóstico que duraría años y que terminaría con un nombre técnico tan extenso como preciso: Ehlers-Danlos de tipo músculo estructural.

Una enfermedad que afecta a uno en un millón

El síndrome de Ehlers-Danlos es un grupo de enfermedades hereditarias del tejido conectivo, esa especie de “pegamento” biológico que sostiene la estructura del cuerpo humano. En su variante músculo estructural, la presentación es tan inhabitual que la literatura médica apenas la registra en casos aislados alrededor del mundo. Para ponerlo en dimensión: estadísticamente, afecta a una persona de cada un millón.

El equipo del Instituto de Genética Humana analizó una extensa batería de genes, rastreó alteraciones moleculares y finalmente encontró la respuesta que el cuerpo de Nelson llevaba codificada desde su nacimiento. El diagnóstico no era solo un nombre: era un mapa de ruta.

“Esta enfermedad que es rarísima, creemos que Nelson es el primero en la provincia. Nos ayudó a saber y elegir el camino de ruta que íbamos a ayudarles desde la parte médica y asistencial para poder prevenir y evitar complicaciones”.

Heis es precisa cuando explica lo que significó ese hallazgo: no se trató solamente de cerrar un expediente diagnóstico, sino de rediseñar la vida cotidiana de un chico de zona rural que, sin saberlo, estaba expuesto a riesgos vasculares graves cada vez que montaba su caballo camino a la escuela.

El primer desafío: sacar a Nelson del campo

El diagnóstico reveló algo urgente. El síndrome de Ehlers-Danlos en su variante más severa puede comprometer los vasos sanguíneos. Una caída del caballo, un golpe contra el suelo, podía tener consecuencias irreversibles. El equipo médico lo comprendió de inmediato y tomó una decisión que iba más allá de la clínica.

“El primer desafío que nos planteamos como equipo fue modificar su hábitat rural a un hábitat más civilizado, poder ir a la escuela caminando sin dificultad de caerse del caballo, sabiendo que él podría tener lesiones vasculares graves que iban a poder comprometer su vida”

El seguimiento se extendió durante años en el área pediátrica del Instituto, junto con otros especialistas del hospital. El trabajo fue, en términos médicos, multi e interdisciplinario. En términos humanos, fue acompañamiento.

La voz de Nelson: “Todos tenemos nuestra estrella”

Nelson Tachile habla con una calma que cuesta no admirar. Tiene la voz pareja de quien ha aprendido a medir sus palabras porque sabe que cada una cuenta. Cuando describe su síndrome, no lo hace con amargura: lo hace con la precisión serena de alguien que lleva años conviviendo con algo que no eligió pero que decidió, en algún punto, no dejar que lo defina.

“Tengo muchos problemas para caminar, problemas motrices. Me cuesta bastante el tema de caminar muchos tramos, me cansa demasiado. También el tema de los huesos: si camino mucho o hago un mal movimiento me queda doliendo. Y la vista de un lado no la tengo, la perdí completa.”

La visión del ojo derecho se perdió por completo. El izquierdo conserva entre un treinta y un cuarenta por ciento de capacidad visual. Sin embargo, Nelson terminó la primaria, terminó la secundaria con un promedio de 7,75 y tiene un sueño concreto: estudiar actuación de doblaje o actuación de voz.

“Me gusta mucho estudiar. Me gustaría estudiar actuación de doblaje o actor de voz, que hasta ahora lo voy practicando con el celular y con el micrófono auricular.”



Sabe lo que necesita para avanzar: una computadora que le permita acceder a la formación online. Es un pedido sencillo y, al mismo tiempo, cargado de futuro.

Convivir con el síndrome: una filosofía de vida

Hay algo en la forma en que Nelson habla de su enfermedad que trasciende su historia personal. Parece haber llegado, con los años, a una comprensión de la vida que muchos adultos sin diagnósticos complejos no alcanzan.

“Cada chico, cada persona con su discapacidad tiene su forma de brillar y su forma de salir adelante. No porque uno tenga su discapacidad, su enfermedad o lo que sea, uno no se tiene que decaer, porque todos tenemos nuestra estrella, nuestra luz que nos tiene que guiar de allá arriba.”

La figura de la abuela aparece en su relato como un pilar inamovible. Ella lo crió desde que nació, es quien lo acompaña a los turnos, quien lo sostiene en los procedimientos. A su lado, menciona a sus amigos, como parte indispensable del andamiaje que permite seguir de pie.

“Lo más importante es tener muchos amigos que sean amigos leales. Rodearte de personas que te van a hacer bien a uno mismo y tratar de convivir con el síndrome, tratar de irse de la mano, porque será una cosa que de acá hasta que uno muera va a estar presente.”

La transición: de la pediatría a los adultos

El proceso de Nelson en el Instituto de Genética Humana tiene una marca específica que refleja la madurez del sistema: la transición. Cuando un paciente complejo en seguimiento pediátrico llega a la adultez, la continuidad del cuidado no puede interrumpirse. El equipo del Instituto lo garantizó.

Durante su etapa pediátrica, Nelson fue atendido por Heis y la licenciada Sánchez. Al pasar a la etapa adulta, el relevo quedó en manos de Rosana Espíndola y la licenciada Guadalupe. El hilo conductor del diagnóstico y el tratamiento se mantuvo intacto.

“En mi etapa de pediatría fui atendido por el equipo de genética conformado por la doctora Eugenia Heis y la licenciada Sánchez. Y ahora en mi etapa de adulta estoy siendo atendido por la doctora Rosana Espíndola y por la licenciada Guadalupe.”

Heis celebra ese resultado como uno de los logros colectivos más significativos del proceso: poder entregar a Nelson a la medicina de adultos con un diagnóstico sólido, un equipo preparado y una calidad de vida que, sin la intervención temprana, habría sido dramáticamente diferente.

“Pudimos llevar y mejorar su calidad de vida, evitar complicaciones severas y también nos dio la tranquilidad de que pudimos hacer la transición en el hospital de adultos siguiendo este camino de ruta que nos llevó al diagnóstico.”

El rol de la Fundación Parque de la Salud: inversión tecnológica y trabajo coordinado al servicio del diagnóstico

Detrás de una historia como la de Nelson no solo hay voluntad médica. Hay infraestructura, equipamiento y una política institucional que apuesta al diagnóstico de enfermedades complejas incluso cuando se trata de casos únicos en la provincia. En ese escenario, la Fundación Parque de la Salud cumple un rol estratégico e irremplazable.

La Fundación articula recursos, coordina inversiones en tecnología calificada y sostiene las condiciones materiales que permiten al Instituto de Genética Humana operar al nivel que exigen los casos de alta complejidad. El acceso a secuenciación genómica, a equipos de diagnóstico molecular y a protocolos de seguimiento interdisciplinario no es posible sin una gestión que combine visión sanitaria con decisión de inversión.

El caso de Nelson es, en ese sentido, la síntesis de lo que ocurre cuando el Estado, la institución hospitalaria y una fundación de apoyo trabajan en la misma dirección: un chico de Cerro Azul que llegó en carreta, con moretones inexplicables y una visión que se apagaba, pudo recibir un diagnóstico de precisión, un plan de tratamiento integral y la oportunidad de llegar a la adultez con herramientas para construir su vida.

Hoy Nelson sueña con su voz. Y esa voz es, también, la voz del sistema de salud que apostó por él cuando nadie sabía todavía su nombre.

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Más de 50 yerbateras ofrecieron sus productos en la Expo Mate 2026, en San Isidro

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Más de 50 establecimientos yerbateros; entre empresas, cooperativas y emprendedores, participaron de la segunda edición de Expo Mate, que se desarrolló los días 23, 24 y 25 de mayo en el Centro Municipal de Exposiciones de San Isidro (Buenos Aires). La feria fue visitada por más de 18 mil personas, proponiendo experiencias diversas en torno a la Infusión Nacional argentina.

La “embajada yerbatera” estuvo integrada por los establecimientos que contaron con el apoyo del INYM para cubrir el costo de sus stands; además de aquellos que sumaron su presencia en lugares estratégicos de la feria.

El trailer del INYM sumó la marca institucional Yerba Mate Argentina para compartir con los visitantes todo lo relacionado al universo yerbatero, desde información sobre el proceso de producción y elaboración hasta las propiedades benéficas que tiene nuestra Infusión Nacional en la salud; sin dejar de lados algunos “tips” para preparar un rico mate.

Expo Mate tuvo el sector Talleres en Vivo, con actividades de 40 minutos que incluyeron catas guiadas y también hubo espacio para el conocimiento científico con disertaciones acerca de las propiedades benéficas del consumo de yerba mate; sus mitos y verdades. Además, se presentaron libros sobre la historia de la yerba mate y se contó con la presencia de orfebres y artesanos del cuero, metal y madera que trabajaron “en vivo” para mostrar como logran sus productos.

En el Anfiteatro de Charlas se desarrollaron paneles sobre oportunidades laborales en el sector yerbatero, con la participación de emprendedores y empresa que relataron su historia. Para los más chicos, hubo funciones de títeres con temáticas materas; además de campeonatos de truco para toda la familia.

El escenario principal se sucedieron los números musicales con artistas de primer nivel y un repertorio netamente folklórico que fue acompañado por aplausos y baile del público presente. El lunes 25 de Mayo se vivió una jornada sumamente emotiva, con la entonación del Himno Nacional Argentino en la apertura de la feria.

En esta oportunidad nuevamente hubo un fin solidario, ya que los fondos recaudados serán destinados a la compra de un respirador con transporte y un desfibrilador para el Hospital Central de San Isidro.

Cabe señalar que la participación en este tipo de ferias responde a los lineamientos del Directorio del INYM, en el marco de la estrategia de promoción de la Yerba Mate Argentina que lleva adelante. En ese sentido, además del equipo de Promoción del INYM, los establecimientos yerbateros participantes contaron en el predio de la Expo Mate con el acompañamiento de los directores Ricardo Maciel (gobierno de Misiones), Ricardo Kalitko (sector Producción), Marta Cunha (gobierno de Misiones) y Carlos Czajkowski (sector Cooperativas).

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Café de especialidad hecho en Misiones: una apuesta emprendedora que mira al futuro

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Mientras Misiones comienza a dar sus primeros pasos en la producción local de café tras la reciente reglamentación de la actividad, algunos emprendedores ya imaginan el próximo eslabón de la cadena de valor: transformar ese grano en un producto con identidad propia y valor agregado. En Apóstoles, el emprendimiento Bangwa se posiciona como uno de esos casos. Nacido a partir de una vieja tostadora familiar y años de experimentación artesanal, hoy produce café de especialidad y proyecta convertirse en uno de los primeros aliados de los futuros productores misioneros.

Detrás de la marca está María José Leonardo, arquitecta de profesión y emprendedora por vocación, quien junto a su familia transformó una tradición doméstica en una pequeña empresa dedicada al tostado, molienda y comercialización de café premium.

La historia comenzó mucho antes de que el café volviera a instalarse como tema de agenda productiva en Misiones. Hace más de dos décadas, el padre de María José había intentado desarrollar una iniciativa vinculada al café en la provincia. El proyecto no prosperó, pero dejó una herencia inesperada: una tostadora artesanal que permaneció guardada hasta que la nueva generación decidió darle una segunda oportunidad.

“Empezamos tostando para consumo familiar. Somos una familia muy cafetera y nos gustaba probar distintos granos, hacer mezclas y experimentar”, recuerda Leonardo. Lo que comenzó como una afición terminó despertando el interés de amigos y conocidos, que empezaron a preguntar por aquel café elaborado en casa. Así nació Bangwa.

El nombre no es casual. Hace referencia a una antigua tribu de Etiopía, considerada por muchos historiadores como una de las regiones originarias del café. Según explica la emprendedora, Bangwa era la denominación vinculada a las mujeres de la nobleza a quienes se les reservaba esta bebida en sus primeros tiempos, una conexión simbólica con la historia y la cultura cafetera mundial.

Actualmente, el emprendimiento trabaja con granos importados provenientes de Colombia y Brasil. Ambos son tostados en Apóstoles mediante procesos artesanales que buscan preservar las características originales del producto.

La producción es deliberadamente pequeña. Cada tostada permite procesar entre dos y dos kilos y medio de café y requiere entre veinte y treinta minutos de trabajo. Luego comienza una etapa clave para los especialistas: el reposo o estacionamiento del grano, que puede extenderse entre siete y diez días antes de ser molido o comercializado.

La lógica detrás de este modelo se aleja de los esquemas industriales tradicionales. El objetivo no es almacenar grandes volúmenes sino ofrecer un producto fresco, recién tostado y con trazabilidad completa. “La idea es que la gente consuma un café que fue tostado hace pocos días y no un paquete que lleva meses en una góndola”, explica Leonardo.

El producto se comercializa tanto en grano como molido y ya puede encontrarse en algunos puntos de venta de Posadas, además de distribuirse mediante pedidos directos y entregas a domicilio.

Pero el verdadero horizonte del proyecto está puesto en otro lugar: el café misionero.

La reciente sanción de la normativa que impulsa el desarrollo de plantaciones en la provincia abrió una expectativa inédita para quienes conocen el negocio desde adentro. Leonardo observa con atención los primeros ensayos productivos que se desarrollan en distintas zonas de Misiones, especialmente en áreas de mayor altitud como Cerro Corá.

La gran incógnita es qué tipo de café podrá producir la provincia. Tradicionalmente, el mercado premium está asociado al grano arábica, cultivado en zonas elevadas de Colombia, Perú y Centroamérica. Sin embargo, la experiencia reciente de Paraguay genera expectativas diferentes.

“En Paraguay están logrando cafés de muy buena calidad a partir de variedades robusta, que históricamente se destinaban a otros usos. Eso demuestra que todavía hay mucho por descubrir”, sostiene.

Desde Bangwa ya imaginan el próximo paso: ofrecer su tostadero para procesar los primeros lotes experimentales producidos en Misiones y comenzar un trabajo de prueba y aprendizaje conjunto con los futuros caficultores locales.

La posibilidad de cerrar el circuito completo —desde la producción hasta la transformación industrial— aparece como una oportunidad estratégica para agregar valor dentro de la provincia y construir una identidad propia en un mercado donde la diferenciación es clave.

El fenómeno también se inscribe en una tendencia global. El consumo de café de especialidad crece sostenidamente en todo el mundo y cada vez más consumidores buscan conocer el origen del producto, los métodos de producción y las características específicas de cada grano.

En ese contexto, Misiones podría encontrar una nueva alternativa para diversificar su matriz productiva, sumando al té, la yerba mate y los cultivos tradicionales una actividad con alto potencial de valor agregado.

Por ahora, el café misionero todavía es una promesa. Pero emprendimientos como Bangwa ya trabajan pensando en el día después. Cuando lleguen los primeros granos locales, la infraestructura, la experiencia y el conocimiento para transformarlos en un producto competitivo ya estarán esperando.

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SENASA elimina restricciones históricas para la producción de margarinas

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Una resolución del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) modificó una normativa que llevaba casi seis décadas vigente y eliminó una serie de requisitos técnicos aplicados a la elaboración de margarinas en Argentina. Aunque se trata de un cambio regulatorio específico, la decisión apunta a reducir procesos considerados obsoletos por la evolución tecnológica de la industria alimentaria y podría traducirse en menores costos operativos para fabricantes de grasas y derivados.

La Resolución 475/2026 derogó tres exigencias incluidas en el Reglamento de Inspección de Productos, Subproductos y Derivados de Origen Animal, aprobado originalmente en 1968. Según argumenta el organismo sanitario, los avances en los sistemas de producción, control de calidad y trazabilidad vuelven innecesarias determinadas obligaciones que habían sido diseñadas para prevenir adulteraciones y fraudes en una industria muy diferente a la actual.

La medida no modifica los estándares de inocuidad alimentaria ni los controles sanitarios vigentes, pero sí elimina barreras regulatorias que el propio SENASA considera superadas por la tecnología disponible.

La actualización elimina tres disposiciones vinculadas a la elaboración de margarinas.

Por un lado, desaparece la obligación de incorporar determinadas sustancias testigo utilizadas históricamente para identificar posibles adulteraciones. También se elimina una restricción relacionada con el uso de manteca de leche en determinados procesos industriales y se deroga una exigencia específica incorporada décadas atrás como mecanismo de prevención de fraude comercial.

La argumentación oficial es clara: los métodos modernos de control permiten garantizar la autenticidad y composición de los productos mediante herramientas más precisas que las previstas por una regulación diseñada en los años sesenta.

Para la industria, esto implica simplificar procesos productivos, reducir intervenciones innecesarias y mejorar atributos de calidad del producto final sin afectar los mecanismos de fiscalización sanitaria.

Qué impacto puede tener sobre la cadena alimentaria

Aunque la resolución está dirigida específicamente al segmento de margarinas y grasas industriales, sus efectos alcanzan a una cadena mucho más amplia.

Las margarinas son un insumo utilizado por industrias panificadoras, fabricantes de galletitas, productos de pastelería, alimentos procesados y gastronomía industrial.

Cuando una regulación reduce costos de producción o elimina procesos redundantes, el beneficio no queda exclusivamente en el fabricante primario. También puede mejorar la competitividad de los sectores que utilizan esos insumos como materia prima.

En un escenario donde la industria alimentaria continúa buscando eficiencia para sostener márgenes de rentabilidad, cualquier reducción de costos regulatorios adquiere relevancia.

La medida forma parte de una tendencia observada durante los últimos meses en distintas áreas del Gobierno nacional: revisar normativas históricas para eliminar requisitos considerados incompatibles con las tecnologías actuales de producción y control.

A diferencia de los grandes centros industriales, donde existe una elevada integración productiva, las economías regionales suelen absorber con mayor intensidad los costos regulatorios debido a menores escalas de producción.

En provincias como Misiones, donde el sector alimenticio está compuesto principalmente por PyMEs, cooperativas y empresas familiares vinculadas a la molienda, panificación, elaboración de alimentos y gastronomía, cualquier reducción de costos en insumos industriales termina impactando sobre la estructura de costos de múltiples actividades.

No se trata de un efecto inmediato ni necesariamente visible para el consumidor final, pero sí de una mejora incremental en la competitividad de la cadena alimentaria.

Además, la decisión ratifica una señal regulatoria que el sector privado sigue de cerca: la disposición de los organismos nacionales a actualizar marcos normativos que habían quedado desfasados respecto de la realidad tecnológica.

Una regulación menos rígida para una industria más moderna

La resolución del SENASA no implica una desregulación sanitaria. El organismo mantiene intactas sus facultades de fiscalización y control sobre la inocuidad de los alimentos.

La diferencia es que cambia el enfoque. En lugar de exigir procedimientos específicos diseñados para otra época, la normativa pasa a apoyarse en tecnologías modernas de control de calidad y trazabilidad.

Para los fabricantes, esto representa una mayor flexibilidad productiva. Para los consumidores, el objetivo declarado es mantener los mismos estándares de seguridad alimentaria con productos de mejor aceptación y procesos más eficientes.

Lo que habrá que observar en los próximos meses es si esta actualización normativa se replica en otros segmentos de la industria alimentaria. Existen numerosos reglamentos técnicos construidos bajo parámetros productivos del siglo pasado que hoy podrían estar generando costos sin aportar mejoras reales en materia sanitaria.

La competitividad industrial ya no depende solamente de impuestos o financiamiento. También está vinculada a la capacidad del Estado para adaptar las regulaciones a las tecnologías que utiliza el sector productivo.

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