Mes: agosto 2026

Bonos de carbono: el té argentino se prepara para un mercado que ya exige medir la huella ambiental

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La sustentabilidad dejó de ser un atributo deseable para transformarse en un requisito comercial. En un contexto en el que los principales mercados del mundo comienzan a exigir información ambiental de los productos que importan, la cadena del té argentino inició un proceso para medir su huella de carbono y prepararse para competir en un escenario donde la trazabilidad ambiental tendrá cada vez más peso.

La iniciativa es impulsada por el Programa Argentino de Carbono Neutro, integrado por las principales Bolsas de Cereales y Comercio del país, que convocó a productores, industriales y exportadores del sector tealero a construir una herramienta común para calcular las emisiones de carbono de la actividad. La primera reunión será el próximo 12 de agosto, de manera virtual.

Durante una entrevista concedida al programa Frontera Jesuita, que conduce Carlos Vedoya Recio por FM República, la ingeniera ambiental Natalia Redolfi, coordinadora de las mesas de carbono por sectores agroindustriales, explicó que el desafío no responde a una moda ambiental sino a una transformación profunda del comercio internacional.

“La información sobre huella de carbono ya comenzó a ser requerida por distintos mercados. En algunos casos funciona como una barrera de ingreso y, en otros, como un atributo que agrega valor al producto”, sostuvo.

El objetivo, remarcó, es evitar que las producciones argentinas lleguen tarde a una tendencia que ya se consolida en Europa y otros destinos internacionales.

Aunque el debate suele asociarse rápidamente con los bonos de carbono, el primer paso consiste en algo mucho más básico: conocer cuánto emite realmente cada sistema productivo.

¿Cómo vender créditos ambientales si todavía no se conoce con precisión cuál es la huella de carbono del té argentino?

Esa es precisamente la pregunta que busca responder el programa. Para ello se desarrollará un calculador construido sobre casos reales aportados por productores. La herramienta permitirá identificar dónde se generan las emisiones, qué procesos pueden optimizarse y cuáles son las oportunidades para reducirlas.

“Primero hay que medir. Después podremos saber dónde están las principales fuentes de emisión y recién allí comenzar a trabajar para disminuirlas”, explicó Redolfi.

El proceso demandará nueve meses de trabajo conjunto entre técnicos y empresas de la cadena.

La convocatoria al sector del té no surgió por iniciativa aislada de las Bolsas de Cereales. Según explicó la especialista, fueron productores y actores privados quienes comenzaron a advertir que distintos compradores internacionales ya solicitan información ambiental sobre el producto. Existen estudios puntuales sobre algunas plantaciones, pero todavía no una metodología nacional aplicable a toda la cadena.

La estrategia, entonces, consiste en adelantarse a futuras exigencias regulatorias.

“Lo que buscamos es generar las herramientas antes de que esa demanda sea obligatoria”, resumió.

La sustentabilidad como ventaja competitiva

El desafío no termina en la huella de carbono. Redolfi explicó que la medición constituye apenas el primer escalón de una agenda ambiental mucho más amplia que incluirá, en los próximos años, indicadores como huella hídrica, gestión de residuos, eficiencia energética y otros estándares que los mercados internacionales ya comienzan a incorporar.

¿Será suficiente producir un buen té si el comprador también exige demostrar cómo fue producido?

Para la especialista, esa será la nueva lógica del comercio global.

“No alcanza con tener un buen producto; también habrá que demostrar, con datos verificables, que la producción respeta estándares ambientales”, afirmó.

Actualmente más de 130 empresas participan del Programa Argentino de Carbono Neutro y varias ya utilizan sellos que acreditan su adhesión al sistema.

La intención es que el sector tealero también pueda construir una identidad ambiental propia, fortaleciendo su posicionamiento internacional y generando herramientas comunes para pequeños y grandes productores.

La medición de la huella de carbono no implica únicamente responder a una exigencia externa. También ofrece información para mejorar la eficiencia de cada establecimiento, reducir costos asociados al uso de energía e insumos y acceder, en el futuro, a mercados diferenciados o mecanismos vinculados con créditos y bonos de carbono.

En definitiva, la sustentabilidad comienza a convertirse en un activo económico. Y para una actividad fuertemente exportadora como el té argentino, llegar antes puede marcar la diferencia.

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Más carne, más inversión y mejores suelos: la visión de Carlos Navajas para Misiones

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Por momentos habla como presidente de la Sociedad Rural de Misiones. En otros, como productor que todos los días camina los potreros de la estancia Santa Cecilia. Pero detrás de ambos perfiles aparece una misma idea: la ganadería atraviesa uno de sus mejores momentos en muchos años y la provincia tiene una oportunidad para crecer si logra mejorar su productividad sin resignar sustentabilidad.

A pocos días de una nueva edición de la Expo Rural de Misiones, el ingeniero Carlos Adolfo Navajas sostiene que el cambio más importante no pasa únicamente por el precio de la hacienda, sino por una transformación más profunda del mercado mundial.

La ganadería dejó de ser mala palabra“, resume. Y desarrolla una explicación que excede al negocio. A su entender, la revalorización de la proteína animal responde a un cambio en los hábitos de consumo y a una revisión científica de muchas recomendaciones nutricionales que dominaron las últimas décadas.

Hoy los nutricionistas vuelven a recomendar carne, leche y huevos. Eso aumentó la demanda mundial y permite planificar inversiones de largo plazo”, afirma Navajas en diálogo con Frontera Jesuita, que conduce Calos Vedoya Recio en FM República.

El fenómeno, asegura, beneficia tanto al gran establecimiento como al pequeño productor. “Cuando el mercado mejora, mejora para toda la cadena. El productor chico también encuentra mejores oportunidades porque cambia el contexto general del consumo”.

Una ganadería adaptada al suelo misionero

En Santa Cecilia, uno de los establecimientos ganaderos más importantes de Misiones, las decisiones productivas no se toman sobre un campo homogéneo. Hay bañados, lomas de tierra colorada, sectores pedregosos, montes y sistemas silvopastoriles que obligan a pensar cada ambiente por separado.

Por eso Navajas evita caer en indicadores simplificados cuando se le consulta por la carga animal.

“Podemos hablar de un promedio cercano a media vaca por hectárea, pero depende muchísimo del tipo de suelo. En algunas áreas trabajamos con una vaca y media por hectárea y en otras bastante menos. Lo importante no es quedarse con un número, sino entender cómo producir más pasto”.

Porque allí aparece, según insiste, la verdadera clave del negocio.

¿Dónde está hoy el principal límite para seguir aumentando la producción?

La limitación no está en la genética sino en la oferta forrajera del invierno. En primavera y verano producimos mucho pasto, pero después llega el invierno y aparece el cuello de botella”.

Por eso Santa Cecilia avanza en nuevas hectáreas bajo sistemas silvopastoriles, incorpora forestación destinada a producción de resina y busca mejorar la calidad de los verdeos mediante una práctica todavía poco extendida en Misiones: el encalado de los suelos.

“La acidez natural de nuestros suelos limita el desarrollo de pasturas invernales. Brasil y Paraguay utilizan cal agrícola desde hace años. Nosotros necesitamos resolver las trabas para importar este insumo y hacerlo económicamente viable”.

La propuesta ya comenzó a trabajarse junto a los grupos CREA y luego será impulsada desde las entidades gremiales.

Genética pensada para producir, no para exhibir

Aunque la familia Navajas supo desarrollar una reconocida cabaña Brahman, hoy el enfoque es diferente.

“No buscamos criar animales para las exposiciones. Buscamos la mejor vaca posible para producir”.

La estrategia apunta al vigor híbrido mediante cruzamientos entre Brangus, Brahman, Bonsmara y próximamente Santa Gertrudis, privilegiando fertilidad, rusticidad y adaptación antes que la obtención de campeones de pista.

La decisión surgió también después de experiencias sanitarias complejas.

“Hace algunos años sufrimos problemas importantes con tristeza bovina y entendimos que necesitábamos recuperar rusticidad. No alcanza con mejorar calidad de carne; también hay que tener animales preparados para las condiciones del campo”.

Las hembras reproductoras constituyen hoy uno de los principales productos del establecimiento.

La Expo Rural como herramienta económica

Del 7 al 9 de agosto se realizará la 14ª Expo Rural de Misiones en el predio de Fachinal, organizada por la Sociedad Rural de Misiones.

Para Navajas, la exposición está lejos de ser únicamente una muestra para el público urbano.

“Detrás de cada jura hay información productiva. Un toro campeón no vale solamente por una cucarda. Vale porque fue evaluado en fertilidad, estructura, aplomos, adaptación y características que después impactan directamente en la productividad de los rodeos”.

El productor explica que la selección genética termina traduciéndose en mejores índices reproductivos, mayor homogeneidad de los terneros y mejores precios comerciales.

“Los reproductores que llegan a la exposición pasaron previamente una admisión sanitaria y funcional muy exigente. Son animales preparados para trabajar en los campos”.

Ganadería y ambiente: “No son enemigos”

Uno de los aspectos que más enfatiza Navajas es la convivencia entre producción y conservación ambiental.

Durante años, sostiene, se instaló una visión que responsabilizó a la ganadería por gran parte de los problemas ambientales.

“No comparto esa mirada. En regiones de pastizales naturales, la ganadería es justamente la actividad que permite conservar esos ambientes”.

En Santa Cecilia trabajan con rotaciones de potreros, conservación del suelo, protección de fauna silvestre y articulación con especialistas en biodiversidad para adaptar el manejo productivo.

¿Puede una estancia medir su éxito también por la cantidad de aves que conserva?

“Absolutamente. Cuanto mejor está el ambiente, mayor biodiversidad aparece. Nosotros aprendimos mucho trabajando junto a ambientalistas. No se trata de enfrentarse; se trata de producir mejor”.

Para Navajas, cuidar el suelo continúa siendo el principal capital de cualquier establecimiento.

“Eso es lo primero que enseña la universidad y también lo primero que confirma la experiencia. Si destruimos el suelo, perdemos productividad y perjudicamos a las próximas generaciones”.

Un reconocimiento a quienes hicieron crecer la ganadería

La próxima Expo Rural también servirá para entregar el tradicional Premio Carlos Navajas, que este año distinguirá a Chacho Ascue por su trayectoria y su permanente acompañamiento al desarrollo ganadero regional.

“Fue una persona que siempre empujó cuando la actividad atravesaba momentos difíciles. Creemos que merece este reconocimiento”.

Mientras la ganadería atraviesa un ciclo favorable, Navajas insiste en que el verdadero desafío recién comienza: aumentar la productividad, incorporar tecnología, mejorar los suelos y producir más sin perder de vista la conservación del ambiente. “La oportunidad está. Ahora hay que aprovecharla“.

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Víctor Navajas: “La yerba tiene que jugar en las grandes ligas, ya no es competir con el café, sino con Coca-Cola y Red Bull”

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“La yerba estuvo pasando por un momento complicado. Estos últimos tres años, muy vinculado con la producción. Estamos saliendo de un momento malo, por la caída de precios y la disminución del consumo masivo por la suba de los servicios y demás. También hay una sobreproducción”, explicó Víctor Navajas, director de Las Marías, la segunda yerbatera del país y una de las principales exportadoras.

Para el director del Establecimiento Las Marías, el verdadero desafío trasciende la coyuntura: la yerba mate debe dejar de verse únicamente como un producto regional para convertirse en un competidor dentro del mercado global de las bebidas.

Durante la Expo Rural de Palermo, en una entrevista con InfoCampo, Navajas sostuvo que la actividad empieza a salir de un ciclo muy complejo, aunque advirtió que el futuro dependerá menos de los precios coyunturales y más de la capacidad de toda la cadena para posicionar la yerba en el mundo.

“Estamos saliendo de un momento malo”, resumió el empresario, al explicar que la crisis fue consecuencia de dos factores que coincidieron en el tiempo: una caída del consumo masivo, afectado por la pérdida del poder adquisitivo de los hogares, y una sobreproducción de hoja verde que terminó presionando los precios hacia abajo.

Un consumo estable, pero con un límite

A diferencia de otros productos agroindustriales, la yerba mate tiene una particularidad que condiciona su mercado: el consumo prácticamente no crece cuando baja el precio. “La gente toma uno, dos o tres mates por día independientemente del valor de la yerba. Si sobra producción, ese excedente no encuentra fácilmente un consumidor adicional”, explicó.

A ello se suma otra característica estructural: la yerba mate no cuenta con destinos alternativos de utilización, como ocurre con otros commodities agrícolas. Mientras la soja, el maíz o el azúcar pueden orientarse hacia diferentes industrias, el mercado de la yerba depende casi exclusivamente del consumo como bebida.

Para Navajas, una de las mayores oportunidades aparece fuera de Argentina. Si bien las exportaciones tradicionales continúan concentradas en mercados como Siria, el sur de Chile y las comunidades de argentinos en el exterior, el empresario observa una tendencia mucho más relevante: el creciente interés internacional por la yerba mate como ingrediente para bebidas energéticas y funcionales.

Estados Unidos, Europa y distintos países de Asia muestran una demanda creciente de productos elaborados a base de yerba mate, impulsados por consumidores que buscan bebidas naturales con propiedades estimulantes y beneficios para la salud.

En paralelo, el mate tradicional también gana visibilidad gracias a figuras del deporte y el espectáculo. “Cada vez se ve más. Lo toman artistas, futbolistas, pilotos de Fórmula 1 como Franco Colapinto y también aparece en distintos equipos deportivos. Son personas que generan tendencias y ayudan a que más gente conozca el mate”, señaló.

A ese fenómeno se suma un contexto favorable: la creciente demanda mundial de alimentos y bebidas funcionales, segmento en el que la yerba mate posee una posición competitiva por sus propiedades antioxidantes y estimulantes.

Competir con gigantes

Sin embargo, Navajas advirtió que el desafío comercial es mucho mayor de lo que suele suponerse. A su entender, la yerba mate no compite únicamente con el café o el té.

Compite con Coca-Cola, Quilmes, Red Bull y todas las bebidas que buscan ocupar los aproximadamente dos litros diarios que consume una persona”, explicó.

Eso obliga a pensar el negocio desde otra escala. “Hay que jugar las grandes ligas de las bebidas del mundo“, afirmó.

Según su visión, el crecimiento internacional exigirá inversiones sostenidas en innovación, desarrollo de nuevos productos, construcción de marcas globales, marketing y redes de distribución capaces de competir con las principales multinacionales del sector.

Una cadena integrada que debe ganar competitividad

El director de Las Marías también destacó que la cadena yerbatera mantiene una fuerte integración productiva, aunque convive con tensiones recurrentes entre productores, secaderos, intermediarios e industrias.

En el caso de Establecimiento Las Marías, la empresa participa en todas las etapas del proceso: desde la producción primaria y la secanza hasta la industrialización y la comercialización. Esa integración, señaló, permite comprender las dificultades que enfrenta cada eslabón y planificar estrategias de largo plazo.

Con la mejora gradual del mercado, Navajas consideró que el sector tiene por delante una etapa de adaptación.

“Estamos terminando una temporada de muy malos precios. Toda la cadena debe ser más competitiva para poder atravesar tanto los ciclos negativos como aprovechar los positivos. Nadie tiene la vaca atada“, concluyó.

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Exportaciones agro en máximos históricos: 69 Mt embarcadas entre enero y julio

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La agroindustria argentina volvió a marcar un récord en el frente externo, según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Entre enero y julio, las exportaciones de los principales granos y productos derivados alcanzaron 69 millones de toneladas (Mt), un volumen que supera en 11,3% al registrado en igual período del año pasado y deja atrás el máximo previo de 65 Mt de 2022.

El dato revela la fortaleza de la campaña 2025/26, pero también expone una particularidad relevante para el mercado: la producción creció mucho más que las exportaciones. Frente a 2022, los embarques acumulados avanzaron 6,15%, mientras que la producción se expandió 26%. En otras palabras, el agro logró colocar en el exterior un volumen inédito y, aun así, mantiene una oferta considerable para los próximos meses.

La magnitud de la absorción externa se observa especialmente en algunos cultivos. El trigo acumula exportaciones por 11,7 Mt, un 70% por encima del promedio de los últimos años, mientras que el girasol alcanzó 5 Mt, más del doble de sus despachos habituales. La combinación entre una cosecha excepcional y una demanda externa sostenida configura un escenario de elevada disponibilidad, con capacidad para seguir abasteciendo los mercados internacionales.

El otro dato que comienza a cambiar el escenario aparece en la comercialización interna. A la semana del 22 de julio, los principales cultivos habían comprometido el 52% de la cosecha 2025/26, ocho puntos porcentuales por debajo del promedio histórico del último cuarto de siglo. Sin embargo, las últimas semanas mostraron una aceleración, especialmente en las fijaciones de precios.

En soja, el volumen comercializado aumentó 4% semanal y las fijaciones crecieron 7,8%, hasta alcanzar 1,14 Mt. En maíz, las fijaciones llegaron a 1,39 Mt, con una mejora semanal del 5,2%. El mayor salto correspondió al trigo nuevo: las fijaciones aumentaron 30% en una semana, acompañadas por una expansión de 19,9% en el volumen comercializado.

La mejora en la comercialización estuvo acompañada por una recuperación de los precios locales. Al 29 de julio, la pizarra de soja alcanzó US$ 339,6 por tonelada, frente a US$ 328,2 a comienzos de mes, mientras que el maíz llegó a US$ 189 contra US$ 180,5. En ambos casos, la mejora rondó el 5,5%. Para el trigo nuevo, el futuro con vencimiento en diciembre cerró en US$ 222,5 por tonelada, casi 7% por encima del inicio del mes.

Misma cosecha, otra ventaja: el maíz argentino gana competitividad

El maíz concentra buena parte de la oferta disponible. Las lluvias retrasaron la cosecha, que alcanzó un avance del 82% a nivel nacional, casi diez puntos porcentuales por debajo del promedio de las últimas cinco campañas y siete puntos por debajo del ciclo anterior.

El retraso no impidió que el cereal pasara a dominar las descargas portuarias. Durante julio representó más de la mitad de los granos recibidos en los puertos, aunque la exportación todavía dispone de un volumen importante para colocar en el exterior.

El avance exportador del maíz se encuentra en 48%, levemente por debajo del promedio de los últimos cinco años, mientras que el mercado interno comprometió el 50% de la producción, frente al 57% habitual para esta altura del ciclo. La lectura conjunta de ambos datos permite dimensionar el excedente disponible para exportación.

La producción proyectada explica buena parte de esa ventaja. La campaña 2025/26 podría alcanzar 71,5 Mt de maíz, unas 11,5 Mt por encima del récord previo de 60,5 Mt. Ese salto, combinado con una mayor orientación de Brasil hacia el consumo interno de su propia producción, vuelve a colocar al maíz argentino en una posición privilegiada en términos de competitividad FOB.

La oportunidad, por lo tanto, no se limita al volumen cosechado. La oferta récord genera capacidad para abastecer una demanda externa elevada y, al mismo tiempo, permite que Argentina compita con precios atractivos en un mercado internacional donde otros factores comienzan a modificar las cotizaciones.

Chicago corrigió tras los máximos y el clima vuelve a marcar el pulso

El mercado internacional introdujo una cuota de cautela. Después de alcanzar máximos de dos años en soja y desde mayo en maíz, Chicago corrigió durante la última semana: la soja cayó 5% y el maíz 4%, presionados por las perspectivas de una mejora climática en las principales regiones productoras de Estados Unidos.

El mercado comenzó a descontar lluvias sobre el Medio Oeste estadounidense, un factor especialmente relevante para la soja, que atraviesa una etapa crítica de formación y llenado de vainas. La posibilidad de mejores condiciones hídricas redujo parte de la prima de riesgo climático que había impulsado las cotizaciones.

A ese factor se sumó la volatilidad del petróleo y la incertidumbre geopolítica. El Brent llegó a retroceder desde los US$ 95 hasta los US$ 84 por barril ante versiones de negociaciones en Medio Oriente, aunque posteriormente volvió a subir hasta los US$ 91 tras nuevos ataques cruzados.

Los fondos especulativos también aportaron presión bajista. Hasta el miércoles, las ventas alcanzaban unos 31.500 contratos de maíz y alrededor de 27.000 de soja, reflejando una posición vendedora que profundizó la corrección de los precios.

El trigo presentó una dinámica similar, aunque con un componente geopolítico más marcado. Luego de alcanzar un máximo de dos años, el contrato pasó de US$ 259 a alrededor de US$ 242 por tonelada, en un movimiento asociado a la toma de ganancias. Sin embargo, la continuidad de los ataques entre Rusia y Ucrania y los daños sobre infraestructura portuaria mantienen latente el riesgo de una menor oferta exportable desde el Mar Negro.

En ese escenario, la consultora Sovecon recortó en 1,9 Mt su estimación para las exportaciones rusas de trigo de la campaña 2026/27, hasta 44,6 Mt, debido al cierre de la vía navegable en el Mar de Azov.

Para Argentina, el escenario combina dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, una producción extraordinaria que garantiza una oferta abundante y permite ganar competitividad internacional. Por otro, precios globales sometidos a la evolución del clima estadounidense, los movimientos de los fondos y una geopolítica capaz de alterar rápidamente las primas de riesgo.

El récord exportador confirma que la agroindustria dispone de capacidad para colocar volúmenes inéditos en el exterior. El desafío siguiente es transformar esa disponibilidad en comercialización efectiva y valor económico, especialmente en un contexto donde la producción creció mucho más rápido que los embarques. La aceleración de las fijaciones observada en julio puede ser la primera señal de que esa brecha comienza a cerrarse.

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La actividad agropecuaria marcó un nuevo récord, creció 10,9% en un año

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La actividad de la cadena agropecuaria argentina volvió a acelerar y alcanzó en junio el nivel más elevado desde que existen registros. El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario, creció 3% mensual en términos desestacionalizados y quedó 10,9% por encima de junio de 2025, en una señal que excede al campo y alcanza a la industria, el comercio exterior y la generación de divisas.

El dato adquiere mayor relevancia porque el indicador superó el máximo que había alcanzado en febrero. De las doce series que componen el índice, nueve mostraron mejoras mensuales, lo que revela una expansión relativamente extendida y no solamente concentrada en una actividad puntual.

El principal motor fue la producción primaria. El IACA-Cultivos avanzó 4,1% mensual y alcanzó también un nuevo máximo histórico, impulsado por la cosecha de soja, maíz y sorgo y por el inicio de la implantación de trigo y cebada. En términos interanuales, este componente creció 14,3%, apoyado en una campaña agrícola 2025/26 que presenta volúmenes excepcionales.

La soja aporta una de las claves para entender esta dinámica. La cosecha alcanzó un avance prácticamente total hacia mediados de año y la producción estimada llegó a 51,5 millones de toneladas, el mayor volumen desde la campaña 2018/19. En maíz, las previsiones apuntan a una cosecha récord de 68 millones de toneladas, mientras que el girasol alcanzó la mayor producción del siglo.

El impacto de ese volumen comienza a trasladarse hacia las etapas posteriores de la cadena. La actividad agroindustrial creció 0,8% mensual en junio y quedó 1,5% por encima del mismo mes de 2025. Aunque el subíndice todavía se ubicó 1,6% por debajo de su máximo histórico de septiembre de 2025, la recuperación muestra que el mayor flujo de materia prima está encontrando capacidad de procesamiento.

La molienda conjunta de cereales y oleaginosas avanzó 1,5% mensual y quedó 6,4% por encima de junio del año pasado. El crushing de soja procesó 4,1 millones de toneladas, el cuarto mayor volumen para un junio desde el inicio de la serie en 1998. La molienda de girasol acumuló además seis meses consecutivos de crecimiento y alcanzó casi 549.000 toneladas en junio.

También la cebada mostró una dinámica particularmente sólida: su procesamiento creció 1,3% mensual y acumuló ocho meses consecutivos de expansión, con un incremento cercano al 30%. En trigo, la molienda aumentó 0,7% frente a mayo.

La recuperación no quedó restringida a los granos. La faena conjunta creció 1% mensual, con avances en bovinos, porcinos y aves. La faena bovina aumentó 0,9%, encadenando su segundo mes positivo luego de casi un año y medio de variaciones negativas. La porcina, en tanto, alcanzó un nuevo récord con alrededor de 821.000 animales procesados durante junio.

El dato tiene además una dimensión social vinculada al consumo. La faena aviar aumentó 1,2% mensual en un contexto de demanda creciente, con el pollo consolidado como una de las proteínas de mayor accesibilidad relativa para los hogares. En paralelo, la producción lechera registró una leve baja mensual de 0,3%, aunque los 943 millones de litros producidos en junio representaron el segundo mejor registro histórico para ese mes.

El tercer eslabón de la cadena también volvió a mostrar señales positivas. El IACA-Agroexportación aumentó 1,2% mensual y logró interrumpir tres meses consecutivos de retrocesos. En la comparación interanual, el componente creció 12,6% y encadenó doce meses consecutivos de expansión.

Durante junio, los nueve complejos agroindustriales considerados por el indicador exportaron 8,9 millones de toneladas, 1,6% más que un año atrás y 7,4% por encima del promedio de los últimos cinco años. En valor, las ventas externas totalizaron US$ 4.011 millones, una magnitud que permite dimensionar el aporte del complejo agropecuario a la generación de divisas.

El complejo girasol fue uno de los grandes protagonistas, con 490.200 toneladas exportadas, un salto interanual del 73,5% y más del doble del promedio de los últimos cinco años. El volumen representó, además, el máximo histórico para un junio. El complejo lácteo también alcanzó un récord para ese mes, con unas 37.500 toneladas despachadas y un crecimiento interanual del 32,6%.

La cebada completó otro de los desempeños destacados, con exportaciones cercanas a 285.000 toneladas, 45,9% más que en junio de 2025. El complejo soja, por su parte, colocó 4,3 millones de toneladas en el exterior, con una mejora interanual del 2,4%.

La fotografía, sin embargo, no es homogénea. El complejo de carne y cueros bovinos redujo 5,2% sus cantidades exportadas, aunque aumentó 28,8% su facturación, lo que evidencia una mejora considerable en los precios medios de exportación. El trigo retrocedió 21,6% en volumen interanual, mientras que el maíz cayó 3,2%, pese al elevado volumen de producción esperado. El complejo avícola también mostró bajas tanto en cantidades como en valor.

El desempeño de junio permite entonces una lectura que va más allá de un nuevo récord estadístico. La producción primaria está generando un mayor flujo de materia prima, la industria procesa una parte creciente de ese volumen y las exportaciones mantienen una trayectoria expansiva. La cadena funciona, en este sentido, como un mecanismo de transmisión entre producción, actividad industrial y entrada de divisas.

Para la economía argentina, el desafío consiste en convertir ese mayor volumen físico en mayor valor agregado y capacidad exportadora sostenible. El dato del IACA-BCR muestra que existe una base productiva robusta para hacerlo: una campaña agrícola de volúmenes históricos, una agroindustria que recupera actividad y un sector exportador que lleva un año completo de crecimiento interanual.

La oportunidad está en que el récord del campo no termine únicamente en una cosecha excepcional. El verdadero impacto económico aparece cuando ese volumen se transforma en procesamiento, empleo, exportaciones, inversión y nuevas cadenas de valor. Junio ofrece, al menos, una señal concreta de que esa transmisión comenzó a tomar velocidad.

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