Año: 2026

Maduro capturado: fin de una era

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Estados Unidos finalmente consumó aquel operativo que tanto pregonó durante años. Fuertemente impulsado por la segunda gestión de Donald Trump, la caída de Maduro era una cuestión de tiempo. Un régimen desvencijado con un líder cuestionado por dónde se lo mire, en un contexto internacional de evidente cambio del eje pero, principalmente, con intereses puestos en recursos energéticos. Paralelamente, un notorio retorno a la Doctrina Monroe y una globalización inexistente, por si a alguien aún le quedaban dudas. 

Maduro out 

El cautivo presidente de Venezuela gobernó con mano de hierro desde 2013, profundizando el régimen chavista impuesto por el mismísimo Hugo Chávez en 1999. Más allá de las evidentes críticas, muchas acciones en el gobierno completamente insostenibles a esta altura, su captura nada tuvo que ver, en principio, con la política interna de Venezuela.

Trump fue conciso. Lo que teóricamente impulsó con fuerza el avance del ejército de Estados Unidos y la posterior detención de Nicolas Maduro fue su lazo con el narcoterrorismo. El presidente venezolano fue acusado de liderar y financiar a grupos narcos en Venezuela pero con operatividad en todo América, incluido en Estados Unidos. 

El Cártel de los Soles y el Tren de Aragua son las asociaciones de narcotráfico a las que la cúpula de poder venezolano supuestamente está aliada. No es solo Maduro y su esposa, también Diosdado Cabello, por nombrar a otro miembro de alto rango del gobierno. 

El ataque fue tan fugaz como efectivo y planificado. Un par de horas con asedio aéreo fueron suficientes para doblegar la defensa venezolana. La intromisión conllevó a la captura y, en el medio, un ataque descomunal sobre Caracas. Ahora, entendiendo este contexto, ¿por qué solo Maduro? 

Bueno, la respuesta no ha de ser simple. El hecho de haber sacado a Maduro del poder induce a pensar en un cambio de era político. Muchos festejaron asegurando que es el paso hacia una transición elocuente. Sin embargo fue Trump quien confirmó que dicha transición se hará con las botas del Tio Sam en Venezuela. 

El verdadero hito que marca el interés estadounidense por “llevar democracia” a Venezuela es la apropiación de recursos naturales y energéticos. Es justamente el país sudamericano quien detenta la mayor reserva de petróleo del mundo. Sacarse a Maduro de encima es el primer paso hacia una instauración del poderío empresarial petrolero en Venezuela. A propósito de eso, Maduro no era un héroe ni un mártir ni mucho menos. Fue la consecuencia de un régimen qué también hacía negocios con el petróleo pero que era fuertemente criticado por su accionar político, social y económico, sin embargo, la captura de Maduro es el gesto internacional que se esperaba para tener la legitimidad y el visto bueno de poder hacer cuanto negocio quiera con el petróleo en la era post chavista.

La táctica de Estados Unidos es clásica. Luego de la Segunda Guerra Mundial y profundizando con el uso de petróleo, fueron varios los lugares en donde a partir de un enemigo común del Tío Sam, se propusieron ataques, invasiones, ocupaciones, explotación de recursos y finalmente la propia desidia de esos países. Ejemplo de ello son Irak, Libia y Afganistán. Venezuela no es la excepción. 

El trato silencioso

Dado a entender que hay evidentes intereses en la apropiación de recursos naturales venezolanos, ¿por qué Trump decidió hacerlo ahora?

Este interrogante se responde con un concepto previamente plasmado. La salida del mundo globalizado y el giro hacia un mundo regionalizado conlleva a la supremacía de líderes en regiones. Putin lo hace en Europa con la guerra en Ucrania, Xi Jinping lo hace en Asia con Taiwán y EEUU, que bajo la presidencia de Biden había postergado su posicionamiento regionalizador, se ocupa de América con el avance sobre Venezuela. 

Si bien los 3 conflictos son particulares cada uno por sus características, es innegable la cuota de utilización estratégica de los mismos y es algo que Trump no está dispuesto a ceder ni negociar. Pero si el mandatario estadounidense decide venderle el petróleo venezolano a Rusia, ya estamos hablando de un pacto de división territorial global tan grande como la Conferencia de Berlín en 1885 donde las potencias europeas dividieron el continente africano. 

El ataque a Venezuela sólo confirma el fin de la globalización y marca la absoluta presencia de Estados Unidos en América. Lo avisó con el intento de apropiación del Golfo de México, el canal de Panamá y Groenlandia y quien terminó pagando los platos rotos fue Nicolas Maduro, el antagonista perfecto. Nadie va a cuestionar la caída de un dictador, lo cual habilita a un escenario de incertidumbre en la región. 

¿América para los americanos? 

Más allá del dolor del pueblo venezolano, hay que plantearse una serie de interrogantes a futuro que guarden relación con nuestro sueño. Difícil es pensar que lo acontecido en Venezuela no siente precedente para un futuro ataque de Estados Unidos a otro país. 

Si bien está claro que esto es por intereses económicos y no por ideológicos (sino hubiesen “intervenido” Cuba en la etapa post soviética) es de destacar que se rompió algo en la región. 

Históricamente, Sudamérica fue ajena a conflictos armados de envergadura internacional que involucre a las potencias, con la captura de Maduro eso se rompe y no porque “sea un héroe” (nadie llora a un dictador) sino porque se abre el juego a que próximos países puedan ser objetivo de ocupaciones estratégicas. 

Mañana puede ser el litio de Argentina – Chile – Bolivia, o el acaparamiento del mercado brasilero o la Patagonia propiamente dicha. ¿Solamente el color político hace a la inmunidad invasora? No, hay otra cosa más e inclusive más profunda: los lazos con China. 

El golpe a Venezuela fue un mensaje directo a China acerca de cómo hace y deshace EEUU en su región. La cantidad de mercados que China pudo establecer en la región podrían verse, a la larga, afectados por la presencia de EEUU y el consecuente desequilibrio regional. 

En la sala de espera, el resto de los países. Le tocó a Maduro con el narcotráfico, también le podría tocar a Colombia y a Ecuador o a Bolivia y Perú por ser productores, o a Argentina y Brasil por “corrupción política” o a cualquier país por cualquier cuestión, siempre y cuando haya intereses en recursos.

En el nuevo mundo, Trump fue claro: América es de Estados Unidos.

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La Legislatura frenó un intento de juicio político al Superior Tribunal por una jubilación de privilegio

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El cierre de año político en Misiones fue protagonizado por el rechazo de la Sala Acusadora de la Cámara de Representantes al intento de promover un juicio político contra la presidenta del Superior Tribunal de Justicia, Rosanna Pía Venchiarutti Sartori, a partir del reclamo del ex director de Rentas Miguel “Pimpy” Thomas por una jubilación de privilegio.

Lo ocurrido allí excede largamente un expediente previsional. Tiene una dimensión institucional nítida: cuando un interés personal pretende transformarse en una ofensiva contra uno de los poderes del Estado, el sistema democrático está obligado a responder. Thomas buscó reactivar un haber diferencial vinculado a un régimen especial que él mismo impulsó cuando estaba al frente de Rentas y que luego fue derogado por su carácter oneroso para las finanzas públicas. Al no lograr su objetivo por las vías administrativa ni judicial, ensayó una maniobra de presión: denunció un supuesto “retardo de justicia” y apuntó directamente contra la titular del máximo tribunal.

La Legislatura marcó un límite. La Comisión Investigadora analizó el planteo y lo descartó con fundamentos jurídicos y técnicos. Alejandro Arnhold, como presidente de la comisión, sostuvo que no existían causales que habilitaran un proceso de juicio político; Anazul Centeno advirtió que no se puede sentar en el banquillo a una jueza porque una resolución no satisface expectativas particulares; y José Luis Pastori remarcó las inconsistencias de origen del planteo.

En un contexto donde el discurso sobre el ajuste y el “cuidado de la plata de la gente” domina la agenda nacional, este episodio tuvo una traducción concreta en la política misionera: no se habilitaron atajos institucionales para restituir privilegios financiados con recursos públicos. Menos aún cuando el reclamo provino de un ex funcionario con trayectoria controvertida, desplazado del espacio misionerista y con un trasfondo político imposible de soslayar.Tampoco pasó inadvertido el contexto que rodea al apellido Thomas.

En el tablero político y judicial argentino, el nombre quedó asociado a episodios sensibles de los últimos años, con menciones públicas a Oscar Thomas, hermano del ex director de Rentas, detenido en la causa conocida como Cuadernos de las Coimas, vinculada a la obra pública y al kirchnerismo. En ese marco, el intento de llevar al Superior Tribunal al terreno del escándalo político fue leído, dentro y fuera de la Legislatura, como algo más que una simple disputa previsional: fue una pulseada por poder, dinero y posicionamiento.

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Con reformas y RIGI, Milei espera un repunte de las inversiones extranjeras en 2026

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El Gobierno nacional apuesta a que 2026 sea el año del despegue de las inversiones extranjeras en Argentina, luego de un 2025 marcado por la prudencia del capital internacional, pese al fuerte giro pro mercado que impulsó Javier Milei desde su llegada a la Casa Rosada.

Los números de la economía real todavía reflejan ese escepticismo. Entre enero y noviembre de 2025, la inversión directa de no residentes registró un flujo negativo de 1.800 millones de dólares, según el informe de Evolución del Mercado de Cambios y Balance Cambiario del Banco Central. El dato incluye tanto aportes de capital como repatriaciones de utilidades y desinversiones.

Si bien la salida de multinacionales fue menor que en años previos, el fenómeno continúa. En varios casos, sin embargo, ese retiro dio lugar a un reordenamiento del capital local, con operaciones relevantes como la compra de Petronas Argentina por Vista Energy, Telefónica Argentina por Telecom y Procter & Gamble por Newsan.

Para Juan Tripier, director de PwC Argentina, existe un cambio en el clima inversor desde la asunción de Milei, aunque advierte que la credibilidad no se construye de manera inmediata. La volatilidad política que generó el proceso electoral de 2025 actuó como freno, pero desde noviembre se observa una mejora en el ánimo de los inversores.

Tripier destaca dos señales positivas:

  • las inversiones de empresas nacionales en sectores estratégicos como el petróleo y el gas,
  • y la participación de multinacionales de peso en operaciones de fusiones y adquisiciones, como Rio Tinto y Tether.

De cara a 2026, el especialista considera que la estabilidad política, la normalización macroeconómica y las reformas que discute el Congreso pueden generar un entorno más favorable para la llegada de capitales externos, especialmente en energía, minería, infraestructura y tecnología.

“No habrá una lluvia de inversiones. Argentina todavía se está normalizando. El verdadero potencial lleva tiempo construirlo”, sintetiza.

El RIGI, la principal apuesta del Gobierno

El eje de la estrategia oficial es el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), que otorga beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios y estabilidad regulatoria por treinta años para proyectos de gran escala.

Hasta el momento se aprobaron 10 proyectos por un total de 16.665 millones de dólares. Según los compromisos mínimos que fija la ley, el Gobierno estima que antes de finalizar el mandato de Milei ingresarán al país al menos 5.500 millones de dólares, aunque el monto podría ampliarse porque existen otros diez proyectos en evaluación.

Los proyectos ya avalados incluyen:

  • gas natural licuado y oleoductos,
  • energías renovables,
  • minería de cobre, oro y litio,
  • una planta siderúrgica y un puerto multipropósito.

Cuatro de esas inversiones están lideradas por grupos extranjeros, lo que marca un primer regreso del capital internacional a proyectos productivos de gran escala.

Fusiones y adquisiciones: el capital que sí está llegando

Mientras la inversión greenfield todavía espera, el mercado de fusiones y adquisiciones sí muestra movimiento. En 2025 se cerraron 75 operaciones vinculadas a activos argentinos por 13.700 millones de dólares, unos 2.500 millones más que en 2024, según Bloomberg.

Las principales fueron:

  • Rio Tinto, que pagó 6.600 millones de dólares por Arcadium Lithium,
  • Telecom, que adquirió Telefónica Argentina por 1.200 millones,
  • Vista Energy, que compró los activos de Petronas por 1.200 millones,
  • Adecoagro (controlada por Tether), que desembolsó 1.100 millones por Profertil,
  • y Prosus, que adquirió Despegar por 1.000 millones de dólares.

Estas operaciones muestran que el interés por activos argentinos existe, incluso en un contexto macro todavía en transición.

El flujo de inversiones en 2026 estará estrechamente ligado a la evolución de los precios internacionales de los commodities.

En petróleo, la expectativa es moderada. Según IOL Inversores, el Brent se movería alrededor de 55 dólares por barril, en un escenario de sobreoferta y altos inventarios, lo que podría limitar nuevas inversiones en Vaca Muerta.

En oro, la visión es neutral: una eventual distensión geopolítica podría reducir la demanda de activos de cobertura, aunque los precios récord ya impulsaron proyectos como Veladero y Gualcamayo.

En cobre, en cambio, el panorama es más favorable. La suba del metal llevó a Glencore a reactivar una mina en Argentina, impulsada por su rol estratégico en la transición energética y la infraestructura eléctrica.

El programa de venta de activos del Estado es otro vector de atracción de capital. La estadounidense ARC Energy compró IMPSA por 27 millones de dólares, junto con una reestructuración de deuda por 576 millones. Las concesiones de las represas del Comahue generaron 707 millones de dólares para el Estado nacional.

Además, el Gobierno avanzará con la venta del 50 por ciento de Citilec, controlante de Transener, valuado en 205 millones de dólares, abierto a oferentes locales e internacionales.

A esto se suman la concesión de la Vía Navegable Troncal, los ferrocarriles de carga, y la venta de participaciones en Nucleoeléctrica Argentina y AySA.

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Las operaciones militares de Estados Unidos en América Latina: del siglo XIX a la captura de Maduro

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Lejos de constituir un hecho excepcional, la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos se inscribe en una larga tradición de intervenciones militares en el hemisferio occidental que atraviesa más de dos siglos. La incursión de este sábado, que incluyó bombardeos sobre territorio venezolano y el traslado del mandatario a territorio estadounidense para enfrentar cargos por narcoterrorismo, volvió a poner en primer plano una práctica estructural de la política exterior de Washington: el uso directo de la fuerza para imponer objetivos estratégicos, políticos o de seguridad.

El propio Donald Trump confirmó la operación y defendió su legalidad y necesidad, pero el episodio abrió un debate inmediato sobre sus implicancias jurídicas y geopolíticas, especialmente en una región históricamente marcada por la proyección militar estadounidense.

De la Doctrina Monroe a la Guerra Fría: dos siglos de intervenciones

Desde sus orígenes, Estados Unidos articuló una política exterior orientada a consolidar su dominio regional. La Doctrina Monroe de 1823 —según la cual cualquier intervención europea en América sería considerada una agresión contra Washington— estableció el principio fundacional de esa hegemonía hemisférica. Con el tiempo, esa doctrina evolucionó hacia una práctica concreta de intervención directa o indirecta en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

Durante el siglo XIX, la expansión territorial estadounidense se realizó mediante conflictos armados y anexiones. La guerra contra México entre 1846 y 1848 culminó con la ocupación y posterior incorporación de vastos territorios que hoy conforman buena parte del suroeste estadounidense, consolidando el uso de la fuerza como instrumento de construcción estatal.

A fines del siglo XIX y comienzos del XX, tras derrotar a España en 1898, Estados Unidos emergió como potencia global e inauguró una etapa de ocupaciones en el Caribe y Centroamérica, conocidas como las Banana Wars. Nicaragua, Haití, Honduras y República Dominicana fueron intervenidos o directamente ocupados para garantizar gobiernos funcionales a intereses políticos y económicos estadounidenses. La ocupación de Haití entre 1915 y 1934 fue uno de los ejemplos más duraderos y explícitos de ese patrón.

Con la Segunda Guerra Mundial y luego la Guerra Fría, la región pasó a formar parte del tablero de la confrontación global entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La lógica de la “contención del comunismo” justificó golpes de Estado, operaciones encubiertas y guerras por delegación. El fracaso de Bahía de Cochinos en 1961, el respaldo a dictaduras militares y el financiamiento de los Contras en Nicaragua en los años ochenta marcaron una época de fuerte injerencia política y militar, con consecuencias devastadoras para la estabilidad democrática de la región.

En paralelo, Estados Unidos recurrió también a intervenciones abiertas: la invasión de Granada en 1983 y la de Panamá en 1989, para capturar al general Manuel Noriega, mostraron que el uso directo de la fuerza seguía siendo un recurso disponible. Aquella operación en Panamá fue condenada por Naciones Unidas y por la Organización de los Estados Americanos como una violación al derecho internacional.

La nueva disputa global y el regreso del poder militar

Tras el fin de la Guerra Fría, Washington desplazó el centro de su política exterior hacia Medio Oriente, Europa Oriental y Asia, pero América Latina nunca dejó de ser un espacio estratégico. En las últimas dos décadas, el ascenso de China como principal socio comercial de varios países latinoamericanos, su expansión en infraestructura, energía y financiamiento, y su creciente influencia diplomática reactivaron en Washington la percepción de que su histórica esfera de influencia estaba siendo desafiada.

En ese marco, Venezuela adquirió un valor simbólico y estratégico. La captura de Nicolás Maduro no solo representa una acción contra un gobierno hostil a Estados Unidos, sino también una señal hacia el resto del continente: Washington vuelve a mostrar que está dispuesto a utilizar su poder militar para imponer límites en su entorno regional inmediato.

El operativo se produjo además en un contexto internacional altamente fragmentado. La guerra entre Rusia y Ucrania, la crisis permanente en Medio Oriente y la creciente rivalidad entre grandes potencias configuran un sistema global inestable, donde las reglas multilaterales pierden peso frente a la lógica de la fuerza.

Argentina ocupa un lugar singular dentro de ese esquema. Desde la llegada de Javier Milei al poder, la política exterior argentina se alineó explícitamente con Washington. Ese posicionamiento se expresó tanto en el respaldo político de Donald Trump al gobierno argentino como en la reacción frente al caso venezolano: Buenos Aires fue uno de los primeros gobiernos en celebrar públicamente la detención de Maduro.

Para numerosos analistas, ese alineamiento reabre viejas discusiones sobre soberanía, dependencia y autonomía en la política exterior argentina. En una región históricamente marcada por la intervención externa, el regreso de operaciones militares directas plantea interrogantes que van mucho más allá del destino personal de un presidente capturado: ponen en juego el equilibrio de poder, el derecho internacional y el futuro político de América Latina en la nueva disputa global.

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Argentina impone restricciones migratorias tras la captura de Maduro

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El Gobierno argentino anunció este sábado la aplicación de nuevas restricciones migratorias para ciudadanos venezolanos vinculados al régimen de Nicolás Maduroluego de la captura del exmandatario y su esposa, Cilia Flores, en un operativo militar llevado adelante por Estados Unidos.

La medida fue comunicada por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a través de la red social X, donde informó que la Dirección Nacional de Migraciones estableció limitaciones para el ingreso al país de personas relacionadas con el chavismo.

“La República Argentina ha adoptado nuevas restricciones migratorias en virtud de la captura del dictador Nicolás Maduro”, expresó Adorni, y precisó que el trabajo se realizó de manera conjunta con otros organismos del Estado Nacional.

A quiénes alcanza la medida

Según detalló el funcionario, las restricciones abarcan a funcionarios del régimen venezolano, miembros de las fuerzas armadas, empresarios vinculados al chavismo y personas que hayan sido sancionadas por el gobierno de Estados Unidos.

“Gracias a esta medida, los cómplices de Maduro que intenten buscar refugio en el exterior no podrán ingresar a nuestro país“, afirmó Adorni, subrayando que Argentina no será un destino seguro para quienes formaron parte del entramado de poder del régimen.

Minutos más tarde, el Ministerio de Seguridad, encabezado por Alejandra Monteoliva, replicó el comunicado y reforzó el mensaje: “Argentina no será refugio de colaboradores del régimen del dictador venezolano Nicolás Maduro”.

El operativo en Caracas

El anuncio se produjo horas después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmara la captura de Nicolás Maduro y su esposa tras una operación militar que incluyó ataques a objetivos estratégicos en Caracas.

Durante la madrugada se registraron fuertes explosiones en distintos puntos de la capital venezolana y zonas cercanas, como la base aérea La Carlota, el Cuartel de la Montaña, La Guaira e Higuerote. Los ataques comenzaron alrededor de la 1:50 de la madrugada (hora local), según reportes de CNN.

Tras el operativo, Maduro y Flores fueron retirados del país en helicóptero, trasladados al buque USS Iwo Jima desplegado en el Caribe Sur y luego enviados a Nueva York para enfrentar cargos judiciales.

Reacción en Venezuela

Con la llegada de la noticia al amanecer, se produjeron celebraciones espontáneas en distintos barrios de Caracas. Vecinos salieron a los balcones y calles con banderas de Venezuela y Estados Unidos, se escucharon bocinazos y cánticos, y muchos ciudadanos manifestaron alivio y emoción tras años de crisis política y económica.

En contraste, dirigentes del chavismo repudiaron la intervención. El ministro del Interior, Diosdado Cabello, llamó a la resistencia desde la televisión estatal, mientras que la vicepresidenta Delcy Rodríguez exigió información oficial y una “fe de vida” de Maduro y su esposa, sin referirse a una eventual transición política.

Acusaciones en Estados Unidos

En paralelo, la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, anunció que Maduro y Flores fueron imputados en el Distrito Sur de Nueva York por cargos de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, posesión de armas de guerra y conspiración contra Estados Unidos. “Pronto enfrentarán la justicia estadounidense en suelo estadounidense“, advirtió la funcionaria.

Más tarde, Trump brindó una conferencia de prensa en Mar-a-Lago, donde aseguró que Estados Unidos gobernará Venezuela de manera transitoria hasta que se concrete “una transición segura, adecuada y juiciosa”, sin precisar plazos ni autoridades interinas, aunque remarcó que el chavismo no continuará en el poder.

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