Día mundial del Alzheimer: la importancia de la detección temprana y el cuidado
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Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una jornada destinada a generar conciencia sobre una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2021 había cerca de 57 millones de personas viviendo con algún tipo de demencia y cada año se registran casi 10 millones de nuevos casos.
El Alzheimer es la forma más común: representa entre el 60 y el 70% de los diagnósticos y, si no se implementan estrategias de prevención y detección temprana, se proyecta que para 2050 la cifra mundial podría superar los 139 millones de personas.
El nombre de la enfermedad proviene de Alois Alzheimer, psiquiatra y neurólogo alemán que en 1906 identificó por primera vez los síntomas del cuadro que hoy la medicina reconoce con su apellido. Hasta hace no tanto, se hablaba de “aterosclerosis” para describir ciertos deterioros cognitivos.
Desde el Centro Los Pinos, la licenciada en Gerontología Graciela Spinelli subraya la importancia de aclarar el concepto de “demencia senil”: “Esa expresión da a entender erróneamente que una persona desarrolla demencia solo por el paso del tiempo, y eso no es así. Envejecer no implica desarrollar demencia, y el Alzheimer es solo una de las muchas formas que puede adoptar”.
Spinelli detalla que se trata de una enfermedad neurodegenerativa e incurable que va deteriorando el cerebro y reduciendo su masa, lo que provoca fallas de lenguaje, pérdida del sentido de orientación y dificultades para resolver tareas simples de la vida cotidiana. “No existe un tratamiento para prevenir la enfermedad ni para frenar su avance. Su desarrollo puede llevar años y, en los inicios, suele confundirse o justificarse; por eso muchas veces el diagnóstico certero llega cuando ya transcurrió bastante tiempo”, advierte.
La especialista también aclara que no todo olvido es motivo de alarma: “Existen los llamados olvidos benignos, que pueden aparecer en situaciones de estrés o agotamiento. No son indicio de Alzheimer necesariamente. Las señales más importantes son la desorientación temporo-espacial, el olvido de funciones ejecutivas y otros cambios más marcados”.
Consejos para quienes cuidan a personas con Alzheimer
A medida que la enfermedad progresa, los pacientes se vuelven cada vez más dependientes: necesitan ayuda para vestirse, asearse o comer. Con el tiempo, los cuidados permanentes se vuelven imprescindibles y, en la mayoría de los casos, es un familiar cercano quien asume esta tarea. Este rol suele impactar en todo el grupo familiar y, con frecuencia, deriva en agotamiento físico y emocional. Para afrontar el desafío, es importante:
- Hacerse tiempo para uno mismo: no se puede cuidar bien sin descanso; incluso una caminata breve ayuda a recuperar energía.
- Cuidar la alimentación y el sueño, y pedir ayuda: el apoyo de toda la familia es fundamental.
- Recurrir a instituciones de ayuda profesional para despejar dudas y aprender a manejar las conductas asociadas a la enfermedad.
- Prepararse para los cambios: la evolución del Alzheimer exige flexibilidad y adaptación.
- No tomar las palabras como algo personal: los cambios de comportamiento son parte de la enfermedad.
- Proteger la propia salud: realizar controles médicos periódicos y evitar exigirse más de lo posible.
- Observar el nivel de estrés: incorporar pausas diarias, respiración consciente y momentos de relajación.
Finalmente, la gerontóloga resalta la importancia de cuidar los vínculos afectivos: “Esta enfermedad atraviesa a toda la estructura familiar. No dejemos que los síntomas destruyan los lazos: aunque la persona pierda funciones ejecutivas, siempre reconocerá una mirada o un gesto de amor. Aunque no pueda poner nombres, las emociones estarán a flor de piel. Acérquense con cuidado amoroso y compasivo y, ante situaciones de incoherencia, recurra al buen humor para reír juntos”.
El Alzheimer no solo desafía a la ciencia y la medicina: interpela a la sociedad en su conjunto. Frente a una enfermedad que todavía no tiene cura, la detección temprana, el acompañamiento afectuoso y la comprensión de quienes cuidan son tan esenciales como la investigación para encontrar nuevos tratamientos. Mantener lazos de amor, humor y paciencia sigue siendo una de las formas más poderosas de enfrentarla.
