Nepal enfrenta una catástrofe en el Himalaya: 332 muertos y 1400 desaparecidos
Una riada de agua, hielo, barro y rocas arrasó localidades de Nepal y el Tíbet. Los rescates avanzan con helicópteros y equipos especializados mientras miles de familias necesitan asistencia urgente.
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La magnitud de la tragedia que golpeó la frontera entre Nepal y China sigue creciendo. Las autoridades nepalíes elevaron este jueves a 332 la cantidad de muertos por las inundaciones repentinas que se produjeron tras el colapso de una masa glaciar y el posterior deslizamiento de hielo, barro y rocas hacia el río Bhote Koshi. En paralelo, cientos de personas continúan desaparecidas y las operaciones de búsqueda se desarrollan bajo condiciones extremadamente complejas.
El desastre comenzó el miércoles en una zona montañosa próxima al distrito nepalí de Rasuwa y se extendió aguas abajo hacia otras localidades. La fuerza del torrente destruyó viviendas, caminos y puentes, dejando aisladas a comunidades enteras. La destrucción de la infraestructura se convirtió ahora en uno de los principales obstáculos para los equipos de emergencia, que dependen de helicópteros para alcanzar algunos de los sectores afectados.
La situación también tiene una dimensión internacional. Según la Junta de Turismo de Nepal, 644 turistas y viajeros permanecen desaparecidos en territorio nepalí, de los cuales 517 son extranjeros. India concentra el mayor número de personas no localizadas, seguida por Estados Unidos, Ucrania, Malasia y Australia. Del otro lado de la frontera, las autoridades chinas informaron tres fallecidos y 558 personas desaparecidas en el condado tibetano de Gyirong. En conjunto, el número de personas cuyo paradero se desconoce supera las 1.400.
Entre los desaparecidos hay numerosos peregrinos y turistas que se encontraban en la región por viajes hacia el monte Kailash y otros destinos del Himalaya. La zona afectada funciona como corredor de tránsito entre Nepal y China y concentra actividad turística, comercial y religiosa, lo que amplificó el impacto humano de la inundación.

Una pared de agua que arrasó con todo a su paso
Los testimonios de los sobrevivientes permiten dimensionar la velocidad con la que se desencadenó el desastre. Residentes describieron una corriente que apareció de manera repentina y transformó el cauce del río en una masa de agua y escombros capaz de arrastrar vehículos, viviendas e infraestructura.
La destrucción de puentes y rutas complicó además la localización de personas atrapadas o sepultadas. En algunas zonas, los equipos de rescate solo pueden ingresar por vía aérea, mientras que las lluvias, los desprendimientos y la inestabilidad de las laderas mantienen elevado el riesgo para quienes participan de las tareas de emergencia.
Las autoridades nepalíes desplegaron miles de efectivos de la Policía y el Ejército para las tareas de búsqueda, evacuación y asistencia. Helicópteros son utilizados para rescatar personas aisladas y trasladar heridos, mientras continúan las operaciones para identificar cuerpos y establecer el paradero de quienes siguen desaparecidos.
El origen: colapso glaciar y deslizamiento de tierra
La explicación científica del fenómeno también fue modificándose a medida que avanzaron las investigaciones. En un primer momento se evaluó la posibilidad de un terremoto o de la ruptura de un lago glaciar. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos determinó posteriormente que las señales registradas correspondían a un colapso glaciar acompañado por un flujo masivo de escombros, y no a un terremoto tectónico.

La hipótesis actualmente analizada indica que una gran masa de hielo se desprendió en las montañas y cayó hacia el valle, arrastrando rocas y sedimentos. El volumen y la velocidad del material generaron una corriente de enorme capacidad destructiva que avanzó por el sistema fluvial.
El fenómeno incluso produjo vibraciones que inicialmente fueron interpretadas como actividad sísmica. El análisis posterior permitió determinar que esas señales fueron generadas por el propio colapso y el desplazamiento de la masa de hielo y escombros.
El riesgo, sin embargo, no terminó con la primera inundación. Especialistas advirtieron sobre la posibilidad de que los materiales acumulados formen represas naturales inestables y generen nuevos episodios de inundación si esas barreras se rompen.
10.000 familias necesitan asistencia urgente
La emergencia ya pasó de la fase estrictamente de rescate a una operación humanitaria de mayor escala. La Organización Mundial de la Salud informó que unas 10.000 familias necesitan ayuda inmediata, mientras varios centros de salud quedaron destruidos o con sus servicios interrumpidos.
La respuesta incluye insumos médicos, refugios temporales y apoyo logístico. Las Naciones Unidas también activaron recursos de emergencia para asistencia sanitaria, agua y alojamiento, mientras organizaciones humanitarias comenzaron a desplegar equipos en las zonas más afectadas.
El desafío inmediato es doble: llegar hasta las personas que todavía permanecen aisladas y evitar que la destrucción de los sistemas de agua y saneamiento genere una segunda emergencia sanitaria. La interrupción de caminos y comunicaciones convierte cada hora en un factor crítico para la supervivencia de quienes permanecen atrapados.

Una advertencia para un Himalaya bajo presión
Más allá de la emergencia inmediata, la tragedia vuelve a poner en discusión la vulnerabilidad de las comunidades del Himalaya frente a los cambios que atraviesan los glaciares y las laderas de alta montaña. El colapso de masas de hielo puede desencadenar inundaciones repentinas con muy poco margen de reacción para las poblaciones ubicadas aguas abajo.
Por eso, la respuesta no se limita al rescate. La reconstrucción de rutas y puentes, la recuperación de los sistemas sanitarios y de alerta y el monitoreo de lagos y masas glaciares inestables serán determinantes para reducir el riesgo de nuevos episodios.
La catástrofe deja así una doble urgencia: rescatar a quienes todavía pueden ser encontrados y reconstruir la capacidad de prevención de las comunidades expuestas. En un territorio donde la geografía dificulta el acceso incluso en condiciones normales, la infraestructura de alerta temprana y las rutas de evacuación pasan a ser herramientas tan importantes como los equipos de emergencia desplegados después del desastre.
