Los dólares de Adorni: declaró US$591 mil por Bitcoin y aseguró que vivía “como si no los tuviera”

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Hay una frase que, entre números, propiedades, billeteras digitales y movimientos en efectivo, resume buena parte de la explicación que Manuel Adorni presentó ante la Justicia sobre su patrimonio: después de ganar cerca de 600 mil dólares con Bitcoin, él y su esposa, Bettina Angeletti, decidieron “vivir como si no lo tuvieran”.

No es una interpretación. La expresión aparece en el escrito presentado por su defensa. Según esa reconstrucción, el matrimonio prefirió mantener prácticamente intacto aquel capital y privilegiar “el ahorro y la prudencia patrimonial” antes que modificar su nivel de consumo. El objetivo, argumentó, era preservar recursos para la educación de sus hijos y su propia jubilación.

La explicación forma parte de las 78 páginas con las que Adorni respondió los 20 puntos planteados por el fiscal Gerardo Pollicita en la investigación sobre su evolución patrimonial. El expediente puso bajo la lupa ingresos, gastos, inmuebles, refacciones, vehículos, préstamos privados y una cantidad considerable de dólares que, de acuerdo con el descargo, permanecieron durante años fuera del sistema bancario. Lo que no dice es por qué, de repente, cuando asumió como funcionario, tuvo una fiebre gastadora, que incluyó compra de departamentos, casa en un country y viajes por el mundo.

Una inversión de US$200 mil que terminó en US$591 mil

Según Adorni, entre 2014 y 2017 el matrimonio destinó algo más de US$200.000 a comprar criptomonedas. El capital inicial habría surgido de ahorros propios y fondos provenientes de una herencia familiar.

Entre 2017 y 2018 liquidó progresivamente Bitcoin depositados en ocho direcciones y obtuvo exactamente US$591.544,61.

Pero hay un elemento central para entender el expediente: de acuerdo con su propia explicación, las compras y ventas se hicieron mediante operaciones presenciales, entre particulares y en efectivo.

Adorni sostuvo que en aquellos años todavía no operaba mediante plataformas reguladas y que utilizaba billeteras de autocustodia. Al vender las criptomonedas, siempre según su presentación judicial, recibió los dólares en efectivo y posteriormente los conservó en su domicilio como ahorro.

Esos dólares se transforman así en una pieza fundamental de la reconstrucción patrimonial: reaparecen como fuente de financiamiento de varias operaciones posteriores que quedaron bajo análisis.

La diferencia de $43 millones

La investigación de Pollicita comparó ingresos del grupo familiar por $229,7 millones con egresos por $272,8 millones más US$402.578. De ese análisis surgió un presunto déficit patrimonial sin justificar de $43.068.549.

La defensa no desconoce la diferencia, pero discute su relevancia.

El abogado Matías Ledesma la definió como una “brecha residual” equivalente al 15,8% de los gastos totales y al 18,7% de los ingresos legítimos considerados. Su argumento es que ese margen resulta compatible con las imprecisiones propias de una reconstrucción de las finanzas familiares realizada varios años después.

En paralelo, el patrimonio declarado fue objeto de sucesivas correcciones. El material incorporado a la causa señala 22 rectificaciones en declaraciones juradas patrimoniales e impositivas correspondientes a 2023, 2024 y 2025 ante la Oficina Anticorrupción y ARCA.

Esas modificaciones constituyen otro de los puntos que deberá ponderar la Justicia frente a la reconstrucción presentada ahora por la defensa.

Una casa de US$120 mil y una discusión por las refacciones

Parte de los dólares ahorrados aparece en la explicación sobre la propiedad del Country Indio Cuá.

Según el escrito, el lote 380 costó US$120.000. Adorni sostuvo que consiguió US$100.000 mediante un mutuo con garantía hipotecaria constituido sobre un departamento de la calle Asamblea. Los US$20.000 restantes habrían sido pagados con dinero en efectivo de Angeletti, mientras que otros US$5.000 correspondientes al ingreso al club de campo provinieron de los ahorros familiares.

La obra posterior también quedó bajo análisis.

El contratista Matías Tabar había cuantificado las refacciones en US$245.000. La defensa rechaza esa cifra y sostiene, sobre la base de una pericia incorporada al descargo, que los desembolsos fueron en realidad de US$175.000.

Son US$70.000 de diferencia entre ambas reconstrucciones. Adorni sostiene que las reformas fueron financiadas con los dólares provenientes de la liquidación de Bitcoin y de su actividad profesional.

Préstamos familiares y contratos privados

Las explicaciones no terminan en las criptomonedas.

Pollicita también pidió precisiones sobre préstamos recibidos mediante contratos privados con Silvia País, madre de Adorni, y Norma Zuccolo.

La defensa sostuvo que fueron acuerdos celebrados dentro de las reglas del Código Civil y Comercial y que, por su carácter privado, no necesitaban instrumento público ni una registración especial. También atribuyó la ausencia de mayores formalidades a la relación de confianza existente entre las partes.

La compra de un Jeep Compass tuvo su propio capítulo. Adorni aseguró que no pagó el vehículo íntegramente en efectivo: entregó como parte de pago un Renault Captur adquirido en 2021, mediante una permuta documentada por $18,3 millones, y completó la operación con dos transferencias de $1 millón y seis cuotas de $200.000 con tarjeta de crédito.

Compras con tarjetas ajenas y devolución en efectivo

Uno de los tramos más particulares del descargo corresponde a compras personales realizadas mediante personas vinculadas a Adorni.

La defensa explicó que Gisela Kocsis gestionaba asuntos particulares del entonces funcionario debido a su intensa agenda. Entre esos movimientos aparece una factura superior a $8 millones en artículos para el hogar destinados al matrimonio.

Según el escrito, Kocsis adelantaba o gestionaba determinadas compras y luego era reembolsada. El reintegro se hacía en efectivo.

La misma explicación alcanza a Laura Schiuma, quien habría prestado su tarjeta de crédito a Adorni para realizar compras y posteriormente recibió la devolución del dinero. También se detalló una operación realizada por Luis Aluju mediante una cuenta de Mercado Libre.

El efectivo vuelve a aparecer, una y otra vez, como hilo conductor de la defensa.

También fue utilizado, según la presentación, para pagar parte de propiedades, refacciones y honorarios. Incluso los US$30.000 desembolsados para comprar un departamento de la calle Miró 550 habrían salido de las reservas en moneda extranjera acumuladas por el matrimonio.

A ese cuadro se suma otro ingreso importante: $73 millones obtenidos por la venta de un departamento heredado en La Plata. La defensa también contabilizó rendimientos de fondos comunes de inversión, colocaciones financieras, diferencias de cambio y el resultado de la permuta del vehículo.

El patrimonio que ahora deberá cerrar

La defensa sostiene que salarios públicos, ingresos de Angeletti, rentas financieras y ahorros acumulados permiten explicar los consumos y movimientos patrimoniales observados durante el período investigado. También atribuyó algunas inconsistencias a errores que posteriormente fueron subsanados mediante declaraciones rectificativas.

Pero detrás de la arquitectura contable hay una discusión bastante más sencilla.

Adorni sostiene que una porción decisiva de su patrimonio se originó antes de ocupar los cargos públicos que quedaron bajo análisis: compró Bitcoin cuando el mercado era mucho menos formalizado, multiplicó aquella inversión, convirtió las criptomonedas en dólares y conservó buena parte de ese dinero en efectivo durante años.

De acuerdo con su reconstrucción, más de US$200.000 invertidos entre 2014 y 2017 terminaron convirtiéndose en US$591.544,61. Y esos dólares explican después una parte importante de los gastos que despertaron los interrogantes judiciales.

La frase elegida por la propia defensa termina condensando esa historia mejor que cualquier planilla: pese a disponer de ese capital, Adorni y Angeletti aseguran que resolvieron “vivir como si no lo tuvieran”.

Ahora el punto ya no es cómo eligieron vivir, sino si las explicaciones y elementos aportados alcanzan para justificar ante la Justicia cómo se construyó y se utilizó ese patrimonio.

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