Acá sí se habla de fútbol y política

Está a la vista de todos, que el mundial de fútbol está en boca de todos los argentinos. Tiene que ver con nuestra idiosincrasia, nuestra cultura y nuestra herencia que hacen al pueblo argentino. Es una cita en donde el análisis social es inevitable, entendiendo la gran cantidad de situaciones geopolíticas e históricas que salen a flote. En los mundiales todos hablan y se habla de todo.

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Está a la vista de todos, que el mundial de fútbol está en boca de todos los argentinos. Tiene que ver con nuestra idiosincrasia, nuestra cultura y nuestra herencia que hacen al pueblo argentino. Es una cita en donde el análisis social es inevitable, entendiendo la gran cantidad de situaciones geopolíticas e históricas que salen a flote. En los mundiales todos hablan y se habla de todo.

Los mundiales en clave histórica

Como en cada actividad humana, la política se encuentra intrínsecamente relacionada con el fútbol. Es así como ya el segundo mundial estuvo inmerso en un contexto realmente oscuro. Nos remonta hasta el mundial de 1934 en Italia, donde el campeón fue Italia justamente. ¿Quién gobernaba en Italia? Si, Benito Mussolini. Es una obviedad decir que, en el régimen fascista, en donde las libertades se encontraban completamente suprimidas y la militarización en la sociedad era moneda corriente, la corrupción futbolera era moneda corriente. En 1938, mundial siguiente que tuvo a Francia como anfitrión, también tuvo a la azzurra fascista como campeona. Aquí también, el peso político inclinó la balanza para el país de Mussolini. Austria no pudo participar porque fue anexada por la Alemania nazi y Uruguay no participó por boicotear lo sucedido en Europa.

En 1950, la sede estuvo en América por los desmanes europeos en la Segunda Guerra Mundial y el proceso de reconstrucción del viejo continente. Alemania y Japón no pudieron participar por las sanciones posguerra y la Unión Soviética no aceptó la invitación. En 1974, Alemania Occidental fue el encargado de organizar la copa del mundo y en un contexto verdaderamente “picante”: la Guerra Fría. De esta forma, Europa se encontraba dividida por la cortina de hierro que separaba al comunismo del capitalismo, materializado con el muro de Berlín. Dos Alemanias, la República Federal (respondía a EE.UU.) y la República Democrática (respondía a la URSS). Este mundial tuvo el extraño hito en el que las Alemania se enfrentaron. Fue el 22 de junio de 1974, en el estadio y en las adyacencias volaban helicópteros, había perros olfateando explosivos y un enorme despliegue de seguridad. El encuentro por fase de grupo terminó con Alemania Oriental venciendo por 1 a 0 a la Alemania Occidental. Un triunfo que fue celebrado como si hubiese sido orquestado por el mismísimo Partido Comunista. Increíblemente, la República Federal Alemana terminó coronándose en esta copa mundial.

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En 1978 tenemos que hablar de Argentina. Nuestro país bajo la cúpula militar del Proceso de Reorganización Nacional y el terrorismo de Estado como leitmotiv, organizaron esta copa en donde el anfitrión salió campeón, con una dudosa victoria 6 a 0 a Perú. En el Monumental, la caprichosa rodaba por el verde césped, mientras que, en cercanías, el régimen represor secuestraba, torturaba y desaparecía personas. El próximo mundial fue en España, en 1982, y fue la prueba de fuego de la reconstrucción de este país luego del franquismo. El saldo terminó derivando en que fue uno de los mundiales con mayor cobertura periodística de la historia, sobre todo, entendiendo la previa experiencia en Argentina en 1978.
Llegó México 86’ y el Diego vengó a los pibes de Malvinas. En 1982, la nefasta Junta Militar en Argentina, llevó a nuestro país a confrontar contra Reino Unido por las islas que, históricamente fueron argentinas, más allá de la ocupación británica. El saldo fue la pérdida de 649 soldados argentinos y la derrota bélica. Cuatro años después, el azar hizo que Argentina se cruce con Inglaterra en instancias eliminatorias. Diego Armando Maradona pasó a las páginas de los libros de historia, donde hizo dos de los goles más recordados de todos los tiempos. El gol del siglo, gambeteando a cuanto “pirata” se cruce, transformando su jugada en la anotación más perfecta del fútbol mundial. Y también hizo el gol más humano, el de la trampa, el del “pícaro”, el gol con la mano, conocido como “la mano de Dios”. Hasta el día de hoy, ese partido se toma con una enorme connotación política, siendo el hecho futbolístico con mayor carga emocional y geopolítica de la historia nacional. Argentina salió campeón de ese mundial.

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Italia albergó la copa del mundo en 1990. Esta competición tuvo a Alemania como campeona, pero, curiosamente se da en un contexto inusitado: la reunificación alemana. En 1989, se derrumbó el muro de Berlín y comenzó el proceso en donde los alemanes se volvían a unir, anticipando la inevitable caída de la Unión Soviética. El triunfo de la selección teutona significó la celebración de un país que sufrió durante décadas, el impersonalismo político e ideológico que separó a una sociedad entera. Como dato de color, la selección argentina jugó contra dos países que, para el próximo mundial, no existían más: la URSS y Yugoslavia.

Siguiendo con estos enfrentamientos “extraños” de Argentina en mundiales, en 2006 fue la única vez que un país inexistente jugó un mundial y se enfrentó a la albiceleste. Se trata de Serbia y Montenegro, esta unión se disolvió cuatro días antes del arranque del torneo y no había tiempo de cambiar las cosas en la FIFA. Este país inexistente, remanente de la descomposición yugoslava, jugó contra Argentina y fase de grupos en donde cayó por 6 a 0 ante el combinado dirigido por José Pékerman.

Luego de este derrotero por los contextos históricos de copas del mundo que tuvieron particularidades que se explican desde la dinámica geopolítica, está claro que el fútbol es un escenario de disputa de poder. Aquí, la corrupción pesa, el racismo existe, el dinero mueve montañas y los poderosos buscan aplastar a los débiles. Los países que, históricamente, fueron sometidos por el colonialismo, el imperialismo y la dominación extranjera, sacan partida y buscan vengar a sus antepasados con hazañas deportivas. Negar que el fútbol es el lugar perfecto para que las voluntades populares tomen el control, es negar la verdadera democracia emocional, en donde el sentir del pueblo es quien dirime el humor de una nación. De fútbol, política y religión si hay que hablar. A veces, indivisibles una de otras.

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