Advierten sobre alto riesgo de sostenibilidad del nuevo préstamo con el FMI

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El nuevo acuerdo de financiamiento entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) abre una nueva etapa de condicionamientos para la economía nacional, según advierte el informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y coordinado por la economista Julia Strada. Bajo el título “Nuevo préstamo con el FMI: Esquema cambiario y expectativas”, el documento ofrece un análisis crítico del programa aprobado en abril de 2025, y expone riesgos financieros, cambiarios y sociales derivados de su implementación.

Un “puente” de deuda hacia 2030

El informe sostiene que la lógica del acuerdo es construir un “puente en dólares” hasta el año 2030, cuando se espera que la expansión de las exportaciones energéticas y mineras comience a rendir frutos. Sin embargo, el CEPA alerta que mientras tanto, el país deberá afrontar un exigente calendario de vencimientos, con una necesidad de financiamiento externa de 47.000 millones de dólares solo en 2025, de los cuales 15.200 millones no están cubiertos con ingresos previstos.

A través del nuevo programa de Facilidades Extendidas (EFF), el FMI otorgó 20.000 millones de dólares a 48 meses, lo que eleva la exposición de Argentina al 1.115 por ciento de su cuota, el nivel más alto registrado en la historia del organismo con cualquier país. La economista Julia Strada subraya que este nivel de endeudamiento “revela una inédita concentración crediticia del FMI sobre la Argentina”, que ahora representa más del 43 por ciento del total de préstamos otorgados por el Fondo.

Atraso cambiario y desequilibrio externo

El CEPA remarca que el nuevo acuerdo corrige el esquema de “atraso cambiario insostenible” sostenido durante los primeros meses del gobierno, en los que el tipo de cambio real multilateral se había apreciado un 18,6 por ciento respecto al promedio de 2023. Este fenómeno afectó negativamente la competitividad de las exportaciones y fomentó un aumento de las importaciones, provocando una cuenta corriente deficitaria desde junio de 2024.

El diagnóstico del FMI y del CEPA coincide en que la estrategia cambiaria debe ser modificada, pero divergen en los impactos. Según el centro de estudios, la salida del “crawling peg” y el nuevo esquema de bandas cambiarias —entre mil y mil cuatrocientos pesos por dólar— podría generar mayor volatilidad e inestabilidad en los precios.

Riesgo inflacionario y presión sobre precios regulados

Uno de los puntos más críticos del informe apunta a la inflación esperada. A pesar de que el FMI proyecta un Índice de Precios al Consumidor del 18 al 23 por ciento anual, el CEPA considera esa meta “de cumplimiento poco probable”. Según Julia Strada, “el desarme de las regulaciones cambiarias, la quita de subsidios, la liberalización de precios en sectores clave como salud, energía y transporte, y la eliminación de la segmentación tarifaria” tendrán un efecto directo sobre los precios, elevando el piso inflacionario.

Ajuste fiscal y reformas estructurales

En línea con lo exigido por el organismo internacional, el gobierno se comprometió a alcanzar un superávit fiscal primario del 1,6 por ciento del PBI en 2025, y a llevarlo al 2,5 por ciento en 2027, lo que implicará un severo ajuste del gasto público. El informe advierte que este recorte se concentrará en subsidios, programas sociales y seguridad social.

Además, el plan contempla reformas estructurales: una nueva ley de déficit cero, reforma tributaria, reforma laboral, reforma previsional, desregulación de mercados estratégicos y privatizaciones de empresas estatales incluidas en la Ley Bases.

Alta exposición y riesgo soberano

Por último, el CEPA destaca que el propio FMI reconoce en su reporte que la sostenibilidad del acuerdo está en duda. La capacidad de repago está atada al éxito del plan económico y al retorno a los mercados internacionales en 2026. De no lograrse, “existe un alto riesgo de un nuevo episodio de tensión soberana”, es decir, de un default.

El informe concluye que el nuevo acuerdo con el Fondo no sólo condiciona la política económica, sino también el futuro inmediato del país en materia de crecimiento, inclusión y estabilidad. “Argentina no logra salir de la lógica de los puentes financieros transitorios, pero esta vez con un nivel de endeudamiento sin precedentes”, sentencia Strada.

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