Alerta por el té: productores aseguran que el precio cayó 30% en dólares
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El semáforo de las economías regionales debería sumar otro rojo en Misiones, considera el productor Cristian Klingbeil. Además de la crisis que atraviesan la yerba mate y la mandioca, advirtió sobre el deterioro que enfrenta la actividad tealera y aseguró que el precio que recibe el productor perdió alrededor de 30% medido en dólares desde el inicio del gobierno de Javier Milei.
La advertencia aparece en un momento particularmente sensible para la cadena. El precio de la próxima zafra está en discusión en el ámbito de la Comisión Provincial del Té (Coproté), mientras productores, secaderos e industria intentan encontrar un valor que permita sostener la producción frente al incremento de los costos. Para los productores, no debería ser menos de 130 pesos por kilo.
“Desde que asumió Milei, el productor perdió 30% en dólares el valor del té”, resumió Klingbeil. Y planteó que, si la actividad estuviera incluida en el relevamiento de economías regionales de Coninagro, difícilmente escaparía de la zona crítica: “El té debería estar también en ese semáforo rojo. No sé si en rojo o en violeta, pero estaría seguro dentro de ese lote de producciones”.
Según explicó, la actividad queda afuera de ese monitoreo porque no existe una entidad tealera asociada a Coninagro que aporte regularmente la información sectorial.
El reclamo por un té a $200
La discusión inmediata pasa por el precio del brote verde para la nueva campaña. Klingbeil señaló que en la última reunión de Coproté no hubo acuerdo y se resolvió pasar a un cuarto intermedio. Las negociaciones continuarán durante agosto y hacia fin de mes debería producirse una instancia decisiva.
Dentro del sector primario ya existe una referencia concreta: un grupo de productores reclama $200 por kilo de brote verde.
“No me parece mal. Me parece un reclamo, un pedido y un precio lógico, porque ahí hablan de una rentabilidad que se debería recuperar y que hace años se viene perdiendo”, sostuvo.
De acuerdo con Klingbeil, distintos sectores llevaron a la mesa cálculos que ubican el costo de producción alrededor de los US$0,10 por kilo, pero esa cifra prácticamente no contempla rentabilidad.
“Ahí no hay rentabilidad para nadie. Agregándole un mínimo de rentabilidad para el prestador de servicio y para el propietario de la chacra, tenés esos $200 que están pidiendo algunos sectores”, explicó.
La brecha respecto de la última campaña es considerable. Klingbeil recordó que $100 por kilo fue el mejor precio de referencia de la zafra anterior, aunque señaló que hubo secaderos que terminaron pagando incluso por debajo de ese valor.
El problema es que, mientras el precio del producto quedó rezagado, prácticamente todos los componentes de la estructura de costos continuaron subiendo.
El gasoil como termómetro
Klingbeil utiliza una comparación sencilla para describir el deterioro del poder de compra del productor: cuántos kilos de té hacen falta para comprar un litro de gasoil.
Según sus cálculos, entre el comienzo y el final de la última zafra, el productor necesitó entre siete y ocho kilos adicionales de té para comprar el mismo litro de combustible.
“El dólar está muy bajo y los costos en dólares subieron muchísimo. El dólar se mueve a paso de tortuga cuando los costos están en modo acelerado”, describió.
El combustible es apenas una parte de la ecuación. Mano de obra, energía eléctrica, fertilizantes, servicios de cosecha, transporte y costos industriales también presionan sobre una actividad esencialmente exportadora y, por lo tanto, muy condicionada por la relación entre el tipo de cambio y los costos internos.
Ahí aparece una de las principales dificultades estructurales del té misionero: la industria vende en un mercado internacional donde tiene poco margen para trasladar el incremento de los costos argentinos.
“Afuera pedís precio y te ponen el precio de tu producción. Es difícil”, sintetizó Klingbeil.
El productor recordó que uno de los últimos intentos por sostener una referencia cercana a los US$0,10 por kilo de brote verde necesitó complementar el precio industrial con herramientas públicas.
Durante aquel período hubo asistencia vinculada al fertilizante y mecanismos para aliviar costos de la industria. Posteriormente, en la última campaña, Misiones instrumentó herramientas financieras y asistencia energética para amortiguar parte de la crisis.
Entre ellas, Klingbeil mencionó el financiamiento de intereses de cheques de hasta 90 días utilizados por los secaderos y aportes destinados a aliviar el costo eléctrico de la industria.
Sin embargo, sostuvo que esas herramientas no consiguieron evitar el deterioro del ingreso primario.
“El precio fue de $100 en el mejor de los casos. Muchos secaderos incluso pagaron menos”, afirmó.
Con un dólar en torno de los $1.500 utilizado como referencia por el productor, esos $100 están lejos de los diez centavos de dólar que el sector había conseguido tomar como referencia anteriormente.
La diferencia ayuda a explicar el cálculo de Klingbeil sobre una pérdida cercana al 30% en dólares.
Un problema que no termina en la chacra
La advertencia tealera se conecta además con otra crisis productiva de Misiones: la forestal.
Una parte importante de los secaderos utiliza chips de madera como fuente energética, y Klingbeil alertó que la fuerte caída de actividad de los aserraderos podría generar dificultades adicionales para conseguir biomasa.
“Los aserraderos no pueden trabajar, están todos parados. Algunos, si trabajan, solamente hacen chip”, describió.
La paradoja es que un subproducto que históricamente representaba un ingreso secundario para los aserraderos pasó a convertirse, en algunos establecimientos, en uno de los pocos negocios con demanda y pago relativamente rápido.
“Hace años vendías el chip y no había problema si te pagaban a 120 días porque era un extra del sobrante. Hoy, en muchos aserraderos, es el único ingreso o el mejor ingreso”, señaló.
Las condiciones climáticas agregan otra dificultad. Las lluvias complican el ingreso a las plantaciones forestales y la extracción de rollos, reduciendo todavía más el abastecimiento de materia prima a los aserraderos y, por extensión, la disponibilidad de residuos para producir chips.
Para el sector tealero, el problema no es menor. Sin acceso generalizado al gas natural –reclamo que expresó el gobernador Hugo Passalacqua en la cumbre del Norte Grande-, buena parte del proceso industrial depende de fuentes alternativas de energía, por lo que cualquier encarecimiento o escasez de biomasa termina impactando sobre los costos de secado.
Una economía exportadora atrapada en costos argentinos
El planteo de Klingbeil expone una ecuación que se repite en distintas economías regionales de Misiones: precios primarios que pierden contra los costos, industrias con dificultades para trasladar esos aumentos y productores cada vez con menor margen financiero.
En el té, esa tensión se potencia por su perfil exportador. La competitividad depende en buena medida del tipo de cambio, mientras que buena parte de los costos se ajusta a valores internos que avanzaron mucho más rápido.
Por eso, para Klingbeil, el té merece ocupar el mismo lugar de alerta que hoy tienen la yerba mate y la mandioca.
“La producción es un tema nuestro, es un tema que golpea a la provincia, a miles de familias productoras y dependientes de la actividad tealera”, remarcó.
La discusión de Coproté determinará ahora cuánto de esa pérdida puede recuperar el productor en la próxima campaña. El pedido de $200 por kilo implica prácticamente duplicar la referencia de la última zafra, pero desde el sector primario sostienen que no se trata simplemente de una aspiración de mejora: es el valor que permitiría volver a incorporar una rentabilidad mínima después de años de deterioro.
La incógnita es cuánto puede absorber la industria. También enfrenta aumentos de electricidad, biomasa, combustible y salarios, mientras vende el producto en un mercado externo que no necesariamente reconoce el incremento de los costos argentinos.
En ese delicado equilibrio se definirá la próxima zafra. Y detrás de la discusión por algunos centavos de dólar aparece un problema bastante más profundo: otra de las grandes economías regionales de Misiones comienza la campaña intentando determinar no cuánto puede ganar, sino cuánto necesita cobrar para seguir produciendo.
