Argentina y la Patria Grande en el contexto geopolítico del siglo XXI

Escribe MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ, Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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Los rápidos y profundos cambios que se están verificando, y que parecen en franco proceso de aceleración, nos involucran y afectan, para bien o para mal, y están resquebrajando acentuadamente las estructuras del Poder Mundial, que hace tan solo un par de décadas o poco más, parecían pétreas e inmodificables o al menos supuestamente destinadas a perdurar en el largo plazo.

La alianza bicontinental anglosajona, como núcleo duro del hoy muy definido Bloque Atlantista y su poderoso brazo armado que es la OTAN, sigue siendo un actor principal en el complejo tablero del Poder Mundial, pero los cambios que se están dando, y que parecen acentuarse en forma irreversible, no solo sepultaron el sueño del Fin de la Historia, preconizado por Fukuyama y su visión del Mundo Unipolar Perpetuo; sino que están crecientemente disputados en los distintos escenarios que conforman la compleja trama geopolítica global.

EEUU sigue siendo la gran potencia económica y militar mundial, pero el creciente poderío chino es ya un problema insoluble para el establishment de USA, en particular para los sectores del Estado Profundo que no acepta los claros límites a la hegemonía absoluta de la Potencia del Águila Calva y sus actores principales del Poder Corporativo y Financiero que seguramente son el Poder Real que opera “detrás del trono” de la partidocracia bipartidista para millonarios (pues no parecen existir potenciales candidatos del común del pueblo), que bien podría definirse como tal a la estructura política tan sui generis de la mega potencia (que puede hacer vencedor a quien no tenga la mayoría de los votos).

Hubo ya varias muestras claras, de las concretas limitaciones al hasta hace poco omnímodo y excluyente poder de EEUU. La hegemonía financiera del dólar, parece estar declinando, ante la irrupción del yuan e incluso del rublo, además del euro. En el Mar de la China, ya no se pasean cómoda y provocativamente las naves y aeronaves yanquis, como podía suceder hace dos o tres décadas atrás. Tampoco intervino ni se interpuso, ante las claras demostraciones de fuerza china, realizadas en torno a Taiwán. Ni pasaron de los amagues las amenazas contra Corea del Norte, clara aliada de China, más allá de su capacidad nuclear y sus ostensibles pruebas de cohetería de mediano y largo alcance.

Los países del sureste y sur de Asia, juegan sus propias cartas, sin descartar inversiones de distintos orígenes, pero parecería que no subordinadas explícitas a los poderes de la primera potencia mundial. Hasta no hace mucho inmersas en economías primarias, hoy muestran diversificaciones económicas con varios puntos fuertes en lo industrial y seguramente en lo tecnológico.

En África, el accionar chino expone un escenario que se evidencia positivo para ambas partes, que más allá del intercambio económico, en forma poco difundida concreta donaciones del gigante asiático a las economías del África Subsahariana, en obras de infraestructura, como grandes estadios deportivos nacionales, y créditos blandos para inversiones esenciales.

En nuestra Íbero América, China es un actor de mucho peso económico, incluyendo no solo su preeminencia en el comercio, sino también el rol de apoyatura financiera y tecnológica, en la que el yuan compite contra la anterior excluyente hegemonía del dólar; sin excluir tampoco grandes inversiones y financiaciones blandas para infraestructura de desarrollo, no circunscriptas solo a puertos y rutas vinculadas con las “rutas de la seda”, así como ofertas para proveer equipamientos de defensa.

Por caso, hubo ofrecimientos que incluso comenzaron a ejecutarse para construir dos centrales nucleares en Argentina, paralizadas por la destrucción deliberada del neoliberalismo, y luego por abiertas presiones en contra de EEUU, y seguramente de algunos funcionarios muy proclives a los dictados de “las embajadas”, como hubo versiones de un conspicuo “cajoneador” de expedientes.

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Incluso hubo “advertencias” de la Generala Laura Richardson, del Comando Sur de EEUU, ante la posibilidad que Argentina adquiriera material supersónico de China o Rusia para reequipar nuestra maltrecha Fuerza Aérea.

Pero el mundo multipolar actual, no se reduce a la dupla EEUU – China. Hay otros actores de peso. India es otra poderosa Potencia Emergente, que va en camino -si no sucedieran imponderables- de ser la tercera potencia económica mundial, en cuyo caso superaría por PBI a Japón y Alemania.

Brasil, por la importancia de su PBI y sus estructuras tecnológicas e industriales, es un jugador de peso en el concierto mundial, siendo además destacable que Dilma Rousseff dirija la estructura financiera de los BRICS, grupo de creciente importancia en el contexto geopolítico mundial. Será muy importante concretar la incorporación de Argentina a ese bloque.

Rusia resurgió como un actor relevante en el contexto mundial, y entre otras amenazas, están las presiones del establishment atlantista, por dividirla en cuatro o más países, claramente para difuminar la creciente importancia que está recobrando, enfrentando incluso las múltiples sanciones económicas y políticas impuestas por los atlantistas, además del ya prolongado conflicto contra la OTAN en Ucrania.

También deben ser considerados otros Estados, de relevancia económica y geopolítica, como Japón, Irán, Arabia Saudita, Sudáfrica, y algunos más.

La Unión Europea, más allá de la subordinación a los objetivos de EEUU en la guerra que la OTAN libra contra Rusia en Ucrania (en un deplorable desangrarse de dos pueblos de similares etnias y culturas); la UE busca recomponerse, y de algún modo suplir sus carencias energéticas y lograr incrementar sus exportaciones industriales y tecnológicas. Además, como lo hizo antes, seguramente buscará transferir la crisis económica y social al mundo subdesarrollado, en recurrentes metodologías de tipo colonialista.

En ese sentido, las presiones claras hechas por la presidenta de la UE, Ursula von der Leyen, para concretar un -para nosotros- nefasto acuerdo de libre comercio, así como el acceso fácil al estratégico litio, muestra a las claras los afanes injerencistas y neocolonialistas de ese bloque político – económico.

Ya hay un preacuerdo, rubricado por el precedente gobierno neoliberal de Argentina. Así como en su momento, en Mar Del Plata, se rechazó el Tratado de Libre Comercio, que pretendió imponernos EEUU, hoy es imperioso evitar en forma categórica ese acuerdo con la Unión Europea…y con quien sea.

Más allá del rechazo a las presiones europeas, lo que es crucial para nuestros intereses nacionales y de toda la región, es de vital importancia fortalecer la CELAC y volver a crear la UNASUR, disuelta por gobiernos neoliberales de Sudamérica, acordes a esa ideología opuesta a todo lo Nacional y claramente contraria a todo principio de soberanía de nuestras naciones y a la necesidad de conformar un fuerte bloque regional, lo cual es un imperativo geopolítico para nuestros pueblos.

En contra de los Intereses Estratégicos de Argentina, dos amenazas muy concretas se ciernen, y es imperativo en un caso neutralizar sus efectos claramente negativos, y en otro evitarla.

Salir de la encerrona de dependencia financiera y política, que es la cuantiosa deuda con el FMI, y evitar que el poder político formal vuelva a caer en manos de neoliberales, que desprecian la soberanía y están dispuestos a aplicar nefastas “recetas” recesivas, que ya demostraron sus negativas consecuencias en precedentes y no muy lejanos períodos de nuestra historia nacional, en particular la crisis terminal de 2001/2002, que entre otros objetivos nefastos, promovía la balcanización de Argentina, mediante el infame procedimiento de canjear deudas por territorio, en un proceder reiterativo que cuenta con otros impulsores, como el exgobernador neoliberal “cambiemita” que promovió la insólita “independencia” de Mendoza, y los fogoneadores del ultra indigenismo, sembradores de odios y promotores de discursos y acciones separatistas.

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Es mucho lo que está en juego, nada menos que la supervivencia de Argentina como unidad nacional, y la consolidación de la Patria Grande. Pero tanto desde distintos sectores civiles (como ONGs, algunos académicos, ciertas “progresías” muy confusas, comunicadores alineados con los promotores de crisis y desguaces territoriales, y otros), como de los institutos militares, se sigue promoviendo y enseñando perniciosas doctrinas claramente opuestas a los Grandes Intereses Nacionales.

En esos institutos, poco o nada se enseña de Geopolitica, Economía e Historia, siendo evidente que se centran en anacrónicos preceptos setentistas, del “peligro marxista” (sin advertir que la amenaza es la OTAN, que apoya las usurpaciones del Reino Unido, además de promover el ultra indigenismo y el ultra ecologismo) y del odio visceral a todo lo Nacional y Popular, como lo inculcaron a presión en el nefasto “proceso” cívico militar de 1976-1983, en el cual se nos subordinó el neoliberalismo apátrida, hecho concreto que no quieren asumir, ni las cúpulas uniformadas ni los subordinados, con honrosas excepciones.

Es esencial volver a priorizar los sanos valores del Pensamiento Nacional, libre de la sumatoria de prejuicios falaces, inculcados como supuestas verdades absolutas. Se volverá sobre este tema, si Dios quiere.

Respecto a las operaciones tendientes al desguace territorial de Argentina, debe tenerse presente que si esa amenaza existe en concreto contra la potencia económica, tecnológica y militar que es Rusia; y si desguazaron Yugoeslavia y destrozaron a Iraq, Libia, la región del Cuerno de África y otros Estados; también abundan varios indicadores que muestran que nuestro vasto territorio -el octavo del mundo por su extensión- enfrenta amenazas concretas de balcanización, siendo las mismas expuestas y evidenciadas por sectores de “derechas e izquierdas”, tan antinacionales unas como otras.

De los primeros, la precandidata presidencial neoliberal, expresó su intención de abandonar los fundados reclamos de soberanía argentina por Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, a cambio de una partida de vacunas, en una miserable muestra de cipayismo explícito; el expresidente endeudador y destructor socio económico, dijo “no entender de problemas de soberanía”, demostrando con sus acciones su desprecio por ese concepto elemental; el exvicepresidente del Banco Central en el mismo período destructivamente neoliberal, Lucas Llach, también hizo gala de cipayismo, al expresar que “no solo regalaría Malvinas al Reino Unido, sino también Antártida y Tierra Del Fuego, que solo ocasionan gastos”, demostrando burlarse abiertamente de toda idea de Grandeza Nacional.

Por su parte, desde “las izquierdas”, las “progresías” son en muchos casos activas militantes de nocivas ideas contrarias al desarrollo, a la soberanía y a la estructura familiar tradicional como núcleo básico social, como las impulsadas desde ONGs ultra ecologistas, ultra indigenistas, y otras. Algunos de esas “izquierdas” siguen pregonando violencias, no asumiendo que fueron actores activos del contexto de virtual guerra civil, definida por el intelectual británico Harry S. Ferns como la única forma de destruir los notables avances logrados en Argentina por gobiernos de Orientación Nacional.

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