Juan Carlos Argüello

Periodista, director de Economis

Sin tiempo para la euforia

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Las elecciones del domingo dejan múltiples lecturas y la primera es que no hay lugar para la euforia de los vencedores ni para la desazón de los derrotados. La sociedad marcó con sabiduría un nuevo escenario, garantizando un triunfo, pero con un límite preciso. No hubo victoria aplastante ni distancias siderales entre uno y otro. 

Alberto Fernández ganó, como se esperaba, en una primera vuelta sin sobresaltos. 47 por ciento de los votos sirvieron para sortear la posibilidad de un ballotage y empezar, desde ya, a ser el que tome las decisiones, incluso antes de asumir formalmente el 10 de diciembre. No tendrá tarea sencilla. La economía está destruida y la caja vacía, como lo demuestra la desesperada reimplantación del cepo al dólar, una de las pocas banderas que Macri no quería arriar, pero terminó cediendo. Dato no menor. Cristina dejó el poder con un cepo en dos mil dólares por mes. Macri dejará el poder con uno de 200 dólares al mes. Se retrocedieron cuatro años de casilleros para arribar a un peor resultado, con el agravante de que ahora el país está sobreendeudado y a duras penas puede pagar las cuentas a fin de mes. María Eugenia Vidal, la gran derrotada del domingo, es la primera que mostró la bandera blanca con los acreedores, al no poder pagar vencimientos de deuda tomada con el propio Banco Provincia de Buenos Aires. La Argentina deberá tomar el mismo camino en breve, de la mano del nuevo Presidente.

Un nuevo Presidente al que no se le puede demandar soluciones mágicas, pero que tendrá poco tiempo para poder concertar el descalabro. Las demandas son urgentes y cada una tiene altísima prioridad: reactivación económica, desempleo, pobreza e inflación, en un cóctel que puede estallar con cualquier chispa. Pero al mismo tiempo, tiene a su favor que cualquier indicador que mejore levemente, será un triunfo en comparación con los últimos dos años de la gestión de Macri, durante los que todo fue en retroceso. Las promesas de Cambiemos fueron un fiasco. De pobreza cero a una pobreza del 40 por ciento. De la lluvia de inversiones a cientos de industrias cerradas y un tendal de desempleados que duele de a miles. De la inflación será lo más fácil de resolver a una suba de precios que duplica la herencia recibida, con dos años consecutivos por encima del 50 por ciento.

¿Entonces, cómo se explica que Macri haya sacado 1,9 millones de votos más que en la lejana primera vuelta de 2015? ¿Cómo se entiende que haya obtenido 2.272.120 votos más que en las Primarias de agosto? Ahí radica el punto neurálgico que definirá el futuro político de la Argentina cercana. Aún con inmensos problemas económicos, la sociedad, un 40 por ciento de la sociedad, acompaña la idea de una política supuestamente ascética, aunque sus resultados no se corroboren en la realidad. Ese dato debe ser tenido en cuenta por Fernández, aunque en su prédica insista en que es con Todos. Hay un sector grande de la sociedad que se siente incluido en ese “todos”, un sentimiento de aversión que traspasa clases sociales. No se puede caer en el reduccionismo de que se trata solo de antiperonismo. Va más allá. ¿Es antikirchnerismo? ¿Es anticristinismo?

La vicepresidenta electa ha dado muestras de aprendizaje y sabiduría. Quienes la cuestionaban en su soberbia o falta de olfato para elegir sucesores, ahora tienen que rendirse ante la evidencia. Fue ella quien eligió a Alberto y fue ella quien impulsó a Axel Kicillof a pelear la gobernación de Buenos Aires. Ambos son los protagonistas del nuevo tiempo que la tendrá como actriz secundaria, aunque seguramente no en un rol irrelevante. Hilando fino, Kicillof es el hombre central del nuevo tiempo. Sin su triunfo, el balotaje casi que hubiera sido inevitable. Aunque no creció en comparación con las primarias, tampoco lo hizo Vidal y la provincia de Buenos Aires, se sabe, es la madre de las batallas políticas. 

Pero volvamos a los números. En las generales de 2015, el Frente para la Victoria había sacado 9338490 votos, con Daniel Scioli como candidato. Sergio Massa se llevaba otros 5386977. Sumaban 14,7 millones. Ahora, juntos en un mismo espacio, acumulan casi 12,5 millones. ¿Dónde quedaron los demás votos? Cambiemos había sacado en la primera vuelta de hace cuatro años 8.601.131 votos y ahora obtiene 10.470.607. Se va con más votos de los que entró. Y dos millones más que en las primarias de agosto. 

Uno suma, el otro resta. Ahí hay un voto duro. Macri es el primer presidente que se presenta y no logra ser reelecto. Pero al mismo tiempo, en un pésimo contexto económico, retiene su caudal y consolida su espacio. 

Roberto Lavagna no estaba en 2015 y ahora se colocó como tercera fuerza. Su presencia puede explicar que le haya quitado votos al Frente de Todos, con el que está simbólicamente más cercano. Sin embargo, la fuga de votos que sufrió desde las PASO, parece haber beneficiado directamente a Macri. Obtuvo en agosto 2.081.315 y ahora 1.586.601 votos. La misma ecuación se puede hacer con las fuerzas menores, como la izquierda, el liberalismo o el partido antiabortos. Los votos que se les fugaron no fueron a parar, casi nada, a Alberto, ya que apenas sumó 139.816‬ desde las primarias. 

Al mismo tiempo, si se retrocede cuatro años, Macri suma seis puntos respecto a la primera vuelta de 2015 y Alberto Fernández crece 12, en comparación con Scioli. 

Es decir, la sociedad votó decididamente por cambiar de Presidente -vaya paradoja-, pero al mismo tiempo forjó en Macri el referente de una oposición dura. Las primeras señales dadas por Alberto y Macri hablan de una transición ordenada. Dependerá de ellos que sea una relación sana. Toda la sociedad está mirando. Las demandas son muchas y el tiempo corre.

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La culpa es de Cristina

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“Le hicieron creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior”, exteriorizaba, con crudeza, Javier González Fraga, cuando el gobierno de Cambiemos recién daba sus primeros pasos. 

Y por estas horas en que todo indica que el gobierno de Cambiemos comenzará a despedirse, se puede decir que sí. Que Cristina es la culpable. Que Rafael Correa es culpable. Que el reelecto Evo Morales es culpable. Que el hasta estas horas preso, Lula Da Silva es culpable, de haber sacado a 30 millones de brasileños de la pobreza. 

Como contracara a esa idea borrosa de los efectos nocivos del populismo, el gobierno de Mauricio Macri ofreció -y se aferró- la ilusión de un hipotético segundo semestre que nunca llegó y que, como demuestra el estallido de Chile, puede tardar décadas en materializarse. 

El “milagro chileno”, nacido con la dictadura y continuado en democracia, no logró esconder la enorme desigualdad social, con una riqueza concentrada en poquísimas manos y una enorme clase baja que difícilmente deje de serlo. Para quienes no logran entender el estallido trasandino, oh casualidad, la cantidad de generaciones que se necesita para que alguien nacido en el estrato más pobre de la sociedad logre alcanzar la media de la sociedad en Chile es de seis generaciones. En Argentina también. En Dinamarca, dos, revela el doctor en Sociología Daniel Schteingart.

Apenas hace unos meses, Macri, junto a Sebastián Piñera y el gran escritor Mario Vargas Llosa, aseguraba que Chile era el modelo a seguir. El presidente chileno respondía que  “la meta es transformar a Chile en un país desarrollado, sin pobreza y con verdadera igualdad de oportunidades y de verdaderas seguridades” y “que la calidad de la cuna no marque la calidad de la tumba“. Curioso, ese justamente fue uno de los argumentos por los que el pueblo ahora salió a la calle. 

Es cierto que la furia chilena sorprendió a todos los dirigentes políticos locales y a los que ponían al país trasandino como ejemplo. 

Inflación baja, PBI en alza, bajo desempleo y mucha institucionalidad, repetían. Aumentó el subte y fue la chispa que encendió una protesta inédita. Pero, los carteles callejeros son símbolos de lo que no se ve en las marquesinas: “No fue por $30 pesos de aumento en el Metro, fue por 30 años de desigualdad”, reza uno. “Ni de izquierda ni de derechas, somos los de abajo”, replicó otro. La declaración de guerra del presidente Sebastián Piñera no hizo más que mostrar el peor rostro de una política alejada de la sociedad a la que dice representar. La respuesta fue un millón de chilenos en las calles, desafiando el toque de queda, reminiscencia rancia de Augusto Pinochet. 

Cristina, Correa, Evo y Lula, la tríada populista mostró, con aciertos y muchos errores, que otra economía era posible, una con la gente dentro y el ascenso social como un sueño posible. Los problemas gestados en sus gobiernos, no han sido resueltos, sino agravados. El 30 por ciento de pobreza que dejó Cristina, subió ahora al 40 por ciento en cuatro años, mucho más cerca del 50 por ciento que recibió Néstor Kirchner después del estallido de la alianza y la crisis de 2001. 

Los problemas no fueron solucionados, sino agravados. Y eso explica mucho del porqué Cambiemos puede perder las elecciones de este domingo después de haber pintado de amarillo a todo el país hace apenas dos años, cuando la ilusión del segundo semestre todavía parecía asequible. Pobreza, desempleo de dos dígitos y una inflación que duplica a la heredada y que, por segundo año consecutivo, estará bastante por encima del 50 por ciento. La economía cayó en tres de los cuatro años de Cambiemos y mancó 3,8 por ciento en septiembre, después de la devaluación tras la derrota de las primarias. El dólar se fue a las nubes y el peso se depreció 83,7 por ciento desde que asumió Mauricio Macri. Aumentó la deuda eterna y volvió la dependencia con el Fondo Monetario Internacional. Siquiera se achicó el déficit fiscal, biblia sobre la que juran los conservadores, ya que, si se tienen en cuenta los intereses de la deuda, es igual o mayor que durante el kirchnerismo. La canasta básica alimentaria está por encima de 34 mil pesos  -38 mil en Misiones-, 230 por ciento más cara que en enero de 2016 y el consumo en supermercados y shoppings, cae en dominó desde hace varios meses consecutivos, en medio de una profunda recesión.

El que no puede parar la olla, no sabe de populismos y en la urgencia se le va la vida. La suya y la de sus hijos. Rara paradoja, quienes sólo hablan de un mejor futuro, arrasan el presente marcado por metas fiscales y vínculos con “el mundo”, que, sin embargo, no se traducen en lluvia de inversiones ni más empleo, sino en deuda y condicionamientos para las nuevas generaciones. 

Si el Presidente pierde hoy es por el contraste entre las promesas y las expectativas altas y los magros resultados. No haber desterrado al “populismo”, puede anotarse en su lista de fracasos, lo mismo que pobreza cero y la lluvia de inversiones. La paciencia de la sociedad es también otra. Y eso también es culpa de quien lidera la oposición. A diferencia de 2001, cuando la Argentina estaba desahuciada, esta vez aparece en el horizonte un peronismo unido bajo la idea de un modelo donde sobrevuela la palabra inclusión.

No podrá quejarse Macri en sus memorias de haber carecido de respaldos y gobernabilidad. Apenas iniciado su mandato, los gobernadores de todas las provincias posaron junto a él en una foto histórica. El epílogo contará que hoy la mayoría lo demanda en la Corte Suprema por un último manotazo de recursos que se inició antes con un Pacto Fiscal usurero y metas del Fondo Monetario que comenzaron a segar fondos federales. 

“No hicimos juicios de valor al principio de la gestión y mantuvimos la gobernabilidad y a relación institucional. Era la primera vez que la Renovación gobernaba con un signo político nacional distinto, por eso había que cambiar los parámetros comportamentales porque éramos otro espacio político, entonces tuvimos esa frase: “Gobernabilidad, con gobernabilidad se paga”, que en términos institucionales, tomamos una posición correcta, porque en democracia así debe ser. Las veces que nos sentamos a hablar con el señor Presidente casi nunca coincidimos, pero le dije las cosas en la cara, él también lo hacía, diferíamos mucho en sus visiones de roles del Estado, su visión impositiva”, reflexionó el gobernador Hugo Passalacqua sobre este tiempo.

En una entrevista con Economis, recordó el episodio en que, en Puerto Iguazú, Macri hizo pública su intención de desregular el mercado yerbatero y Passalacqua se plantó. Fue uno de los primeros encontronazos públicos. “En Iguazú sí, tuvimos nuestros altercados, pero nunca quitándole gobernabilidad, porque la gente lo había votado, no había que entorpecerlo, como no nos gustaría que nos quieran entorpecer, pero con una diferencia muy grande en el medio, tan grande que es casi insalvable. Porque tener una visión distinta del Estado, te hace pretender cosas distintas. Si vos sos un Estado que cobra los impuestos y sos eficiente, hacés caminos, hacés escuelas, entonces es bienvenido, pero si no, la realidad marca que no sirve”, precisa el mandatario misionero.

Hasta María Eugenia Vidal,la heredera natural de Cambiemos, terminó cuestionando el manotazo a los recursos provinciales en medio de la campaña electoral para garantizar la quita del IVA a algunos alimentos y cambios en Ganancias y Monotributo. Vidal termina su gestión con un virtual default –es lógico, la deuda de Buenos Aires creció a la par de la de la Nación y en dólares, ahora mucho más caros que en 2015- y cerró su campaña por la reelección con un llamativo lema sin ninguna alusión a la alianza a la que pertenece: “Ahora nosotros”.

¿Disputará el liderazgo con un Macri derrotado pero custodiado por un núcleo duro? En definitiva, si se repiten los resultados de las primarias, ella perdería por mayor diferencia, pero podrá echarle la culpa a no haber desdoblado los comicios y despegarse antes. La campaña del #SíSePuede fue masiva en los puntos del país donde Cambiemos tenía una fortaleza previa. Córdoba y Capital Federal marcaron los puntos más altos en esa disputa por el territorio, despreciada por el big data, oráculo de la nueva política. En estos últimos 30 días se renovaron las promesas y hasta se besaron pies. ¿Otro hubiera sido el resultado si hubiera sido una constante en los últimos cuatro años y no un acto de campaña? 

Misiones tiene su debate paralelo. La Renovación tiene el desafío de recuperar votos y terreno perdido en las primarias. Y hay confianza en que los resultados serán distintos, aunque haya buena sintonía con los candidatos del frente de Todos.

De todos modos, la sociedad política con Alberto Fernández se consolida a cada paso. Passalacqua acompañó al candidato presidencial en El Chaco, en el cierre de la campaña del NEA. El electo Oscar Herrera Ahuad estuvo entre los invitados especiales en Mar del Plata, donde Fernández y Fernández cerraron la campaña con un interrogante: “Vamos a preguntarle a cada argentino si quiere ir al mismo lugar al que queremos ir nosotros. Y si quieren una Argentina justa, solidaria, con trabajo, con educación pública, con salud pública, abracémoslos, sumémoslos y hagamos la Argentina que todos nos merecemos”.

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Cuenta regresiva

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“No se puede vivir con este nivel de inflación que nos mata a todos”. La frase no es de un candidato de la oposición describiendo una obviedad, sino del propio presidente Mauricio Macri, quien antes de llegar al Gobierno, prometía que la inflación iba a ser “de lo más fácil de resolver”. 

Lejos de eso, la inflación en su administración duplica a la que persistía durante el mandato de Cristina Fernández. La ex presidenta, en ocho años, acumuló una suba de precios de 302 por ciento. Macri, en la mitad, promediará 300 por ciento.

La inflación de septiembre, con 5,9 por ciento fue la más alta del año, por el efecto de la devaluación del 11 de agosto y acumula un alza de 37,7 por ciento en lo que va del año y 53,5 por ciento interanual. 

Entre agosto y septiembre, la suba de precios fue del diez por ciento, pero aunque el número asusta, lo cierto es que desde 2017, cuando el Indec recuperó “transparencia”, sólo en nueve meses hubo una inflación menor al dos por ciento.  

Serán récords 2018 y 2019 de acumular dos años seguidos con una inflación interanual superior al 50 por ciento, con picos no registrados desde 1991. Ni la salida de la Convertibilidad marcó una inflación tan elevada.  

La consultora Ecolatina anticipa que en el último trimestre la inflación mensual no perforaría el 3% -y promediaría más cerca de 3,5%-, de modo que la inflación anual acumularía no menos de 52% este año. En consecuencia, 2019 marcará un nuevo récord de nominalidad desde el inicio de la Convertibilidad en 1991. La inflación es más pobreza, porque cada vez menos gente llega a cubrir el costo de la canasta básica. A eso se suma el desempleo creciente, un combo difícil de digerir por buena parte de la sociedad. 

“Hemos sido como un alcohólico recurrente con la inflación”. Nuevamente es Macri con una metáfora llamativa, que tiene la particularidad de incluir ahora si, a todos los argentinos en la responsabilidad. Del “será lo más fácil de resolver” a “hemos sido”. La culpa, sino la patria, es del otro. El argumento presidencial es que la inflación es un problema recurrente de los últimos 80 años y por ende, la ineficiencia no es exclusiva. 

Pero no es cierto que la Argentina haya vivido con una inflación elevada en promedio. Los 90 lo desmienten y durante muchos otros períodos, la inflación fue más baja que durante los últimos cuatro años, como durante el kirchnerismo. Las hiperinflaciones, obviamente, rompen la estadística.  

La culpa es de esa mujer… Es como si le dieras la administración de la tarjeta (de crédito) a tu mujer, ella gasta y gasta… Y un día vienen a hipotecar tu casa”, explica, convencido, Macri, de que el “populismo” es como esa mujer. 

La obvia reacción social, le hizo salir a pedir disculpas, pero ese es su innegable modo de ver las cosas. El populismo es la causa de todos los males. 

Pero las reacciones populares contra el ajuste parecen comenzar a poner un techo a la paciencia. Como contracara, el sobreviviente de la década populista en América Latina, Evo Morales, mantiene a Bolivia en crecimiento y la población por debajo de la línea de la pobreza se redujo de 63% a 35% entre 2005 y 2018, de acuerdo con el Banco Mundial. Este domingo el primer presidente indígena, irá por otra reelección y es, casi un hecho que la conseguirá. Evo también puede dar lecciones a sus pares del bando “populista”: ya prepara a sus sucesores, ya que anunció que será su último mandato. 

A unos pocos kilómetros, en Ecuador las manifestaciones obligaron al presidente Lenin Moreno a dar marcha atrás con un brutal incremento del combustible o las de Chile, donde los jóvenes se pusieron al frente de una rebelión contra de la suba del boleto del subte -a 70 pesos el tramo más extenso-, marcan a las claras que la paciencia con los impolutos republicanismos apadrinados por Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional, parece estar llegando a un límite. 

En la Argentina ese límite puede llegar a través de las urnas en las primarias, apenas dos años después de que Cambiemos se impusiera en casi todas las elecciones del país. Nada indica que el humor social haya cambiado desde agosto. Por el contrario, la diferencia parece estar ampliándose a más de 20 puntos, pese a la marcha de las 30 ciudades y las promesas apuradas de las últimas semanas. 

Una encuesta de la consultora Proyección, ubica como principales preocupaciones en la Argentina al desempleo, la pobreza, la inflación y el endeudamiento: 63 por ciento en total. El 64 califica con un aplazado a la gestión de Macri y el 62 por ciento sostiene que en lugar de tantas marchas del “Sí se puede”, el Presidente debería dedicarse a gobernar.

Lo mismo piensa el FMI. Kristalina Georgieva, la nueva mandamás del organismo, no parece ser tan benevolente como Christine Lagarde. Está todo bien, pero vamos a esperar el resultado de las elecciones, dijo la economista cuando le preguntaron sobre el envío de los 5.400 millones de dólares que Macri espera como un poco de oxígeno sobre el fin de su mandato.

De todos modos, al cierre de esta columna Macri encabezaba la marcha más contundente, en Capital Federal, donde nació el PRO y germinó Cambiemos. Es en el territorio en el que mejor se mueve el Presidente, donde está concentrado el mayor número de sus votantes y, como dijo el senador peronista Miguel Ángel Pichetto, quien vino a hacer campaña en Misiones junto a Alfredo Schiavoni y Ramón Puerta: “Macri ha llenado cada plaza del país que ha caminado”.

Se que hay muchos escépticos en el círculo rojo, que dieron todo por terminado en las PASO”, dijo el Presidente en el Coloquio de IDEA, donde un puñado de empresarios se quedó a escucharlo en u videoconferencia. No dio ninguna pista de recuperación económica, pero insistió en la necesidad de “más tiempo”.

Pero los que no tienen más tiempo son los propios empresarios. El presidente de Swiss Medical Group, Claudio Belocopitt, otrora votante de Cambiemos, se mostró desilusionado por la gestión actual y admitió que le fue “pésimamente mal”.

“Es cierto y hay que decirlo, que este apoyo, esta ilusión y esta idea de cambio que creía yo, se hizo añicos porque estamos terminando de la peor manera”, apuntó.

La Asociación de Empresarios Nacionales, que no es invitada VIP del coloquio de IDEA coincide en el diagnóstico: solo el 17% de las pymes tiene rentabilidad positiva y un 90,1% de los empresarios pymes indicó que la devaluación, que indujo el gobierno nacional, los afectó negativamente.

La realidad económica es también la de las provincias. Son más los gobernadores que están militando en el Frente de Todos y la foto en La Pampa, donde se celebró el día de la Lealtad en un acto multitudinario con Alberto y Cristina Fernández, mostró la fortaleza del peronismo unido. 

El gobernador Hugo Passalacqua fue uno de los que estuvo en el palco junto al candidato presidencial. El misionero celebró la posibilidad de construir “un país que nos contenga a todos”.
“Es el deseo instalado en el corazón de miles y miles de argentinos. Hoy esa voluntad se hizo nítida nuevamente en este inmenso acto de soberanía política. Hay esperanza!!”, apuntó el mandatario.

Pero no es solo una cuestión política. Las provincias unieron fuerzas en contra del paquete electoral que lanzó el Presidente tras su derrota en agosto. La eliminación del IVA en algunos alimentos de la canasta básica y cambios en Ganancias y Monotributo, generaban un enorme agujero fiscal a las provincias, que fueron a la Corte en una demanda individual que se resolvió de manera colectiva. La Corte les dio la razón y ordenó a la Nación que deje de descontar los impuestos que son coparticipables. Macri hizo caso omiso de la orden cortesana y siguió como si nada, con descuentos y sin la devolución de lo ya recortado. Passalacqua fue nuevamente a la Corte y esta semana, un nuevo fallo descartó dar las “certezas” que reclamaba el Presidente. La Nación debe dejar de descontar sin más dilaciones, pero hasta ahora no hubo novedades. Se entiende, el inquilino no está en la Casa Rosada.

El gobernador electo, Oscar Herrera Ahuad también acompañó a Fernández, pero en el debate que se realizó el domingo pasado. “Es el fortalecimiento del conocimiento de las plataformas electorales. Pero el tiempo no es el necesario para el desarrollo de lo que uno piensa. No se puede hablar de economía en dos minutos. En el debate está el trazo grueso de hacia dónde se camina, por eso destaco la participación de Alberto Fernández en decir qué no va a hacer. Vamos a fomentar el consumo, incentivar líneas de créditos a tasas blandas, mejorar la capacidad productiva, alimentar la producción nacional, honrar los compromisos de la deuda, dan cierta tranquilidad, pero también un enorme compromiso”, enumeró el vicegobernador.

Este domingo, una semana antes de las elecciones, será el turno del segundo debate presidencial. Del primero queda sabor a poco. Apenas una sucesión de mini spots de campaña que bien podría ser grabada que nadie notaría la diferencia. El formato no ayuda a una confrontación de ideas y el tiempo es tirano para explicar modelos económicos, preocupación fundamental de la sociedad. Apenas hubo un par de estocadas llamativas, como la primera que propinó Fernández al presentar a Daniel Scioli en el escenario: “Hace cuatro años hubo un debate presidencial. En ese debate alguien mintió y alguien dijo la verdad. El que mintió es el presidente de la Nación, quien dijo la verdad está sentado aquí en la primera fila (por Daniel Scioli). Yo estoy aquí para decirles la verdad”.

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La rebelión de los mansos

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La extensa cola sorprendió a todos. Casi mil metros de fila de jóvenes que pugnaban por un puesto de trabajo en una panadería. Cientos de jóvenes que prácticamente amanecieron al costado de la ruta provincial 105 para ser los primeros en poder entregar su curriculum en la empresa de Garupá, cuyos propietarios no salían de su asombro: habían hecho la convocatoria apenas por redes sociales, pero la respuesta fue multitudinaria, de chicos locales, de Posadas, Oberá y hasta Eldorado. “Lamentamos no tener más trabajo para dar”, se disculparon a media mañana del viernes. 

Es una postal del momento en el que se define el futuro de la Argentina. Los números son contundentes: la Argentina volvió a un desempleo de dos dígitos y seguramente cerrará el año con un promedio cercano al 12 por ciento cuando se sienta la magnitud de los efectos de la última devaluación tras la derrota del Gobierno en las primarias de agosto.  El segundo trimestre marcó un nuevo récord para Mauricio Macri, con una desocupación de 10,6 por ciento, lo que equivale a dos millones de personas con problemas laborales. Y a más del 35 por ciento de los argentinos bajo la línea de pobreza. 

Misiones no escapa a esa realidad: aunque el desempleo es bajo, de solo 2,9 por ciento, la parálisis económica hace que no se creen nuevos puestos de trabajo. En el gran Posadas hay cinco mil desocupados, 21 mil subocupados y otros 20 mil ocupados demandantes, que tienen un trabajo pero se ven forzados a aumentar sus ingresos para enfrentar la inflación descontrolada, que marcará un pico cercano al 6 por ciento en septiembre.

Es récord el número de argentinos que cobran un seguro de desempleo. Más de 78.200 trabajadores en el primer semestre y 120.250 personas en total. Según el Ministerio de Trabajo, a julio pasado, hubo una reducción de 131.200 asalariados privados respecto del mismo mes de 2018.

Para el Gobierno, sin embargo, la crisis laboral no es uno de los temas centrales en la campaña. El Presidente ofreció en redes sociales que una salida para el millón de jóvenes que no estudian ni trabajan: “Vamos a extender el Servicio Cívico Voluntario en Valores para ayudarlos a salir adelante”, prometió como una propuesta de campaña. 

También por tuiter, el Presidente anunció una segmentación de las becas estudiantiles, premios por notas altas y el estímulo a “carreras estratégicas” por regiones.

Casi al mismo tiempo, ministros de más de una decena de provincias firmaron un documento con una dura radiografía del desfinanciamiento y la desinversión que sufrió la educación desde 2015. “Queremos que dejen de existir provincias de primera y periféricas”, aseguró la misionera Ivonne Aquino, una de las que participó del plenario federal. Las recomendaciones del documento marcan el retroceso del ahora: que el Estado nacional asuma la responsabilidad de garantizar condiciones mínimas e iguales para todas las provincias, que garantice el inicio y normal continuidad del ciclo lectivo y acciones destinadas a sostener la alimentación y la salud de los estudiantes.

La rebelión de los mansos. El miércoles por la tarde y ante unas cuatro mil personas, el presidente Mauricio Macri encabezó en la Costanera de Posadas una marcha del “#SíSePuede”. No habló de la economía, ni de la pobreza ni del desempleo ni de ninguna medida que apunte a salir de la extensa recesión. Apenas reconoció que fue un año y medio muy duro”, especialmente para la clase media, pero defendió los resultados de su gestión porque “hoy estamos en bases más sólidas y ahora viene el mejor salario, por eso estamos más convencidos que nunca”.

El discurso presidencial apeló a la liturgia dirigida al convencido. A quien no cuestiona los resultados, pero celebra la promesa tácita de un segundo semestre que todavía no llega. Por eso, las encuestas registran que los números de las Primarias no variarán demasiado o incluso serán peores para el Gobierno, con un techo apenas superior al 30 por ciento, semejante al tercio de la población que lo eligió desde la primera vuelta de 2015. 

Esa es la base de Cambiemos y por eso Macri pidió que cada uno intente convencer a otro para ir a votar y fiscalizar el 27 de octubre. Que no haya una sangría que perfore ese 30 por ciento, lo pondrá como jefe de un espacio opositor que deberá reconstruirse si se confirma el triunfo de Alberto Fernández. “Hay gato para rato”, repite el Presidente, en lo que parece un mensaje más dirigido al interior de Cambiemos, donde ya comienzan a disputarse espacios y a pensar en nuevos liderazgos. 

Es que la oleada de la nueva derecha, madura y elegante, que se expandía por toda Latinoamérica, comienza a tambalear nuevamente de la mano del Fondo Monetario Internacional. En Ecuador hay estado de sitio, muertes y un brutal plan de ajuste, la economía de Brasil está paralizada y Jair Bolsonaro es una mueca grotesca que siquiera causa demasiada gracia. El triángulo del cambio muestra sus peores caras. 

Para el 27 de octubre, Cambiemos habrá ganado apenas en un par de elecciones en las provincias y la alianza con el radicalismo pende de un hilo. 

Este domingo, en El Chaco, puede haber otra cachetada de rechazo con el casi seguro triunfo de Jorge Capitanich, quien vuelve a la gobernación después de un período como intendente de la capital.  

Como contraste, la candidatura de Alberto Fernández se afianza, según las principales encuestadoras. Tres de las que se publicaron en las últimas horas marcan una diferencia de 20 puntos para arriba y un rechazo a la derechización del discurso presidencial.

La consultora Clivajes revela que el epílogo de la gestión de Cambiemos tiene a la economía como principal preocupación de los argentinos. La pobreza lo es para el 26,12% de los encuestados, el desempleo para el 23,84% y la inflación para otro 22,35%. El 69,7 por ciento coincide en que Macri es el responsable de la crisis. La consultora que acertó casi en pleno en las primarias sostiene que Fernández llegará al 53,7 por ciento de los votos, contra un 33,2% de Macri. 

Gustavo Córdoba publicó otro sondeo presencial en la noche del jueves. Sostiene que la fórmula F² crece cinco puntos desde las PASO y que el 64,6% de los encuestados está en desacuerdo con que Macri deba ser reelecto, apenas por debajo de la imagen negativa del Gobierno que llega al 66,7%. Para Córdoba el Fernández tiene una intención de voto del 52,2%, contra 32,7% de Macri y un crecimiento de Roberto Lavagna que llegaría al 9,8%.

En la misma línea, el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica muestra que la imagen del Gobierno es mala o muy mala para el 76,8% de los consultados, mientras que el 77,4 por ciento cree que Macri es “responsable del descenso social por la crisis económica”.

Este think thank releva que las medidas centrales del próximo Gobierno debieran ser el aumento de salarios (46%) y congelamiento de tarifas (32,7%). La intención de voto de Fernández es del 48,5%, contra 30,7% de Macri. Nuevamente el núcleo duro.

Los datos coinciden con la percepción de que en este último tramo de la campaña nadie parece estar a cargo de la gestión del Gobierno, sino que todo está dominado por la puja electoral, que tendrá un punto álgido este domingo en Santa Fe, con el primer debate de los candidatos presidenciales.

De hecho, las provincias debieron ir nuevamente a la Corte para intimar a la Nación a que obedezca uno de sus fallos: pese a que los cortesanos le dieron la razón a los gobernadores en el conflicto por los descuentos de coparticipación para financiar el plan electoral que presentó Macri con la rebaja del IVA en alimentos y cambios en Ganancias, el Presidente nunca obedeció. No dejó de descontar ni devolvió lo recortado. Por eso, el gobernador Hugo Passalacqua firmó una nueva demanda ante la Corte que reclama ponerle fin a la detracción. Rara parábola de la relación entre Nación y provincias. 

Pese a la caída de recursos, acompañada por una baja de la coparticipación contra la inflación, Misiones sigue entre las provincias con las economías más ordenadas. Un estudio del Centro de Economía Política Argentina, sobre el endeudamiento de las provincias, ubica a Misiones con apenas un ratio de 0,19 por ciento de deuda en contra de recursos propios y una de las pocas que no tomó deuda en los últimos cuatro años -de hecho, no toma nueva deuda desde 1999-. 

Passalacqua cumplió ayer con la segunda cuota del bono primavera y sostiene numerosos planes para potenciar el consumo, fundamental para que en Misiones haya un humor social mucho más sano que en provincias vecinas. De hecho, Passalacqua cerrará su gestión con una enorme valoración y Oscar Herrera Ahuad es hasta hoy el gobernador electo por mayor diferencia. El modelo gestado en 2003, bajo el liderazgo de Carlos Rovira, es, al mismo tiempo, envidia y objeto de consulta. Alberto Fernández diagrama sus primeros días de gestión en consulta permanente con dirigentes de la Renovación. El plan Argentina Sin Hambre, por ejemplo, tiene similitudes con el plan Hambre Cero, forjado en la tierra colorada hace casi diez años, cuando la desnutrición era un tema tabú. Hoy son más de diez mil los chicos recuperados.

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Pruebas contundentes

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Ecuador vive un estado de “excepción” para frenar las protestas por el aumento del combustible y el plan de ajuste aplicados por Lenin Moreno en acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Perú vive otra crisis similar, con un vacío de poder y el Congreso anulado por el presidente Martín Vizcarra. Su plan económico es elogiado por el FMI. La economía de Brasil, que sostiene un plan de ajuste tradicional desde el golpe a Dilma Rousseff, cae en paralelo a la imagen positiva de su presidente, Jair Bolsonaro. 

En Argentina hay una porción de cada menú, condimentado por un inédito respaldo del Fondo Monetario Internacional, que prestó 56 mil millones de dólares al presidente Mauricio Macri y ahora le permite utilizar las reservas del Banco Central para cubrir gastos corrientes.

Los programas financiados por el FMI suelen terminar, casi inevitablemente en profundas crisis sociales y económicas. Los planes de austeridad paralizan la economía y dejan a millones al desamparo. La misma receta tiene idénticas consecuencias. 

El resultado económico argentino no tiene nada que envidiar a la región. La pobreza más alta desde fines de la crisis de 2001, inflación descontrolada, un desempleo de dos dígitos y una deuda eterna como herencia para las generaciones futuras

Pero el Presidente ofrece, nuevamente en campaña, la ilusión de un nuevo “segundo semestre”. “Lo que viene será crecimiento, es más trabajo, es cuidar tu sueldo. El futuro va a ser distinto”, promete. “Voy a cambiar lo que haya que cambiar”, insiste, el que, vaya paradoja, llegó hace cuatro años con el eslogan del cambio.  

En Cambiemos, los convencidos creen en esa promesa. Que ahora sí, que sí se puede. Que ya están sentadas las bases para crecer, repiten. Y sugieren que la crisis actual obedece al mal PASO del 11 de agosto y no al desmoronamiento de la economía, que no tiene freno desde hace por lo menos un año y medio, como lo reflejan la industria, el consumo y la construcción. 

“Confiamos en que estabilizada la macroeconomía, los datos de pobreza volverán a bajar, como sucedió en 2017 cuando logramos bajarla de un 32% estimada en 2015 a un 29%, y como venía sucediendo semanas antes de las PASO cuando empezábamos a crecer nuevamente. Lamentablemente la crisis de 2018 nos afectó mucho, y cuando nos estábamos reponiendo, los resultados de las PASO en Agosto pasado, generaron desconfianza y el dólar volvió a subir, provocando subas de precios y problemas económicos al que le estamos haciendo frente”, resumió el radical Luis Pastori, uno de los más enfervorizados defensores del Presidente. 

La culpa es de las Paso, repite. Pero la realidad contradice su insistencia. El 35,4 por ciento de pobreza es un dato del estado de situación del primer semestre. Es decir, la pobreza viene en aumento desde mucho antes de las elecciones y la devaluación tras el fracaso en las primarias no hará más que sumar pobres por la caída de los ingresos. El drama adicional es que el 52,6 por ciento de los niños argentinos está hoy en la pobreza. “Tener a los chicos con malnutrición además de inhumano, es una hipoteca social”, sintetiza el neurocientífico Facundo Manes, ¿ex? Cambiemos.

Las elecciones, reflejan, en última instancia, el resultado de las políticas, pero no son nunca responsables ni de la pobreza ni del desempleo.

Este punto de partida es sobre el cual acepto ser evaluado como presidente: por si pudimos reducir la pobreza en este gobierno“, dijo Macri en 2016. En ese entonces, la pobreza había subido a 32,2 por ciento.  

Ahora, con una pobreza ocho puntos porcentuales más alta que en el primer semestre de 2018, promete que lo que viene será mejor y que sólo necesita más tiempo. Pero las pruebas son contundentes.

La realidad, nuevamente, se empecina en decir lo contrario. 

Durante la sesión en la que se aprobó el presupuesto de Misiones, el presidente de la comisión homónima, Marcelo Rodríguez, expuso varios datos del deterioro de la economía y sus consecuencias. 

Recordó que el presupuesto 2019 fue diseñado con una proyección de una caída del 0,5 por ciento del PBI y una inflación del 23 por ciento, con un dólar a 40,10 pesos y una deuda externa que representaría el 87 por ciento del PBI. 

Lo cierto es que la economía caerá 2,9 por ciento la inflación será como mínimo del 55 por ciento -bastante más del doble doble de la proyección oficial- y el dólar cerrará el año a 65 pesos. Solamente este año hubo una devaluación del 60 por ciento. Si se compara con diciembre de 2015, la depreciación del peso es de 519 por ciento.

La deuda externa, a diciembre de ese año era de 240 mil millones de dólares, con una cotización de 9,73, lo que equivalía a 2,34 billones de pesos y el 52,6 por ciento del PBI. Hoy la deuda equivale a 312.970 millones de dólares, con un dólar a 65 -a fines de diciembre-, lo que representa a 20,34 billones de pesos y el 91 por ciento del PBI. La deuda creció 30 por ciento en dólares y mil por ciento en pesos. 

Rodríguez también cuestionó uno de los pilares del discurso económico del Gobierno nacional: la reducción del déficit. En efecto, el superavit fiscal primario es de 48.260 millones de pesos, pero los intereses de la deuda equivalen a 428.127 millones, lo que arroja un déficit financiero de 379.867 millones, equivalente al 15,8 por ciento. 

Los números desnudan la magnitud de la debacle. Quizás por eso los diputados de la alianza Cambiemos casi que apuraron el trámite para votar el Presupuesto y no pusieron el mínimo reparo a las proyecciones diseñadas por Hugo Passalacqua para el primer año de la gestión de Oscar Herrera Ahuad y Carlos Arce. La Legislatura, liderada por Carlos Rovira convirtió nuevamente a Misiones en la primera provincia en contar con el presupuesto aprobado, herramienta fundamental para el modelo provincial: el eje está puesto en la educación, la salud y el desarrollo económico, además de un refuerzo inédito en las partidas de Desarrollo Social, que se encarga de alimentar comedores comunitarios, nuevamente abarrotados en medio de la crisis que puso a la Argentina en una emergencia alimentaria.

Passalacqua expresó “una profunda gratitud por el acompañamiento permanente del presidente de la Cámara de Diputados, Carlos Rovira, no solamente en la sanción del Presupuesto durante estos cuatro años de Gobierno, sino a través del tratamiento de tantas leyes que son un enorme aporte para quien está en la máxima función del Poder Ejecutivo”. 

El gobernador insistió en que el Presupuesto es “una herramienta fundamental para la gobernabilidad” y que en los cuatro años de su gestión, Misiones fue la primera provincia en contar con dicho instrumento.

El Presupuesto de Misiones en el contexto económico by Juan Carlos Arguello on Scribd

Dos voces llamaron la atención en la noche del jueves. Primero la del diputado de la alianza Cambiemos, Roberto Rocholl, quien pidió que la Provincia construya helipuertos para facilitar el traslado a hospitales de Posadas, Eldorado e Iguazú. “Apuntamos a una mejoría en el sistema de traslado de pacientes, ya que existe la necesidad que esto sea en un breve lapso de tiempo”, sentenció el legislador en una apelación fuera de tiempo. La Provincia tuvo que aumentar la inversión en salud porque el Gobierno nacional dejó de enviar partidas fundamentales, como las destinadas a las vacunas o a sostener el plan médicos comunitarios. 

La otra, sin dudas fue la de Lucas Cácerez, cuya voz y sus proyectos pocas veces se hicieron sentir en la Legislatura. El camporista acusó a la Renovación de ser “cómplice” de medidas antipopulares tomadas por el gobierno de Cambiemos. La apelación del joven legislador sorprendió por lo intempestiva, ya que Alberto Fernández abrazó como aliada fundamental en Misiones a la Renovación. Y abre el interrogante ¿los sectores más intransigentes del peronismo y la Cámpora aceptarán las políticas de consenso que quiera aplicar el casi seguro Presidente? ¿Los diputados del Frente de Todos serán parte de esa intransigencia o serán capaces de un guiño hacia las necesidades de Misiones? En el Gobierno provincial se mostraron sorprendidos por la actitud de Cácerez, ya que se convirtió en diputado en una boleta de la Renovación, lo mismo que Cristina Britez, quien, sin embargo, pocas veces jugó en tándem con la bancada misionerista y en cambio, fue protagonista de varias iniciativas individuales.

La intransigencia de Cácerez contrasta con la apertura exhibida por Alberto y Cristina Fernández. El candidato a presidente sumó por estas horas a Florencio Randazzo y participó del abrazo histórico de la CTA y la CGT, hasta hace poco centrales obreras distanciadas. Y alimentó en el Gobierno provincial la necesidad de fortalecer la campaña por la boleta corta, sumando diputados que respondan al mandato misionerista en vez, nuevamente de ser delegados de la Nación, como lo fueron los diputados de Cambiemos. ¿Si hubiera que reclamar por la compensación histórica a la que se comprometió Fernández, Britez y Héctor “Cacho” Bárbaro respaldarán la demanda o serían émulos de Pastori y su promesa del artículo 10 de la ley Pymes?

En esa línea, Herrera Ahuad pidió el voto de los misioneros para la fórmula de Presidente y Vicepresidente del Frente de Todos, para Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, y la boleta corta con los cuatro candidatos a diputados nacionales de la Renovación, “porque ellos serán la voz de Misiones en el Congreso Nacional”.“Estamos en un tiempo político y juntos vamos a lograrlo todo”.

Lo cierto es que Alberto Fernández está cada hora más cerca de la Presidencia. Una encuesta de Oh Panel anticipa que conseguirá el 52 por ciento de los votos, contra 33 por ciento de Macri-Pichetto, por lo que la elección se resolverá en primera vuelta. Un dato revela la composición del voto entre ambos contendientes: el 80 por ciento de los que votarán a F², lo hará para que “haya más trabajo. El 69 por ciento de los que elige a Macri lo hace para que no gane Cristina Fernández. Otro sondeo, de D’Alessio Irol muestra que el 84 por ciento anticipa que no cambiará su voto de las Primarias.

Encuesta a un mes de las elecciones by Juan Carlos Arguello on Scribd


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