Juan Carlos Argüello

Periodista, director de Economis

A los golpes

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“Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: “Cierren los ojos y recen”. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”, describió con precisión Eduardo Galeano en Las Venas Abiertas de América Latina. La síntesis cobró vida en las últimas horas en Bolivia.

La columna publicada el sábado anterior enumeraba los conflictos de la América Latina convulsionada que hacen difícil pensar en recuperar la idea de una “patria grande” y de trabajo en conjunto entre los países del cono sur. 

El golpe de Estado en Bolivia, empeoró el escenario con reminiscencias de lo peor de décadas que parecían enterradas en la memoria: proclamas militares blandiendo la doctrina “occidental y cristiana”, represión y muerte de “subversivos”, que no son otros que los indios cocaleros que habían tenido un poco de dignidad después de 500 años.  

La grieta ya no es solo Argentina, sino que se agrandó hasta quienes justifican el golpe de Estado y dejaron salir un doloroso racismo contenido. Se “sorprendieron” por la casa de Evo Morales donde hallaron lujos como una cama y un baño con amenitties, como si esos privilegios solo pudieran ser ostentados por los otros. Se indignaron porque el presidente cocalero salió de un restaurante caro en México, donde está asilado. El propio restaurante aclaró que sólo ocupó una mesa para hablar con los medios que querían entrevistarlo y que apenas había consumido agua y café. 

Pero no indignan los muertos. Al menos 18 confirmados, en la feroz represión sobre los seguidores de Evo, ordenada por la presidenta de facto, Jeanine Añez Chavez, quien tiene el respaldo de las Fuerzas Armadas, la Organización de Estados Americanos, Jair Bolsonaro y Donald Trump. 

Ese contraste es quizás uno de los grandes triunfos de la batalla cultural que se dirime en estos momentos en todo el continente. Alimentar la grieta hasta el paroxismo. Rara paradoja: entre que quienes más justificaron el golpe en Bolivia -como el canciller Jorge Faurie y buena parte de Cambiemos-, están los que al mismo tiempo forzaron la idea de que si perdían las elecciones, la democracia se ponía en riesgo. 

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, llevó esa paradoja a otro nivel. Acusa de “tiranos” y “dictadores” a quienes lideran países poco alineados, pero no dijo ni una sola palabra de la sanguinaria cacería de bolivianos. Oh casualidad, de la revuelta popular en Chile, tampoco. 

Pero los presidentes de la región no estuvieron mejores. Bolsonaro celebró el gran día de la caída de Evo. El argentino, Mauricio Macri, eludió condenar el golpe, aunque no reconoció a la “presidenta” y el canciller Jorge Faurie hizo malabares para justificar la indiferencia, aunque en Cambiemos hubo posiciones encontradas. 

Ante la desaparición de organismos supranacionales, Alberto Fernández, sin el cargo formal, asumió un liderazgo diplomático que lo posiciona de cara al futuro, pero anticipa posiciones estratégicas, con una retórica enfrentada al rol de Estados Unidos, aunque al mismo tiempo se necesita de las buenas migas con Donald Trump para renegociar los vencimientos de deuda. 

Es que, más allá del escenario regional, Fernández debe ocuparse anticipadamente de la realidad económica argentina. La parálisis es inédita y la herencia será pesada. El gobierno de Macri se despide con el nivel más bajo de uso de la capacidad instalada en las industrias desde 2002, cuando el país salía del infierno tras el estallido de la Convertibilidad y la huida de Fernando De la Rúa. La inflación acumulará por segundo año consecutivo un promedio de 50 por ciento. Suponiendo un aumento de precios del tres por ciento en los últimos dos meses del año, la inflación será superior a la de 2018, que marcó 47,6 por ciento, por lo que 2019 marcará un récord apenas superado por 1991, en plena hiperinflación. El aumento del 5 por ciento de los combustibles echará más nafta al fuego y se anticipa otro incremento en diciembre, a pocos días de la partida presidencial. 

Las proyecciones hablan de una inflación de 3,6% en noviembre, acumulando 47,6% en los primeros once meses del 2019. ·  Ecolatina prevé que la inflación alcance 53% en 2019, siendo así la más alta desde 1991.

A eso, sumarle desempleo en alza y una pobreza que cerrará el año alcanzando al 40 por ciento de la población. 

Le vino bien al Gobierno de Macri la crisis regional. Se habló menos de la herencia y de la crisis económica y puede descansar y darse el lujo de ir a jugar al golf con amigos, mientras que convoca a una marcha de despedida con sus votantes. El Presidente en retirada parece haberle tomado el gusto a la política que tanto supo denostar. No quiere ceder el liderazgo de Cambiemos a manos de sus lugartenientes y planifica ser el líder de una oposición “constructiva”, según prometió el senador misionero Humberto Schiavoni. 

Entre las urgencias aparecen el hambre y Fernández diseñó un consejo para diseñar un plan, que incluye a variopintas personalidades, desde Estela de Carlotto a Marcelo Tinelli y la cocinera Narda Lepes. “Esta va a ser la epopeya de todos los argentinos”, definió Fernández. El plan tiene varias partes: una está vinculada a la canasta básica de alimentos y otra a los problemas de malnutrición. Allí Misiones tiene mucho para aportar. El plan Hambre Cero es un ejemplo de cómo se puede combatir la desnutrición, con una acción directa y focalizada del Estado. El Gobierno logró recuperar a unos diez mil chicos que estaban en la franja más vulnerable. En el sector privado también hay elementos que pueden ser utilizados. “Hace años que hablamos del hambre y propusimos soluciones. Tirar la comida es una tragedia ética”, aseguró Matías Sebely, creador de Comida por un Dólar, proyecto que fue ofrecido a la Nación y se desarrolla en Leandro N Alem. 

Misiones seguramente aportará mucho a la gestión del nuevo Presidente. Nombres para algunos cargos, como el de Sergio Lanziani que aparece en el listado de futuros integrantes del gabinete, y políticas directas de la mano de Oscar Herrera Ahuad, quien tiene un contacto permanente con Fernández. 

Herrera Ahuad también sabe que el escenario económico y social será complejo en los próximos meses, porque el deterioro no se revertirá mágicamente. El actual vice y el futuro vice, Carlos Arce, trabajan con un amplio equipo para fortalecer la Multilateral de Políticas Sociales, que depende la vicegobernación. La contención social, el acceso a los alimentos, la productividad de las chacras y las ferias francas, tienen un espacio relevante en el esquema de trabajo de Herrera Ahuad.

El futuro gobernador también tuvo un rol saliente en las negociaciones de las últimas horas para destrabar el conflicto tabacalero. Diálogo directo productores, directivas a funcionarios y llamadas a la Nación. Anunció que apenas asuma hará una revisión del sistema de reparto de los fondos tabacaleros para mejorar el flujo de dinero a los productores en momentos en que hay un declive de la recaudación por caída del consumo y, como contraste, la abundancia de marcas falsificadas. La inflación también hace lo suyo, con mayores costos y dinero que no rinde. 

En medio de negociaciones, con ánimos exacerbados por parte de algunos dirigentes desbordados, cayó muy mal una llamada de Marcelo Calçada, coordinador nacional del Fondo Especial del Tabaco, quien, al confirmar el giro de 640 millones de pesos -demorados-, disparó contra los funcionarios provinciales en medio de la protesta: “Si tanto se quejan los funcionarios provinciales, que hagan un esfuercito, que laburen toda la noche y que paguen a los productores mañana”. Sabe el funcionario que no es cuestión de laburo. Como Nación insiste en girar el dinero al Banco Nación y no a las cuentas del banco Macro, que es agente oficial de la Provincia, una vez que la plata ingresa a la cuenta nacional, recién se puede girar a la banca local, lo que demora, ineludiblemente, 48 horas por el clearing bancario. Una chicana que no se condice con los ingentes aportes a la gobernabilidad que hizo Misiones durante estos cuatro años. Sin esa gobernabilidad, también de otros mandatarios, la gestión nacional hubiera terminado mucho peor. Fue esa gobernabilidad la que permitió canalizar muchos conflictos latentes.  

A diferencia de lo que sucede en la Nación, Herrera Ahuad puede poner en marcha sus propias ideas porque conoce al dedillo el estado de situación. La transición no tiene nada de traumática y el gabinete trabaja en forma coordinada incluso en aquellos casos en los que probablemente no sigan después del 10 de diciembre.

Hasta ahora no hay certezas sobre el gabinete provincial y los nombres que se mencionan como puestos, no tienen confirmación. Solo se saben algunos nombres de los que se van -Educación, Agro-, pero no de quienes los reemplazan. Apenas uno o dos cargos recibieron ya la notificación de sus nuevos roles. Para los que quedan afuera, el mensaje es el mismo: “No importa el lugar, sino las políticas”.

La transición tampoco es problemática en Posadas, donde Joaquín Losada ya se reunió varias veces con Leonardo Stelatto para coordinar el traspaso. El actual alcalde asegura que dejará en caja 180 millones de pesos, suficientes para dos medios aguinaldos y reveló que la masa salarial bajó en proporción al presupuesto. “El peso de la masa salarial cuando asumí era del 98%, hoy es del 74% de los recursos municipales, pese a los aumentos, esto lo logramos con una buena administración”, explicó el intendente con destino incierto por estas horas. Losada cree poder despedirse con el pago de algunas deudas y presentar su balance entre el 6 y 7 de diciembre.

El gobernador Hugo Passalacqua también entró en terreno de despedida de la gestión. Reunió a todos los intendentes en San Ignacio y les agradeció el trabajo en equipo para llevar adelante políticas “cerca de la gente”. “Hubiera sido imposible gobernar estos años sin estos 76 compañeros de trabajo”, definió el mandatario antes de la puesta en marcha de la Emergencia Alimentaria -signo de la crisis de estos últimos años-

“Si pensamos a la provincia como una embarcación a remos, puedo decir que todos estos años tuvimos 76 remeros espectaculares”, afirmó Passalacqua, visiblemente emocionado.


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Nuevos equilibrios

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La liberación de Lula Da Silva después de 580 días preso, volvió a sacudir al péndulo de la política latinoamericana dominada en los últimos años por gobiernos conservadores que rompieron con una década en la que la idea de “patria grande” estuvo más presente que nunca. 

Lula recupera la libertad en un contexto distinto al que entró a la cárcel. 

La entronización de la derecha se ve amenazada por el fracaso de Mauricio Macri, el colapso del oasis chileno, donde Miguel Juan Sebastián Piñera resiste los embates de la revuelta social. 

El propio Brasil, donde Jair Bolsonaro gobierna a fuerza de improperios y fake news, no es el mismo y el mundo se pregunta qué quedará de la potencia verdeamarelha después del incendio de las relaciones internas e internacionales. 

Del otro lado, Evo Morales vive su reelección acosado por denuncias de fraude y amotinamientos. Maduro es una caricatura de lo que fue el comandante Hugo Chávez y apenas puede sostenerse en pie. La patria grande no es la misma. Por el contrario, es una enorme olla a presión que no admite viejos liderazgos. La revuelta chilena muestra que, al igual que las protestas en Francia, no tiene conducción política clara y mucho menos, un político al frente. Ahí quizás haya sacado una luz de ventaja la institucionalidad argentina, que logró encauzar el descontento a través de las urnas y cambió con los votos, una política económica que dejó un tendal de pobres y endeudó al país por varias futuras generaciones. 

¿Marcarán el triunfo de Alberto Fernández y la reaparición de Lula el comienzo de un nuevo liderazgo regional?

En principio, el brasileño tiene una libertad condicionada a que no se confirme su sentencia. Parece una obviedad que nadie deba estar preso sin una sentencia firme. Pero el ex presidente tenía una prisión preventiva similar a la de numerosos detenidos de la política Argentina y de millones de presos comunes que no tienen ninguna visibilidad. Lula estaba preso por un supuesto acto de corrupción aunque en la sentencia se reconoce que no hay pruebas concretas de que haya sido beneficiario. El proceso fue liderado por Sergio Moro, el juez que terminó siendo ministro de la Corte de Bolsonaro. “Moro estaba cumpliendo con su misión. Si esa misión que él tenía no hubiera sido bien cumplida, yo tampoco estaría aquí; entonces en parte de lo que ocurre en la política de Brasil se lo debemos a Sergio Moro”, dijo Bolsonaro en un acto oficial.

Raro republicanismo que persigue y encarcela opositores. Hasta la ONU se mostró interesada por la injerencia del Gobierno en la Justicia argentina: el Alto Comisionado de las Naciones Unidas, encabezado por la ex presidenta chilena Michelle Bachelet, el mismo que hace unos meses condenó las violaciones a los derechos humanos del presidente venezolano Nicolás Maduro, acusó a Macri de la utilización del Consejo de la Magistratura para presionar a jueces a través de la comisión de disciplina, designación ilegal de jueces y hasta de perseguir a quienes consideraba díscolos. La institucionalidad y el republicanismo también parecen ser parte de un relato con innumerables grietas. 

Pero Macri ya está de salida y se abre el interrogante ¿se reconstruye esa patria grande? ¿Están dadas las condiciones? Impredecible, aunque seguramente Fernández y Lula puedan hacer de contrapeso de una corriente que inclinó la balanza del continente hacia la derecha y un enorme retroceso en los derechos sociales y políticos. 

Fernández encabezó este fin de semana el Grupo de Puebla, que reunió a ex presidentes e intelectuales de centroizquierda con esa mirada en común.

Dilma Rousseff, Fernando Hadad de Brasil, José Mujica de Uruguay, Fernando Lugo de Paraguay, y más atrás, Rafael Correa, le dan sustento político al grupo que lidera el presidente electo argentino. Cristina no está en la nómina, aunque la figura de Lula libre marca una fuerte presencia. El ex presidente brasileño mandó saludos via teleconferencia y llamó a construir “la unidad latinoamericana”. 

El objetivo no es generar una referencia ideológica sino reencontrar un sistema político que devuelva la equidad perdida, el equilibrio y la igualdad social”, definió Fernández. 

Pero la prioridad deberá estar puesta en la reconstrucción del tejido económico y en suavizar la grieta que se agranda a cada minuto entre los fanáticos de uno y otro lado. 

La Argentina está hoy en estado de coma, con una industria paralizada hace más de año y medio, el consumo en brutal declive y la pobreza y el desempleo en alza minuto a minuto, con una inflación que nunca fue controlada y terminará siendo el doble que la dejada como herencia por Cristina Fernández. Los dos últimos años marcarán un triste récord de una inflación por encima del 50 por ciento. 

Las obras de infraestructura, exhibidas como el gran legado de Macri, también muestran fisuras, incluso en el relato oficial del Instituto Nacional de Estadística y Censos. El informe de Condiciones de Vida revela que prácticamente nada ha mejorado la situación de los más vulnerables. Al primer semestre de 2019 hay 1.315.000 personas que viven en hacinamiento crítico. Equivale al 4,7 por ciento de la población y es un dato apenas más bajo que en el segundo semestre de 2016, cuando eran 5,3 por ciento.

Además, el 11,4% de las personas no accede al agua corriente (3,2 millones de personas), el 35,4 por ciento no tiene gas de red (10 millones de personas) y el 33,3 por ciento no tiene cloacas (9,4 millones de personas).

En 2016 los valores eran muy similares y las mejoras son muy leves. En agua corriente la falta de acceso en 2016 era de 12,2% y en 2019 de 11,4%. La falta de cloacas en 2016 alcanzaba al 34,7% y hoy al 33,3%.

En la cobertura de gas de red hubo retroceso, ya que en 2016 las personas que no tenían gas de red eran el 34,3% y en 2019 son más, el 35,4 por ciento, relevó la Doctora en Desarrollo Económico Julia Strada. 

Al menos 14,2 millones de personas no acceden al menos a uno de los tres servicios. Por ende, sólo el 50% de la población urbana tiene los tres (agua corriente, gas de red y cloaca). Y al otro 50% le falta siempre alguno de los 3 servicios, o 2 de 3 o directamente carece de los 3 servicios. En alquileres h hay 4,4 millones de inquilinos y son el 15,6% de la población. Este porcentaje subió respecto de 2016, cuando eran el 14,5%. Es decir, en tres años – entre 2016 y 2019- hay 440 mil nuevos inquilinos o medio millón de personas más que alquilan.

Pensar que inmediatamente volverán tiempos mejores, sería muy ingenuo. Para hacer política exterior, primero habrá que consolidar la interior. 

De todos modos, Fernández parece contar con un visto bueno que muestra el acierto de la jugada de Cristina al haberlo puesto como candidato: no genera los rechazos que cosechaba ella. Ya tiene el respaldo de Donald Trump para negociar con el FMI, de Manuel Macron, quien lo espera en Francia antes de asumir y hasta del BID, que ofreció conexiones para renegociar la deuda. Con Antonio Manuel López Obrador hizo buenas migas y en este contexto eso es mucho más que cualquier retórica.

Los empresarios saben que no habrá milagros y a diferencia de otros momentos, incluso críticos durante el mandato de CFK, ahora coinciden en que la prioridad debe estar puesta en la reactivación, por encima de otras variables, aunque la baja de tasas de interés está también en el podio de necesidades. A esta altura, una inflación promedio de 25 por ciento como en los últimos años de Cristina, suena a un dulce recuerdo, en comparación con la imprevisibilidad de la suba de precios actual que parece no terminar nunca. Antes de dejar la Casa Rosada, Macri tiene en carpeta otros aumentos, como el del combustible -el congelamiento termina la semana que viene-, que genera un efecto en cascada en todos los precios que dependen de la logística. 

Los empresarios misioneros, consultados por Economis no piden “milagros” al nuevo Presidente y saben que está muy limitado por la crisis económica, financiera y fiscal. Es decir, todos saben que acá no hay soluciones mágicas de un día para otro y que el año 2020 se presenta muy complicado desde lo económico. El presidente de la Confederación Económica de Misiones, Alejandro Haene, planteó la regionalización de las cargas fiscales y revisar contratos laborales por regiones, sin que se toquen salarios, pero bajando la presión sobre las empresas que hoy están agobiadas. 

Los hombres y mujeres de negocios de Misiones insisten en que es necesario bajar tasas y contemplar las diferencias geográficas para atenuar los costos de producción, algo que nunca se concretó en estos años en los que abundaron las promesas. La ley Pymes y el famoso artículo 10 quedaron en la nada de las campañas. 

La expectativa de los empresarios es compartida por el Gobierno provincial. Recuperar una relación que contemple el diálogo como herramienta de gestión y, sobre todo, normalidad económica. Misiones es una de las provincias que trabó un litigio contra la Nación por el manotazo a los recursos de la coparticipación para financiar la campaña presidencial. La campaña terminó en fracaso, pero los recursos siguieron descontándose y hasta ahora no hay certezas de cómo y cuándo se hará la devolución, que seguramente terminará siendo un problema del próximo gobierno.

El gobernador Hugo Passalacqua comenzó el proceso de despedida con una reunión de Gabinete en la que agradeció a todos los funcionarios por el acompañamiento en la tarea de Gobierno y se trazaron algunas líneas de trabajo para los “31 arduos días de trabajo que quedan” hasta el traspaso. 

Passalacqua insiste en que la gestión debe terminar “cerca de la gente” en momentos de extrema vulnerabilidad con una emergencia alimentaria en vigencia. “Atender permanentemente la cuestión social, en especial a los sectores más vulnerables de la sociedad…y sobre todo, austeridad”, pidió el mandatario al pleno de funcionarios reunidos en la Residencia Oficial.

El gobernador electo, Oscar Herrera Ahuad tiene a su favor una transición en orden, mientras que define quienes serán sus colaboradores. Hasta ahora, pese a la insistencia en apurar nombres, son pocos los que fueron confirmados en sus puestos y menos los que saben que se van. Hay un puñado de nombres que ocuparán sillones después del 10 de diciembre. Pero la ansiedad contrasta con la calma que cultiva el mandatario, conocedor de los tiempos del interior profundo.

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Segré: “En ocho años se puede sacar el chip del dólar en la Argentina”

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El analista y economista Gustavo Segré visitó Posadas para una charla organizada por el Rotary Club Posadas Villa Lanús. En la ocasión charló con Economis sobre la relación Argentina-Brasil y explicó como se puede sacar “el chip del dólar de la Argentina”.

Segré es licenciado en Economía por la UBA, contador y administrador por la Universidad Paulista y Bandeirantes respectivamente, CEO de Center Group, empresa con sede en Brasil, Argentina, USA, España y México, corresponsal para medios internacionales de Brasil, MBS en Controladoria por la Universidad Paulista (UNIP-SP), entre otros.

Al ser consultado sobre la situación económica del país y el contexto global, Segré planteó que a pesar de las situaciones de crisis, “hay gente a la que le va bien y a otros a los que les va mal”. Advirtió que a quines les va mal, es más fácil echarle la culpa a otros y “no ver lo que cada uno hace mal, hay que asumir el fracaso desde lo propio”.

Sobre esto indicó que “se viene un gran cambio tecnológico con el 5G, que muchos no están viendo. Si lo que uno hace es repetitivo y sin valor lo puede hacer una maquina, será un cambio mucho más importante que la revolución Industrial y debemos estar preparados para eso”.

Comentó que “los estudios muestran que dentro de 10 años el 50% de los empleos que conocemos no existirán más. En este contexto hay que ver que no hay trabajo para todos”.

En relación a Argentina, indicó que “la gran mayoría del país eligió un modelo de país. No se si es bueno o malo, porque aún no se ha anunciado el plan económico del futuro Gobierno. Lo que si se escucha de algunos referentes es la idea de la protección de las empresas, que es muy bien vista puertas adentro, que perjudica a los consumidores puertas afuera, es uno de los canales que puede desarrollar el Gobierno”.

“Entiendo, porque me lo dijo un peronista que el Peronismo es producción y empleo. Yo estoy de acuerdo con que tenemos que tener producción y empleo, desde que sea un empleo que agregue valor, que la persona pueda llevar su sueldo a casa y a la mesa familiar. Pero que eso no genere que se proteja a la incompetencia a través de la ayuda social”, remarcó el economista. “Defiendo la idea de que la obligación del Estado, de cualquier gobierno e ideología es defender la oportunidad de estudiar y trabajar. Pero hay quienes no quieren estudiar ni trabajar, pero después no pueden culparle al Estado porque les va mal”.

“Creo que Macri se equivocó, en muchísimas cosas, en materia económica aún más. No tuvo la capacidad de resolver un problema económico que le generó el Gobierno anterior y no solo no lo resolvió, sino que lo complicó aún más. De cualquier manera lo que veo para adelante es muy complicado”, explicó.

Remarcó que “Argentina tiene déficit fiscal, o sea gasta más de lo que recauda. Cuando recaudas menos de lo que gastas alguien te tiene que financiar. O emitís, que genera inflación; o generas títulos que genera deuda o aumentas la presión impositiva que genera parálisis económica o haces las tres cosas, que fue lo que hizo Macri”.

Para él “el problema es que emitiendo no resolvés el problema, nadie nos presta plata porque estamos analizando si vamos a default o no, y no podes aumentar la presión tributaria. Con lo cual la única que te queda es bajar el gasto del Estado y no me parece que el espíritu del Gobierno que viene sea bajar el Estado. Entonces visualizo un futuro complicado, pero cuando asumió Menem se esperaba otra cosa de lo que hizo”.

Al referirse a Brasil, dijo que “sin embargo Brasil hizo todas las reformas que debía hacer y las que faltan están haciéndolas. Hizo la reforma laboral, congeló el gasto público por 20 años, hizo la reforma previsional, esta en tramite la reforma tributaria, desburocratizo el Estado y está haciendo una reforma administrativa para que el empleado público gane por productividad y le resta la estabilidad laboral no por cuestiones ideológicas, sino en base a la producción”.

Consideró que “el problema entre Alberto Fernández y Jair Bolsonaro es ideológico y pasa por no entender que la Justicia es independiente del Ejecutivo en Brasil. Pero la otra diferencia aún mayor es en materia economica, Brasil tiene una macroeconomía y una apertura que la Argentina no puede tener”.

Para Segré este es el principal escollo entre Brasil y Argentina, indicó como ejemplos que “mientras la inflación de octubre debe ser próximo al 5% la de Brasil de todo el año terminará en 3,29%; mientras una Pyme paga una tasa de interés del 90% por descontar un cheque, en Brasil paga una del 5% y bajando; mientras el Riesgo País aquí es del 2286 es de 117. Con ese contexto es muy difícil imaginar comparar la Argentina con Brasil, hoy somos un paracaídas con un formula 1”.

Remarcó que lo de Brasil es “una política de Estado nacida en 1999 con Fernando Henrique Cardozo, donde dice que para que Brasil sea potencia mundial debe apoyar la economía en tres pilares: Superavit fiscal, gastar menos de lo que recaudas; metas por inflación, Banco Central totalmente autónomo y libertad de cambio, el dólar se basa en la oferta y demanda”.

Al pedirle que explique porque el brasileño no piensa en dólares como los argentinos, Segré dijo divertido como anécdota que “cuando nacemos el médico nos muestra a nuestros padres y al dólar y nos dice que cuando tengamos miedo no vamos a ir a refugiarnos a la casa de nuestros padres, sino que vamos a comprar dólares”.

Ya serio, explicó que para lograr que el argentino no piense en dólares, “se necesitan ocho años. Porque ocho años, porque en 5 años deben equilibrar la macroeconomía, no hay milagro en economía. No se puede pensar que de una inflación del 60% al año va a ser del 10%, no existe eso”.

“De a poco hay que colocar las variables en orden. En ese intermedio se generan dos condiciones. Una debe lograrse mayores exportaciones, hay muy pocas empresas exportadoras, en el país hoy son el 0,55% de las empresas existentes, unas 4500 empresas de 814.000 existentes. Esto genera superavit comercial, es oferta de dólares”, dijo.

“A partir del cuarto o quinto año que la macroeconomía está bien y las empresas empezaron a exportar se generan las inversiones genuinas del exterior y eso es oferta de dólares”, remarcó.

Afirmó que “el dólar es como un tomate, cuando vos tenés más dólares/tomates que la gente que quiere comprar, el precio baja. Cuando vos tenés más gente que quiere comprar tomates y desde el Gobierno te dice que no podes comprar tomates, la gente va a comprarlos en el mercado por izquierda. Eso pasa con el dólar”.

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La pesada herencia

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Poco después de las 9 de la mañana del lunes, el teléfono de Oscar Herrera Ahuad recibió la llamada. Era Alberto Fernández, felicitando al mandatario misionero por el aporte de votos de Misiones al Frente de Todos y ratificar que después del 10 de diciembre, se iniciará un Gobierno con decisiones tomadas en estrecho vínculo con los gobernadores.

El detalle de Alberto es un contraste con el final del gobierno de Mauricio Macri, que lo encuentra en una dura disputa con más de la mitad de los gobernadores por un manotazo a los recursos federales para financiar su campaña electoral desde las PASO. El gobernador Hugo Passalacqua firmó el viernes una nueva intimación para que el saliente cumpla con una orden de la Corte. 

A decir verdad, nadie confía en que haya una solución al conflicto: las provincias reclaman más de 45 mil millones de pesos. La Nación sólo reconoció 2.500 millones por la eliminación del IVA y los cambios en Ganancias y Monotributo, que rigieron por casi un mes, desde la derrota hasta el fallo de la Corte.

El llamado de Alberto, sin embargo, augura nuevos vientos en la relación federal. Y para Misiones, eso es una buena noticia. Ya decía Passalacqua: “Alberto tiene la oportunidad de ser uno de los grandes presidentes federales de la historia”. 

Y Alberto está ante esa oportunidad. Venció, como se esperaba, de forma contundente y en primera vuelta, con el flujo de votos de las primarias, intacto. Pero la elección del domingo también marcó un sorpresivo crecimiento de Macri, que culminó con un porcentaje cercano al 40 por ciento.

¿Qué pasó en el medio? ¿Cómo es que un Gobierno con una imagen negativa cercana al 70 por ciento se despide con 40 por ciento de los votos? Ahí estará una de las claves del nuevo tiempo. 

La sociedad decidió sin ambages cambiar al Gobierno del cambio y convertir a Macri en el primer presidente argentino que no puede lograr su reelección. Pero al mismo tiempo, marcó un límite al triunfalismo. 

No parece ser un antiperonismo del siglo XXI, sino desconfianza con lo que representa el regreso triunfal de Fernández, Cristina, la flamante vicepresidenta y gestora intelectual de la victoria opositora. 

Fue ella la que en la mañana de un sábado de mayo declinó su propia candidatura en manos de Alberto, hasta entonces el gran componedor de los fragmentos del peronismo dividido. Fue ella la que impulsó a Axel Kicillof a la candidatura a gobernador de Buenos Aires, para enfrentar a la cándida María Eugenia Vidal. El resultado confirma que acertó en pleno. 

Pero en paralelo, abroqueló a quienes la rechazan por su estilo confrontativo demonizado por todos los medios de comunicación afines al Gobierno y que genera simpatías y, en igual medida, rechazos. 

De todos modos, parece haberse suavizado. Ya no es aquella que protagonizaba largos monólogos en cadena nacional, sino que se muestra mesurada y con un protagonismo secundario más dedicado a la construcción necesaria en el Senado.

Los votos que recuperó Macri fueron los que perdió Roberto Lavagna -medio millón- y el resto de los candidatos opositores, que en las primarias habían tenido escaso protagonismo, pero que, sumados, le dieron aire al jefe de Estado para frenar el aluvión kirchnerista.

Es decir, el Gobierno electo tiene un núcleo duro, cercano al cincuenta por ciento, Macri tiene un respaldo cercano al 30 por ciento (su promedio histórico) y el resto, se reparte entre otras expresiones políticas. 

No hay espacio para un regreso del viejo kirchnerismo, sino que el Frente de Todos debe ser de todos y superarlo para solidificar la nueva construcción. Y he aquí una diferencia sustancial con Cambiemos, aglutinado únicamente en función de estar en contra del kirchnerismo. Si el futuro Gobierno logra amalgamar intereses, desarmará uno de los pilares de la alianza opositora. 

En ese escenario deberá gobernar Alberto, sabiendo que una buena parte de la sociedad, debe ser reconquistada. 

La paridad en el Congreso también marca un nuevo escenario. El poder de las urnas no será suficiente para surfear los coletazos de la profunda crisis que recibirá como herencia el nuevo Presidente. 

Habrá que tener paciencia y saber negociar con los espacios más pequeños, pero no menos representativos. El bloque misionerista, ahí tiene otro punto a favor en el Senado, donde siguen Maurice Closs y Maggie Solari, y en Diputados, pese a que en la práctica, las urnas marcaron una disminución en el número de representaciones.

En Misiones la fórmula de Alberto y Cristina Fernández obtuvo 417.164 votos, contra 244.583 de Mauricio Macri y Miguel Pichetto.

Curiosamente, el frente ganador, en la categoría diputados, fue el que menos votos sumó desde las PASO: 5510. La alianza Cambiemos aumentó su caudal en 57.680, mientras que la Renovación mejoró en 42.695.

En cambio, en la categoría presidente, Alberto Fernández sumó 56.896 votos desde agosto, mientras que Macri, con su plaza del #SíSePuede en Posadas, aumentó 75.793 votos desde las Primarias.

El Frente de Todos se llevó dos bancas que se integrarán al bloque mayoritario, la alianza Cambiemos retuvo una y el Frente Renovador la última. Así, el bloque misionerista quedará conformado en Diputados por Ricardo Wellbach, Flavia Morales y Diego Sartori, Cristina Britez seguirá en el Frente de Todos, junto a Héctor “Cacho” Bárbaro y Alfredo Schiavoni se sumará a la ahora oposición de Cambiemos, donde lo espera el radical Luis Pastori.  

¿Cuál será la actitud de los futuros diputados opositores para con Misiones? Pastori sostiene una retórica beligerante para con el Gobierno provincial, potenciado por la bilis de la derrota. Schiavoni es más conciliador, pero dependerá de lo que le ordene su conducción política. Britez y Bárbaro aparecen más cercanos y con ideas afines al Gobierno provincial, aunque mantienen diferencias. 

Ahora bien, con esa paridad parlamentaria, ¿de cuánto será el poder de fuego de Fernández? ¿qué tipo de oposición hará la alianza Cambiemos? 

Los primeros movimientos muestran a Fernández sólido en la idea de reactivar la economía como primera medida para salir de la parálisis que combina caída con inflación. La renegociación de la deuda es una prioridad, pero no parece estar al tope del ránking, aunque será una condición necesaria para redirigir los recursos hacia las áreas con más necesidades: la educación, la salud y la creación de empleo. 

Del otro lado, Macri logró fortalecerse derechizando su mensaje y sus aliados. Hubo un voto de clase entre sus apoyos y el todavía Presidente parece moverse cómodo en ese espacio. ¿Pero será el líder pos diciembre? ¿Le disputarán la conducción la derrotada Vidal, Horacio Rodríguez Larreta? ¿Qué rol ocupará el radicalismo en el tiempo nuevo de la alianza? Todos cuestionan la conducción de Macri y especialmente de su alter ego, Marcos Peña. Pero una cosa el sometimiento al poder, otra ser condescendiente desde el llano. 

Por más que en Cambiemos festejen (¿?) la derrota por el crecimiento desde las PASO, lo cierto es que los que hace celebraban el “no vuelven más”, cayeron en el primer desafío serio, después de haber ganado con amplitud las elecciones legislativas de medio término. 

¿A qué atribuir la derrota? Sin dudas, la economía ha sido el talón de Aquiles de una gestión que empeoró todos los índices dejados por Cristina y generó problemas que no estaban entre los centrales, como el sobreendeudamiento, la pobreza y el desempleo. La inflación, que iba a ser fácil de domar, termina siendo la misma que la acumulada por Cristina… en ocho años. “La inflación es la demostración de tu incapacidad para gobernar”, canchereaba Macri cuando todavía no había asumido. Los números no lo desmienten. La promesa de pobreza cero terminó en un doloroso 40 por ciento de pobres. Los números, en este caso, demuestran la magnitud de su fracaso: “Por la meta que quiero que se me juzgue es si pude o no reducir la pobreza”, sugería en 2017. Hoy hay más de 16 millones de pobres y uno de cada 2 chicos menores de 14 años viven en la pobreza.  

El 40 por ciento que respaldó a Macri lo hizo más por rechazo a lo otro que por conformidad con el presente. No hay sector de la economía, salvo la agricultura, que tenga indicadores positivos. Y el mapa de sus respaldos lo ratifica: la franja media del país, donde la soja y los granos son la principal actividad y un bastión propio, como Capital Federal. En el resto del país, perdió por bastante margen. 

Conquistar esa franja media será un desafío para Fernández. En el resto del país, los indicadores son un drama, pero al mismo tiempo, un punto a favor: cualquier cambio para arriba, será un enorme triunfo en este contexto depresivo. 

Macri abandona el poder con todos los problemas que cuestionaba cuando estaba en la oposición: superinflación, suba de precios descontrolada y hasta un megacepo para frenar la compra de dólares que deja en ridículo al que dejó Axel Kicillof. En 2015 se podían comprar hasta 2000 dólares por mes y era un escándalo. Ahora es de apenas 200 dólares y de US$50 el adelanto con tarjeta de crédito en el exterior. 

El control cambiario no es, en sí mismo, un problema, sino una herramienta necesaria para proteger a la economía. Pero el propio Presidente cuando llegó al poder se encargó de desmantelar todas las barreras para la fuga de divisas. “El cepo es un invento nefasto de este Gobierno“, cuestionaba Macri antes de asumir. 

El dólar estaba 9,84 y el blue, 14,55 pesos por dólar. Hoy está 65 y el blue, diez pesos más caro. La suba del dólar fue de, 560%, bastante más que la propia inflación, que también es récord, con un acumulado de 290 por ciento y dos años seguidos por encima del 50 por ciento.

Ahora bien ¿le preocupa al Presidente su propia pesada herencia? Parece no estar muy molesto por el resultado económico que lo expulsó del poder. 

Insiste, aún el domingo de la derrota, en que el camino que transitó es el correcto. Y antes de despedirse, deja nuevos tarifazos, como el 5 por ciento de las naftas aplicado el viernes, las prepagas, el pan y los alimentos. 

La inflación de los últimos tres meses llegará a un altísimo quince por ciento en medio de un llamativo descontrol y una economía que no da señales de vida. El Presidente, mientras tanto, por estas horas descansa en Chapadmalal. 

Fernández, en cambio, no tuvo un minuto de relax después de las elecciones. Reuniones varias para comenzar a definir la transición y el nuevo gabinete, viaje a Tucumán para la asunción de Juan Manzur y encuentros varios con empresarios para comenzar a dar señales de reactivación. Ya hubo un par de anuncios de inversiones y de empresas que prometieron volver a producir con la esperanza de que el mercado interno sea nuevamente el motor de la recuperación. 

Fernández también marcó territorio en los vínculos regionales. Reunión con Mujica, felicitaciones al Evo reelecto en Bolivia y diplomacia dura con otros presidentes.

El desplante de Jair Bolsonaro quedó minimizado ante el llamado de Donald Trump, quien lo felicitó y le confirmó una recepción en la Casa Blanca, con “orden estricta” al FMI de ponerse a disposición del nuevo Gobierno. 

Pero Fernández primero viajó a México, a reunirse con Andrés Manuel López Obrador, el socialdemócrata quien, ante un Mercosur fracturado por la extrema derechización de Bolsonaro, puede ser un socio vital para las necesidades de la Argentina. Del Mercosur no habrá que esperar demasiado, aunque seguramente las bravuconadas de Bolsonaro no pasarán de eso.

Hará bien el nuevo Presidente en enfocarse en el problema interno antes que intentar acercar posiciones irreconciliables. Las urgencias son muchas y la pesada herencia, difícil de resolver.

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Sin tiempo para la euforia

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Las elecciones del domingo dejan múltiples lecturas y la primera es que no hay lugar para la euforia de los vencedores ni para la desazón de los derrotados. La sociedad marcó con sabiduría un nuevo escenario, garantizando un triunfo, pero con un límite preciso. No hubo victoria aplastante ni distancias siderales entre uno y otro. 

Alberto Fernández ganó, como se esperaba, en una primera vuelta sin sobresaltos. 47 por ciento de los votos sirvieron para sortear la posibilidad de un ballotage y empezar, desde ya, a ser el que tome las decisiones, incluso antes de asumir formalmente el 10 de diciembre. No tendrá tarea sencilla. La economía está destruida y la caja vacía, como lo demuestra la desesperada reimplantación del cepo al dólar, una de las pocas banderas que Macri no quería arriar, pero terminó cediendo. Dato no menor. Cristina dejó el poder con un cepo en dos mil dólares por mes. Macri dejará el poder con uno de 200 dólares al mes. Se retrocedieron cuatro años de casilleros para arribar a un peor resultado, con el agravante de que ahora el país está sobreendeudado y a duras penas puede pagar las cuentas a fin de mes. María Eugenia Vidal, la gran derrotada del domingo, es la primera que mostró la bandera blanca con los acreedores, al no poder pagar vencimientos de deuda tomada con el propio Banco Provincia de Buenos Aires. La Argentina deberá tomar el mismo camino en breve, de la mano del nuevo Presidente.

Un nuevo Presidente al que no se le puede demandar soluciones mágicas, pero que tendrá poco tiempo para poder concertar el descalabro. Las demandas son urgentes y cada una tiene altísima prioridad: reactivación económica, desempleo, pobreza e inflación, en un cóctel que puede estallar con cualquier chispa. Pero al mismo tiempo, tiene a su favor que cualquier indicador que mejore levemente, será un triunfo en comparación con los últimos dos años de la gestión de Macri, durante los que todo fue en retroceso. Las promesas de Cambiemos fueron un fiasco. De pobreza cero a una pobreza del 40 por ciento. De la lluvia de inversiones a cientos de industrias cerradas y un tendal de desempleados que duele de a miles. De la inflación será lo más fácil de resolver a una suba de precios que duplica la herencia recibida, con dos años consecutivos por encima del 50 por ciento.

¿Entonces, cómo se explica que Macri haya sacado 1,9 millones de votos más que en la lejana primera vuelta de 2015? ¿Cómo se entiende que haya obtenido 2.272.120 votos más que en las Primarias de agosto? Ahí radica el punto neurálgico que definirá el futuro político de la Argentina cercana. Aún con inmensos problemas económicos, la sociedad, un 40 por ciento de la sociedad, acompaña la idea de una política supuestamente ascética, aunque sus resultados no se corroboren en la realidad. Ese dato debe ser tenido en cuenta por Fernández, aunque en su prédica insista en que es con Todos. Hay un sector grande de la sociedad que se siente incluido en ese “todos”, un sentimiento de aversión que traspasa clases sociales. No se puede caer en el reduccionismo de que se trata solo de antiperonismo. Va más allá. ¿Es antikirchnerismo? ¿Es anticristinismo?

La vicepresidenta electa ha dado muestras de aprendizaje y sabiduría. Quienes la cuestionaban en su soberbia o falta de olfato para elegir sucesores, ahora tienen que rendirse ante la evidencia. Fue ella quien eligió a Alberto y fue ella quien impulsó a Axel Kicillof a pelear la gobernación de Buenos Aires. Ambos son los protagonistas del nuevo tiempo que la tendrá como actriz secundaria, aunque seguramente no en un rol irrelevante. Hilando fino, Kicillof es el hombre central del nuevo tiempo. Sin su triunfo, el balotaje casi que hubiera sido inevitable. Aunque no creció en comparación con las primarias, tampoco lo hizo Vidal y la provincia de Buenos Aires, se sabe, es la madre de las batallas políticas. 

Pero volvamos a los números. En las generales de 2015, el Frente para la Victoria había sacado 9338490 votos, con Daniel Scioli como candidato. Sergio Massa se llevaba otros 5386977. Sumaban 14,7 millones. Ahora, juntos en un mismo espacio, acumulan casi 12,5 millones. ¿Dónde quedaron los demás votos? Cambiemos había sacado en la primera vuelta de hace cuatro años 8.601.131 votos y ahora obtiene 10.470.607. Se va con más votos de los que entró. Y dos millones más que en las primarias de agosto. 

Uno suma, el otro resta. Ahí hay un voto duro. Macri es el primer presidente que se presenta y no logra ser reelecto. Pero al mismo tiempo, en un pésimo contexto económico, retiene su caudal y consolida su espacio. 

Roberto Lavagna no estaba en 2015 y ahora se colocó como tercera fuerza. Su presencia puede explicar que le haya quitado votos al Frente de Todos, con el que está simbólicamente más cercano. Sin embargo, la fuga de votos que sufrió desde las PASO, parece haber beneficiado directamente a Macri. Obtuvo en agosto 2.081.315 y ahora 1.586.601 votos. La misma ecuación se puede hacer con las fuerzas menores, como la izquierda, el liberalismo o el partido antiabortos. Los votos que se les fugaron no fueron a parar, casi nada, a Alberto, ya que apenas sumó 139.816‬ desde las primarias. 

Al mismo tiempo, si se retrocede cuatro años, Macri suma seis puntos respecto a la primera vuelta de 2015 y Alberto Fernández crece 12, en comparación con Scioli. 

Es decir, la sociedad votó decididamente por cambiar de Presidente -vaya paradoja-, pero al mismo tiempo forjó en Macri el referente de una oposición dura. Las primeras señales dadas por Alberto y Macri hablan de una transición ordenada. Dependerá de ellos que sea una relación sana. Toda la sociedad está mirando. Las demandas son muchas y el tiempo corre.

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