Lucas Doronuk

Docente, divulgador e investigador en proceso

El dragón vuela hacia Oriente

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China, Rusia e India, inmensas potencias mundiales tuvieron su gran cumbre, en la cual se trazó el rumbo de una política compartida en donde la contra-hegemonía está a la orden del día. El gran antagonista de los gigantes de Oriente tiene un nombre: Estados Unidos.

Putin y Xi Jinping, cara a cara 

Una nueva edición de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái se realizó esta semana en Uzbekistán y tuvo un encuentro sumamente esperado, en términos geopolíticos: Rusia y China tuvieron su cumbre de máximos mandatarios. El “príncipe rojo”, Xi Jinping y el “zar del siglo XXI”, Vladimir Putin se hicieron tiempo de ponerse al día y de planificar estrategias conjuntas a futuro. 

El tema principal del encuentro entre ambos líderes fueron los focos bélicos que involucran a sus banderas. Por un lado, Ucrania y por el otro Taiwán, sin embargo, el caso de la contraofensiva de Kiev fue un tópico en cuestión. La voz de Xi Jinping fue clave, sobre todo el análisis de los dichos del jefe del Presídium del Partido Comunista Chino. La postura de Pekín es concreta: no hay un apoyo público absoluto hacia la incursión bélica de Rusia sobre Ucrania. Sin embargo, Xi entiende las causas por las cuales se está llevando adelante dicha conflagración. 

El punto en común entre Rusia y China es que el primero avanzó militarmente en Ucrania por ver amenazada su soberanía a partir de la creciente influencia occidental de Kiev. Dicha premisa se explica en los intentos del país de Volodimir Zelenski de ingresar a la Unión Europea, como así también tener tutela de Estados Unidos y el cobijo de la OTAN. Asimismo, Xi Jinping entiende que la extensión de esta guerra no sería tan beneficiosa a la larga, entendiendo las consecuencias que pueden generar en la economía global, de la cual Pekín tiene gran parte del dominio. 

Sin embargo, la gran cantidad de complicaciones en Europa y Estados Unidos, sumado a la gran espalda financiera de China, pareciera ser que no es algo que disgusta en demasía a Xi Jinping, aunque la misión es clara: en paz, se pueden dominar los mercados. 

En la cuestión ucraniana, el máximo mandatario chino ve un espejo cerca de su territorio: Taiwán. La relación irresoluta con Taipéi goza de un carácter histórico y con problemáticas estructurales que los asiáticos deben zanjar. Aunque si hay un punto en común con el conflicto Rusia – Ucrania: la sensación de inseguridad e influencia occidental. Claro está el resultado con el diario del lunes, y básicamente se comprende a partir de la presencia estadounidense en suelo taiwanés. La amenaza es real y efectiva, Xi Jinping lo sabe y es por esta estrecha cercanía con su par ruso. 

India pacifista 

El primer ministro indio, Narenda Modi estuvo presente en Uzbekistán en la cumbre de la OCS 2022 y dio su veredicto. El subcontinente indio, en representación política, no ve a la guerra con buenos ojos, a tal punto que el planteo que le hizo Modi a Putin fue de recomponer relaciones con Rusia a partir de la utilización de herramientas diplomáticas, democráticas y apelando al diálogo. Esta postura de la India se explicita más por la cuestión económica que por cuestiones territoriales, además de ser un país que, evidentemente, le marcó la cancha a Rusia y fue una de las voces más esperadas. Aquí hay un punto que hay que saber leer entrelíneas, Rusia es el tema de debate, pero la voz de mando está en China y en India, los grandes hitos políticos de oriente. 

Paralelamente a la situación medianamente pacifista o conciliadora de India, hay un tema que analizar. Modi no aprueba ni entiende las causas territoriales ni de amenazas externas de Rusia porque India no está atravesando conflictos similares. Pero el tablero puede cambiar si se genera alguna revuelta en Cachemira o en Bangladesh, o sino las relaciones con Pakistán pasan de una fría formalidad a una incipiente conflictividad en el subcontinente indio. En otras palabras, India vive de mieles de estabilidad territorial, pero con una fragilidad que puede cambiar la historia de un momento a otro. 

Un dolor de cabeza para occidente 

Luego del gran encuentro entre Putin y Xi Jinping, sumado a la opinión de India, es evidente que el contrapeso hacia occidente está puesto en marcha. Esta cumbre, además, llega en un momento de gran fragilidad para EE.UU. y Europa. A tal punto que los británicos aún están despidiendo a la reina Isabel II, los europeos continentales continúan padeciendo una abrupta ola de calor con una crisis energética que golpea y fuerte a los bolsillos del viejo continente, y con un invierno que puede ser más duro que lo normal. Estados Unidos, por su parte, se encuentra en un contexto de fragilidad política. Joe Biden no parece ser la figura ideal para un momento como el que está atravesando en este momento. A EE.UU. se le suma una inflación galopante y una disidencia política cada vez más grande, evidenciado por el bipartidismo. Como es lógico, esta cumbre de potencias orientales no es de agrado para Occidente.

¿Y Sudamérica? 

La respuesta más evidente, en esta disputa estratégica y geopolítica, es que el cono sur de América es un escenario económico y simbólico de vital importancia. Los mercados no son de gran interés, no es una zona del mundo con un consumo creciente, salvo el caso de Brasil, sin embargo, el valor que Sudamérica tiene para Rusia, China, India y sus secuaces es de estrategia, plasmado en quitarle un mercado que, históricamente, fue dominado por Estados Unidos. Asimismo, América del Sur fue tomado como el patio trasero de Washington, por lo tanto, tener una presencia oriental de sobremanera es un golpe bajo, que simbólicamente duele en la Casa Blanca. Al mismo tiempo, la influencia económica puede devenir en una influencia política, y con ello, el debilitamiento de las democracias liberales pregonadas por Estados Unidos, y, en ese caso, sería el país de Joe Biden el que se sienta “amenazado” territorialmente. Aunque, en caso de que esto ocurra, será un proceso a largo plazo y Estados Unidos nunca deja escapar la tortuga. 

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Sin la reina ¿puede haber un jaque mate?

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El 8 de septiembre de 2022 va a ser recordado como la fecha en que la monarquía del Reino Unido quedó huérfana, no por falta de “nuevos reyes”, sino por la pérdida de la figura más emblemática del último siglo. La reina ha muerto, y con ella se ha ido un fragmento fundamental de la historia universal. Viva el Rey.

El día después de la reina 

El fallecimiento de la reina Isabell II ha tenido un impacto de envergadura en todo el mundo, pero es lógico que el golpe sea verdaderamente shockeante en Reino Unido. La monarca inglesa del siglo XX tenía 96 años, de los cuales 70 fueron dedicados a la vida política y el manejo de la realeza británica. En su longevo mandato (el más largo de la historia de Reino Unido) fueron 15 primeros ministros quienes pasaron por la “bendición de la reina”, sumando a la reciente premier Liz Truss. Se le cuentan siete Papas y un enorme derrotero de sucesos históricos que ha vivido desde su mandato: Guerra Fría, llegada del hombre a la Luna, Guerra de Malvinas, caída del muro de Berlín, disolución de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, atentado a las Torres Gemelas, pandemia de COVID-19, Guerra Ucrania-Rusia, y un sinfín de líderes y movimientos políticos que emergieron y desaparecieron, mientras ella se mantenía impoluta en su trono. 

Ahora bien, los británicos están comenzando a pensar en cómo seguir luego de la pérdida de la reina, y esto se comprende porque no era simplemente una monarca desinteresada o protocolar. Isabel II fue la figura, que durante 70 años mantuvo la cohesión social al interior de Gran Bretaña. Su figura fue clave en el marco de la gestión de las crisis. 

Ha logrado capitanear, casi a la perfección, el enorme barco que simboliza el ex Imperio Británico. La reina Isabel siempre pujó a favor de los intereses británicos en sus gestiones y opiniones sobre las relaciones con el exterior. Este último punto quizás es el más recordado por los argentinos, entendiendo el penosamente célebre acontecimiento de la Guerra de Malvinas en 1982. Isabel no tomaba decisiones políticas directas, aunque siempre fue fuente de consulta para los premiers británicos. Esa característica le valió una imagen positiva durante 70 años de reinado, entendiendo que los efectos de las decisiones políticas de Reino Unido fueron absorbidos por los mandatarios principales, sean liberales o conservadores. Ellos solamente pasaron por un breve mandato, mientras la reina seguía en el trono. 

Esta pérdida, entendiendo el valor de la figura política de Isabel II, le puede costar caro a Gran Bretaña. Carlos III no tiene el respaldo popular ni la confianza del pueblo británico para llevar adelante la monarquía, sobre todo cuando el margen comparativo se centra sobre su madre. Más allá de esto, se abre un escenario geopolítico verdaderamente complicado para el futuro británico. 

El entramado político de Reino Unido tiene un desafío que involucra una enorme gestión de crisis o gestión del propio disenso. En este momento, el país atraviesa la inflación más alta de los últimos 40 años, en conjunto con huelgas y protestas en diversos sectores laborales. Esta situación económica está empujada por una evidente crisis energética que sacude al viejo continente, a partir de la guerra en Ucrania. 

Este descontento económico se suma al descontento político. Boris Johnson dimitió tras un verdadero escándalo mediático relacionado a las fiestas privadas en Downing Street durante el decreto de la cuarentena estricta entre 2020 y 2021. Esa indignación generalizada de la población británica derivó en una situación de apriete institucional y presión social que tuvieron como resultado el fin del gobierno de Johnson. 

La geopolítica juega su papel también. Este puede ser el puntapié para el debilitamiento del Palacio de Buckingham y de las decisiones tomadas en Londres para el resto del Reino Unido y la Commonwealth. De hecho, Escocia vivirá, el próximo año, un referéndum popular para proclamar su independencia de Gran Bretaña. Paralelamente, el movimiento Sinn Féin toma relevancia en un contexto en donde las “Irlandas” buscan despegarse de Londres, conseguir su reunificación lejos de las decisiones tomadas en Downing Street. Un escenario que se mantuvo ambivalente durante el mandato de Isabel II, pero que casi siempre estuvo bajo control. 

Fuera de la isla británica, los retos vienen a complicar la agenda de Carlos III. Hay dos causas específicas que podrían volver a tomar relevancia: Gibraltar e Islas Malvinas. Estos dos lugares han sido cautivos del afán imperialista de Gran Bretaña y, hasta el día de hoy, son situaciones que se han transformado en banderas en España y Argentina, respectivamente. En el caso de Malvinas, Isabel II fue contundente con una postura en la que, en su mandato, prometía defender a rajatabla la soberanía de los ingleses en las islas usurpadas a Argentina. Si la hipótesis del debilitamiento del poder británico toma vuelo, es probable que estos reclamos se escuchen con mayor concentración en los pasillos de Naciones Unidas. 

El futuro de Gran Bretaña pareciera signado por una guerra que tiene como protagonista al mismísimo Vladimir Putin, una guerra comercial que tiene a una China en ascenso y a Estados Unidos bajo el manto político de un Joe Biden que, aparentemente, no es el líder indicado para este momento de Occidente. A eso hay que sumarle una Europa continental que se encuentra de rodillas ante el cepo energético que impone Rusia, a partir de las sanciones de Bruselas. Las decisiones de Carlos III serán fundamentales, pensando en el rumbo de Reino Unido en conjunto con Liz Truss: otanización, europeización o aislacionismo. 

She’s a killer queen 

La figura de Isabel II ha sido severamente cuestionada en Argentina. Sobre todo, por un tópico nombrado previamente: Guerra de Malvinas. Si bien, la reina Isabel no ha sido la abanderada de tomar decisiones, si ha sido fuente de consenso hacia la política exterior de Margaret Thatcher. Las intenciones imperiales nunca fueron abandonadas por la reina y es algo que el pueblo argentino no olvida. Asimismo, con respecto a la Guerra de Malvinas, Andrés, uno de los hijos de Isabel II, participó de la conflagración. 

La reina Isabel tuvo una distante relación con Argentina, a tal punto que fue uno de los pocos países relativamente en vías de desarrollo que no visitó nunca. Aunque sí existieron figuras trascendentales de la política argentina que visitaron a Isabel II. El primero de ellos fue Arturo Frondizi en 1960. El entonces presidente de la nación fue recibido por la reina en Gran Bretaña, intentando demostrar un dubitativo apoyo a la democracia argentina, cuando existía el fantasma de un golpe de Estado. 

Luego, hubo que esperar hasta 1998 para ver la imagen de Isabel II con un máximo mandatario argentino. Fue Carlos Menem quien viajó hasta tierras británicas para intentar “aliviar” las relaciones bilaterales post Guerra de Malvinas. 

Finalmente, un frío encuentro con Cristina Fernández de Kirchner en 2009, en el marco del G20. Como yapa, Juan Domingo Perón fue invitado a la coronación de Isabel II pero no viajó, aunque si fue enviado una comitiva, encabezada por el vicepresidente argentino, Alberto Teisaire. Esta misión tuvo el objetivo de enviarle una propuesta de Buenos Aires a Londres: la compra de las Islas Malvinas. Claro está, que esta idea no prosperó. 

La gran bestia pop

La figura de Isabel II no se remite estrictamente a lo político, sino que ha sido transformada en una imagen de consumo y representante fiel de la cultura británica, desde la crítica hasta las alabanzas. Canciones emblemáticas como “Her majesty” de The Beatles, “Dreaming of the queen” de Pet Shop Boys, “The queen is dead” de The Smiths y “God save the queen” de Sex Pistols. Esta última quizás es la más icónica, por el hecho de ironizar una frase histórica de la monarquía, hacer una crítica durísima hacia Buckingham y acusar a Isabel II de mantener un “régimen fascista”. Como bonus track, la legendaria banda de hard rock, Motörhead, hizo una versión de God save the queen en donde se veía a una reina un tanto “enfiestada” con el sonido distorsionado del bajo de Lemmy Kilmister. 

Por otro lado, hay enormes figuras del mundo rockanrolero que han sido cercanas a la reina Isabel. Entre ellos, Paul McCartney, Mick Jagger, Ozzy Osbourne y Elton John, entre otros. Muchos de ellos han despedido con emoción a la figura de una reina que cambió el mundo para siempre. 

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Gorbachov, el hombre que terminó con el siglo XX

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El emblemático historiador británico, Eric Hobsbawm, afirmaba que el siglo XX fue un siglo corto. Para el intelectual, el suceso creador de época del siglo pasado fue el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914 y el proceso histórico que le puso fin a una convulsionada época, fue la caída de la Unión Soviética en 1991. Y hay un nombre propio de este momento: Mijaíl Gorbachov.

El día que el mundo recordó a la URSS

El 30 de agosto pasado fue la fecha en que se apagó la última vela que quedaba prendida del festín soviético, y el recuerdo del primer gran Estado socialista que tuvo el mundo. Gorbachov falleció con 91 años, tras acarrear una serie de problemas que aquejaban su salud, sin embargo, su vida fue una de las más importantes de la historia de la humanidad. Esa preponderancia se la hicieron sentir los líderes del mundo que despidieron los restos del último líder soviético. 

Mijaíl Gorbachov gobernó la Unión Soviética, desde diversas categorías de la estructura gubernamental y estatal desde 1985 hasta 1991. Este hombre cortó con la tendencia gerontocrática que tenía la URSS, y el PCUS buscaba, en la figura de Gorbachov, una bocanada de aire que le de una vida más a un deteriorado régimen comunista impartido desde Moscú. Más allá de toda polémica, Gorbachov sí provocó un cambio que ya no tuvo retorno y que marcó el fin de una época, ya que sus reformas fueron claves para estampar el fin de la Guerra Fría. 

Gorbachov, el reformador 

Mijaíl asumió el máximo cargo en la URSS con la promesa de remontar la delicada situación económica que estaba padeciendo el país, como así también, de recuperar gran parte de la confianza de la población soviética. Un ala del politburó pujaba por el hecho de que Gorbachov realice una transición hacia un modelo de economía de libre mercado de manera gradual (al estilo chino), y otro bando apuntaba a una radicalización por completo del cambio de rumbo económico de Moscú. Finalmente, Mijaíl aceleró el proceso y sacó dos reformas trascendentales: la perestroika y las glasnost. La primera consistió en una apertura acelerada hacia la economía de libre mercado. Esta política no fue recibida con malos ojos por la población soviética, pero indudablemente demostró la falta de planificación cambiaria que no pudo evitar el derrumbe de una economía debilitada. 

Con la perestroika, llegaron grandes marcas, dólares y prácticas vanguardistas propias de Occidente

Por otro lado, la glasnost fue la apertura hacia la libertad de expresión, que le permitió a diarios, radios y medios opositores, poder publicar y comunicar sin censura, como así también generando discursos que fueron los que terminaron cimentando el fin del gobierno de Gorbachov. La conjunción de dos medidas de ampliación económica y de prensa tuvieron el rebote impensado para el líder soviético. 

Por otra parte, Gorbachov tuvo que danzar con lobos, en materia de política exterior. A un imperante cambio económico, social y cultural, se le sumó un fracaso militar que no pudieron soportar los soviéticos. 

La derrota de la URSS en Afganistán fue un determinante que generó mucho descontento en el seno de la población soviética, desde ambos bandos: lo repudiaron quienes estaban en contra de la guerra y lo repudiaron quienes estaban a favor, pero se vieron decepcionados por una derrota vergonzosa. Afganistán fue el Vietnam de la Unión Soviética. 

En esta coyuntura internacional, Gorbachov tuvo que poner sus ojos en los “primos” de la Guerra Fría. 

Mientras se descomponía el modelo soviético, el modelo estadounidense no pasaba por un gran momento económico, pero de la mano de Ronald Reagan y la implantación del neoliberalismo, Estados Unidos tomó fuerza y más influencia en términos de política externa, quienes con una batalla propagandística que involucraba el arte, la industria y las casas de comidas rápidas, le “coparon la parada” a la Unión Soviética. 

Como si fuera poco, Gorbachov tuvo que soportar, políticamente hablando, uno de los momentos más emblemáticos de la historia mundial. En el año 1989, el muro de Berlín fue derrumbado, y con él se comenzó a resquebrajar el mundo bipolar. Alemania fue noticia en todo el mundo, miles de personas volvieron a abrazar sus afectos y familiares que fueron separados por un muro, y con esta situación, Gorbachov tuvo que hacer frente a un contexto insostenible. El fin de la Unión Soviética estaba a la vuelta de la esquina. 

De 1989 a 1991, la URSS soportó un clima intenso a nivel de política interna, con figuras opositoras que ya hablaban del fin del comunismo, y con ello también el incipiente proceso independentista de algunas repúblicas que formaban parte de la Unión Soviética. 

Finalmente, el 25 de diciembre de 1991, media hora después del discurso de renuncia de Mijaíl Gorbachov, la bandera soviética con el martillo y la hoz, fue arriada por última vez en el Kremlin. Un día después, el 26 de diciembre de 1991, se declaró la disolución de la Unión Soviética, que ahora quiere recuperar esplendor de la mano de Vladimir Putin.

Gorbachov, una “estrella pop” 

“Mi héroe es la gran bestia pop” dice una canción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y pareciera ser que, en materia histórica, el último líder soviético se transformó en eso. Luego de su renuncia y la caída del gigante comunista, Mijaíl Gorbachov participó en un comercial de Pizza Hut, una de las franquicias norteamericanas más grandes de fast food que se encuentran diseminadas en el mundo. Asimismo, el último presidente del Sóviet Supremo tuvo una breve participación en el videojuego Street Fighter II e inclusive una recordada y cómica aparición en Los Simpson, donde Gorbachov le acercaba un regalo a George Bush (padre), pero lo encontró al expresidente estadounidense peleando con Homero Simpson. 

Inclusive, Mijaíl recibió el premio Nobel de la Paz en el año 1990. Pero, ¿qué motiva a esa afición por Gorbachov? Indudablemente, para Occidente, su figura simboliza el fin de ese “demonio” llamado comunismo. Gorbachov es la cara del fin de un modelo que puso en jaque y en discusión al capitalismo y al modo de vida occidental. Gorbachov tuvo una imagen política positiva en Occidente porque representaba al político comunista flexible, aquel que podía cambiar de idea, aquel que fue acaparado por las ideas del libre mercado, aquel que podía dar el brazo a torcer. Gorbachov fue querido en Occidente porque su modelo político fracasó y él fue “corrompido”, caso contrario al de Fidel Castro, quién se mostró inquebrantable hasta el día de su muerte. Con Gorbachov, se fue el último bastión de una época que cambió la historia de la humanidad para siempre. 

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ComPol 2022, una usina de ideas

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En pleno barrio de La Boca y durante dos intensas jornadas, se llevó adelante la Maratón ComPol 2022, un espacio donde la comunicación política y los actores directos, tuvieron un arduo tratamiento de profesionales en la materia, como así también momentos de reflexión. Precisamente, esta décima edición tuvo lugar el 25 y 26 de agosto en la Usina del Arte (CABA), contando con la presencia de todas las provincias argentinas y con 21 disertantes.

¿Gobierno o ciudadano?

Uno de los tantos aspectos abordados, se centró en los agentes que deben ocupar un lugar activo en el rol de la comunicación política, entendiendo la utilidad de esta herramienta, como así también la condición indivisible de ambos conceptos. De esta forma, el planteo principal es poder dilucidar el actor al cual está destinado el mensaje de la comunicación política y su contenido. En el transcurso de estas dos jornadas, una de las hipótesis mayormente compartidas por el panel expositor giró en torno a la premisa que es el ciudadano el que debe ser partícipe de los mensajes políticos, rompiendo el esquema tradicional que tiene al funcionario en el centro de escena. Asimismo, este cambio de paradigma está fuertemente solventado por el contenido del mensaje. Por consiguiente, no sólo el ciudadano es el partícipe del mensaje, sino que él mismo busca generar interés informativo, a modo de servicio y con un impacto visual y sonoro que provoca un dinamismo propio de los tiempos que corren. 

El plato fuerte estuvo a cargo de Mario Riorda, quien, con un contundente mensaje, puso sobre la mesa, la importancia de un cambio en la matriz de comunicación política, poniendo al mensaje y al ciudadano en el eje, entendiendo el manejo del riesgo como uno de los conceptos principales, en consonancia con Karen Sanders. De esta forma, y bajo el slogan “Gober – mente”, Riorda propuso una situación de quiebre en la comunicación política quien, con un fragmento de una nota a Michael Foucault al principio, llamó a la reflexión en la práctica.

El lenguaje de las redes sociales 

En el marco de una comunicación política acorde a lo que se abordó en la décima edición de la ComPol, uno de los temas más importantes es el canal por el cual se transmite el mensaje. Si bien, la televisión sigue teniendo gran parte de la audiencia, cierto es que las redes sociales pisan muy fuerte a la hora de sectorizar el público al que se apunta. En ese sentido, el dinamismo del que previamente se ha hablado fue explicitado desde la necesidad de generar un contenido adecuado al modo de consumo en redes sociales, como Instagram, Twitter y Facebook. 

“¿Do you speak B.A.S.I.C?” es el nombre de la ponencia de Eugenie Richard, quien con un manejo pedagógico evidente dio una perspectiva acerca de la comunicación en redes sociales y la importancia de su correcto uso. Lo propio hicieron Carlos Maiolatesi y Marisa Haedo, a la hora de referirse a la importancia del branding y las marcas en la comunicación política. En este aspecto, cuestiones relacionadas a la simplificación del mensaje han cobrado vital importancia.

La comunicación del futuro

Una de las tantas situaciones planteadas, miran hacia la política llevada de aquí en adelante, y con ello, una comunicación acorde a estos tiempos y, sobre todo, espacios. Palabras como “big data”, “blockchain” o “metaverso”, se apoderaron de los espacios de la discusión de cómo comunicar políticamente. Pensando en la sectorización del público al que se busca apuntar, la utilización de datos resulta como una clave para poder despejar el camino hacia una correcta campaña electoral, por ejemplo. En este último punto, también hubo lugar para discutir acerca de la invisibilización de la mujer a la hora de comprender sus datos para trazar políticas públicas acordes a dicho grupo humano. La situación del manejo de datos pareciera ser algo ya conocido por la política tradicional que busca aggiornarse a los nuevos tiempos, y el blockchain está estrechamente relacionado al mundo de las criptomonedas, lo cual también hace que sea una palabra más familiar, pero lo que llamó verdaderamente la atención es la comunicación política en el metaverso. Este espacio que se expresa como una idea en desarrollo, plantea la creación de un mundo virtual en donde los seres humanos se desenvuelven. Si bien, el metaverso ya existe en algunos videojuegos mediante los avatares, Facebook o Meta está trabajando en el suyo. La cuestión futurista lleva a pensar en un horizonte lejano a la comunicación política en este ámbito habitado principalmente por jóvenes, lo cual lleva a anticiparse a este avasallante ritmo de avance tecnológico. 

Argentina en la ComPol

No faltaron análisis acerca de la situación actual de los últimos años de nuestro país, en materia de comunicación y política. De esta forma, varios disertantes como Damián Fernández Pedemonte, Gustavo Córdoba y Facundo Nejamkis tuvieron un eje comparativo interesante, entre los modelos kirchneristas y macristas. La comparación fue inevitable, la comunicación política de Néstor y Cristina Kirchner, de Mauricio Macri y de Alberto Fernández fueron de los temas que mayor interés levantó en el público, tal vez por la cercanía o lejanía política con cada cuadro, como así también impulsado por ser una situación que interpela a todos los ciudadanos. Desde el mensaje cuasi – colectivista de Néstor Kirchner, la postura frentista de Cristina Fernández de Kirchner, el individualismo de Mauricio Macri y el día a día e improvisación de Alberto Fernández significó uno de los momentos de más tangibles y de mayor profundidad analítica, con una puesta en escena de datos e investigaciones que solventaron los argumentos de los expositores. 

Las figuras en la comunicación política 

Omar Rincón fue, indudablemente, el encargado de ponerle una pizca de humor a la ComPol 2022. Fiel a su estilo, el ensayista y docente propuso una visión acerca de la construcción de la imagen y el mensaje de los políticos a nivel global, con una picardía cercana al stand-up que provocó, en varios momentos, sonrisas, risas y aplausos del público. Es así, que Rincón propuso que hay presidentes que son como telenovelas, ya que siempre buscan salvar al país de un villano del pasado, por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador en México. En su corolario no faltaron las series, con personajes políticos que mediante la opinión del colectivo imaginario se le dotó de una gran imagen positiva, más allá de sus proyectos o mitos políticos, tal es el ejemplo del expresidente uruguayo, “Pepe” Mujica. Por otro lado, aparecen los superhéroes, caracterizados por ser políticos que buscan salvar al mundo, sin importar los medios, y generando un consenso sin grises en sus países, como la gestión Donald Trump en Estados Unidos. Finalmente, según el ensayista, hay personajes políticos que no son ni telenovelas, ni series, ni superhéroes, sino que, ante la evidente falta de una comunicación política correcta, terminaron siendo memes, tomando como caso a la gestión de Iván Duque en Colombia.

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Brasil não tem fim

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Las elecciones presidenciales brasileñas están a la vuelta de la esquina, y los ánimos y humores políticos y sociales comienzan a manifestarse con mayor crudeza. Justamente, la recta final ya está siendo transitada, y una danza de nombres pesados pululan en Brasil: Jair Bolsonaro, Lula Da Silva, Dilma Rousseff, Michel Temer. Tensión, discusiones, polémicas, vaivenes judiciales y encuestas forman parte de este carnaval político que, en Brasil, no tiene fin.

 La reunión menos esperada

Casi como si fuese una situación protocolar, el vecino país brasileño celebró la asunción de nuevos jueces en el Tribunal Supremo Electoral, pero lo que era difícil imaginar que suceda, y terminó teniendo lugar, fue el mayor encuentro de la disonancia ideológica en Brasil. En un mismo recinto, y bajo esta actividad, Bolsonaro, Lula, Rousseff y Temer, compartieron espacio. Un momento de supina tensión, de miradas de reojo, de comentarios por lo bajo, y, sobre todo, fue una escena casi dantesca, en donde la divergencia de la sociedad brasileña se vio explicitada. 

La situación fue digna de una escena de serie y película, sobre todo por las miradas, las caras largas y la evidente incomodidad de los titanes políticos de Brasil. Ante esto, es fácil de dilucidar la disparidad ideológica y hasta moral entre Jair Bolsonaro y Lula Da Silva, pero más profundo e inclusive, más polémica fue la presencia de Rousseff y Temer. Este último fue quien la traicionó a Dilma, entendiendo que él oficiaba de vicepresidente de ella cuando tomó la iniciativa de pasarse a la oposición, apoyando el fatídico golpe de Estado en Brasil, conocido como Lava Jato. Esto sucedió en 2016, siendo también un momento cúlmine para la expansión de la guerra judicial o “lawfare”, una situación en la que, mediante causas judiciales a medias, sumadas a un omnipresente trabajo de los medios de comunicación hegemónicos, lograron derrocar gobiernos, perseguir políticos y encarcelar funcionarios, siendo el mismísimo Lula Da Silva, una de las víctimas. 

Lula – Bolsonaro, nuevo round 

Tras un aluvión de dilemas políticos, el actual presidente y el expresidente de Brasil vuelven a verse cara a cara. Dos expositores de la dualidad ideológica brasileña que se abrieron paso a una nueva oficialización de la campaña electoral. Por un lado, Jair Bolsonaro, apelando a los valores relacionados con la derecha y los sectores más conservadores de Brasil, con los conceptos de “Dios, patria y familia”, y apelando al voto religioso, lo cual también lo lleva a mantener un discurso relacionado al evangelismo político. Paralelamente, el actual presente brasileño apela a un fuerte incentivo económico hacia los sectores populares, entendido como una inyección monetaria de 8.000 millones de dólares, que serán propiciados mediante pagos mensuales para más de 18 millones de familias de Brasil, hasta el 31 de diciembre. La receta bolsonarista es clásica, apela a cierta mejoría o parche económico, en conjunto de un cóctel de discursos, debates y DNU de carácter moral, apelando al sentir más profundo de los sectores reaccionarios. 

Lula Da Silva encabeza todas las encuestas preelectorales, en el marco de la intención de voto. Dichas proyecciones demuestran, a priori, una superioridad para el líder del Partido de los Trabajadores, la cual podría plasmarse en la primera vuelta. Sin embargo, el expresidente no la tiene fácil. Hoy por hoy, el bolsonarismo ha logrado captar una gran cantidad de votos que, previamente, hubiesen sido depositados en Lula. Esto se explica por la baja de precios en combustibles, energía y alimentos, encuadrado en el fenómeno de deflación que vive Brasil. Asimismo, Lula Da Silva cuenta con el voto de su partido y de gran parte de la izquierda, más allá de las disidencias a grandes rasgos. Lula apela, también, a recobrar la proyección de políticas sociales a largo plazo, inclusivas y elaboradas desde el Estado nacional. Sus conceptos más claros son “tierra, techo y trabajo”.

Más allá de esto, hay otros nombres, otros personajes, otros actores políticos en estas elecciones, los cuales pueden jugar un papel fundamental. La izquierda más presente podrá “quitarle” votos a Lula y la derecha más moderada puede “quitarle” votos a Bolsonaro. 

¿Qué te pasa Jair, estás nervioso?

En la última semana, el presidente brasileño ha demostrado inquietud y descontento ante la pérdida de popularidad. Ante esto, Jair Bolsonaro ha tenido una desconexión con las Fuerzas de Seguridad, ya que la cúpula de la Policía de Brasil pidió que el Supremo Tribunal de Justicia elabore un procesamiento del actual presidente. Esta situación tiene como argumento, que Bolsonaro promovió, desde el 2020, una desinformación constante acerca del COVID – 19. Esto guarda estrecha relación con las “fake news” y las constantes críticas infundadas de Bolsonaro sobre situaciones médicas y científicas, anteponiendo creencias y opiniones. Jair, el presidente, fue y es un ferviente detractor contra el uso de barbijo, el distanciamiento social y las vacunas contra el coronavirus. Un disparate que lo llevó a tener una de las situaciones sanitarias mas delicadas del mundo durante la pandemia. A esta última situación hay que sumarle que, durante esa asunción de jueces al Tribunal Supremo Electoral en donde se vieron las caras el actual presidente, Lula, Rousseff y Temer, uno de los jueces nuevos es Alexandre de Moraes, quien justamente investiga a Bolsonaro por su constante desconfianza en el sistema electoral y las urnas electrónicas. 

Por otro lado, el polémico Jair, no tuvo una mejor idea que trenzarse en un forcejeo filmado contra un simple influencer brasileño. Esto sucedió fuera del Palacio de la Alvorada, en donde un hombre muy activo en redes sociales, filmó en su celular una pregunta que incomodó al presidente. Básicamente, Leao (el influencer), cuestionó que Bolsonaro se acercó a la coalición política criticada por corrupción en Brasil, denominada “centrao”. El influencer fue golpeado por un guardaespaldas, pero logró levantarse y tratar al presidente brasileño de “vago”. Esto enfureció a Bolsonaro, quien forcejeó y casi terminó esta escena en golpes de puño. Una microhistoria de Relatos Salvajes.

Ahora bien, pareciera ser que este nerviosismo con el que se está manejando Bolsonaro, podría ser un síntoma de incomodidad política, ante la posición secundaria en gran parte de las encuestas, y un posible retorno de Lula Da Silva. Lo cierto es que Bolsonaro siempre picaresco, irónico y hasta provocador, pero quizás hoy se encuentre arrinconado por un contexto interno y externo que es más proclive al retorno de los progresismos en la región, y esa misma situación se traslada al humor social de la población, en donde las manifestaciones, huelgas, protestas, peleas, e inclusive los “choques” en redes sociales son cada vez más evidentes y, cada vez se intensifican más. ¿Bolsonaro será capaz de revertir su imagen o Lula Da Silva será, nuevamente, el mandamás brasileño? Los próximos meses lo dirán.

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