El dragón vuela hacia Oriente

China, Rusia e India, inmensas potencias mundiales tuvieron su gran cumbre, en la cual se trazó el rumbo de una política compartida en donde la contra-hegemonía está a la orden del día. El gran antagonista de los gigantes de Oriente tiene un nombre: Estados Unidos.

Putin y Xi Jinping, cara a cara 

Una nueva edición de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái se realizó esta semana en Uzbekistán y tuvo un encuentro sumamente esperado, en términos geopolíticos: Rusia y China tuvieron su cumbre de máximos mandatarios. El “príncipe rojo”, Xi Jinping y el “zar del siglo XXI”, Vladimir Putin se hicieron tiempo de ponerse al día y de planificar estrategias conjuntas a futuro. 

El tema principal del encuentro entre ambos líderes fueron los focos bélicos que involucran a sus banderas. Por un lado, Ucrania y por el otro Taiwán, sin embargo, el caso de la contraofensiva de Kiev fue un tópico en cuestión. La voz de Xi Jinping fue clave, sobre todo el análisis de los dichos del jefe del Presídium del Partido Comunista Chino. La postura de Pekín es concreta: no hay un apoyo público absoluto hacia la incursión bélica de Rusia sobre Ucrania. Sin embargo, Xi entiende las causas por las cuales se está llevando adelante dicha conflagración. 

El punto en común entre Rusia y China es que el primero avanzó militarmente en Ucrania por ver amenazada su soberanía a partir de la creciente influencia occidental de Kiev. Dicha premisa se explica en los intentos del país de Volodimir Zelenski de ingresar a la Unión Europea, como así también tener tutela de Estados Unidos y el cobijo de la OTAN. Asimismo, Xi Jinping entiende que la extensión de esta guerra no sería tan beneficiosa a la larga, entendiendo las consecuencias que pueden generar en la economía global, de la cual Pekín tiene gran parte del dominio. 

Sin embargo, la gran cantidad de complicaciones en Europa y Estados Unidos, sumado a la gran espalda financiera de China, pareciera ser que no es algo que disgusta en demasía a Xi Jinping, aunque la misión es clara: en paz, se pueden dominar los mercados. 

En la cuestión ucraniana, el máximo mandatario chino ve un espejo cerca de su territorio: Taiwán. La relación irresoluta con Taipéi goza de un carácter histórico y con problemáticas estructurales que los asiáticos deben zanjar. Aunque si hay un punto en común con el conflicto Rusia – Ucrania: la sensación de inseguridad e influencia occidental. Claro está el resultado con el diario del lunes, y básicamente se comprende a partir de la presencia estadounidense en suelo taiwanés. La amenaza es real y efectiva, Xi Jinping lo sabe y es por esta estrecha cercanía con su par ruso. 

India pacifista 

El primer ministro indio, Narenda Modi estuvo presente en Uzbekistán en la cumbre de la OCS 2022 y dio su veredicto. El subcontinente indio, en representación política, no ve a la guerra con buenos ojos, a tal punto que el planteo que le hizo Modi a Putin fue de recomponer relaciones con Rusia a partir de la utilización de herramientas diplomáticas, democráticas y apelando al diálogo. Esta postura de la India se explicita más por la cuestión económica que por cuestiones territoriales, además de ser un país que, evidentemente, le marcó la cancha a Rusia y fue una de las voces más esperadas. Aquí hay un punto que hay que saber leer entrelíneas, Rusia es el tema de debate, pero la voz de mando está en China y en India, los grandes hitos políticos de oriente. 

Paralelamente a la situación medianamente pacifista o conciliadora de India, hay un tema que analizar. Modi no aprueba ni entiende las causas territoriales ni de amenazas externas de Rusia porque India no está atravesando conflictos similares. Pero el tablero puede cambiar si se genera alguna revuelta en Cachemira o en Bangladesh, o sino las relaciones con Pakistán pasan de una fría formalidad a una incipiente conflictividad en el subcontinente indio. En otras palabras, India vive de mieles de estabilidad territorial, pero con una fragilidad que puede cambiar la historia de un momento a otro. 

Un dolor de cabeza para occidente 

Luego del gran encuentro entre Putin y Xi Jinping, sumado a la opinión de India, es evidente que el contrapeso hacia occidente está puesto en marcha. Esta cumbre, además, llega en un momento de gran fragilidad para EE.UU. y Europa. A tal punto que los británicos aún están despidiendo a la reina Isabel II, los europeos continentales continúan padeciendo una abrupta ola de calor con una crisis energética que golpea y fuerte a los bolsillos del viejo continente, y con un invierno que puede ser más duro que lo normal. Estados Unidos, por su parte, se encuentra en un contexto de fragilidad política. Joe Biden no parece ser la figura ideal para un momento como el que está atravesando en este momento. A EE.UU. se le suma una inflación galopante y una disidencia política cada vez más grande, evidenciado por el bipartidismo. Como es lógico, esta cumbre de potencias orientales no es de agrado para Occidente.

¿Y Sudamérica? 

La respuesta más evidente, en esta disputa estratégica y geopolítica, es que el cono sur de América es un escenario económico y simbólico de vital importancia. Los mercados no son de gran interés, no es una zona del mundo con un consumo creciente, salvo el caso de Brasil, sin embargo, el valor que Sudamérica tiene para Rusia, China, India y sus secuaces es de estrategia, plasmado en quitarle un mercado que, históricamente, fue dominado por Estados Unidos. Asimismo, América del Sur fue tomado como el patio trasero de Washington, por lo tanto, tener una presencia oriental de sobremanera es un golpe bajo, que simbólicamente duele en la Casa Blanca. Al mismo tiempo, la influencia económica puede devenir en una influencia política, y con ello, el debilitamiento de las democracias liberales pregonadas por Estados Unidos, y, en ese caso, sería el país de Joe Biden el que se sienta “amenazado” territorialmente. Aunque, en caso de que esto ocurra, será un proceso a largo plazo y Estados Unidos nunca deja escapar la tortuga. 

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