COLUMNISTAS

Rescisión de contrato por impericia

Compartí esta noticia !

Se contrata a alguien para manejar un establecimiento importante, el cual incluye viviendas y sectores sociales de sus propietarios, además de sus talleres industriales, sus huertas, sus campos y sus diversas actividades.
El contrato, renovable, tiene una vigencia de cuatro años.
Si el administrador miente a diario, destruye cuanto puede con notoria malicia, dificulta y frena las producciones, hace buenas migas con usureros con los que endeuda al importante establecimiento cuya administración se le confió.
Si se burla de la propia gente que lo contrató, y de la que se opuso a contratarlo.
Incluso un poco bajo cuerda (aunque es tan burdo, que no lo puede disimular), está haciendo infames acuerdos para transferir a manos extrañas partes importantes de la extensa propiedad de quienes lo contrataron, y también está incurriendo en acuerdos infames con unos delincuentes que usurpan parte importante y muy querida de la propiedad del establecimiento.
Llegó al cargo con masivos engaños, para lo cual contrató a embaucadores profesionales, y tuvo respaldo de usureros que roban con guantes blancos (pero ensangrentados) a muchos establecimientos que se dejaron engañar por prestamistas y otros delincuentes financieros.
Peor aun, este administrador, pretende manejar a los que lo nombraron, como sus siervos, o directamente como esclavos descartables.
¡Y algunos muy confusos o muy inocentes o muy mal informados, dicen que “hay que respetar el contrato, y mantenerlo en el cargo hasta el final”!
¿Mantendría en el cargo a un administrador que destroza todo, se burla de todos, vive mintiendo, se esta enriqueciendo (más todavía), a costa del establecimiento que administra y de sus administrados, e incluso manosea y viola la dignidad de todos sus administrados, que en realidad son sus jefes ante los cuales debería rendir cuentas?
Toda similitud con algún caso de la realidad, no es casualidad.

Compartí esta noticia !

Marine Le Pen, pragmática

Compartí esta noticia !

El mes pasado, la líder del Frente Nacional (FN) Marine Le Pen aseguró que ella no permitirá que ciudadanos franceses tengan doble nacionalidad de países no europeos y agregó que “Israel no es un país europeo y no se considera a sí mismo como uno”. Ergo, si ella se hace con la presidencia y honra esta advertencia, aquellos judíos franceses que tengan también nacionalidad israelí deberán renunciar a la segunda si anhelan preservar la primera, caso contrario tendrían estatus de residentes foráneos sin derecho a voto en su propio país. La semana previa había dicho al canal 2 de la televisión israelí que los judíos de Francia no deberían usar un solideo (kipá) sobre sus cabezas en público como parte de su compromiso nacional de prohibir símbolos religiosos.
 
Estas dos declaraciones sucesivas resuenan con el pasado antisemita y la cultura xenófoba del Frente Nacional, comenzando por su génesis misma en manos del fundador (y padre de Marine), Jean-Marie Le Pen, un notorio negador del Holocausto para quien los campos de concentración nazis fueron “un detalle” en la historia de la Segunda Guerra Mundial. Debe reconocerse, sin embargo, la distancia que la actual líder ha buscado poner entre el partido y sus remanentes fascistas, que alcanzó su clímax cuando Marine expulsó a su propio padre de las filas partidarias por minimizar públicamente los estragos de la ocupación nazi de Francia. Llamativamente, también ha prometido ser “el mejor escudo para los judíos” si llegara al poder.
 
Estas posturas antagónicas se pueden explicar mediante el simple pragmatismo político. El verdadero objetivo del Frente Nacional no son el casi medio millón de judíos que viven en Francia, sino los más de cinco millones de musulmanes que los rodean. Las políticas de prohibir vestimentas y símbolos religiosos apuntan claramente al islam (pensemos en el debate acerca del velo y la burkini), en tanto que la restricción de la doble ciudadanía es indudablemente una medida contra los inmigrantes musulmanes de países árabes, musulmanes y africanos que han estado presionando las fronteras europeas. Pero si el FN fuera a identificar inequívocamente a la comunidad islámica como la fuente de su preocupación y objeto de sus medidas, recibiría acusaciones de manifiesta discriminación. Al incluir a otra minoría religiosa el FN busca evitar etiquetas de islamofobia.
 
Le Pen lo admitió sin vueltas años atrás en la televisión local: “Los solideos judíos no son obviamente un problema en nuestro país”, dijo, pero opinó que Francia tiene que prohibirlos “en nombre de la igualdad”. Y también: “¿Qué diría la gente si yo sólo hubiera pedido la prohibición del atuendo musulmán?”. Así, los judíos quedan envueltos en su política contra el islam en Francia.
 
A pesar de su celo laicista, Marine Le Pen nunca ha bregado por vedar cruces en Francia pues, como ha dicho coloridamente, “la religión católica no tiene símbolos conspicuos”. Y, a pesar de su patriotismo, convenientemente eximió a Rusia de la regla de la doble nacionalidad, alegando que es parte de la “Europa de las naciones”.
 
Así, esta astuta política resguarda el núcleo duro de sus partidarios católicos y protege la alianza ideológica que la une con la Rusia de Vladimir Putin. Los judíos son otra historia. Los puede ofender. No está en esa comunidad la fuente de sus votos.

Compartí esta noticia !

Pelear por la igualdad o festejar las diferencias

Compartí esta noticia !
El próximo 8 de marzo, en muchos países se festejará el día internacional de la mujer. Creo que es muy poco lo que puedo agregar al respecto, hoy en día la información abunda en internet y seguramente otros artículos escritos por personas de mayor calibre literario hablaran sobre la historia de este día y el camino que recorrimos las mujeres para llegar hasta el voto, el acceso a la educación y otros derivados de la libertad y la dignidad.
 
Lo que si voy a compartir es una idea que me ha puesto a reflexionar. Las mujeres siempre hemos luchado por la igualdad. Lo escuchamos en discursos, se escucha en las calles, en los movimientos de todos los colores, Sin embargo, quizá la palabra “Igualdad” usada en nuestro afán de sintetizar una idea, ha dejado de lado algo importante. Los hombres y las mujeres no somos iguales. El biólogo chileno Humberto Maturana dijo “El amor es aceptar al otro como un legítimo otro” la aparición de la mujer en la política, en la ciencia, en la educación y en todas las áreas de la actividad humana, no sería un aporte desde la igualdad. Justamente lo contrario. La mujer es un observador diferente de la realidad y en eso consiste la riqueza de su aporte a la sociedad.
 
Es triste ver a muchas mujeres en áreas de poder o en posiciones de decisión, que han subordinado su mirada para equipararla a la de los hombres. En muchos casos es una condición, no expresada verbalmente para ocupar dicho cargo, porque aún son los hombres, o mujeres que se han subordinado a ellos, los que eligen que tipo de mujer ocupara una u otra posición de liderazgo.
 
Ponderar a las mujeres por sobre los hombres o a los hombres sobre las mujeres es una idea que comparte la misma raíz. No podemos esclavizar a un igual, para servirnos de alguien debemos quitarle parte de su humanidad, diferenciarnos, decir no somos iguales. Incluso la ciencia en su momento apoyaba la idea de que una persona de color o una mujer, era menos inteligente que un blanco. En una época de oscuridad, la religión argumentaba que el negro no tenía alma y que por la mujer había entrado el pecado al mundo. Entonces las mujeres, comenzamos a pelear por nuestra igualdad olvidando quizá que nuestra riqueza y el mayor aporte que podemos ofrecer radica justamente en la singularidad de nuestro género o sea en nuestra desigualdad.
 
Volver a lo femenino, aportar nuestra mirada, luchar por que nos acepten como un legítimo otro, es a mi entender el desafío más grande.
 
Las mujeres todavía rendimos examen para ser elegidas por los hombres, tenemos que ser iguales a ellos para ocupar puestos de poder, debemos ser manejables, y esconder nuestras diferencias. Cuando en las diferencias esta nuestra riqueza.
 
Quizá ha llegado la hora de luchar por un cambio cultural y pedir que no solo acepten que somos diferentes, sino que acepten el desafío de festejarnuestras diferencias. Única manera en que la mujer podrá ser un agente pleno de trasformación social.
Compartí esta noticia !

Las nuevas estrellas del poder

Compartí esta noticia !

Los desafíos para comprender este mundo posmoderno nos inducen a estudiar una y otra vez las consecuencias de nuestras interacciones sociales. Entender cómo se desenvuelven las mutaciones del “poder” en la sociedad nos ayudará a comprender nuestras acciones del presente.

El término poder proviene del latín possum que significa ser capaz o ser potente para lograr la posesión o dominio de un objeto o como el desarrollo colectivo de modos de actuar, sentir y pensar. Todos los individuos poseen poder y está en cada uno de nosotros ceder total o parcialmente esa fuerza para constituir soberanía política, por ejemplo.

Para analizar brevemente la volatilidad de nuestras interacciones y pensamientos sociales tomaremos como eje central la mirada sobre el poder de nuestro querido pensador francés, Michel Foucault. Él se definió como un historiador de las ideas, ideas que reflejan la historia del poder en todas sus manifestaciones: dominante, fundadora de discursos, garante del orden, aterrorizante, fascinante, inmovilizadora, entre otras.  

Todos conocemos cuales son las características del mundo posmoderno, y si no conociéramos teóricamente algunos detalles sobre ella, todos practicamos sus bases interaccionistas que se vinculan con nuestro propio mundo. La mirada va hacia las formas de dominio del hombre sobre el hombre en la cual se refleja el paradigma de una época en particular; donde el paradigma se esfuerza por identificar aquellas cosas que podemos conocer y sobre aquellas cosas que debemos saber. Claramente la vida que llevamos ahora no es la misma que hace 30 o 40 años y bajo esta coyuntura se resaltan nuevos mecanismos del poder, que ya habían sido analizadas por Foucault en el siglo pasado.

El concepto que me interesa rescatar hoy se enfoca en la idea de que el poder no es una recarga que goza de una quietud permanente de una clase dominante, de una institución o de una persona en particular, sino que el poder representa una simple estrategia. Son tiempos de un poder dinámico que da cuenta una sustancia corrosiva que atenta sobre las dominaciones institucionalizadas.

La comodidad de algunos poderes con los cuales lidiamos constantemente queda endeble frente a las capacidades diseminadas de ejercer resistencia o de ejercer llanamente potestad sobre alguien. Solamente con un teléfono móvil somos capaces de tambalear los más complejos entramados sociales del status quo o capaces de instalar un pensamiento social que habitaba en las sombras hasta ese momento. La influencia de saberes y pensamientos cambia las configuraciones constantemente y anula reglas de juego para mutar hacia otras.

Por el solo hecho de pertenecer a una sociedad tenemos la potestad real de influir directamente en un reclamo salarial, una interpelación a un alto funcionario o un Presidente, una protesta de violencia de género, la manifestación de un fenómeno social o torcer la opinión pública de un momento a otro.

Cuando debemos medir de alguna forma el poder o queremos visualizarlo en alguna relación concreta primero tenemos que ejercer el poder. Cuando miramos una relación de poder, vemos el poder en plena acción, en cualquier relación, no solamente un poder político o el poder concentrado. Donde existe una forma de poder también se ejerce una resistencia, esto hace que el poder no se ejerza de forma unilateral, sino que vivimos en un mundo donde hay una relación de fuerzas múltiples. El dinamismo del poder actual se logra en el pleno ejercicio del mismo y no bajo una posesión de mera dominación tradicional.

El poder se encuentra en los capilares de la sociedad, no se debe a una relación de arriba hacia abajo o utilizando solamente los mecanismos de represión e ideología, sino que hoy los mecanismos son absolutamente más creativos y estratégicos. Los tiempos fugaces del posmodernismo hicieron que las mutaciones del poder se simbolicen como luces intermitentes que cambian de lentes según el fenómeno. Ahora hay nuevos protagonistas y por lo tanto, nuevas formas de actuar y de pensar.

Siguiendo las líneas argumentativas de Foucault hoy estaríamos frente a un nuevo paradigma que ya no basa su estrategia en las sociedades disciplinarias donde algunos dispositivos han mutado producto de la era digital. Vivimos en sociedades de control donde el poder de los capilares sociales no se rige más por la disciplina sino por influencias más silenciosas como el consumo y la seducción.

Hoy muchos pensamientos individuales son públicos, nuestros consumos están abarrotados en alguna empresa con tarjetas de puntos, nuestras formas de actuar son moldeadas de acuerdo a nuestras cuentas bancarias y nuestras resistencias suelen ser contenidas por un orden institucional. Somos controlados debido al poder que tenemos guardado, latente, y que podemos ejercer en cualquier momento. Hoy debemos estar más controlados que nunca porque en cualquier momento la olla a presión de la cocina social se puede desprender, pero no olvidemos que cada uno lo puede usar a su manera. Todos los individuos tenemos la potestad de jugar nuestras cartas cuando consideremos oportuno, cuando la estrategia del poder sea necesaria.

El legado de Michel está más vivo que nunca, quien luchó toda su vida por reencontrar formas individuales o colectivas de poder que sean la apertura a nuevas dimensiones de realización, hoy vemos resurgir nuevos papeles protagónicos. El posmodernismo demuestra una época capaz de graficar la actitud crítica de los individuos en base a sus fundamentos y formas más románticas de ejercer el poder. Siendo cuestionadores del orden existente y observando las prácticas de los nuevos paradigmas de turnos vamos a ser capaces de mutar los significantes tan poderosos de los cuales muchas veces nos quejamos sin entender que son parte de un sometimiento aceptado por nosotros,  las nuevas estrellas.

Compartí esta noticia !

El derecho al empleo es un derecho humano esencial

Compartí esta noticia !

Vivimos un momento de una grave y cruel hipocresía estatal. Por un lado se dice que se quiere eliminar la pobreza, pero los actuales funcionarios gubernamentales nacionales se oponen, en general, a los planes sociales, porque entienden que es populismo deficitario y poco a poco hay que acabar con ellos y por el otro lado, no se generan nuevos empleos, ni se preservan los que existen. Cuantas veces se sostiene, irresponsablemente, que los pobres se llenan de hijos para cobrar el subsidio. Y todos los días, se asiste al cierre de fuentes de trabajo privadas y públicas, y se lo justifica como daños colaterales de una política económica que se ocupa de beneficiar a los poderosos y que ahorra dinero público para pagar deudas externas usurarias. O sea, con ese criterio tramposo se manifiesta que los planes sociales generan vagos, mientras no se garantiza que se logre tener trabajo. Así, pareciera que la única fórmula para eliminar a la pobreza es matando físicamente a los pobres, como lo está haciendo sutilmente la droga con el “Paco”, porque las otras salidas en dignidad, no aparecen como objetivos serios en los que se esté trabajando concreta y eficazmente. Eso sí, para prevenir la desesperación de los excluidos, el Estado se ocupa muy bien de invertir en armas y policías y quiere detenerlos y encarcelarlos cada vez más niños.

 

Me gustaría ser esclavo

            Hace un tiempo, en encontraba en un local de “Caritas” y una persona se me arrimó y me dijo, Ud. sabe que “me gustaría ser esclavo”. “¿Cómo es eso le pregunté?”. A lo que me contestó, “claro, si fuera esclavo tendría un valor de comercialización y por lo tanto, alguien se ocuparía de darme de comer, cuidaría mi salud y me ofrecería un techo. Lamentablemente ahora que soy un desempleado, si bien soy libre y no esclavo, nadie me asegura un trabajo para poder obtener comida, salud y techo para mí y mi familia”. Esta sensación de desamparo resulta desesperante y la misma sociedad la hace sentir peor, agregándole una carga moral, cuando se dice “ese no trabaja porque es vago”.

Vagos

            La historia demuestra como los poderosos han instrumentado el concepto de vago y desempleado según sus intereses.

            El 18 de abril de 1822, Martín Rodríguez promulgó un decreto que regulaba sobre los vagos y malentretenidos. Esta norma permitía apresar y enviar al servicio militar, por el doble de tiempo del enrolamiento voluntario, a los que se tuviera como vagos. El decreto autorizaba al Juez de Paz arrestar a quienes no demostraran que tenían trabajo. La “papeleta de conchabo” era fundamental tenerla, sin embargo dicha constancia patronal no daba derecho a estabilidad laboral, ni sueldo digno, ni otros beneficios sociales, ni vacaciones pagas, sólo servía para que el portador no sea arrestado como vago y enviado a los fortines, ya que tenía un patrón bajo cuyas órdenes trabajaba y le daba el conchabo. La lógica era que había que agradecer al que lo explotaba laboralmente porque de esa manera el Estado no lo castigaba.

            El ocioso o vago eran vistos como personas que atentaban contra el orden moral de la sociedad y ponían en peligro la paz y la unión del país. El estereotipo de ello que se combatía era, especialmente, “el gaucho”, para dolor de nuestra historia y ser nacional.

            Esta costumbre legal injusta e hipócrita se prolongó, de acuerdo a las necesidades de quienes detentaban el poder, durante todo el siglo XIX y hasta casi la mitad del siglo XX en Argentina.

            De esta forma, el Estado se aseguró hombres para el ejército y los pudientes tenían de esta forma mano de obra barata para sus emprendimientos, garantizada por el Estado. Todo ello, en una verdadera encerrona legal perversa a los más débiles.

 

Derecho humano ignorado

            La moraleja es triste, ya que cuando a algunos les convenía, no se podía aceptar que alguien no tuviera trabajo y podía ser arrestado por considerarlo vago. Ahora, los mismos que se aprovecharon del trabajo exigido a los que llamaban vagos, se desinteresan de ellos y no se ocupan, adecuadamente, que se puedan dignificar con empleos dignos, para ganar su pan.

            El artículo 23, de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que tiene jerarquía constitucional en Argentina, indica que “toda persona tiene derecho al trabajo… y a la protección contra el desempleo”.

            Lamentablemente, la política actual no parece concentrada en la protección de las fuentes de trabajo, con políticas contra el desempleo, cada día se despiden más empleados del estado y se cierran fábricas o se reduce personal y tampoco se asegura el derecho a tener trabajo.

            Resulta fundamental reflexionar sobre estos dos objetivos básicos, para poder construir, seriamente, una sociedad justa para todos. Tenemos que trabajar para hombres y mujeres libres y que no anhelen la esclavitud, porque ello sería un grave fracaso para la humanidad.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin