EL MUNDO

De tormentas y sequía: historias de pérdidas y daños entre los q’eqchi’ de Guatemala

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Escribe Elsa Coronado / Inter Press Service – Guatemala se encuentra en la lista de las naciones en riesgo elevado ante eventos climáticos extremos. En Panzós, Alta Verapaz, un municipio de población maya q’eqchi’ en donde lo rutinario es la pobreza, llevan cuatro años con pérdidas y daños en sus cultivos debido a las lluvias extremas. Este año también les afectó la sequía. 

El 18 de junio de 2024, mientras el centro y el sur de Guatemala atravesaban un estado de alerta por el impacto de las primeras y tardías lluvias del año, en Panzós, un municipio al noroeste del país, apenas cayó una llovizna.

El cielo estaba gris, pero lo que más se sentía era un vapor que hacía hervir la piel a fuego lento. Algunas personas se atreven a predecir que esta sensación de calor sin evidente sol “es señal de que la lluvia va a venir con mucha fuerza”. 

En esta localidad del departamento de Alta Verapaz hablar del estado del tiempo no es un asunto trivial. El clima determina los tiempos de siembra y eso es útil para las poblaciones agrícolas como Panzós.

Pero desde 2020 el calendario climático está descontrolado. Llueve cuando nadie se lo espera y las precipitaciones son abundantes en cortos periodos de tiempo. A esto hay que sumar las sequías, que también afectan las cosechas. Este 2024, por ejemplo, en Panzós se esperaban las primeras lluvias a mediados de mayo, pero solo llovió unos pocos días a inicios de junio. 

Habitantes de los parcelamientos San Vicente I y II, en Guatemala, cruzan el río Polochic por medio de canoas y un ferry. Imagen: Laura Garcia Cordón

Cuatro años de cosechas fallidas de maíz

Esteban Caal, un agricultor de San Vicente 2, un poblado de 47 familias ubicado al borde del río Polochic, tiene la piel tostada de trabajar bajo el sol. Según sus cuentas, en el pasado podían obtener hasta cuatro quintales de maíz blanco por cuerda de tierra (441 metros cuadrados).

En la actualidad, dice, solo logra rescatar en esa misma extensión un quintal, equivalente a 100 kiógramos.

No hay datos técnicos que corroboren esta información.

El Ministerio de Agricultura no realiza mediciones de la producción de maíz de los agricultores de subsistencia, como se les llama a los que siembran, principalmente, para su propio sustento.

La caída de la producción de maíz blanco en Panzós se debe a una mezcla de factores que tienen como elemento principal al cambio climático.

Por un lado, hay aumento de las temperaturas máximas y mínimas diarias, menos lluvia a lo largo del año, pero precipitaciones extremas en cortos periodos de tiempo. Especialmente en los meses de mayo, octubre y noviembre, durante la temporada ciclónica del Atlántico.

El meteorólogo de la Universidad Mariano Gálvez, Paris Rivera, analizó los datos diarios de precipitaciones y temperaturas máximas y mínimas de la estación climática de Panzós a lo largo de 53 años (periodo de 1970 a 2023) y determinó que la temperatura ha ido en aumento desde mediados del periodo evaluado.

Utilizó la herramienta RClimDex, desarrollada por la Organización Meteorológica Mundial y observó que durante varios años, la temperatura máxima ha superado los 40 grados Celsius. En 2023, el año que la Nasa catalogó como el más cálido a nivel mundial, en Panzós llegaron a los 41 grados.

Rivera señala que el aumento de la emisión de gases de efecto invernadero y el cambio del uso de la tierra provocan el calentamiento global.

“El aumento de la temperatura afecta el ciclo hidrológico, alterando la frecuencia y la intensidad de los eventos de precipitación. Esto puede llevar a periodos más prolongados de sequía, así como a eventos de lluvia más intensos, aumentando el riesgo de inundaciones y erosión del suelo”, explica. 

La tierra que trabajan Esteban y sus vecinos de San Vicente 2 y otros poblados cercanos al río está mezclada con arena.

Guillermo Chiquin, habitante de San Vicente II, ha terminado de recoger su cosecha de maíz y la guarda en costales para el invierno. Imagen: Laura Garcia Cordón

Las devastadoras tormentas Eta e Iota, que impactaron al país entre octubre y noviembre de 2020, provocaron lluvias tan elevadas que en sectores como Panzós los ríos se rebalsaron y trasladaron piedras, palos, arena, lodo y otros elementos a tierra firme.

El Polochic es el principal río de Panzós, pero antes de llegar a este punto atraviesa todo el departamento de Alta Verapaz. Es un afluente de 194 kilómetros de longitud que llega hasta el Lago de Izabal, para desembocar en la costa atlántica. 

En 2020, hace casi cuatro años, llovió tanto que la tierra no pudo absorber tanta agua y el cauce del río se desvió hasta anegar varios kilómetros de planicies en donde había cultivos y comunidades.

Cuentan los agricultores que el agua parecía brotar del suelo. Las letrinas colapsaron, los pozos de agua desaparecieron y sus viviendas quedaron sumergidas. 

Cuando dejó de llover, esa mezcla de componentes que arrastró el río se asentó y no hubo poder humano que pudiera removerla. La empresa de palma Naturaceites, de la que dependen pobladores y hasta la alcaldía para desarrollar algunos proyectos, apoyó con la maquinaria para apelmazar la tierra.

”Esto ahora se ve plano, pero antes parecían callejones”, cuenta Guillermo Chiquín, también vecino de San Vicente 2. Él vive ahora sobre una montaña de tierra de más de dos metros de altura que la empresa Naturaceites construyó a lo largo de varios metros para evitar que el río se desborde sobre el pueblo y sus cultivos. 

La familia Chiquin observa el tramo del río desde afuera de su casa, construida sobre una borda levantada por Naturaceites, empresa que siembra palma africana, para frenar el desbordamiento del río. Imagen: Laura Garcia Cordón

La Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (Cepal), reportó que las dos tormentas provocaron pérdidas por reducción en superficie cosechada o activos agropecuarios y que estas totalizaban el 66% de la estimación total en pérdidas a nivel nacional.

La Cepal cuantificó que el monto afectado ascendió a 655 millones de quetzales (alrededor de 84 millones de dólares) en todo el país.

Alta Verapaz, el departamento al que pertenece Panzós, aparece en segundo lugar de los territorios más afectados y cuarto en el orden de los que tuvieron más perjuicios en productividad agropecuaria. 

Esteban asegura que están vivos de milagro, pero las consecuencias de esas tormentas los atormentan casi cuatro años después. 

Aunque la Cepal hizo cálculos sobre las pérdidas y daños, ni el trabajo de la población, ni las donaciones ni los préstamos o fondos estatales alcanzaron para reponer lo afectado o implementar planes para reducir los riesgos. 

Los agricultores de San Vicente 2 y sus vecinos, que se ubican cerca del río, no pudieron sembrar en 2021 porque la tierra estaba dañada y mucho más arenosa.

En 2022 también hubo pérdidas por lluvias extremas. Ese año las tormentas Celia y Julia provocaron que el río se saliera de su cauce y la mayoría de los cultivos se echaron a perder.

Un año después la cosecha también fue baja por las condiciones climáticas y los daños en el área cultivable. La situación se agravó en algunos poblados porque el río Polochic se volvió a desbordar por un fuerte temporal ocurrido en noviembre de ese año. 

En 2024, la crisis que padecieron fue por una sequía que provocó que las matas de milpa no pudieran crecer. La población de Panzós es en extremo vulnerable y depende del maíz para alimentarse.

Antes de las tormentas Eta e Iota ya ocupaban los primeros lugares entre los municipios más pobres del país. De acuerdo al censo nacional de 2018, el 91,1% de la población vive sin servicios básicos como agua entubada, drenajes o energía eléctrica.

En Panzós hay casi 85 000 personas, la mayoría son mayas q’eqchi’. De toda la población, 65 % está en condiciones de pobreza extrema, lo que significa que no pueden proveerse los alimentos necesarios para subsistir. 

Después de las tormentas Eta e Iota, los pobladores que viven cerca del río Polochic dejaron de sembrar dos veces al año. Pocos se arriesgan, porque saben que una lluvia que haga crecer el río puede resultar en la pérdida de toda su inversión y esfuerzo de trabajo.

Albergue construido por cooperación internacional en 2015. Tiene capacidad para refugiar a 40 familias cuando el río Polochic se desborda. Imagen: Laura Garcia Cordón

Las casas de Panzós reflejan la falta de desarrollo

En San Vicente 2 no solo tienen que sembrar en tierras arenosas, también hay familias que viven en lo que quedó de las casas dañadas en 2020 porque no tienen fondos para repararlas o construir una nueva.

La de Margarita Pop es una de ellas. Su casa es un cuarto de tablas y palos de madera con techo de lámina que sobrevivió a las inundaciones, pero la mitad de la estructura está hundida entre tierra y arena. 

En esa habitación hay una cocina a leña, unas camas con tablas y espacios para hamacas en donde duermen los siete integrantes de la familia. En una esquina resguardan los sacos de maíz de la cosecha que utilizan para alimentarse hasta donde alcance. La parte más alta de su casa ahora mide 1,60 metros. En algunas esquinas esa altura se reduce a un metro y medio. 

Panzós es una zona calurosa. En las pequeñas comunidades como San Vicente 2 nadie tiene acceso a energía, por lo tanto no hay quien posea un ventilador. La familia de Margarita prefiere pasar las horas del día fuera del cuarto porque por la baja altura se convierte en un sauna. Y cuando llueve, todo se transforma en un lodazal porque tanto el interior como el exterior son de tierra. 

Lo que sucedió en Panzós en 2020 no es un hecho aislado. En las últimas décadas, las poblaciones más vulnerables del mundo y que menos contribuyen a la contaminación y el calentamiento global sufren las consecuencias de eventos climáticos extremos que están siendo intensificados por la crisis climática.

Cada vez hay más huracanes y tormentas o periodos de sequía prolongados y según el Banco Mundial estos eventos provocan que aumente el número de personas en condiciones de pobreza.

Las hijas de Margarita Pop se mecen en una hamaca dentro de su casa de palos y tablas. Imagen: Laura Garcia Cordón

La plataforma Fews Net, una Red de Sistemas de Alerta Temprana de Hambruna creada por la Agencia Internacional de los Estados Unidos para el Desarrollo (Usaid), y que provee información y análisis sobre inseguridad alimentaria, alertaba en mayo pasado que la situación climática, por falta de lluvias, había perjudicado el inicio de la segunda siembra del año en varias regiones de Guatemala. 

En territorios como Panzós solo siembran cuando llueve. Ese es el sistema tradicional, porque no existen mecanismos como el riego por goteo. Ante la reducción de las cosechas, las mujeres son las encargadas de identificar mecanismos para que los pocos alimentos alcancen para toda la familia y durante varios días.

En algunos hogares, cada persona puede comer tres o cuatro tortillas, y complementan esa dieta con frijol o chile molido. En 2020, cuando escaseó la comida por las lluvias e inundaciones, Tomasa Tení Caal, una mujer de 62 años, mezcló la masa de maíz con plátano machacado. 

Ella vive en San Vicente 1, otra población que no logra levantarse de una seguidilla de pérdidas y daños constantes.

En lengua q’eqchi’ cuenta que, después de sobrevivir a Eta e Iota y a las fuertes tormentas de 2022 y 2023, lo único que quiere es tener una casa elevada, que tenga por lo menos un metro de altura para evitar vivir por semanas entre el agua y poder guardar sus alimentos en un espacio seco. 

Las autoridades de Guatemala no han contemplado este tipo de requerimientos. Después de las tormentas, el aporte institucional en emergencias ha abarcado desembolsos monetarios hasta por 1000 quetzales (132 dólares), bolsas de alimentos, insumos agrícolas y, desde 2023, el pago de un seguro por pérdidas de cultivos, pero la póliza no cubre inundaciones.

En casa de Patricia, su esposo prepara su hogar para las próximas inundaciones. Han colocado el maíz y otras posesiones en alto. Imagen: Laura Garcia Cordón

Un fondo para cubrir las pérdidas y daños

Después de tres décadas de discusiones, en 2022 los países más vulnerables lograron la creación de un fondo de pérdidas y daños, cuya puesta en marcha fue aprobada a fines de 2023, con el fin de que beneficie a las comunidades más vulnerables que están en riesgo por el cambio climático, como ocurre con Panzós.

La aprobación de este fondo ocurrió en el marco de las cumbres climáticas o Conferencias de las Partes (COP) de las Naciones Unidas. Sin embargo, la debilidad es que todavía no tiene suficientes fondos para atender tantas necesidades. 

De acuerdo con las Naciones Unidas, las pérdidas y los daños económicos son todos aquellos a los que se le puede asignar un valor monetario. También se ha clasificado la existencia de pérdidas y daños no económicos por causa de eventos como huracanes o tormentas tropicales. Esto abarca los traumas o el sentimiento de pérdida. 

Patricia Quej Quix, habitante de San Vicente 1, en Panzós, tiene una experiencia personal de pérdidas y daños no económicos.

En 2018 perdió a su hija por causa de una inundación. Estaba embarazada y justo en el noveno mes de gestación llovió tanto que la comunidad se convirtió en una enorme laguna. Cuando esto ocurre la serpenteada y angosta carretera desaparece y ningún vehículo puede ingresar. 

“Caminamos entre el agua con mi esposo”, relata. Su comunidad está a por lo menos cuatro kilómetros del centro municipal, en donde se encuentra el centro de salud.

El evento que describe Patricia parece extraordinario, pero el meteorólogo Paris recuerda que el incremento de la temperatura que se ha verificado en los últimos años se ha convertido en el ingrediente que altera los eventos naturales, como la lluvia. 

Una precipitación por cinco o más días puede tener el poder de destruir y afectar a comunidades enteras.

También hay que tomar en cuenta que Panzós tiene un área boscosa en la sierra y otro sector con planicies en donde la principal vegetación la componen la palma y las zonas para siembra de cultivos.

En esa área se ubica San Vicente 1, donde vive Patricia. La cercanía con el río, la falta de vegetación que funcione como barrera y la alteración del clima forman una combinación peligrosa para las poblaciones. 

Patricia relata que la única manera de salir para obtener ayuda era buscar una balsa al pie del río Polochic. Cuenta que el agua le llegaba al cuello. Ella es una mujer de por lo menos 1,60 metros de altura. Su esposo, Eduardo Laurensen, dice que quizá fue el frío o el miedo lo que hizo que el corazón de su hija se detuviera. 

En el centro de salud le avisaron que su hija no tenía pulso y la trasladaron de emergencia al hospital de La Tinta, a 32 kilómetros de distancia. Tuvo que parir a su hija muerta, se despidió de su cuerpo, pero el recuerdo le provoca un ardor en los ojos y un dolor en el cuerpo que no puede evitar. 

“Yo no quiero que muera otro hijo mío ahí”, dice, mientras ve al más pequeño de sus hijos, un niño juguetón de siete años, y al adolescente que para estudiar segundo básico está obligado a cruzar el río todos los días. A Patricia le da miedo el río Polochic. Y ese miedo es constante. 

En su situación no hay salidas fáciles. Corren peligro si tratan de huir, porque la única forma de ponerse a salvo es cruzar el cauce. Se arriesgan si se quedan, porque deben caminar entre el agua por muchos días hasta que esta baja.

A lo largo del recorrido entre las poblaciones afectadas, las personas repiten que se enferman cuando el río los invade. Hay diarreas y los pies se tornan pálidos y les brotan ronchas que provocan comezón. 

El centro de salud de Panzós reportó que de enero a junio de 2024 atendió a 142 niños y adultos con dermatitis por el calor. Los casos de hongos solo se disparan en temporada lluviosa. Con diarrea tenían a 220 pacientes, a 546 personas con resfriado común y a 29 atendidos por neumonía.

Enrique Xol Botzoc, el enfermero de emergencia y encamamiento, explicó que las enfermedades se potenciaban por la falta de higiene y el consumo de agua inadecuada.

Pero con la sequía, las personas han tenido que usar el agua del río contaminado, incluso con heces fecales, para regar sus plantaciones de maíz y cocinar alimentos.

En época de lluvia, aunque ellos no quieran, el río los invade y colapsa las letrinas e inunda los pozos o abastecimientos de agua limpia que usan para su consumo personal. 

Un mural en la plaza central de Panzós recuerda la masacre de 37 personas que ejecutó el Ejército, por exigir acceso a tierras en 1978. Imagen: Laura Garcia Cordón

El miedo a las futuras inundaciones

En Panzós el miedo a futuras inundaciones ha llegado hasta el área urbana del municipio. A cinco minutos de la alcaldía se encuentra la comunidad La Playa. Se trata de dos hileras de viviendas de madera con techos de lámina que están divididas por una calle de tierra de unos tres metros de ancho. 

El patio de la casa de Julia Xol se convirtió por un momento en el punto de concentración para los representantes de las familias que querían hablar sobre cómo viven el impacto de los fenómenos climáticos.

Aunque en esta parte del país había llovido poco a inicios de junio de 2024, la comunidad estaba preocupada por lo que les depararía la temporada lluviosa. No es un miedo infundado. En noviembre de 2023, La Playa se inundó. 

Julia cuenta que en esa ocasión apenas tuvieron tiempo de meter ropa y documentos importantes en una mochila. Salieron para buscar refugio en un área elevada y permanecieron a la intemperie casi por un mes.

Al unísono, los vecinos de Julia señalan las marcas oscuras en los árboles o la madera de las casas, o colocan la mano a la altura del pecho para indicar a qué nivel les llegó el agua.

Algo inédito en este sector y que ocurrió porque la empresa Naturaceites, que posee plantaciones de palma africana en las planicies de Panzós, decidió construir una barrera de tierra de más de dos metros de altura en algunos tramos del río. Se desconoce si esta barrera se edificó con criterios técnicos. Naturaceites no respondió a un pedido de explicaciones

La empresa de palma es un referente en estas comunidades. Provee empleo temporal, apoya durante emergencias con maquinaria, repara carreteras  y construye bordas. 

“Antes el Polochic no nos afectaba, pero por la inundación ya no entran carros ni motos en esta calle, sino cayucos”, dice Julia con angustia.

Los cayucos son pequeñas embarcaciones que funcionan con un motor improvisado o a fuerza de remo. Los poblados al otro lado del río los usan con frecuencia para cruzar el tramo del Polochic que los divide del centro urbano, o como medio de transporte cuando llueve y las carreteras quedan inundadas. 

Julia teme por su propiedad. “Las bases de nuestra casa se pueden poner suaves y se pueden derrumbar”, dice. No es alarmista, a uno de sus vecinos le sucedió. Un hombre de la tercera edad que vive desde hace siete meses en el salón comunal. Julia explica que viven a la par de un río porque no hay otro lugar por el que puedan pagar. 

Panzós tiene un historial de conflictividad agraria. En el siglo XIX, el gobierno liberal entregó grandes extensiones de tierra a extranjeros y relegó a los habitantes originarios. Durante años, comunidades q’eqchi’ han exigido tierra y ante la falta de respuestas han decidido tomarla. 

En la pequeña plaza central de Panzós hay un mural que recuerda que hace 45 años el Ejército masacró a 37 personas que formaban parte de una multitud que llegó a la municipalidad para pedir acceso a tierras. De manera que Julia y sus vecinos tienen una justificación evidente para vivir tan cerca del peligro. 

Mientras el esposo de Julia trabaja como maestro de educación primaria con un sueldo fijo, una rareza en este territorio, ella y su hijo de 10 años contribuyen a la economía familiar a través de la elaboración de artesanías y la crianza de patos, pollos y cerdos.

En su patio también cultiva árboles frutales, pero la mayor inversión familiar son los cultivos de maíz que tienen en un terreno rentado a un costado del río Polochic. 

Julia vivió días de estrés a mediados de junio, por causa del clima. La escasa lluvia que cayó a inicios del mes alborotó el calor, sus cerdos se enfermaron, el lodo terminó por matar a las plantas de yuca y plátano y su cosecha corría el peligro de inundarse.

Ella sabe que en su comunidad necesitan de la lluvia, pero ella y muchos más desean que el cielo permanezca cerrado unos días más para que las mazorcas se sequen y puedan almacenar el maíz sin riesgo de humedad, vender los animales antes de que enfermen o para no vivir tanto tiempo en medio del agua. 

Mientras su suerte se define, de acuerdo a lo que el clima dicte, sueñan con soluciones o medidas paliativas, como el dragado del río, que implica cavar en sus bases para que sea más profundo y no se rebalse. Una actividad que requiere de una inversión millonaria y que solo se puede ejecutar en temporada seca. Lo único que pueden hacer ahora es esperar y monitorear el río.

Este artículo se elaboró con apoyo de Climate Tracker América Latina.

Elsa Coronado periodista
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Oasis anuncia su regreso tras 15 años separados y las redes sociales explotan

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Los hermanos Gallagher anunciaron la vuelta de Oasis a la música con un misterioso video. Los fanáticos de la banda copan las redes sociales.

Un notición que dejó paralizadas las redes sociales: los hermanos Noel y Liam Gallagher confirmaron oficialmente su reconciliación el reencuentro de Oasis, la banda que marcó una época. Mediante sus cuentas oficiales de Twitter, los músicos publicaron un críptico video que anuncia una importante novedad para el 27 de agosto a las 8:00 am (hora de Londres).Oasis: la espera de 15 años llegó a su fin

En 2009 Oasis, la banda conocida por temas icónicos como Wonderwall y Don’t Look Back in Anger, se disolvió tras una violenta pelea entre los hermanos Gallagher. Desde entonces, el público se quedó esperando una reconciliación que hasta ahora parecía cada vez más lejana, sobre todo con las tensiones públicas entre Liam y Noel. Sin embargo, este 2024 nos trajo sorpresas inesperadas: a través de las redes sociales de Oasis (que posteriormente replicaron ambos hermanos), se publicó un enigmático video de 11 segundos que dejó a los fanáticos al borde de la emoción.

En dicho video se revela una fecha clave: 27 de agosto de 2024, a las 8 am hora británica (4 de la mañana en Argentina). Aunque no dieron muchos detalles, hay mucha especulación al respecto: ¿será un nuevo álbum, un sencillo, o quizás una gira mundial?.Fans de todo el mundo reaccionan

La respuesta de los seguidores no se hizo esperar. En cuestión de minutos, las redes sociales de Oasis, Liam y Noel se inundaron de “me gusta” y comentarios positivos. Lo más llamativo de todo es que el primer adelanto fue compartido por Noel Gallagher, seguido por la cuenta oficial de la banda y finalmente por Liam Gallagher, lo que prueba que los hermanos están coordinados para este regreso y que tienen entre manos algo muy especial.

A pesar de sus constantes diferencias, la unión de los Gallagher fue suficiente para emocionar a millones de personas en todo el mundo. En apenas unas horas, las visualizaciones del video se contaron en millones, demostrando que Oasis sigue tocando las fibras emotivas de mucha gente alrededor del planeta.

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Putin, Ucrania y una guerra contra el tiempo

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Ya pasaron casi dos años y seis meses desde que Vladimir Putin anunció la “operación militar especial” que dio origen al conflicto del cual habla todo el mundo. Desde ese entonces, gran parte de las fuerzas se concentraron en el territorio ucraniano. Con vaivenes, el enfrentamiento fue variando, aunque las últimas semanas le dieron mayor oxígeno a Ucrania. 

Kursk se transformó en la nueva obsesión de Zelenski. Las fuerzas rompieron el umbral del terreno ruso y avanzaron copando cerca de 100 asentamientos. Destrucción de puentes, sedes tomadas, ataque a barcos de petróleo y hasta un asedio aéreo a Moscú son las nuevas jugadas de Ucrania, quien parecía dormida pero nuevamente se puso en juego. 

La siesta rusa 

Parece difícil pensar, hoy en día, tras más de dos años de guerra, que Putin haya bajado la retaguardia a tal punto que las fuerzas ucranianas irrumpieron en su territorio. La guerra entró en una nueva faceta: ruso-ucraniana. Ya no se lleva a cabo sólo en suelo de Ucrania. Esto posibilita ver las nuevas características del conflicto. 

En primer lugar, una guerra en suelo ruso facilita el lanzamiento de drones y misiles hacia objetivos ucranianos, entendiendo la cercanía. Además de ello, Ucrania levantó su moral en una guerra que parecía ser de un desgaste eterno y hoy pelea a destajo en las gélidas tierras del país de Putin. 

El gran interrogante pasa por la falta de reacción del Kremlin. Difícil es creer que un ejército de semejante estirpe no haya podido contener este avance ucraniano y, sobre todo, permitir el asedio a Moscú, el punto más fuerte que tiene Rusia. Quizás a Putin se le están terminando las pilas o quizás, la contraofensiva que se pueda presentar sea letal. 

No sería de extrañar que Putin esté permitiendo la avanzada ucraniana para poder tener la excusa perfecta de arrojar un ataque mortal. 

Las armas nucleares son una opción a contemplar y a tener. Se sabe que Rusia las posee y un solo lanzamiento podría ser devastador para el mundo, aunque está claro que terminaría con toda pretensión de Ucrania. Esa opción hoy está más viva que nunca. 

Siempre que habla Putin, el temor se apodera de la escena, pero, en este caso, el silencio de Putin es aún más terrorífico.

El marketing de guerra 

No sería de extrañar tampoco que Ucrania esté siendo utilizada por sus aliados para ganar espacio en la agenda internacional. Zelenski tuvo que ir de rodillas hasta el Capitolio y la Casa Blanca para pedir que le extiendan los préstamos (impagables) y el financiamiento de la maquinaria bélica. El Senado de Estados Unidos le había dado la cara de manera contundente, pero ahora la cosa parece diferente. 

No es descabellado pensar en que el último trajín de la gestión de Biden le haya abierto los grifos del dinero para esta incursión. ¿Qué ganaría Estados Unidos? Biden podría lavar un poco la cara de su pésima gestión en política exterior y de esta manera, juntar unos “porotitos” para la campaña de Kamala Harris. 

En pocas palabras, si la incursión ucraniana en Kursk sigue teniendo espacio y va ganando terreno hasta noviembre, Biden podría sacar pecho de que “valió la pena” el desequilibrio económico y fiscal de Estados Unidos a expensas de la posible derrota rusa y del crecimiento de la influencia estadounidense en el mundo (como si lo necesitara).

Ucrania, el conejillo de Indias 

Hay una fuerte sensación de que el régimen de Zelenski es, hace tiempo, una especie de laboratorio para Estados Unidos. El ideario de crear una esfera de poder occidental alrededor de Ucrania, en detrimento del poder ruso en Europa del Este. 

Zelenski, sea como sea, sabe que posiblemente se le esté acabando el tiempo. Si Trump gana las elecciones, difícilmente pueda seguir batallando contra Rusia y la rendición sería la única escapatoria. Por ende, “quemar las naves” es la solución que encuentran ahora con un fuerte avance en Kursk.

Lo que aclararon las autoridades de Kiev es que no tienen pretensiones de mantenerse ocupando esos territorios, sino que lo hacen con el fin de que Rusia acepte una salida al conflicto o un plan de paz que también beneficie a Ucrania. 

Putin fue tajante, y aclaró que pacificará la zona si Ucrania acepta ceder los territorios del Donbás a Rusia, sumado a la ya ocupada península de Crimea desde 2014. Para Zelenski no hay otra salida que la recuperación de esos territorios y encontraron en el avance sobre Rusia, la posibilidad de presionar al Kremlin. 

Pero, ¿qué pasa si Estados Unidos deja de financiar a Ucrania? Básicamente, el gobierno de Zelenski se cae a pedazos. Hace mucho tiempo se sabe que este conflicto es lo más parecido a uno de los puntos calientes de la Guerra Fría. Estados Unidos usa a Ucrania para medirse contra Rusia, con el fin de mantener y usurpar la hegemonía del otro. El fin de Zelenski será el fin de la guerra. Si sale victorioso será un héroe, si pierde será condenado.

A fin de cuentas, y volviendo a la actualidad, ¿Ucrania está ganando la guerra? En términos bélicos, está pasando por una remontada y una incursión al estilo ruso en Rusia, casi como darle de tomar de su propia medicina. Sin embargo, el Régimen de Putin continúa controlando parte del Donbás y demostró, a lo largo de estos últimos dos años y medio que tiene capacidad para aguantar un conflicto de larga data. Es cierto, Rusia tiene grandes aliados como China e Irán, pero su tradición bélica sigue marcando el ritmo del conflicto. 

En términos generales, el dominio de la guerra actualmente en manos de Ucrania tiene una fecha de vencimiento. Si Rusia aguanta con lo mínimo y su economía no se resiente, podría esperar a una posible victoria de Trump, lo que sería categórico para Ucrania. La estrategia de Putin estaría centrada en usar la menor fuerza posible y jugar con las expectativas de un cambio en el orden internacional. En caso contrario, Putin deberá sacar a relucir sus armas más letales e inclusive sus aliados en la zona, no es casualidad que haya viajado a Chechenia recientemente. Hoy, la guerra ruso – ucraniana ya no es el sensacionalismo amarillista de los medios cuando comenzó el conflicto. Es un claro juego de ajedrez, donde el retador ucraniano depende de su entrenador estadounidense y, el ruso, fiel a su historia, espera paciente para su jaque mate.

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Peronismo estadounidense: el plan de Kamala para arruinar la economía de Estados Unidos

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Escribe Daniel Lacalle / Mises Institute – Harris promete reducir los precios imprimiendo más dinero, reduciendo la competencia y atacando a las empresas. Bienvenidos a la versión estadounidense del “peronismo” argentino.

Controles de precios, impuestos más altos, intervención gubernamental y subsidios pagados mediante la impresión de una moneda constantemente devaluada.

Estos son los pilares esenciales del “socialismo del siglo XXI” y del peronismo de izquierda radical que arrasó con la Argentina. Estos son también los principales elementos del plan económico presentado por Kamala Harris y el Partido Demócrata. Sin lugar a dudas, este es el plan económico socialista más radical jamás anunciado por los demócratas.

Según el Comité para un Presupuesto Federal Responsable (CRFB, por sus siglas en inglés), las propuestas de Harris costarán 1,95 billones de dólares en 10 años. Sin embargo, enfatiza que si ciertas medidas se vuelven permanentes, esta cifra podría aumentar a 2,25 billones de dólares.

La campaña de Harris ha declarado que estos costos serán compensados por una excusa clásica del socialismo en cualquier elección: “impuestos más altos a las corporaciones y a los que ganan más”. Esto es, obviamente, ridículo, porque no existe una medida de ingresos que cubra el ya inflado déficit anual de 2 billones de dólares y otros 2 billones de dólares. El mantra de “impuestos más altos para los ricos” siempre significa impuestos más altos y más inflación, un impuesto oculto, para ti.

La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) ya advirtió del desastre fiscal de Estados Unidos, con un déficit anual del 6% del PIB. A pesar de no tener en cuenta una recesión y proyectar ingresos fiscales récord de 2024 a 2034, la CBO predice una explosión en el déficit presupuestario de 1,9 billones de dólares a 2,8 billones de dólares para 2034, incluso antes de tener en cuenta el nuevo plan de gastos de Harris. Esto significa que el déficit ajustado superará el 6,9% del PIB en 2034, casi el doble del promedio del 3,7% de los 50 años anteriores.

Siguiendo el plan Harris, la deuda pública de Estados Unidos probablemente aumentará en 24 billones de dólares en una década. Como he explicado, no existe un conjunto de medidas de ingresos que puedan generar 2 billones de dólares al año en ingresos fiscales adicionales, y los aumentos de impuestos dañarán tanto la inversión como el crecimiento.

Una economía que genera un déficit anual del 6 por ciento del PIB para lograr un crecimiento anual de apenas el 2 por ciento ya está en un camino peligroso, y el plan de Harris lo empeoraría aún más.

Kamala Harris promete reducir la inflación gastando e imprimiendo más dinero, reduciendo la competencia y atacando a las empresas. Nunca ha funcionado y nunca lo hará porque es una economía al revés.

Bienvenidos al “peronismo” de Estados Unidos.

Imagínense a todos esos ciudadanos de Estados Unidos que han escapado de las economías latinoamericanas o europeas empobrecidas por el intervencionismo para encontrar una mejor oportunidad en los Estados Unidos, solo para descubrir que las mismas políticas serán implementadas por Harris.

La narrativa de la especulación de precios y la avaricia es simplemente falsa. En 2023, los márgenes de beneficio del sector de la alimentación alcanzaron el nivel más bajo desde 2019, con un 1,6%, según el FMI. Las corporaciones, incluso si fueran estúpidas e imprudentes, no pueden hacer que todos los precios suban constantemente. La competencia se comería su cuota de mercado; Los recién llegados los eliminarían y los precios agregados caerían. Además, las tiendas y los negocios no pueden hacer que los precios agregados se disparen, mantener el aumento y consolidarlo, que es la medida de la inflación (IPC) que leemos todos los meses. Lo único que puede hacer que todos los precios suban y sigan subiendo a un ritmo más lento es imprimir dinero y erosionar el poder adquisitivo de la moneda.

Lo único que puede hacer que los precios agregados suban constantemente es la destrucción del poder adquisitivo de la moneda, que proviene del gasto masivo del gobierno y de la impresión de moneda para disfrazar los desequilibrios fiscales.

Kamala Harris y su equipo saben que su plan de gastos hará que la deuda nacional se dispare y que los controles de precios no los reducen. De hecho, estos no deberían llamarse “controles de precios” sino “límites a la competencia”. Si las corporaciones fueran las causantes de la inflación y los controles de precios fueran la solución, la Argentina peronista habría tenido la inflación más baja del mundo en las últimas décadas.

Las propuestas de Harris para condonar la deuda son profundamente antisociales. No perdonan ninguna deuda; simplemente lo agregan a la deuda nacional y te hacen pagar por ello. Este enorme aumento de la deuda pública será una carga para todos los estadounidenses, en particular para los más pobres, con una inflación persistente y salarios reales más bajos. Los ciudadanos estadounidenses ya han soportado un crecimiento negativo de los salarios reales desde enero de 2021, cuando Biden asumió el cargo, según la Reserva Federal de San Luis. Espera lo peor.

¿Por qué Harris promueve las mismas políticas que han fracasado en todas partes? Prometer cosas gratis y culpar a otros por las consecuencias negativas es la estrategia definitoria de los políticos socialistas.

¿Le sorprende ver cómo Alemania, Francia y otras naciones históricamente ricas se hunden en el estancamiento, la alta deuda, la inflación persistente, los enormes impuestos y la destrucción de la clase media? Esas políticas son las que Harris promete. ¿A quién beneficia? El vasto gobierno y las corporaciones que lo rodean cosechan los beneficios.

Mucha gente tiene la creencia de que una nación no puede ser considerada socialista si contiene empresas privadas. No tiene sentido. El control estatal no se limita a la propiedad del capital, sino también a la imposición de leyes, reglamentos e impuestos confiscatorios cada vez más restrictivos. De hecho, al gobierno le gusta absorber la mayor parte de la riqueza creada por el sector privado sin el inconveniente de administrar las empresas. Huerta de Soto define el socialismo como “cualquier sistema de agresión institucional y metódica contra el libre ejercicio del emprendimiento” y eso es precisamente lo que promete Harris.

Impuestos más altos y más deuda.

El gobierno imprimirá dinero para proporcionar subsidios en una moneda que está constantemente perdiendo valor. Culpará a las tiendas y negocios por la inflación. Las políticas intervencionistas continuarán erosionando al sector privado. Y repetirán.

Los creadores de estas políticas son conscientes de que tendrán un impacto negativo en la economía, pero también engendrarán un número sustancial de ciudadanos esclavizados que dependen del gobierno y deben acatar sus decisiones. Los votantes ven un supuesto tsunami de dinero gratis, pero ignoran el hecho de que lo pagarán a través de una inflación más alta, salarios reales más bajos y oportunidades cada vez menores para las pequeñas empresas y las familias.

El equipo de Harris cree que los déficits no importan y que la Reserva Federal siempre puede disfrazar cualquier desequilibrio presupuestario. Sin embargo, ya han aparecido grietas. La inflación persistente es la consecuencia de años de gasto excesivo y monetización. El siguiente paso es el riesgo de perder el dólar estadounidense como moneda de reserva mundial cuando el mundo deje de aceptar la deuda cada vez mayor.

Daniel Lacalle  profesor de economía global en el IE Business School de Madrid
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La Amazonia ya vive su infierno climático en Brasil

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Escribe Mario Osava / Inter Press Service – La Amazonia central, en el noroeste de Brasil, sufre este año una nueva sequía que amenaza repetir los daños de 2023 y 2010, pero su infierno climático también se compone de crecidas extremas que se multiplicaron en este siglo.

“En un período de 13 años, de 2009 a 2022, hubo nueve de esas crecidas, igual cantidad registrada en todo el siglo 20, y cuatro de esos casos recientes fueron los mayores de la historia” destacó a IPS el investigador Jochen Schongart, del Instituto Nacional de Investigación (Inpa).

Variados factores contribuyen a esa intensificación de los ciclos hidrológicos, desde el calentamiento de las aguas del Atlántico Tropical Norte y del Pacífico Ecuatorial, al cambio climático mundial, a la deforestación y a los incendios forestales que proliferaron este año, explica el experto alemán, que vive en Manaus desde 1998.

El evento extremo actual es la sequía que en muchas partes se prolonga desde el año pasado. Es que el fenómeno El Niño, nombre del calentamiento de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, tuvo inicio en junio de 2023 y duró un año.

De esa forma la sequía se prolongó hasta el final del año, retrasando las lluvias intensas que empiezan en octubre o noviembre, y empezó más temprano en 2024.

En el primer semestre, período usualmente lluvioso, ya estaban en sequía severa 61 municipios de la llamada Amazonia Legal, que comprende nueve estados del Norte brasileño que comparten el bioma, aunque no esté presente en todo su territorio en algunos casos.

En el año pasado solo 39 municipios registraron tal escasez de lluvias en los seis primeros meses. La sequía moderada más que se duplicó, de 126 a 300 municipios, según los datos del Centro de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden), parte del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

En total, incluyendo la sequía liviana, más de dos tercios del territorio amazónico legal sufrieron una merma de las lluvias, situación que se agravó en julio y agosto, periodo usualmente seco en la región.

Humaredas vuelan lejos

Una consecuencia es la proliferación de los incendios forestales, cuyos focos se duplicaron en comparación con el año pasado. El humo cubrió Manaus, la capital del estado de Amazonas, cuyos 2,1 millones de habitantes vivieron el mismo drama en 2023 y a los que las autoridades sanitarias recomendaron el uso de mascarillas.

La humareda, incrementada por los incendios que también azotan el Pantanal, el ecosistema húmedo del centro-oeste brasileño que se extiende a Bolivia y Paraguay, alcanza ya al sur de Brasil, en la ruta de los vientos que normalmente llevan la humedad amazónica, los llamados “ríos voladores” que distribuyen lluvias en el centro-sur brasileño y llegan hasta Argentina.

“Ya hubo sequías seguidas en la Amazonia, entre 2015 y 2017, pero no tan severas como las actuales, que preocupan porque se acumula el estrés hídrico desde 2023 y en este año no llegó al peor momento, que es septiembre y parte de octubre, cuando se espera que empiecen las lluvias usuales”, comentó Ane Alencar, directora de Ciencia del no gubernamental Instituto de Investigación Ambiental de la Amazónica (Ipam).

“Cuando se prolonga la sequía, aumentan las oportunidades de deforestación”, y eso se refleja en los incendios, observó a IPS, por teléfono desde Brasilia. Pero se redujo el área deforestada en el primer semestre de este año y volvió a crecer en julio, acotó.

A la sequía se sumó otro problema: una huelga durante los siete primeros meses del año de los inspectores del Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama), la autoridad ambiental. Pero con todo, la decisión gubernamental de combatir el fenómeno desalentó los deforestadores.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva inauguró su gobierno el primer día de 2023 restableciendo una política ambiental que su antecesor, el ultraderechista Jair Bolsonaro, (2019-2022) había desmantelado.

La pérdida forestal alcanzó 1220 kilómetros cuadrados en primer semestre de 2024, 36 % menos que en enero-junio de 2023 y el mejor resultado en los últimos seis años, según el monitoreo del Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonia (Imazon).

Pero la tendencia se invirtió en junio, alertó la organización no gubernamental con sede en Belém, capital del estado de Pará, en la Amazonia oriental.

Sequías más largas e intensas

Las sequías severas, que menudearon en este siglo al repetirse cada cinco años o menos, colapsan las economías y el modo de vida ribereño del interior amazónico, al menguar el caudal de los ríos, que además de fuente de alimentos, como el pescado, y agua potable, es la única vía de transporte para gran parte de la población.

Hay ciudades aisladas y sin electricidad porque ya no pueden recibir las embarcaciones con el combustible, en general el diésel, para sus centrales termoeléctricas. Así también las grandes cargas de alimentos y otros productos necesarios.

Parte de la agricultura local depende del ciclo de inundaciones y estiaje, así también la reproducción de los peces y la vida fluvial en general. Las alteraciones hidrológicas afectan la seguridad alimentaria local.

La sequía del año pasado se agravó por la simultaneidad de los fenómenos de El Niño Oscilación del Sur, en el Pacífico, y el calentamiento de las aguas del Atlántico Tropical Norte, en una sinergia que afectó toda la cuenca amazónica, explicó Schongart en entrevista por teléfono desde Manaus.

Este año la escasez de lluvias aqueja la parte sur de la Amazonia, especialmente el río Solimões, que cruza la Amazonia central y nace como río Marañón en Perú, y sus afluentes de la orillas derecha, como Juruá, Purús y Madeira.

El río Amazonas, formalmente, se forma al juntarse las aguas del Solimões y del río Negro, que nace en Colombia y aúna aguas del norte amazónico. Popularmente se conoce como río Amazonas la continuidad del Marañón, el Solimões y el mismo Amazonas en la parte baja de la cuenca.

La tendencia desde la década de los años 70 es de sequías más intensas y más prolongadas en el sur y más lluvias en el norte, y eso se agravó en este siglo, apuntó Schongart con base en los datos registrados desde 1902.

Crecidas más frecuentes

El drama de las sequías puede sugerir la conclusión de que están menguando las lluvias en toda la Amazonia, pero no es así. El nivel promedio del río Negro creció un metro en los 120 años desde 1902, más que la subida de los océanos, destacó el investigador,  doctor en ciencias forestales con estudios sobre bosques inundables en la Amazonia central.

Los eventos extremos de crecidas y sequías se hicieron más frecuentes e intensos, pero últimamente hubo más casos de crecidas en Manaus, que refleja el conjunto de los procesos hidrológicos amazónicos porque es donde confluyen los ríos Solimões y Negro. Y en Manaus hubo más crecidas extremas que bajones en las últimas décadas.

Son varios los mecanismos que generan esas variaciones, resumió Schongart.

De las aguas ecuatoriales del Pacífico vienen la influencia de El Niño, cuando se calientan, y de La Niña, cuando se enfría, favoreciendo sequías y más lluvias en la Amazonia, respectivamente, pero con efectos distintos en el sur o el norte de la cuenca.

De la misma forma el Atlántico Tropical Norte, que oscila entre calentamiento y enfriamiento en ciclos de 30 a 40 años, en el primer caso desde el inicio del siglo. Al hacerse más caliente, sus aguas hacen que los vientos alisios alejen la llamada Zona de Convergencia Intertropical y sus nubes cargas, restando lluvias en la Amazonia.

Pero también aguas calientes del océano Índico, impulsadas por vientos al Atlántico Tropical, el recalentamiento global, la deforestación y los incendios locales que intensifican la sequía al contaminar la atmósfera con baja humedad influyen en los desastres climáticos amazónicos.

“El cambio climático es ya una realidad en el mayor bioma forestal y la mayor cuenca tropical del mundo. La intensificación de su ciclo hidrológico es uno de los mayores desafíos a las políticas públicas, a sectores económicos y también a la ciencia y la educación”, concluyó Schongart.

Mario Osava corresponsal de IPS desde 1978 y encargado de la corresponsalía en Brasil desde 1980
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