La Administración de Parques Nacionales dio un paso clave para reforzar el sistema de conservación ambiental argentino al aprobar la nómina de aspirantes que accederán al Curso de Habilitación del Cuerpo de Guardaparques Nacionales, instancia obligatoria para cubrir 40 cargos permanentes dentro del Agrupamiento Técnico. La medida fue oficializada mediante la Resolución 236/2026, publicada este lunes en el Boletín Oficial.
Más allá de tratarse de un trámite administrativo, la decisión representa una señal relevante para uno de los organismos estratégicos en materia de protección ambiental. En un contexto donde el cambio climático, los incendios forestales, la presión sobre la biodiversidad y el crecimiento del turismo en áreas protegidas exigen mayor capacidad operativa, incorporar nuevos guardaparques constituye una inversión directa en la gestión del patrimonio natural del país.
El proceso forma parte del concurso público iniciado este año para cubrir 40 vacantes financiadas de planta permanente en la categoría Guardaparque Técnico GT-2. La selección se desarrolló bajo el régimen establecido para el ingreso al Cuerpo de Guardaparques Nacionales e incluyó evaluación de antecedentes académicos y laborales, examen técnico, pruebas de habilidades prácticas, entrevistas laborales y evaluación del perfil psicológico.
La resolución oficial aprueba la nómina elaborada por el Comité de Selección, cuyos integrantes evaluaron integralmente a los postulantes antes de autorizar su ingreso al curso de habilitación, instancia que constituye el último paso previo a la incorporación efectiva al cuerpo profesional de conservación.
De acuerdo con el acta del concurso, los mejores puntajes fueron obtenidos por María Paz Lourdes Etchepare, con 86,35 puntos; Tomás Di Cosmo, con 85,05; Alan Manuel Piciulo, con 84,50; Alina Di Marco, con 83,63; Samara Belén Siukscius, con 82,83; Camila Zambruno, con 82,48; Marcela Alejandra Zanatta Ruiz, con 82,33; Rosario Ledesma, con 81,20; Juan Pablo Moschen Selva, con 80,94; y Libertad Escobar, con 80,93 puntos.
La nómina completa incluye 34 postulantes que superaron todas las etapas del proceso y fueron habilitados para iniciar el curso de formación técnica, requisito indispensable para acceder posteriormente a los cargos concursados.
El fortalecimiento del cuerpo de guardaparques tiene una importancia que trasciende el empleo público. Argentina administra actualmente decenas de parques nacionales, reservas y monumentos naturales que resguardan algunos de los ecosistemas más valiosos de Sudamérica. La presencia de personal especializado resulta determinante para controlar actividades ilegales, prevenir incendios, monitorear fauna y flora, asistir a visitantes, desarrollar tareas de educación ambiental y ejecutar programas científicos de conservación.
En provincias como Misiones, donde el Parque Nacional Iguazú protege uno de los últimos grandes remanentes de Selva Paranaense, el trabajo cotidiano de los guardaparques resulta fundamental para preservar la biodiversidad, controlar el avance de la caza furtiva y acompañar el desarrollo del turismo sustentable, una de las principales fuentes de ingresos de la economía regional.
La resolución también refleja un cambio gradual en la política de recursos humanos del organismo. El ingreso a la planta permanente se realiza mediante concursos abiertos y mecanismos de evaluación estandarizados, buscando fortalecer la profesionalización del cuerpo técnico encargado de administrar las áreas protegidas.
La incorporación de nuevos guardaparques representa una política pública con impacto múltiple. No solo genera empleo especializado y fortalece carreras vinculadas a las ciencias ambientales, sino que mejora la capacidad institucional para proteger recursos naturales cuya conservación tiene efectos económicos directos sobre el turismo, la investigación científica, la disponibilidad de agua y la resiliencia frente al cambio climático.
La recuperación de la infraestructura ferroviaria vuelve a ganar espacio en la agenda económica nacional. Después de años de paralización, el Gobierno nacional analiza reactivar el proyecto del Tren Norpatagónico, una obra estratégica para acompañar el crecimiento de Vaca Muerta mediante un corredor logístico capaz de reducir costos, mejorar la eficiencia del transporte de cargas y aliviar la presión sobre las rutas patagónicas.
La iniciativa, actualmente en estado de suspensión, busca transformar la conexión ferroviaria entre Bahía Blanca y Añelo, el principal centro operativo de la formación de hidrocarburos no convencionales más importante del país. El proyecto contempla intervenir un total de 665 kilómetros de infraestructura ferroviaria y demandaría un plazo estimado de ejecución de cuatro años.
El avance de Vaca Muerta modificó la escala de las necesidades logísticas de la industria energética. El incremento sostenido de la producción de petróleo y gas exige transportar cada vez mayores volúmenes de arena para fractura, tubos, maquinaria pesada, insumos industriales y combustibles, una tarea que hoy depende casi exclusivamente del transporte por camión.
La propuesta apunta precisamente a diversificar esa logística mediante un sistema ferroviario de cargas con mayor capacidad y menores costos operativos, mejorando además la previsibilidad del abastecimiento para una actividad que se convirtió en uno de los principales motores de generación de divisas del país.
Según la documentación técnica evaluada por el Gobierno, el proyecto prevé el mejoramiento de 374 kilómetros de vías existentes sobre el corredor que une Bahía Blanca con Río Negro y Neuquén. A ello se suma la renovación integral de otros 208 kilómetros correspondientes a los sectores más deteriorados del histórico ramal ferroviario.
La intervención también incorpora uno de los componentes más relevantes desde el punto de vista estratégico: la construcción de 83 kilómetros de vías completamente nuevas entre Contraalmirante Cordero y Añelo. Ese desvío permitirá conectar directamente con el corazón operativo de Vaca Muerta, evitando atravesar áreas urbanas y optimizando la circulación de trenes de carga.
En conjunto, las obras permitirían recuperar un corredor ferroviario pensado para responder a las exigencias de una industria energética en plena expansión. La posibilidad de transportar mayores volúmenes mediante ferrocarril reduciría significativamente la circulación de camiones, disminuyendo costos logísticos, tiempos de traslado, consumo de combustible y desgaste de la infraestructura vial.
El impacto potencial trasciende al sector energético. Bahía Blanca constituye uno de los principales nodos portuarios del país y la consolidación de un corredor ferroviario eficiente fortalecería la salida de la producción hacia los mercados internacionales, mejorando la competitividad exportadora de Vaca Muerta.
En un contexto en el que la energía se perfila como uno de los grandes generadores de dólares para la economía argentina, la logística aparece como un factor decisivo para sostener el crecimiento. Distintos informes económicos coinciden en que la expansión de la producción requiere inversiones complementarias en oleoductos, gasoductos, infraestructura portuaria y sistemas ferroviarios capaces de acompañar el aumento de la actividad.
La eventual reactivación del Tren Norpatagónico se inscribe precisamente en esa lógica: convertir la infraestructura en una herramienta para reducir costos estructurales y aumentar la productividad de toda la cadena energética.
Más allá del beneficio directo para Vaca Muerta, el proyecto también abre una oportunidad para recuperar un activo ferroviario largamente relegado. La modernización del corredor permitiría fortalecer el transporte de cargas en una región con creciente actividad económica, generando condiciones para futuras inversiones industriales y mejorando la integración logística entre el interior productivo y los principales puertos del país.
El desafío ahora pasa por transformar la evaluación técnica en una decisión de inversión. Si finalmente se reactiva, el Tren Norpatagónico podría convertirse en una de las obras de infraestructura más relevantes para acompañar la próxima etapa de crecimiento de Vaca Muerta, consolidando un esquema logístico más eficiente y competitivo para una actividad que hoy ocupa un lugar central en la estrategia económica argentina.
Durante más de una década, Argentina fue sinónimo de industrialización de la soja. El complejo agroexportador del Gran Rosario convirtió al país en el principal procesador mundial de la oleaginosa entre los grandes exportadores, una ventaja competitiva construida sobre inversiones portuarias, infraestructura logística y una industria capaz de transformar el poroto en harina y aceite con alto valor agregado.
Ese liderazgo, sin embargo, llegó a su fin. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) confirma que Argentina descendió al tercer puesto en capacidad instalada de molienda de soja, luego de ser superada primero por Estados Unidos en 2024 y ahora también por Brasil en 2025. Detrás del cambio no solo aparece el crecimiento de sus competidores, sino una transformación estructural del mercado global impulsada por la expansión de los biocombustibles.
Argentina cayó al tercer puesto en capacidad de molienda de soja entre principales competidores, superada por Estados Unidos y Brasil. El avance de los biocombustibles impulsa nuevas inversiones en dichos países, mientras la industria local se estanca.
En el marco de la gran expansión del cultivo de soja en Argentina desde fines de la década de 1970, es que comienza a crecer con mayor intensidad la capacidad de procesamiento de oleaginosas en el país. Sin embargo, es recién hacia fines de la década de 1990 y comienzos de los 2000 cuando el Gran Rosario se consolida como el principal impulsor de esa expansión. Este proceso tiene lugar en un contexto marcado por la sanción de la Ley 24.093 en 1992, que desregula la actividad portuaria, y por el inicio de la concesión de la Hidrovía Paraguay-Paraná en 1995, un primer paso importante para garantizar un mínimo de 32 pies de calado desde el complejo portuario del Gran Rosario hasta el océano, fortalecer la competitividad y asegurar el flujo exportador.
Tal como se ve en el siguiente gráfico, esa ingente cantidad de inversiones en industrias portuarias – mayormente ubicadas en el Gran Rosario – es que permite posicionar a la Argentina como el país exportador líder en derivados oleaginosos con mayor capacidad instalada de procesamiento de soja del mundo hacia el año 2011, por encima de Estados Unidos y Brasil. La industria local ostenta ese puesto durante quince años ininterrumpidos, aunque operando, en promedio, a un 60% de capacidad instalada. Esto último, en vistas de una oferta doméstica de soja que resultó insuficiente para cubrir el potencial de procesamiento, en un contexto de desincentivo a la producción de soja ante la excesiva carga impositiva que empieza a sufrir el complejo desde inicios de la década de los 2000.
Luego de alcanzar en 2020 un techo teórico con poco más de 68 Mt potenciales de procesamiento anual de soja, la expansión se detiene e inclusive llega a reducirse marginalmente. En simultáneo, los otros dos grandes orígenes de soja en el mercado global mantuvieron una tasa promedio de expansión industrial constante, en línea con una oferta local de soja abundante y creciente en el tiempo: la industria de soja en Estados Unidos y Brasil crece al 4% y 1,9% promedio anual durante la última década. De esta manera, es que desde 2024 Argentina pasa a ubicarse en el segundo puesto en capacidad instalada teórica de procesamiento de soja entre los tres orígenes exportadores líderes al ser superado por Estados Unidos y en 2025 se retrocede al tercer puesto al ser superado por Brasil.
1. Mercado de soja a nivel mundial: cambio estructural en un contexto de mayor demanda para biocombustibles
El mercado de commodities agrícolas y la industria de soja en particular, están atravesando un cambio de paradigma en cuanto a los drivers de demanda que impulsan la expansión de la producción y la industrialización. Si entre finales de 1980 y mediados de la segunda década de este siglo la transformación de proteína vegetal en proteína animal, traccionada por el crecimiento en el consumo de carnes a nivel global con China a la cabeza, fue el principal factor que potenció el avance en la producción de granos, la promoción para la elaboración de biocombustibles está liderando el flujo de la demanda. Esto último, más allá de que continúan creciendo los usos de los granos para alimentación animal y humano.
A principios de este siglo, prácticamente no se procesaba soja con el fin de utilizar aceite para usos industriales. En Estados Unidos y Brasil, grandes países exportadores de soja y también ávidos consumidores de aceite y harina, la molienda de soja promediaba 44 y 23 Mt respectivamente. Gran parte de los productos derivados que se obtenían de ese procesamiento eran destinados a abastecer la demanda interna: en Estados Unidos en torno al 75% y en Brasil casi el 50%. El total que se consumía internamente se repartía en dos grandes grupos: uso forrajero (principalmente cubierto por la harina de soja) y consumo alimenticio (aceite de soja), más allá de un excedente de poroto de soja que era clave para abastecer la demanda de China y en menor medida de otros países.
Un cuarto de siglo más tarde, los norteamericanos procesan más de 70 Mt de soja (+ 67%) y los brasileros más de 60 Mt (+190%). Mientras las proporciones entre las toneladas que se procesan para exportar y las que se consumen internamente prácticamente no cambiaron, lo que sí cambia es la proporción en el “para qué” son utilizadas. En Estados Unidos, la mitad de la molienda de soja que abastece al mercado interno se utiliza como insumo para un proceso industrial posterior (principalmente biodiésel), mientras que en Brasil la participación es aún mayor, explicando casi dos terceras partes del total.
Si se hace foco en los aceites vegetales, los biocombustibles cumplen un rol cada vez más relevante en la matriz de demanda de estos productos. Tal como se puede ver en el siguiente gráfico, si bien existen diversas materias primas para producir biodiésel, el aceite de palma —principalmente en Indonesia— es uno de los insumos más utilizados. No obstante, con el paso del tiempo y el aumento de las tasas de corte en grandes países productores de soja, el aceite de soja gana participación como insumo industrial. Actualmente, su peso sobre el total se ubica cerca del 30% y alcanza máximos históricos a nivel mundial. Esta dinámica global se explica casi en su totalidad por Brasil y Estados Unidos, que actualmente representan el 80% del consumo global de aceite de soja para uso industrial.
En el plano productivo, en las últimas dos décadas y media, Brasil mutiplicó por seis su cosecha de soja, con un récord de 180 Mt en la última campaña. Estados Unidos, por su parte, registra un crecimiento más moderado, en torno al 60%, con una producción cercana a 116 Mt en el ciclo comercial actual y una expectativa de alcanzar 120 Mt en el próximo ciclo productivo.
La combinación de una producción creciente en ambos países y nuevos drivers de demanda que incentivan el procesamiento industrial para usos no alimentarios está modificando la estructura de precios relativos del complejo soja. En particular, se observa un salto en el denominado oilshare, dado que el aceite pasa a sostener una proporción creciente del margen de crushing, en detrimento de la harina de soja.
De esta forma, el salto en la demanda de aceites vegetales en general, y de aceite de soja en particular, explica el vertiginoso ritmo de expansión de la capacidad instalada de procesamiento tanto en Estados Unidos como en Brasil. Ambos países, históricamente dominantes en el mercado de exportación de poroto de soja, intensifican cada vez más su procesamiento interno. Este cambio altera la dinámica de los mercados internacionales de subproductos del complejo soja y genera efectos directos sobre las cotizaciones.
2. El crush global de soja aumentó cerca de 100 Mt en la última década, mientras Argentina se quedó al margen de ese crecimiento industrial
El avance de la industrialización de soja no es un fenómeno exclusivo de los principales países exportadores del complejo, sino una dinámica que se extiende a gran parte del mundo. A comienzos de la década de 1990, Brasil, Argentina y Estados Unidos concentraban el 62% del crush mundial de soja. Actualmente, este grupo representa poco menos del 50% del total.
En términos generales y teniendo en consideración el desempeño de la última década, el crush global de soja aumentó 95 Mt, donde 43% se explica por Brasil y Estados Unidos, mientras que al agregar China estos 3 países representan el 72% del total. Vale destacar que, en dicho período Argentina no solo no crece, sino que contrae marginalmente su nivel de molienda, mientras que el resto de los países explica de forma diversificada el 28% restante con 26,6 Mt.
En general, la expansión en la industrialización del resto del mundo es nutrida por el aporte de volumen que provee tanto Brasil como Estados Unidos al mercado. Estos dos países explican el origen del 90% de las importaciones globales de poroto de soja. Teniendo en cuenta que durante las últimas décadas sus exportaciones conjuntas crecieron por encima del aumento en las importaciones de poroto de soja de China (destino clave para ambos países) y que la producción de soja en el resto de regiones creció a un ritmo marginal, el impacto en la dinámica del mercado fue doble: por un lado, estos países han abastecido una demanda en expansión de poroto de soja a otros países que no son China; por otro lado, ha implicado una reducción relativa en la demanda global de importación de productos derivados, ya que se intensifica la industrialización en “destino”.
3. Mirando hacia el futuro: perspectivas de crush en principales países exportadores del complejo soja
A partir del escenario presentado anteriormente, se configura un panorama en el cual está creciendo de forma sostenida la demanda de oleaginosas y, aceites vegetales en particular, como feedstocks fundamentales para la industria de biocombustibles. Esto, con objeto de cumplir los mandatos de cortes con combustibles fósiles que están implementando los diferentes países.
Al analizar los tres principales países líderes en exportaciones del complejo soja, en el caso de Brasil y Estados Unidos, se presenta una política clara que busca incrementar el corte de biodiesel con gasoil para disminuir la dependencia en combustibles fósiles. Tal como se vio en el primer gráfico presentado, es el factor clave que está dinamizando las inversiones en ambos países para aumentar la capacidad de procesamiento local. Considerando proyecciones conservadoras en base a las necesidades industriales mínimas para cumplir con la normativa de biocombustibles en cada país y siguiendo el escenario base del USDA para la próxima década, el procesamiento de soja en Estados Unidos podría ubicarse entre 77 y 83 Mt hacia 2030. Mientras que, en el caso de Brasil, el crush doméstico de soja podría ubicarse en torno a 82 Mt hacia dicho período.
Para el caso de Argentina, las proyecciones hacia adelante son más complejas ya que, si bien se tiene un programa futuro de baja paulatina en los derechos de exportación para los principales cultivos extensivos, la política futura de biocombustibles todavía está en pleno debate. Siguiendo el modelo AGMEMOD de la BCR, las proyecciones para el escenario base, manteniendo todas las condiciones actuales constantes, se estima que hacia 2030 el crush de soja podría incrementarse levemente hasta 46,5 Mt. En cambio, considerando un escenario sin derechos de exportación, para el mismo período la industrialización de soja podría alcanzar las 54 Mt en Argentina, lo que significaría un aumento en torno al 23% frente al nivel de molienda actual.
Por último, vale remarcar que se han anunciado posibles inversiones privadas para expandir y eficientizar la capacidad de molienda de oleaginosa en Argentina por un monto en torno a los USD 1.000 millones. Por el lado de la expansión de la capacidad instalada, se instalarían en Buenos Aires y Santa Fe, a través de grupos empresarios distintos y que podrían sumar a la capacidad de molienda nacional 22.000 toneladas diarias, lo cual equivale a un extra de 7,2 millones de toneladas anuales. Es decir, si bien Argentina presenta desafíos dado el contexto presentado, los incentivos se estarían alineando para ejecutar inversiones y pensar en un escenario de crecimiento en la actividad hacia adelante.
Bajo el lema “Hoy no podemos perder la memoria”, y con la convocatoria conjunta de AMIA, DAIA y Familiares de las Víctimas, se realizó esta mañana el Acto Central, en el que volvió a renovarse el reclamo de justicia por el atentado terrorista, aún impune, que el 18 de julio de 1994 asesinó a 85 personas y dejó más de 300 heridos.
“Ningún concepto es más poderoso que la verdad. Y la verdad es que, luego de 32 años, el terrorismo asesino no pudo vencernos. Nos dejó una profunda herida que la impunidad no permite cicatrizar. Pero estamos de pie. Seguimos y seguiremos de pie”, aseguró el presidente de AMIA, Osvaldo Armoza, en el discurso que pronunció ante la multitud reunida sobre la calle Pasteur.
“Treinta y dos años de impunidad son un abismo intolerable para cualquier República que pretenda llamarse democrática. Más de tres décadas en las que el Estado argentino, colmado de desidias, complicidad y errores sistemáticos, ha sido incapaz de ofrecer luz sobre una de las páginas más oscuras de nuestra historia”, aseveró.
La masacre contra la AMIA, cuya planificación y ejecución fueron acreditadas por la justicia argentina a Irán y a integrantes de Hezbolá. Hasta hoy, ninguna persona ha sido condenada. El crimen fue declarado por la justicia argentina como de “lesa humanidad” y, por lo tanto, imprescriptible.
La conmemoración comenzó con el estremecedor sonido de la sirena, a las 9:53, la hora exacta en la que fue perpetrado el atentado terrorista contra la sede de la AMIA.
Tras el minuto de silencio en homenaje a las víctimas fatales, los nombres de las 85 personas asesinadas fueron leídos por Daniela, hermana de Silvana Alguea de Rodríguez; Adrián, hermano de Fabián Furman; Mercedes, hija de Roberto Pérez; y Patricia, hermana de Mirta Strier. Luego, Gustavo Grinblat, primo de Luis Kupchik y de Pablo y Fabián Schalit; Natalia y Vanesa Said, hijas de Ricardo Hugo Said; y Valeria Basiglio, hija de Hugo Norberto Basiglio, colocaron flores y encendieron velas en memoria de las víctimas.
En representación de los familiares, compartieron sus conmovedores testimonios Alberto Abadi (yerno de Jaime Plaskin, quien subió al escenario junto a su hija); Andrés Said (hermano de Marisa); y María de los Ángeles Ramírez y Malena Aguilera (hija y nieta de Olegario Ramírez). Cada mensaje expresado estremeció por la fuerza de los recuerdos compartidos, por el reclamo de justicia aún pendiente y por el relato de todo lo que el atentado les arrebató: años de acompañamiento, celebraciones familiares, la posibilidad de crecer junto a sus seres queridos.
El actor Martín Seefeld, quien perdió a su amigo Fabián Schalit en el atentado del 18 de julio de 1994, fue el conductor del acto. Al comenzar la conmemoración, trazó una emotiva semblanza de su “hermano de la vida”, evocó momentos compartidos y recordó la angustiosa espera hasta que su cuerpo apareció días después, entre los escombros del edificio atacado de la AMIA.
En el acto estuvo presente el presidente de la Nación, Javier Milei; la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el jefe de Gabinete de Ministros Diego Santilli; el ministro de Salud Mario Lugones; el embajador de Israel en la Argentina, Eyal Sela; el embajador de los Estados Unidos en la Argentina, Peter Lamelas; el presidente de la Agencia Judía para Israel, Doron Almog; autoridades del gobierno de la ciudad, representantes diplomáticos, legisladores, y autoridades comunitarias.
Asistieron, además, delegaciones del exterior que viajaron especialmente a Buenos Aires para acompañar a los familiares y a la AMIA en la conmemoración central. Durante el acto se agradeció especialmente la presencia de todos quienes se acercaron para fortalecer la lucha permanente por la memoria y la justicia.
En la ceremonia, el rabino de AMIA, Eliahu Hamra, fue el encargado de recitar una oración por la elevación de las almas de las 85 víctimas del atentado, personas de diferentes orígenes, edades, nacionalidades y religiones que perdieron la vida en la masacre del 18 de julio de 1994.
Uno de los momentos más conmovedores de la conmemoración se vivió con la proyección de un video que recordó a los familiares que, “después de haber luchado tanto, se fueron sin haber visto justicia”.
El momento musical estuvo protagonizado por Gonzalo Sarfatti, joven cantante y compositor cordobés que, en el marco de un nuevo aniversario del atentado, interpretó la canción “9:53“, creada especialmente para mantener viva la memoria.
El acto concluyó con las palabras de Martín Seefeld: “Ojalá muy pronto llegue el día en que podamos encontrarnos solamente a rendir un homenaje a la memoria de quienes ya no están. Pero mientras siga la impunidad, nuestro compromiso es continuar juntos y de pie, exigiendo justicia”.
Los valores de la tierra destinada a la producción ganadera siguen en alza: en algunas de las principales regiones productivas del país ya se pagan entre US$ 3.500 y US$ 5.000 por hectárea. El fenómeno no responde únicamente al precio de la hacienda, sino también a una nueva forma de producir, con más tecnología, genética e inversión que está cambiando el mercado.
El mercado inmobiliario rural vuelve a mirar a la ganadería. Luego de varios años en los que la agricultura concentró gran parte de las inversiones, los establecimientos destinados a la producción de carne recuperan protagonismo y vuelven a posicionarse entre los activos más demandados. Si bien la mejora en el precio de la hacienda impulsó este movimiento, especialistas coinciden en que existe un cambio estructural que explica el creciente interés por este tipo de campos.
“Hoy vemos que quienes compran campos ganaderos o mixtos llegan con un proyecto de largo plazo. Ya no buscan únicamente tierra, sino establecimientos donde puedan aumentar la productividad incorporando genética, mejorando las pasturas, invirtiendo en fertilización, infraestructura y tecnología aplicada a la producción”, explica Federico Nordheimer, Director de Nordheimer Campos y Estancias.
Este nuevo escenario también se refleja en el perfil de los compradores. La demanda ya no se concentra únicamente en establecimientos consolidados, sino también en campos con potencial de crecimiento, donde sea posible mejorar la carga animal, incorporar nuevas pasturas, optimizar el manejo del rodeo y aumentar la eficiencia productiva mediante herramientas tecnológicas.
“La ganadería dejó de verse como un negocio de oportunidad. Muchos productores consideran que existe margen para seguir creciendo y eso se traduce en inversiones cada vez más importantes. Hoy vemos mucho interés por mejorar índices productivos a través de genética, inseminación, pasturas, fertilización, caravanas electrónicas, mangas más modernas y maquinaria específica para la actividad”, señala Nordheimer.
Esta transformación también explica la recuperación de los valores de la tierra. En la Cuenca del Salado, una de las principales regiones ganaderas del país, los campos que hace apenas un año cotizaban entre US$ 2.500 y US$ 3.000 por hectárea hoy alcanzan valores de entre US$ 3.500 y US$ 4.000. La tendencia también se replica en Entre Ríos, donde se han realizado más operaciones en el último año que en el acumulado de los anteriores 3 años., además de San Luis y distintas zonas de Santiago del Estero y La Pampa, que muestran un creciente movimiento de consultas y operaciones.
Otro de los factores que impulsa el mercado es la búsqueda de establecimientos mixtos. En un contexto de márgenes agrícolas más ajustados, muchos productores vuelven a darle mayor protagonismo a la ganadería como forma de diversificar riesgos y mejorar la rentabilidad. Esto incrementa el interés por campos capaces de combinar agricultura y producción de carne, aprovechando al máximo el potencial de cada hectárea.
Este proceso también está cambiando el uso de muchos campos de aptitud agrícola intermedia que antes se destinaban a cultivos por una cuestión de rentabilidad. Con una ganadería más competitiva, hoy vuelven a las pasturas, lo que reduce el riesgo productivo, aporta mayor previsibilidad y permite aprovechar mejor la aptitud natural de la tierra.
A nivel regional, Argentina continúa ofreciendo valores competitivos frente a otros países productores. Si se compara con mercados como Estados Unidos, donde el valor del ganado continúa siendo significativamente superior, muchos productores consideran que el negocio local todavía tiene margen para seguir creciendo. Esa expectativa explica por qué cada vez más inversiones apuntan a mejorar la productividad antes que a expandir la superficie.
Si bien las operaciones siguen siendo lideradas principalmente por compradores argentinos, también crecen las consultas de inversores del exterior interesados en el potencial productivo del país. Sin embargo, muchos continúan esperando definiciones sobre la Ley de Tierras antes de avanzar con nuevas inversiones.
En este contexto, desde Nordheimer Campos y Estancias destacan que la mayor demanda se concentra en establecimientos ubicados en la Cuenca del Salado, Entre Ríos, San Luis, La Pampa y Santiago del Estero, donde la oferta de campos de calidad continúa siendo limitada. La combinación entre mejores perspectivas para la producción de carne, mayor incorporación de tecnología y una oferta acotada explica por qué el mercado vuelve a mirar con fuerza a la tierra destinada a la ganadería.