La Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, anunció la nueva estrategia de género del FMI
“Me complace y enorgullece enormemente anunciar que el Directorio Ejecutivo aprobó hoy la primera estrategia de género del FMI destinada a integrar la perspectiva de género en las actividades básicas del FMI —supervisión, fortalecimiento de las capacidades y concesión de préstamos— de conformidad con su mandato. Esto significa evaluar más sistemáticamente las consecuencias macroeconómicas de las brechas de género cuando son críticas desde el punto de vista macroeconómico, evaluar el impacto diferenciado por género de los shocks y las políticas, y proporcionar asesoramiento detallado y focalizado sobre políticas macroeconómicas y financieras, y apoyo al fortalecimiento de las capacidades.
Esta estrategia de género no podría haber llegado en un momento más oportuno. Con esta estrategia, el FMI se está adaptando a la evolución de las necesidades, desafíos y prioridades que enfrentan nuestros países miembros. Asimismo, la estrategia se basa en la labor del personal técnico del FMI a lo largo de los años.
Las crisis, como la pandemia y las guerras, están teniendo un fuerte impacto en la vida y los medios de vida de las mujeres, agravando el efecto del cambio climático y la mayor fragilidad mundial. Esta situación está exacerbando las brechas de género existentes y los países miembros están perfeccionando cada vez más sus políticas para implementar medidas con perspectiva de género.
La incorporación de la perspectiva de género en el FMI comienza con reconocimiento que la reducción de las disparidades de género va acompañada de un mayor crecimiento económico, una mayor estabilidad económica y resiliencia, y una menor desigualdad de ingresos. Las políticas macroeconómicas, estructurales y financieras bien diseñadas pueden favorecer resultados eficientes e inclusivos y beneficiar equitativamente a las mujeres, las niñas y la sociedad en general.
La estrategia de género se basa en cuatro pilares:
Facilitar al personal técnico del FMI el acceso a datos pertinentes desglosados por género e instrumentos de modelización para llevar a cabo análisis de políticas.
Establecer un sólido marco para garantizar que los aspectos críticos desde el punto de vista macroeconómico de las cuestiones de género se integren en la labor del FMI en los países sobre la base de un enfoque imparcial con respecto a todos los países miembros, y crear una estructura organizativa interna de apoyo.
Fortalecer la colaboración con socios externos para beneficiarse del intercambio de conocimientos y el aprendizaje entre pares, aprovechando las complementariedades y maximizando el impacto sobre el terreno.
Utilizar eficientemente los recursos asignados al género mediante la obtención de economías de escala y evitando la duplicación de esfuerzos.
La aplicación de la nueva estrategia comenzará de inmediato, pero será gradual y medida. La aplicación exitosa de esta estrategia ayudará a nuestros países miembros a lograr un crecimiento económico más inclusivo y equitativo y una mayor resiliencia. Cuando a las mujeres les va bien, a los países les va bien”.Véase más información sobre la labor del FMI en cuestiones de género en: El FMI y las cuestiones de género, Cuestiones de género en la fuerza de trabajo
Como la aerolínea que vuela a más países que cualquier otra, Turkish Airlines ofrece la oportunidad de descubrir el centro mundial de conexiones de Estambul y sus maravillas únicas con servicio de escala para sus pasajeros con largos tiempos de transferencia. A partir de 2017, el servicio de escala atrajo un gran interés de los pasajeros que usaban Estambul como centro de transferencia, pero el servicio se detuvo debido a la pandemia. Con la disminución de los efectos de la pandemia, la aerolínea de bandera comenzará a continuar con este servicio a partir de 2022 para elevar la experiencia del pasajero a un nuevo nivel.
Para que los pasajeros con tiempos de conexión prolongados pasen un tiempo de calidad en Estambul, Turkish Airlines proporcionará una estadía de 1 noche en un hotel de 4 estrellas para clase económica y 2 noches de estadía en un hotel de 5 estrellas para clase ejecutiva con el bono de hotel que se emite después de la compra del billete. Además, los pasajeros también tendrán la opción de hospedarse en hoteles contratados con precios desde 49 USD.
Sobre el proyecto, el gerente general de Turkish Airlines, Bilal Ekşi, declaró; “Nuestro objetivo es mostrar la hospitalidad turca y las maravillas únicas de Estambul a nuestros pasajeros que optan por el servicio de alojamiento de escala mientras contribuimos al turismo en Turquía y aumentamos el número de pasajeros de transferencia de Turkish Airlines. Los pasajeros también pueden aumentar la duración de su alojamiento inicial gratuito con precios ventajosos de Turkish Airlines en hoteles contratados y descubrir aún más de Estambul”.
Más de 57 mil pasajeros en tránsito de 42* países y 108 ciudades experimentaron el privilegio de descubrir Estambul con servicio de escala hasta el momento. Apoyando al sector turístico de Turquía, se planea expandir la escala del proyecto con 15** nuevos países en 2022.
*42 países (punto de salida): Argelia, Australia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Canadá, China, Dinamarca, Estonia, Etiopía, Finlandia, Ghana, Grecia, Irlanda, India, Irán, Italia, Costa de Marfil, Japón, Kazajstán, Kuwait, Letonia , Lituania, Malasia, Marruecos, Nigeria, Noruega, Omán, Pakistán, Portugal, Qatar, Rusia, Escocia, Serbia, Sudáfrica, España, Suecia, Tanzania, Tailandia, Túnez, Ucrania, Reino Unido y Estados Unidos de América.
**15 países planificados (punto de partida): Kenia, Zambia, Mozambique, Indonesia, Corea del Sur, Vietnam, Bangladesh, Nepal, Argentina, Brasil, Panamá, Colombia, México, Arabia Saudita y Bahrein.
El Banco Central Europeo (BCE) puso hoy en marcha el plan para hacer frente a la creciente inflación y subió la tasa de interés en 50 puntos básicos por primera vez en 11 años.
De esta manera, el BCE decidió un incremento mayor al que se había adelantado en las últimas semanas, cuando varios miembros del Comité Ejecutivo indicaron que el incremento sería de 25 puntos básicos.
Así, “la tasa de interés para sus operaciones de financiación se situará en el 0,50%, mientras que la tasa de depósito alcanzará el 0% y la de facilidad de préstamo, el 0,75%”, según la agencia de noticias DPA.
La entidad monetaria lleva meses preparando el fin de un período de dinero barato, que ayudó a la economía a superar las crisis de los últimos años.
Este endurecimiento de la política monetaria ya se inició en julio con el fin de las nuevas compras de deuda en los mercados.
El objetivo es reducir la masa monetaria en circulación y frenar la inflación, que el mes pasado marcó un nuevo récord en la zona euro, con un 8,6% interanual.
La institución con sede en Frankfurt, Alemania, se suma así a otros bancos centrales, como la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, que desde hace meses se muestran mucho más activos en la lucha contra la suba de los precios.
Desde hace ocho años el BCE aplica una tasa de depósito negativo (-0,50%) al exceso de liquidez que le confían los bancos, con el objetivo de animarles a conceder más préstamos para apoyar la actividad y llevar la tasa de inflación al 2%, de acuerdo con su mandato.
Este objetivo de aumento de precios fue inalcanzable durante años, pero ahora la inflación se disparó debido a la recuperación tras el Covid-19, las tensiones en las cadenas de suministro y la crisis energética vinculada con la ofensiva rusa en Ucrania.
La mitad de año ya llegó y comienzan a notarse los casos de estrés laboral. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el síndrome de burnout —o síndrome del trabajador quemado— afecta a un 10% de la población mundial. Su origen antecede la pandemia, pero los expertos coinciden en que con la llegada de la COVID-19 se acentúo aún más. En el caso de Argentina, según diferentes estudios, aproximadamente el 80% de los trabajadores lo padecen. Esta situación hace que uno de los desafíos del área de recursos humanos sea generar políticas y beneficios para mantener contentos, felices y contenidos a los colaboradores. Una de las estrategias más utilizadas para contrarrestar este síndrome del trabajador quemado son los programas de beneficios, con descuentos en gimnasios, cursos, clases de yoga o mindfulness dentro de la empresa, promociones de entretenimiento, entre otras actividades.
“Es de suma importancia poder empatizar con los colabores de una empresa, mejorando su bienestar, sobre todo en estos momentos tan difíciles para el país”, comenta Javier Ailbirt, creador y CEO de TheEye, la única plataforma de automatización de procesos con Inteligencia Artificial y metodología propia que garantiza un repago menor a 6 meses. “Las empresas tenemos un rol clave, no solo para brindarle a las personas una retribución económica, sino también un bienestar mental y emocional. Estos son aspectos fundamentales para retenerlos y satisfacer sus necesidades”, finaliza.
Si bien con el cambio tecnológico cada vez se está más alejado de las líneas de producción fabriles, pasando de utilizar máquinas industriales a computadoras, el trabajo repetitivo y monótono está más presente que nunca. Este tipo de tareas que son necesarias, tienen algo en común: suelen ser sencillas, repetitivas, monótonas y no requieren talento humano. Por estos mismos motivos es que, quién realiza dichas actividades tiene tendencia a no sentirse identificado, a frustrarse y sufrir burnout. Tareas como descargar o subir información a sitios web, realizar conciliaciones, cargar facturas, armar reportes, validar información, son algunos de los cientos de ejemplos que se pueden encontrar. A estas tareas administrativas, propias de la organización, se suman tareas con organizaciones externas que surgen como parte de la regulación impositiva y trámites como por ejemplo los cálculos de percepciones y retenciones, información de DDJJ, entre otros.
Hoy en día la tecnología permite desarrollar robots de software, quienes tienen una gran capacidad para resolver tareas de esta índole. Entre estos robots está la automatización de procesos de negocio que consisten en un conjunto de algoritmos de software encargados de realizar tareas siendo muy eficaces en lo que hacen, debido a que poseen una mayor velocidad de cálculo, mayor memoria y pueden comunicarse en el lenguaje de los sistemas. Un proceso que podría llevar entre 10 y 20 minutos de forma manual, un robot de software es capaz de resolverlo en segundos. Entre las ventajas de la automatización se puede mencionar que son robots que no se equivocan, que pueden funcionar 24×7, aceleran los tiempos de proceso generando más oportunidades, reducen costes y lo más importante es que liberan tiempo, para que el talento humano pueda utilizarlo en actividades de mayor valor, importancia y sentirse más satisfechos con lo que hacen.
“Según informes mundiales, del total del tiempo empleado en una compañía, en promedio, un 53% se utiliza en actividades administrativas y de control. Con la automatización de procesos se puede liberar hasta un 30% de esas actividades. Si bien por lo general, abundan en los sectores administrativos, todas las áreas poseen operaciones que son automatizables”, alerta Ailbirt.
Una persona motivada y feliz es el mejor recurso de cualquier compañía, y la colaboración de los robots de software ayudan a que esto suceda.
Escribe Carlo Pizzinelli* – Una comprensión más profunda de cómo piensan los consumidores sobre la economía ayudaría a los políticos a controlar la inflación
Con la inflación aumentando a niveles no vistos en décadas, los hogares de todo el mundo se preguntan cuánto más pueden esperar pagar por gasolina, comestibles y otras necesidades. Sus respuestas pueden ayudarlos a tomar importantes decisiones financieras personales. ¿Deberían seguir adelante y comprar ese nuevo refrigerador, en lugar de esperar hasta más tarde y arriesgarse a que suba el precio? ¿Deberían pedirle a su jefe un aumento para compensar la pérdida de poder adquisitivo?
Las respuestas no afectarán solo a los hogares individuales, sino a la economía en su conjunto. La razón: los banqueros centrales y los economistas académicos ven la inflación en parte como una profecía autocumplida. Si los consumidores creen que los precios subirán a un ritmo más rápido, es posible que se comporten de una manera (comprando un refrigerador o pidiendo un aumento) que genere más inflación. Más dinero persiguiendo una cantidad fija de refrigeradores hará subir su precio, y más gente pidiendo un aumento hará que los empleadores aumenten los precios de los bienes o servicios que venden para compensar los costos laborales más altos. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, expresó esa preocupación en una conferencia de prensa reciente, cuando anunció un aumento de medio punto en la tasa de interés clave de la Fed: “No podemos permitir que ocurra una espiral de salarios y precios”, dijo. “Y no podemos permitir que las expectativas de inflación se desanclen. Es algo que no podemos permitir que suceda”.
La declaración de Powell explica por qué las autoridades hacen un seguimiento cuidadoso de las expectativas de inflación de los hogares y las empresas, medidas a través de encuestas periódicas, en diferentes horizontes temporales. En particular, el aumento de las previsiones de inflación en tres a cinco años indica que las expectativas se están desmoronando y que puede ser necesario un aumento de la tasa de interés para mantener la inflación bajo control. Esto también explica por qué los bancos centrales intentan dar forma a las expectativas del público sobre desarrollos futuros explicando sus políticas actuales y futuras. De hecho, el éxito de las acciones de los formuladores de políticas depende de manera crucial de su capacidad para transmitir el efecto deseado a los hogares y orientar sus expectativas en consecuencia.
Café, gasolina
Todo esto plantea una pregunta importante tanto para los académicos como para los encargados de formular políticas: ¿Qué tan bien entendemos las expectativas de los hogares? Durante la última década, un gran cuerpo de investigación de la economía del comportamiento ha profundizado en esta cuestión. Los principales hallazgos son que los hogares tienen opiniones muy dispares sobre la inflación y tienden a percibirla como más alta y persistente de lo que suele ser. Los consumidores también tienden a estar en desacuerdo sobre las perspectivas de inflación más que los expertos, cambian de opinión con menos frecuencia y, a menudo, confían en algunos productos clave que consumen regularmente, como el café y la gasolina, para extrapolar los cambios en el costo de vida general.
Además, las expectativas individuales están fuertemente correlacionadas con características demográficas que incluyen sexo, edad, educación y orientación política. Por ejemplo, las mujeres y las personas con menos educación o ingresos más bajos tienden a esperar una mayor inflación. Finalmente, las experiencias pasadas, como vivir durante la Gran Depresión o el embargo petrolero de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de la década de 1970, que hizo que la inflación aumentara considerablemente, pueden moldear fuertemente las percepciones de las personas sobre la inflación por el resto de sus vidas (Malmendier y Nagel 2016; Weber y otros, de próxima publicación; D’Acunto, Malmendier y Weber, de próxima publicación).
Si bien estos resultados caracterizan la riqueza y complejidad de las expectativas de los hogares, no desglosan completamente cómo se forman esas expectativas. Cuando los no expertos leen noticias sobre política monetaria y fiscal o eventos económicos, ¿cómo tienen en cuenta esa información en sus expectativas de inflación y otros indicadores clave? ¿Es seguro asumir, para la formulación de políticas efectivas y para los modelos teóricos, que los legos forman expectativas de la misma manera que los expertos? Conocer las respuestas a estas preguntas ayudaría a los formuladores de políticas a guiar mejor las expectativas de los consumidores con respecto a los efectos de sus acciones.
En un artículo reciente, mis coautores y yo nos propusimos buscar respuestas (Andre y otros 2022). Realizamos encuestas para medir las creencias de las personas sobre los efectos de los shocks económicos en el desempleo y la inflación. De 2019 a 2021, recopilamos respuestas de muestras de 6500 hogares estadounidenses ampliamente representativos de la población. Por separado, durante el mismo período, encuestamos a 1500 expertos, incluido personal de bancos centrales e instituciones financieras internacionales, profesores y estudiantes de doctorado, y economistas del sector financiero. Para las muestras de la encuesta recopiladas durante la pandemia de COVID-19, ajustamos el cuestionario para garantizar que las expectativas de los encuestados se refirieran a cómo funciona la economía en “tiempos normales” en lugar de durante las circunstancias excepcionales de la pandemia.
Shocks hipotéticos
Usamos la encuesta para arrojar luz sobre cómo piensa la gente sobre la forma en que funciona la economía, o en el lenguaje de los economistas, sus “modelos subjetivos”. Pedimos a los encuestados que consideraran cuatro impactos hipotéticos en la economía de EE. UU.: un fuerte aumento en los precios del petróleo crudo como resultado de la caída de la oferta mundial, un aumento en los impuestos sobre la renta, un aumento en el gasto del gobierno federal y un aumento en la tasa de interés objetivo de la Reserva Federal. . Estos choques se estudian ampliamente en macroeconomía, pero también son conceptualmente comprensibles para los no expertos. Para asegurarnos de que todos los encuestados basaran sus respuestas en la misma información, proporcionamos cifras actuales de las tasas de inflación y desempleo y les pedimos que dieran sus pronósticos para las dos variables durante el año siguiente. Luego les dimos noticias sobre uno de los cuatro choques hipotéticos y les pedimos que hicieran nuevas predicciones para la inflación y el desempleo.
Sus respuestas mostraron que las creencias sobre los efectos de los shocks económicos estaban muy dispersas, con grandes diferencias dentro de nuestras muestras de hogares y expertos y entre los dos grupos. En algunos casos, los hogares y los expertos incluso discreparon sobre si un shock en particular tuvo un impacto positivo o negativo sobre la inflación y el desempleo. Lo más sorprendente es que, en promedio, los hogares creían que un aumento en la tasa de interés de política del banco central y un aumento en los impuestos sobre la renta aumentarían la inflación, en contra de las predicciones de una disminución de los expertos y muchos modelos de libros de texto (Gráfico 1).
En la segunda parte de la encuesta, investigamos los orígenes del desacuerdo entre los expertos y los hogares y dentro de los dos grupos. Parte del desacuerdo parece surgir porque los encuestados piensan que los shocks funcionan a través de diferentes canales de transmisión, en particular, los mecanismos del lado de la demanda versus los del lado de la oferta. Usando un conjunto de preguntas de opción múltiple y cuadros de texto abiertos, les pedimos a los encuestados que describieran lo que estaban pensando cuando hicieron sus predicciones. Encontramos que estas asociaciones explicaban una parte sustancial de las diferencias en los pronósticos. Como era de esperar, era más probable que los expertos confiaran en su conocimiento técnico, utilizando marcos tomados de sus conjuntos de herramientas cotidianos y, a menudo, haciendo referencia directa a modelos teóricos o estudios empíricos. Por el contrario, los hogares recurrieron a una gama más amplia de enfoques para hacer sus predicciones. Era más probable que se basaran en experiencias personales, se dejaran influenciar por puntos de vista políticos o simplemente adivinaran cómo un impacto determinado podría afectar la economía.
Además, cuando los hogares piensan en mecanismos específicos de propagación de choques, a menudo encuentran canales muy diferentes a los de los expertos. Esto, a su vez, explica en parte por qué sus predicciones para algunos shocks difieren tanto de las de los expertos. Por ejemplo, los hogares pensaron más a menudo en el impacto de las tasas de interés más altas en los costos de endeudamiento de capital de las empresas, que se trasladan a los consumidores a través de precios más altos. Por otro lado, los expertos consideraron principalmente el canal canónico del lado de la demanda, que predice una disminución de la inflación en respuesta a tasas de interés más altas a medida que los consumidores gastan menos y ahorran más (Gráfico 2).
Señales contextuales
¿Son estos resultados malas noticias para los banqueros centrales? Si el público en general interpreta un aumento de las tasas de interés como un presagio de una mayor inflación, ¿podrían los bancos centrales tener más dificultades para mantener la inflación a raya? Un resultado final de nuestro ejercicio apunta a la comunicación eficaz de las acciones políticas como solución. Las señales contextuales pueden dar forma a los canales de propagación en los que piensan las personas y, por lo tanto, qué pronósticos hacen. Vimos que los hogares a los que se les instó a pensar en los canales del lado de la demanda antes de hacer sus pronósticos tenían más probabilidades de predecir un efecto de los choques de política monetaria en línea con los expertos.
Es alentador que, si bien los banqueros centrales han sido conscientes durante mucho tiempo del poder de sus declaraciones cuidadosamente elaboradas para guiar las expectativas del mercado, parece que ahora se están enfocando más en hacer que su comunicación sea accesible a un público más amplio. Por ejemplo, Gardt y otros (2021) muestran que, como parte de una estrategia más amplia para ampliar el alcance de su mensaje, en los últimos años el Banco Central Europeo ha construido una presencia en las plataformas de redes sociales y ha utilizado un lenguaje más simple en discursos y declaraciones monetarias. declaraciones de poliza.
Los resultados de nuestro estudio también proporcionan alguna orientación empírica en una dirección diferente pero relacionada. Los modelos macroeconómicos canónicos dependen de manera crucial del supuesto de “expectativas racionales”, según las cuales los hogares basan sus decisiones individuales (sobre cuánto ahorrar, consumir y trabajar) en expectativas sobre el incierto estado futuro de la economía. Estas expectativas, a su vez, son consistentes con la forma en que eventualmente evoluciona la economía. La suposición no significa que los hogares tengan un conocimiento perfecto del futuro. Pero sí implica que si los hogares ven que el banco central aumenta las tasas de interés inesperadamente y creen que esto reducirá la inflación, sus acciones posteriores finalmente conducirán a una disminución de la inflación. Si bien este enfoque para modelar las expectativas a menudo ha sido criticado por ser demasiado estricto o poco realista, decidir la forma adecuada de apartarse de él no es sencillo. Para que sea significativo, cualquier desviación de este pilar de la macroeconomía moderna debe reflejar de manera realista cómo los hogares realmente forman expectativas. Por lo tanto, nuestro estudio proporciona una dirección preliminar para que los modelos macroeconómicos incorporen aspectos de comportamiento de las expectativas de los hogares que se basan en evidencia empírica.
Un esfuerzo de investigación cada vez mayor, encabezado por destacados académicos en el campo, tiene como objetivo utilizar los conocimientos de la economía del comportamiento para incorporar características de comportamiento de la forma en que los hogares forman expectativas en los modelos macroeconómicos y apartarse de los supuestos clásicos de expectativas racionales. Este campo, conocido como macroeconomía del comportamiento, se está expandiendo rápidamente pero enfrenta algunos desafíos importantes. Es intensivo en matemáticas, lo que puede limitar su uso inmediato en el trabajo de política cotidiano. Además, se basa de manera crucial en la evidencia empírica de cómo los hogares razonan sobre la macroeconomía y forman expectativas, que los economistas del comportamiento pueden construir sólidamente solo a través de numerosos y cuidadosos estudios. Sin embargo, tiene el potencial de dar forma fundamental tanto a la macroeconomía teórica como a la formulación de políticas del mundo real en los próximos años, y lo más probable es que la comunicación descubra un papel clave para influir en las expectativas.
*Carlo Pizzinelli es economista del Departamento de Estudios del FMI.
D’Acunto, F., U. Malmendier, and M. Weber. Forthcoming. “What Do the Data Tell Us about Inflation Expectations?” Handbook of Subjective Expectations.
Gardt, M., S. Angino, S. Mee, and G. Glöckler. 2021. “ECB Communication with the Wider Public.” ECB Economic Bulletin 8:122–42.
Malmendier, U., and S. Nagel. 2016. “Learning from Inflation Experiences.” Quarterly Journal of Economics 131 (1): 53–87.
Weber, M., F. D’Acunto, Y. Gorodnichenko, and O. Coibion. Forthcoming. “The Subjective Inflation Expectations of Households and Firms: Measurement, Determinants, and Implications.” Journal of Economic Perspectives.