En diciembre pasado, San Miguel, un pueblo vecino del Parque Iberá en Corrientes, fue sede del Primer Festival del Yaguareté Correntino. Ahora, impulsaron la creación de una efemérides que mantendrá viva para siempre a esta significativa celebración.
San Miguel era la sede “natural” para el evento por su papel fundamental en la recuperación de la especie: a pocos kilómetros del pueblo se alza el Centro de Reintroducción del Yaguareté (CRY), donde se criaron y liberaron los primeros ejemplares que hoy ya se reproducen en libertad y suman más de cuarenta.
El Festival del Yaguareté Correntino nació con el objetivo de poner en valor este extraordinario logro de conservación, visibilizar el rol de las comunidades y acercar a la ciudadanía a una de las historias ambientales más inspiradoras de la región.
El evento tuvo como disparador la inauguración del nuevo mural del yaguareté a cargo del grupo de artistas correntinos “Ñande Arte”, en una obra colectiva que rinde homenaje al regreso de esta especie emblemática y a la identidad cultural de Iberá. Las agrupaciones de danza folclórica de los barrios de San Miguel sumaron tradición y orgullo con una participación destacada.
San Miguel, el pueblo elegido para la celebración
La comunidad sanmiguelina ha sido clave en la construcción de un modelo local de desarrollo basado en el orgullo, la identidad cultural, la belleza de su naturaleza y las oportunidades de un Iberá protegido: guías, emprendedores, artesanos, cocineros, anfitriones y familias que encontraron en la conservación un camino de trabajo y arraigo.
Y fueron más allá: tras el festival, impulsaron un y de esa forma asegurar una fecha para celebrar al yaguareté en la memoria colectiva de la provincia. La fecha de celebración votada por la gente fue el 6 de junio, el día en que nacieron los primeros cachorros del proyecto, por el año 2018.
Esta edición inaugural fue el punto de partida de un festival anual e itinerante, que recorrerá cada año una localidad portal distinta del Iberá.
Este viernes, guardaparques dependientes del Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables, pertenecientes al paisaje protegido lago Urugua-í y al Parque Provincial Puerto Península, junto a la Coordinación de Zona Norte del Sistema de Áreas Naturales Protegidas (SANP) y con la colaboración de la Policía de Misiones, a través de la División Defensa del Medio Ambiente, llevaron adelante una amplia recorrida de prevención de ilícitos ambientales en el Lago Urugua-í y su zona de perilago.
El operativo incluyó patrullajes acuáticos y terrestres, con un recorrido aproximado de 90 kilómetros por agua y 200 kilómetros por tierra, orientados a detectar y desalentar actividades ilegales que afectan los recursos naturales del área.
Como resultado, se logró el secuestro de alrededor de 1.500 metros de redes de distintas medidas, cámaras infladas utilizadas para su colocación y la destrucción de un bote de madera empleado para la actividad ilícita. Las redes incautadas quedaron depositadas en el puesto del Lago Urugua-í.
El Parque Nacional Iguazú atraviesa por estos días uno de sus procesos naturales más relevantes desde el punto de vista ambiental y de conservación: inició la temporada de eclosión de la tortuga herradura (Phrynops williamsi), una especie de alto valor ecológico, reconocida de interés especial dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas y única representante del Orden Testudines con ese estatus. El fenómeno, que se repite de manera estacional, refuerza el rol estratégico del área protegida en la preservación de linajes de reptiles considerados entre los más antiguos aún vivos.
La eclosión se produce en sectores de alta circulación turística, lo que vuelve central el equilibrio entre uso público del parque, conservación de la biodiversidad y responsabilidad institucional, tanto del Estado como de los concesionarios de servicios.
Zonas de nidificación y un proceso natural que convive con el turismo
Según se informó, los principales sitios de nidificación de la tortuga herradura se localizan en Puerto Tres Marías y en la Toma de Agua, áreas que integran el recorrido hacia la Garganta del Diablo, uno de los circuitos más visitados del Parque Nacional Iguazú.
Durante las primeras horas del amanecer y también al caer la tarde, las crías emergen de los nidos y comienzan su desplazamiento hacia el río, en un proceso que requiere condiciones ambientales estables y mínima perturbación externa. La coincidencia entre estos momentos críticos del ciclo biológico y la actividad turística convierte a esta etapa en un desafío de gestión para el área protegida.
En ese marco, desde Iguazú Argentina S.A., concesionaria de los servicios del Área Cataratas, destacaron el valor del acontecimiento natural y ratificaron su acompañamiento a las acciones del Parque Nacional Iguazú orientadas a la protección de la especie, subrayando la necesidad de una convivencia armónica entre visitantes y biodiversidad.
Conservación, responsabilidad y compromiso colectivo
La tortuga herradura es una especie amenazada, y su reconocimiento como de interés especial dentro del sistema de áreas protegidas nacionales la convierte en un indicador clave de la salud ambiental del ecosistema. Por ese motivo, las autoridades y la concesionaria hicieron un llamado explícito a visitantes, colaboradores y guías para extremar los cuidados durante esta etapa sensible del ciclo reproductivo.
Entre las recomendaciones difundidas se destacan transitar con precaución por los sectores señalizados, evitar ruidos y movimientos bruscos que puedan alterar el proceso natural y respetar la cartelería informativa y las indicaciones de los guías. Estas medidas apuntan a reducir el estrés sobre las crías y aumentar sus probabilidades de supervivencia.
Desde el enfoque institucional, la temporada de eclosión refuerza el carácter del Parque Nacional Iguazú no solo como destino turístico de relevancia internacional, sino también como espacio estratégico de conservación, donde la gestión responsable del patrimonio natural se traduce en beneficios ambientales de largo plazo.
“La conservación es tarea de todos”, remarcaron desde el ámbito del parque, destacando que cada acción individual contribuye a sostener la presencia de la tortuga herradura como parte del patrimonio natural, un activo ambiental que también fortalece el perfil sustentable del destino Cataratas.
Ante un escenario climático adverso y la activación del nivel extremo en el Índice de Peligro de Incendios, el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones convocó este viernes a la Mesa de Coordinación Preventiva de Incendios 2026, con el objetivo de anticiparse a un verano de alta complejidad operativa. La iniciativa busca fortalecer la articulación interinstitucional, mejorar la capacidad de respuesta y profundizar las acciones de prevención frente a un contexto de déficit hídrico, temperaturas elevadas y riesgo sostenido para la población, las infraestructuras críticas y el ambiente.
La convocatoria se produjo luego de que el pasado lunes 26 de enero la provincia alcanzara oficialmente el nivel extremo de peligrosidad, un indicador que, según los pronósticos, se mantendrá entre valores altos y extremos durante el resto del verano. El escenario plantea un desafío económico, ambiental e institucional, especialmente para un territorio con alta cobertura forestal, producción primaria intensiva y áreas naturales protegidas de alto valor estratégico.
Un verano con déficit hídrico y riesgo sostenido
Durante el encuentro se analizaron datos técnicos actualizados que confirman un panorama crítico. Para lo que resta de enero y febrero, los modelos climáticos anticipan déficit de precipitaciones y temperaturas elevadas, condiciones que favorecen la rápida propagación del fuego tanto en áreas rurales como forestales. Para el resto del verano, el índice de peligro se mantendría de manera sostenida entre niveles altos y extremos.
Los especialistas advirtieron además que la presencia de un evento “La Niña” débil, confirmado para febrero y marzo, funciona como un amplificador del riesgo. La atmósfera no logrará acumular la humedad suficiente para generar lluvias generalizadas, lo que incrementa la vulnerabilidad del monte nativo y del sector forestal frente al estrés hídrico. Incluso en caso de tormentas aisladas, el alivio sería transitorio: el índice podría descender momentáneamente a valores muy altos o altos, pero volvería a extremo en menos de 48 horas debido a la intensa radiación solar propia de la estación.
En ese marco, se identificaron zonas críticas en todo el territorio provincial. En el sur de Misiones, particularmente en áreas de pastizales de Posadas y Apóstoles, el riesgo es máximo por temperaturas que superan los 38 grados y una menor cobertura arbórea que dificulta la retención de humedad. En la zona centro, que incluye localidades como Oberá y Aristóbulo del Valle, el peligro se explica por la acumulación de material seco en áreas de producción forestal. En el norte, especialmente en Iguazú y San Pedro, el riesgo se mantiene entre alto y extremo, con monitoreo permanente ante la posibilidad de focos ígneos generados por tormentas secas y caída de rayos.
Coordinación institucional y refuerzo operativo
La Mesa de Coordinación fue encabezada por el ministro de Ecología y Recursos Naturales Renovables, Martín Recamán, junto al subsecretario de Ordenamiento Territorial, Lucas Russo, y el subsecretario de Ecología y Desarrollo Sustentable, Facundo Ringa. Participaron además representantes de áreas estratégicas vinculadas al manejo del fuego, la protección civil y la seguridad, entre ellos autoridades provinciales, nacionales y municipales, fuerzas de seguridad, bomberos y organismos técnicos.
Durante la jornada se avanzó en la planificación de acciones conjuntas de prevención, monitoreo y respuesta, con énfasis en el fortalecimiento de patrullajes, la coordinación operativa entre jurisdicciones y la optimización de los sistemas de alerta temprana. También se abordó la necesidad de proteger infraestructuras críticas y minimizar el impacto económico y ambiental que los incendios generan sobre el sector forestal, las áreas productivas y los ecosistemas.
En este contexto, Recamán subrayó que la estrategia provincial se apoya tanto en la capacidad del Estado como en la conducta social. “La prevención es una tarea colectiva y requiere del involucramiento de todos”, enfatizó, al tiempo que remarcó la importancia de la concientización ciudadana para evitar prácticas de riesgo, especialmente en un escenario extremo como el actual.
Resultados previos y desafíos para febrero
Por su parte, el director de Alerta Temprana y Manejo del Fuego, Luis Chemes, advirtió que durante febrero se mantendrán condiciones de riesgo entre muy alto y extremo, lo que refuerza la necesidad de sostener estos espacios de articulación y planificación. No obstante, destacó el impacto de las políticas públicas de prevención implementadas en los últimos años: desde 2022, los incendios forestales y rurales en Misiones se redujeron en más del 50%, un dato que muestra la eficacia de la combinación entre controles, monitoreo y campañas de concientización.
“Misiones tiene un privilegio que la distingue del resto de las provincias: si en Misiones no se prende fuego, no habrá incendios forestales”, afirmó Chemes, al sintetizar el enfoque preventivo que guía la política provincial en la materia.
El escenario actual obliga a redoblar esfuerzos en un contexto donde el riesgo ambiental se cruza con impactos económicos directos sobre el sector forestal, el turismo y la infraestructura rural, además de los costos operativos que implica el combate del fuego. La activación temprana de la Mesa de Coordinación Preventiva apunta a reducir esos riesgos, anticipar escenarios y sostener una respuesta integrada entre el Estado y la comunidad.
El encuentro concluyó con un llamado a extremar los cuidados, evitar cualquier tipo de quema y denunciar de inmediato la presencia de focos de incendio. En un verano marcado por condiciones extremas, la prevención vuelve a posicionarse como la principal herramienta para proteger el ambiente, la producción y la seguridad de la población misionera.
Exploradores nació con el objetivo de que chicos y chicas pudieran tener experiencias reales en la naturaleza del Parque Patagonia, en Santa Cruz. Que pudieran salir al cañadón, compartir tiempo al aire libre y aprender desde el encuentro. Cinco años después, ese punto de partida sigue siendo el mismo, aunque el camino recorrido le dio forma, profundidad e identidad propia.
“Cuando miro hacia atrás siento que Exploradores hizo un recorrido muy orgánico, de ir aprendiendo mientras hacíamos”, resume Rocío Navarro, responsable del programa y una de sus impulsoras. Al principio, cuenta, era una idea sencilla: ir al cañadón con chicos y chicas y propiciar el contacto directo con la naturaleza. Con el tiempo, la experiencia se volvió “más profunda, más compleja, más consciente”.
Ese crecimiento no fue azaroso, sino planificado. Exploradores se fue consolidando como un programa con una mirada pedagógica definida, equipos formados y un fuerte anclaje en el lugar donde sucede. También implicó revisar procesos, pensar alcances, qué grupos faltan sumar y dónde poner más esfuerzo. “Fuimos entendiendo qué funciona, qué necesita la comunidad y qué sentido tiene hacerlo acá, en este territorio”, explica Rocío.
En estos cinco años, Rocío vio transformaciones que si bien no aparecen en planillas ni en métricas, se notan. “El cambio más fuerte se da en la forma de estar en los campamentos. Los chicos llegan con tiempos acelerados, poca tolerancia al aburrimiento o a la frustración, y distante con el entorno. Con el correr de las horas, empiezan a registrar el paisaje, a escucharse, a cuidarse entre ellos”.
Ahí ocurre algo central. Y es que la naturaleza deja de ser el fondo para una foto y pasa a ser espacio de vínculo, de aprendizaje y de responsabilidad compartida. “Eso no se enseña con discursos. Se construye con experiencia real”, dice Rocío.
Foto: Julieta Peña Vasquez
Para Rocío, repasar los momentos más importantes o que dejaron una huella en el recorrido de todos estos años es algo sencillo, aunque no habla de grandes hitos, sino de escenas que, aunque sean mínimas, están llenas de simbolismo. Chicos que al principio no querían caminar y después piden quedarse un rato más; grupos que se organizan solos para resolver una dificultad; silencios compartidos mirando el paisaje. Y también situaciones más profundas, más personales, donde Exploradores “fue refugio” para pibes atravesados por contextos de vulnerabilidad. “Ahí entendés que no es solo una actividad al aire libre. Lo que se construye es confianza, cuidado, un lugar distinto y más seguro. Y eso vale la pena sostenerlo en el tiempo”.
“Ahora lo entiendo”
Ese impacto se vuelve todavía más claro cuando habla uno de los chicos que participó en las primeras ediciones. Martín Contreras tenía diez u once años cuando fue por primera vez. Hoy, con un poco más de distancia, puede poner en palabras lo que quedó.
“Me acuerdo de la primera vez”, dice. “Me sentía feliz, emocionado. Lo que más esperaba era ayudar a cocinar o armar las carpas”. Entre risas, recuerda juegos, tareas compartidas y aprendizajes… desde cómo se organizan las manadas de guanacos, hasta descubrir que ¡era alérgico a las hormigas!… y que “me encanta estar en contacto directo con la naturaleza”.
Pero hay algo que aparece con fuerza cuando mira hacia atrás. “Antes, cuando hablaban de cuidar el planeta, yo pensaba que lo decían por decir. Ahora lo entiendo”. Hoy, con quince años, entiende también por qué insistían tanto en el cuidado, en el trabajo en grupo, en el respeto por el entorno. Y si tuviera que contarle a otro chico qué es Exploradores, lo tiene claro: “Es un lugar donde nunca te aburrís, siempre estás haciendo cosas. Y ojalá sigan contando historias cuando cocinamos al lado del fuego o cuando comemos todos juntos”.
Foto: Julieta Peña Vasquez
Volver a salir, volver a encontrarse
Exploradores llega a sus cinco años con la certeza de no ser solo un proyecto más de verano. Es un espacio vivo. “Se mantiene en movimiento, porque no somos rígidos”, explica Rocío. Hay una filosofía clara —aprender desde el territorio, desde el cuerpo, desde el encuentro y el cuidado— pero también escucha, adaptación y equipo.
Por eso Exploradores vuelve. Porque sigue teniendo sentido, porque hay chicos que crecen, que recuerdan, que entienden, que quieren volver y compartir, y porque la naturaleza sigue enseñando. Y porque, como resume Rocío, Exploradores es experiencia, comunidad e identidad; “una forma de aprender estando”.