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En Honduras el cambio climático avanza más rápido que sus políticas

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Escribe Breidy Hernández / Inter Press Service – Ubicado como el tercer país más vulnerable del mundo según el Índice de Riesgo Climático 2025 de Germanwatch, Honduras enfrenta una paradoja profunda: mientras su fragilidad ante huracanes, inundaciones y sequías se acentúa año con año, el país ha presentado una segunda actualización de su contribución determinada a nivel nacional (NDC, en inglés) que podría parecer más una declaración de intención que una hoja de ruta viable.

La NDC, que es el documento mediante el cual el país presenta sus metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero – una acción prevista en el Acuerdo de París, en el que las naciones se comprometen a frenar el calentamiento global -, promete reducir emisiones, restaurar bosques y avanzar hacia un desarrollo resiliente.​

El análisis de la NDC es la carta de presentación hondureña para la 30 Conferencia de las Partes (COP30) sobre cambio climático, que hospedará la ciudad amazónica de Belém do Pará, en el norte de Brasil, desde el lunes 10 y hasta el día 21.

Sin embargo, la gran pregunta es si este compromiso es compatible con la realidad estructural de este país centroamericano.

Con instituciones débiles, limitaciones financieras y una implementación lenta de políticas climáticas, la ambición de la NDC no parece realista, ya que el país no señaló medidas que indiquen un plan de acción concreto. Mientras, el territorio paga cada año – con vidas y pérdidas millonarias – el precio del cambio climático.

En Cedeño, una comunidad costera al sur de Honduras, el avance implacable del mar ha convertido sus calles y viviendas en escombros; hoy, sus habitantes representan el rostro humano del cambio climático, resistiendo mientras la playa y sus medios de vida desaparecen cada año bajo la amenaza de la erosión costera. Imagen: Jorge Burgos / Criterio

El documento, elaborado por la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (Serna), mantiene la meta de reducir un 16% de las emisiones proyectadas para 2030, además de incorporar por primera vez el sector de Uso de la Tierra, Cambio de Uso de la Tierra y Silvicultura (Utcuts), en busca de mayor cobertura de fuentes y sumideros de gases de efecto invernadero.

Aunque el documento oficial, presentado en abril de 2025, busca mostrar compromiso con el Acuerdo de París, los especialistas consultados por el reportaje coinciden en que la falta de financiamiento, la débil institucionalidad y la ausencia de voluntad política amenazan su cumplimiento real.

José Ramón Ávila, de la Asociación de Organismos No Gubernamentales (Asonog) y voz crítica del sector social, señala que, aunque Honduras asumió trece objetivos estratégicos de mitigación y adaptación en la NDC de 2021, “la agenda climática sufre un grave retroceso porque no se están abordando los problemas fundamentales para una gestión climática favorable al país”.

Para José Ramón Ávila, la falta de voluntad política profundiza la deforestación y el avance de industrias extractivas en Honduras, quedando en deuda con la población y el ambiente. Imagen: Jorge Burgos / Criterio

Destaca la falta de acciones efectivas en temas clave como desarrollo rural sostenible, transición energética y control de la deforestación, donde predominan los anuncios sobre la implementación real.

Una ambición más metodológica que política

Toda la ambición climática nacional sigue siendo condicionada al financiamiento internacional. Según el documento oficial, el cumplimiento dependerá de la llegada de fondos externos bajo el Acuerdo de París, que cumple ahora 10 años. Esto implica que, sin recursos extranjeros, la mitigación y adaptación no avanzarán.​

Ana Rosario Velásquez, cofundadora de la Coalición Ambiental de Honduras, considera que se trata de “un plan sin músculo financiero ni capacidad institucional para ejecutarse”, subrayando la falta de una cartera de proyectos bancables, cronogramas de ejecución o mecanismos de monitoreo y transparencia.

Ana Velásquez advierte que, aunque la nueva NDC de Honduras reconoce los impactos de los eventos extremos y la necesidad de adaptación, aún no integra un enfoque operativo de ‘pérdidas y daños’, elemento fundamental en los debates internacionales sobre justicia climática. Imagen: Criterio

El incumplimiento de los compromisos financieros por parte de los países desarrollados vuelve a poner en evidencia la brecha entre las promesas y la acción climática.

Aunque existía la expectativa, por parte de la sociedad civil y de los países en vías de desarrollo, de que la nueva meta global de financiamiento (NCQG) alcanzará los 1,3 billones de dólares anuales (a partir de una estimación de cuánto dinero sería necesario para acelerar la transición energética y hacer frente a los impactos del cambio climático), el acuerdo de la última COP apenas alcanzó los 300 000 millones para 2035.

Quedó pendiente la elaboración de una hoja de ruta que, según lo pactado, deberá indicar los caminos para alcanzar los 1,3 billones (millones de millones) de dólares de financiamiento, aunque no se trata de un nuevo acuerdo oficial.

Además, esta segunda actualización de la NDC de Honduras incorpora por primera vez el sector de Uso de la Tierra, Cambio de Uso de la Tierra y Silvicultura, lo que permite contabilizar sumideros y remociones de gases bajo las directrices del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

Según la Serna, esta inclusión fortalece la integridad ambiental y hace la NDC más “integral y transparente”.

Ávila señala que incluir este cambio puede tener impacto dependiendo de cómo se aplique la regulación: si hay mayor control sobre la tala y mejor gestión forestal, la emisión de gases puede reducirse, pero advierte que esto requiere voluntad política y acciones concretas que no están ocurriendo actualmente en el país.

En la Moskitia hondureña, la deforestación avanza a pesar del programa de reforestación de 900 millones de lempiras. La tala ilegal, la expansión ganadera y el narcotráfico continúan devastando bosques protegidos, como en la biosfera del río Plátano, desplazando a comunidades indígenas y poniendo en riesgo ecosistemas únicos del país. Imagen: Criterio

Por su parte,  Ricardo Pinedadirector de Sustenta Honduras, advierte que la actualización de la NDC aumenta artificialmente la línea base de emisiones; explica que tiene que ver con que la meta de reducción de emisiones es con base a una duplicación de las emisiones actuales.

“Es como querer vender una reducción de emisiones en porcentaje, pero en números reales, se está anticipando un incremento de emisiones. Como que muestra que hacen las cosas por el compromiso y no por voluntad en acción climática”, dice.

Esta “ambición metodológica” cumple con las demandas de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), pero carece de una traducción práctica en políticas energéticas, agrícolas o forestales. En lugar de consolidar una visión estratégica con resultados cuantificables, la actualización convierte el ejercicio de mitigación en un cálculo contable, sin efectos reales sobre la descarbonización del país.​

Para los especialistas consultados, el problema radica en que la NDC hondureña fue construida como un documento técnico más que político, sin anclaje en planes operativos ni respaldo presupuestario que garantice su aplicación.

Velásquez advierte que Honduras “pinta de verde el fracaso” porque depende casi por completo del financiamiento internacional, sin generar recursos nacionales ni fortalecer sus propias instituciones.

Pineda añade que, con este enfoque, Honduras se autoexcluye del acceso al financiamiento climático internacional porque “no está demostrando voluntad ni claridad en sus compromisos de mitigación”, mientras que Ávila subraya que “el problema no es técnico sino político: el país carece de voluntad para transformar su modelo extractivo y energético”.

A pesar de las promesas del gobierno de Xiomara Castro y su discurso contra el extractivismo, Honduras sigue en deuda con la defensa territorial y ambiental. En Azacualpa, Copán, se otorgó un plan de salvamento en zonas de amortiguamiento de la mina San Andrés, beneficiando a filiales extranjeras como Aura Minerals. Imagen: Criterio

Adaptación: el talón de Aquiles climático

Laadaptación climática se ha consolidado como uno de los pilares más urgentes de la acción ambiental en Honduras. En la segunda actualización de su NDC, el gobierno reafirma que la meta no solo es reducir emisiones, sino también fortalecer la resiliencia de comunidades y ecosistemas ante la crisis climática.​

Además, busca fortalecer la resiliencia en sectores críticos como el agrícola, marino-costero, hídrico, infraestructura y biodiversidad, alineándose con los ejes del Plan Nacional de Adaptación (PNA).

Según la Primera Comunicación Nacional de Adaptación (2023), las prioridades incluyen aumentar la capacidad de almacenamiento de agua, proteger ecosistemas degradados, restaurar manglares y humedales, e incorporar criterios de adaptación en la planificación territorial y de infraestructura.

Sin embargo, a pesar de contar con un marco técnico robusto y estrategias como la Adaptación Basada en Ecosistemas (AbE), la implementación enfrenta limitaciones de recursos, ausencia de coordinación interinstitucional y un acceso desigual a los mecanismos de financiamiento climático.

César Quintanilla, especialista en cambio climático, señala que Honduras “está desnuda ante los impactos climáticos”, con comunidades costeras y agrícolas que siguen perdiendo hogares y medios de vida por inundaciones, erosión y aumento del nivel del mar.

Aunque la NDC menciona la alta vulnerabilidad del país, no incorpora medidas operativas de adaptación, como planes territoriales, sistemas de alerta temprana o financiamiento para ciudades y comunidades rurales.

Un ejemplo de ello es la comunidad costera de Cedeño, donde en las últimas cuatro décadas, el avance sostenido del mar hacia tierra firme ha provocado una severa erosión costera en el golfo de Fonseca, al sur de Honduras. El fenómeno ha reducido considerablemente la franja de playa y destruido viviendas, negocios y restaurantes en antiguas zonas turísticas en el municipio de Marcovia.

Este retroceso del litoral, causado por el aumento del nivel del mar y las marejadas más intensas, ha transformado el paisaje y obligado a decenas de familias a desplazarse, dejando tras de sí comunidades fragmentadas y una economía local cada vez más golpeada por los efectos del cambio climático.

Rosa María Pastrana, de 68 años y mujer pescadora, ha visto cómo el mar ha arrasado con casas –incluida la suya— y cómo el medio de vida –los peces—se está escaseando producto del cambio climático.

Pese a la vulnerabilidad que están experimentando, Pastrana lamenta que las autoridades municipales y del gobierno central no se han preocupado por implementar planes de mitigación ni mucho menos de adaptación. “Nosotros hemos aprendido a vivir con el avance del mar, aquí nos han dejado solos”.

En el pasado, Rosa María salía al mar para faenar junto a su familia. Hoy, aguarda al atardecer la llegada de las lanchas para limpiar los escasos pescados que logran capturar, reflejo de cómo el cambio climático y la migración de especies han transformado el sustento de los pescadores artesanales. Imagen: Jorge Burgos / Criterio

La casa de Rosa María está bajo el mar, al igual que la de muchos lugareños y aunque las afectaciones son desde hace años, en Marcovia aún no se ha implementado un plan de ordenamiento territorial. De acuerdo con las autoridades municipales, la falta de recursos ha impedido concretar el estudio de ordenamiento territorial elaborado junto a la Embajada de la República de China (Taiwán).

En las palabras de Quintanilla, Honduras “no ha logrado traducir su vulnerabilidad en acción”, ya que las comunidades más expuestas —especialmente las rurales y costeras— siguen sin apoyo para responder ante sequías, huracanes e intrusión y erosión marina. Este desfase entre planificación y ejecución convierte la adaptación en una deuda ambiental y social urgente dentro de la agenda climática nacional.

¿Cómo se presentará Honduras en la COP30?

De cara a la COP30 en Belém, los entrevistados consideran que Honduras llega con discursos verdes y manos vacías, con una agenda débil y sin una estrategia climática concreta.

Para Pineda, la delegación hondureña asistirá “fragmentada y sin preparación”, centrada más en el contexto electoral del país que en la urgencia climática.

Honduras decidirá quién será su próximo presidente o presidenta el 30 de noviembre, solo una semana después de celebrada la COP30, y el secretario de Estado de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, Lucky Medina, es el jefe de campaña de la candidata del partido Libertad y Refundación, actualmente en el poder.

Pineda advierte que la falta de coordinación institucional y de representación de la sociedad civil refuerza la exclusión de comunidades, mujeres y jóvenes de los espacios de negociación internacional.

Además, sostiene que “será la COP más importante para la región, pero Honduras llega con la menor preparación”, sin proyectos listos ni una posición alineada con los objetivos globales de mitigación y adaptación.

Esta situación, según Pineda, no solo debilita la credibilidad del país dentro del proceso de la CMNUCC, sino que también limita el acceso a fondos climáticos internacionales, en particular los destinados a pérdidas y daños.​

Desde la sociedad civil, voces como la de Velásquez y Ávila lamentan que el gobierno llegue a Belém “con las manos vacías”, llevando un discurso que promete acción climática, pero sin sustento técnico ni financiero.

Ávila considera que Honduras “asistirá en deuda con su población y con sus compromisos internacionales”, debido a la falta de voluntad política, poca investigación aplicada y escasa articulación entre academia, sector público y comunidades.

Quintanilla es aún más crítico: asegura que el país repetirá el mismo patrón de años anteriores, con delegaciones numerosas, pero poco técnicas, que no participan en las mesas de negociación ni aportan propuestas concretas.

Para recuperar credibilidad y viabilidad, los especialistas recomiendan adoptar un Plan Operativo NDC 2025–2030 con metas medibles, presupuestos asignados y participación ciudadana real.​ Solo entonces, Honduras podría dejar de ser percibida como un país con fracasos en la gestión climática en Centroamérica y avanzar hacia un enfoque más justo, coherente y resiliente frente a la crisis.

Este reportaje se elaboró con el apoyo de Climate Tracker América Latina y el respaldo de Oxfam.

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La COP30 y el reto latinoamericano de reducir emisiones

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Escribe Emilio Godoy / Inter Press Service – Brasil, el anfitrión desde este jueves 6 de la Cumbre de Líderes, primero, y de la 30 Conferencia de las Partes (COP30) sobre cambio climático, que se desarrollarán en la nororiental ciudad de Belém, en plena Amazonia, es un ejemplo de esas contradicciones y paradojas.

En los últimos dos años, el país más grande de la región redujo las emisiones por deforestación, pero las emanaciones de sectores como la energía y la agricultura crecieron, lo que influye en el aumento de la temperatura y la sequía en la Amazonia.

Para David Tsai, coordinador del brasileño Sistema de Estimaciones y Remociones de Gases de Efecto Invernadero (Seeg), el hecho encierra tanto una contradicción y una paradoja en la política brasileña de mitigación de emisiones contaminantes.

“En los dos últimos años, hubo una disminución de emisiones debido al control de la deforestación, que es necesario, pero lo que muestran los últimos 15 años no es suficiente. Necesitamos descarbonizar otros sectores también”, dijo a IPS desde Brasilia.

Y la paradoja consiste en que, a pesar de la caída de la tala en el macizo selvático más grande del mundo, este sufrió incendios forestales debido a altas temperaturas y sequía, efectos de la catástrofe climática. “Esto muestra que el gobierno tiene que hacer más en otros sectores, como el mundo entero. Salvar la Amazonia no es ya solo responsabilidad brasileña”, subrayó el especialista.

Datos del no gubernamental Seeg indican que la mayor economía latinoamericana redujo sus emisiones de gases de efecto invernadero, procedentes de las actividades humanas y responsables del aumento de la temperatura del planeta, 17% en 2024, la mayor baja desde 2009.

Si bien el cambio de uso de la tierra (deforestación) reportó una caída de 32%, sectores como la ganadería, uno de los motores de la economía nacional; generación y consumo de energía crecieron 20%, frente al año de referencia de 2005 para su contribución determinada a nivel nacional (NDC, en inglés).

Así, Brasil, el cuarto mayor contaminador mundial, no cumplirá la meta de emisiones de 1320 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) equivalente, el gas responsable del recalentamiento planetario, en 2025, al registrar un faltante de 9 %, según el Seeg, ni la de 2030.

El CO2 equivalente es una medida utilizada para comparar las emisiones de diferentes gases de efecto invernadero en relación con su potencial de calentamiento global.

El expediente brasileño muestra las dificultades de la región para cumplir con sus compromisos voluntarios de reducción de emisiones plasmados en las NDC, el conjunto de políticas de mitigación y adaptación a las consecuencias de la catástrofe climática, que los países deben presentar cada cinco años para cumplir con el Acuerdo de París de cambio climático, rubricado en 2015.

En ese contexto arriba la región a la COP30 de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), que acogerá Belém, en el estado de Pará, del 10 al 21 de noviembre.

La cita anual estará precedida excepcionalmente por una Cumbre de Líderes políticos los días 6 y 7, segmento que la presidencia brasileña de la COP30 adelantó debido a cuestiones logísticas por lo inadecuado de Belém para acoger un encuentro que proyecta acoger a más de 40 000 personas, entre representantes gubernamentales, de organismos internacionales, la academia, organizaciones de la sociedad civil y periodistas.

Paneles fotovoltaicos en una casa en la ciudad de Aguascalientes, en el estado homónimo en el centro de México. La transición energética hacia modos menos contaminantes marcha con lentitud en este país latinoamericano y lo que repercute en la reducción de emisiones de dióxido de carbono. Imagen: Emilio Godoy / IPS

Mal de muchos…

 México, la segunda economía regional y el segundo mayor contaminador latinoamericano, enfrenta una situación semejante a la de Brasil, cuya tercera NDC es “insuficiente”, acorde con la plataforma científica internacional Climate Action Tracker (CAT).

Las emisiones totales entre 1990 y 2022 crecieron 67%, mientras que en el decenio 2012-2022 este indicador se situó en 5,8%.

La generación y uso de energía aportó 63%, la ganadería, 15%; los procesos industriales, 9,6%, y los residuos, 8,5%.

El gobierno mexicano asegura que está en ruta de alcanzar la reducción de 30% de las emisiones en 2030, en línea con su NDC de 2022, que CAT calificó de “críticamente insuficiente” ante la meta del Acuerdo de París de estabilizar el incremento de la temperatura global en 1.5 grados centígrados.

Cuando están por abrirse las puertas de la COP30, México está aún por publicar su nueva NDC, que estipularía una meta de reducción de emanaciones de 35%, unos 225 millones de toneladas de CO2.

Argentina, por su parte, asegura que está muy cerca de lograr su meta de baja de contaminación, que totalizó 401 millones de toneladas en 2022. La nación sudamericana colocó su meta para 2030 en 349 millones.

Pero organizaciones de la sociedad civil de la tercera economía regional hallan difícil el seguimiento al proceso y la corroboración de la cifra.

“La fuente confiable debería ser el inventario (de emisiones), porque de lo contrario es muy difícil acceder a la información. Cuando la incertidumbre es tan grande, es muy difícil el seguimiento. No estaríamos en dirección correcta para la meta. Tampoco hay políticas que incentiven reducción de emisiones”, dijo a IPS desde Buenos Aires Camila Mercure, coordinadora de Política Climática de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (Farn).

Entre 1990 y 2022, las emisiones aumentaron 46%. En este último año, la generación y utilización de energía colaboró con 50%, la agricultura y ganadería, 25%; uso de la tierra y cambio de uso de suelo (Uscus, medidor de la deforestación), 13%; residuos y procesos industriales, ambos 6%.

Para el cumplimiento de su NDC, Argentina elaboró un plan de adaptación y mitigación que contiene 250 medidas y estimaciones de financiamiento necesario de 180 322 millones de dólares para 169 acciones. Sin embargo, no especificó montos para el resto.

Pero en 2024 publicó un informe de avance del plan y cita que la mayoría de las políticas no se han aplicado y de otras no existe información.

CAT catalogó de “insuficientemente crítica” la NDC de 2022 y estimó que el nivel de emisiones de 2022 implicaría una proyección de aumento de 15% en 2030, lo que incumpliría su propia meta voluntaria de recorte. Entre tanto, se espera que el país presente antes de inaugurarse la COP30 la actualización de su NDC.

Mientras, Chile, la quinta economía regional, ha sido de los países latinoamericanos más ambiciosos en su NDC, aunque esto se ha atenuado en sus nuevos objetivos.

En 2022, la nación sudamericana lanzó a la atmósfera 111 millones de toneladas, para una subida de 135 % frente a 1990 y de 7 % desde 2020.

La energía cooperó con 50%, Uscus, 33%; y agricultura, residuos y procesos industriales, los tres 5%.

La NDC de 2020 planteó una meta de disminución de 95 millones de toneladas en 2030 y su nueva política, presentada en septiembre último, la situó por debajo de 90 millones en 2035

Al respecto, CAT la calificó de “casi suficiente” frente al Acuerdo de París, pero advirtió que la brecha entre ambos objetivos ha crecido, de 10 millones de toneladas en 2030 a 22 millones en 2035, indicativo de un debilitamiento de la ambición.

Finalmente, Colombia, la cuarta economía regional, emanó 280 millones de toneladas en 2021, que representan un aumento de 25,8 % en comparación con 1990.

El Uscus participó con 34,49%, seguido por energía (32,71%) y agricultura (20,69%).

En su NDC actualizada en septiembre, el país aumentó su ambición a un límite de emisiones entre 155 millones y 161 millones en 2035, ante 169 millones asumido para 2030 en su política previa. Sin embargo, el alcance y la ruta de ejecución aún son una incógnita.

CAT consideró “insuficiente” la NDC 2, mientras aún no evalúa el nuevo instrumento.

Los países abordados han asumido la meta de cero neto en 2050, entendidas como la equivalencia de las emisiones lanzadas y las evitadas, y el diferencial, anulado mediante el uso de depósitos de carbono, como bosques y manglares, o herramientas tecnológicas.

Varios informes recientes alertan de la insuficiencia de las NDC frente a la meta de 1,5 grados. Por ejemplo, el Balance Mundial sobre el cumplimiento del Acuerdo de París señaló que el avance es lento frente al desafío y que el mundo tiene una ruta extraviada hacia los objetivos plasmados en el acuerdo.

La construcción de alojamientos en la ciudad amazónica de Belém, en el norteño estado brasileño de Pará, para alojar a los más de 40 000 participantes en la COP30, ha seguido hasta las vísperas de cumbre, que busca reencauzar la lucha climática en un contexto de desastres y de retroceso en el diseño y aplicación de políticas climáticas. Imagen: COP30

¿Más de lo mismo?

El brasileño Tsai menciona la necesidad de compromisos obligatorios a nivel internacional para abandonar progresivamente el petróleo, el gas y el carbón, así como medidas nacionales para reducir las emisiones, como el fomento a biocombustibles provenientes de residuos y la restauración de áreas pastoriles dañadas.

“Según nuestras estimaciones, hay suficiente tierra para biocombustibles que descarbonicen Brasil. Es una forma rápida de cambiar el panorama de las emisiones. Pero tenemos que arribar a tecnologías más eficientes, etanol de caña de azúcar y soja no son las mejores opciones. Pero seguramente veremos lo mismo de cumbres previas, es un panorama difícil de cambiar”, planteó el experto.

Para la argentina Mercure, la principal barrera es la falta de prioridad de la temática climática.

“Hay una puja por seguir con el modelo actual (de uso de combustibles fósiles). El escenario es bastante complejo. En la reducción (de emisiones), lo que termina sucediendo es que las metas y compromisos son ambiciosos en el papel, pero no están las hojas de ruta correspondientes para llegar a ese número. Vale preguntarse cuál es el camino para seguir, para presionar para elegir una ruta mejor”, lamentó.

Con la intensificación de desastres, como huracanes poderosos, y la meta de 1,5 grados al borde de la ruptura, la COP30 difícilmente aportará un cambio de ruta, especialmente bajo la luz de las NDC actualizadas.

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Argentina presentó su nueva meta climática y bajó la ambición

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Por Juan Carlos Villalonga y Elisabeth Mohle. El lunes 3 de noviembre, el gobierno argentino presentó su nueva meta de mitigación en la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), el documento que establece los objetivos del país frente al cambio climático. En lugar de elevar la ambición, la nueva versión relaja los compromisos: el límite de emisiones pasa de 349 millones de toneladas de CO₂ equivalente —establecido en 2021— a 375 millones para 2030 y 2035. Se trata de un retroceso que contradice la ciencia, la tendencia global y, sobre todo, la oportunidad de definir un rumbo que impulse la transición verde como motor de inversión, empleo y competitividad.

Qué son las NDC y por qué importan

Las NDC son el corazón del Acuerdo de París, el pacto global adoptado en 2015 para enfrentar el cambio climático. A diferencia del acuerdo climático anterior -el Protocolo de Kioto, no impone metas desde arriba: cada país define su propio aporte y lo presenta ante la comunidad internacional. En conjunto, esos compromisos trazan el rumbo colectivo para mantener el aumento de la temperatura media del planeta por debajo de los 2 °C —y, en lo posible, de 1,5 °C— respecto de los niveles preindustriales.

Cada cinco años, los países deben actualizar sus NDC y elevar su nivel de ambición. Este mecanismo de revisión progresiva es fundamental, porque incluso con los compromisos actuales el mundo sigue camino a superar los 2 °C de calentamiento. La actualización periódica busca justamente asegurar que la acción climática avance de forma sostenida, acumulativa y coherente con la ciencia.

Pero las NDC no son solo promesas: también son herramientas de planificación. En ellas se expresa la voluntad política de reducir emisiones y adaptarse al cambio climático, pero además orientan la estrategia productiva nacional, señalando las oportunidades de inversión, las prioridades de política pública y los esquemas de cooperación internacional. En definitiva, marcan la dirección de la transición hacia una economía más sostenible y competitiva. Esa dirección funciona como una señal de orden para todos los actores: empresas que deciden dónde invertir, gobiernos locales que diseñan políticas y jóvenes que eligen en qué formarse para el futuro.

Si bien el Acuerdo de París y las dos primeras rondas de NDC lograron impulsar la acción climática global y reducir las proyecciones de calentamiento de cerca de 4 °C a entre 2,3 °C y 2,5 °C, la brecha sigue siendo enorme para cumplir con la meta de limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C. Según el Emissions Gap Report 2025, para alcanzar ese objetivo el mundo debería reducir las emisiones globales alrededor de un 40 % para 2030 y un 55 % para 2035 respecto de los niveles de 2019. Sin embargo, con los compromisos actuales las reducciones proyectadas apenas alcanzan el 12 % y el 15 %, y las políticas hoy vigentes nos encaminan a un calentamiento de hasta 2,8 °C.

Por eso, cada nueva ronda de NDC debería elevar la ambición y acompañarse de planes de implementación más concretos y verificables, que transformen los compromisos en políticas efectivas de mitigación y adaptación.

El estado global de las NDC

A nivel mundial, la nueva ronda de compromisos —las llamadas NDC 2025, con horizonte 2035— avanza con ritmo dispar. Según el portal Climate Watch, solo 69 países —que en conjunto representan el 61 % de las emisiones globales— presentaron una nueva NDC, mientras que otros 128 (39 %) aún no actualizaron sus compromisos desde la última ronda.

El NDC Synthesis Report 2025, analizó las 64 nuevas NDC y encontró algunos avances relevantes. El 89 % incluye metas de alcance económico nacional (frente al 81 % anterior) y el 88 % fue elaborado teniendo en cuenta los resultados del Global Stocktake, el balance global que mide el progreso colectivo del Acuerdo de París. En conjunto, estas NDC implican una reducción proyectada de entre 11 % y 24 % de las emisiones respecto de 2019 y trazan una trayectoria alineada con los objetivos de neutralidad a largo plazo. Además, el informe destaca una mayor presencia de componentes de adaptación y resiliencia, incluidos en el 73 % de las nuevas contribuciones, y subraya la necesidad de cooperación internacional y financiamiento innovador para garantizar su implementación efectiva.

Yendo a los grandes emisores, el Emissions Gap Report 2025 muestra que -a fines de septiembre) solo diez miembros del G20 habían presentado nuevas metas de mitigación con horizonte 2035. Si bien todos implican reducciones respecto de los objetivos de 2030, las magnitudes varían ampliamente: desde ajustes marginales —como Canadá (-38 MtCO₂e) o Turquía (-57 MtCO₂e)— hasta recortes más significativos en economías de gran peso, como China (-961 MtCO₂e), Estados Unidos (-921 MtCO₂e) y la Unión Europea (-681 MtCO₂e). En el caso de Brasil, la nueva NDC proyecta una reducción equivalente a unos -290 MtCO₂e hacia 2035. Sin embargo, el informe advierte que, en conjunto, las nuevas metas del G20 representan una disminución insuficiente para cerrar la brecha hacia los 1,5 °C.

La nueva NDC argentina: seguir procrastinando la transición

Desde la firma del Acuerdo de París, Argentina presentó dos NDC. La última, en 2020, fijaba un tope de 349 MtCO₂e para 2030 y ratificaba la neutralidad de carbono en 2050. Aunque las políticas vigentes no alcanzaban para cumplirla, la meta en sí era una señal de compromiso y de planificación de una transición en marcha.

La NDC presentada esta semana eleva el techo a 375 MtCO₂e: son +26 Mt respecto de 2020, es decir un aumento de +7,5 %. Además, repite el mismo número para 2030 y 2035, congelando la ambición por cinco años más.

La explicación oficial refiere a que se incorporaron más áreas geográficas, más categorías de emisiones, entre otros cambios metodológicos. Sin embargo, aún si parte del ajuste fuese atribuible a metodología, no hay evidencia publicada que demuestre que 375 “equivale” a los anteriores 349. Y, en ningún caso, esos cambios justifican mantener la misma meta en 2035. Es importante ver los números para terminar de entender qué significa esta nueva meta.

La comparación con una trayectoria compatible con 2 °C es clara: para 2030 Argentina debería ubicarse en torno a 287 MtCO₂e. Con la nueva NDC, el país quedaría 88 Mt por encima (+30,7 % sobre el nivel requerido); con la meta previa, el desvío era de 62 Mt (+21,6 %). En términos de peso relativo, mantenerse cerca del 0,7 % de las emisiones globales exige objetivos del orden de 287 Mt; apuntar a 375 Mt empuja la participación hacia el 1%.

En el siguiente gráfico se ve con claridad por dónde debería ir la trayectoria y por dónde se ubica la NDC presentada:

Fuente: Elaboración propia. Nota: línea verde: emisiones históricas; línea roja: NDC 2021 con meta 2030 y trayectoria net zero; línea azul discontinua: meta intermedia indicativa (NDC 2020); punto amarillo: meta 2035 consistente con trayectoria net zero (significa 36% de reducción respecto 2022); puntos naranjas: metas 2030 y 2035 según NDC 2025.

Así y todo no hay plan de transición

Más allá del objetivo anunciado, el problema central sigue siendo la ausencia de un plan de transición. Las NDC solo tienen sentido si se traducen en políticas concretas, con presupuestos definidos, responsabilidades institucionales claras y mecanismos de seguimiento que permitan medir avances y corregir desvíos. Sin eso, se reducen a declaraciones de buena voluntad sin capacidad transformadora.

Argentina no partía de cero: contaba con un ministerio con capacidades técnicas, representación activa en los foros internacionales y programas en marcha para fortalecer la política ambiental. Pero en poco tiempo el gobierno desmanteló esas capacidades, recortó políticas, bloqueó el acceso a financiamiento internacional y hasta borró el cambio climático del discurso oficial.

Ahora que parece haber reconocido su existencia —y la necesidad de mantenerse dentro de la conversación global—, debería formular una hoja de ruta clara que explique cómo piensa cumplir siquiera esta meta menos ambiciosa.

Porque ya no hablamos solo de un problema ambiental —que de por sí sería suficientemente grave—, sino de un problema económico y productivo. El cambio climático afecta de manera directa a la economía: lo mostró la última sequía, con pérdidas millonarias en el agro, y lo anticipa la transición tecnológica global, que pone en riesgo sectores clave como el automotriz si el país no se adapta.

El mundo avanza; no tenemos nada para ganar por seguir quedando atrás.

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Comienza hoy la veda de pesca para resguardar las especies ícticas de la provincia

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El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones informa que, mediante disposición oficial, a partir de hoy, lunes 3 de noviembre, entra en vigencia la veda total de pesca para todas las especies ícticas, tanto en su modalidad deportiva como comercial, en los ríos Paraná e Iguazú y todos sus afluentes, incluyendo el Paisaje Protegido Lago Urugua-í.

La medida se extenderá hasta las 24:00 horas del sábado 20 de diciembre de 2025, con el objetivo de proteger el proceso reproductivo de las especies y asegurar la conservación del recurso pesquero provincial.

Asimismo, se informa que la veda para el río Uruguay y sus afluentes regirá desde el 3 de noviembre de 2025 hasta el 31 de enero de 2026.

Durante este período, solo estará permitida la pesca de subsistencia, entendida como aquella practicada desde la costa, con línea de mano, por pescadores que cuenten con el permiso vigente y que destinen lo obtenido exclusivamente al consumo propio o familiar. Se recuerda que está prohibida la comercialización de los productos obtenidos bajo esta modalidad.

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Récord de avistaje de aves en Candelaria: estancia Santa Cecilia registró 188 especies en un día

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Entre el murmullo del río Paraná y la serenidad de los pastizales, Candelaria se ofrece como un punto de encuentro entre naturaleza, historia y desarrollo. Fue allí, en la Estancia Santa Cecilia, donde durante el último Big Day de observación de aves se alcanzó un récord nacional con 188 especies registradas en un solo día, dentro de la red de campos que integran la Alianza del Pastizal.

El 11 de octubre, en 30 campos ganaderos distribuidos en seis provincias, observadores de la Alianza por las Aves registraron 376 especies en total. Santa Cecilia, a escasa distancia de la reserva federal Campo San Juan, se destacó como epicentro del avistaje en Misiones. Allí, el manejo productivo del ganado se equilibra con el respeto a la biodiversidad, logrando que especies amenazadas, migratorias y endémicas encuentren refugio en un entorno productivo.

“Si el manejo productivo tiene a la biodiversidad en la balanza, entonces vamos a encontrar una riqueza natural asombrosa”, señalan desde la Alianza. Nunca un campo ganadero reemplazará a un área natural protegida —no es su misión—, pero puede ser el mejor complemento que exista.

Candelaria: entre la calma y el auge

Más allá de su aporte ambiental, Candelaria vive una transformación urbana y social. Es la ciudad cuya población más creció en los últimos quince años, pero mantiene la tranquilidad de un pueblo con historia. A solo 20 minutos de Posadas, se ha convertido en el nuevo foco inmobiliario de Misiones, donde los desarrollos residenciales florecen entre montes y atardeceres ribereños.

En calma, como su andar, Candelaria vive un boom de inversión. Más de una decena de countries -entre ellos Santa Cecilia, El Palmar, Los Arroyos, Haras de Candelaria y Altos de Candelaria- ofrecen terrenos que combinan vida natural y confort urbano. Candelaria no es solo un destino de inversión: es un territorio cargado de historia. Aquí descansó Manuel Belgrano durante sus campañas, y desde sus orillas Andresito Guacurarí comandó la resistencia contra los bandeirantes. Ese legado se entrelaza hoy con una nueva identidad urbana, entre retazos jesuíticos, calles tranquilas y barrios que asoman hacia el río.

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