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Tráfico ilegal de madera nativa en Misiones: secuestran rollos sin documentación

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En el marco de las acciones para prevenir y combatir el tráfico ilegal de madera proveniente de los bosques nativos, el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones realizó nuevos operativos de control forestal en la zona norte de la provincia que derivaron en el secuestro de vehículos y material forestal transportado sin la documentación correspondiente.

Uno de los procedimientos se llevó a cabo este miércoles, cuando inspectores de la Dirección de Control Forestal del Ministerio de Ecología, acompañados por efectivos de la División de Defensa del Medio Ambiente y Delitos Rurales de la Policía de Misiones, realizaron un operativo de control y fiscalización en la zona norte, abarcando los municipios de Eldorado y Colonia Victoria.

Durante un control vehicular realizado sobre caminos terrados de la ex Ruta Nacional 12, los agentes detuvieron un camión Scania cargado con rollos de madera nativa que no contaba con las guías forestales obligatorias que acreditaran el origen legal de la carga.

Ante la infracción, se procedió al secuestro del rodado y del material forestal, que fueron trasladados para su resguardo a la Unidad Penal N°3 de la ciudad de Eldorado.


A este procedimiento se suma otro operativo realizado en el paraje Península, en jurisdicción de Comandante Andresito, donde guardaparques de la Reserva Cabure-í, junto a personal de la División de Defensa del Medio Ambiente y Delitos Rurales, interceptaron un camión Mercedes Benz sin dominio colocado que transportaba 11 rollos de madera nativa de la especie loro negro sin contar con la guía forestal correspondiente. En este caso se secuestraron aproximadamente 6,1 metros cúbicos de madera nativa y el vehículo utilizado para su traslado.

Estos controles forman parte de un plan de operativos preventivos que se realizan de manera permanente en distintos puntos de la provincia, con el objetivo de fortalecer la fiscalización de la actividad forestal, desalentar el comercio ilegal de madera y proteger los bosques nativos de Misiones

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El llamado de la selva

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Emanuel Grassi es Doctor en Ciencias Biológicas y especialista en hongos. Vino a Misiones, con una tésis de estudio que se convirtió en práctica y terminó, como suele suceder, prendado de la tierra roja que no se despega de la piel. Hoy se describe como un apasionado de la selva, del monte, casi como una regresión ancestral, que comparte en charlas con la presidenta del Instituto Misionero de Biodiversidad, Viviana Rovira, a la sazón, su mentora y responsable de haberlo convertido en director ejecutivo de ese ente que pasó de estudiar algunas especies de la flora y fauna a encabezar un proyecto inédito: reforzar la población de yaguaretés en la selva misionera. 

Su historia empieza lejos del monte misionero. En Buenos Aires, cuando era niño, Emanuel ya experimentaba con el mundo natural con la curiosidad irreverente de la infancia.

“De chico siempre me gustó la experimentación con los animales. A veces un poco desde el lado de la maldad, viste… jugaba con sapos en la casa de mis padres”, recuerda entre risas. Pero esa curiosidad pronto encontró una dirección.

Su abuelo era paisajista. Las plantas y el diseño de jardines estaban presentes en la vida familiar. Y luego apareció un mentor inesperado: el botánico Osvaldo Morrone, investigador que había trabajado con orquídeas en Misiones.

Fue él quien lo empujó hacia el mundo de las ciencias biológicas.

Grassi estudió la licenciatura y el doctorado en la Universidad de Buenos Aires. Pero el destino ya estaba trazado.

El primer viaje a Misiones fue casi casual. Corría el año 2006 y vino con su entonces novia, cuya familia era de Garupá.

“Cuando conocí Misiones fue un flechazo”, recuerda. “Me acuerdo que la abuela me dijo: ‘Mirá que la tierra roja mancha… y se pega’. Y fue tal cual”.

La advertencia terminó siendo una profecía. Durante su doctorado decidió estudiar hongos de la selva misionera. El trabajo académico se convirtió en un puente con la provincia. Y cuando apareció la posibilidad de radicarse definitivamente, no hubo dudas.

La selva ya lo había elegido.

Fotos Sofía Schiavoni.

Hoy Grassi está al frente del IMiBio, un organismo científico que abrió sus puertas hace ocho años para estudiar y proteger la biodiversidad de Misiones. Pero también para algo más ambicioso: poner la ciencia al servicio de las decisiones políticas.

La institución nació con una idea impulsada por Viviana Rovira -presidenta del instituto y su mentora-: construir una ciencia diferente.

“No queríamos repetir el modelo clásico de investigación encerrada en los laboratorios”, explica. “La ciencia tiene que escuchar a la sociedad y estar al servicio de quienes toman decisiones”.

Esa lógica llevó al instituto a involucrarse en proyectos concretos: restauración ambiental, investigación aplicada, monitoreo de especies y asesoramiento científico para políticas públicas.

Pero también implica convivir con una paradoja de nuestro tiempo.

La ciencia dejó de ser el faro en algunos debates. Hoy estamos discutiendo cosas que parecían saldadas hace siglos”, dice. “Pero eso también nos obliga a salir del laboratorio, a explicar, a dialogar”.

El estado de la selva

Cuando se le pregunta por la salud de la selva misionera, Grassi no elige ni el optimismo ingenuo ni el pesimismo alarmista.

Prefiere una definición más precisa: “Está estable, pero es muy sensible”.

La selva paranaense que sobrevive en Misiones es uno de los relictos mejor conservados del Bosque Atlántico, un ecosistema que alguna vez cubrió gran parte de Brasil, Paraguay y Argentina. Pero también es un sistema frágil.

“El gran riesgo es que se rompan los corredores biológicos”, explica. “Si se corta la conectividad entre las poblaciones, empezamos a aislar especies y aparecen problemas genéticos”.

Por eso la palabra clave de la conservación actual es restauración.

Restaurar bosques, restaurar corredores ecológicos y, en algunos casos, restaurar poblaciones animales.

Ese es el corazón de uno de los proyectos más ambiciosos que hoy se discuten en Misiones: reforzar la población de yaguaretés.

El yaguareté -el mayor felino de América- es el símbolo máximo de la selva. Pero su presencia es cada vez más escasa. Se estima que en toda la región sobreviven alrededor de 90 ejemplares, con mayor presencia en el norte misionero.

El plan del IMiBio apunta a fortalecer la población en la Reserva de Biosfera Yabotí, un territorio de más de 250 mil hectáreas donde aún sobreviven condiciones ecológicas adecuadas, en la frontera con Brasil.

La estrategia no es una reintroducción o rewilding, como ocurrió en Corrientes. En Misiones el animal nunca desapareció completamente. Lo que se busca es reforzar la población.

Grassi plantea una diferencia conceptual importante con la idea más difundida del rewilding: mientras la reintroducción se aplica en territorios donde una especie ya desapareció por completo, en Misiones lo que se proyecta es un refuerzo poblacional, es decir, intervenir en un ambiente donde el yaguareté todavía existe, aunque en números críticos. Para el director del IMiBio, antes de liberar animales hay que resolver las causas que llevaron a la retracción de la especie y garantizar que el hábitat siga siendo funcional. Por eso su mirada pone menos énfasis en el gesto épico de “devolver” fauna y más en una estrategia integral de restauración: recomponer corredores, asegurar presas, sostener el control sobre la caza y preservar la genética local. 

En términos ecológicos, ambos modelos -Iberá y Misiones- forman parte de una misma corriente global de conservación: la restauración de grandes ecosistemas a través de especies clave. El objetivo final es el mismo: devolver al yaguareté su rol como ingeniero ecológico de los ecosistemas, capaz de regular poblaciones de herbívoros y mantener el equilibrio natural del bosque.

En esa lógica, Misiones no busca copiar el modelo de Corrientes, sino diseñar uno propio, ajustado a una selva que aún resiste y cuya prioridad no es volver a empezar desde cero, sino evitar que lo que todavía late termine por apagarse.

“Tenemos un macho residente en la zona desde hace más de diez años. La idea es introducir una hembra para generar un núcleo reproductivo”, explica Grassi.

Si el proyecto prospera, la reserva Yabotí podría albergar entre 20 y 30 yaguaretés en el futuro. Pero el objetivo va más allá de los números.

“La idea es preservar esa genética y generar un flujo de individuos que pueda conectarse con otras poblaciones, incluso con Brasil”.

En ese mismo espíritu de redescubrimiento de la selva, otro episodio marcó a los investigadores del IMiBio: el regreso inesperado del águila harpía. Durante años se la consideró prácticamente extinta en Misiones, al punto de que casi no existían estudios sobre su presencia porque las probabilidades de encontrarla eran mínimas. Pero fue un colono de la zona de la Reserva de Biosfera Yabotí quien cambió la historia al fotografiar un ejemplar posado en el monte.

A partir de ese primer registro comenzaron a multiplicarse los avistamientos, hasta confirmar incluso la presencia de un juvenil. Para Grassi, ese dato tiene un valor enorme: significa que hubo reproducción reciente en la selva. “Si apareció un juvenil, quiere decir que hace uno o dos años eclosionó un huevo. Eso implica que hay un nido activo en algún lugar del corredor entre Argentina y Brasil”, explica.

En los extremos de su distribución -desde México hasta el norte argentino- la harpía había desaparecido casi por completo. Por eso su presencia en Misiones no es solo una rareza biológica: es una señal de que la selva aún conserva la estructura ecológica necesaria para sostener a uno de los depredadores más poderosos de América. la confirmación de que la especie aún persistía en uno de los extremos de su distribución -donde se la consideraba prácticamente extinta- generó un impacto inmediato en la comunidad científica internacional.

En México, donde la harpía también había desaparecido de los registros recientes, investigadores y organizaciones de conservación lanzaron entonces un programa específico de búsqueda para verificar si aún sobrevivían ejemplares en las selvas del sur del país. Para Grassi, el caso demuestra cómo un hallazgo local puede activar procesos de conservación a escala continental: “Cuando aparece en uno de los extremos de su distribución, automáticamente surge la pregunta de si en otros lugares donde se creía perdida todavía puede estar”. El avistamiento en Misiones no solo devolvió esperanza para la selva paranaense, sino que volvió a encender la búsqueda de uno de los depredadores más imponentes de América.

Sin embargo, la conservación no depende solo de científicos.

La caza furtiva, la presión económica sobre el territorio y la fragmentación del bosque siguen siendo amenazas reales. “Cuando la economía se deteriora, la cacería aumenta”, admite Grassi. “Por eso la conservación también tiene que entender el contexto social”.

En ese escenario, el rol de los guardaparques, las comunidades locales y los productores rurales resulta clave. Y también el de las organizaciones ambientales. “Hay diferencias, claro. Pero el objetivo común es la conservación”, dice.

Educar para coexistir

Padre de dos hijas, Grassi también piensa en el futuro desde una perspectiva personal. La educación ambiental es parte de la vida cotidiana en su casa. “Intento que se pregunten cuál es el impacto de nuestras acciones sobre la biodiversidad”, cuenta. “Que entiendan que la naturaleza no es algo separado de nosotros”.

Para él, la clave no es la convivencia con la naturaleza, sino algo más profundo. “La idea es la coexistencia”.

Cuando se le sugiere que el trabajo que hoy impulsa podría ser histórico -un proyecto que cambie el destino del yaguareté en la selva misionera-, Grassi se revuelve en su asiento, incómodo.

No soy consciente de eso”, responde.

Tal vez porque la ciencia se mueve en tiempos largos, invisibles para el vértigo de la actualidad.

Tal vez por eso, cuando Grassi habla de la selva, parece escuchar algo más que el rumor del monte. Hay en su relato una intuición antigua, casi instintiva, como la que Jack London narró en El llamado de la selva: ese impulso profundo que empujaba a Buck a volver a lo esencial. En Misiones, ese llamado no proviene de la nostalgia, sino del futuro. De una selva que resiste y que, si la ciencia, la política y la sociedad logran escucharlo a tiempo, puede volver a llenarse de vida, de alas enormes en el dosel y del rugido del yaguareté.

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Operativo forestal: secuestraron material nativo sin documentación en Posadas

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La Dirección de Control Forestal dependiente del Ministerio de Ecología y RNR, llevó a cabo el pasado jueves 26 de febrero un amplio operativo de control sobre distintas rutas de la provincia, con el objetivo de fiscalizar el posible tránsito de material forestal proveniente de bosques nativos.

Las intervenciones se desarrollaron en puntos estratégicos, con especial despliegue en la zona sur. En el acceso sur de la ciudad de Posadas, se detectó un vehículo que transportaba material forestal nativo sin la correspondiente guía que ampare su traslado. Ante la infracción constatada, se procedió a la caución preventiva del rodado y al secuestro del material transportado, conforme a la normativa vigente.

De manera simultánea, se realizaron controles vehiculares en distintos sectores de la localidad de Apóstoles, orientados a verificar la legalidad en el transporte de productos forestales nativos y el cumplimiento de los requisitos establecidos por la legislación provincial.

Estos operativos forman parte de una planificación estratégica sostenida, destinada a prevenir ilícitos ambientales, fortalecer la trazabilidad del recurso forestal y garantizar el estricto cumplimiento de la normativa en todo el territorio provincial.

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El modelo misionero de adaptación climática llegó a una revista europea

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En 2024, un equipo de la Universitat Rovira i Virgili (Cataluña) llegó a Misiones para trabajar junto al área provincial de Cambio Climático con una consigna que va más allá del diagnóstico ambiental: construir, junto a los actores del territorio, un modelo práctico de adaptación a la nueva realidad climática. No se trató de una consultoría tradicional ni de un relevamiento técnico aislado. Fue un proceso de co-creación que acaba de ser publicado en la revista científica internacional Sustainability Science, posicionando a Misiones como caso de estudio en servicios climáticos y fortalecimiento de capacidades.

El punto de partida es contundente: el clima ya no puede ser tratado como contexto. Debe convertirse en variable estructural de planificación.

El estudio sostiene que la variabilidad y el cambio climático están alterando decisiones en sectores clave -energía, turismo, planificación urbana, gestión del agua- y que los llamados “servicios climáticos” solo adquieren valor real cuando se traducen en reglas operativas concretas. La información meteorológica, por sí sola, no transforma nada. Lo que transforma es su integración en procesos de decisión. Incluso recuerda que, a nivel global, ciertos índices climáticos ya forman parte de instrumentos financieros como derivados meteorológicos, una señal de que el mercado reconoce su peso económico.

Misiones ofrece un escenario particularmente significativo para este ejercicio. El noreste argentino registra un aumento en la frecuencia e intensidad de olas de calor, alteraciones en los patrones de precipitación y mayor riesgo de incendios forestales, producto de la combinación entre temperaturas extremas y sequías más recurrentes. Al mismo tiempo, la provincia conserva más de la mitad de la biodiversidad argentina y alberga el Bosque Atlántico, uno de los grandes reservorios ecológicos del planeta. Esa tensión entre riqueza natural, presión productiva y extremos climáticos crecientes convierte al territorio en un laboratorio ideal para ensayar adaptación aplicada.

La metodología del trabajo combinó los marcos de competencias de la Organización Meteorológica Mundial -gestión y control de calidad de datos, desarrollo de indicadores sectoriales y comunicación climática- con dinámicas participativas que permitieron a actores no meteorológicos definir variables críticas, establecer umbrales preliminares y diseñar indicadores propios. El proceso no prometió soluciones mágicas ni modelos cerrados. Produjo algo más estratégico: una cadena de decisión replicable. Necesidad territorial, variable climática, umbral definido, indicador construido y medida de adaptación asociada: cuatro realidades misioneras fueron analizadas bajo esta lógica.

En planificación urbana, los umbrales identificados son claros: lluvias superiores a 100 milímetros diarios, temperaturas por encima de 40 grados y vientos intensos mayores a 100 kilómetros por hora. Sobre esa base, el trabajo no se limita a señalar riesgos, sino que articula una hoja de ruta concreta. En el corto plazo, sistemas de recolección y aprovechamiento de agua de lluvia y programas de eficiencia energética para amortiguar picos térmicos. En el mediano plazo, la creación de refugios climáticos urbanos para proteger a poblaciones vulnerables durante olas de calor y la implementación de techos fríos (Misiones ya inició un proceso con una industria instalada en el Parque Industrial de Posadas) y superficies reflectivas que reduzcan el efecto de isla térmica. Y en el largo plazo, una transformación estructural: avanzar hacia una “ciudad verde”, con recuperación de arroyos a cielo abierto, infraestructura verde integrada y soluciones basadas en la naturaleza. La ciudad, en esta visión, deja de reaccionar al evento y comienza a diseñarse para convivir con él.

El turismo en los Saltos del Moconá ofrece otro ejemplo de cómo el clima se convierte en variable operativa. El análisis identificó que la actividad prospera con días sin lluvia y temperaturas moderadas -entre 12 y 30 grados- mientras que precipitaciones intensas, tormentas y temperaturas superiores a 35 grados afectan negativamente la experiencia y la seguridad. La recomendación es avanzar hacia una gestión turística basada en umbrales de confort y seguridad, con planificación estacional, reglas objetivas de apertura y restricción, logística flexible y comunicación preventiva estructurada. El pronóstico deja de ser información aislada y se transforma en criterio de administración cotidiana. “Entonces proponen: Planificación estacional y la gestión de visitantes con base en el clima para alinear las operaciones con los umbrales de confort y seguridad. Esta semana va a estar feo, no traigamos gente”, precisa el arquitecto Eduardo Saldivia, subsecretario de Cambio Climático.

En el sector hidroeléctrico, la precipitación en la Cuenca del Plata y la variabilidad del caudal aparecen como variables determinantes. Sequías prolongadas o crecidas abruptas alteran reglas de operación y planificación energética. La propuesta es fortalecer la gestión adaptativa mediante monitoreo permanente, reglas dinámicas de embalse y uso sistemático de proyecciones estacionales.

La energía solar, por su parte, exhibe la dualidad del nuevo escenario climático: mayor radiación implica oportunidad productiva, pero tormentas severas, granizo y ráfagas que pueden superar los 150 kilómetros por hora obligan a reforzar infraestructura y protocolos preventivos. La adaptación aquí combina aprovechamiento estratégico y resiliencia estructural.

Más allá de los sectores, el estudio deja una conclusión transversal: la adaptación climática no puede depender de reacciones eventuales ni de alertas aisladas. Debe institucionalizarse y convertirse en cultura de gestión.

Cuatro meses después del taller, algunos indicadores ya comenzaban a integrarse en planes locales, se recuperaban series históricas de datos y se incorporaban capas climáticas en herramientas estadísticas provinciales. El trabajo reconoce límites -indicadores aún en fase inicial, necesidad de mayor inclusión de actores sociales, ausencia de mandatos formales que obliguen a su uso sistemático-, pero el movimiento está en marcha.

Que una universidad europea publique este proceso en una revista científica internacional no es un detalle menor. Posiciona a Misiones como territorio capaz de producir conocimiento aplicado, no solo de recibir recomendaciones externas. La provincia no aparece aquí como víctima pasiva del cambio climático, sino como laboratorio activo de innovación adaptativa.

En un escenario donde el calor extremo deja de ser excepcional, las lluvias intensas superan registros históricos y la variabilidad hídrica redefine sectores productivos, la pregunta ya no es si el clima cambiará. La pregunta es quién decide prepararse. Misiones empezó a hacerlo.

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Intensifican operativos de control forestal en distintos municipios de la provincia

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El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables, a través de la Dirección de Control Forestal, continúa desarrollando operativos preventivos en rutas y lotes rurales de diferentes puntos de la provincia, con el acompañamiento de efectivos de la Dirección de Defensa del Medio Ambiente y Delitos Rurales de la Policía de Misiones (DDMAyDR).

En la zona norte, el martes 24 de febrero inspectores de control forestal realizaron controles preventivos en el municipio de Colonia Delicia. Las intervenciones se concretaron sobre sectores de la Ruta Nacional 12 y la Ruta Provincial Nº 18, donde se llevó adelante la verificación del tránsito de camiones para detectar posible transporte de maderas nativas.

Durante la jornada, el equipo también efectuó recorridas e inspecciones in situ en lotes rurales con presencia de bosque nativo ubicados al interior de la Ruta Provincial Nº 18, reforzando así las tareas de fiscalización territorial.

En la zona sur, agentes de la Dirección de Control Forestal, junto a la DDMAyDR de la Policía de Misiones, continúan ejecutando un Plan de Operativos de Control preventivo en ruta y en lotes rurales de los municipios de San Javier, Azara y Apóstoles.

Los días martes 24 y miércoles 25 de febrero se realizaron controles diurnos y nocturnos en rutas, con verificación del tránsito de camiones para fiscalizar el posible transporte de madera nativa, controlar la documentación correspondiente —incluidas las guías de transporte— y detectar eventuales maniobras de traslado ilegal.

El plan de operaciones continuará durante la semana en municipios de la zona centro y norte, con el objetivo de profundizar las acciones preventivas y garantizar una presencia efectiva de los agentes de fiscalización, especialmente en aquellos distritos que cuentan con amplias superficies de bosques nativos.

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