En un contexto de cambio climático y pérdida acelerada de biodiversidad, la conservación de los ecosistemas naturales se vuelve un desafío central para los sistemas productivos. En este escenario, Grupo Arcor asume el compromiso de producir en armonía con la naturaleza y actualmente protege y monitorea más de 28.000 hectáreas de bosques en distintas regiones del país, integrando áreas productivas y ambientes naturales como parte de su Estrategia de Biodiversidad.
A través de esta integración, la compañía busca preservar ecosistemas clave que funcionan como verdaderos refugios de vida, sosteniendo procesos naturales esenciales como la fertilidad de los suelos, la regulación del ciclo del agua y la mitigación del cambio climático mediante la captación y el almacenamiento de carbono.
La relevancia de esta agenda trasciende el plano ambiental. Según datos del Foro Económico Mundial, más del 50 % del PBI mundial depende de manera moderada o alta de la naturaleza y de los servicios ecosistémicos que brinda, lo que convierte a la conservación de la biodiversidad en una necesidad estratégica para la economía global.
La gestión ambiental de Grupo Arcor se materializa en dos áreas que cumplen un rol clave como corredores biológicos y donde se implementan planes de manejo orientados a la protección de la biodiversidad local. Una de ellas es el Bosque Natural Vivir Mejor, en la provincia de Tucumán, ubicado en la ecorregión de las Yungas y con una extensión de 6.000 hectáreas que rodean la operación del Ingenio La Providencia. En 2025 se realizó allí el primer monitoreo de aves, que permitió identificar 58 especies, entre ellas cuatro con algún grado de amenaza, lo que confirma el valor del área como espacio de conservación en un entorno productivo.
La otra es la Reserva Natural Cultural Papel Misionero, en Misiones, que protege más de 10.000 hectáreas dentro de la Reserva de la Biósfera Yabotí. Se trata de una de las porciones más inalteradas del Bosque Atlántico del Alto Paraná, un ecosistema con altos niveles de biodiversidad y presencia de especies amenazadas.
Para evaluar la salud de estos ambientes, la compañía utiliza monitoreos de fauna mediante cámaras trampa. En Misiones, un relevamiento realizado junto al CONICET y la Universidad Nacional de Misiones identificó 29 especies de mamíferos, lo que representa el 75 % de la comunidad esperable en la región, incluyendo especies como tapir, ocelote y pecarí labiado. En Tucumán, el trabajo conjunto con la Fundación ProYungas confirmó la presencia de 13 especies de mediano y gran porte, entre ellas el pecarí de collar y la corzuela parda, consideradas bioindicadores clave del buen estado de conservación del bosque.En un escenario atravesado por la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, el desafío para el sector productivo ya no es solo producir más, sino hacerlo integrando la conservación de los ecosistemas. La articulación entre empresas, ciencia y comunidad, junto con la mejora continua y la innovación, se vuelve fundamental para avanzar hacia modelos productivos que aseguren su viabilidad a largo plazo sin comprometer el equilibrio ambiental.
En un contexto global donde la biodiversidad gana centralidad como activo estratégico —tanto ambiental como científico—, un equipo de investigadores argentinos confirmó el descubrimiento de una nueva especie de gecko en el noroeste del país. Se trata de Homonota chelemini, un reptil adaptado a condiciones extremas que habita en zonas montañosas áridas por encima de los 3.000 metros de altura.
El hallazgo, liderado por científicos del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (Conicet) y la Universidad Nacional de la Patagonia, no solo amplía el mapa de la biodiversidad sudamericana, sino que también refuerza el valor del conocimiento científico como insumo clave para el diseño de políticas de conservación.
La nueva especie presenta un patrón reticulado gris oscuro que le permite camuflarse entre rocas y vegetación escasa, una adaptación crucial en ambientes donde la supervivencia depende de la eficiencia energética y la capacidad de pasar desapercibido. Desde el punto de vista genético, los investigadores confirmaron que se trata de un linaje independiente dentro del género Homonota, lo que lo convierte en un aporte relevante para la comprensión evolutiva de los reptiles en la región.
Un territorio subexplorado, con alto valor biológico
El gecko fue encontrado en el denominado Distrito Diaguita, una región que abarca zonas de Catamarca y La Rioja caracterizadas por su aridez, altura y baja intervención científica histórica. Este territorio es considerado un “punto caliente” de biodiversidad y endemismo, aunque todavía presenta importantes vacíos de información.
El descubrimiento vuelve a poner en agenda un fenómeno recurrente en la ciencia argentina: la existencia de riqueza biológica aún no documentada en zonas periféricas, lo que abre oportunidades tanto para la investigación como para el desarrollo de estrategias de conservación basadas en evidencia.
Ciencia, identidad y territorio
El nombre de la especie —chelemini— fue elegido en homenaje al cacique Juan Chelemín, líder indígena del siglo XVII que resistió la colonización en la región andina. La decisión de los investigadores introduce un componente simbólico que vincula biodiversidad, historia y territorio, en línea con tendencias globales que buscan integrar saberes científicos y culturales.
Un activo en riesgo
Sin embargo, el hallazgo también expone una tensión creciente: la coexistencia entre biodiversidad y actividades económicas en zonas sensibles. La especie presenta una distribución geográfica muy acotada, lo que la vuelve especialmente vulnerable.
Entre los principales riesgos identificados por los investigadores se destacan:
Cambio climático: aumento de temperaturas en zonas de altura, sin posibilidad de migración hacia ambientes más elevados.
Reducción de precipitaciones: tendencia descendente en la región desde fines de la década de 1980.
Presión minera: presencia de múltiples proyectos activos en un radio reducido, incluyendo desarrollos vinculados al litio.
Ausencia de áreas protegidas: falta de marcos de conservación en la zona donde habita la especie.
En este contexto, la descripción formal de la especie no es solo un avance científico, sino también una herramienta legal y política. “Sin nombre, no hay política de conservación posible”, remarcaron los investigadores, sintetizando el vínculo entre ciencia y gestión ambiental.
Biodiversidad como ventaja estratégica
El descubrimiento de Homonota chelemini refuerza una idea cada vez más presente en la agenda global: la biodiversidad no es solo patrimonio natural, sino también un recurso estratégico en términos científicos, económicos y geopolíticos.
En un escenario donde el conocimiento sobre genética, adaptación y resiliencia ecológica gana valor —desde la biotecnología hasta la medicina—, cada nueva especie identificada amplía el potencial de desarrollo basado en ciencia.
Argentina, con ecosistemas aún subexplorados, enfrenta así un doble desafío: avanzar en la generación de conocimiento y, al mismo tiempo, preservar ese capital natural frente a presiones crecientes.
Nideport avanza en un proyecto de certificación de créditos de carbono en Cruce Caballero, una zona clave para la conectividad ecológica entre Argentina y Brasil, donde prevé restaurar bosque nativo, fortalecer la biodiversidad y desarrollar un modelo innovador que integra tecnología, comunidad y conservación.
Este predio cumple un rol fundamental como corredor biológico, conectando ecosistemas del norte de Misiones con el sur de Brasil. Gracias a esta conectividad, se conserva una biodiversidad única, donde habitan especies emblemáticas y en riesgo, como los monos carayá, fundamentales para el equilibrio del bosque.
El proyecto se enfoca en proteger bosques nativos que aún conservan su estructura, pero que se encuentran en un proceso activo de degradación. Para ello, Nideport implementa prácticas de restauración ecológica, incluyendo enriquecimiento del bosque nativo y manejo sostenible del territorio, con el objetivo de recuperar su funcionalidad ecológica y contribuir a su conservación a largo plazo.
Además, se trabaja activamente en la prevención de incendios forestales y en la protección de la fauna, reduciendo riesgos como la caza furtiva y fortaleciendo el cuidado del ecosistema.
“Este tipo de proyectos son clave para conservar la biodiversidad y, al mismo tiempo, generar modelos sostenibles que integren a las comunidades locales”, señaló Juan Núñez, Cofundador de Nideport.
Como parte de este proceso de restauración, la compañía proyecta la plantación de 30.000 árboles nativos, contribuyendo a la regeneración del bosque y al fortalecimiento de la biodiversidad local.
El enfoque es integral y colaborativo. Nideport articula con organizaciones como Aves Argentinas para el monitoreo de biodiversidad, y trabaja junto a comunidades locales, rurales y originarias, promoviendo su participación en la gestión del territorio. También se desarrollan iniciativas con escuelas de la zona para fortalecer la educación ambiental y el vínculo con el entorno.
Uno de los diferenciales del proyecto es la tecnología. Nideport desarrolla una plataforma propia basada en inteligencia artificial que permite detectar de forma temprana focos de calor, incendios y eventos de deforestación, mejorando la capacidad de respuesta en tiempo real. A su vez, incorpora drones para tareas de monitoreo, seguridad y prevención de incendios, lo que permite cubrir grandes extensiones de selva de manera eficiente.
Estas herramientas también mejoran la trazabilidad, el monitoreo de fauna y la medición del impacto ambiental, facilitando el seguimiento de la restauración del bosque. En paralelo, la compañía capacita a equipos locales en el uso de estas herramientas, fortaleciendo capacidades en el territorio.
“La tecnología es la clave para escalar el impacto. Con nuestra plataforma tecnológica, podemos administrar decenas de millones de hectáreas sin limitaciones operativas. Esto nos permite mejorar la gestión del territorio en múltiples dimensiones: por ejemplo, detectar, prevenir y apagar incendios, reduciéndose en más de un 90%. Es solo un caso de uso; la solución se adapta a distintos contextos y desafíos”, explicó Tomás R. V. Gutiérrez,cofundador y CFO de Nideport.
Actualmente, la empresa cuenta con un equipo de más de 30 personas trabajando en distintas regiones del país, incluyendo especialistas en restauración, biodiversidad, tecnología y trabajo comunitario, que acompañan la implementación y el monitoreo de los proyectos en campo.
A través de este trabajo, la compañía avanza en la consolidación de un modelo de restauración que integra biodiversidad, comunidad y tecnología, con impacto concreto en el territorio.
La selva amazónica atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia. Desde 1970, ha perdido una extensión forestal superior al tamaño de Francia, una degradación que amenaza la biodiversidad, acelera el cambio climático y pone en riesgo a las comunidades que dependen de este ecosistema.
Brasil ha decidido dar un giro estratégico y apostar por la restauración a gran escala mediante alianzas público-privadas e innovadores mecanismos financieros.
El país, con el objetivo de frenar la deforestación y recuperar el equilibrio ecológico, impulsa un ambicioso plan que contempla la plantación de millones de árboles en el Amazonas.
El Gobierno brasileño ha puesto en marcha iniciativas cruciales para revertir décadas de degradación ambiental. Entre ellas destaca el programa ProFloresta+, una alianza estratégica entre el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y la petrolera estatal Petrobras, destinada a financiar la restauración forestal mediante la compra de créditos de carbono.
Este acuerdo contempla una inversión inicial de 450 millones de reales (más de 78 millones de dólares) para impulsar la recuperación de áreas críticas de la Amazonia. Petrobras respaldará cinco proyectos que abarcarán unas 15.000 hectáreas y generarán cinco millones de créditos de carbono.
La iniciativa se traducirá en la plantación de 25 millones de árboles autóctonos, contribuyendo de manera directa a la mitigación del cambio climático y a la protección de la biodiversidad.
Además, el proyecto tendrá un impacto socioeconómico significativo, ya que se estima que generará alrededor de 1.700 empleos directos, convirtiendo la conservación en un motor de desarrollo sostenible para las comunidades locales, según informa Prensa Latina.
La estrategia brasileña se sustenta en modelos económicos innovadores que vinculan la sostenibilidad con la rentabilidad. El mercado de créditos de carbono se ha convertido en una herramienta esencial para financiar proyectos de restauración forestal, permitiendo a las empresas compensar sus emisiones mientras contribuyen a la recuperación del ecosistema amazónico.
Desde el BNDES subrayan que la urgencia de la crisis climática exige medidas inmediatas de reconstrucción, especialmente en las zonas más degradadas por la actividad humana.
Este enfoque posiciona a Brasil como un referente internacional en la lucha contra la deforestación y en la promoción de soluciones basadas en la naturaleza.
Alianzas público-privadas e innovación sostenible
El compromiso del sector privado es otro pilar fundamental de esta transformación. Brasil ha otorgado la primera concesión de terrenos públicos destinados a la reforestación a la startup Re.green.
Este contrato histórico permitirá restaurar y proteger 58.700 hectáreas en la reserva de Bom Futuro durante un periodo de 40 años, según informa Cambio 16.
El modelo de negocio se basa en la eliminación de dióxido de carbono mediante la plantación de más de 80 especies nativas y la posterior comercialización de créditos de carbono a grandes corporaciones internacionales.
Como parte del acuerdo, la empresa abonará al Estado una comisión del 0,7% de sus ingresos, estimados en cerca de dos millones de dólares anuales. Además, la iniciativa incorpora a la comunidad indígena karitiana, que participará activamente en las labores de restauración y protección del territorio aportando su conocimiento ancestral.
Este proyecto piloto resulta clave para el Servicio Forestal de Brasil, que ya ha identificado 1,3 millones de hectáreas con necesidad urgente de intervención.
El objetivo nacional es ambicioso: reforestar 12 millones de hectáreas antes de 2030. Para lograrlo, el Gobierno prevé ofrecer hasta 300.000 hectáreas bajo este modelo de concesión antes de 2027.
El Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN) presentó un nuevo paquete de herramientas para medir la huella de carbono en cultivos de crucíferas, en un contexto donde la certificación ambiental dejó de ser un diferencial para convertirse en un requisito de acceso a mercados internacionales. La iniciativa, desarrollada con participación de las principales Bolsas del país, apunta a dotar al sector agroindustrial de instrumentos propios para competir bajo estándares globales, con criterios adaptados a la realidad productiva local.
El lanzamiento se produce en un escenario de creciente regulación ambiental en el comercio global, donde normativas como la Directiva de Energías Renovables de la Unión Europea (EU RED) o el esquema CORSIA exigen mediciones precisas y verificables para habilitar el ingreso de bioproductos. En ese marco, la capacidad de medir con parámetros propios aparece como un factor de poder económico.
Argentina gana soberanía técnica con el lanzamiento de herramientas para medir la huella de carbono de crucíferas en el entorno del PACN. Clave para acceder a mercados premium y competir sin barreras injustas al utilizar factores de emisión locales.
Soberanía técnica para competir en mercados de alta exigencia
En un escenario de comercio agroindustrial global crecientemente dinámico, la medición precisa del impacto ambiental ha dejado de ser una métrica voluntaria para convertirse en una condición de acceso a los mercados más exigentes. En este contexto, la certificación de baja huella ambiental ya no es solo un diferencial competitivo, sino un requisito técnico. Sin embargo, la forma en que se mide esa huella es tan relevante como el resultado en sí mismo.
En notas anteriores la Bolsa de Comercio de Rosario ha identificado la importancia estratégica de la certificación de baja huella ambiental como un diferencial competitivo. Hoy, bajo el paraguas del Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN), se da un paso fundamental con el lanzamiento del set de herramientas para la Mesa de Crucíferas.
Esta iniciativa, impulsada por las principales Bolsas de Cereales y de Comercio del país, busca no solo transparentar el desempeño ambiental de productos agroindustriales como en esta oportunidad de la colza, la camelina, la carinata y el cártamo, sino también proporcionar a los actores de la cadena la autonomía necesaria para gestionar y posteriormente poder certificar su balance de carbono bajo estándares internacionales. La importancia de este desarrollo radica en que los mercados premium, especialmente la Unión Europea con su Directiva de Energías Renovables (EU RED) o bien el régimen de CORSIA para la aviación sostenible, requieren evidencia robusta y cuantificada para permitir el ingreso de bioproductos y bioenergías. Este hito no solo mejora la capacidad de medición, sino que introduce un elemento crítico para la competitividad internacional: la capacidad de Argentina de medir su desempeño ambiental con criterios adaptados a su propia realidad productiva.
La Importancia de la Medición de Huella de CO2 en las Crucíferas
Las crucíferas oleaginosas están experimentando un crecimiento franco en el escenario productivo nacional, impulsadas principalmente por la demanda de biocombustibles sostenibles y aceites vegetales de exportación. No obstante, esta expansión enfrenta desafíos críticos en materia de gobernanza ambiental. Depender de calculadoras desarrolladas en los mercados de destino o bases de datos internacionales suele resultar en la penalización de la producción argentina, ya que estas herramientas utilizan factores por defecto que no capturan la realidad agronómica, climática y productiva de nuestros suelos. El uso de datos genéricos a menudo implica asumir prácticas (como la enmienda caliza, rutinaria en suelos ácidos europeos) que no reflejan la gestión local, castigando injustamente el desempeño de los productos nacionales. Por ello, el desarrollo de herramientas propias otorga soberanía metodológica, permitiendo que la huella de carbono sea el resultado de una contabilidad real y no de promedios foráneos. Esto es esencial para evitar barreras no arancelarias y para posicionar a la Argentina como un proveedor confiable de biomasa de bajo carbono, especialmente ante normativas como la UE RED III o el esquema CORSIA para la aviación internacional.
Un sistema integral desarrollado localmente
Este paquete no solo permite cuantificar emisiones, sino también gestionar activamente la reducción de la huella, cerrando la brecha entre medición y acción.
El PACN, a través de un trabajo de 8 meses con empresas líderes del sector que actuaron como casos testigo, ha generado tres herramientas claves, complementarias y articuladas:
• Calculadora de Huella de Carbono (v1.0): Una herramienta desarrollada en formato de planilla de cálculo, modular y de sencilla aplicación, que abarca desde la producción primaria hasta la salida de la planta industrial. • Manual de Metodología de Cálculo de Balance de Carbono: Un documento técnico que estandariza los criterios de uso, asegurando que los cálculos se realicen bajo las normas ISO 14067, 14040 y 14044. • Manual de Buenas Prácticas Ambientales (BPA): Una guía de gestión enfocada en la mitigación, que vincula las acciones operativas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los estándares Global Reporting Initiative (GRI).
Este paquete no solo permite cuantificar emisiones, sino también gestionar activamente la reducción de la huella, cerrando la brecha entre medición y acción. Frente al escenario global, el desarrollo de herramientas nacionales no es solo una mejora técnica: es una estrategia de posicionamiento internacional.
Diferenciales técnicos clave: donde el desarrollo local marca la diferencia
La calculadora se destaca por su arquitectura modular, permitiendo a productores, acopiadores e industriales calcular cuánto CO2eq genera cada unidad funcional (UF) producida. Las UF definidas en el sistema son:
• 1 tonelada de grano cosechado hasta la tranquera del campo, • 1 tonelada de grano en acopio intermedio, • 1 tonelada de aceite, y • 1 tonelada de pellet a la salida de la industria aceitera.
Arquitectura de Datos y Diferenciales Técnicos
La herramienta cuenta con más de 250 perfiles ambientales unitarios incorporados y analiza 211 compuestos químicos con factores de emisión actualizados al último reporte del IPCC (AR6). A diferencia de otras herramientas internacionales, la calculadora del PACN ofrece:
• Rigor en suelos: Utiliza mapas de existencias de carbono orgánico en suelo actualizados para Argentina (datos de Gaitán et al., 2025) y permite elegir entre métodos Tier 1 y Tier 2 (modelo AMG) del IPCC. • Representatividad energética: Incorpora matrices de energía eléctrica regionalizadas para la Argentina, evitando la distorsión de usar mix eléctricos europeos que sobrestiman las emisiones industriales locales. • Especificidad agronómica: Identifica correctamente a la Camelina con sus parámetros reales de grano oleaginoso, evitando tratarla como un forraje genérico, lo que previene la sobreestimación de emisiones de N2O por residuos de cultivo.
Visualización y Resultados
El módulo de resultados permite al usuario identificar rápidamente “hotspots” o puntos críticos de emisión. Incluye gráficas de Data Overview que desglosan las emisiones por sustancias (CO2, CH4, N2O) y por origen (fósil, biogénico y transformación del suelo). Un componente fundamental es la visual de Performance Review – Benchmarking, donde los resultados propios se comparan automáticamente con los valores por defecto de la Directiva Europea RED II. Si el valor calculado es menor al default europeo, el productor puede demostrar robustamente que su producto tiene acceso al mercado europeo.
En conclusión la calculadora del PACN permite:
• Reflejar condiciones agronómicas, climáticas y productivas reales • Incorporar datos primarios locales, evitando promedios globales • Alinear la medición con estándares internacionales (ISO, IPCC), pero desde una base propia • Reducir el riesgo de barreras no arancelarias encubiertas
En este sentido, el concepto central es claro: no se trata solo de medir la huella, sino de medirla correctamente desde Argentina.
El Manual de Buenas Prácticas Ambientales: De la Medición a la Acción
El Manual de Buenas Prácticas Ambientales completa el enfoque al transformar el diagnóstico en acción concreta. Propone en consecuencia, diez prácticas estratégicas y prospectivas presentadas mediante fichas técnicas diseñadas para ser funcionales y claras.
Las 10 BPA priorizadas para las Crucíferas:
• Optimización en el uso de nitrógeno aplicado en campo: Dado que la fertilización nitrogenada y sus emisiones de N2O son el rubro de mayor peso en la huella, esta práctica es central para la mitigación. • Restauración del suelo y secuestro de carbono: Promueve prácticas de conservación que aumenten el stock de carbono en el suelo. • Biodiversidad y polinización: Mejora de servicios ecosistémicos para estabilizar rendimientos productivos. • Descarbonización de la energía: Transición hacia fuentes renovables en campo e industria. • Potenciación de la economía circular: Valorización de subproductos y reducción de residuos. • Programa responsable de fitosanitarios: Manejo eficiente de herbicidas, insecticidas y fungicidas. • Mecanización: Eficiencia operativa de la maquinaria. • Fitomejoramiento: Selección de variedades adaptadas y eficientes. • Gestión de logística: Optimización del transporte entre eslabones. • Agua: Gestión responsable del recurso hídrico.
El manual integra estas prácticas con indicadores GRI (como el estándar 13.1 para emisiones de GEI) y los ODS (especialmente el 12 de Producción y Consumo Responsable y el 13 de Acción por el Clima), facilitando la construcción de reportes de sostenibilidad corporativa y el diálogo con el sector financiero para la aplicación a líneas de créditos verdes.
Conclusión: Hacia una Cadena de Valor como Unidad de Descarbonización
La implementación efectiva de estas herramientas requiere un marco de gobernanza ambiental que promueva la integración vertical de la cadena. Al utilizar datos primarios capturados sistemáticamente a través del calculador, la cadena de crucíferas argentina puede presentarse como una unidad de descarbonización sólida, donde la trazabilidad ambiental garantiza la identidad técnica y de sustentabilidad de cada tonelada de aceite o pellet exportado.
Este pack de herramientas representa mucho más que una innovación técnica, es un instrumento de defensa comercial, una base para la diferenciación internacional, y un paso clave hacia la soberanía en la medición ambiental
En un mundo donde los mercados se regulan cada vez más por métricas ambientales, quien define cómo se mide, define en gran parte quién puede competir. Argentina, a través de este desarrollo del PACN, avanza en esa dirección.
(*) Coordinadoras del Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN).