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En un fallo histórico, la Justicia confirmó que la empresa Atanor provocó un daño irreversible en el río Paraná

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La Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires puso fin a uno de los procesos ambientales más relevantes de los últimos años al rechazar el último recurso presentado por Atanor S.C.A. y dejar firme la sentencia que responsabiliza a la empresa por haber provocado un daño ambiental irreversible sobre el río Paraná, a la altura de su planta industrial de San Nicolás.

La decisión cierra un litigio iniciado hace más de doce años por organizaciones ambientalistas y vecinos de San Nicolás, consolidando lo resuelto previamente por la Justicia de primera y segunda instancia. El máximo tribunal provincial confirmó que la contaminación existió, que el daño sobre el ecosistema no puede ser plenamente revertido y que hubo falencias en los mecanismos de control estatal.

El proceso judicial fue impulsado por la Asociación Civil Cuenca Río Paraná, representada por el abogado Fabián Maggi, quien sostuvo desde el inicio que la actividad industrial de Atanor descargaba efluentes contaminantes en el Paraná.

Según la interpretación de la parte demandante, la sentencia firme se apoya en tres conclusiones centrales:

  • la existencia de un daño ambiental irreversible sobre el río;
  • la constatación de irregularidades en el funcionamiento de la empresa;
  • y la insuficiencia de los controles ejercidos por los organismos provinciales encargados de la fiscalización ambiental.

Uno de los aspectos más sensibles del fallo es el análisis del rol desempeñado por la Autoridad del Agua (ADA) y el entonces organismo ambiental bonaerense, al considerar que no se monitorearon adecuadamente todos los compuestos químicos asociados a la actividad de la planta.

Durante el proceso se incorporaron estudios técnicos y pericias científicas que acreditaron la presencia de distintos agroquímicos en el entorno de la planta.

Entre los compuestos detectados figuran atrazina, glifosato, su metabolito AMPA, además de otros productos utilizados en la elaboración de agroquímicos. Parte de esas sustancias fueron halladas en niveles superiores a los parámetros de referencia para la protección ambiental.

Sin embargo, los propios informes oficiales también señalaron que, debido al uso extendido de esos principios activos en la actividad agrícola, resulta complejo atribuir toda la contaminación exclusivamente a la planta industrial, argumento que forma parte de la defensa sostenida por Atanor durante el proceso.

Una empresa clave en el mercado de agroquímicos

Fundada en 1938, Atanor es uno de los principales fabricantes de agroquímicos de Argentina y pertenece desde 1997 al grupo estadounidense Albaugh.

La compañía produce herbicidas como glifosato, atrazina y fenóxidos, utilizados masivamente por el sector agropecuario, y durante décadas operó una planta industrial sobre la ribera del Paraná en San Nicolás.

La situación judicial de la empresa se agravó tras la explosión registrada en marzo de 2024 en uno de los reactores de la planta, episodio que dejó un operario herido, obligó a evacuar viviendas cercanas y reavivó las denuncias por contaminación ambiental.

Posteriormente, la producción de agroquímicos fue suspendida y la empresa inició un proceso de relocalización de sus operaciones, mientras continúa otro expediente penal vinculado a ese accidente industrial

Más allá de las consecuencias para Atanor, especialistas consideran que la decisión de la Suprema Corte bonaerense representa uno de los antecedentes más importantes en materia de responsabilidad ambiental empresarial en Argentina.

El fallo ratifica la obligación de continuar con las tareas de recomposición del suelo y del acuífero afectado. Sin embargo, respecto del río Paraná, la Justicia concluyó que el daño ambiental acreditado reviste un carácter irreversible, por lo que la reparación integral ya no resulta posible.

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Argentina incumple nueve de cada diez compromisos ambientales

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No es una novedad que el Gobierno de Javier Milei considere la acción climática como una preocupación secundaria, cuando no directamente como una construcción ideológica. El Presidente ha negado reiteradamente el origen humano del calentamiento global y sostiene que las alteraciones del clima forman parte de ciclos naturales. Sin embargo, el problema ya no reside solamente en sus declaraciones.

La visión presidencial comenzó a transformarse en estructura administrativa, presupuesto, prioridades económicas y resultados concretos.

La segunda actualización del Observatorio Nacional de Acción Climática ofrece una radiografía difícil de relativizar: 102 de los 115 objetivos climáticos monitoreados, el 88,7 por ciento, están fuera de una trayectoria real de cumplimiento. Apenas 13 compromisos, equivalentes al 11,3 por ciento, fueron cumplidos, alcanzados fuera de plazo o presentan avances suficientes como para esperar que lleguen a concretarse.

En otras palabras, nueve de cada diez compromisos asumidos por la Argentina están incumplidos, avanzan demasiado lentamente o ya se volvieron imposibles de alcanzar dentro de los plazos establecidos.

El informe no analiza anuncios electorales ni expresiones generales. Examina compromisos asumidos por escrito por el Estado argentino en leyes, planes nacionales, resoluciones, estrategias sectoriales y acuerdos internacionales. La evaluación abarca 115 objetivos distribuidos en 17 áreas, entre ellas energía, transporte, bosques, biodiversidad, residuos, salud, agro y ganadería, financiamiento climático y gestión de riesgos.

Lo que emerge no es únicamente una demora administrativa. Es un proceso de desacople entre los compromisos formales del país y la orientación efectiva de la política económica.

Acción climática argentina

Nueve de cada diez objetivos están fuera de trayectoria

Situación Objetivos Porcentaje
Trayectoria positiva 13 11,3%
Avance parcial 42 36,5%
Trayectoria negativa 60 52,2%
Fuera de trayectoria de cumplimiento 102 88,7%
Fuente: Observatorio Nacional de Acción Climática, actualización 2026.

De la negación discursiva al incumplimiento concreto

La cifra general es contundente, pero su composición ofrece una señal todavía más preocupante.

De los 102 objetivos que no están encaminados, 60 ya se encuentran en una trayectoria negativa: 32 no registran ningún avance verificable, 27 no pueden cumplirse dentro del plazo previsto y uno fue directamente eliminado por el Gobierno sin haber sido alcanzado. Los otros 42 muestran avances parciales, pero a una velocidad insuficiente.

El resultado demuestra que la inacción climática no se limita a paralizar nuevas iniciativas. También erosiona compromisos que ya estaban en marcha.

La comparación entre las actualizaciones de 2025 y 2026 muestra que, sobre 100 objetivos comparables, 36 cambiaron de categoría: 21 empeoraron y apenas 15 mejoraron. La cantidad de metas ubicadas en una trayectoria negativa pasó de 39 a 49 en apenas un año.

Por cada dos objetivos que mejoraron, casi tres retrocedieron.

Los avances, además, se concentran principalmente en rendición de cuentas y transparencia: publicación de sistemas de monitoreo, informes ambientales e instrumentos institucionales. Son herramientas necesarias, pero no equivalen a una reducción efectiva de emisiones, a la protección de bosques o al desarrollo de infraestructura resiliente.

Los sectores con mayor impacto ambiental directo son, justamente, los que acumulan los peores resultados.

Transporte tiene 11 de sus 14 objetivos sin avances o imposibles de cumplir. Residuos presenta la misma cantidad de metas críticas sobre un total de 15. En biodiversidad, siete de los once compromisos están en esas categorías, mientras que en bosques la proporción alcanza a seis de diez.

Bosques, transporte, residuos, emisiones y biodiversidad no cuentan con ningún objetivo cumplido.

Una institucionalidad ambiental degradada

El deterioro de los indicadores coincide con una pérdida sostenida de jerarquía política.

Al asumir Milei, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible dejó de existir como cartera autónoma. El área fue reducida primero a una secretaría compartida con Turismo y Deportes y, posteriormente, a una Subsecretaría de Ambiente dentro de la estructura de la Jefatura de Gabinete.

La degradación no fue solamente nominal. Según el análisis recogido por el Observatorio, el presupuesto ambiental sufrió una caída cercana al 80 por ciento en términos reales durante 2024 y 2025 respecto de lo ejecutado en 2023. La participación del área dentro del presupuesto nacional se redujo del 0,12 al 0,03 por ciento.

El último episodio terminó de exponer la fragilidad institucional. La renuncia de Fernando Brom fue aceptada con vigencia desde el 26 de junio de 2026. En lugar de designar inmediatamente un reemplazante, la resolución oficial encomendó al secretario de Turismo y Ambiente la atención y firma del despacho de la Subsecretaría.

Los principales focos críticos

El incumplimiento se concentra en áreas de alto impacto

Área temática Total de objetivos Sin avances o imposibles Incidencia
Transporte 14 11 78,6%
Residuos 15 11 73,3%
Biodiversidad 11 7 63,6%
Bosques 10 6 60,0%
Agua y saneamiento 4 4 100%
Se consideran objetivos clasificados como “Sin avances” o “Imposible de cumplir en el plazo establecido”. Fuente: ONAC.

En términos administrativos, el organismo continúa existiendo. En términos políticos, el área responsable de coordinar buena parte de la agenda ambiental nacional quedó sin conducción específica.

La vacancia no explica por sí sola el retroceso, pero funciona como síntoma. El Estado argentino conserva compromisos climáticos, participa en sistemas internacionales de información y mantiene normas ambientales. Lo que se debilitó es su capacidad institucional para convertir esos instrumentos en políticas públicas.

La motosierra ambiental y el giro extractivo

La orientación del Gobierno se vuelve más evidente cuando se observa qué sectores reciben prioridad política y económica.

Mientras la estructura ambiental pierde presupuesto, personal y jerarquía, el Ejecutivo impulsa una expansión acelerada de la minería, los hidrocarburos y las grandes inversiones extractivas. El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones ofrece estabilidad jurídica, beneficios tributarios y ventajas aduaneras para proyectos de gran escala, con especial incidencia en minería, petróleo, gas y energía.

La tensión no reside necesariamente en desarrollar esos sectores. Argentina necesita inversiones, exportaciones, infraestructura y divisas. El dilema aparece cuando la política de expansión productiva no está acompañada por organismos ambientales fuertes, controles suficientes, información pública y planificación territorial.

La discusión, por lo tanto, no debería reducirse a minería sí o minería no. La pregunta es qué tipo de minería, bajo qué controles, con qué distribución de beneficios, qué garantías sobre el agua y qué capacidad estatal para fiscalizar proyectos que pueden extenderse durante décadas.

Milei sintetizó su visión en marzo, durante un discurso en la Bolsa de Comercio de Córdoba. Señaló que Chile, con la misma cordillera, genera treinta veces más riqueza minera que Argentina y atribuyó la diferencia a lo que calificó como ambientalismo extremo.

La frase refleja una concepción en la que la regulación ambiental aparece como un obstáculo para la inversión, en lugar de ser entendida como parte de la seguridad jurídica y de la licencia social que requieren los proyectos de largo plazo.

En paralelo, el debate público incluye propuestas para flexibilizar o modificar normas centrales, como las leyes de Glaciares, Manejo del Fuego y Tierras. Algunas modificaciones todavía no se concretaron, pero el sentido político resulta reconocible: reducir restricciones al uso productivo del territorio y ampliar el margen para inversiones extractivas.

El riesgo es construir un modelo en el que el Estado ofrece estabilidad fiscal por décadas a los capitales, pero no garantiza con igual firmeza estabilidad ambiental a las comunidades.

El problema económico que el Gobierno minimiza

La política climática suele presentarse como una agenda exclusivamente ambiental. Esa lectura quedó desactualizada.

El incumplimiento puede afectar el acceso de la Argentina al financiamiento internacional, a fondos de adaptación, a créditos de organismos multilaterales y a inversiones que exigen estándares ambientales, sociales y de gobernanza.

También puede generar dificultades comerciales.

Metas con plazo entre 2023 y 2025
23
objetivos vencidos
2
cumplidos en plazo
91,3%
no se cumplió en tiempo y forma
Fuente: Observatorio Nacional de Acción Climática, actualización 2026.

Los principales mercados internacionales avanzan hacia mecanismos de trazabilidad, certificación de cadenas productivas y medición de huella de carbono. La Unión Europea, grandes compradores privados y bancos internacionales incorporan progresivamente criterios ambientales en sus decisiones.

En ese contexto, no contar con estadísticas consistentes, planes sectoriales verificables o capacidad de fiscalización no reduce costos: puede aumentarlos.

La desregulación, presentada como una ventaja competitiva inmediata, corre el riesgo de convertirse en una desventaja para las exportaciones argentinas. El país puede producir minerales, alimentos, energía, madera o biocombustibles, pero cada vez tendrá más dificultades para ingresar a mercados exigentes si no demuestra cómo fueron producidos.

La política climática, por lo tanto, no es solamente una política de conservación. Es también una política comercial, energética, industrial, financiera y de infraestructura.

El reloj de 2030

El dato más delicado del informe aparece al analizar los plazos.

De los 115 compromisos estudiados, 76 —el 66,1 por ciento— tienen como horizonte el año 2030. Dentro de ese grupo, 28 no muestran avances, 26 tienen progresos leves y siete ya fueron clasificados como imposibles de cumplir.

Solamente tres están cumplidos.

La Argentina tiene menos de cuatro años para acelerar objetivos que, en muchos casos, implican transformaciones estructurales: electrificación del transporte, reducción de residuos, protección de ecosistemas, eficiencia energética, adaptación de ciudades, prevención de desastres y disminución de emisiones.

No son políticas que puedan ejecutarse en los últimos meses del plazo. Requieren inversión sostenida, coordinación entre la Nación, las provincias y los municipios, además de previsibilidad presupuestaria.

El historial tampoco ofrece señales alentadoras. De los 23 objetivos que vencieron entre 2023 y 2025, apenas dos se cumplieron en tiempo y forma. Otros dos fueron alcanzados después del plazo. Los 19 restantes no se cumplieron o todavía no cuentan con verificación definitiva.

Así, el 91,3 por ciento de los compromisos vencidos no alcanzó el estándar acordado en tiempo y forma.

Misiones, una excepción subnacional

El informe incorpora por primera vez una dimensión particularmente relevante para Misiones: el seguimiento de los planes provinciales de respuesta al cambio climático.

La Ley 27.520 obliga a las 23 provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a elaborar planes articulados con la estrategia nacional. Sin embargo, solamente tres jurisdicciones cuentan hasta el momento con planes convalidados: Jujuy, La Pampa y Misiones.

Santa Fe aprobó el suyo en el ámbito provincial y aguarda la validación nacional; otras doce jurisdicciones se encuentran en distintas etapas de elaboración y ocho todavía no presentaron sus planes.

La inclusión de Misiones entre las tres provincias con instrumentos convalidados le otorga una ventaja institucional, pero también eleva la responsabilidad de transformar ese documento en metas verificables.

Para una provincia cuya economía y calidad de vida dependen de los bosques, el agua, la biodiversidad y las producciones agrícolas, la política climática no es abstracta. Atraviesa la yerba mate, la forestoindustria, el turismo, la energía, la infraestructura vial y la gestión de las ciudades.

El cambio en el régimen de lluvias, los períodos prolongados de sequía, las olas de calor y el aumento del riesgo de incendios pueden traducirse en menores rendimientos agrícolas, pérdidas forestales, presión sobre los recursos hídricos y mayores gastos públicos.

Misiones puede construir una agenda diferencial, pero deberá hacerlo en un escenario nacional de menor financiamiento y creciente debilidad institucional.

El costo de negar lo que ya sucede

La discusión climática suele quedar atrapada entre dos extremos: el negacionismo que desconoce el problema y un ambientalismo discursivo que formula metas sin explicar cómo financiarlas.

El informe del Observatorio expone una tercera dimensión: Argentina no carece de compromisos. Tiene más de 600 distribuidos en 23 documentos oficiales. Lo que falta es ejecución.

Ese fracaso no comenzó necesariamente en diciembre de 2023. Varias metas vencieron antes o arrastraban demoras de administraciones anteriores. El propio estudio diferencia entre compromisos heredados sin continuidad, políticas que registraron avances durante la actual gestión y objetivos que recibieron alguna atención, pero no la suficiente.

Sin embargo, la administración Milei agregó un elemento cualitativo: no solo redujo la capacidad de cumplimiento, sino que cuestionó abiertamente la legitimidad de la agenda.

El resultado es una política contradictoria. Argentina necesita inversiones de largo plazo, pero debilita los organismos que deben otorgar previsibilidad ambiental. Necesita aumentar exportaciones, pero reduce capacidades para certificar cadenas productivas. Necesita obras de infraestructura, pero demora instrumentos de adaptación. Necesita divisas internacionales, pero se aleja de una de las principales fuentes de financiamiento global.

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Misiones pone en marcha la etapa decisiva de su programa de créditos de carbono

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Luego de obtener la certificación internacional del estándar Verra para su Programa Jurisdiccional REDD+, Misiones iniciará durante agosto una serie de jornadas informativas destinadas a propietarios de bosques nativos, un paso considerado clave antes de la apertura formal de las inscripciones al esquema de créditos de carbono.

La iniciativa marca el ingreso de la provincia a una nueva etapa: pasar de la construcción institucional del programa a la incorporación efectiva de beneficiarios. No se trata todavía del comienzo de las inscripciones, sino de un proceso de difusión para explicar requisitos, beneficios, compromisos y mecanismos de participación.

Las reuniones se desarrollarán en las zonas norte, centro y sur de Misiones y estarán orientadas principalmente a pequeños y medianos productores propietarios de bosque nativo, quienes históricamente tuvieron dificultades para acceder individualmente al mercado internacional de carbono debido a los elevados costos de certificación y validación.

El programa representa uno de los proyectos ambientales más ambiciosos impulsados por la provincia en los últimos años.

La lógica cambia de manera significativa respecto de los esquemas tradicionales de aprovechamiento forestal: el bosque deja de generar valor únicamente por la madera que produce y comienza a transformarse también en un activo ambiental capaz de generar ingresos por permanecer en pie.

Programa de Créditos de Carbono de Misiones
Etapa Situación
Certificación Verra Completada
Jornadas informativas Agosto 2026
Inscripciones Se habilitarán posteriormente
Difusión municipal Cada municipio comunicará la apertura

En términos económicos, los créditos de carbono constituyen un mercado global que remunera la reducción o captura de emisiones de dióxido de carbono (CO₂). En este caso, Misiones comercializará créditos derivados de la conservación de sus bosques bajo el estándar internacional REDD+, uno de los mecanismos más utilizados para combatir la deforestación.

La certificación otorgada por Verra representa un paso estratégico porque habilita a la provincia a participar en el principal mercado voluntario de carbono del mundo.

Quiénes podrán participar

La convocatoria inicial está destinada exclusivamente a los titulares de inmuebles con bosque nativo comprendidos dentro de la denominada “Cuenta 2” del programa.

Podrán incorporarse propietarios cuyas parcelas:

  • posean bosque nativo;
  • no integren Parques Provinciales ni Parques Nacionales;
  • hayan conservado la cobertura forestal entre 2017 y 2022;
  • mantengan esa condición durante el período de monitoreo.

Uno de los aspectos centrales es que el programa no modifica los derechos de propiedad ni restringe el uso legal del campo.

Los productores continuarán pudiendo desarrollar actividades autorizadas por la Ley Nacional de Bosques, mantener planes de manejo sustentable e incluso abandonar el programa si así lo desean o desarrollar proyectos privados de carbono en el futuro.

Cómo se calcularán los ingresos

El monto que recibirá cada productor no será uniforme.

El sistema contempla una fórmula que pondera distintos factores ambientales de cada establecimiento:

  • categoría del Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN);
  • ubicación dentro del Corredor Verde;
  • existencia de reservas privadas;
  • precio efectivo al que Misiones logre comercializar los créditos en el mercado internacional.
Factores que determinan el pago
Variable Influencia
Categoría OTBN Mayor protección, mayor incentivo
Corredor Verde Otorga ponderación adicional
Reserva Privada Recibe beneficios diferenciales
Precio internacional del carbono Define el ingreso final
Ajustes nacionales Se aplicarán según corresponda

A ello se sumarán los ajustes que corresponda realizar al Estado nacional y, próximamente, un simulador oficial permitirá que cada propietario estime cuánto podría percibir antes de adherir al programa.

El compromiso principal asumido por quienes adhieran será conservar el bosque y evitar desmontes o cambios de uso del suelo durante el período establecido por el programa.

Ese requisito constituye la base ambiental que permite emitir créditos de carbono y es el elemento que otorga valor económico a la conservación.

Requisitos para ingresar al programa
Condición Detalle
Titular del inmueble
Bosque nativo Obligatorio
Cobertura forestal Debe mantenerse entre 2017 y 2022
Parques Nacionales y Provinciales Excluidos
Compromiso Conservar el bosque y evitar desmontes

Desde la óptica provincial, el objetivo es transformar la preservación de los bosques en una actividad económicamente rentable, especialmente para pequeños y medianos productores que muchas veces enfrentan fuertes restricciones para obtener ingresos derivados únicamente de la producción tradicional.

El programa también posiciona a Misiones como una de las jurisdicciones pioneras de América Latina en implementar un esquema jurisdiccional de créditos de carbono certificado internacionalmente.

A diferencia de los proyectos privados, el enfoque jurisdiccional permite incorporar grandes superficies bajo un mismo estándar, reduciendo costos de certificación y ampliando el universo de beneficiarios.

Esto podría generar una nueva fuente de divisas para la provincia, fortalecer la política de conservación de la Selva Paranaense y consolidar un modelo de desarrollo basado en los servicios ecosistémicos.

Las jornadas previstas para agosto representan, en ese contexto, el primer paso operativo hacia una política pública que combina ambiente, economía y financiamiento climático.

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Día Nacional de la Conservación del Suelo: protegerlos es asegurar alimentos, biodiversidad y futuro

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El suelo es mucho más que la superficie sobre la que caminamos. Es la base que sostiene la producción de alimentos, almacena carbono, regula el ciclo del agua y alberga una enorme diversidad de organismos esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas. 

En el marco del Día Nacional de la Conservación del Suelo, Fundación Vida Silvestre Argentina refuerza la importancia de conservar y proteger este recurso clave, para garantizar la producción de alimentos, conservar la biodiversidad y enfrentar los desafíos del cambio climático.

A nivel global, más del 95% de los alimentos que consumimos dependen del suelo y del agua. Sin embargo, la degradación de estos recursos amenaza la productividad, reduce la capacidad de almacenar agua y compromete la resiliencia de los ecosistemas frente a eventos climáticos extremos.


La calidad de los suelos se ve afectada por la erosión, desmontes, sobrepastoreo, labranzas inadecuadas, falta de rotación de cultivos y expansión de las fronteras agrícolas, lo que genera la disminución de sus posibilidades de proporcionar bienes y servicios. De esta manera, pierden su capacidad productiva, de almacenar carbono, de filtrado de nutrientes y de retención de agua en épocas de mucha lluvia (lo que evita inundaciones). 

¿Cuál es la situación en nuestro país?

Según datos de MapBiomas Argentina, nuestro suelo alberga una enorme diversidad de ecosistemas: el 17% del territorio argentino está cubierto por bosques y el 15% por pastizales. 

Los datos de MapBiomas Argentina nos ayudan a entender qué está pasando en nuestro territorio. A lo largo del tiempo fuimos perdiendo gran parte de la diversidad de ecosistemas que albergaba nuestro suelo: 10 millones de hectáreas de bosques y 2,4 millones de hectáreas de arbustales y pastizales. Contar con esta evidencia georreferenciada y actualizada nos permite orientar nuestro trabajo de conservación e impulsar iniciativas de protección y restauración de los suelos y los ecosistemas de los que dependemos“, señaló Sebastián Fermani, director de conservación de Fundación Vida Silvestre Argentina.

La conversión de bosques o pastizales a agricultura o pasturas siempre implica degradación del suelo, pérdida de materia orgánica y brutal pérdida de biodiversidad. Es por eso que resulta necesario encontrar soluciones y prácticas ambientalmente responsables, que combinen producción y conservación.

Así mismo, es importante destacar que aproximadamente el 70% del territorio argentino se encuentra comprendido dentro de tierras secas (áridas,semiáridas y subhumedas secas), situación que representa una fragilidad ambiental sustantiva del recurso suelo frente a impactos, tanto naturales como humanos.

En Argentina, los pastizales naturales cumplen un papel estratégico en la conservación de los suelos. Estos ecosistemas ayudan a reducir la erosión, favorecen la infiltración de agua, almacenan carbono y sostienen actividades productivas compatibles con la conservación de la naturaleza.

Promover modelos de producción que integren la conservación de los pastizales con la ganadería y la agricultura es fundamental para avanzar hacia sistemas alimentarios sostenibles y resilientes.

Asimismo, la restauración de bosques nativos representa una herramienta clave para recuperar funciones ecológicas esenciales, mejorar la calidad de los suelos degradados y fortalecer la provisión de servicios ecosistémicos, como la regulación hídrica y la captura de carbono. 

“Conservar los suelos significa proteger la base de nuestra alimentación, de nuestra biodiversidad y de nuestras economías regionales. La producción de alimentos y la conservación de la naturaleza no son objetivos contrapuestos: pueden y deben avanzar de manera integrada”, agregó Sebastián Fermani.

A través de iniciativas de restauración, manejo sostenible del territorio y promoción de prácticas productivas responsables, desde Fundación Vida Silvestre Argentina se trabaja para contribuir a paisajes donde la producción y la naturaleza convivan, asegurando beneficios tanto para las personas como para los ecosistemas.

“La mejor estrategia para la conservación de los suelos es detener la conversión de nuestros ambientes naturales, como bosques, pastizales, humedales y sabanas. Proteger el suelo es también proteger el agua, la biodiversidad y la posibilidad de construir un futuro sostenible para las próximas generaciones”concluyó Fermani.

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Misiones crea el Registro Provincial de Proyectos de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático

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La gobernanza del clima requiere trazar la cartografía de las acciones orientadas a mitigar las emisiones, fomentar el secuestro de carbono y la resiliencia de los territorios ante las inclemencias de fenómenos climáticos, la lucha contra el cambio climático dejó de ser una serie de promesas abstractas para convertirse en una estrategia concreta.

Con el objetivo de ordenar y potenciar cada esfuerzo local, la Secretaría de Estado de Cambio Climático en el marco del Plan de Respuesta al Cambio Climático puso en marcha el Registro Provincial de Proyectos de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático (RPPMyA)

La urgencia de afrontar los cambios en el clima ha forzado un cambio de paradigma y esto se refleja en las normativas y en el desarrollo de la problemática a nivel territorial. En la actualidad, la gestión pública requiere de evidencias sólidas, procesos de seguimiento rigurosos y una trazabilidad técnica que garantice la efectividad de cada acción.

¿Cuál es el volumen real de carbono que captura un monte nativo?

¿De qué manera una fábrica optimiza su consumo energético?

¿Cómo se preparan nuestras localidades para resistir la falta de agua o las crecidas?

¿Qué emprendimientos tienen el potencial para captar inversiones sostenibles?

Para brindar certezas ante estos interrogantes, se crea esta nueva herramienta. Bajo el marco del Decreto Provincial 1946/24 y su posterior normativa reglamentaria (Resoluciones de la SECC 42/25 y 8/26), se ha diseñado un esquema para organizar y dar visibilidad a las iniciativas de mitigación y adaptación en el territorio misionero. Con la reciente apertura de su plataforma digital, tanto el sector privado como público disponen ahora de un canal formal para integrar sus proyectos a la estrategia climática oficial.

Este registro funciona como una «fotografía dinámica» de todo lo que se está haciendo en el territorio provincial para combatir el calentamiento global. Ya sean proyectos forestales que capturan carbono, industrias que ahorran energía o comunidades trabajando en soluciones para prevenir sequías e inundaciones, el registro busca sistematizar estas acciones bajo un lenguaje común.

«Estamos construyendo la infraestructura invisible que nos permite conectar lo que hacemos en Misiones con las necesidades del mundo», explican desde la Secretaría de Estado de Cambio Climático. Y es que hoy, para acceder a mercados de carbono o financiamiento verde internacional, la transparencia, robustez y trazabilidad de los datos son requisitos excluyentes.

La política climática involucra economía, financiamiento, innovación, competitividad y planificación territorial. Para una empresa, un municipio, una cooperativa o un desarrollador privado, participar en este registro no es solo un trámite administrativo; es una puerta de entrada a oportunidades estratégicas como:

·       Visibilidad y reconocimiento: Permite que proyectos que antes permanecían dispersos o «invisibles» tengan un respaldo oficial y sean reconocidos dentro de la política climática provincial.

·       Acceso a financiamiento: Al contar con información técnica confiable y validada, los proyectos locales tienen muchas más posibilidades de atraer inversiones climáticas nacionales e internacionales.

·       Mejora de la gestión: La información recopilada permite al Estado diseñar mejores políticas públicas y fortalecer las estrategias de resiliencia frente a eventos extremos, como olas de calor o incendios.

·       Contribución al desarrollo sostenible: Es una forma de reconocer que la transición ecológica no depende solo de grandes acuerdos internacionales, sino de cientos de iniciativas locales que, al conectarse, generan un impacto real y medible.

La verdadera innovación de esta plataforma reside en su carácter integral, posibilitando poner en valor los proyectos que reduzcan emisiones como aquellos que faciliten la adaptación al cambio climático, vinculando los esfuerzos locales con las obligaciones que la nación ha comprometido en las convenciones internacionales y habilitando el financiamiento en el mercado de carbono global.

Para América Latina, esta perspectiva resulta vital, identificada por organismos internacionales como una de las geografías con mayor exposición a los riesgos ambientales, hoy el debate científico se centra en qué acciones se llevan a cabo para adaptarnos.

En respuesta a esto, las arquitecturas de gobernanza han comenzado a priorizar indicadores de cohesión social, salvaguarda de ecosistemas y resiliencia de los territorios.

Misiones, en el marco de su política pública climática asume el reto de armonizar el desarrollo productivo bajo en carbono en un escenario de vulnerabilidad climática global a través de las medidas, acciones y proyectos sugeridos en su plan de respuesta provincial al cambio climático y para ello crea el registro https://bit.ly/registroproyectos-cc. como una herramienta de planificación.

Inicialmente se solicitará información básica y técnica sobre el proyecto. La misma atravesará un proceso de verificación de datos, documentos y alineación con acciones de mitigación o adaptación en el marco del Plan Provincial de Respuesta de Misiones. En caso de ser necesario, el equipo técnico se pondrá en contacto con el titular del proyecto para solicitar información adicional y aclarar aspectos técnicos. Una vez validada la información, el proyecto podrá ser incorporado al Registro Provincial de Proyectos de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático.

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