SELVA VIVA

“Los monocultivos no son bosques”: tribunal internacional declaró ecocidio al modelo forestal de Corrientes

Compartí esta noticia !

El debate sobre el modelo forestal en el nordeste argentino sumó un nuevo capítulo de fuerte contenido político, ambiental y simbólico. El Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza presentó una sentencia en la que declara que la expansión de monocultivos industriales de pino y eucalipto en Corrientes constituye un ecocidio y una violación a los Derechos de la Naturaleza y de las comunidades campesinas e indígenas afectadas.

La resolución fue aprobada por la Asamblea de Jueces del organismo internacional tras analizar el caso durante su 13° Tribunal Local, realizado en noviembre de 2024. El documento sostiene que la expansión de más de 516.000 hectáreas de plantaciones forestales exóticas alteró los ciclos hidrológicos, afectó humedales y pastizales, redujo poblaciones de fauna nativa y provocó desplazamientos de comunidades rurales.

Aunque el Tribunal no posee capacidad jurisdiccional vinculante sobre los Estados, sus fallos buscan generar incidencia política, jurídica y social en torno a conflictos ambientales de alcance global. En este caso, la sentencia coloca bajo cuestionamiento uno de los sectores productivos más relevantes de Corrientes y de buena parte del nordeste argentino. El fallo llega en un momento sensible en Misiones, donde los dirigentes libertarios aseguran que hay que cambiar el modelo productivo para incorporar soja y maíz para compensar la pérdida de la rentabilidad de la yerba mate ahogada por la desregulación que impuso el presidente Javier Milei.

Un fallo que apunta al Estado y al modelo forestal

La sentencia atribuye responsabilidad tanto al Estado nacional como al gobierno de Corrientes por haber promovido activamente la expansión forestal mediante subsidios e incentivos fiscales, al tiempo que -según sostiene el fallo- incumplieron sus obligaciones de control ambiental.

Uno de los aspectos más relevantes es que el Tribunal rechaza expresamente la equiparación entre plantaciones industriales y bosques nativos. Según el documento, los monocultivos de pino y eucalipto no reproducen la complejidad ecológica de un bosque y no pueden ser considerados una herramienta suficiente para la mitigación del cambio climático.

En ese sentido, el fallo cuestiona también los mercados de carbono asociados a este tipo de emprendimientos forestales, a los que define como una “falsa solución” que beneficia principalmente a grandes grupos económicos. La resolución incorpora otro elemento novedoso: declara a los humedales y pastizales correntinos como sujetos de derechos.

Bajo esta perspectiva, estos ecosistemas poseen derecho a existir, regenerarse y mantener sus funciones ecológicas, una concepción inspirada en la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra y en corrientes jurídicas que ganan espacio en varios países latinoamericanos.

El enfoque implica un cambio profundo respecto de la visión tradicional del derecho ambiental, que suele centrarse en la protección de recursos naturales para beneficio humano y no en el reconocimiento de derechos propios de los ecosistemas.

La sentencia vincula el caso correntino con un proceso similar analizado previamente en la región chilena del Biobío.

Las medidas que propone la sentencia

Principales recomendaciones del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza

Eje Medida propuesta
Expansión forestal Moratoria inmediata a especies exóticas invasoras y pirófitas, especialmente pinos y eucaliptos.
Restauración ecológica Planes de restauración y regeneración con participación efectiva de las comunidades locales.
Modelo productivo Transición hacia esquemas agroecológicos compatibles con los ecosistemas nativos.
Marco legal Incorporación efectiva de los Derechos de la Naturaleza en la legislación interna.
Comunidades Garantía de acceso al agua, arraigo territorial y soberanía alimentaria para las poblaciones afectadas.
Trabajo Erradicación de situaciones de trabajo infantil y condiciones laborales calificadas como esclavas en la cadena forestoindustrial.

Fuente: Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza.

Según el Tribunal, existe un patrón común en Argentina, Chile, Uruguay y Brasil, donde la expansión de monocultivos forestales genera impactos sobre ecosistemas nativos, modifica la disponibilidad de agua y produce transformaciones socioeconómicas en comunidades rurales.

Durante la presentación del fallo participaron referentes ambientales de Argentina, Chile y Colombia, quienes coincidieron en señalar que el crecimiento de la demanda mundial de celulosa, papel y embalajes está acelerando la expansión de estas plantaciones industriales en América Latina.

Aunque la sentencia se refiere específicamente a Corrientes, el debate tiene especial relevancia para Misiones, una provincia donde la actividad forestal constituye uno de los principales complejos exportadores, con una fuerte presencia de plantaciones de pino y una industria integrada que abarca aserraderos, producción de tableros, pasta celulósica y biomasa.

El fallo reabre una discusión de fondo sobre cómo compatibilizar producción, generación de empleo, exportaciones y conservación ambiental en una región donde la actividad forestal representa una de las principales fuentes de inversión privada.

La tensión entre desarrollo económico y protección de los ecosistemas aparece, una vez más, como uno de los grandes desafíos para el futuro productivo del nordeste argentino.

Durante la presentación de la sentencia, Renata Nicora Chequin, Fiscal de la Tierra del Tribunal, bióloga e integrante de Defensores del Pastizal, señaló que la sentencia “no presenta solamente una sentencia, sino también el reclamo de un territorio, de la Naturaleza y de las comunidades que no pueden comparecer por sí mismas ante los sistemas tradicionales de justicia”.

Nicora Chequín explicó que “estamos ante una transformación profunda del paisaje y de las relaciones ecológicas y sociales en la provincia de Corrientes”. Asimismo, remarcó que la expansión de monocultivos forestales sobre humedales y pastizales “implica no sólo la muerte de la Naturaleza, alteraciones hidrológicas y degradación de suelos, sino también afectaciones directas a las comunidades campesinas”.

“La Naturaleza tiene derecho a existir, regenerarse y mantener sus funciones ecológicas. Ninguna actividad productiva puede justificarse si destruye los procesos que sostienen la vida. Si mata y contamina, no es progreso”, afirmó. Y concluyó: “Defender la Naturaleza no es oponerse al futuro. Es defender la posibilidad misma de tener futuro”.

Desde los territorios afectados en Corrientes, Chochón Romero destacó la importancia de que las comunidades rurales puedan finalmente ser escuchadas: “Hasta hoy no llegan a oídos de los funcionarios las medidas que necesitamos. Siguen destruyendo nuestras plantas nativas y nuestros territorios para plantar forestaciones”.

En un testimonio profundamente emotivo, Mario Benjamín, habitante de Corrientes afectado por el avance forestal, denunció las consecuencias del modelo extractivista sobre la vida cotidiana de las familias campesinas. “La tierra ya no nos responde, no tenemos agua. Los pájaros se fueron, los animales se fueron, y hoy lo que nos rodea es miseria”, expresó. “Nos quitaron el agua, la tierra, los pastizales. Pero no nos vamos a ir. Vamos a seguir luchando porque este es nuestro territorio y nuestra riqueza”.

Natalia Greene, secretaria del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, expresó solidaridad con las comunidades afectadas y afirmó que “no podemos permitir territorios ni personas de sacrificio”. También señaló que, aunque la sentencia representa una noticia importante, “el corazón sigue roto viendo cómo la situación empeora día tras día”.

Desde Chile, la activista Janny Figueroa advirtió que el caso de Corrientes refleja un patrón regional que lleva décadas profundizándose en territorios afectados por monocultivos forestales. “Esto es un ecocidio y también un etnocidio”, afirmó, recordando los impactos de los megaincendios en Biobío y denunciando que las comunidades continúan enfrentando desplazamiento, destrucción ambiental y abandono estatal.

La defensora colombiana América Niño también alertó sobre la expansión continental de este modelo extractivista. Relató cómo empresas forestales multinacionales reemplazaron bosques nativos por monocultivos de eucalipto y pino, provocando despojo territorial, criminalización y ruptura del tejido comunitario. “Este modelo transforma la relación de las comunidades con la tierra y convierte a quienes antes producían alimentos en asalariados de las empresas”, sostuvo.

Por su parte, el investigador Sergio Baffoni, de Environmental Paper Network, explicó que la expansión global de la industria papelera y de embalajes descartables está acelerando la destrucción de ecosistemas en América Latina. “Detrás de una caja de cartón hay apropiación de tierras, destrucción ambiental y violaciones de derechos humanos”, afirmó. Según indicó, la demanda de celulosa y embalajes sigue creciendo rápidamente, profundizando las zonas de sacrificio forestal en la región.

Jacqueline Arriagada, jueza del Tribunal, activista y campesina chilena, recordó que el modelo forestal fue impuesto en Chile “a sangre y fuego” desde la década de 1970, con apoyo estatal sostenido. “Vivir estas formas de extractivismo de muerte para la biodiversidad y las culturas rurales es un drama enorme”, señaló, y destacó la importancia de fortalecer la articulación latinoamericana contra los monocultivos forestales.

Por su parte, el abogado ambientalista Enrique Viale, juez del Tribunal, cuestionó el discurso empresarial que presenta las plantaciones industriales como “bosques”. “Un bosque es diversidad plena. Estas plantaciones son desiertos verdes”, afirmó. “Entrábamos a estas plantaciones y el silencio era atroz: no había pájaros ni animales, sólo clones de árboles diseñados para ser talados y exportados”. Viale también advirtió que los monocultivos “no vienen a salvarnos de la crisis climática”, sino que constituyen “zonas de sacrificio creadas para maximizar la ganancia de grandes corporaciones”.

Finalmente, Francesco Martone, coordinador de la Asamblea de Jueces del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, destacó que la sentencia “fortalece y consolida la resistencia al modelo forestal desde un enfoque basado en los Derechos de la Naturaleza”, y afirmó que el fallo busca generar “efectos concretos en los territorios” e incidir sobre gobiernos y empresas. “Cuando la sentencia afirma que los monocultivos no son bosques, lo hace en base a evidencia científica acumulada durante décadas de investigación y resistencias territoriales. Evidencia accesible a las empresas y al Estado, y aun así ignorada”.

Compartí esta noticia !

Una empresa ganadera correntina empezará a vender créditos por capturar carbono en los Esteros del Iberá

Compartí esta noticia !

Una firma correntina implementó un modelo productivo de vanguardia en un predio de 60.000 hectáreas ubicado en los Esteros del Iberá, un ecosistema de alta fragilidad ambiental compuesto por monte nativo, pajonales subtropicales y suelos arenosos. El objetivo de la compañía fue claro: aumentar la productividad sin comprometer la estabilidad biológica del entorno.

Se trata de Rincón de Corrientes, que para lograrlo reemplazó el esquema tradicional de cría por un sistema de manejo holístico, diseñado para optimizar el uso de los recursos naturales y regenerar los pastizales. El modelo se basa en una planificación precisa de los tiempos de pastoreo y descanso, permitiendo que la biomasa se transforme en materia orgánica y mejore la salud del suelo. Gracias a esta estrategia, consiguieron elevar sus niveles productivos en un ambiente extremadamente sensible y, al mismo tiempo, avanzar hacia la certificación internacional de captura de carbono.

El cambio de paradigma

En 2013, cuando el carbono todavía era un tema marginal dentro de la ganadería argentina, la empresa decidió adoptar el manejo holístico como respuesta a una necesidad concreta: mejorar la productividad mejorando el ambiente que sostenía al negocio. Eso implicó reorganizar el sistema, fijar objetivos comunes y abandonar el tradicional pastoreo continuo para pasar a un esquema rotativo.

La lógica era sencilla en teoría, aunque compleja en la práctica: otorgar tiempo de descanso a los pastizales para que las plantas se recuperen, desarrollen raíces profundas y transformen esa biomasa en carbono almacenado en el suelo. “Fotosíntesis que funciona, carbono que se acumula”, resumen dentro del proyecto.

“En ese momento, la sustentabilidad era algo aspiracional”, recuerdan desde la empresa. El punto de inflexión llegó cuando decidieron medir científicamente qué estaba ocurriendo debajo de la tierra.

El INTA validó la captura de carbono

El primer estudio de factibilidad para cuantificar captura de carbono se realizó cuando el mercado voluntario de bonos todavía estaba en una etapa incipiente y el crédito apenas valía un dólar. Económicamente no parecía atractivo, pero los resultados técnicos fueron contundentes.

El investigador Ditmar Kurtz, del INTA, confirmó que el manejo holístico permitía capturar carbono en pastizales subtropicales, un antecedente con muy pocos casos documentados a nivel mundial. Ese dato despertó el interés de una firma suiza especializada en proyectos ambientales. Para entonces, el valor del crédito ya había escalado a nueve dólares y el escenario comenzó a cambiar.

La alianza se formalizó con una empresa dedicada al desarrollo y comercialización de créditos de carbono. El proyecto adoptó el estándar Verra —uno de los más reconocidos del mercado voluntario— y la metodología VM0042, específica para pastizales subtropicales y soluciones basadas en la naturaleza.

El proceso demandó años de trabajo, auditorías externas y verificaciones técnicas hasta alcanzar el registro oficial. “Es exigente porque estás vendiendo un crédito a una empresa que necesita compensar su huella. Tiene que ser muy serio”, explica Santiago Angelillo, administrador de la empresa. Esa rigurosidad, lejos de ser una barrera burocrática, es lo que otorga credibilidad y valor a los créditos generados.

Un proyecto pionero a escala regional

Actualmente, la iniciativa integra un proyecto agrupado que abarca unas 100.000 hectáreas distribuidas entre Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Chaco y Santa Fe. Se trata de uno de los primeros proyectos ganaderos del mundo registrados bajo esta metodología, con antecedentes similares apenas en México, Australia y recientemente en Patagonia y Chile.

Las estimaciones indican que el sistema podría capturar alrededor de 27.337 toneladas de CO₂ equivalente por año durante las próximas dos décadas.

El precio de los créditos de carbono oscila hoy entre 15 y 30 dólares dentro del mercado voluntario. Sin embargo, Angelillo aclara que el verdadero valor del proyecto excede lo económico: “Lo importante no es el ingreso que puede generar la venta de créditos, sino la transformación de fondo que se genera en el sistema productivo”.

En esa transformación aparecen beneficios menos visibles pero centrales: suelos más vivos, mayor biodiversidad, mejor manejo del agua y fortalecimiento de las comunidades rurales.

Más allá del carbono

Según explica Angelillo, los primeros cuatro años de manejo holístico —con rotación y descanso de las especies forrajeras naturales— son los que concentran la mayor captura de carbono. La intensa sequía registrada durante los últimos tres años redujo los niveles proyectados, confirmando que los sistemas naturales no responden de manera lineal.

Aun así, la superficie bajo manejo holístico continúa expandiéndose dentro del establecimiento correntino y se espera que en los próximos tres años abarque la totalidad del campo.

Pero quizás el cambio más profundo no pueda medirse en toneladas de carbono ni en balances económicos. Angelillo destaca la transformación tradicional que atravesó el equipo de trabajo: nuevas formas de liderazgo, decisiones productivas atravesadas por criterios ambientales y una visión de largo plazo sobre un ecosistema extremadamente frágil.

“Estamos navegando en un mundo nuevo”, resume.

En el contexto del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, esa afirmación adquiere todavía más relevancia. La trazabilidad ambiental y las certificaciones verificadas por terceros dejaron de ser un diferencial para convertirse en una condición de acceso a los mercados más exigentes. Y en ese camino, Rincón de Corrientes comenzó a moverse antes que la mayoría.

Compartí esta noticia !

La ONU respaldó fallo de la Corte Internacional sobre cambio climático

Compartí esta noticia !

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución que respalda el histórico dictamen de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre las obligaciones de los Estados frente al cambio climático. La votación terminó con 141 países a favor, ocho en contra y 28 abstenciones.

La iniciativa fue impulsada por Vanuatu, uno de los pequeños Estados insulares más afectados por el aumento del nivel del mar y los fenómenos climáticos extremos. El texto reafirma el dictamen emitido por la CIJ en julio de 2025, que sostuvo que los países tienen la obligación jurídica de prevenir daños ambientales significativos y reducir el uso de combustibles fósiles.

Aunque el pronunciamiento de la Corte no es jurídicamente vinculante, especialistas y organismos internacionales consideran que puede tener un fuerte impacto en litigios climáticos, políticas públicas y futuras negociaciones diplomáticas.

Entre otros puntos, la CIJ afirmó que los países deben actuar para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, cooperar de buena fe y evitar daños irreversibles al sistema climático. También dejó abierta la posibilidad de reparaciones o compensaciones en casos donde pueda demostrarse responsabilidad por daños climáticos.

El nuevo respaldo de la Asamblea General busca darle mayor peso político a esa opinión consultiva y consolidarla como referencia para futuras acciones legales y negociaciones multilaterales.

El cambio climático ya no puede entenderse solo como una crisis ambiental. Es también una crisis de derechos humanos que amenaza la vida, la salud, la vivienda, la alimentación, el acceso al agua, la cultura y el futuro de millones de personas en todo el mundo.

Así lo ha dejado claro la Corte Internacional de Justicia (CIJ), el máximo tribunal de Naciones Unidas, en una opinión consultiva histórica sobre las obligaciones de los Estados frente al cambio climático. La decisión supone un avance clave para la justicia climática, porque vincula de forma directa la crisis climática con la protección de los derechos humanos y refuerza la responsabilidad legal de los gobiernos.

La opinión consultiva llega tras años de movilización impulsada por jóvenes de las islas del Pacífico, especialmente desde Vanuatu, una de las regiones más expuestas a los impactos de la crisis climática. Su mensaje es claro: los Estados no pueden seguir retrasando la acción climática ni incumpliendo sus compromisos internacionales sin consecuencias.

¿Qué es la Corte Internacional de Justicia?

La Corte Internacional de Justicia (CIJ) es el principal órgano judicial de las Naciones Unidas. Tiene su sede en La Haya, en los Países Bajos, y su función es interpretar el derecho internacional y resolver disputas legales entre Estados. Creada en 1945 junto con la ONU, la CIJ está formada por 15 jueces y juezas de distintas regiones del mundo, elegidos por la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de la ONU.

Aunque la Corte no puede juzgar a personas ni imponer sanciones penales, sus decisiones y opiniones tienen un enorme peso jurídico y político. Sus interpretaciones ayudan a aclarar qué obligaciones tienen los Estados en materias como los derechos humanos, el uso de la fuerza, la autodeterminación de los pueblos o, como en este caso, el cambio climático.

Que la Corte Internacional de Justicia se haya pronunciado sobre la crisis climática es especialmente relevante porque sitúa el debate en el terreno de las obligaciones legales de los Estados, y no solo en el de los compromisos políticos voluntarios. 

¿Qué es una opinión consultiva?

Una opinión consultiva es una interpretación jurídica que la Corte Internacional de Justicia emite a petición de órganos de las Naciones Unidas, como la Asamblea General. Aunque no tiene carácter jurídicamente vinculante, posee una enorme autoridad porque aclara cómo debe interpretarse y aplicarse el derecho internacional.

No es una sentencia que obligue directamente a los Estados a actuar de una determinada manera, pero sí establece con claridad cuáles son sus responsabilidades legales y puede influir en decisiones judiciales, negociaciones internacionales y políticas públicas.

En el caso del cambio climático, la Asamblea General de la ONU pidió a la CIJ que respondiera a dos preguntas fundamentales: cuáles son las obligaciones de los Estados para proteger el clima y el medioambiente frente a las emisiones de gases de efecto invernadero, y cuáles son las consecuencias legales cuando sus acciones, o su inacción, causan daños significativos.

La respuesta de la Corte ha sido contundente: proteger el sistema climático mundial es una obligación legal, no una opción política. Y, cuando los Estados incumplen esa obligación, pueden tener que rendir cuentas por las pérdidas y daños causados.

Por eso, aunque la opinión consultiva no sea formalmente vinculante, supone un hito jurídico que puede reforzar las demandas de las comunidades afectadas y servir de referencia para futuras decisiones judiciales y acuerdos internacionales.

La Corte Internacional de Justicia ha afirmado con claridad que los Estados tienen la obligación legal de proteger el sistema climático y el medioambiente frente a las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la actividad humana. No se trata de una recomendación política, sino de una exigencia derivada del derecho internacional.

En su opinión consultiva sobre el cambio climático, la Corte señala que estas obligaciones se fundamentan en distintas fuentes jurídicas, entre ellas la Carta de las Naciones Unidas, el Acuerdo de París, los tratados internacionales de derechos humanos y el derecho internacional consuetudinario.

Uno de los mensajes más importantes de la decisión es que el derecho a un medioambiente limpio, saludable y sostenible es una condición previa para el disfrute efectivo de otros derechos humanos, como el derecho a la vida, la salud, la alimentación, el agua o la vivienda.

¿Qué obligaciones tienen los Estados frente al cambio climático?

La opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia deja claro que todos los Estados tienen la obligación de actuar frente al cambio climático para proteger los derechos humanos y evitar daños al sistema climático mundial. Aunque sus responsabilidades pueden variar según sus capacidades y su contribución histórica a la crisis, ningún país puede permanecer al margen.

Entre las principales obligaciones señaladas por la Corte se encuentran:

Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero

Los Estados deben adoptar medidas eficaces para limitar el calentamiento global a 1,5 ºC, en línea con el Acuerdo de París. Esto implica presentar e implementar planes climáticos ambiciosos y revisar periódicamente sus compromisos.

Abandonar progresivamente los combustibles fósiles

La Corte subraya que no eliminar de forma gradual y equitativa el carbón, el petróleo y el gas puede constituir un incumplimiento del derecho internacional. Esto incluye seguir autorizando nuevos proyectos de exploración o manteniendo subvenciones a la industria fósil.

Proteger los derechos humanos

Los gobiernos deben garantizar que sus políticas climáticas protejan derechos como la vida, la salud, la alimentación, el agua, la vivienda y un medioambiente limpio, saludable y sostenible.

Cooperar internacionalmente

La crisis climática requiere una respuesta global. Los Estados deben colaborar entre sí y, en particular, los países con más recursos deben proporcionar financiación, tecnología y apoyo técnico a los países más afectados y con menos responsabilidad histórica en la crisis.

Reparar pérdidas y daños

Cuando un Estado incumple sus obligaciones y causa daños significativos, puede estar obligado a ofrecer reparación, incluida una indemnización por las pérdidas y daños sufridos.

Proteger a las personas desplazadas por el clima

La Corte reconoce que las personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares por los impactos del cambio climático deben recibir protección, también cuando cruzan fronteras internacionales.

Jóvenes activistas reclaman justicia climática ante la Corte Internacional de Justicia.
La movilización de jóvenes y comunidades afectadas fue clave para llevar la crisis climática ante el máximo tribunal de la ONU. © Getty Images

¿Por qué esta decisión de la Corte Internacional de Justicia es histórica?

La opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre el cambio climático marca un antes y un después porque, por primera vez, el principal tribunal de las Naciones Unidas ha dejado claro que proteger el clima es una obligación legal de los Estados.

Reconoce que la crisis climática es también una crisis de derechos humanos

La Corte afirma que el derecho a un medioambiente limpio, saludable y sostenible es una condición previa para el disfrute de otros derechos humanos, como la vida, la salud, la alimentación, el agua y la vivienda.

Refuerza la posibilidad de exigir responsabilidades a los Estados

La opinión consultiva aclara que los países pueden tener que reparar las pérdidas y daños causados por su inacción climática. Esto puede fortalecer litigios ante tribunales nacionales, cortes regionales de derechos humanos y otros órganos internacionales.

Puede influir en leyes, políticas y decisiones judiciales en todo el mundo

Aunque no es jurídicamente vinculante, la opinión de la CIJ tiene una gran autoridad y puede servir de referencia para:

  • Tribunales nacionales.
  • El Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
  • La Corte Interamericana de Derechos Humanos.
  • Nuevas leyes y políticas climáticas.
  • Negociaciones internacionales en Naciones Unidas.

Da respaldo a las comunidades más afectadas

Para los pequeños Estados insulares y otras comunidades en primera línea de la crisis climática, la decisión confirma lo que llevan años denunciando: que el cambio climático amenaza su territorio, su cultura y sus derechos fundamentales.

Estudiantes y activistas del Pacífico ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya.
Jóvenes de las islas del Pacífico impulsaron la iniciativa que llevó la cuestión del cambio climático ante la Corte Internacional de Justicia. © Getty Images

El papel de Vanuatu y los estudiantes del Pacífico

Detrás de esta histórica opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia hay una historia de perseverancia, liderazgo juvenil y resistencia frente a la crisis climática.

Todo comenzó en 2019, cuando 27 estudiantes de Derecho de la Universidad del Sur del Pacífico, en Vanuatu, decidieron impulsar una iniciativa sin precedentes: llevar la cuestión del cambio climático ante el máximo tribunal del mundo. Su objetivo era lograr que la Corte aclarara qué obligaciones legales tienen los Estados para proteger el clima y los derechos humanos.

La campaña fue liderada por el movimiento Pacific Islands Students Fighting Climate Change (PISFCC), integrado por jóvenes de distintos países del Pacífico. Entre ellos se encontraba Vishal Prasad, nacido en Fiyi, quien ha explicado que la iniciativa surgió de un “optimismo radical y obstinado” frente a años de promesas incumplidas por parte de la comunidad internacional.

Para estos jóvenes, la crisis climática no es una amenaza lejana, sino una realidad cotidiana. El aumento del nivel del mar, los ciclones cada vez más intensos y la degradación de los ecosistemas ponen en riesgo hogares, medios de vida, culturas y formas de vida enteras.

Como resume Vishal Prasad: “Para nuestro pueblo, está en juego casi todo”.

La iniciativa estudiantil logró movilizar a organizaciones de la sociedad civil, comunidades afectadas y gobiernos de todo el mundo. Vanuatu asumió el liderazgo diplomático y promovió primero la resolución de la Asamblea General de la ONU que solicitó la opinión consultiva de la CIJ y, posteriormente, una nueva resolución para impulsar su aplicación práctica.

Este proceso demuestra que incluso los países más pequeños y las voces jóvenes pueden influir en el derecho internacional cuando se organizan y actúan con determinación.

Manifestación climática que reclama a los gobiernos cumplir el Acuerdo de París y limitar el calentamiento global a 1,5 ºC.
La opinión consultiva de la CIJ refuerza la presión para que los Estados cumplan el Acuerdo de París y abandonen los combustibles fósiles. © Getty Images

¿Qué puede ocurrir ahora?

La opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia no pone fin al proceso. Al contrario: puede convertirse en una herramienta muy poderosa para impulsar nuevas leyes, reforzar las políticas climáticas y exigir responsabilidades a los gobiernos que no actúen frente a la crisis climática.

La Asamblea General de la ONU votará el 20 de mayo de 2026 una resolución impulsada por Vanuatu para respaldar formalmente la opinión de la Corte y convertir sus conclusiones en una hoja de ruta para la acción climática y la rendición de cuentas.

Pero más allá de la ONU, la opinión consultiva de la CIJ puede servir de referencia para tribunales nacionales e internacionales, fortalecer los litigios climáticos y respaldar las demandas de las comunidades que reclaman justicia climática.

También puede aumentar la presión sobre los países con mayores emisiones históricas para que reduzcan más rápidamente su dependencia de los combustibles fósiles y aporten financiación y apoyo a los países y comunidades más afectados por la crisis climática.

En última instancia, lo que ocurra ahora dependerá de la voluntad de los gobiernos para traducir esta claridad jurídica en medidas concretas. La votación del 20 de mayo mostrará hasta qué punto la comunidad internacional está dispuesta a convertir este avance jurídico en compromisos reales para proteger a las personas y al planeta.

Compartí esta noticia !

Aña Cuá incorporará un sistema de transferencia de peces para preservar las migraciones del río Paraná

Compartí esta noticia !

La futura Central Hidroeléctrica Aña Cuá incorporará un moderno Sistema de Transferencia de Peces (STP), optimizado a partir de tres décadas de experiencia en Yacyretá, con el objetivo de favorecer la continuidad migratoria de especies emblemáticas del río Paraná.

La maquinización del brazo Aña Cuá no solo permitirá incrementar la generación de energía renovable del Complejo Hidroeléctrico Yacyretá. También incorporará una de las obras ambientales más relevantes del proyecto: un moderno Sistema de Transferencia de Peces (STP), diseñado para favorecer la continuidad de las migraciones naturales de las especies más representativas del río Paraná.

La futura Central Hidroeléctrica Aña Cuá, actualmente en construcción en el brazo homónimo del Paraná, contará con tres turbinas de 90 MW cada una, aportando 270 MW adicionales al sistema energético e incrementando aproximadamente un 10% la capacidad instalada del complejo. Junto con la infraestructura energética, el proyecto contempla obras destinadas a reducir impactos ambientales y preservar la biodiversidad de la región.

El desafío: la barrera de 24 metros

Uno de los principales desafíos de las centrales hidroeléctricas es que el desnivel generado para producir energía modifica el flujo natural del río y puede convertirse en una barrera para las especies migratorias. En el caso del brazo Aña Cuá, el embalse Yacyretá opera a una cota máxima de 83,5 metros sobre el nivel del mar, mientras que el cauce río abajo se encuentra a 59,5 metros, generando un salto cercano a los 24 metros que interrumpe los extensos desplazamientos que muchas especies realizan a lo largo de su ciclo de vida para reproducirse, alimentarse y sostener sus poblaciones.

En respuesta a este desafío, la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) incorporó al Proyecto Aña Cuá un Sistema de Transferencia de Peces que toma como base la experiencia acumulada en las instalaciones ya existentes en la Central Hidroeléctrica Yacyretá, incorporando además mejoras y nuevos criterios de diseño.

Cómo funciona el sistema

El funcionamiento del STP se basa en atraer a los ejemplares desde aguas abajo mediante canales especialmente diseñados. El sistema contempla dos canales de entrada ubicados a distintas profundidades, capaces de generar condiciones de flujo diferenciadas para atraer a las diversas especies presentes en el río.

Una vez dentro del sistema, los peces convergen hacia un canal de acumulación donde un carro concentrador con una reja móvil los guía hacia la cámara de elevación. Desde allí, una canasta llena de agua, accionada mediante un sistema mecánico, los traslada hasta el nivel superior del embalse.

Posteriormente los peces son liberados en una Estación Ictícola, donde pueden realizarse tareas de conteo y monitoreo, para luego ser descargados hacia una zona de aguas calmas especialmente diseñada para que recuperen su orientación y disminuyan el estrés ocasionado durante el proceso de transferencia antes de continuar su migración.

Las especies en juego

Entre las especies consideradas para el diseño del sistema se encuentran algunas de las más representativas del Paraná: dorado, surubí, sábalo, pacú, manguruyú, boga, patí y armado común, entre otras de importancia ecológica, alimentaria, recreativa y económica para las comunidades del área de influencia.

Un aspecto biológico clave fue determinante para el diseño final: las distintas especies migran a diferentes profundidades y presentan velocidades de desplazamiento variables según sus características físicas. Mientras especies de gran porte, como algunos bagres, suelen desplazarse cerca del fondo, otras lo hacen en niveles medios o superficiales.

Esta diversidad de comportamientos fue uno de los elementos centrales considerados durante el desarrollo del proyecto.
Del diseño inicial al sistema optimizado

El sistema fue revisado y perfeccionado a partir de estudios hidráulicos, investigaciones ictícolas y la experiencia acumulada durante más de 30 años en la operación de instalaciones similares en Yacyretá. Entre las principales mejoras incorporadas se
destacan:

● La optimización de los canales de ingreso para adaptarlos a diferentes especies y comportamientos migratorios.
● La eliminación de estructuras cuya ubicación o condiciones hidráulicas presentaban baja eficiencia para la atracción de peces.
● La reducción de recorridos internos, lo que permite incrementar ciclos de operación y disminuir riesgos asociados al estrés y posibles lesiones.
● Un sistema de descarga en zonas de aguas tranquilas especialmente diseñado para favorecer la recuperación y orientación de los ejemplares antes de retomar su desplazamiento natural.

Monitoreo científico y mejora continua

El proyecto incorpora además una Estación Ictícola que permitirá realizar tareas de monitoreo, conteo y seguimiento científico, brindando información clave para evaluar el desempeño del sistema y continuar perfeccionando su funcionamiento.

Con esta infraestructura, Aña Cuá no solo ampliará la capacidad de generación energética del Complejo Yacyretá, sino que también incorporará soluciones orientadas a acompañar uno de los procesos naturales más importantes del río Paraná: la migración de los peces. De esta manera, la EBY continúa consolidando una estrategia ambiental orientada a compatibilizar la generación de energía renovable con la conservación de la biodiversidad y la fauna íctica de la región.

Compartí esta noticia !

El Loro Pecho Vinoso resiste en Misiones: las acciones para evitar su desaparición

Compartí esta noticia !

El Bosque Atlántico es uno de los puntos más biodiversos del planeta, pero también uno de los más amenazados, habiendo perdido el 84% de su cobertura original. En este escenario crítico, las poblaciones de Loro Pecho Vinoso (Amazona vinacea) también se han visto afectadas. Aunque hace un siglo sus bandadas eran tan inmensas que lograban oscurecer el cielo, hoy la especie está catalogada como En Peligro a nivel global y en Peligro Crítico en Argentina, donde se estima que sobreviven menos de 500 individuos. 

Frente a este desafío, Aves Argentinas, el Ministerio de Ecología y el Instituto Misionero de Biodiversidad, impulsan el Proyecto Loro Vinoso, un esfuerzo colectivo enfocado en revertir su declive y mejorar el éxito reproductivo de la especie en el norte de Misiones. 

Las amenazas que enfrenta el Loro Vinoso

La mayor parte de la población remanente de este carismático loro en Argentina se concentra en Tobuna, una pequeña localidad del departamento de San Pedro, Misiones. Allí, los fragmentos de selva nativa coexisten con un paisaje dominado por chacras familiares dedicadas a cultivos como la yerba mate, el tabaco y el maíz.  En este entorno, el Loro Vinoso enfrenta amenazas como la pérdida y fragmentación del hábitat, la falta de cavidades naturales para nidificar debido a la tala de árboles de gran porte y el saqueo de pichones. 

Líneas de acción de la temporada 2025

Durante la última temporada reproductiva, se estableció la Estación Biológica, un espacio clave para el desarrollo del proyecto. Desde allí, el equipo trabajó en estrategias clave para favorecer el aumento de la población de esta especie amenazada.

1. Monitoreo poblacional y conteos. Desde el año 2005, se realizan censos colaborativos junto a investigadores, guardaparques y voluntarios. Este 2025, los conteos se realizaron tanto en Argentina, como en Brasil y Paraguay. En Argentina la población se mantiene estable, pero en un número crítico, donde quedan alrededor de 323 individuos. 

2. Instalación de cajas nido. Para mitigar la falta de cavidades naturales, este 2025 se diseñaron e instalaron 40 cajas nido en árboles nativos, en estrecha colaboración con las familias locales que permiten colocarlas dentro de sus propiedades. 

3. Monitoreo de parejas y nidos. Es una de las actividades centrales del proyecto, donde se identifican parejas y localizan sus cavidades mediante recorridos a pie por chacras y fragmentos de selva. De esta manera, se puede observar su comportamiento y seguir sus desplazamientos. 

4. Estudios ecológicos. Se realiza el seguimiento de los pichones para conocer las áreas que utilizan para alimentarse, descansar y desplazarse, además de comprender mejor cuántos pichones sobreviven en la temporada. Para ello, los pichones son marcados y, cuando es posible, equipados con transmisores que permiten registrar sus desplazamientos y comportamiento.

“Esta temporada fue clave para el Loro vinoso. La instalación de las cajas nido, el monitoreo de parejas y pichones, el conteo poblacional y todas las líneas de acción del proyecto fueron posibles gracias al trabajo en red de investigadores, voluntarios, madrinas, padrinos de nidos y a las familias de las chacras que son parte de este gran proyecto para salvar a una especie en peligro crítico”, expresó Sofía Zalazar, de Aves Argentinas. 

Cada temporada nos demuestra que, con el apoyo científico, institucional y el involucramiento de la comunidad, es posible brindarle al Loro Vinoso una oportunidad de recuperación.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin