Una concurrida marcha en apoyo a la gestión del presidente Mauricio Macri se realizó este sábado desde el Obelisco hacia Plaza de Mayo y en otras ciudades del país. El mandatario arribó a la Casa de Gobierno pasadas las 19 y salió a saludar a los presentes desde el histórico balcón junto a su esposa, Juliana Awada.
En su segunda salida, el mandatario dejó unas palabras -que si bien no fueron escuchadas por la multitud porque no se había dispuesto un sistema de audio, si fueron tomadas por las cámaras-. “Gracias por todo esto. Tenemos que seguir juntos. Gracias, sigamos juntos”, dijo a sus seguidores.
“Tenemos que seguir más que nunca. Merecemos cambiar, trabajando juntos, dialogando; así vamos a construir la Argentina que queremos”, acotó el jefe de estado visiblemente emocionado ante la manifestación en apoyo a su Gobierno.
“Los escuché, sé lo que están pasando. Decidimos cambiar porque podemos ser mejores, no podemos abandonar, tenemos que seguir juntos, ahora más que nunca, porque tres años es poco para cambiar una historia, y la estamos cambiando, diciéndonos la verdad, sin robarnos, sin engañarnos, sin atajos, trabajando juntos, dialogando, y así vamos a construir la Argentina que queremos”, expresó Macri.
La
convocatoria fue impulsada por el actor Luis Brandoni y seguidores en las redes
sociales, tras los resultados de las elecciones primarias PASO, que ganó la
fórmula opositora del Frente de Todos por 15 puntos.
La Plaza de
mayo, que habitualmente durante las movilizaciones se encuentra vallada, fue
abierta este sábado para que los manifestantes pudiesen llegar hasta el borde
de la Casa de Gobierno.
El próximo jueves 29 de agosto en la sede de la Confederación Económica de Misiones (CEM) se realizará una charla gratuita sobre “Instrumentos de Financiamiento de Actualidad”.
En la oportunidad habrá disertaciones por parte de: Fondo de Crédito de Misiones, Bolsa de Comercio del Chaco, Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), Acindar Pymes SGR y Cohen S.A. Agente de Bolsa, con el fin de ofrecer un panorama general de las herramientas de financiamiento disponibles para las pequeñas y grandes empresas.
La charla comenzará a las 16 y tendrá lugar en el salón de usos múltiples de la CEM, Sarmiento 2183 (tercer piso), Posadas.
Opciones de financiamiento: El objetivo de la convocatoria es orientar al empresariado misionero respecto de las opciones de financiamiento vigentes que están disponibles y que en muchos casos no se están utilizando en nuestra provincia.
En ese sentido, expositores como Cohen SA Agente de Bolsa y la Bolsa de Comercio del Chaco tienen interés en colaborar con los actores económicos de Misiones y participar activamente en la búsqueda de alternativas de financiamiento.
El 12 de diciembre de 2015, Mauricio Macri inauguraba su mandato con una inédita foto con los 24 gobernadores en una postal de gobernabilidad que se mantuvo firme. El epílogo de su mandato se escribe -el final de la historia se conocerá en octubre-, con la mayoría de los gobernadores abroquelados y al borde de ir a la Corte Suprema para frenar un manotazo a los recursos provinciales con el que el Presidente pretende financiar su supervivencia electoral.
Para recuperar su frescura, Macri anunció rebaja del IVA a algunos productos de la canasta básica y una suba del mínimo no imponible de Ganancias, lo mismo que el límite del monotributo, entre otras medidas. Los gobernadores se enteraron por los medios, lo mismo que el resto de los argentinos, pese a que las oportunas promesas se financian en buena parte con recursos que se coparticipan. Misiones pierde más de mil millones de pesos y por eso exige, como mínimo, una compensación.
La primera provincia que visitó Macri tras el descalabro electoral fue Misiones. Llegó este viernes a Iguazú a inaugurar simbólicamente el vuelo Madrid-Cataratas que se inició regularmente una semana antes de las PASO. Aprovechó el discurso para hacer una elíptica alusión al rechazo electoral. “Escuchamos a los argentinos, los escuché, y por eso junto a la transformación que estamos haciendo, vamos a estar al lado de cada argentino para que nadie se quede atrás”, expresó el Jefe de Estado.
“Mi sueño, mi propósito, es siempre el mismo: cuidar a los argentinos, ayudar y crear las condiciones para que cada persona encuentre su oportunidad en la provincia que elija vivir y trabajar”, y añadió que “paso a paso, con logros como éste, lo estamos haciendo”.
Destacó que mucho más importante que cualquier discurso “es tener claro el objetivo, el para qué hacemos lo que hacemos. Y es para que todos podamos vivir mejor. Tan simple y tan importante como eso, para que todos podamos vivir mejor”.
Nadie puede poner en cuestionamiento que la sociedad quiere vivir mejor. Lo que se discute es el camino y la velocidad de inclusión.
Ningún mandatario quiere ser el que derrame nafta al incendio político en el que está envuelto el Presidente desde la derrota en las primarias. Pero es la gobernabilidad lo único que evita que la guerra deje de ser fría.
La tensión es inocultable, porque al mismo tiempo, ninguno quiere ser arrastrado por una crisis económica de la que no se sienten parte, pero que puede afectar -más- su propio terruño. Ni quedar como mandatarios que no defendieron recursos propios. ¿Qué pasó para que la relación esté hoy hecha jirones? Hay que mirar la película completa.
Durante esos días dulces de la asunción, Macri prometía “pobreza cero”. Ahora el flamante ministro de Economía, Hernán Lacunza -el indicado-, admite que “estabilizar el tipo de cambio es lo mejor que podemos hacer por las familias de menores ingresos y de ingresos medios”.
En el medio, la economía sólo fue en retroceso, con apenas un leve rebote en 2017. Pese a contar con el mejor equipo, fue la economía el Talón de Aquiles del Gobierno y una de las causas del escaso caudal de votos obtenido en las Primarias, apenas dos años después de haber pintado el país de amarillo.
Un repaso breve permite graficar que la volatilidad de la economía no tiene nada que ver con un resultado electoral ni “a los riesgos de una eventual alternancia en el poder”.
El primer ministro de Economía, Alfonso Prat Gay -el que vaticinaba que el dólar iba a estar “más cerca de 16 pesos” si se hacían las cosas mal-, duró apenas un año en el sillón. Lo reemplazó el saliente Nicolás Dujovne, quien posaba sonriente con un cartelito que rezaba “no volvamos al Fondo”, mientras que el Messi de las finanzas, Luis Caputo, se hacía cargo del ministerio homónimo. El dólar estaba 16,1 pesos en ese momento. Se va con un dólar a 60, 260 por ciento más caro.
En mayo del año pasado, Argentina volvió al FMI, con un préstamo inédito de 56 mil millones de dólares que será parte de la herencia (pesada) para el futuro.
Casi al mismo tiempo renunció Federico Sturzenegger al Banco Central y lo reemplazó el mismo Caputo, quien se fue apenas tres meses después, presuntamente empujado por el mismo Fondo.
La vuelta al Fondo no significó ninguna mejora en la economía. Los problemas se agudizaron. La pobreza creció al 35 por ciento de la población y el desempleo volvió a los dos dígitos. La inflación es del 54 por ciento interanual y la última devaluación pulverizó el poder adquisitivo del salario.
Hasta Christine Lagarde, de quien los argentinos debían enamorarse, renunció al FMI y con ella se fue la mejor socia de la política económica que fue rechazada de forma contundente el 11 de agosto. Dujovne fue el superviviente, pero también dejó su cargo.
Lacunza, ungido en el desbande, no mostró nada que haga extrañar a su antecesor. También hizo gala de frases parecidas al ex columnista televisivo. “Los resultados económicos, crecimiento e inflación no han sido los esperados. Seguramente fue una combinación de herencia, errores propios y algo de mala suerte”. Mala suerte y crecimiento invisible.
Después, para calmar a los mercados, apuntó que “nuestra contribución a la estabilidad nominal es que garantizaremos el cumplimiento de las pautas fiscal establecidas en el acuerdo con el FMI”.
En realidad, Lacunza no es demasiado distinto a lo que fue Dujovne. Durante su paso como ministro de Economía de Buenos Aires, la provincia gobernada por María Eugenia Vidal se convirtió en la segunda emisora de deuda de América y deja una deuda de 12 mil millones de dólares, un desempleo de 11,1 y una pobreza 31,3%, sin contar los efectos de la última devaluación.
Por eso, su bravuconada a los gobernadores suena a destiempo. “Que los gobernadores digan si no quieren que bajen los impuestos”, ironizó.
Lo cierto es que los gobernadores no cuestionan las medidas tomadas por el Presidente, sino su fuente de financiamiento. Ven que están pagando los platos rotos de una fiesta ajena. El manotazo implica, según las cuentas de los ministros de Economía, más de 30 mil millones de pesos -mil en el caso de Misiones- y deja a varias provincias al borde de incumplir compromisos asumidos.
Los gobernadores se sintieron sorprendidos por la actitud de la Nación. El misionero Hugo Passalacqua aseguró que nadie les alertó de lo que se venía. “Como Gobernador tenemos el deber de defender los intereses de todos los habitantes de la provincia. Nosotros tenemos una forma de ser elegante, pero muy firme de defender nuestros intereses. Nos sorprendió, porque yo me enteré de las medidas por la tele, me parece que en términos institucionales no es constructivo. Esto se dialoga. Porque este dinero ya estaba asignado para remedios, obras y otras cuestiones y no tenerlo fue un golpe muy duro. Por suerte Misiones no es una provincia endeudada, por lo que no hay que entrar en pánico», sentenció.
Aunque se intentará evitar el conflicto judicial, los mandatarios ya dan por roto el vínculo que solo se sostiene por lo institucional.
El fin de semana la Fiscalía de Estado de Misiones trabajó en un documento conjunto con el resto de los fiscales provinciales para presentar la demanda ante la Corte.
La chicana de Lacunza terminó por derrumbar la posibilidad de que haya algún puente de diálogo. Pero de ningún modo los gobernadores aceptarán compartir la responsabilidad por la crisis.
Con lógica, señalan que si no hubiese sido tan aplastante el mensaje de las urnas, ninguna de las medidas hubiera sido anunciada. En un escenario de empate técnico, como el que ilusionaba al equipo de Cambiemos, la política de ajuste iba a seguir como si nada. Solo el peso de los votos obligó a anunciar de apuro el desordenado paquete de medidas, que, de acuerdo a los especialistas, es inconstitucional, por lo que la Corte debería inclinarse a favor de las provincias.
Hay en los gestos de los gobernadores, dejos de fastidio. Fueron durante tres años y medio la garantía de la institucionalidad aún en momentos en que no estaban de acuerdo con las medidas que afectaban los recursos de las provincias. Pero el nuevo tijeretazo es insoportable y afecta los planes provinciales a medio camino de octubre y fin de año, cuando las demandas se hacen más acuciantes.
Advierten además que el Gobierno pretende tirar la pelota a las provincias con un objetivo electoral: no ser el responsable único de la crisis.
El jueves, en la Legislatura, se vivió una escena repetida. En la primera sesión tras las primarias, el presidente de la comisión de Presupuesto, Marcelo Rodríguez, hizo un detallado repaso de la situación económica y advirtió que a través de distintos ajustes (como la eliminación del Fondo de la Soja o programas educativos), la Nación le quitó a Misiones más de tres mil millones de pesos en los últimos meses.
Finalmente, pidió al pleno respaldar al Gobernador en su pulseada ante la Nación. Nadie de la alianza Cambiemos levantó la mano, en un nuevo capítulo de defender primero las decisiones de Macri antes que los intereses de los misioneros. El radical Gustavo González fue más allá y pidió que quedara registrado su voto en contra de la defensa de los recursos provinciales.
Para la Renovación, la postura de la alianza Cambiemos es el mejor argumento para fortalecer el voto misionerista de cara a octubre. Aunque haya una cercanía con Alberto Fernández, es mejor mantener las distancias a la hora de plantear las demandas locales.
En contraste, Luis Pastori, frustrado candidato a vicegobernador, repitió su latiguillo: “Nunca las provincias han recibido tantos recursos”. Y negó la responsabilidad del Gobierno en la crisis. “La idea (de los gobernadores) era horadar a la figura del presidente Macri. Ellos aprovechan para ver qué tajada pueden sacar”, acusó.
La estrategia es la misma que está usando el Presidente con Alberto Fernández, el principal contendiente electoral. Desde el 11 de agosto, el propio Macri y después sus principales espadas, intentan trasladar la responsabilidad de la crisis a la victoria del oponente. Es Fernández quien debe dar explicaciones y no el que está en el Gobierno. Fernández, con buen tino, sabe que quedándose al margen de esa compulsa, sostiene la ventaja y octubre queda cada vez más cerca. Pero una frase suya sirve como contraste: Una de las frases de la entrevista a Alberto: “Cuando llegamos con Néstor en 2003 nos pedían planes sociales. Cuando se fue Néstor en 2007 nos pedían mejores condiciones laborales. Cuando se fue Cristina en 2015 le reclamaban por Ganancias. Ahora nos piden trabajo y comida”.
El sistema universitario público se compone de 56 universidades nacionales (al menos una en cada provincia; no incluimos en ese total la Universidad de la Defensa Nacional porque se organiza de un modo cualitativamente diferente), algo más de 190.000 cargos docentes, 50 mil trabajadores administrativos y técnicos, y 1.600.000 estudiantes. Ese sistema, que celebró el año pasado los 100 años de la Reforma Universitaria –hito nacional, latinoamericano y mundial en tanto sentó las bases de la autonomía, la libertad de cátedra y el cogobierno en las instituciones públicas de educación superior-, sufrió en el presente año un duro ajuste presupuestario.
El presupuesto 2019 aprobado por el Congreso Nacional fue de $144.000 millones. Un crecimiento del orden del 30% en términos nominales, respecto al del año anterior. Con una inflación que en 2018 fue 47,6 %, eso significa un achicamiento en valor real de 17,6%: equivalente a una reducción nominal de $18.000 millones. Para tener una idea de qué hablamos: con esos $18.000 millones que se sacaron del presupuesto universitario, se podrían financiar 10 universidades como la Universidad Nacional de Misiones, que tuvo en 2019 un presupuesto de $ 1.793 millones. Con el agravante que en los fundamentos del Presupuesto 2019 se previó para este año una inflación del 23%, cuando la realidad indica que superará holgadamente el 50%, agudizando aún más el ajuste.
Ese ajuste se traduce en pérdida de poder adquisitivo de los salarios docentes y no docentes, pago de sumas en negro (con lo cual se resienten las obras sociales universitarias y las futuras jubilaciones), reducción de becas estudiantiles, restricción en los gastos de funcionamiento y prácticamente ningún programa de desarrollo: planes de mejora de las carreras en funcionamiento, carreras nuevas, obras de infraestructura o expansiones territoriales.
Es muy gráfico en ese sentido la evolución presupuestaria de la UNaM: en el año 2003 el presupuesto fue de $30 millones, que a un valor de $3 por dólar, equivalía a U$S 10 millones. En 2016, último presupuesto aprobado por el gobierno anterior, el presupuesto fue de $816 millones, que a $13 por dólar supuso un valor de U$S 60 millones. Para 2019, el valor de $1.793 millones del presupuesto de la UNaM, a un dólar promedio de $50, equivale a U$S36 millones. Es decir, comparando 2019 con 2016 hemos sufrido una reducción de 42% en dólares. Lo mismo ha ocurrido, en más o en menos, con el resto de las universidades que integran el sistema.
En contraste creció exponencialmente el presupuesto destinado a abonar los servicios de la deuda pública: para 2019 esa partida sumó $600.000 millones, el equivalente a más de 4 presupuestos totales del sistema universitario nacional completo. Además de lo que significa esa deuda en términos de hipoteca para el futuro de los argentinos: mientras en 2015, -de acuerdo a datos del Ministerio de Hacienda de la Nación-, el valor de la deuda era de U$S 240.000 millones, alcanzó en 2019 a U$S 325.000 millones. Un crecimiento en dólares del 35%, pasando de representar el 50% del PBI en 2015 a un 90% cuatro años después. En el marco de un deterioro generalizado de todas las variables económicas significativas: nivel de pobreza, nivel de empleo, nivel de actividad económica, capacidad instalada ociosa, déficit fiscal, déficit comercial externo y nivel de inflación.
Por otro lado, la estrategia del Banco Central para evitar la corrida bancaria ha elevado a cifras siderales las tasas de interés, desestimulando la actividad productiva en beneficio de la especulación financiera. El volumen de Letras de Liquidez (LELIQ) emitidas supera el billón de pesos: $1.100.000 millones, implicando una erogación en intereses diarios de $2.000 millones: $200 millones por encima de todo el presupuesto del año de la UNaM.
¿De qué hablamos cuando hablamos del Sistema Universitario Argentino?
En 1918, al momento de producirse ese proceso de revolución cultural que fue la Reforma Universitaria, funcionaban en el país 5 universidades: Córdoba, Buenos Aires, La Plata, Litoral (Santa Fe) y Tucumán, todas públicas (las 3 primeras nacionales, las otras provinciales). La formación que se daba estaba orientada a las profesiones liberales: medicina, abogacía, ingeniería, economía. No había universidades privadas. Los estudiantes totales ascendían a 7.000, algo así como el 0,1% de la población de entonces (7.900.000 personas según el Censo 1914). Abrumadora mayoría de varones: las mujeres no tenían derechos políticos y estaban confinadas a las tareas del hogar.
Cien años después, funcionan 108 universidades (51 privadas). Los estudiantes están en el orden de los 2 millones (80% en universidades públicas), lo que significa el 4,5% para una población de 44 millones de argentinos. El 55% son mujeres y se han diversificado las orientaciones y carreras, muchas de las cuales están orientadas a sustentar y desarrollar el sistema científico-tecnológico nacional.
Lo que permite deducir un salto cuantitativo y cualitativo enorme en estos 100 años, fortaleciendo la federalización, la educación superior como derecho y la promoción de la igualdad de género al interior del sistema. Además de pasar a constituirse en un espacio clave para el desarrollo de la ciencia y la tecnología al servicio de la producción, la economía, la preservación del medio ambiente y la mejora en la calidad de vida de la población del país.
En los 50 años posteriores a la Reforma Universitaria, se sumaron 5 universidades públicas (Cuyo, UTN, Nordeste, Sur, Rosario) y unas 20 privadas que se crearon a partir de 1958 en el marco de la legislación respectiva, aprobada en el gobierno de A.Frondizi. Durante el peronismo se promovió la inclusión social y la igualdad de oportunidades en la educación superior: se estableció la gratuidad de los estudios superiores, se creó la Universidad Obrera (a partir de 1955 denominada Universidad Tecnológica Nacional –UTN-) y se aprobó el voto femenino, promocionando la participación pública de la mujer. Fue así que de una matrícula estudiantil de 47 mil estudiantes en 1945 se llegó a 1955 con 140 mil, triplicándose en 10 años. A fines de la década del sesenta ese número se había duplicado, llegando a los 300 mil estudiantes.
Y en los 50 años siguientes hasta llegar al centenario de la Reforma, la matrícula se multiplicó por seis, llegando en la actualidad a los 2 millones de estudiantes. En los primeros años de los 70 se crearon 16 universidades públicas (entre ellas la UNaM), otras 10 en la posdictadura de los 80/90 y 20 más entre 2002 y 2015: sumando en total 46 nuevas universidades nacionales entre 1970 y el último período kirchnerista. En estas 5 décadas también se sumaron unas 30 universidades privadas.
Podemos dimensionar el impacto de este desarrollo de la educación superior, analizando los los censos poblacionales para una provincia como Misiones. Comparando los datos del período de 20 años transcurridos entre 1991 y 2010, podemos observar que Misiones en 1991 tenía 789.000 habitantes y llegó a 2010 con 1.102.000: un crecimiento del 40%. En el mismo lapso y según los datos censales, los estudiantes universitarios en Misiones pasaron de 6.100 a 19.600 (aumentando en 220%), en tanto la población con estudios universitarios completos creció en mayor proporción, 286%, elevándose de 7.100 a 27.400 en el período, sumando a razón de mil graduados universitarios por año en promedio.
Lo que supuso más que duplicar la proporción de graduados universitarios por habitante en la Provincia de Misiones, de 1% en 1991 a 2,5% en 2010 (el promedio nacional es el 5%, lo que evidencia lo que falta para alcanzar ese nivel). Observándose además un incremento notable en la proporción de mujeres con estudios universitarios completos: mientras en 1991 era del 40 %, en 2010 llegó al 55%: unas 15 mil mujeres técnicas y profesionales en Misiones.
Podemos concluir entonces que el impacto del sistema universitario sobre la comunidad nacional y provincial es altamente positivo, y que es necesario consolidarlo y seguir desarrollándolo en función de las necesidades y objetivos del país, la región y la provincia. Exactamente lo contrario al proceso de achicamiento en que está empeñado el actual gobierno nacional.
Un poco para abstraernos de la coyuntura de la corrida del dólar, vayamos al tema de fondo, cómo y por qué estamos como estamos… La consigna de campaña del presidente Macri es que la actual situación económica que estamos padeciendo es parte de sentar las bases para por fin lograr un crecimiento sólido y estable de cara al futuro, sin los atajos que nos terminan haciendo pegar contra la pared para volver al punto de partida.
El modelo……
Lo que se hace mal:
El consumo representó el 74 % del PBI en el 2018, entonces al ser la magnitud de mayor impacto es la que conviene aumentar para que aumente toda la economía; esto se hace incrementando el gasto público por diferentes mecanismos ( subsidios a precios y tarifas, pensiones, planes, dólar barato, etc. ) para que la gente tenga dinero para gastar y así reactivar la economía. Demás está decir lo popular de la medida sobre todo en años electorales, el problema es que crece el peso del estado y si la inversión y la producción de las empresas no acompaña el consumo, te quedás sin que consumir y un estado deficitario que soportar a través de inflación, endeudamiento o impuestos impagables y un sector productivo chico al lado de un nivel de consumo grande. Ahí empieza el stop and go argentino.
Lo que dice el otro modelo:
La receta del 2003 se puede aplicar en un contexto como el del 2003, hoy la realidad es distinta:
Si tenés déficit fiscal e inflación, ( que es como asumió Macri ) , tenés que bajar el gasto público; La caída del gasto y del consumo te genera recesión un tiempo, pero en el mediano plazo se vuelve a crecer, el consumo se recupera y donde había gasto público floreció la inversión privada, tasas de interés más bajas y precios más bajos también( fuente: Macroeconomía. Aplicaciones para Latinoamérica. Blanchard Perez Enri y en la mayoría de los textos más difundidos de Macroeconomia) en este caso el crecimiento es de base sólida porque aumenta el consumo en base a lo que va aumentando la producción y no te comés el stock de la economía consumiendo mas rápido de lo que vas produciendo.
Apliquémoslo a la realidad de la era Macri:
En el gráfico se muestra solo el gasto corriente, por considerarse que es sobre el que se tiene control de gestión; se excluye el gasto en capital por ejemplo partiendo del supuesto que la inversión pública ( caminos, rutas, puertos ) es necesaria ( si se la incluye agrava más la situación )
En el primer trimestre del 2017 estuvo cerca de lograrse el equilibrio corriente ( no es el total del equilibrio pero es la base para la reducción del déficit ) después siempre los gastos corrientes siguieron por encima de los ingresos corrientes, incluso en momentos como el cuarto trimestre del 2017 y el 2018 crecieron a un ritmo muy superior a los ingresos.
Cómo…. ¿¿¿¿¿¿No era que gradualmente se iba bajando??????
En realidad el Gobierno festejó la baja del gasto público como porcentaje del PBI en el 2017 y parte del 2018, o también en términos reales ( o sea neto de inflación en algunos períodos) pero en esos anuncios omitió contar que los ingresos también eran menores medidos con la misma vara.
El gráfico es contundente, todos sabíamos que los subsidios a la energía había que bajarlos, que el tamaño del gasto corriente del estado era inviable, que había que bajar impuestos, pero era imposible sin bajar más el gasto.
Entonces no se hizo el ajuste en el 2016, que hubiera, como muestra el modelo, generado recesión en el 2016 si; pero después de un tiempo ( seguramente este año, incluso el año pasado ) se hubiera retomado la senda del crecimiento sin algunos de los siguientes problemas:
La altísima tasa de interés: La bomba de las Leliqs, que antes fue la de las lebacs, que se generaron por absorber el exceso de emisión de dinero, sin déficit había menos lebacs y menos tasa de interés, con menos tasa habría mas crédito, más consumo, más inversión y más actividad.
La fuga de capitales: Argentina se endeudó en esta gestión por el orden de 190.000 millones de dólares, de los cuales 130.000 millones se fugaron. El cepo estaba mal y había que salir de el; pero endeudarte para vender libremente dólares baratos que vayan nuevamente a cuentas del exterior o abajo del colchón es una locura.
La bicicleta financiera: Este mecanismo perverso de especulación financiera al cual se vio forzado entrar la Argentina no hubiera ocurrido si no había déficit y tasas altas, y explica en gran medida porque a pesar de los recursos que entraron por deuda el país no puede salir de su recesión.
Entonces:
Muchos esperan un giro en la política económica en el 2020, pero salvo el milagro de la soja a 600 dólares esto no va a poder ser. Y ese milagro es poco probable que ocurra, y al ajuste que en el 2016 podía sentar las bases para el crecimiento hoy tenes que sumarle el ajuste para pagar la deuda generada por no hacer el ajuste y financiarlo con créditos del exterior. La regla aceptada dice que un país para no tener problemas económicos puede tener un déficit fiscal igual a su tasa de crecimiento, estábamos lejos en el 2015 (por eso no crecíamos y teníamos inflación) y estamos más lejos ahora (porque a lo del 2015 le tenemos que sumar una deuda absurda).
No importa si no aprendemos la lección, la realidad se va a encargar igual de hacernos pagar las consecuencias….