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Espectáculos Entrevista al Chango Spasiuk Foto Guillermo Rodriguez Adami

Chango Spasiuk celebra 40 años de música con “Mundo Chango”: tradición, mestizaje y chamamé

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Tradición, mestizaje y modernidad. Sobre esos tres pilares se construye “Mundo Chango”, el nuevo proyecto de Chango Spasiuk, una retrospectiva que recorre más de cuatro décadas de una trayectoria marcada por la búsqueda de un lenguaje musical propio, capaz de dialogar con las raíces del chamamé sin quedar limitado por sus fronteras.

El acordeonista nacido en Apóstoles, Misiones, presentará el espectáculo este viernes 6 de noviembre en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, acompañado por un octeto, el SurdelSur Ensamble y una propuesta visual desarrollada por el artista Martín Schachner, de Animatica.

En una entrevista concedida a César Pradines, del diario Clarín, Spasiuk repasó los momentos decisivos de su carrera, las tensiones que atravesó cuando decidió transformar su sonido y el lugar que ocupan la tradición y la diversidad cultural en su obra.

Para el músico, el chamamé es, ante todo, el resultado de múltiples encuentros culturales. Rechaza las divisiones rígidas entre lo tradicional y lo moderno y reivindica la riqueza de las influencias que conviven en la música del Litoral.

Un universo nacido de la tierra colorada

El origen de “Mundo Chango” está profundamente vinculado con Misiones. El proyecto nació a partir de una pintura que le regaló el artista plástico Heriberto Eichenberger, fallecido en julio pasado. La obra, que llevaba el mismo nombre, representaba a un niño sosteniendo un mundo sobre sus brazos, con la tierra colorada como fondo.

Esa imagen se convirtió en el punto de partida conceptual del espectáculo.

La propuesta incorpora una particular puesta visual diseñada por Martín Schachner: una máquina analógica del tamaño de un piano vertical que combina mecanismos ópticos, imágenes, luces y movimiento.

Fotos Guillermo Rodriguez Adami

Construida con materiales como alambres, papeles, películas fotográficas y resortes, la instalación proyectará títulos, fotografías, dibujos y frases vinculados con el repertorio. Seis cámaras registrarán esas imágenes, que se reproducirán sobre un gran lienzo ubicado detrás del escenario.

En tiempos dominados por las tecnologías digitales, Spasiuk eligió recuperar procedimientos artesanales y dispositivos analógicos como parte de la experiencia artística.

El repertorio reunirá composiciones propias y obras de referentes como Tránsito Cocomarola, Antonio Tarragó Ros, Astor Piazzolla y Luis Alberto Spinetta, en una combinación de acordeones, violines, guitarras y cuerdas.

El costo de buscar una música propia

Uno de los momentos más significativos de la entrevista con Clarín aparece cuando Spasiuk recuerda el giro que dio a su música hacia finales de los años noventa, cuando comenzó a explorar nuevas sonoridades y encontró resistencias entre los sectores más tradicionalistas del chamamé.

Lejos de presentar aquella transformación como una ruptura deliberada, el músico la describe como parte de una búsqueda personal.

Su decisión de experimentar tuvo consecuencias. Quedó fuera de determinados espacios y atravesó períodos de soledad y tristeza, pero también encontró nuevas posibilidades expresivas y una identidad artística más definida.

En esa experiencia aparece una de las ideas centrales de su recorrido: la innovación no supone necesariamente un rechazo de la tradición, sino que puede convertirse en otra manera de profundizarla.

Spasiuk sostiene que su relación con la música nunca estuvo determinada por la necesidad de provocar o desafiar a otros artistas. Su búsqueda respondió a una convicción íntima sobre los sonidos que quería desarrollar.

Ese camino le permitió construir una obra reconocida dentro y fuera de la Argentina, en la que conviven el chamamé, la polka, el chotis y elementos provenientes de otros universos musicales.

De Apóstoles a los grandes escenarios

Nacido en septiembre de 1968 en Apóstoles, Spasiuk creció en una familia descendiente de inmigrantes ucranianos. Su padre, carpintero y violinista aficionado, ejerció una influencia decisiva sobre su formación, especialmente por la disciplina y la cultura del trabajo.

A los doce años comenzó a tocar el acordeón en fiestas y casamientos. Sus primeras presentaciones públicas lo llevaron a participar en festivales de Misiones, entre ellos el Festival Docente, el Festival del Durazno y el Festival de la Madera.

En 1987 llegó al Festival Eurolatina, en Países Bajos, y en enero de 1989 debutó en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín, cuando tenía veinte años.

Desde entonces desarrolló una carrera que lo llevó a escenarios internacionales y al Teatro Colón, donde se presentó en dos oportunidades.

Su discografía reúne diecisiete álbumes, una producción que refleja distintas etapas de experimentación y acercamiento a las raíces musicales del Litoral.

En diálogo con Clarín, el artista recordó que su vocación apareció muy temprano. Al terminar la escuela primaria ya estaba convencido de que sería músico, una certeza que mantuvo a lo largo de su vida.

Cuatro décadas después, asegura que tocar el acordeón continúa siendo una fuente de felicidad.

El mestizaje como identidad musical

La diversidad cultural ocupa un lugar central en la concepción artística de Spasiuk.

Su propia historia familiar, atravesada por las tradiciones de la inmigración ucraniana y el paisaje cultural de Misiones, forma parte de una experiencia musical que nunca se ajustó completamente a una única definición de género.

En la entrevista, el acordeonista reivindicó el carácter mestizo de las músicas populares y cuestionó las clasificaciones que pretenden establecer fronteras definitivas entre lo auténtico y lo ajeno.

Para Spasiuk, las distintas corrientes estéticas no tienen por qué excluirse. Por el contrario, pueden convivir y enriquecer una construcción musical colectiva.

Esa mirada explica buena parte de su trayectoria: una obra que parte del chamamé, pero que incorpora otros lenguajes, instrumentaciones y formas de interpretación sin perder su vínculo con el territorio de origen.

La música como una experiencia que no se puede explicar

Otro de los aspectos que abordó el músico fue la dimensión íntima de la interpretación.

Spasiuk describió aquellos momentos en los que, mientras toca, experimenta una sensación de desaparición dentro del sonido. Una experiencia que compara con la concentración absoluta de un niño durante el juego.

No se trata de un estado permanente ni de algo que pueda provocarse a voluntad. Según explicó, aparece ocasionalmente durante la interpretación, especialmente en determinados pasajes junto a ensambles de cuerdas.

Esa incertidumbre también forma parte de su concepción del oficio: incluso después de cuarenta años de carrera, no considera que el resultado musical esté completamente bajo el control del intérprete.

La creación conserva, para él, una dimensión de misterio que no siempre admite explicaciones.

Los proyectos para 2027: un nuevo disco en el Colón y cruces internacionales

Lejos de considerar “Mundo Chango” como un punto de llegada, el músico atraviesa una etapa de intensa actividad creativa.

Entre sus proyectos más avanzados se encuentra la edición del registro de su segunda presentación en el Teatro Colón, realizada en septiembre de 2024 bajo el nombre “35 años”.

El material podría publicarse durante 2027. Spasiuk explicó a Clarín que decidió tomarse el tiempo necesario para editarlo y diferenciar su repertorio del primer concierto que ofreció en ese escenario, en 2014.

También está terminando la música de un documental sobre el Litoral realizado por Los Gauchos de Mar, los hermanos Julián y Joaquín Azulay.

Otro trabajo en desarrollo es un disco junto al quenista Rodrigo Sosa, radicado en Cuba. Ambos se conocieron durante un festival de jazz en ese país y grabaron un proyecto con músicos cubanos en apenas dos jornadas.

A esa agenda se suman colaboraciones con dos productores de Los Ángeles, sobre las que todavía prefiere mantener reserva, y un repertorio de composiciones orquestadas para formaciones sinfónicas y de cámara.

Además, prepara un songbook con quince arreglos de sus composiciones para piano, realizados por Matías Martino. La iniciativa busca trasladar al lenguaje escrito parte de una obra que nació y se desarrolló principalmente a través de la transmisión oral.

Misiones, el territorio que permanece

Aunque reside en Buenos Aires, Spasiuk mantiene un vínculo personal con Misiones y con Apóstoles, la ciudad donde nació y comenzó su recorrido musical.

En la entrevista con Clarín contó que visita a sus hermanos en distintas localidades de la provincia y que, cuando regresa a su ciudad natal, conserva algunos rituales familiares: pasar frente a la antigua carpintería de su padre y llevar flores al cementerio, donde descansan sus padres y su hermana.

Son gestos que conectan su presente artístico con el paisaje y las experiencias de su infancia.

A cuatro décadas de sus primeros pasos sobre los escenarios, Chango Spasiuk sigue encontrando en la tradición un punto de partida para explorar nuevos territorios musicales. “Mundo Chango” reúne ese recorrido: la memoria de la tierra colorada, las raíces del chamamé y una búsqueda creativa que permanece abierta.

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