Deudas nacionales con Misiones y el arte de gobernar

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Escribe Alejandro Pegoraro, director de Politikon Chaco, exclusivo para Economis. Se acerca el 25 de mayo y el Pacto de Mayo convocado por el presidente Javier Milei está a la vuelta a la esquina, lo que acelera el intento del gobierno nacional, en la figura del ministro del Interior Guillermo Francos, de acercamiento con las provincias. Antes de eso, está el tratamiento en el Senado de la Ley Bases que viene de lograr su media sanción en Diputados. Estamos en presencia, nuevamente aunque con más fuerza ahora, de un nuevo capítulo de la relación Nación-Provincia que con esta gestión nacional tomo nuevos tintes. 

La tarea de Francos no es sencilla. Mientras negocia con los gobernadores, tiene que amortiguar los constantes destratos de Milei a los mandatorios provinciales. Mientras uno hace política e intenta construir relaciones, el otro continua en su pedestal de superior moral con amenazas. Hace no mucho, sino apenas días atrás, Milei afirmaba que los gobernadores que “no acompañen en el Senado quedan afuera del Pacto de Mayo”. Esta es una nueva muestra de la ignorancia o simplemente de la malicia de un presidente que intenta realizar pactos bajo amedrentamientos.

¿Cómo lograr un pacto federal si de entrada amenazamos con no incluir a aquellas que plantean diferencias? A la par, plantea dar medallas de condecoración con la Orden de Mayo a aquellos gobernadores que sí se pliegan al pacto. Un nuevo acto de supuesto heroísmo digno de una etapa de posguerra que no significa otra cosa que la ratificación de la postura libertaria de “refundar la Argentina”, una refundación que no conoce de negociaciones sino de imposiciones. 

Como decíamos antes, mientras los Milei navegan en su aura de superioridad moral, Francos viaja por el territorio buscando cerrar los acuerdos. Por supuesto, la cuestión de fondos para las provincias está en la agenda central de las negociaciones. 

Esta semana cerró el mes y con ello, el goteo de abril correspondiente a las transferencias automáticas, que sufrieron un nuevo golpe. Los envíos a las provincias y CABA cayeron 20,6% y eso equivale a una pérdida de $ 700 mil millones en el mes. En Misiones la caída fue del 20,3% con una perdida estimada en $ 22 mil millones. Los envíos de esta naturaleza en Misiones no ven un crecimiento desde agosto del año pasado. En todo ese período, la perdida de recursos ya supera los cien mil millones; pero cuarenta y siete mil millones se perdieron solo en los dos últimos meses. Sí, la “herencia” existe y eso, pero la coyuntura golpea aún más. 

A la par, si bien resta consolidar el dato de los últimos días hábiles de abril (que estarán disponibles en los próximos días), los envíos nacionales por fuera de la coparticipación a las jurisdicciones subnacionales cayeron 82,4%, siendo el cuarto mes consecutivo donde descienden por encima del 80%. Acá se ve el cabalmente el ajuste que tanta excitación le produce al Presidente de la nación: “Los voy a fundir”, dijo meses atrás. En eso anda. 

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Pero el problema con las transferencias no automáticas no radica solamente en su caída: es altamente relevante ver como la Nación genera deuda con las provincias. En cuatro meses del año, el Estado nacional devengó transferencias a provincias por $ 276 mil millones, pero pagó $ 142 mil millones. Esto significa que generó deuda por $ 134 mil millones con los distritos: cuando el Estado devenga un gasto, significa en la jerga coloquial, que el mismo está aprobado y que debe proceder a su pago correspondiente. No es un simple procedimiento administrativo: es la efectiva aprobación de un pago a realizar. 

De hecho, al analizar los resultados fiscales de la Nación correspondientes a marzo, se encontró una pequeña trampita: se mostró el superávit en base a lo pagado, cuando históricamente se debe tomar el gasto devengado. Al analizar este último, el superávit desaparecía. Estas artimañas que realiza el Gobierno nacional sirven para sostener su relato superavitario, pero no tiene sentido alguno sostener el truco cuando cada vez más gente se viene dando cuenta. 

Volvamos a los números: en abril, la Nación pagó $ 66.018 millones a las provincias por envíos no automáticos, y devengó en ese mismo mes $ 35.772 millones. Es decir, pagó más de lo que devengó. Lo que parecería ser positivo es solo un inicio de pago de deuda: en enero, devengó $ 51.067 millones y pagó apenas $ 1.223 millones. “Bajamos las transferencias no automáticas en un 98%” celebró Milei por las redes sociales en ese entonces. Claro, no pagó y generó deuda. Hasta el más moroso muestra superávit con ese mecanismo.

En febrero, se devengó $ 69.425 millones y se pagó solo $ 18.250 millones; y en marzo fueron $ 119.978 millones devengados contra $ 56.805 millones pagados. Como se ve, solamente en abril cambió la dinámica, reduciendo así la deuda acumulada con las provincias y con la novedad de una baja muy fuerte en el gasto devengado, aunque habrá que esperar el número de los dos últimos días hábiles de mes para ver si se incrementa. 

Al acumular los datos del primer cuatrimestre del año, tal como ya se detalló previamente, las transferencias devengadas fueron por $ 276.241 millones y las pagadas fueron por $ 142.296 millones: la relación pagado contra devengado es del 51,5%. En igual período del 2023, esa relación era del 71,9%.

Entre las provincias, Chubut y Tucumán recibieron los pagos de 70% del gasto devengado; pero en el otro extremo, San Luis recibió apenas el 8%. Misiones mostró un total pagado del 68% respecto al devengado.

Pero volvamos a abril. ¿Qué cambió? Podemos pensar que ese cambio de dinámica obedece a la travesía de Francos por las provincias. Si bien en la comparación interanual los envíos siguen estando por el piso (-82,4% real), hubo una aceleración respecto a marzo en diez mil millones de pesos más (+6% real en términos relativos). 

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Respaldando aún más esta hipótesis, vemos que parte de esos diez millones extras se volcaron a algunos aspectos con clave política. Hubo Aportes del Tesoro Nacional por $ 3.000 millones y, quizás la gran novedad del mes, el gobierno empezó a pagar parte de la deuda del hoy extinto FONID: fueron $ 3.671 millones repartidos en cinco provincias. Son volúmenes bajos de dinero, pero podrían interpretarse como grandes acercamientos en tono político. Un intento de empezar de nuevo, quizás. 

Repasemos esta situación específicamente para el caso misionero. Solo por transferencias devengadas que no fueron pagadas, la nación acumuló una deuda con la provincia por $ 1.567 millones en los primeros cuatros meses del año, aunque esa deuda era por $ 3.049 millones a marzo. Es decir, se achicó a la mitad. Ese achicamiento tiene que ver con el FONID: la provincia recibió $ 1.476 millones en abril por ese concepto, aunque no se saldó la deuda por ese programa, ya que la nación aún le debe $ 1.443 millones de este año solamente (y queda deuda por $ 1.446 millones del 2023). Además, la Nación le debe otros $ 124 millones a la provincia por acciones del programa PROFESA (Programa Federal de Saneamiento). Ese inicio de saldo de deuda del FONID, sin dudas, tiene una gestión política atrás. La recepción de fondos por ATN también. Misiones se sentó en la mesa y exigió lo que le corresponde por derecho. 

Cabe destacar, que estas deudas detalladas están por fuera de otras deudas que mantiene la Nación con Misiones por casi 200 mil millones, que incluye entre otras cosas certificaciones de obra, regalías y cajas jubilatorias. Pero incluso en ese marco, el propio ministro Safrán anunció que en la segunda mitad del año se abriría el grifo para obra pública. Eso también se logró por gestión, dialogo y negociación. De hecho, Misiones es hasta el momento la única provincia que comunicó una medida de esa naturaleza.

En contextos de crisis, es realmente importante la forma de encarar las relaciones con el poder central y es igual de importante no caer en falsas premisas. Está claro que el gobierno misionero no tiene coincidencias ideológicas con el gobierno nacional, pero eso no tiene que ser un impedimento para sentarse a dialogar. Llegar a acuerdos no es someterse, ni arrodillarse: es gobernar. Misiones tiene probada experiencia en este campo: ya le tocó vivir una situación algo similar en 2015-2019, aunque en la actualidad es todavía más difícil. Incluso en 2019-2023, las coincidencias no eran plenas, pero no abandonó la voluntad de dialogo. 
Misiones tiene enormes fortalezas: la impronta propia del misionerismo aplicado en la gestión, su importante rol en el mapa productivo nacional, sus economías regionales y sus cuentas públicas ordenadas. Ello le permite sentarse a negociar con espalda robustas y no con cabeza gacha. Gobernar es eso.

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