Día del Glaucoma: El ladrón silencioso de la visión

El tratamiento más común para el glaucoma son las gotas para los ojos recetadas por un médico oftalmólogo. Estas gotas reducen la presión en el ojo y previenen el daño al nervio óptico. No curan el glaucoma ni revierten la pérdida de visión, pero ayudan a evitar que la enfermedad empeore. La detección precoz del glaucoma es clave para que la patología no desemboque en ceguera

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El 12 de marzo se conmemora el Día Mundial del Glaucoma, una patología que engloba hasta 60 enfermedades oculares que pueden ocasionar ceguera, producto de una degeneración progresiva del nervio ocular.

El glaucoma es la segunda causa de ceguera evitable a nivel mundial por detrás de la catarata.
En la actualidad, se estima que el 10 por ciento de la población padece glaucoma, considerada una enfermedad silenciosa ya que cuando los síntomas aparecen y la enfermedad está avanzada.

¿Qué es el glaucoma?

El Glaucoma es una enfermedad ocular que causa un daño progresivo en el nervio óptico produciendo una paulatina pérdida de visión.

El factor principal de riesgo es la hipertensión ocular, dado que, si aumenta la presión en el interior del globo ocular, el nervio óptico se comprime dañando las neuronas que lo forman, produciendo la muerte celular de éstas y disminuyendo el campo visual del paciente.

Por eso, desde la Cámara de Medicina Oftalmológica (CAMEOF) se advierte sobre la importancia del diagnóstico precoz para preservar la mejor visión posible.

“La consulta periódica al oftalmólogo es una oportunidad ideal para controlar la presión ocular y revisar el fondo de ojo, lo que permite detectar precozmente enfermedades que amenazan la visión” afirma la institución.

La peculiaridad de esta enfermedad es que, en su fase inicial es asintomática. Pero cuanto antes se diagnostique, antes se puede tratar, aunque no se recuperar lo perdido.

Síntomas

Cuando la enfermedad está avanzada los síntomas más frecuentes son dificultad para ver por los laterales o por algunas partes del ojo, problemas para enfocar bien o dolor de cabeza, entre otros.

El glaucoma puede aparecer en un ojo o en ambos. En algunos casos, las personas con presión ocular alta no tienen glaucoma, y en otros, se presenta en personas con presión ocular normal.

La cantidad de presión ocular considerada como normal varía según la persona. Un nivel normal de presión para una persona puede ser alto para otra. Por eso, es tan importantes la realización de exámenes regulares.

Prevención

Para prevenir el glaucoma es fundamental realizar revisiones oftalmológicas periódicas, en las que el especialista puede comprobar el estado en el que se encuentran las fibras del nervio óptico y si existe degeneración.

El deterioro del nervio ocular es irreversible y ocasiona una progresiva pérdida de la visión lateral, «como si miráramos a través de un túnel». Precisamente esa pérdida de visión gradual y la ausencia de dolor, en la mayoría de los casos, provoca que el paciente no sospeche.

El gran problema del glaucoma es que si no se detecta a tiempo puede producir graves problemas de visión y, en un 5 por ciento de los casos, ceguera total. Una vez diagnosticada, no obstante, «se puede frenar en la mayor parte de los casos».

Aunque puede aparecer en cualquier momento de la vida, es más frecuente a partir de los 60 años y hay varios factores de riesgo como la diabetes, la presión intraocular alta, antecedentes familiares, miopía elevada (más de 5 dioptrías), hipertensión arterial o estar medicado con corticoides.

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CAMEOF recomienda revisiones periódicas cada 2 años a partir de los 40 y anualmente desde los 45-50 años.

Tratamiento

El tratamiento más común para el glaucoma son las gotas para los ojos recetadas por un médico oftalmólogo. Estas gotas reducen la presión en el ojo y previenen el daño al nervio óptico. No curan el glaucoma ni revierten la pérdida de visión, pero ayudan a evitar que la enfermedad empeore. La detección precoz del glaucoma es clave para que la patología no desemboque en ceguera

¿Cómo detectar al ladrón silencioso de la visión?

Al glaucoma se lo conoce como al “ladrón silencioso”, por años va horadando el campo visual de las personas hasta que éste desaparece por completo, sumergiendo al individuo en un mar de tinieblas. 

Si bien se conoce desde la antigüedad (de allí su nombre en honor a Glauco –el hijo de Nereo y la oceánida Doris -), recién en los últimos doscientos años se han dilucidado los distintos mecanismos de acción de este grupo de enfermedades que desembocan en el daño irreversible del nervio óptico. Se estima que el 10% de la población sufre glaucoma, es decir más de 70 millones de personas en el mundo, lo que lo convierte en la segunda causa de ceguera evitable (la primera es la catarata que en el año 2010 era la responsable del 50% de las cegueras evitables, mientras que el glaucoma lo eral del 8%).

Como decíamos, el glaucoma es un grupo de afecciones que tienen en común el daño irreversible del nervio óptico. Este año se produce generalmente por el aumento de la presión ocular (aunque no necesariamente sea la causa excluyente ya que existe el “glaucoma sin presión” que parece un oxímoron, pero cada día se describen más casos donde la presiones no son tan altas generalmente se estima como normal una presión de hasta 20 mmhg). La mayor parte de los glaucomas son crónicos de ángulo abierto, que evolucionan lentamente hacia el deterioro visual. También existen los glaucomas secundarios, donde el sistema de drenaje de líquidos endoocular se ve alterado por procesos inflamatorios, estructurales, tumorales y debido a las complicaciones por las diabetes –glaucoma neovascular–.

Por último, están los glaucomas de ángulo estrecho que se da en ojos más corto –hipermétropes– y generalmente se expresa por un aumento brusco y doloroso de la presión ocular. 

Como decíamos, si bien hay descripciones de cuadros compatibles con glaucoma desde la antigüedad, el estudio científico de la enfermedad comienza cuando Hermann Helmholtz (1821-1894) desarrolla el oftalmoscopio en 1851 que permite la visualización del nervio óptico y detallar el proceso de atrofia que lo compromete.

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Se sabía que el ojo se ponía duro al tacto, pero era un método muy rudimentario para medir la presión hasta que Hjalmar August Schiøtz (1850- 1927) utiliza el tonómetro de su invención de 1905.

Fue Hans Goldamann (1899-1991), un oftalmólogo suizo quien desarrolló un tonómetro más preciso, considerado hoy día como el “gold standard” de la medición tonométrica. Con el tiempo habría otras formas de medir la presión como el método pneumático de no contacto.

Las primeras formas de tratamiento fueron con gotas de “pilocarpina”, introducidas en 1870, que aún se prescriben para algunos casos de glaucoma y que hoy tienen otras indicaciones “refractivas” ya que como achica la pupila, aumenta la profundidad de foco y permite ver los objetos, especialmente los cercanos, con más precisión. Hoy existen muchas drogas que ayudan a bajar la presión y cuya indicación es resorte del especialista.

Desde fines del siglo pasado los distintos tipos de glaucoma se operan gracias a las técnicas iniciadas por Albrecht von Graefe (1828-1870), un distinguido oftalmólogo alemán, considerado, junto a Helmholtz, el padre de la oftalmología ya que esta es la primera especialidad que se separa de la clínica y la cirugía general. En estos doscientos años se ha evolucionado en las técnicas quirúrgicas gracias al uso de válvulas, láseres y otros procedimientos más sofisticados que permiten tener mejores resultados para la preservación de la visión.

Como toda enfermedad, el diagnóstico precoz es indispensable para preservar la mejor visión posible. Por tal razón en Argentina –y en muchas partes del mundo– la prescripción de anteojos ha quedado en manos de los médicos, porque la consulta para la refracción es una oportunidad ideal para controlar la presión ocular y revisar el fondo de ojo. Como el glaucoma está entre las primeras causas de ceguera, es indispensable hacerlo, pero también hay otras causas como el desprendimiento de retina, hipertensión y sus secuelas vasculares, diabetes, inflamaciones, malformaciones y tumores que pueden detectarse en el examen oftalmoscópico. 

Sin esta oportunidad de refractar al individuo podemos perder una importante posibilidad de detectar precozmente enfermedades que amenazan la visión. Esta circunstancia no se discutía hasta que un grupo empresarial interesado en multiplicar la venta de anteojos ha empujado al gobierno de la provincia de
Buenos Aires a la autorización de la prescripción de anteojos a técnicos que no son médicos, quebrando la norma ética, el que receta no vende y el que vende no receta.

Por esta razón, desde CAMEOF, Cao y la Sao además de otras sociedades científicas de la especialidad es que repudiamos esta normativa y advertimos a la población sobre esta maniobra que seguramente acarreará un deterioro de la salud visual de la población. 

Al glaucoma lo detenemos con la prevención.

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