“Hacer Raídos me cambió totalmente la forma de ver las cosas”, dijo Diego Marcone

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El cineasta llegó este mediodía a Posadas para la presentación oficial en Misiones de su opera prima “Raídos”, que le valió el Premio del Público a Mejor Película Argentina en el BAFICI 2016. En una entrevista con Economis charló sobre el documental, sobre como ha impactado en el público y como lo ha hecho en él.

“De la terminal vine directo para acá” dijo distendido Diego al llegar a Economis. Viajó en ómnibus, por lo que se salvó del paro de vuelos que paralizó a más de 12 mil argentinos en los aeropuertos del país. Luego de la entrevista almorzaría y partiría para Leandro N Alem, donde presentaría su trabajo en la Sala IAAviM.

“Siempre trato de acompañar los estrenos de Raídos” cuenta y explica que no solo apuesta a mostrar el audiovisual, sino a quedarse luego a debatir sobre la realidad de los tareferos con los asistentes a la sala. Raídos fue presentado el año pasado en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), además fue presentado en Montecarlo, donde se rodó y en la Biblioteca Popular de Posadas, en todas las ocasiones luego de la proyección se “armó un debate”.

Al preguntarle a Diego como recibieron el documental en Buenos Aires recordó que “en el BAFICI estuvieron casi una hora preguntándome sobre el trabajo, sobre los tareferos, sus familias y lo que más me sorprendió es que ninguna pregunta fue relacionada a la técnica de filmación, que es algo que se espera en un ambiente lleno de cineastas o estudiantes de las carreras audiovisuales”.

Eso fue muy importante para el director, porque le demostró que logró su cometido de “mostrar la realidad de las personas que están detrás de la producción de yerba”.

Explicó que “antes de venir a hacer la investigación previa a la filmación no tenía ni idea de que era una planta de yerba, ni siquiera era un gran matero y en mi vida imagine como era el trabajo del tarefero”. La producción del documental le llevó cuatro años entre la investigación previa, los primeros viajes a la provincia y luego los cuatro meses que vivió en Montecarlo para poder filmar a la cuadrilla en plena zafra de la yerba.

Su primer acercamiento a la realidad yerbatera fue a través de la socióloga María Luz Roa, que le facilitó su investigación sobre los tareferos y lo acompaño en las primeras visitas a la provincia de Misiones. “Yo no tenía ningún conocimiento previo, no conocía una planta de yerba, ni mucho menos un yerbal. Creo que esa es la realidad de la mayoría de los porteños y de todos los argentinos de fuera de la zona productora, que consumimos mate pero no tenemos idea de lo que hay detrás del mate” dijo el cineasta.

Para él esa historia tras el mate fue un gran disparador para su primer trabajo documental. “En todas las entrevistas de la investigación de María había una palabra común que era el sufrimiento y el sacrificio. Pero al llegar a la zona y acercarme a los tareferos, no veía ese sufrimiento, me encontré con otra realidad en el trabajo. Era una cosa extrañamente festiva, hay una algarabía ahí en el yerbal, todos gritando, haciendose chistes, cantando, que no se condice a primera vista con lo que es el trabajo. Después de un tiempo recién comprendí que esa es su forma de ayudarse unos a otros a sobrellevar el sufrido trabajo y mantenerse arriba sin ponerse a pensar lo poco que están ganando y lo mucho que se están haciendo mierda el cuerpo”, comento.

Una de las cosas más importantes que encontró Marcone en el barrio de los tareferos es el sentimiento de “comunidad” que había allí, describió que apenas llegaba a una casa le invitaban un mate y lo hacían pasar a sentarse en la mesa, como uno más. Una sensación “rara” para alguien que creció en la jungla de cemento, donde uno muchas veces vive en un edificio por años y ni siquiera conoce el nombre del vecino de la puerta de al lado.

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“Lo que me generó un impacto fue la generosidad con la que me recibieron, gente que por ahí sabía que les cuesta poner un plato de comida en la casa te hacían pasar y te obligaban a sentarte a la mesa con ellos a compartir la comida” rememoró. Estos gestos lo marcaron a la hora de mostrar como es desde adentro la vida de los tareferos.

Explicó que “me puse en el lugar de un pibe de Misiones y pensaba que si hubiera nacido allí en uno de esos barrios, hoy sería un tarefero y que sentiría yo al tener sueños o aspiraciones de ser otra cosa. Cosa que les pasa a todos los pibes, porque ninguno sueña con ser tarefero de grande, todos quieren ser otra cosa, pero las posibilidades se les van achicando y terminan siendo tareferos”.

Por ello busco mostrar la realidad de los tareferos, desde las perspectivas de los jóvenes. Explicó que no mostró directamente el trabajo infantil, porque trabajó con una cuadrilla en particular pero en el film queda claro esa realidad porque los pibes cuentan que a los 12 o 13 años ya comenzaban a trabajar en la tarefa.

“Quiero que la película logre hacer un pequeño cambio cultural, o abrir el debate sobre la realidad de los tareferos” dijo. Explicó que incluso en Misiones las personas de clase media ven de forma sesgada a los tareferos o incluso naturalizan las condiciones de trabajo de tal manera que esos hechos pasan sin incomodarlos.

En el largometraje el cineasta logró mostrar desde adentro como es la vida de los tareferos en Misiones. A lo largo de un año, un grupo de jóvenes busca subsistir día a día en la tarefa, la cosecha de hojas de yerba mate, un trabajo doloroso y mal pago que consume sus cuerpos. Como nadie Marcone se comprometió con su proyecto e incluso convivió en el barrio para poder tener acceso al lado más intimo de la vida de los trabajadores, dentro y fuera de lo laboral.

En la trama Darío “Piquillo”, Sergio “Tapití” y Mauro son hijos de familias de tareferos que, como tantas otras en Misiones, luego de la crisis económica de los años 90 se asentaron en un barrio o villa al borde de alguna de las ciudades de la provincia. Cada uno tiene su historia pero hay cosas que los tres tienen en común: conocer la tarefa desde niños, criarse en un entorno de pobreza, verse obligados a dejar los estudios y comenzar a trabajar entre los 12 y los 16 años.

Como la mayoría de los jóvenes y adultos del barrio, suben cada mañana a los camiones que transportan las cuadrillas a los yerbales. Sus manos están destinadas a forjarse en la cosecha. Al mismo tiempo Walter, el hermano menor de Darío y Mauro, se rehúsa a convertirse en tarefero, sigue en el colegio y está cerca de recibirse.

El yerbal hace de los cuerpos máquinas de cosecha. La yerba mate se alimenta de cuerpos jóvenes que luego arroja curtidos, desgastados y dañados cuando dejan de ser productivos. Ante el comienzo de una nueva temporada de cosecha, cada uno de ellos tomará un camino dentro de sus posibilidades o ante la falta de ellas.

Marcone valoró que los jóvenes que fueron los personajes principales de la historia, sienten que esto les ayuda a verse como personas con otras posibilidades. Y también impacto en los chicos de ese barrio, que ya piensan un poco diferente al momento de elegir si estudiar o tarefear cuando llegan a los 12 o 13 años.

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Sobre como fue el trabajo de filmación explicó que primero intentó trabajar con un reducido equipo, de solo cuatro personas. Pero no se generaba el ambiente que el buscaba encontrar. Por ello termino trabajando solo y en algunas pocas ocasiones con un sonidista. Siempre acompañado por el productor general que desde Posadas le organizaba la logística de cada semana de trabajo.

Diego Hernán Marcone nació en Buenos Aires y se graduó en la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires. Ha realizado varios cursos y seminarios en el Centro de Formación Profesional del SICA y en el CeFoPro de la ENERC entre otras instituciones. Desde el 2011 es docente de Sonido 1 de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires.

Como realizador, terminó en 2016 su primer largometraje documental “Raídos”, estrenado en el 18ºBAFICI, ganador de cuatro premios en la Competencia Argentina.  Previamente realizó 3 cortometrajes como director: “END”, realizado dentro de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, “La Huelga”, ganador del “Concurso INCAA Cortometrajes Terminados en Digital 2010” y “Autoexsitencia” Co-creado junto al músico electrónico Leonardo Caruso. También ha realizado numerosos videos musicales.

Actualmente se desempeña profesionalmente en diversos roles de la industria audiovisual, mayormente en el área de sonido en tanto rodaje como postproducción.

Marcone es crítico de la realidad actual del cine nacional, lamentó los constantes ataques al INCAA y planteó que esto genero una gran reducción de las producciones a lo largo del país.

Consideró que “reducir la cantidad de producciones que son apoyadas, diciendo que si se les da más fondos a pocas producciones habrá filmes de más calidad es una falacia y se ven los resultados”. Remarcó que la calidad de una historia depende de muchos factores y el financiamiento no garantiza calidad.

Indicó que “dar la posibilidad a que mucha gente tenga la opción de expresar una voz y una mirada, no sabes como saldrá una película. Hoy por hoy si quisiera hacer el proyecto de Raídos no podría hacerlo, hay muchos proyectos que han sido aprobados y no salen los pagos y por eso muchos cineastas y trabajadores del sector como yo estamos muy expectantes”.

Afirmó que “es muy importante el apoyo del Estado en la producción audiovisual, el cine en todo el mundo tiene el apoyo del Estado porque es una industria cultural. Y si no lo tiene igual vamos a seguir haciendo cine, porque tenemos una pulsión por expresar cosas y no va  a haber una pared que nos impida hacerlas”.

Valoró que en la actualidad hay muchas más posibilidades de filmar una película, destacando que “hasta con un celular podes filmar hoy en día. Muchas veces se da que tenemos una idea de producir algo, nos juntamos entre unos cuantos y cada uno aportando algún equipo o herramientas vamos generando contenidos”.

Marcone reconoce que el futuro de las industrias culturales trascienden al cine tradicional, por ello valoró ODEON y el actual Cine.Ar que permiten de forma sencilla acceder a las producciones argentinas online y de forma gratuita. Explicó que las plataformas de internet generan un exceso de contenido que hace difícil encontrar contenidos en particular salvo que se haga una búsqueda especifica.

Aunque fue concluyente al resaltar que para que las propuestas cinefilas argentinas lleguen al público deben ser promocionadas, tanto individualmente como las plataformas de difusión, porque es muy desigual la competencia publicitaria con los grandes “tanques” internacionales.

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