yerba mate

La batalla por la renta yerbatera: productores refutan los argumentos de Sturzenegger

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Las asociaciones de productores yerbateros de Misiones y Corrientes respondieron a las declaraciones del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, quien afirmó que “en diez años la industria de la yerba va a ser una cosa irreconocible”.

Las entidades consideraron que el análisis oficial presenta a la actividad como un bloque homogéneo, cuando la cadena yerbatera está integrada por productores, trabajadores rurales, contratistas, cooperativas, secaderos, molinos, fraccionadores, distribuidores y comercializadores, con intereses y realidades diferentes.

Los productores cuestionaron la afirmación de que el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) transformó una industria competitiva en un monopolio. Recordaron que el organismo nunca compró hoja verde, nunca industrializó yerba ni comercializó paquetes al consumidor. Su función consistía en establecer reglas para un mercado marcado por fuertes asimetrías entre miles de productores y un número reducido de compradores.

Según señalaron, la producción primaria está en manos de alrededor de 13.000 productores. Por esa razón, sostienen que no puede hablarse de monopolio. En cambio, describen un mercado oligopsónico, donde pocos compradores concentran la demanda y cuentan con una capacidad económica, financiera y logística muy superior a la de los productores.

Las entidades remarcaron que, sin regulación, los pequeños productores negocian individualmente con empresas de gran escala. Una relación desigual. De un lado, quienes necesitan vender para sostenerse. Del otro, quienes pueden comprar, almacenar, industrializar y esperar mejores condiciones de mercado.

En ese contexto, sostienen que el INYM no reemplazaba al mercado. Introducía condiciones mínimas de equilibrio entre actores que no negocian desde posiciones equivalentes. Confundir regulación con monopolio, afirman, implica desconocer la estructura de la actividad yerbatera.

También rechazaron la idea de que la desregulación redujo a la mitad el precio de la yerba para los consumidores. Argumentaron que lo que efectivamente cayó fue el precio de la hoja verde percibido por los productores.

Las organizaciones señalaron que no se conocen estudios o mediciones que respalden la afirmación oficial. Tampoco observan una reducción equivalente en las góndolas. Por eso plantean una pregunta central: si la materia prima vale mucho menos, ¿por qué esa baja no se trasladó en igual proporción al consumidor?

Para los productores, la discusión pasa por identificar quién capturó la renta generada por esa transferencia de ingresos. Si el productor recibe menos y el consumidor no paga mucho menos, la diferencia queda en otros eslabones de la cadena.

Las entidades destacan que dos empresas concentran cerca de la mitad de las ventas en góndola. También mencionan el peso de las grandes cadenas comerciales y de la carga tributaria estatal. En ese escenario, consideran legítimo preguntarse quiénes fueron los principales beneficiarios de la desregulación.

A su entender, la evidencia disponible muestra una transferencia de ingresos desde los productores primarios hacia los sectores más concentrados de la cadena, sin beneficios equivalentes para los consumidores.

Las asociaciones coinciden en que la actividad debe crecer, exportar más y conquistar nuevos mercados. Sin embargo, advierten sobre las consecuencias de un modelo basado en la desaparición de productores, el éxodo de trabajadores rurales y la concentración de la renta.

“Cuando el ministro celebra que el precio pagado al productor haya caído a la mitad, está admitiendo precisamente el problema que hoy denunciamos ante la Justicia”, sostienen.

La respuesta enfatiza que detrás de cada reducción del precio de la hoja verde existen familias agrarias, cooperativas, comercios locales y miles de trabajadores vinculados a la actividad.

Las organizaciones recuerdan que la yerba mate es una economía regional construida durante generaciones por pequeños y medianos productores. Un modelo productivo singular. Una base social amplia. Un entramado económico que excede la producción y la exportación.

A partir de allí plantean una serie de interrogantes sobre el futuro del sector. Se preguntan si la actividad “irreconocible” mencionada por Sturzenegger será una donde desaparezcan los productores familiares, los trabajadores deban emigrar o la rentabilidad quede concentrada en cada vez menos operadores.

También expresan preocupación por la posibilidad de que la tradicional Ilex paraguariensis pierda centralidad frente a sustitutos, mezclas o productos que aprovechen el prestigio construido durante generaciones por productores de Misiones y Corrientes.

Para las entidades, la fortaleza de la yerba mate argentina no reside únicamente en su potencial exportador. También en su historia, cultura, conocimiento productivo y arraigo territorial.

“Exportar más no puede significar producir menos productores”, afirman.

Por eso sostienen que el debate no debe limitarse al precio que paga el consumidor o al volumen exportado. Debe incluir la retribución justa para el productor, la continuidad de las familias agrarias, la protección del trabajo rural y la preservación de una economía regional estratégica para Misiones.

La acción judicial actualmente en trámite busca determinar si un decreto puede desarticular el sistema institucional que durante décadas garantizó un equilibrio mínimo entre los distintos actores de la cadena.

Las asociaciones concluyen que la Argentina necesita una yerba mate más competitiva y exportadora. Pero también una actividad que conserve productores, trabajadores, cooperativas y comunidades rurales.

Porque una industria puede aumentar exportaciones y, al mismo tiempo, destruir las bases sociales, culturales y productivas que le dieron origen.

“Y cuando eso ocurre, lo que se vuelve irreconocible no es solamente la industria. Se vuelve irreconocible la propia Misiones”.

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La economía real y la de manual

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En la Argentina la economía navega en dos dimensiones paralelas y generan realidades contrapuestas. El Gobierno nacional toma medidas a diario para “liberar” la economía, con efectos que se sienten de modo sensible en la punta de la pirámide, mientras que la base está cada día más ajustada. Vía RIGI y ahora Super Rigi, las grandes inversiones están liberadas del impuesto a las Ganancias y podrán llevar al exterior su rentabilidad en dólares sin restricciones. Tampoco pagarán más Ganancias quienes tienen renta de alquileres. 

En contraste, los trabajadores siguen pagando ese impuesto y el FMI recomienda que “al menos el 20% de los trabajadores pague el impuesto a las Ganancias” para que el Gobierno pueda incrementar la recaudación. Esto implica duplicar el actual número de empleados alcanzados por ese impuesto, de casi 900.000 en la actualidad a unos 2 millones de trabajadores en relación de dependencia.

Las provincias pierden recursos y la Nación se desentiende de sus obligaciones, lo que genera una enorme presión en el territorio, con demandas sociales que necesariamente alguien debe atender. La lógica imperante derrumba el ideal de “país federal” y lo convierte en uno concentrado como nunca antes, ni en los mejores sueños unitarios. Esa herida atraviesa la política actual, con un desdén expresado desde el corazón del Gobierno nacional hacia el resto de un país que parece no comprender ni dimensionar. 

El ministro desregulador, Federico Sturzenegger volvió a referirse a la yerba mate en uno de sus habituales raids mediáticos, en el que anunció, entre otras cosas, que va a terminar con el curro de las revisiones técnicas de los automóviles y que ya no será necesario rendir un exámen para obtener un carné de conducir, porque se sobreentiende que nadie se subirá a un volante sin saber conducir… ¿no?

Pero volviendo a la yerba. El funcionario, repetido desde la alianza y Cambiemos, suele citar a la yerba mate como uno de los ejemplos más claros de la lógica desreguladora impulsada por el Gobierno nacional. 

“La yerba mate es un ejemplo extraordinario”, sostuvo Sturzenegger al defender la desregulación y cuestionar que el Estado, a través del Instituto Nacional de la Yerba Mate, fijara precios. “Tiene miles de acopiadores, de procesadores, de marcas, lo sabemos, ¿no? Lo vemos en el supermercado. Entonces es una industria totalmente competitiva”, describió. 

“Javier Milei, con el DNU 70/23, le sacó al INYM la potestad de fijar el precio y el precio cayó a la mitad. Pudimos ver que lo que hacía ese Instituto era duplicar el precio de la yerba que pagan 47 millones de argentinos”, afirmó. 

Ahora tenemos récord de producción, porque acordate, también había una restricción que no podías aumentar la producción, y récord de exportaciones.  Yo creo que en diez años, cuando miremos la industria de la yerba, vamos a ver una actividad mucho más grande y con mucha gente progresando”, concluyó. 

Habrá que estudiar alguna vez por qué la fijación de Sturzenegger con la yerba mate, pero queda claro que la conoce de modo muy superficial. No hay miles de productores y miles de acopiadores. Justamente el desequilibrio que regulaba el INYM obedece a que hay miles de productores y pocos acopiadores, que obtienen mayores ganancias cuanto menor sea el precio de la materia prima. Como sucede ahora

El único precio que cayó “a la mitad” fue el de la materia prima. En góndolas el precio aumentó 140 por ciento en la era libertaria, cierto, eso sí, menos que la inflación acumulada, que llegó al 304 por ciento. 

No hay récord de producción. El acumulado de cosecha entre enero y abril alcanzó los 151.910.206 kilos, lo que representa una caída del 13,03% frente al mismo período de 2025, cuando se habían registrado 174.675.577 kilos y está, en promedio, debajo de los últimos cinco años. 

Tampoco es real que no se pudiera plantar yerba. Todo lo contrario. Entre 2016 y 2025, el área total del país pasó de 165.326 a 231.352 hectáreas, lo que implica un aumento cercano al 40 por ciento en menos de una década. Ese proceso, lejos de ser gradual, se aceleró con fuerza a partir de 2021 y luego se frenó de manera abrupta en 2024 y 2025, cuando el crecimiento interanual cayó primero al 3,64 por ciento y luego al 0,48 por ciento. En términos económicos, esa secuencia es típica de un mercado que entra en saturación: primero se expande rápidamente y luego se detiene porque ya no puede absorber más oferta sin que los precios se deterioren. Dentro de ese proceso, Misiones juega un papel absolutamente determinante. En 2016 concentraba 144.118 hectáreas de yerba mate y en 2025 alcanzó las 203.692, lo que significa un incremento de casi 60.000 hectáreas, es decir, un crecimiento del 41,3 por ciento. Fue por esa explosión de plantaciones que el INYM puso un cupo de cinco hectáreas por productor, para evitar una sobreoferta. Pero fue una medida tardía, que no frenó la expansión productiva.  

Asimismo, el consumo está dos por ciento debajo del año pasado y 6,5 por ciento abajo de 2023, el último año con precios regulados. 

La industria tampoco celebra a rienda suelta los efectos de la desregulación. Porque aún con precios de la materia prima que cayeron a la mitad, sus costos de producción se dispararon, lo que achicó los márgenes de rentabilidad. Se exporta más, pero se gana menos. Los datos que exhibe Sturzenegger no parecen tener bases sólidas. En otras áreas también. Pero las consecuencias que deja la desregulación arrolladora, se sufren en el terreno y la deben atender las provincias.

Misiones busca denodadamente soluciones para el sector yerbatero. Ahora se analiza la puesta en marcha de un sistema de trazabilidad para toda la cadena. La iniciativa, presentada por Carlos Rovira, implica conocer el precio que recibe el productor hasta el que se paga en góndola. Identificar cómo se distribuye la renta y transparentar quienes pagan mejor, para que el productor pueda decidir a quién, dónde y cuándo vender. Irá de la mano con incentivos fiscales como la exención del cien por ciento de Ingresos Brutos para quienes comercialicen hasta 25 mil kilos mensuales y del 50 por ciento para quienes lleguen a los 50 mil kilos. De este modo, se incentivará la formalización de la cadena y se respaldará a las cooperativas y pequeñas industrias que compiten con marcas nuevas en un mercado dominado por cuatro o cinco gigantes. En paralelo, se pondrá en marcha una tarjeta sanitaria para cubrir las necesidades de los trabajadores rurales.

Las herramientas fiscales son parte del paquete de medidas impulsadas por Encuentro Misionero para sostener la actividad económica. Este jueves se aprobó una ley para impulsar al sector metalúrgico, cuya industria opera al 45 por ciento de su capacidad. Cerca de 380 pymes serán beneficiadas. 

Esa flexibilización tributaria coincide con el anuncio del gobernador Hugo Passalacqua orientado a aliviar la carga fiscal sobre usuarios de billeteras virtuales y pequeños operadores económicos. Ordenó que se excluyan de las retenciones del Impuesto sobre los Ingresos Brutos a las acreditaciones de menor escala realizadas mediante plataformas digitales de pago. La iniciativa beneficiará a casi 200.000 misioneros que utilizan billeteras virtuales para recibir transferencias, realizar cobros y administrar sus recursos cotidianos. Quedarán excluidas de las retenciones las acreditaciones mensuales de hasta $2.184.404, monto de referencia equivalente al límite vigente de la Categoría D del Monotributo. El límite se irá actualizando vía inflación y otros indicadores. 

El jueves también tomó estado parlamentario el proyecto anunciado por Rovira para que Misiones acceda a financiamiento en el mercado de capitales. La autorización al Ejecutivo provincial será por 300 millones de dólares, con la finalidad de financiar infraestructura, caminos, viviendas, conectividad y empresas de base tecnológica. Será la primera vez que se toma deuda desde 1999, aunque aquella última vez, cuando gobernaba Ramón Puerta, se hizo para financiar gastos corrientes. 

Rovira también anunció que tras la certificación oficial de la consultora Verra, Misiones utilizará los créditos de carbono como mecanismo para apalancar financiamiento externo, a través de un Bono Verde, destinado a financiar desarrollo y políticas ambientales. En una reunión con el ministro del Interior, Diego Santilli y un diálogo con el canciller Pablo Quirno, Rovira consiguió que Nacién avale la emisión de los bonos verdes. 

Misiones acaba de alcanzar uno de los hitos ambientales más importantes de su historia. La organización internacional Verra, responsable del principal estándar mundial de certificación de créditos de carbono, aprobó el Programa Jurisdiccional REDD+ de Misiones, convirtiéndolo en el primer programa forestal de carbono liderado por un gobierno y registrado a escala jurisdiccional bajo el marco JNR (Jurisdictional and Nested REDD+) del sistema Verified Carbon Standard (VCS).

La noticia tiene una dimensión que trasciende las fronteras provinciales. No se trata solamente de una validación técnica. Representa el reconocimiento internacional de un modelo de conservación forestal construido durante años y coloca a Misiones en una posición privilegiada dentro de los mercados globales de carbono, justo cuando la provincia se encuentra a las puertas de concretar su primera gran operación comercial vinculada a estos activos ambientales.

Según informó Verra, el programa misionero cubre aproximadamente más de un millón de hectáreas de Bosque Atlántico nativo y opera bajo el Escenario 2 del marco JNR, un esquema que permite a los gobiernos generar créditos de carbono por áreas forestales que no están incluidas dentro de proyectos privados específicos. Durante el primer período de monitoreo, comprendido entre 2017 y 2022, la provincia logró reducciones verificadas de emisiones equivalentes a unas 13,1 millones de toneladas de dióxido de carbono. Ese volumen constituye la base para la generación futura de créditos comercializables en los mercados internacionales.

La directora ejecutiva de Verra, Mandy Rambharos, destacó que el caso de Misiones demuestra lo que puede lograrse cuando los gobiernos lideran políticas climáticas de largo plazo y logran articular instituciones, regulaciones y alianzas para transformar la conservación forestal en resultados verificables y comercializables. El programa tiene además una característica singular: no concentra los beneficios exclusivamente en el Estado. El esquema prevé mecanismos de distribución para propietarios de tierras con bosque nativo, comunidades locales y proyectos de desarrollo sustentable, incorporando incentivos económicos para quienes contribuyen a la conservación de la Selva Paranaense.

Que las políticas ambientales de Misiones sean destacadas en el exterior y se conviertan en un activo económico, contrasta con la visión que tiene el ala libertaria, que presiona por la soja y otros cultivos de alta demanda de agroquímicos. Javier Mela, ex diputado radical y ahora libertario expuso con crudeza esa mirada: “Yuyos y abandono”, describió sobre el monte misionero, en yuxtaposición con una plantación de soja en Brasil y un camión de carga en Paraguay, también abrazado por el monocultivo. Las respuestas de sus amigos de Facebook no fueron para nada amistosas. 

El respaldo al modelo ambiental de Misiones cobra relevancia si se tiene en cuenta que casi al mismo tiempo que se conoció la decisión de Verra, el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza presentó una sentencia en la que declara que la expansión de monocultivos industriales de pino y eucalipto en Corrientes constituye un ecocidio y una violación a los Derechos de la Naturaleza y de las comunidades campesinas e indígenas afectadas.

La resolución fue aprobada por la Asamblea de Jueces del organismo internacional tras analizar el caso durante su 13° Tribunal Local, realizado en noviembre de 2024. El documento sostiene que la expansión de más de 516.000 hectáreas de plantaciones forestales exóticas alteró los ciclos hidrológicos, afectó humedales y pastizales, redujo poblaciones de fauna nativa y provocó desplazamientos de comunidades rurales. Uno de los aspectos más relevantes es que el Tribunal rechaza expresamente la equiparación entre plantaciones industriales y bosques nativos. Según el documento, los monocultivos de pino y eucalipto no reproducen la complejidad ecológica de un bosque y no pueden ser considerados una herramienta suficiente para la mitigación del cambio climático.

En ese sentido, el fallo cuestiona también los mercados de carbono asociados a este tipo de emprendimientos forestales, a los que define como una “falsa solución” que beneficia principalmente a grandes grupos económicos. La resolución incorpora otro elemento novedoso: declara a los humedales y pastizales correntinos como sujetos de derechos. En un testimonio profundamente emotivo, Mario Benjamín, habitante de Corrientes afectado por el avance forestal, denunció las consecuencias del modelo extractivista sobre la vida cotidiana de las familias campesinas. “La tierra ya no nos responde, no tenemos agua. Los pájaros se fueron, los animales se fueron, y hoy lo que nos rodea es miseria”, expresó. “Nos quitaron el agua, la tierra, los pastizales. Pero no nos vamos a ir. Vamos a seguir luchando porque este es nuestro territorio y nuestra riqueza”.

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La cooperativa que desafía la crisis yerbatera: paga hasta el doble que el mercado por la hoja verde

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Mientras buena parte de los productores yerbateros de Misiones recibe entre $150 y $200 por kilo de hoja verde en un mercado desregulado y atravesado por una profunda crisis de rentabilidad, la Cooperativa Agropecuaria y de Consumo El Colono de Campo Ramón decidió tomar un camino diferente: pagar $400 por kilo a sus asociados, más del doble de los valores predominantes en la cadena.

La estrategia no responde únicamente a una decisión comercial. Es una definición de supervivencia para cientos de familias rurales que enfrentan una de las coyunturas más complejas de los últimos años.

“Las cooperativas como la nuestra se formaron a partir de una necesidad en una situación de crisis como la que estamos viviendo ahora. Necesitamos que nuestros productores puedan vender a precios razonables”, explicó Carlos Bietcheller, presidente de la entidad.

La experiencia de El Colono se presenta como una excepción en un contexto en el que la desregulación del mercado yerbatero y la fuerte concentración industrial generan crecientes tensiones entre productores e industrias. Según sostiene Bietcheller, la diferencia radica en el modelo cooperativo y en la integración de la cadena productiva.

“Nuestro objetivo es defender al productor”, remarcó el dirigente, al señalar que la eliminación de intermediarios y el agregado de valor permiten sostener mejores precios para la materia prima.

Sin embargo, incluso el valor de $400 por kilo está lejos de representar una recuperación plena. El presidente de la cooperativa advirtió que, ajustado por inflación, equivale aproximadamente al precio que recibían los productores hace tres años, reflejando el deterioro acumulado de la rentabilidad del sector.

El modelo de El Colono también fue destacado por Ricardo Maciel, representante del Gobierno de Misiones en el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), quien señaló que el crecimiento de la entidad es el resultado de una estrategia sostenida de agregado de valor y reinversión.

“Es un lindo ejemplo de un proceso de trabajo. Iniciaron secando yerba en secaderos de terceros, después fueron construyendo su secadero y vendían canchada, mientras envasaban su yerba Grapia Milenaria en molinos de terceros. Hoy tienen su propio molino y destinan toda su canchada a venderla elaborada. Y con esos recursos, hace quince días iniciaron el acopio y están secando”, explicó.

Maciel remarcó además que el valor de $400 por kilo de hoja verde responde a una decisión interna de la cooperativa destinada a proteger a sus productores asociados. “Por supuesto, ese precio es para los socios”, precisó.

El funcionario sostuvo que la experiencia demuestra que es posible construir alternativas dentro de la cadena yerbatera cuando existe integración productiva. Según indicó, la cooperativa fue avanzando gradualmente desde la prestación de servicios de terceros hacia el control de cada una de las etapas del proceso, capturando más valor y devolviéndolo a los productores a través de mejores precios por la materia prima.

La apuesta de la cooperativa fue avanzar más allá de la producción primaria. Con inversiones en infraestructura propia desarrolló un secadero con estacionamiento natural, una herramienta clave para industrializar la materia prima y capturar mayor valor dentro de la provincia.

De esa estrategia nació Grapia Milenaria, una marca de yerba mate agroecológica que logró abrirse camino en mercados internacionales, entre ellos México, demostrando que los pequeños productores pueden competir cuando logran integrarse y diferenciarse.

La cooperativa también impulsó acciones de promoción y visibilización de la crisis yerbatera mediante los denominados “yerbatazos”, realizados en ciudades como Buenos Aires, Paraná y Catamarca. Allí comercializan el producto a precios accesibles y destinan los recursos obtenidos a financiar la cosecha y sostener a los productores asociados.

Bietcheller considera que la crisis actual exige medidas específicas para los pequeños productores. Entre las propuestas que impulsa figura un esquema de subsidios y alivio impositivo segmentado, destinado a compensar las diferencias estructurales entre las explotaciones familiares y los grandes grupos productivos.

La idea es que los productores de menor escala puedan afrontar cargas tributarias y costos de producción que hoy resultan cada vez más difíciles de sostener en un contexto de precios deprimidos.

El desafío de retener a los jóvenes en las chacras

Más allá de los números, la preocupación central de la cooperativa pasa por el futuro del sistema productivo. La caída de la rentabilidad no solo compromete la continuidad de las explotaciones familiares, sino también el relevo generacional.

“Una cosecha de yerba mate por año tiene que alcanzar para vivir”, resume Bietcheller. Cuando eso no ocurre, los jóvenes comienzan a buscar oportunidades fuera del ámbito rural y se acelera el abandono de las chacras.

En ese escenario, las cooperativas aparecen como uno de los últimos espacios de contención económica y social para los pequeños productores. El desafío es sostener un modelo que permita que la producción siga siendo una alternativa viable y que las nuevas generaciones encuentren futuro en el campo misionero.

La experiencia de El Colono demuestra que, aun en un mercado golpeado por la sobreoferta y la caída de precios, existen herramientas para distribuir mejor el valor dentro de la cadena. La pregunta es si esos modelos podrán escalar lo suficiente como para transformar una crisis sectorial que hoy amenaza a miles de productores en toda la cuenca yerbatera.

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Sollos, la bebida de Trump, logra la certificación USDA Organic y refuerza la apuesta de la yerba

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La creciente demanda de alimentos y bebidas producidos bajo estándares ambientales cada vez más rigurosos acaba de sumar una nueva señal para la industria de la yerba mate. La firma Sollos, de Barron Trump, el hijo de Donald, anunció que obtuvo oficialmente la certificación USDA Organic, uno de los sellos de calidad más reconocidos y exigentes del mercado de Estados Unidos.

La certificación, otorgada bajo los estándares del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), garantiza que los ingredientes utilizados en sus productos cumplen con estrictos criterios de producción orgánica, trazabilidad y sustentabilidad ambiental.

La novedad representa mucho más que una estrategia de posicionamiento comercial. En un mercado donde los consumidores valoran cada vez más la transparencia en el origen de los alimentos y el impacto ambiental de los procesos productivos, el sello USDA Organic se ha convertido en un diferencial clave para acceder a segmentos premium y consumidores preocupados por la salud y la sostenibilidad.

La apuesta por una cadena más sustentable

Al comunicar la certificación, Sollos, radicada en Palm Beach, Florida, , destacó que la utilización de ingredientes orgánicos no solo tiene implicancias sobre la calidad nutricional de sus bebidas, sino también sobre la conservación de los ecosistemas.

La compañía sostiene que la agricultura orgánica contribuye a proteger la biodiversidad, reducir la contaminación química y fortalecer sistemas agrícolas más resilientes. Según explica la empresa, la eliminación de pesticidas y fertilizantes sintéticos disminuye el escurrimiento de contaminantes hacia cursos de agua, favorece la salud de los suelos y reduce las emisiones asociadas a la fabricación de insumos químicos.

La firma remarca además que los sistemas productivos orgánicos ayudan a capturar carbono en los suelos, preservar hábitats para polinizadores y mejorar la calidad del agua, aspectos particularmente valorados por los consumidores estadounidenses.

Un mercado que mira cada vez más a la yerba mate

La certificación llega en un momento de fuerte expansión de la yerba mate en Estados Unidos. En los últimos años la infusión sudamericana dejó de ser un producto de nicho para convertirse en un ingrediente habitual dentro del mercado de bebidas funcionales y energéticas.

El crecimiento de las categorías vinculadas al bienestar, la alimentación saludable y los productos naturales impulsó la aparición de nuevas marcas que utilizan yerba mate como fuente de energía natural, en reemplazo o complemento de otras bebidas estimulantes.

En ese contexto, los sellos orgánicos adquieren un valor estratégico. Para muchas cadenas de comercialización, supermercados especializados y plataformas de comercio electrónico, contar con certificaciones reconocidas internacionalmente es un requisito fundamental para ampliar la distribución.

Oportunidad para la producción de origen

La decisión de SOLLOS también vuelve a poner en primer plano el potencial de las regiones productoras de yerba mate de Argentina, Brasil y Paraguay para abastecer una demanda global cada vez más orientada hacia productos certificados.

Misiones, principal provincia productora de yerba mate de Argentina, concentra además una parte importante de la producción orgánica certificada del país. La creciente valoración de atributos ambientales y de trazabilidad en los mercados internacionales aparece como una oportunidad para agregar valor a una actividad que atraviesa profundos cambios en su estructura comercial.

Con la obtención del sello USDA Organic, SOLLOS se suma a la tendencia global de empresas que buscan diferenciarse mediante estándares ambientales verificables. Para la yerba mate, uno de los productos emblemáticos de la región, la certificación representa una nueva muestra de que la sustentabilidad ya no es solamente una demanda ambiental, sino también una condición cada vez más relevante para competir en los mercados internacionales.

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Rovira anunció una tarjeta sanitaria para el sector yerbatero y la incorporará al proyecto de trazabilidad

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Carlos Rovira, anunció este jueves que se incorporará una tarjeta sanitaria para el sector yerbatero dentro del proyecto de ley de trazabilidad de la yerba mate que impulsa el espacio político en la Legislatura provincial.

El anuncio fue realizado durante una nueva reunión de “La Previa”, el encuentro semanal que reúne a dirigentes, funcionarios, legisladores, jóvenes y referentes de distintos sectores de la provincia. Allí, Rovira planteó la necesidad de sumar una respuesta concreta frente a la difícil situación que atraviesa la actividad yerbatera.

La medida apunta a acompañar a productores, tareferos y trabajadores vinculados a la cadena de la yerba mate, en un contexto marcado por la caída de precios, las distorsiones del mercado y el impacto social que genera la crisis sobre miles de familias misioneras.

La tarjeta sanitaria será incorporada al proyecto de ley de trazabilidad yerbatera, una iniciativa que busca ordenar, transparentar y fortalecer una de las principales economías regionales de Misiones. El alcance operativo de la herramienta deberá ser precisado durante el tratamiento legislativo, aunque el eje político del anuncio está puesto en ampliar la protección social del sector.

El proyecto de trazabilidad propone registrar y monitorear las distintas etapas de la cadena productiva y comercial de la yerba mate, desde la producción de hoja verde hasta la comercialización final. La iniciativa también contempla el fortalecimiento del Centro de Transacciones de la Yerba Mate, conocido como CETYM, como una herramienta para generar información, precios de referencia y mayor transparencia en el mercado.

Con esta nueva incorporación, Encuentro Misionero busca vincular la dimensión productiva con la sanitaria, entendiendo que la crisis yerbatera no solo afecta la rentabilidad de la actividad, sino también las condiciones de vida de quienes sostienen diariamente la producción.

La incorporación de una tarjeta sanitaria suma ahora un componente social a esa agenda productiva. El objetivo es que la discusión sobre la yerba mate no quede limitada al precio o a la comercialización, sino que también contemple la realidad de las familias que dependen directa o indirectamente de esta economía regional.

De esta manera, Encuentro Misionero busca profundizar una respuesta integral para el sector yerbatero, combinando tecnología, control, transparencia comercial y asistencia sanitaria en una misma estrategia legislativa.

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