Izq: el equipo español liderado por José Luis Martín Ventura. Der: Sebastián Maller, Juan Manuel Pérez Saez y Gabriel Rabinovich del IBYME (CONICET). Crédito foto: CONICET.

Investigadores del CONICET identificaron un nuevo punto de abordaje terapéutico para enfermedades cardiovasculares

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Tanto en nuestro país como en el mundo, las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la primera causa de muerte en personas adultas. Las ECV comprenden a un grupo de trastornos que se manifiestan en el corazón y los vasos sanguíneos e incluyen a las cardiopatías coronarias, las enfermedades cerebrovasculares y las cardiopatías reumáticas. En todo el mundo son cerca de 18 millones las muertes producidas por estas patologías, de acuerdo a cifras recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es por eso que el diagnóstico preciso, una terapia adaptada y un seguimiento continuo constituyen herramientas clave para este tipo de pacientes.

Las drogas de tratamiento para estas enfermedades apuntan a la reducción de los niveles de colesterol y otros lípidos, o a la glucosa en sangre. Pero una vez que estas patologías avanzan son más difíciles de tratar, por lo que es fundamental el surgimiento de alternativas farmacológicas que puedan contrarrestar efectos severos.

A través de la publicación de una investigación en la revista Sciences Advances, realizada por investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y un grupo de científicos y científicas españolas, se demostró que la proteína galectina-1 (Gal-1) serviría para prevenir el desarrollo de la aterosclerosis y el aneurisma aórtico abdominal (AAA). Ambas son ECV que se desatan a partir de alteraciones estructurales: en el caso de la primera, la formación de lo que se conoce como placas de ateroma y su desestabilización provocan la liberación de su contenido, favoreciendo la formación de trombos que bloquean el flujo sanguíneo. Por su parte, el AAA se distingue por la dilatación de la aorta abdominal, que puede progresar hacia la rotura de la arteria y ocasionar la muerte.

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El estudio se llevó a cabo comparando los niveles de expresión de Gal-1 en muestras de pacientes con aterosclerosis y AAA con tejidos control y, por otra parte, a través de la realización de diferentes ensayos in vivo. La colaboración argentino-española articuló la amplia experiencia del equipo dirigido por Gabriel Rabinovich, investigador del CONICET en el Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME, CONICET – F-IBYME), en el estudio del rol de Gal-1 en cáncer, enfermedades autoinmunes e infecciones; y la experticia en cardiología y en ECV del grupo liderado por José Luis Martín-Ventura en el  Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV) y la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

“Este primer estudio nos permitió ver que en las placas de los pacientes con aterosclerosis, la expresión del Gal-1 estaba muy reducida respecto de lo que ocurría en las muestras control. Si bien aún no sabíamos a través de qué mecanismos, esto nos dio el indicio de que el desarrollo de aterosclerosis podría estar vinculado a la disminución de Gal-1”, indicó Rabinovich en una entrevista publicada por el CONICET.

“El rol del Gal-1 en la modulación de programas tanto inmunológicos como vasculares nos llevó a pensar que esta proteína podría jugar algún papel en la aterosclerosis, donde estos dos componentes se encuentran muy marcados. Pero nosotros teníamos muy poca experiencia en cardiología, por eso, cuando Martín-Ventura nos propuso trabajar en conjunto, nos pareció una excelente idea”, explicó Rabinovich.

En cuanto al aneurisma aórtico abdominal “es una enfermedad que avanza de manera silenciosa y sin dar advertencias”, señaló Sebastián Maller, uno de los autores del trabajo. “La desregulación en la expresión de Gal-1 podría servir incluso como biomarcador de una progresión fantasma. Es decir, Gal 1 podría ser una ventana para poder detectar la patología a tiempo”, completó el investigador, quien hizo su doctorado en el IBYME entre 2014 y 2019.

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Ensayos in vivo

Uno de los aspectos de la investigación buscó indagar qué sucedía si a ratones deficientes en Gal-1, a los que se los indujo la formación de placas ateroscleróticas, se les administraba Gal-1 recombinante para analizar si se podía revertir el cuadro patológico. Los resultados fueron muy exitosos, con una reducción del 34% en el área de lesión de la aorta en comparación con el grupo de control, y la notoria reducción del tamaño de las placas. La entrevista de CONICET también consigna que efectos similares se encontraron cuando se trató con Gal-1 recombinante a ratones con AAA deficientes en Gal-1.

“El tratamiento con Gal-1 disminuyó el tamaño del núcleo necrótico, un marcador de inestabilidad de placas ateroscleróticas avanzadas, lo que podría evitar la rotura de las placas y las complicaciones asociadas como el infarto o el ictus”, aseguró Martín-Ventura.

“Estos resultados son muy alentadores si se considera que existe un vacío en la disponibilidad de tratamientos frente a estas patologías cardiovasculares. Aunque aún falta mucho para que esto se pueda aplicar en pacientes, nuestro objetivo es que esta investigación pueda tener una continuidad terapéutica”, finalizó Rabinovich.

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