La construcción de liderazgos, el eje del debate de mujeres dirigentes

“Si dos mujeres están hablando en el pasillo, seguro que son chismes. Si son dos hombres en el pasillo, rosquean, hacen política”. La descripción gráfica es de Mercedes D’Alessandro y pinta de cuerpo entero cómo se componen las relaciones dentro de la política y cuánto falta todavía para hablar de igualdad de género. 

La frase de la economista misionera se dio en el debate en torno a los liderazgos que sirvió como preparación de la sesión del Concejo Deliberante del parlamento de la Mujer. 

Junto a D’Alessandro estuvieron la politóloga Milva Carlino y la delegada en Posadas de la Universidad de la Cuenca del Plata, Laura Jacobacci. Las tres disertaron a sala llena en el recinto del Concejo Deliberante capitalino ante las mujeres que serán parte del parlamento y las propias concejalas posadeñas. 

Carlino abrió el juego. “El liderazgo se asocia históricamente a los masculino, donde las mujeres siempre estuvieron relegadas a las cuestiones domésticas, vinculadas a la crianza. Pero eso es una construcción cultural que responde a un proceso de socialización que nos ha marcado con estereotipos de género. Esos estereotipos fueron internalizándose y han reforzado creencias autolimitantes. Las mujeres siempre tenemos que demostrar más”, apuntó.

Sin embargo, la especialista remarcó que “el liderazgo depende de la capacidad” y no de “cualidades innatas”. “El liderazgo se construye. Se desarrollan destrezas”, explicó.

Carlino hizo notar que las mujeres son más de la mitad de la población, pero todavía no llegan a la mitad en los ámbitos parlamentarios y “falta mucho en el poder real”.

“Debemos trabajar en una representación sustantiva que avance en agendas que reduzcan desigualdades”, puntualizó antes de hablar del “síndrome de la impostora” (La idea de no merecer totalmente el puesto de responsabilidad que desea u ocupa, debérselo a la suerte, temer en todo momento que la descubran y la juzguen perpetúa estas creencias limitadoras”). 

Las que más se alejan de las formas masculinas, son las que más tienen problemas a la hora de ejercer el liderazgo”, reflexionó.

Mercedes D’Alessandro llevó ese ejemplo a la política. Recordó que hay una sola presidenta mujer en toda América -Xiomara Castro en Honduras- y apenas un puñado más en la historia, con Cristina Fernández en sus dos mandatos, Dilma Rousseff en Brasil o Michelle Bachelet en Chile. “Actualmente hay solo dos gobernadoras (Arabela Carreras en Río Negro y Alicia Kirchner en Santa Cruz) y hay mujeres apenas en el 11 por ciento de las intendencias del país”.

Hay varones que no hicieron ni un curso de capacitación online y están ahí, ocupando espacios de poder. Necesitamos generar espacios. Rosquear, generar alianzas, compromisos entre mujeres, incluso con aquellas de otros partidos. Debemos superar la grieta, que ya es una zanja cada vez más grande, y respaldarnos”, definió. 

D’Alessandro, que hace pocos días renunció a su cargo en el ministerio de Economía, recordó que “ni bien entramos al Gobierno (fue parte del gabinete de Martín Guzmán) armamos un grupo de WhatsApp llamado “Mujeres Gobernando”, con 250 mujeres en distintos estamentos del Estado, que resultó vital para avanzar durante la pandemia y comenzar a diseñar presupuestos con perspectiva de género, una planificación económica para comenzar a cerrar brechas de desigualdad”. 

“Tuvimos acceso a los presupuestos de obras públicas, entendiendo que desde ahí podíamos aportar para achicar esas brechas: con más jardines maternales, con casas de víctimas de violencia. La violencia es central pero no la única brecha de género. Necesitamos más que sólo hablar de violencia. Hay que pensar en impuestos con perspectiva para equilibrar ingresos”, detalló. 

Para dimensionar esas brechas, la economista dio un dato dramático: En el diez por ciento más pobre de la población, siete de cada diez son mujeres. En el diez por ciento más rico, sólo tres de cada diez son mujeres

Cerró la jornada la delegada de la regional Posadas de la Universidad de la Cuenca del Plata, Laura Jacobacci, quien describió un escenario similar de desigualdad dentro de la academia. “Las universidades son instituciones de época, son parte de la sociedad y reflejan también la discriminación, las violencias y las miradas hegemónicas”. 

Reveló que el solo el 37 por ciento de las decanas del país son mujeres, el 34 por ciento secretarias académicas y apenas el 13 por ciento, rectoras. “Sin embargo, somos más las docentes”, contrastó. 

“Hay que poner el cuerpo, hablar en nombre del grupo de mujeres”, argumentó. 

La docente planteó tres escenarios a trabajar. En la urgencia, capacitar a todos los niveles de la universidad y evitar las burocracias en las políticas de género. También sostuvo que la Universidad debe comenzar a trabajar puertas afuera sobre políticas de género y proponer políticas para alcanzar soluciones. 

“Debemos construir significantes que describan la situación de desigualdad. El sujeto es la sociedad toda, no es una lucha de hombres contra mujeres, no binario, sino dual”, analizó. “Los derechos son conquistas, pero una vez conquistados, hay que ejercerlos”, completó.

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