Memoria, verdad, justicia y, ¿libertad?

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Llega un nuevo 24 de marzo, aunque esta vez en condiciones que quizás no se presentaron previamente. El negacionismo y los discursos de odio se escaparon de Twitter para instalarse en el poder. 

Penosamente, un 24 de marzo, pero de 1976 se abría uno de los capítulos más oscuros de la historia argentina. La Junta Militar, encabezada por Jorge Rafael Videla decide ejecutar un golpe de Estado, despojando a nuestro país del modelo democrático. La historia es conocida. Represión, detenciones ilegales, torturas y desapariciones. El número de 30 mil desaparecidos que se transforma en bandera con el correr de los años posteriores a la dictadura, que gobernó hasta 1983. 

Hoy, en pleno 2024, es difícil pensar en Memoria, Verdad y Justicia. El poder político de turno tiene como principio partidario e ideológico, al negacionismo del proceso represivo de la última dictadura cívico – militar. Algunos personajes que hoy están en el poder, consideran que no hubo un gobierno que aplicó el terrorismo de Estado, sino que se trató de una guerra que sirvió para barrer con el “terrorismo” de izquierda. Interpretación peligrosa si las hay.

Además del dato duro histórico, el cual existe, también hay que decir que la propagación de teorías negacionistas tienen un efecto potencialmente negativo en la sociedad. La ecuación es simple: si la gente naturaliza que los militares no desaparecieron gente, facultan a la aceptación generalizada de nuevos regímenes con un uso ilegítimo de la fuerza. Este fenómeno es nada más y nada menos que la manipulación de la historia con fines políticos. Es algo que ha existido desde la propia creación de los relatos y la tradición oral. Es el historiador quien debe saber discernir y trasladar esos debates a la ciudadanía. 

Pareciera haber un correlato entre los movimientos negacionistas a nivel mundial y la necesidad de la aplicación de la fuerza contra grupos disidentes. No por nada se ven neonazis en Estados Unidos y Alemania, pese a que en el último país hay una pena de cárcel para aquellos que hagan apología al fascismo, por ejemplo. Ese correlato es poder puro, al servicio del conservadurismo. Replicar esos modelos es entregarle en bandeja un país, con facultades de golpear y asesinar a quien piense distinto. 

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¿Por qué se duda del número de desaparecidos? 

Básicamente por informes de la CONADEP, donde hallaron una cifra cercana a 8 mil personas, más no 30 mil, como generalmente se expone. Eso refuerza la idea negacionista de que se trató de una guerra y no un proto genocidio. Lo que sucede, en términos históricos, con las cifras es que hay un consenso para poder entender la magnitud de las acciones del hombre en el tiempo. Que el número sea mas o menos, es una cuestión minuciosa que no explica lo que fue un proceso dictatorial como en este caso. Si una persona desapareció o fueron más de 30 mil inclusive, el proceso es el mismo, lo que se cuestiones severamente es la utilización del terrorismo de Estado como un mecanismo de gobierno. Esa es la gravedad del asunto que no se debate o que al menos los negacionistas no quieren discutir. Asimismo, despejando toda duda, Estados Unidos desclasificó un archivo donde explícitamente hablan de 22 mil desaparecidos solo hasta el año 1978. 

Documento de la DINA que co… by ambito.com

Justamente fue Videla quien se encargó de definir a los desaparecidos: “no están muertos ni vivos, están desaparecidos”. Sumado a la clandestinidad, hace que los relatos y las historias de vida sean las fuentes que sirvan para intentar reconstruir la historia lo más fidedigna posible.

¿Hubo enfrentamiento con facciones armadas de izquierda?

 Desde el vamos, la década de los 70’s fue muy convulsionada, en donde envalentonados por los experimentos socialistas revolucionarios en Cuba y Nicaragua, agrupaciones como ERP y Montoneros ampliaron sus operaciones, llevando a combates encarnizado contras las fuerzas, mientras Perón se encontraba en el exilio. Justamente, cuando Juan Domingo arriba a Argentina para su tercer mandato en 1973, hasta su muerte al año siguiente, su objetivo de gobierno distaba mucho de tomar las armas para combatir a la “derecha”, de hecho, Perón echó a los montoneros de su acto de retorno al país, mientras existía la nefasta actuación de la triple A (Alianza Anticomunista Argentina), provocando escenas desgarradoras, como por ejemplo la incógnita del atentado Irrazábal y Ayrault (gobernador y vicegobernador de Misiones) en Puerto Península en 1973. Su muerte, hasta el día de hoy tiene como hipótesis al accionar de la triple A.

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Fue un momento de máxima dificultad en el país, aunque hablar de guerra es desmesurado. Una guerra tiene dos facciones con potencial acorde a sus pretensiones. En los 70’s fue un enfrentamiento entre el ejército y agrupaciones armadas de izquierda que decantó en una lamentable dictadura. Nada puede respaldar el grosero accionar de la Junta Militar para imponer semejante régimen autoritario. Además de las consecuencias sociales, fue la puerta para el experimento neoliberal de Martínez de Hoz y el agravamiento económico nacional, la fuga de cerebros y talentos y el lanzamiento hacia una guerra que fue perdida desde el vamos, sin el aprovisionamiento correcto y sin el respaldo de las potencias dominantes. Malvinas fue el único conflicto armado donde ni Estados Unidos ni la Unión Soviética apoyó a un país, también por reticencia de los militares a cargo de Argentina. 

¿A dónde está la libertad?

Palabra denostada si las hay, pero de algo hay seguridad: entre 1976 y 1983 no existió tal libertad. La censura y la falta de expresión libre fueron moneda corriente. La unicidad de pensamiento era el leitmotiv del Proceso de Reorganización Nacional. Periodistas, científicos, docentes y artistas fueron perseguidos y hasta desaparecidos por pensar distinto. Básicamente, ni siquiera un análisis lógico u objetivo tenía lugar, sin la aprobación de los lugartenientes de turno. De esto hay sobradas pruebas, y me lleva a otra incógnita: ¿cómo se puede hablar de libertad si se apoya una dictadura? Situación símil a la decadente Cuba en manos de Díaz Canel, por solo tomar un ejemplo. La defensa de la libertad es algo filosófico y hasta espiritual. Los discursos mesiánicos de la libertad que hoy en día se pregonan son simples consignas para enmascarar proyectos económicos en beneficios de algunos. ¿Es libertad económica? Si, pero a costo de la libertad social. 

La libertad nunca es total, sin embargo, este 24 de marzo es para comprender que no se puede expropiar esta palabra del pueblo. Sé libre, cuestiona, criticá, fundamentá y discutí, pero jamás dejes que este concepto simbolice algo perverso.

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