“Nadie gana plata en este mercado”, el crudo diagnóstico del CEO de Renault Argentina
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La industria automotriz argentina enfrenta una tensión que la apertura comercial vuelve más visible: necesita competir con una oferta creciente de vehículos importados mientras sostiene una estructura de costos que dificulta producir y exportar. Pablo Sibilla, presidente y director general de Renault Argentina, describió ese escenario con una definición contundente: “Realmente nadie gana plata en este mercado. No ganan ni los concesionarios ni las marcas; estamos apenas manteniendo el nivel de flotación, con la cabeza fuera del agua”.
Las declaraciones, difundidas por iProfesional, se conocieron en el marco del inicio de la producción en serie de la pickup Renault Niagara en Santa Isabel, Córdoba. El proyecto concentra buena parte de la estrategia industrial de la compañía: entre el 70% y el 80% de las unidades tendrá como destino la exportación, principalmente a Brasil.
Esa orientación coloca a la competitividad en el centro del negocio. Para una fábrica que venderá la mayor parte de su producción fuera del país, los impuestos que se acumulan en la cadena pueden definir cuánto margen queda para disputar mercados.
Según Sibilla, los vehículos producidos en Argentina arrastran un sobrecosto tributario promedio cercano al 12% frente a las condiciones de otros mercados. Entre los componentes que señaló aparecen Ingresos Brutos y el impuesto al cheque, con incidencia sobre distintas etapas de la actividad.
Aunque Córdoba cuenta con mecanismos que permiten aliviar temporalmente determinados costos asociados con inversiones de capital, el ejecutivo consideró que esos instrumentos no resuelven el conjunto de la carga fiscal.
La apuesta exportadora de Niagara depende, por lo tanto, de una ecuación que excede a la planta: fabricar con eficiencia es una condición necesaria, pero los tributos también pesan sobre el precio con el que cada unidad llega al exterior.
Sibilla anticipó, además, pocas expectativas de cambios profundos en el corto plazo. “El año que viene es un año electoral, por lo tanto, no veo que vaya a haber un cambio significativo en la parte tributaria, pero tenemos que seguir trabajando para que esa carga a la exportación sea lo menor posible”, sostuvo.
El diagnóstico incorpora las consecuencias financieras de las restricciones cambiarias y comerciales de períodos anteriores. El presidente de Renault explicó que parte de los recursos de las empresas quedó inmovilizada en pesos y perdió valor frente al dólar.
“La gente piensa que ganamos muchísima plata, pero la plata que se ganó o no se ganó en su momento nunca se pudo pagar y quedó en pesos a 350 por dólar”, afirmó.
Aquellas dificultades también afectaron el abastecimiento. Renault debió interrumpir en determinados momentos la comercialización del Kwid y del furgón Master. “Fue un período doloroso, no quiero volver a esas épocas”, recordó.
Su planteo combina así dos posiciones: rechaza regresar a las restricciones que complicaron las operaciones y reclama mejores condiciones para competir desde la producción local.
La expansión de las marcas chinas agrega presión a esa discusión. Sibilla cuestionó las estrategias comerciales de algunos fabricantes y sostuvo que venden por debajo de sus costos para conquistar mercados externos. Se trata de la evaluación del ejecutivo sobre la competencia internacional.
“Si países o regiones desarrolladas como Europa y Estados Unidos prevén mecanismos frente a esto, por ahí nosotros algo deberíamos pensar”, expresó. Según aclaró, el planteo apunta a revisar las condiciones de competencia, sin cerrar el mercado a las importaciones.
También anticipó que los vehículos chinos podrían aumentar de precio por la distribución de los cupos destinados a unidades electrificadas. Su razonamiento es que, con más importadores participando del régimen, cada empresa dispondrá de una cuota menor de vehículos con beneficio arancelario. Las unidades que ingresen por fuera deberán afrontar el arancel general del 35%.
“Como van a importar muchos autos fuera de la cuota, van a tener que promediar un costo más alto y los autos chinos van a aumentar también”, pronosticó.
El eventual encarecimiento dependerá de cuánto importe cada compañía dentro y fuera del cupo y de cómo traslade esos costos a sus precios. La advertencia de Sibilla describe una posible consecuencia comercial, sin establecer una suba uniforme para todas las marcas o modelos.
En paralelo, Renault evalúa incorporar vehículos electrificados europeos. El esquema descripto contempla un límite de valor FOB de US$35.000 y un cupo de 50.000 unidades, dividido en partes iguales entre terminales con producción local e importadores directos.
La compañía analiza esas alternativas en función de la capacidad de venta y de posventa de su red. Su estrategia reúne la producción exportadora de Niagara y una eventual ampliación de la oferta importada, en un mercado donde disponer de más modelos no garantiza mejores márgenes.
