Petróleo, inflación y Fed: el verdadero frente de la guerra entre Estados Unidos e Irán
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Por Justin Khoo, analista sénior de mercados, VT Markets. El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha entrado en una fase más delicada para los mercados mundiales. Lo que comenzó como un foco de tensión geopolítica se está convirtiendo ahora en algo más amplio: un riesgo de interrupción prolongada del suministro energético y del transporte marítimo que está afectando directamente a las perspectivas macroeconómicas mundiales.
Durante el fin de semana, el conflicto se intensificó al aumentar la implicación directa de los hutíes, lo que ha suscitado nuevas preocupaciones en puntos estratégicos del tráfico marítimo, como el mar Rojo, Bab el-Mandeb y el ya tensionado estrecho de Ormuz.
En ningún otro lugar es más evidente esta escalada que en los mercados petroleros. El precio del crudo Brent va camino de registrar una subida mensual récord, tras haber subido recientemente hasta un 3.7% para alcanzar los 116.78 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate ha superado la barrera de los 100 dólares. Este repunte no es solo una cuestión energética: está alimentando directamente las expectativas de inflación y la fijación de precios de los activos en general. Este enfrentamiento también mantiene elevado el índice del dólar estadounidense (USDX) y somete a presión al S&P 500.
Desde una perspectiva económica, esto ya no es simplemente una prima de guerra sobre el petróleo; es una crisis global del costo de la vida.
La realidad de la energía y la inflación, la divergencia entre el dólar y el oro
Cuando el precio del crudo Brent se mantiene por encima de los 115 dólares, deja de ser una cuestión geopolítica y se convierte en una limitación macroeconómica. El aumento de los costos energéticos se traslada rápidamente a los precios del transporte, la producción y los productos de consumo, lo que eleva el riesgo de que la inflación resulte más persistente de lo previsto.
Esto plantea un dilema difícil para la Reserva Federal. En una desaceleración típica, los políticos tendrían margen para flexibilizar la política monetaria con el fin de apoyar el crecimiento. Pero con los precios de la energía impulsando la inflación al alza, esa flexibilidad es limitada. La Fed se encuentra atrapada: incapaz de dar un giro decisivo hacia recortes de tasas, mientras los riesgos de inflación siguen activos.
Este cambio en las perspectivas de política monetaria se está trasladando ahora directamente a los mercados de divisas y materias primas.
En una clásica crisis geopolítica, el oro y el dólar suelen subir juntos mientras que las acciones caen. En esta ocasión, la subida del petróleo es tan acusada que los mercados también están reevaluando la trayectoria de la Fed, y los inversores se alejan de las expectativas de recortes de tipos para 2026 y se inclinan hacia la posibilidad de una política más restrictiva.
El dólar estadounidense va camino de registrar su mayor subida mensual desde julio, mientras que el oro ha caído más de un 15% en marzo y está registrando su peor rendimiento mensual desde 2008.
¿Supondrá abril un punto de inflexión?
A medida que los mercados se adentran en abril, es probable que la atención pase de los titulares sobre temas militares a los datos económicos de EE. UU. Las publicaciones clave, entre las que se incluyen el índice JOLTS, las nóminas no agrícolas y el índice PMI manufacturero del ISM, serán fundamentales para determinar si el motor del crecimiento mundial está empezando a ralentizarse bajo el peso del aumento de los costes energéticos.
Una combinación de datos laborales más débiles y una inflación persistentemente alta reforzaría el discurso actual: crecimiento más lento, políticas más restrictivas y volatilidad sostenida en los activos de riesgo.
Al mismo tiempo, los acontecimientos geopolíticos siguen siendo fundamentales. El 6 de abril marca el final de la actual pausa táctica de 10 días en los ataques contra la infraestructura energética iraní. Aunque el mercado espera algún tipo de distensión, el riesgo de nuevos ataques sigue estando muy presente.
También existe una clara lógica militar y económica que sustenta las expectativas de un punto de inflexión. Los informes sugieren que una parte significativa del arsenal de misiles de Irán ya ha quedado inutilizada, mientras que la presencia de la 31.ª Unidad Expedicionaria de Marines a bordo del USS Tripoli indica que la presión podría intensificarse rápidamente si fracasan las negociaciones.
Al mismo tiempo, el incentivo económico es igualmente claro: volver a situar el precio del crudo Brent por debajo de los 80 dólares sigue siendo una prioridad para aliviar las presiones inflacionistas y estabilizar las expectativas de crecimiento.
Esto deja a los mercados en una situación conocida, pero incómoda. Aunque el incentivo para la distensión es fuerte, el camino a seguir sigue siendo incierto. Por ahora, los inversores deben prepararse para tres posibles resultados: un avance en la distensión, una nueva fase de ataques directos o un conflicto por poder prolongado que se extienda hasta el resto de 2026.
Hasta que uno de estos escenarios comience a imponerse, es poco probable que los mercados encuentren una dirección clara, lo que hará que la volatilidad, más que la tendencia, sea la característica definitoria en las próximas semanas.
