¿Pichetto presidente? La columna de Jorge Fontevecchia en el diario Perfil

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La sociedad hizo el diagnóstico correcto en las elecciones del año pasado: Argentina precisa muchos cambios. Quizás, eligió el remedio incorrecto al hacer presidente a quien no cuenta con las herramientas para realizar esa transformación. Lo importante y sustentable en el tiempo requiere la aprobación del Congreso y para lograr esos acuerdos, el Presidente no solo debe tener un caudal propio de legisladores, también tiene que tener la capacidad de seducir a parte de la oposición, mucho más en este siglo XXI de fragmentación de los partidos políticos, como resultado de la fragmentación también del sistema de comunicación. Pero quizás eligió al presidente correcto para hacerles un “service” rápido a la política y a la economía que destape a los hachazos los nudos que la estrangulan, para dejar paso a otro agente que pueda convertir en leyes los cambios que el país precisa. Uno que destruya y otro que construya.

Ya antes de las elecciones Carlos Melconian, quien hubiera sido el agente del cambio de haber ganado Juntos por el Cambio, llamaba a Milei “Rompehielos Almirante Irízar” como metáfora de aquel que rompe lo duro abriendo paso para la verdadera y definitiva armada. Y un mes antes de que Milei asumiera, el 10 de noviembre, titulé esta columna por Villarruel  “Ella, ¿el plan de Macri?”conjeturando sobre las cualidades de la vicepresidenta, que vale la pena releer ahora cuando Victoria Villarruel se convirtió en la protagonista de la agenda, ante el rechazo en el Senado del DNU y su conflicto con el Presidente y su círculo más estrecho, por haber permitido la sesión. Dos meses después de esa columna ilustrada con una foto de Victoria Villarruel con la banda presidencial, a comienzos de enero el diario Financial Times la entrevistó siguiendo la misma conjetura de su eventual presidencia, y un textual retuiteado por la vicepresidenta diciendo que estaba preparada para lo que fuese necesario enfrió aún más su relación con Javier Milei.

Esa conjetura asume la hipótesis de un Javier Milei que renuncia, abrumado por los rechazos de sus políticas por el Congreso, la Corte Suprema y “la calle” (manifestaciones en su contra, como las de 2001 contra De la Rúa/Cavallo). 

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Otra conjetura frente a los mismos hechos es la de una destitución por “mal desempeño de las funciones” en un juicio político, que requiere los votos de dos tercios de los diputados para que prospere y dos tercios de los senadores para que decida la destitución o no, siempre de los presentes y no del total del cuerpo. Un dato interesante es que en el caso de juicio político al Presidente, quien presidiría el Senado en esa sesión no sería la vicepresidenta Villarruel, sino el presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti.

En un contexto así es probable que el o los enjuiciados renuncien antes de que se produzca una condena, como sucedió en 2003 con los jueces de la Corte Suprema nombrados por Menem: Julio Nazareno, Guillermo López, Adolfo Vázquez. Los otros dos miembros de aquella Corte: Eduardo Moliné O’Connor y Antonio Boggiano se sometieron al juicio político y fueron destituidos. El juicio político (artículo 60 de la Constitución) es solo para presidente, vicepresidente, jefe de Gabinete, ministros y jueces de la Corte Suprema. Dado que el “mal desempeño” es totalmente subjetivo en el caso de un presidente, un juicio político solo prosperaría frente a una situación que haga inviable un gobierno y en ese caso, es probable que el presidente o la fórmula presidencial renuncien como fue en el caso de De la Rúa y previamente su vicepresidente Chacho Álvarez.

Esta hipótesis continúa con la aplicación de la Ley de Acefalía, cuya última modificación fue casualmente en el año 2002 en medio de la última gran crisis de gobernabilidad. Simplificadamente en una Asamblea Legislativa los diputados y senadores por simple mayoría de los presentes eligen a quien ocupará la presidencia hasta terminar el mandato del renunciado o destituido. El elegido debe ser  diputado, senador o gobernador de provincia.

El artículo 4 de la Ley de Acefalía expresamente aclara: “El tiempo transcurrido desde la asunción prevista en este artículo hasta la iniciación del período para el que hayan sido electos no será considerado a los efectos de la prohibición prevista en el último párrafo del artículo 90 de la Constitución Nacional”. O sea que quien fuera electo para “ejercer el Poder Ejecutivo” tendría la posibilidad de competir como candidato a presidente en 2027 y de resultar elegido, de poder competir para su reelección en 2031. Ese diputado, senador o gobernador de provincia si tuviera éxito tendría la posibilidad única de más de once años de mandato, lo que haría ese cargo muy codiciado por todas las fuerzas políticas que integran el Congreso.

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El antídoto sería que esa  persona no fuera un cincuentón como Milei, Massa o Kicillof, sino alguien con más de 70 años que permita a la generación de políticos prominentes actuales tener la posibilidad de competir para presidente en 2027 sin tenerlo de adversario.

Pero al mismo tiempo, tendría que tener la posibilidad de cruzar la grieta, tanto primero para ser electo, como luego para hacer aprobar las leyes que se precisan y serían la causa del fracaso de quien viene a sustituir. Tendría que ser votado tanto por Unión por la Patria como por el radicalismo, el PRO, la Coalición Cívica, el socialismo de Santa Fe y el peronismo de Córdoba, dejando afuera solo a La Libertad Avanza y eventualmente a los “bullrrichistas”.

Quien reúne todas esas condiciones es Miguel Ángel Pichetto, que este año cumplirá 74 años y presidió tanto el bloque justicialista de la Cámara de Senadores durante 17 años (2002-2019) atravesando cuatro presidencias: Duhalde, Kirchner, Fernández de Kirchner y Macri, como ahora en Diputados preside el bloque de Hacemos Coalición Federal, que agrupa al peronismo de Córdoba, el Socialismo de Santa Fe, a la Coalición Cívica y parte del PRO con los representantes de los gobernadores de Entre Ríos, Rogelio Frigerio y de Chubut, Ignacio Torres.

Pichetto durante las sesiones extraordinarias la primera quincena de enero emergió como un claro primus inter pares dando clases legislativas a muchos de sus nuevos pares. Pichetto fue candidato a vicepresidente en 2019 junto con Mauricio Macri e intentó ser candidato a presidente en 2023, siendo  precandidato sin llegar a las PASO. Quizás, el destino golpee su puerta cuando menos lo imaginaba.

La sociedad pide cambios, pero también quien los pueda implementar. Veremos en los próximos meses si el Presidente y su vicepresidenta logran avanzar sólidamente con ellos.

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