Pobreza en Corrientes: Rechazaron un transplante de corazón para un chico por su “condición social”

Un chico correntino de 13 años de edad enfrenta hoy la peor situación de su vida porque las condiciones de extrema pobreza en la que vive en la localidad de Virasoro no son aptas para que reciba un trasplante de corazón y tuvo que volverse desde Buenos Aires a su casa sin ninguna esperanza de vida.

Se trata de Fernando Almeida, quien estaba internado en el hospital Garraham donde, finalmente, le dieron una angustiante noticia a su familia: no puede recibir el corazón de un donante porque las condiciones socioeconómicas de indigencia en su hogar no son aptas para un paciente de alto riesgo.

“Teniendo en cuenta el diagnóstico, la condición social y familiar, se concluye que el paciente no reúne criterios para ingresar en la lista de trasplante cardíaco del Incucai”, sostiene el informe del organismo que se encarga de llevar adelante el proceso de donación de órganos; en este caso, de un corazón para Fernando.

Con ese triste diagnóstico, las autoridades del hospital Garraham de Buenos Aires le dieron el alta y Fernando y su madre regresaron a Corrientes capital el martes pasado sin ninguna solución: su vida depende del corazón con el que nació y que padece de una “miocardiopatía dilatada por influenza B”.

¿Dónde vive Fernando? María Elena, su madre, relató este miércoles que vive en una precaria vivienda de una sola habitación con sus siete hijos y sin tener siquiera un baño instalado con agua potable, condiciones de higiene consideradas no aptas para un paciente de alto riesgo con corazón trasplantado.

“Soy una madre de siete hijos y mi esposo es albañil, pero en mi casa ni siquiera podemos tener un baño instalado y todos mis chicos duermen en la única habitación que tiene nuestra casita”, dijo María Elena en diálogo con radio FM Capital de Corrientes.

“En Buenos Aires nos explicaron que teníamos que conseguir otro lugar para vivir con mejores condiciones para que Fernando pueda ser trasplantado porque es un paciente de alto riesgo”, declaró la mujer.

María Elena regresó el martes a Corrientes y quedó con Fernando en el hospital Pediátrico Juan Pablo II, donde hasta este miércoles por la mañana esperaba que las autoridades consiguieran una ambulancia para ser trasladados hasta la localidad de Virasoro, a unos 180 kilómetros de la Capital provincial.   

Roberto Jabornisky fue director del hospital Pediátrico de Corrientes hasta hace seis años y es uno de los médicos que atendió a Fernando, antes de que el chico sea derivado al Garraham.

“A estos chicos la pobreza no solo les quita futuro, también les quita posibilidad de tratamiento y atención. Su única opción es volver a Corrientes para que lo miremos morir, así de duro, así de simple, así de fuerte”, dijo el médico en una entrevista con el diario Ámbito Financiero.

Jabornisky explicó que “es entendible que el Comité de Evaluación del Incucai considere que hay otros casos de otras personas con mayores probabilidades de supervivencia”, por lo que el corazón no pudo ser donado al chico correntino.

El caso de Fernando ocurre en Corrientes, donde la pobreza subió en el primer semestre de 2017 al 40 por ciento de la población de casi 1.250.000 habitantes, siendo la tercera provincia del país con mayor porcentaje de indigencia, según el último informe del Indec.
Corrientes tiene, además, la tasa más alta de mortalidad infantil que llega al 13,3 por cada mil nacidos vivos, de acuerdo al ministerio de Salud de la Nación.

En este contexto, el caso de Fernando desató una fuerte indignación en la sociedad correntina que comenzó a distribuir mensajes en cadenas para alertar a las autoridades teniendo en cuenta que el Estado provincial aún no envió a nadie para asistir a la familia, pese a que Fernando vive en una precaria vivienda con condiciones de hacinamiento.

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