A Mayo Clinic-led study found that protective mastectomies that preserve the nipple and surrounding skin prevent breast cancer as effectively as more invasive surgeries for those with BRCA. (Fotolia)

Rita Núñez: “Uno nunca está preparado para tener cáncer”

“Uno nunca está preparado para tener cáncer, pero desde el primer día lo asumí con mucha responsabilidad y no perdí tiempo por mis hijos y mi familia”

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Rita Núñez es una diputada provincial que siempre estuvo comprometida con cuestiones relacionadas al rol de la mujer en la sociedad misionera. Desde su lugar en la Comisión de Salud de la Cámara de Representantes, ha propuesto y apoyado proyectos relacionados al rol de la mujer en la sociedad, la maternidad, la lactancia, entre otros.

Pero este año, su vida cambió por completo. En marzo fue diagnosticada de cáncer de mama. Después de meses de procesar el hecho junto a su familia, visitó el estudio de Radio Open 101.7, donde compartió su experiencia como paciente, madre y en su trabajo, analizó el avance en la ciencia y los tratamientos, y distinguió el trabajo público y privado de la salud en Misiones.

A lo largo de tu mandato, trabajaste permanentemente por la salud de la mujer. Ahora tenés un doble rol: uno dentro de la Legislatura y otro en primera persona, hablando del cáncer de mama.

Sí. Me tocó este año recibir la noticia del diagnóstico de cáncer de mama triple negativo, carcinoma invasor. Una va aprendiendo un montón de palabras. Yo no vengo de la medicina, pero soy integrante de la Comisión de Salud y junto a mis compañeros, Martín Cesino y Jorge Franco, que son médicos, aprendí muchísimo estos cuatro años. Siempre mi tema fue la salud de la mujer, el lugar de madre, la lactancia, el suelo pélvico, cómo acompañamos el duelo gestacional, cómo miramos a la mujer desde otro lugar. Hace poco aprobamos la ley de salud mental durante el embarazo. Pero el cáncer de mama no era una temática para mí hasta este año. En realidad, hasta este mes, porque me costó. Es un proceso personal complejo. Uno nunca está preparado para tener cáncer. Realmente desde el día uno lo asumí con mucha responsabilidad porque tengo cuatro hijos de entre 6 y 12 años. Por ellos y por mi familia, no perdí tiempo. Creo que, si me hubiera hecho los controles adecuados, probablemente mi tumor que tenía un centímetro y medio, lo hubiese extraído. Por suerte la cirugía fue exitosa y no tenía ganglio. 

Lo que la medicina pretende es detectar microcalcificaciones que pueden inducir a creer que tenés, cuando ni siquiera se toca.

Sí, el mío sí se notó. De hecho, me lo detectó mi pareja. Me salvó la vida. Gracias a él pude detectar eso a tiempo. Pero lo ideal es detectarlo cuando todavía no hay nada, cuando todavía se ve solo en las imágenes. Por eso valoro muchísimo el trabajo de quienes están en diagnóstico por imagen. A mí me tocó atenderme en ese primer momento con Florencia Alfise, a quien mando un saludo, la aprecio mucho y le agradezco. Quiero reconocer a las personas porque son quienes me salvaron la vida. También le mando un saludo a mi mastólogo que es el doctor Esteban Pereira y a todo el equipo del IMC que hoy son quienes me están acompañando en el proceso de quimio. 

Nadie está exento de tener cáncer de cualquier tipo, pero en el caso de las mujeres el cáncer de mama es el más frecuente…

Y desgraciadamente, todavía no se sabe por qué. Los oncólogos dicen que otros tipos de cáncer se pueden prevenir. A veces no tiene causa, claro, pero un cáncer de colon se puede prevenir si se come sano; o un cáncer de útero también, si tenés ciertos cuidados. Pero el de mama no se sabe y tiene más de 100 variedades. El mío, por ejemplo, se llama triple negativo porque las terapias hormonales no lo tratan. Sólo se puede tratar con quimioterapia directa. 

Antes, la gente moría por los tratamientos. Ahora la ciencia avanzó, hay investigaciones muy avanzadas y los tratamientos son más específicos y menos invasivos. Antes te sacaban las mamas para prevenir. Imagínate lo que significaba para esa mujer cuando no había reconstrucción. En nuestro servicio de hospital tenemos la reconstrucción mamaria gratuita. En mi caso por suerte, me hicieron un cuadradito chiquito y conservé las dos mamas, y como el estudio genético dio negativo, no es necesario que me saque. 

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Agradeces a quienes te acompañan desde la medicina, pero también al Estado que acompaña con leyes, como en tu labor legislativa… 

Definitivamente. Todas las semanas voy al Instituto Misionero del Cáncer a hacer mi terapia. Desde la sanción de la ley y la puesta en marcha inmediata, estamos muy orgullosos. Hoy siendo paciente veo desde adentro cómo trabajan, dando prioridad a la gente del interior, mejorando los servicios. Esto es reconocido no solamente por la salud pública, sino también por los privados. El lunes estuvimos en la jornada de lanzamiento del mes Rosa y hablamos con la doctora Méndez, de PREDIGMA, que hace un excelente trabajo, como con la Fundación Actitud Misiones. Además, el IMC avanzó en un equipo exclusivo para tratar el cáncer de mama, porque es donde hay un mayor número de pacientes. 

Nadie está preparado para que le digan que tiene cáncer. Es un montón de información que tenés que procesar. ¿Cómo lo viviste?

Todos sabemos que vamos a morir en algún momento. Te puede chocar un auto en la calle caminando mirando el teléfono, o te puede dar cáncer. Lo que pasa es que cuando te agarra un cáncer, es tu propio cuerpo te está matando, y pensás: “¡¿Qué estás haciendo, hermana?!”. Estos años me agarran en un proceso personal de agnosticismo, entonces, pienso que nuestra función biológica es nacer, crecer, reproducirse y morir, como toda la naturaleza. Yo ya tengo hijas, entonces probablemente mi función biológica esté agotada y mi cuerpo me dijo: “Bueno, mamita, hasta acá”. Yo me niego a eso. Cuando vos te curas una enfermedad, estás yendo contra natura, porque la enfermedad viene porque probablemente tenga que dejar lugar para el siguiente, porque este mundo está lleno de gente. Pero yo no me pienso morir. No me voy a morir de cáncer, estoy segura. 

Cuando le conté a mis hijas, Rosario, que tiene 12 y ya entiende un poco más, me preguntó si me iba a morir y le dije: “Sí, mi amor, pero no de cáncer, así que quédate tranquila”. Cuando les conté, les dije lo que iba a pasar, que probablemente quede pelada, voy a engordar, que no me va a entrar la ropa, me van a ver enojada, hay días que no las voy a poder ver porque voy a tener que estar acostada por la terapia. Así fuimos llevando el proceso. 

Me convertí en una persona muy racional. Yo antes era full pensamiento mágico y cualquier persona o entidad extraña me iba a salvar, menos yo misma. Hoy siento que hice un proceso personal de hacerme cargo. Si comía mal, fumaba, no hacía actividad física, tenía estrés, me divorcié, me mudé, trabajo más de la cuenta, tengo hijas, me puse en pareja, tengo hijos nuevos a los que amo, pero tenía que hacer el proceso. Mi vida dio cinco vueltas. Si con todo eso no te agarra cáncer, no sé (ríe). 

En los estudios, no tengo antecedentes genéticos. Tengo una tía abuela que está en La Rioja, que no conozco, que tenía cáncer, que tiene está viva. Está súper bien. Me enteré hace poco porque es un vínculo que mi papá volvió a generar estos años. Ahí descubrí que había en mi familia algún indicio. Pero según lo que salió en mi estudio genético, es un cáncer esporádico.

La mayoría se apoya en la carga genética, pero en realidad no es así.

Nadie está exento. No tomamos conciencia porque hasta que no te pasa, no le prestas atención. Hay que tomar conciencia y darle el verdadero valor que tienen las cosas. Yo tenía el pelo por la cintura, iba a la peluquería, me teñía. Ahora estoy ahorrando un montón de plata de los tratamientos de peluquería y estoy haciéndome el colchón para cuando vuelva. Pero me despojé de eso y está buenísimo.

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Y es una etapa difícil. Uno está muy expuesto a lo exterior. Es una presión externa también.

Yo creo que es una presión que nos autoimponemos. Instagram tiene la culpa (ríe). Obviamente tengo las cuentas porque soy un funcionario público que tiene que responder ante la sociedad, mostrar el trabajo y la gente mira mucho. Mi pareja es especialista en marketing digital y es anti redes sociales por lo que generan en la gente. Instagram es la red de la felicidad, todo es perfecto y si estás triste, tenés filtros para salir contenta. Todo el mundo es feliz, es una locura. La vida es otra cosa. 

Estás sanando por dentro y por fuera. Qué bueno es lograr eso porque tiene que ver con la personalidad. Uno hasta tiene miedo de hablar del tema. Por eso es importante compartir tu testimonio. Tenemos que dejar la idea de no hablar de eso.

Totalmente. Yo noto las reacciones de la gente. 

No te tapas la cabeza, andás sin pañuelos.

Bueno, soy muy friolenta entonces me tengo que tapar (ríe), pero no. Mi proceso de pelo fue así. Lo tenía largo, por la cintura. En la primera sesión de quimio me corté cortito y doné mi pelo a la gente de Lazos que está haciendo pelucas. Le mandamos un gran saludo. Hicieron una peluca para mí. Me la tuvieron que hacer con flequillo y yo no uso flequillo. Me la puse un día y dije: “No, esto no me va, me pica, me molesta”, porque yo no estoy acostumbrada. Me sentí Moria (risas). En la segunda quimio se me empezó a caer de a mechones. Es medio tétrico. Entonces, le dije a mis hijas si me querían pelar y dijeron que sí. Trajimos la maquinita de afeitar de José. Se sentaron las dos con un mantel y me pelaron. Ahí empecé a averiguar turbantes. Me compré un par para ir a la sesión. Tengo una con brillos para la sesión, porque me da cosa por los compañeros, pero no por mí. Rosario me decía: “Mamá, es re machirula la vida, porque vos ves un pelado y ‘es un pelado’, y listo. Y nosotras ‘ay, la mujer está enferma o es una loca que le gusta andar con la cabeza así”.

Hiciste un proceso muy natural. Uno piensa que le puede tocar y va a tener miedo y va a llorar día y noche, pero no sabemos. Pero vamos para adelante con la contención familiar que es importante.

Sí, José es una persona particular y tengo la dicha y la suerte y creo que me lo merezco también, de tenerlo al lado. Él me dice: “Todos nos vamos a morir. Podés quedarte llorando porque no te entra la ropa, o podés hacer lo que tenés que hacer y listo”.

Además, tenés una personalidad que puede llegar a mucha gente que en este momento está pasando por ese proceso y que no tiene esa personalidad que le permita ponerse de pie y si puede empatizar con alguien, que le puede ayudar.

Yo me levanto y sigo, porque tiene mucho que ver cómo uno lo lleva. No tuve el momento del enojo. Nunca me pasó. Sé que no me voy a morir. Tengo un montón de cosas para hacer. Hay un montón de cosas que quiero hacer. Quiero conocer Europa, voy a ver a mis nietos. Hay que tomarlo como dijo Arce, “para que te agarre cáncer de mama tenés que tener dos condiciones: ser mujer y cumplir años”. Es una alerta.

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