Si el Norte fuera el Sur

Un 2022 caótico por donde se lo mire, y a aquellas cuestiones ya conocidas, se le suman nuevas crisis en países poco acostumbrados a estar en problemas. Huelgas, manifestaciones, recesión e inflación, parecieran ser palabras “nuevas” en el diccionario del gran norte industrializado del globo, pero que golpea y fuerte a su sociedad.

Europa en huelga 

A partir de la ya conocida descomposición de la hegemonía económica del viejo continente, a raíz de los acontecimientos bélicos en Ucrania, se sumaron una serie de protestas casi semanales. En este sentido, Alemania fue testigo de un gran “paro aéreo”. Los trabajadores de Lufthansa, la empresa de bandera alemana más grande de todas, llamaron a un paro que dejó a más de 130.000 personas varadas en los aeropuertos de Múnich y Frankfurt. El reclamo de los trabajadores alemanes es simple: aumento salarial. De esta proclama, el sector empresarial respondió con un aumento de 150 euros, cuando lo pedido por los trabajadores aeroportuarios de Lufthansa rondaba en 350 euros, explicando la razón de esta cifra a partir del acelerado incremento de precios que sufre Europa. Al no haber un acuerdo entre trabajadores y empresarios, la salida fue la huelga. Las pérdidas económicas para Lufthansa han sido enormes, sin embargo, pareciera ser que el dilema salarial con sus trabajadores no es prioridad en un país que, desde el milagro alemán, no ve demasiados sobresaltos financieros o de cash.

Por otro lado, la isla de Gran Bretaña también ha tenido sus jornadas de movilización y protesta. En este sentido, los sindicatos que aglomeran a los trabajadores del sector ferrocarril llamaron a un paro como medida de fuerza ante la inacción del Estado británico para atender sus demandas, las cuales tienen una bandera principal: aumento de sueldos. 

Hace poco más de un mes, Gran Bretaña presenció el paro de ferrocarril más grande en los últimos 30 años, y tan solo unas semanas después, las medidas se repiten. Es lógico que esto ocurra, ya que el país insular está atravesando una tormenta de inestabilidad política. El Boris Gate que terminó por dinamitar la figura de Boris Johnson y la descomposición de su gabinete, explican en gran parte, el desinterés del Estado por atender la situación salarial de los ferroviarios. Por otra parte, todas las fuerzas políticas están puestas en la próxima elección de un primer ministro. En base a esto, los trabajadores del sector ferroviario decidieron encauzar un nuevo paro, en un país donde los trenes son unos de los medios de transporte principales.

Estas huelgas en Gran Bretaña y Alemania tienen un factor en común. Son países que están atravesando una vicisitud económica inusitada, a causa de la guerra en Ucrania. Principalmente, el nexo común es la crisis energética. Las decisiones del cierre del grifo del gas ruso para Europa son vitales para el dinamismo económico de Europa. De hecho, Alemania comenzó a racionar el consumo de gas y de electricidad, pensando en un invierno que podría ser afrontado sin la provisión gasífera de Moscú. Es entendible que una guerra que involucre a dos países estratégicos de un golpe al tablero a la economía mundial. En un mundo hiper – globalizado, las decisiones de Putin afectan al viejo continente. 

En base a esta última premisa, y teniendo en cuenta el contexto de crisis energética, Francia también toma medidas de emergencia. Fue justamente Emmanuel Macron quién tomó la decisión de comenzar a restringir el consumo y el acceso al agua en 88 departamentos franceses. La situación responde a la ola de calor que azota a Europa, con una consecuente sequía, pero también a la fuerza productiva que es necesaria para movilizar el consumo del agua. Pero esa no es la única medida francesa, también se llamó al racionamiento de luz. Esto se explica a través de la obligación de no usar el aire acondicionado en comercios o locales que tengan la modalidad al aire libre, como así también una multa de 150 euros para quienes no cumplan con dicha medida. A causa de la crisis energética, los supermercados de Francia tomaron la decisión de acortar su franja horaria de atención al público para evitar consumir más electricidad. 

España inflacionaria 

Las inclemencias económicas también están presentes en Europa. España ha presentado su inflación del mes de julio, que resultó ser la más elevada desde 1984. Estos datos, que parecen ser fríos, solamente calientan más el humor social de los españoles. En dicho país, los precios comenzaron a elevarse casi a la par de las primeras semanas de la guerra en Ucrania, aunque es el país de los más “grandes” de la Unión Europea con menor crecimiento económico pre – guerra y pre – pandemia, sobre todo en el marco comparativo con Francia y Alemania. Más allá de eso, el índice inflacionario de julio de 10,8% es particularmente alarmante para los sectores menos pudientes de ese país, y también se han transformado en parte del discurso de Pedro Sánchez, con una misión clara en el estado español: clase media y trabajadora lo menos golpeada posible. A esto se le suma una medida extraordinaria, que tiene como eje a la migración. Es justamente el país español el que decidió flexibilizar la llegada de extranjeros al mercado laboral, y es, justamente, una medida económica para afrontar esta crisis. Ante la falta de mano de obra en sectores claves como el transporte, construcción y hotelería, la decisión de incorporar a los extranjeros es una decisión clave. Esto se da por la baja oferta salarial para un español que se ofrece en estos puestos de trabajo, pero que, para los extranjeros, sean latinoamericanos o africanos, representan un sueldo mucho más grande que el percibido en sus países y, además, simbolizan la posibilidad de estabilizarse y regular su situación en el viejo continente. 

Estados Unidos en recesión 

La gran sorpresa para muchos la dio un informe elaborado por la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos. El país de Joe Biden se encuentra en recesión. Por segundo trimestre consecutivo se contrajo la economía estadounidense, lo que supone una situación económica complicada. Sin embargo, los especialistas estadounidenses en materia económica, como así también grandes medios de comunicación vienen advirtiendo que Estados Unidos puede caer en una recesión económica técnica. Precisamente, la economía estadounidense se contrajo un 0,9%, comprendiendo la caída del Producto Bruto Interno (PBI). A esto hay que sumarle el imponente endurecimiento de las medidas de la Reserva Federal para poder contener la inflación, la cual también se siente en Estados Unidos.

Ahora bien, el arco político estadounidense se ha manifestado. En principio, la Casa Blanca se niega a hablar de recesión. De hecho, el mismo presidente Joe Biden decidió evadir una pregunta que involucra este concepto en una rueda de prensa. Por otro lado, la oposición republicana achaca toda culpa de una posible crisis económica al rol de Biden en el poder. Los trumpistas son los más duros, entendiendo que la situación económica está evidentemente más desmejorada que bajo el poder de Donald Trump. Sin embargo, más allá de las cuestiones internas de Estados Unidos, este país también es rehén de una crisis global que tiene como génesis a la guerra en Ucrania. 

La palabra recesión retumba fuerte en la sociedad estadounidense, desde el trabajador informal hasta el accionista de Wall Street. En principio, se genera una incertidumbre generalizada acerca de la elevación de los precios de bienes y servicios, lo cual motiva a un malestar social que sería casi lógico. Por otra parte, una situación de tamaña complejidad económica y financiera, lleva a pensar en los inversionistas de la bolsa de Nueva York y el respaldo que puedan seguir brindando. Ante todo este panorama, vuelven a avivarse los fantasmas de las crisis de 1930 y 2008. 

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