Hay algo en Manuel Adorni que remite inevitablemente a esas películas de robos donde todo parece haber salido perfecto… hasta que aparece “ese” personaje.
El golpe fue limpio, el plan impecable, nadie dejó huellas. El jefe de la banda, siempre calmo, da la orden clave: “Nadie gasta un peso durante un año. Desaparecemos. Nos enfriamos”. Silencio. Asentimientos. Profesionalismo.
El golpe fue limpio, dijimos: Ajuste fiscal quirúrgico, licuación de ingresos, motosierra aplicada con precisión sobre jubilaciones, salarios y presupuesto público.
Pero, como en todo plan perfecto siempre hay una falla, sino, no habría película. Y entonces aparece él. El que no puede evitarlo. El que a la semana se muestra con un reloj nuevo y carisimo, un vuelo privado, unas vacaciones demasiado visibles, una casa en un country y un departamento de lujo. Es el que no entiende —o no le importa— que el problema no es lo que se hizo, sino lo rápido que se lo exhibe.
Ahí empieza el verdadero suspenso: no por el robo, sino por cuánto van a tardar en caer.
Porque en toda banda hay códigos. Hay silencios. Hay momentos para hablar… y momentos para no decir absolutamente nada. Pero siempre, siempre, aparece alguien que confunde micrófono con impunidad y vocería con stand up involuntario.
El problema ya no es el hecho. Es la vocación de relato.
Lo fascinante no es el desliz en sí, sino la insistencia. Como si cada declaración fuera una nueva compra innecesaria, una nueva luz encendida en medio de la noche, un “miren acá” cuando la consigna era exactamente la contraria.
Y así, lo que parecía un plan perfecto empieza a parecerse peligrosamente a esas historias donde no hace falta un gran detective: alcanza con esperar a que alguien hable de más.
Porque si algo enseñan esas películas, es que las caídas no siempre vienen de afuera.
En tiempos donde la política atraviesa una crisis de credibilidad sostenida y la conversación pública se fragmenta en múltiples pantallas, la comunicación dejó de ser un complemento para transformarse en una herramienta central del poder. Pero también en un terreno donde los errores se amplifican y quedan expuestos con mayor velocidad. Mariana Angerosa, comunicadora política y estratega digital, lo plantea sin rodeos: hay límites que ninguna estrategia puede atravesar y hay crisis que no se pueden esconder.
En diálogo con Open1017, en el marco de la presentación de su libro “¿Quién nos asesora?”, Angerosa propone mirar la política desde un lugar menos visible, ese detrás de escena donde se toman decisiones que muchas veces explican tanto los aciertos como los papelones públicos. “El libro son 20 historias de comunicación política… se cuentan desde el humor distintas situaciones del detrás de escena”, explicó, al tiempo que remarcó que esas dinámicas no son exclusivas de la política, sino que también atraviesan empresas, pymes y marcas personales.
La elección del humor como recurso no es casual. En un contexto de apatía social y saturación informativa, Angerosa encontró allí una forma de romper barreras y volver a conectar con la audiencia. “En un momento de tanto desánimo… encontré siempre en el humor una forma de vencer esa barrera y poder dar mi mensaje”, sostuvo.
Desde esa experiencia, su diagnóstico sobre la comunicación política actual es tan claro como incómodo. Muchas veces, explica, se intenta resolver con discurso lo que en realidad es un problema de gestión o de conducta. “Si vos hiciste una estafa, no hay comunicación que te pueda salvar”, afirmó, marcando un límite estructural que suele ignorarse. En esa misma línea, advierte que “hay cosas que la comunicación no puede sola”, una definición que desarma la idea de que todo puede corregirse con una buena estrategia.
Ese límite se vuelve especialmente visible en contextos de crisis, donde -según su mirada- los errores se potencian cuando no se reconoce el problema a tiempo. Al analizar el escenario del Gobierno nacional y el rol del vocero Manuel Adorni, Angerosa es directa: “Creo que lo primero que hay que definir… es que estaban en una crisis”. A partir de allí, cuestiona la forma en que se gestionó la exposición mediática: “No necesariamente tenía que salir Adorni a defenderse… lo expusieron en un montón de programas y creo que lo dejaron solo en ese momento”. Incluso la reacción posterior, con un respaldo generalizado del oficialismo, habría sido contraproducente: “Después salieron todos en tándem a bancarlo y creo que eso fue lo que lo debilitó más”.
El problema, según su lectura, es más profundo: la crisis no se cerró. “Que pase una semana y sigan los rumores… es una crisis que no se cerró bien”, señaló, al tiempo que dejó una definición clave para entender el fenómeno: “Las crisis no decide uno cuándo se cierran, lo deciden los medios o la sociedad”.
En ese mismo análisis aparece otro patrón recurrente: la negación como estrategia. “Es una de las pistas que te da que estás en crisis y que no la estás manejando bien”, sostuvo, en referencia a los intentos de minimizar conflictos o evitar reconocer errores. Y en el caso del gobierno libertario, agregó un elemento de mayor peso político: la ruptura de su narrativa original. “Se rompió el mito fundacional… que era ir contra la casta”, explicó, subrayando el impacto que tiene la incoherencia en la percepción social.
Sin embargo, Angerosa no se limita a la crítica. También reconoce experiencias exitosas en la política argentina. “El gobierno de Cristina fue impresionante la comunicación que tuvo, siempre marcando la agenda”, destacó, al recordar cómo atravesó crisis complejas como el conflicto con el campo o el caso Nisman. En la misma línea, valoró la estrategia del macrismo y del Frente de Todos en sus inicios: “El macrismo tuvo una muy buena comunicación… el Frente de Todos también al principio, hasta la foto de Olivos”. Pero vuelve a marcar el límite: “No hay nada que la comunicación pueda hacer si no lo hace la política”.
En el plano internacional, su mirada sobre Donald Trump permite entender otro modelo de comunicación: el de la saturación permanente. “Es que la agenda de los demás no tenga ni un segundo de descanso, estás todo el tiempo atacando”, explicó. Sin embargo, advierte que estos estilos no son replicables automáticamente. “Trump hay uno solo, Milei hay uno solo… estos liderazgos surgen cuando hay un caldo de cultivo que lo permite”, afirmó, desarmando la idea de que existe una fórmula universal. Incluso señala tensiones entre discurso y realidad: “Dice ‘ganamos la guerra’ y no está sucediendo en la realidad”, apuntó sobre el expresidente estadounidense.
Para explicar cómo se gestiona una crisis de manera más integral, Angerosa menciona el caso de la marca Balenciaga, que tras una campaña polémica debió combinar disculpas públicas con acciones concretas de reparación para recuperar legitimidad. El ejemplo refuerza su idea central: la comunicación por sí sola no alcanza si no hay hechos que la respalden.
En ese contexto, la dimensión emocional del voto aparece como un factor decisivo. “Si a vos no te mueve una fibra eso que estás comunicando, no le va a llegar a nadie”, explicó. Y fue más allá: “El voto racional es el voto duro… al indeciso lo movés con las emociones”. Una definición que conecta directamente con el escenario actual, donde la política disputa atención en entornos cada vez más fragmentados.
Las redes sociales, en ese sentido, imponen nuevas reglas. “La gente se pasa cuatro horas en redes… pero no se acuerda de nada”, reflexionó, graficando la dificultad de construir mensajes duraderos en un contexto de consumo fugaz. Por eso insiste en que el diferencial no está en copiar estilos, sino en construir identidad. “Nadie vota algo que no siente familiar y que no conoce”, sostuvo.
Esa lógica también atraviesa su forma de trabajar. Angerosa no oculta que selecciona los proyectos en los que participa y que prioriza perfiles con convicción. “No trabajo con políticos de relleno… quiero políticos que tengan ambición de poder porque creen en lo que quieren hacer”, afirmó, marcando una línea clara entre estrategia y contenido político.
En definitiva, “¿Quién nos asesora?” funciona como una radiografía del sistema político desde su dimensión menos visible. “Mostrar que del otro lado hay un montón de decisiones que se toman… algunas se ven y otras no”, resumió.
En un escenario donde la política compite por atención en medio del ruido digital, la advertencia de Angerosa es contundente: la comunicación puede amplificar, ordenar o incluso disimular, pero nunca reemplazar lo esencial. Porque, al final del día, la credibilidad no se construye con slogans ni con apariciones mediáticas, sino con algo mucho más básico -y mucho más difícil- que una estrategia: la coherencia entre lo que se dice y lo que efectivamente se hace.
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, leyó una declaración donde afirmó que no tiene nada que esconder y aseguró que se puso a disposición de la Justicia. Fue en el marco de una conferencia de prensa en relación con el viaje a Nueva York con su esposa y otro en avión privado a Punta del Este, pero no acepto responder preguntas puntuales porque hay una causa abierta.
“Mi patrimonio lo construí antes de entrar al Gobierno. No tengo nada que esconder. Estamos poniendo a disposición de la justicia y los organismos de control correspondientes toda la información que necesiten. Quiero dejar algo en claro, ningún otro Gobierno sostuvo una vara tan alta como la nuestra”, leyó Adorni.
Adorni retoma las conferencias: el plan para recuperar la agenda y dejar atrás los cuestionamientos
En la misma línea, sostuvo que “no son lo mismo que los que estuvieron antes y la gente lo sabe” y aseguró que no va a permitir que le den “clases de ética” aquellos que “viven del Estado desde que nacieron” o “los que se robaron un PBI”.
“Parece que nos olvidamos que vivimos en un país en el que un secretario de Obras Públicas revoleaba bolsos con plata y armas“, concluyó.
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, pidió disculpas este jueves por haber dicho que estaba “deslomándose” en Nueva York, adonde viajó junto a su esposa como parte de la comitiva oficial por la ‘Argentina Week’.
“Uno puede decir alguna palabra o frase desafortunada en un vivo, sí. Me ha ocurrido muchas veces. La palabra no debió ser ‘deslomarse’. Somos humanos y cometemos errores”, planteó desde sus redes el funcionario.
Y señaló que.”detrás de cada explicación se encuentra siempre la verdadera intención de contar todo lo que estamos haciendo desde hace más de dos años con el Presidente Milei y todo el gabinete para cambiar un país que nos dejaron en ruinas”.
Adorni señaló que “todo lo que hacemos es con honestidad y plena conciencia de lo que tenemos enfrente: los que siempre van a hacer todo lo posible para que la Argentina no cambie. Quiero agradecer a cada uno de los que se tomaron el tiempo de escribirme y al apoyo incondicional del gabinete nacional y del Presidente”, añadió.
Y cerró: “Siempre seguiremos firmes trabajando por los argentinos de bien”.
Cordinadamente, Javier Milei y la plana mayor de su gobierno salieron este jueves a rescatar a Manuel Adorni, quien está acosado por una polémica derivada de las revelaciones de la inclusión de su esposa en la comitiva que acompañó al Presidente a Nueva York por el ‘Argentina Week’ y un viaje en un avión privado que el jefe de Gabinete y su familia hicieron en Carnaval a Punta del Este en un vuelo privado.
La acción conjunta y en simultáneo implica un cambio de estrategia respecto a la soledad en la que había quedado Adorni en los últimos días ante la difusión de los casos que dispararon sospechas sobre las transparencia del funcionario.
La que abrió el juego fue Karina Milei, que tiene a Adorni como principal espada dentro del gobierno de la Casa Rosada.
“Mi apoyo total e incondicional a Manuel Adorni frente a tanta basura mediática. Conozco tu integridad. Eso me alcanza. Siempre con vos”, tuiteó la secretaria general de la Presidencia y persona de máxima confianza del jefe de Estado, su hermano.
Mi apoyo total e incondicional a @madorni frente a tanta basura mediática. Conozco tu integridad. Eso me alcanza. Siempre con vos. pic.twitter.com/h00zZOKYH9
A partir de allí se produjo una catarata de tuits y retuits en apoyo de funcionarios. Hasta Santiago Caputo emitió el suyo. La senadora Patricia Bullrich se sumó al respaldo, aunque con un retuit de la hermanísima, al igual que lo hicieron Federico Sturzenegger y Luis Caputo.
La estrategia se coronó con el mensaje del Presidente.
“Si supieran el concepto de costo marginal tendrían claro que muchas cosas que se dicen no tienen ni el más mínimo sentido. Pero como pocos economistas lo entienden de verdad y a otros rubro no les importa (ni lo captan) entonces ensucian… ÁNIMO, Manuel Adorni”, tuiteó el Presidente en tono academicista.
Si supieran el concepto de costo marginal tendrían claro que muchas cosas que se dicen no tienen ni el más mínimo sentido. Pero como pocos economistas lo entienden de verdad y a otros rubro no les importa (ni lo captan) entonces ensucian… ÁNIMO @madorni …!!! LLA! VLLC!
Las palabras del Presidente aluden al episodio de la inclusión de Bettina Angeletti, pareja de Adorni, en la comitiva que viajó con él a Nueva York. De esa forma intenta bajar la polémica asignándole carácter de “costo marginal” a lo que pudo haber significado en término de gasto la presencia de Angeletti en el viaje.
La calificación de “basura mediática” por parte de Karina Milei, o de “burdos ataques mediaticos orquestados desde la oposición” de los que habló el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, también apuntan en esa línea, que tiene un cariz más anécdotico, aunque de fuerte carga simbólica en relación al relato libertario contra el despilfarro y los privilegios de la política.
El mensaje presidencial, en cambio, prescide de algún elemento que aluda a la cuestión del viaje a Punta del Este.
Karina habla de “basura mediática”, pero el viaje a Uruguay fue confirmado por el mismo Adorni y los detalles se respaldaron en documentación y hasta un video del embarque.
Se cae así la estrategia de la “operación” para “ensuciar”.
Tal es así que el Procurador de Investigaciones Administrativas, el fiscal anticorrupción, Sergio Rodríguez, inició una pesquisa respecto del viaje a Uruguay, pero también por la presencia de la esposa de Adorni en la comitiva presidencial.