Agro Sustentable

Misiones desactiva la prohibición del glifosato y condiciona el reemplazo a alternativas viables

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La prohibición del glifosato en Misiones está a punto de dejar de ser una obligación establecida por ley para convertirse en un objetivo condicionado al desarrollo tecnológico, autorizaciones nacionales y las exigencias de los mercados internacionales. Ese es el cambio sustancial que propone el proyecto presentado este jueves en la Cámara de Representantes, con las firmas de 18 diputados del bloque Movimiento por lo que Viene.

La iniciativa tiene apenas tres artículos, pero modifica el corazón de la política agroecológica aprobada por la Legislatura en junio de 2023. El texto deroga el artículo 7 de la impulsada por Carlos Rovira, que prohibió el uso de glifosato, sus componentes y productos afines en todo el territorio provincial, y lo reemplaza por una fórmula abierta, progresiva y sin una fecha determinada para su cumplimiento.

La nueva redacción establece que la utilización de bioinsumos será exigible en Misiones “en la medida” en que los organismos nacionales competentes o las autoridades de los países compradores de productos misioneros hayan autorizado fitosanitarios más amigables con el ambiente. Al mismo tiempo, faculta al Poder Ejecutivo provincial a fijar los plazos, las condiciones y los requisitos del proceso de transición.

El cambio jurídico es profundo: la ley dejará de contener una prohibición expresa del glifosato. Tampoco establecerá un plazo concreto para eliminarlo. La sustitución quedará supeditada a la existencia de alternativas autorizadas y validadas por el mercado.

La norma sancionada en 2023 había fijado un período de dos años para completar la transición hacia métodos productivos más amigables con el ambiente. Cumplido ese plazo, la prohibición debía entrar plenamente en vigor.

Sin embargo, antes de que esa obligación se volviera efectiva, el gobernador Hugo Passalacqua prorrogó por cinco años la posibilidad de utilizar glifosato. Posteriormente, el Decreto 1675/25 eliminó en los hechos aquella fecha límite al extender la excepción hasta que existieran productos alternativos autorizados por los organismos nacionales y los países de destino de las exportaciones.

El proyecto presentado ahora lleva ese criterio al nivel legislativo. Ya no se trata solamente de postergar por decreto la aplicación de una prohibición vigente, sino de retirar esa prohibición del cuerpo permanente de la ley.

La diferencia no es menor. Una prórroga conserva la obligación y posterga su cumplimiento. La reforma propuesta elimina la obligación categórica y la sustituye por un mandato futuro, sujeto a condiciones técnicas, regulatorias y comerciales que todavía no están plenamente satisfechas.

El artículo proyectado tampoco menciona directamente al glifosato. Habla de la exigibilidad de los bioinsumos y de la autorización de “fitosanitarios amigables con el ambiente”. Esa redacción permitirá mantener el uso del herbicida mientras no haya sustitutos adecuados para cada actividad, autorizados por el Senasa u otros organismos nacionales y aceptados por los mercados compradores.

Además, la expresión “nacional y/o” países de destino introduce un esquema potencialmente variable: la transición podrá depender no solamente del cultivo y del producto alternativo disponible, sino también del mercado al que se dirija cada producción.

El objetivo permanece, el plazo desaparece

La posición oficial intenta diferenciar la modificación normativa de una reivindicación del glifosato. El argumento central es que Misiones mantiene como horizonte estratégico una chacra orgánica y sustentable, pero reconoce que ese proceso no puede quedar atado a fechas que desconozcan las condiciones reales de la producción.

“El horizonte estratégico se mantiene firme: la chacra misionera avanza de manera decidida hacia un modelo orgánico y sustentable, donde la eliminación progresiva del glifosato es una prioridad innegociable”, sostiene el Gobierno. La revisión se justifica, sin embargo, en la falta actual de alternativas biológicas que reúnan simultáneamente cuatro condiciones decisivas: que estén probadas, certificadas, sean económicamente accesibles y cuenten con homologación en los mercados nacionales e internacionales.

El Gobierno advierte que imponer una prohibición sin sustitutos viables no garantiza una producción más limpia, sino que puede llevar a los productores a utilizar el producto de manera informal, sin registro ni asistencia técnica. También plantea una consecuencia todavía más severa: bajo el texto vigente, los colonos podrían quedar formalmente impedidos de comercializar o exportar su producción aun cuando los mercados compradores admitan el uso regulado del glifosato y no reconozcan las alternativas desarrolladas localmente.

Desde esa perspectiva, la modificación “no defiende al glifosato, sino al productor”. La prioridad inmediata pasa a ser evitar que la chacra misionera cargue con una restricción que no existe en otras provincias competidoras y que podría incrementar costos, reducir rendimientos o cerrar mercados.

Una ley de vanguardia que chocó con la escala productiva

La Ley de Promoción de la Producción de Bioinsumos fue impulsada por Rovira -entre otros diputados- y aprobada en 2023 como uno de los pasos más ambiciosos del modelo ambiental misionero. La norma no se limitó al glifosato: creó un marco para investigar, desarrollar, producir, registrar, comercializar y utilizar productos biológicos naturales. Pero en la práctica, únicamente abrió las puertas a una empresa: Agro Sustentable, que le proveía bioinsumos al Gobierno para repartirlos en las chacras. En enero, Passalacqua cortó ese vínculo. 

La prohibición fue, sin embargo, su disposición más contundente y controvertida. Desde el comienzo, entidades agrarias, productores yerbateros, forestales, tabacaleros, tealeros, ganaderos y asesores técnicos advirtieron que no existía un herbicida biológico capaz de reemplazar al glifosato en todas sus funciones, con costos, disponibilidad y eficacia comparables.

La controversia se profundizó con la experiencia de Agro Sustentable, la compañía encabezada por Joaquín Basanta -socio de Augusto Marini, titular de Alegramed, otra empresa bajo la lupa- que se instaló en el Parque Industrial de Posadas y le vendió insumos a la Provincia para su distribución entre productores. La empresa quedó ligada política y comercialmente a la primera etapa de la transición promovida por la ley.

La Confederación Económica de Misiones consideró favorable la presentación del proyecto que propone derogar el artículo 7 de la Ley VIII–N.º 103. Para la entidad, la decisión resulta “lógica” y debe avanzar en la Legislatura, ya que, a tres años de la sanción de la norma, todavía no existe un reemplazo biológico que haya demostrado eficacia real bajo las condiciones productivas de Misiones.

El respaldo, sin embargo, no implica que la CEM abandone su postura original. La organización recordó que había solicitado formalmente la derogación completa de la Ley de Promoción de Bioinsumos en representación de productores, cooperativistas, empresarios pymes, asesores técnicos y dirigentes vinculados con las cadenas forestal, yerbatera, tabacalera, tealera, ganadera y citrícola, además de la agricultura familiar y el comercio. La confederación también pidió que la experiencia sea tomada como antecedente para futuras decisiones que afecten a la actividad agropecuaria, forestal y comercial. “Cuando hay miles de familias y comunidades en juego, las definiciones deben basarse en el diálogo multisectorial y las evidencias científicas; no en ideologías o intereses particulares”, sostuvo la entidad.

Biofábrica, entre los avances científicos y los tiempos del campo

El Gobierno sostiene que la revisión de la ley no implica congelar la agenda agroecológica. La estrategia se apoyará especialmente en Biofábrica Misiones y en acuerdos con universidades e institutos científicos para desarrollar insumos basados en microorganismos nativos.

Uno de los productos más avanzados es Mihoba, elaborado con cepas locales de Trichoderma asperellum. Biofábrica informó que el desarrollo obtuvo el registro del Senasa como biofertilizante y biofungicida y que se realizaron pruebas en diferentes cultivos. No obstante, su función no equivale necesariamente a la de un herbicida total: actúa principalmente como promotor del crecimiento y para el control de determinados hongos y enfermedades.

Los ensayos también revelan una diferencia práctica frente a los productos químicos. De acuerdo con la propia Biofábrica, los microorganismos necesitan varias aplicaciones para establecerse en el suelo, mientras que algunos fitosanitarios convencionales requieren una sola intervención. Esa diferencia influye sobre los costos, la logística y la adopción por parte de los productores. 

En paralelo, Biofábrica y el Instituto de Biotecnología de Misiones desarrollan un hormiguicida biológico a base del hongo nativo Beauveria bassiana. También se estudia su uso contra el ácaro rojo del té y se ensaya Mihoba para prevenir la fusariosis en ananá. Son líneas promisorias, aunque todavía se encuentran en distintas etapas de experimentación, formulación y validación a campo.

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Marcha atrás con el glifosato: el Gobierno desactiva la prohibición que enardecía a la producción

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La ley que en 2023 pretendía convertir a Misiones en la primera provincia argentina libre de glifosato está a punto de perder su artículo más disruptivo. Y también el más resistido. Tal como anticipó Economis el domingo, el borrador de la ley ya comenzó a ser analizado por diputados. El proyecto de reforma al que todavía le restan detalles por pulir, no fija una nueva fecha para la prohibición ni extiende simplemente la transición hasta 2030. El cambio es bastante más profundo: deroga el artículo 7 de la Ley VIII Nº 103 y lo reemplaza por una disposición que ya no menciona al glifosato ni ordena su eliminación.

La nueva redacción establece que la utilización de bioinsumos será exigible únicamente cuando los organismos nacionales competentes o las autoridades de los países compradores hayan autorizado el empleo de “fitosanitarios amigables con el ambiente”. El Poder Ejecutivo provincial quedará facultado para determinar los plazos, condiciones y requisitos de esa transición.

En términos prácticos, la prohibición general y automática desaparece. El reemplazo de los productos químicos deja de depender de un calendario político provincial y pasa a quedar condicionado por la validación regulatoria, sanitaria y comercial de los productos alternativos.

Es una rectificación sustancial de la política que Carlos Rovira promovió hace poco más de tres años y que el Gobierno presentó entonces como uno de los pilares de su modelo de agricultura sustentable.

El proyecto lleva las firmas de Juan José Szychowski, Sara Carolina Butvilofsky, Arabella Mariel Soler y Ángel Centeno. Los cuatro legisladores están hoy identificados como integrantes del Movimiento por lo que Viene, el espacio político referenciado en el gobernador Hugo Passalacqua.

El dato no es accesorio. No se trata de una modificación presentada por la oposición ni de uno de los proyectos que, desde 2023, intentaron revisar o derogar la restricción. La reforma surge de la nueva corriente política que lidera hoy Passalacqua.

La composición de las firmas expone así una segunda lectura: la revisión de la política de bioinsumos también forma parte de la reconfiguración de la política misionera. El espacio conducido por Passalacqua asume la responsabilidad de corregir una de las leyes emblemáticas de Rovira y, al mismo tiempo, de las más resistidas.

Qué decía la ley sancionada en 2023

La Ley VIII Nº 103 fue sancionada el 22 de junio de 2023 y publicada oficialmente en julio de ese año. Su finalidad general era establecer un marco para la investigación, el desarrollo, la producción, el registro, la comercialización y la utilización de bioinsumos.

La norma definió a los bioinsumos como productos biológicos elaborados a partir de microorganismos, macroorganismos, extractos o compuestos bioactivos destinados a la producción agropecuaria, agroalimentaria, agroindustrial y agroenergética.

También creó el Registro Provincial de Productores de Bioinsumos y habilitó al Estado a brindar incentivos financieros y asistencia técnica a las personas humanas o jurídicas inscriptas.

Pero el verdadero corazón político y productivo de la ley estaba en su artículo 7:

“Se prohíbe la utilización del glifosato, sus componentes y afines en toda la Provincia”.

La prohibición debía comenzar dos años después de la publicación oficial, como parte de una “transición progresiva” hacia métodos más amigables con el ambiente. Eso ubicaba el vencimiento original a mediados de 2025, aunque Passalacqua extendió el plazo hasta 2030. 

La sanción de la ley le abrió las puertas a Agro Sustentable, la empresa presidida por Joaquín Basanta, socio de Augusto Marini -dueño de los canales de streaming Blender y Carajo y de la aplicación AlegraMed, que también será dada de baja– que se instaló en el Parque Industrial de Posadas. Desde enero el Gobierno dejó de comprarle bioinsumos a esa empresa.

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Chau mosquito: Misiones fabrica un control biológico para frenar la transmisión del dengue

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Sin mosquito, no hay dengue. La frase parece una verdad de perogrullo, pero resulta clave para el combate a la enfermedad. Misiones tiene varios frentes de lucha abiertos, con la descacharrización permanente y la vacunación que inició antes que nadie en medio de una feroz epidemia que se extendió a buena parte del país. Ahora sumará una nueva arma letal contra el mosquito, pero a tono con las políticas de cuidado de la biodiversidad que tiene como bandera. 

Este jueves se entregará una primera tanda de insecticida Bacillus Thuringiensis Susp. Israelensis (BTI), una solución innovadora en el control biológico de poblaciones de mosquitos vectores de enfermedades como el dengue, la malaria, la fiebre amarilla y los jejenes.

El BTI, una bacteria ampliamente reconocida en programas de manejo integrado de plagas a nivel mundial y ha demostrado su eficacia en el control de mosquitos de los géneros Aedes, Culex, Anopheles y Simulium. Su capacidad para erradicar estas poblaciones de insectos transmisores de enfermedades es un paso significativo hacia la protección de la salud pública y el bienestar de las comunidades.

El producto, hecho en Misiones de la mano de la empresa Agrosustentable, será distribuido entre 20 municipios, en un acto que será encabezado por el jefe de Gabinete, Héctor Llera, en el Parque Industrial. 

Se trata de un producto biodegradable de rápida acción y altamente selectivo, que no afecta a otros insectos, ni a la flora y fauna y tampoco genera resistencia.

El BTI mata las larvas de los mosquitos en el estadio inicial de su ciclo de vida. El ingrediente activo es ingerido como alimento por la larva del mosquito que se encuentra en el medio acuático.

Una vez que las esporas y los cristales llegan al intestino de la larva, gracias al pH y a la acción enzimática de este medio, la toxina se vuelve activa, lo que produce su parálisis intestinal. Debido a este proceso, la larva deja de comer y muere antes de llegar al estado adulto.

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Oda a un Estado inteligente

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El concepto de la sustentabilidad ha penetrado en todas las sociedades del mundo y de un modo tajante en nuestra provincia. Pensar un futuro sin respeto por el ambiente es tener una visión cortoplacista y de simple contexto. Equilibrar o balancear el progreso con el desarrollo es el desafío que tenemos en cada momento previo a tomar una decisión, desde lo más simple como cambiar un foco, a lo más complejo como instalar una industria. Y ese equilibro, necesariamente, tiene que estar dotado de conocimiento.

Desde Misiones mostramos al mundo que hay un pequeño territorio apto, no sólo de la belleza que nos da la naturaleza, sino de un Estado inteligente que tiene una profunda visión sobre el progreso de nuestra comunidad en sinergia absoluta entre lo público con lo privado, generando alternativas innovadoras que, como lo expresó Carlos Rovira, “aceleran procesos”.

Esos procesos, no pueden ser corrientes o ampliados sin acompañamiento de un gobierno que se encuentra en la búsqueda permanente de nuevos espacios que doten a los productores, empresas o industrias de nuestra propia inteligencia. La articulación entre una educación disruptiva y las metodologías innovadoras para el trabajo no hace más que conceder seguridad y conocimiento para aplicarse en la cotidianeidad, en la rutina. En ese sentido, las bases de todas estas políticas trazadas por una economía ordenada yacen desde un Estado sólido que le otorga valor al que emprende.

Somos una provincia minifundista por excelencia con chacras donde viven personas con una diversidad productiva importante que se sienten acompañados por el gobierno que nos cuida y nos da oportunidades para poder desarrollarnos. Más allá de la contención, hay una apuesta al marco tecnológico que permite ser un modelo agro sustentable de vanguardia, y no se trata de un deseo, sino de una realidad que está motivado por un cambio cultural que no se anima a dar el mundo.

Los pasos que venimos dando como proyecto político, están lejos de ser decisiones espasmódicas y caprichosas, sino que son piezas que se van encastrando para fortalecer a una provincia que es observada en todo el país por la jerarquía del conocimiento aplicado. La configuración de un nuevo mundo estimula el pensamiento, los avances tecnológicos impulsan al desarrollo humano en convivencia con estas nuevas herramientas, y condicionan a sociedades pétreas.

Nuestra tarea es comprender la dinámica del mundo y actuar en función de las nuevas demandas con las reservas absolutas de la identidad misionera. Esto es presente y lo estamos viviendo día a día en nuestra tierra colorada con un gobierno que significa a la inteligencia para conducir al Estado.

*Ministro del Agro y la Producción de Misiones, dirigente del Frente Renovador

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México ratificó la prohibición del glifosato

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El Gobierno de México, a cargo de Andrés Manuel López Obrador, ratificó una medida histórica para la región: la prohibición de maíz genéticamente modificado para la alimentación humana y, también, el uso del herbicida glifosato, con fecha límite en el 2024. El decreto, publicado el 13 de febrero, se trata de una modificación del publicado en diciembre de 2020 para extender las fechas de prohibición y limitar los alcances al consumo humano pero no a la importación de maíz para forraje u otros usos industriales. Estos cambios tiene un motivo de fondo: las presiones de Estados Unidos —productor y exportador del maíz y del paquete de agroquímico y semilla— y de las multinacionales del agronegocio a través de mecanismos incorporados en el Tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

El decreto cita la Constitución mexicana para reconocer la obligación del Estado de cumplir con “derecho humano a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad” y  “a la protección de la salud y a un medio ambiente sano para el desarrollo y bienestar de las personas”, en un país que se autoabastece de maíz blanco para el consumo humano. Además, respecto de la prohibición del uso de glifosato y los agroquímicos que lo tengan entre sus activos en 2024, el decreto cita las investigaciones científicas que “han alertado que el glifosato tiene efectos nocivos en la salud, el medioambiente y la biodiversidad” y cómo el agroquímico “ha sido identificado como probable carcinogénico en humanos por la Agencia Internacional de Investigación de Cáncer (IARC-OMS)”. 

A pesar de los argumentos, el decreto fue publicado horas antes de que venciera el plazo impuesto por Estados Unidos para que México “explique las bases científicas de las prohibiciones contra el maíz transgénico y el glifosato”, desconociendo las investigaciones existentes e incluso fallos judiciales en suelo estadounidense, bajo amenaza de dirimir el tema en el panel de violaciones al T-MEC. 

La secretaria de Economía de México, Raquel Buenrostro, explicó que el objetivo del nuevo decreto, que sustituye al de 2020, es “eliminar cualquier posible imprecisión del texto predecesor, el cual se prestó a interpretaciones diversas”, o sea, “que lo único que no se podrá comprar al extranjero es maíz genéticamente modificado que tenga como destino final el consumo humano”. Estados Unidos también logró extender la fecha de la entrada en vigencia de la prohibición de la aplicación de glifosato: el decreto anterior ponía el límite en enero de 2024, cuando finaliza el mandato de López Obrador. Ahora, será en marzo de 2024, cuando ya podría haber un gobierno alineado a otros intereses.

Prohíbe México maíz transgénico en consumo humano
Foto: Nicolas Pousthomis / Tierra Viva

Las modificaciones y el lobby de las transnacionales para mantener el maíz transgénico en México

¿Cómo se ajustaron esas “imprecisiones” en el nuevo decreto? Por un lado, precisa que “regula el uso del glifosato y de las semillas y grano de maíz genéticamente modificado, no así de otros agroquímicos, granos o plantas”. En tanto, incorpora el criterio de “autosuficiencia” para hacer más laxos los plazos del fin de las importaciones de maíz transgénico y sostiene que la prohibición será, en lo inmediato, para “la alimentación humana, que es la que se realiza en el sector conocido como de la masa y la tortilla (…) sin que ello implique que no se otorguen autorizaciones para el uso del maíz genéticamente modificado para alimentación animal o uso industrial”. 

Las negociaciones por parte de Estados Unidos para flexibilizar el decreto llevaron a reuniones entre el secretario de Agricultura de Estados Unidos, Tom Vilsack, y el propio López Obrador, en las que se barajó estirar la fecha de prohibición a 2025. Es que, según cifras oficiales, el negocio de la exportación de maíz transgénico ronda los 5000 millones de dólares para las empresas transnacionales.  

De esta manera, con el decreto en vigencia, México podrá seguir importando maíz transgénico desde Estados Unidos para forraje, pero no para la elaboración de productos comestibles como hojuelas de maíz, fructosa y aceites, entre otros. Además, la canola, la soja, el algodón y el resto de las materias primas del modelo transgénico quedan fuera de la regulación.

En cuanto al uso de glifosato el decreto, si bien extendió hasta marzo la fecha límite para su prohibición, ratifica en su artículo 4 el objetivo que “la Administración Pública Federal, de conformidad con la normativa aplicable, revocarán y se abstendrán de otorgar autorizaciones y permisos para la importación, producción, distribución y uso de glifosato”. Con eso objetivo, en el artículo 5 propone que hasta marzo de 2024, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología coordinará, articulará, promoverá y apoyará las investigaciones científicas, desarrollos tecnológicos e innovaciones que le permitan “sustentar y proponer alternativas y prácticas agroecológicas y saludables que permitan prescindir del glifosato”.

Incluso, en los considerandos del decreto, se menciona que ya se encuentran en desarrollo 5 herbicidas agroecológicos de manufactura mexicana, a cargo de empresas y universidades públicas; y que existen otros siete en el mercado mundial.

En una reciente columna, Fernando Bejarano, director de la Red de Acción en Plaguicidas y Alternativas en México (Rapam), detalló cómo la representante de Syngenta en Estados Unidos, Mary Kay Thatcher, lideró las reuniones con productores en Iowa –estado maicero– para aumentar la presión sobre el presidente estadounidense, Joe Biden, para que “vaya con el presidente de México y le diga: ‘esto tiene que terminar’”. El temor de las empresas del agronegocio es que la prohibición siente precedente que luego avance sobre la soja transgénica, algo que el reciente decreto de López Obrador aclaró que no sucederá por el momento.  

Prohíbe México maíz transgénico en consumo humano
Foto: Sebastián Granata / Télam

Bejarano precisó que fueron dos senadores republicanos de Iowa los que pidieron la creación de un panel de “solución de controversias” por violaciones al T-MEC (sobre la base de un estudio que señalaba las pérdidas económicas que implicaría dejar de exportar maíz transgénico a México). El estudio fue financiado por las empresas del agronegocio en Estados Unidos y México, entre ellas Croplife América, que reúne a las empresas Bayer-Monsanto, Corteva, Grupo Syngenta y BASF, las cuales juntas controlan el 62 por ciento del mercado de plaguicidas en el mundo.

Bejarano también anticipó el peligro que implicaba sostener la importación de maíz transgénico para forraje: “El maíz amarillo importado se destina principalmente para la engorda del ganado que se exporta y para la agroindustria. Pero nada garantiza que si continúa esta importación no se mezcle con el maíz blanco de las tortillas o se use en alimentos procesados y termine con residuos de glifosato, como se demostró un estudio de la Universidad de México (UNAM) en 2017”. Y agregó: “Hay que considerar además que las tolerancias de residuos de glifosato en granos para el ganado en Estados Unidos pueden ser hasta 100 veces mayores que las autorizadas para consumo humano”. 

“Sin Maíz No Hay País”

A pesar de las presiones y limitaciones, la decisión tomada en 2020 por el gobierno de López Obrador tuvo ya impactos positivos. Según precisa el decreto, el país ya avanzó en el objetivo “la sustitución gradual del glifosato con alternativas que permitan mantener la producción y resulten seguras para la salud humana, la diversidad biocultural del país y el ambiente”. Entre 2021 y 2022, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología redujo un 50 por ciento la recomendación de importación de glifosato, mientras que “programas de Producción para el Bienestar y Sembrando Vida han mostrado avances significativos en la transición agroecológica, así como en la difusión y escalamiento del uso de bioinsumos y alternativas agroecológicas con experiencias exitosas en todo el país para diversos cultivos”.   

Se presentó en sociedad la fábrica de bioinsumos Agro Sustentable, clave para sustituir agrotóxicos

Estos cambios son impulsados desde hace veinte años por la Campaña Sin Maíz no hay País, que reúne a un amplio colectivo de organizaciones en defensa del maíz nativo. Tras la publicación del nuevo decreto el colectivo se pronunció con un análisis de ambos textos. En principio valoró cuatro ejes centrales que se mantuvieron a pesar de algunos cambios: 

  • La restricción que impide al gobierno federal adquirir maíz genéticamente modificado y glifosato. 
  • La fecha para dejar de importar glifosato y sustituirlo por alternativas agroecológicas, de enero a marzo de 2024. 
  • La prohibición de liberar (sembrar) maíz genéticamente modificado.
  • La prohibición de utilizar maíz genéticamente modificado en la alimentación humana en el sector de la masa y la tortilla.

Marcados estos puntos positivos, la Campaña Sin Maíz no hay País advirtió sobre “resquicios que obligan a las organizaciones y a la ciudadanía en su conjunto, a participar de forma decidida para lograr leyes con sus respectivos reglamentos”. En ese sentido, el colectivo marcó como primer punto que el cumplimiento debe estar cruzado por el cumplimiento del “principio precautorio” para prevenir daños graves o irreversibles en la práctica del cultivo del maíz, que México domesticó “hace más de 7000 años y que nuestro país es centro de origen y diversificación permanente”.

Respecto de la “evidencia científica” exigida por Estados Unidos bajo amenaza de llevar a México ante un panel de controversias del T-MEC, la Campaña valoró las citas a las investigaciones internacionales que se mencionan en el decreto y agregó que la Cibiogem, organismo dependiente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt),  “ha publicado un amplio expediente al respecto. Sin embargo, ni el gobierno estadounidense ni las empresas consideran válidos estos estudios. Nos quieren llevar a un callejón sin salida”. 

Foto: Gerónimo Molina / Subcoop

El documento del colectivo de organizaciones también mostró preocupación por la “trazabilidad” del maíz transgénico que continuará importándose para forraje y otros usos industriales debido a que el nuevo decreto señala que “será responsabilidad de quien lo utilice”, por lo que cita los estudios de la UNAM y la Asociación de Consumidores Orgánicos que  han encontrado glifosato y transgénicos en alimentos para consumo humano. “Es indispensable establecer  controles a partir de leyes y reglamentos que incluyan sanciones”, exigen desde la campaña y proponen avanzar en una ley de etiquetado de los productos que contengan transgénicos, que ya funciona en países de la Unión Europea.

En ese mismo sentido, advierten como el criterio de “autosuficiencia” del abastecimiento del maíz para el forraje y el uso industrial puede terminar siendo un condicionante y exigen “políticas públicas congruentes y transversales con su respectivo presupuesto, que garanticen que en un plazo perentorio habrá autosuficiencia permanente de maíz no transgénico para la cadena alimenticia”.

“La actual polémica entre México y Estados Unidos evidencia lo que la Campaña Sin Maíz no hay País ha planteado durante años: el maíz en México y en Estados Unidos corresponde a dos realidades distintas e incompatibles. En México el maíz es el principal alimento y tiene connotaciones culturales que son base de la identidad de millones de personas. En Estados Unidos, en cambio, el maíz es una mercancía y un insumo para forraje, para elaborar productos ultraprocesados, y para generar agrocombustibles”, sostiene el documento de la Campaña y recomienda al gobierno mexicano hacer valer las cláusulas de soberanía nacional que están presentes en el tratado T-MEC, particularmente en torno a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). 

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