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Argentina ganó la Copa América bursátil 2017

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El Centro de Investigación en Finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella presentó los resultados de la Copa América Bursátil, su índice de desempeño bursátil relativo. La Copa América Bursátil compara los rendimientos propios de los índices bursátiles nacionales de los principales países de América Latina. El rendimiento propio se define como la diferencia entre el rendimiento total del índice nacional y el rendimiento de un índice mundial de referencia (o benchmark) específico para cada país. Gana el torneo aquel país que tuvo el máximo rendimiento propio, le sigue el segundo y así sucesivamente.
En 2017, Argentina se ubica primera, con un rendimiento propio de 35,6%, seguida por Chile con 10,7% y Perú con 5,1%. En estos tres países, se observa la mayor mejora en la valorización propia de sus empresas durante 2017, comparado con el resto de la región.
Juan José Cruces, Director del Centro de Investigación en Finanzas de la UTDT e Investigador a cargo de la CAB, detalló que “la Copa América Bursátil, que busca estimar los cambios en las expectativas de los inversores en el corto, mediano y largo plazo, ubica a Argentina en primer lugar en 2017, con un rendimiento propio de 35,6%. Por su parte, Chile obtuvo el segundo lugar con un rendimiento propio de 10,7%, mientras que Perú se ubicó tercero con 5,1%.”
“El índice argentino rindió 35,6 por arriba de su índice de referencia mundial, a diferencia de lo ocurrido en 2016, cuando fue 11,8% inferior a este. De esta manera, Argentina pasa de terminar en la última posición en 2016 a liderar la región en 2017”, explicó.
Cruces agregó que “a nivel regional, el retorno real promedio de los países analizados (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú) fue de 23,2%, en comparación con el        18,5% para el promedio de sus índices mundiales de referencia. Esto quiere decir que la región ha tenido un desempeño superior al del resto del mundo. El año 2017 ha sido un año con un leve viento de cola regional y mundial: las empresas latinoamericanas subieron 4,8% más que sus similares del resto del mundo, y las del resto del mundo subieron un 18,5%”.
La Copa América Bursátil de un año en particular es una medida del cambio en el valor propio de las empresas ocurrido desde el final del año anterior. Su principal componente es el cambio en las expectativas de los inversores ocurrido dentro del año. Valores positivos indican una mejora y valores negativos indican un empeoramiento de las expectativas en ese lapso. Sus resultados no deben interpretarse como el valor absoluto de las expectativas ni como un estimador del desempeño económico presente de los países analizados.
 
Motivación de la Copa América Bursátil
La inversión es un componente crucial de la demanda agregada y es el principal determinante de la volatilidad del ciclo económico. Por lo tanto, medir correctamente la evolución de las expectativas de los inversores es de gran interés. Una aproximación a dicha evolución son los cambios en los precios de las acciones que cotizan en bolsa –es decir, los rendimientos accionarios. Pero una comparación directa de los rendimientos de los índices bursátiles nacionales enfrenta tres problemas: los mercados latinoamericanos son pequeños, las empresas cotizantes representan una gran concentración por industria y son muy sensibles a shocks externos y de los términos del intercambio.
La Copa América Bursátil aspira a computar fielmente los cambios en las expectativas de los inversores sobre un país, purgando los rendimientos accionarios del efecto de estas otras fuentes.
Si bien el índice se incorporó a los índices del Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Universidad Torcuato di Tella a partir de 2015, el mismo se produce en tiempo real desde 2012 (ver www.utdt.edu/copaamericabursatil). A su vez, para una mejor comprensión del desempeño de la Copa en distintos contextos históricos, la misma fue computada retroactivamente para cada año desde 1987. La serie completa está disponible en www.utdt.edu/cif  -> Índices -> Copa América Bursátil -> Serie histórica.

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Querido Señor Homebanking

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Los años 2016 y 2017 fueron muy generosos en materia de rendimiento financiero. Sobre todo, el que acaba de terminar. En tiempos de tipo de cambio amesetado, diversos instrumentos ofrecieron enormes utilidades para el argentino y la argentina de a pie.
La clase media con resto, tradicional acopiadora de dólares y persistente en su anhelo de ladrillos para protegerse de la inestabilidad macro, ahora aprendió las ventajas de la renta fija por encima de la inflación. Las personas anotaron en su Google Calendar las fechas importantes: los partidos de las eliminatorias, los estrenos de la serie, las licitaciones de las LEBACs. Otros clasemedieros, con apreciación geopolítica, compraron euros: Europa no estalló, la cosa comenzaba a encaminarse, la moneda común se iba a apreciar. Hicieron bien, y el procés catalán lo vieron tranquilos y de lejos, porque sus billetes de 100€ seguían firmes en el cajón con llave (el nuevo “colchón”). Viva Macron.
100 euro banknotes in hand close up
Las publicidades de la banca minorista reemplazaron los puntos, las cuotas y los descuentos característicos del “modelo anterior” basado en el consumo por el “atleta de las tres pe eme”. El personaje de estos años fue el titular de una caja de ahorro que sabía de qué iba un súperfondo de renta variable, y que entraba cada tanto al Homebanking para controlar sus tenencias. Para ese pueblo soberano de las tres pe eme los mejores bancos no son los más sólidos y prestigiosos, ni aquellos que tienen más sucursales o mejor atención interpersonal; los mejores son los del Homebanking más completo y amigable. Es decir, los que permiten más opciones -y uso sencillo- para invertir los pesos del colchón virtual. Ya lo dicen los estudios de mercado bancario: no pierda tiempo en otras cosas, ponga la energía y los recursos en mejorar la usabilidad del Homebanking. La melodía de Hamelin de los tiempos que corren.
Ese pueblo soberano de las tres pe eme (que en rigor, ahora tiene horario extendido, gracias a que le hicieron caso al estudio de mercado) hoy está preocupado. Para Reyes, le escribió una carta al Señor Homebanking -de existencia más tangible que Melchor, Gaspar y Baltasar, o al menos eso queremos creer- para pedir certidumbre. Los movimientos en el tipo de cambio de fin de año le inocularon la duda: ¿no habrá llegado la hora de salirse de esos instrumentos que, después de todo, tanto no conozco, para refugiarse en el viejo y conocido billete verde? Los argentinos tienen arbolitos, los contadores más rápidos del oeste y otras peculiaridades monetarias, pero a pesar de ello siguen siendo bastante neofitos en materia financiera. El enfriamiento de la relación con el Señor Homebanking puede ser casi tan riesgoso como el impacto inflacionario de la devaluación.
El pueblo soberano de las tres pe eme, intuitivamente cambiemita -así como antes fueron menemistas y kirchneristas los votantes cuota del consumismo, por cierto más numerosos- tiene como principal fundamento a la política. Puede constatar cómo sus tenencias se acrecientan, y como Cambiemos gana elecciones y sigue haciendo gestos de autoridad. Pero necesita más para sentir que el Señor Homebanking seguirá proveyendo. Lo que está faltando en las pestañas del Homebanking es el crédito. Hay algo más que el cero de antes, sí. Pero esa proliferación de pequeños créditos para seguir refinanciando da más inquietud que tranquilidad. ¿Cuándo van a llegar los créditos largos y grandes, a tasa baja, para comprar los bienes intertemporales? Esos créditos, más que el Homebanking, son los que producen electorados liberales a través de las generaciones. Como en Chile.
Sin ese crédito ni las grandes inversiones nacidas de la competitividad estructural, el pueblo soberano se mantiene allí, conformándose con otras esperanzas de corto. La política sigue funcionando y las iniciativas del Ejecutivo prosperan en el Congreso: el gobierno no se queda sin aire. Se vienen aumentos tarifarios y las empresas de servicios volverán a rendir. El Merval se sostiene sobre un conjunto pequeño pero sólido de empresas locales con valor y cierto margen para seguir creciendo. 2018 no pinta como el año anterior, pero ese pueblo soberano se acostumbró a esa dinámica confortable y está dispuesto a seguir creyendo. Se queda. Pero son argentinos y tienen memoria plástica de las corridas de antaño. Se quedan, Señor Homebanking, pero con el dedo en el gatillo del botón de salida. Deseo para este año que comienza, Señor Homebanking, muchas buenas razones para seguir creyendo en sus trineos y sus camellos por un (buen) tiempo más.

 
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El 95% de subsidios en transporte va a Buenos Aires

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Los avances en la normalización de tarifas y la modernización del esquema tarifario organizándolo en formato de red de transporte van en el sentido correcto. Pero no son las autoridades nacionales las que deben tomar estas decisiones y menos financiarlas. Es hora que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires, por el conurbano, asuman sus competencias. 
El Ministerio de Transporte de la Nación anunció los incrementos programados para el año 2018 en colectivos, trenes y subtes de la región metropolitana. En el caso de los colectivos, la tarifa básica pasará gradualmente de $6 a $10 en junio. En los trenes pasará de $4 a $6,75 y en algunas líneas el incremento será de $2 a $3,25. El subte lo hará de $7 a $12,50.
Una innovación que se introduce en el diseño tarifario es la articulación de los tres tipos de transporte en un mismo instrumento de pago (la tarjeta SUBE). Esto permitirá que una persona que use colectivos, trenes y subtes dentro de las 2 horas que tome el primer medio de transporte tenga descuentos del 50% en el segundo viaje y del 75% en los viajes subsiguientes hasta 5 viajes. Este es un esquema muy utilizado en los países avanzados donde la finalidad es incentivar el uso del sistema público de transporte por encima de la movilidad en vehículos particulares.
Las medidas, además de mejorar los servicios, ayudan a reducir los subsidios económicos y, con ello, contribuir al equilibrio fiscal. De todas formas, no resuelve un tema institucional central que es el de las competencias. Según datos de ASAP a noviembre del 2017 los subsidios al transporte que financia la Nación ascendieron a $70 mil millones de los cuales:
  • Unos $37 mil millones fueron a pasajes de colectivos fundamentalmente de la región metropolitana.
  • Otros $29 mil millones fueron a trenes de la región metropolitana.
  • Esto significa que el 95% de los subsidios nacionales van a la región metropolitana.
Estos datos muestran la enorme magnitud de recursos nacionales usados en beneficio del área metropolitana y explican el hecho de que las tarifas en Buenos Aires sean sustancialmente más bajas que en el resto del país, aun considerando los aumentos anunciados. Se trata de una irritante discriminación contra los más de 2.000 centros urbanos que tiene la Argentina. Por eso, si bien los anuncios van en el sentido correcto cabe advertir que quién debe tomar estas decisiones, financiarlas, ejecutarlas, monitorearlas y perfeccionarlas son las autoridades locales y no el gobierno nacional. 
La distorsión es una herencia de la transferencia inconclusa de los servicios luego de la creación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) en el año 1996. Como ocurre en el resto del país, donde los servicios públicos son responsabilidad de los gobiernos sub-nacionales, debería CABA en coordinación con la Provincia de Buenos Aires asumir enteramente el financiamiento, la regulación y la gestión del transporte en la región metropolitana. Sólo a modo de ejemplo, CABA y la Provincia de Buenos Aires podrían constituir un consorcio como es el “Metro” de Washington donde el Distrito de Columbia y los estados de Virginia y Maryland conforman un consorcio llamado “Autoridad de Transporte del Área Metropolitana de Washington” para planificar, financiar, desarrollar y operar la red de transporte de la capital de Estados Unidos. Esto es lo que evita que el presidente de Estados Unidos tenga que ocuparse de los temas del transporte urbano de Washington.   
Concluir con la transferencia de todos los servicios públicos de la región metropolitana es una reforma institucional de alta trascendencia. Por un lado, libera al Ministerio de Transporte de la Nación de tareas de “intendente”. No es una cuestiona menor cuando el desarrollo del país necesita con urgencia construir autovías en las rutas nacionales, modernizar las hidrovías, mejorar la eficiencia de los puertos, revitalizar el transporte ferroviario de carga y desarrollar una densa red de vuelos de bajo costo que una los diferentes destinos del país sin tener que hacer escala en Buenos Aires. Por otro lado, disminuye los riesgos y las tentaciones de que futuros gobiernos hagan demagogia en beneficio de la región metropolitana usando fondos y funcionarios nacionales, como ocurrió en la gestión pasada.   
El Consenso Fiscal corrigió la discriminación que sufría la Provincia de Buenos Aires como consecuencia de la no actualización del tope en el Fondo del Conurbano. Pero para que esto no derive en una injustica contra el resto del país es fundamental que la Provincia de Buenos Aires y CABA se hagan cargo de los servicios públicos del área metropolitana. 
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Más preocupación por el crecimiento que por la inflación

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El cambio de las metas de inflación anunciado a fin de 2017, que implica relajar el objetivo de 10 a 15 por ciento anual para 2018, es un nuevo episodio de “prueba y error” de un gobierno que recibió una pesada herencia, pero que también mostró falencias por asumir con un plan incompleto y sin el suficiente ensamblaje. Los frecuentes recambios ministeriales forman parte de este cuadro; también en su momento el replanteo de las metas fiscales. Obviamente, estos vaivenes afectan la credibilidad, pero sin alcanzar a opacar los avances de gobernabilidad del último período, con el Pacto Fiscal como hito. En realidad, en esta fase, más relevante que dar en el blanco en materia de inflación es cumplir con la reducción del déficit fiscal, para que el recorrido de la deuda pública se haga sustentable.

 
Tal como venía el mix de política económica, las elevadas tasas reales de interés comenzaban a amenazar la evolución del nivel de actividad, con lo que podría haberse afectado la recaudación impositiva, complicando la meta de un déficit primario en 3,2 puntos del PIB para este año. En la práctica, los anuncios de fin de año significan que la tasa real de interés será al menos tres puntos porcentuales inferior a la que se perfilaba hasta diciembre, y que el tipo de cambio puede estabilizarse en un valor algo superior al de pocas semanas atrás. Este nuevo mix no es bueno para mantener acotadas las expectativas de inflación, que de hecho se corrigieron al alza, de 16,6 % a 17,4 % para este 2018, pero parece diseñado para evitar que el ritmo de crecimiento del PIB perfore el piso del 2 % anual, un riesgo sobre el que alertaron los últimos datos (desestacionalizados) del EMAE. El momento del anuncio tiene que ver con una mayor firmeza del ancla fiscal, luego de las reformas aprobadas por el Congreso, particularmente la vinculada con el sistema previsional, que acota la variación del gasto primario a partir de 2018. 
La economía argentina cerró el 2017 con un cuadro monetario paradójico. Por un lado, la tasa de interés de corto plazo en un pico, 11 puntos porcentuales por encima de la inflación, por el otro, un verdadero boom crediticio, con una expansión del 44 % interanual. Las extraordinarias condiciones de liquidez del sistema financiero del arranque de 2017 hicieron que los bancos se despreocuparan de la captación de depósitos, que aumentaron a la mitad del ritmo de los préstamos. Pero este desfase no puede extrapolarse a 2018: o bien los bancos salen a tomar ahorros más agresivamente, o bien la oferta de créditos comienza a frenarse. Por una vía o por la otra, la contribución del crédito al crecimiento está destinada a ser bastante más débil que en 2017, un año en el que el stock de préstamos al sector privado trepó nada menos que 2 puntos del PIB. Con las tasas reales de interés vigentes antes de la modificación de las metas de inflación, este cambio de ritmo habría sido más notorio.

La preocupación por sostener el crecimiento deviene también de la floja performance de las exportaciones y de una recuperación de la inversión que está ocurriendo a un ritmo moderado.
En lo que hace a las ventas al exterior, este año el complejo agroindustrial apenas si podría repetir la marca de la campaña anterior, con exportaciones por 26 mil millones de dólares, aunque con mayor riesgo climático (La Niña), mientras que el resto de sectores, incluidos servicios como el turístico, vienen lidiando con un tipo de cambio real que limita la capacidad de competir con oferentes de otras partes del mundo.
Aunque el relajamiento de la política monetaria pueda llevar el tipo de cambio a un andarivel superior, hay que ver qué ocurre con los costos internos y las negociaciones salariales. A propósito, aunque la modificación de las metas introduzca mayor incertidumbre, también es cierto que si se afianza la posibilidad de un crecimiento por encima de 2,5 % anual para este año, esto puede facilitar paritarias que incluyan un componente de productividad. Es decir, sin sacrificar poder adquisitivo, los salarios pueden ayudar a anclar las expectativas de inflación, siempre que exista consenso alrededor de la expansión del PIB.
La expectativa de un crecimiento sin interrupciones es clave también para la trayectoria de la inversión, que ha reaccionado pero está lejos de ser satisfactoria: desde 2015, la tasa de inversión aumentó 0,4 puntos porcentuales (de 19,4% a 19,8 % del PIB), pero el déficit de cuenta corriente del Balance de Pagos pasó de 2,3 % a 4,5 % del PIB en igual período. Es decir, sólo un quinto del mayor uso de financiamiento externo se destinó a la formación de capital.
El origen del problema es la falta de ahorro nacional, por el elevado déficit fiscal. Es por eso que el Banco Central no puede hacer milagros en la lucha contra la inflación.

En 2017 la expansión monetaria fue de 610 mil millones de pesos, pero menos de una cuarta parte fueron transferencias directas del Central al Tesoro y el grueso (44 %) se explica por la compra de 16 mil millones de dólares originados en el endeudamiento externo. Hasta que no se reduzca el rojo fiscal, las opciones serán poco atractivas: si el Central dejara de adquirir esos dólares, el tipo de cambio se hundiría, afectando a los exportadores, y si la nueva deuda se tomara en el mercado local, se truncaría el crédito al sector privado. Y replicar el último año es volver a aumentar el stock de pases y Lebacs en nada menos que 415 mil millones de pesos, una movida costosa para absorber los excesos de liquidez, pero que, aún así, no impidió que la base monetaria se expandiera un 30% promedio en 2017.
Con tantos flancos abiertos, es imposible funcionar con piloto automático y es inevitable que, cada tanto, algún escollo obligue a recalcular la trayectoria. En ese momento, conviene no olvidar la jerarquía de las restricciones a superar.
 

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Exclusivo: la recaudación provincial creció 29% en 2017 a casi $10.000 millones y confirma un repunte económico

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La recaudación de la Dirección General de Rentas aumentó en el 2017 un 29,06% a 9.950 millones de pesos, según cifras a las que accedió en exclusiva Economis.
El incremento en la recaudación, que supera a la inflación del año pasado en unos 5 puntos (falta el dato oficial de diciembre), confirma también un repunte de la castigada economía de la provincia, que venía de un 2016 recesivo.
No se trata de una reactivación vigorosa, hay que decirlo, sino más bien un rebote. En cualquier caso, queda claro que las cosas al menos han dejado de empeorar en el plano económico. Incluso, es una recuperación económica que no alcanza a sentirse en donde más se necesita: la recuperación del empleo (ver “No se recupera…”).
Con todo, es la gran noticia económica del año para una provincia castigada con las asimetrías, la inflación, el ajuste de tarifas y la fuerte caída en la obra pública, solo por citar algunos de los fenómenos que aquejan a los misioneros en el día a día.
La recaudación de la DGR es una rueda fundamental del financiamiento del Estado provincial. Aproximadamente 3 de cada 10 pesos que le ingresan al Tesoro los aporta la recaudación del organismo conducido por Miguel Arturo Thomas. Otros 6 vienen en concepto de Coparticipación. Las transferencias por Coparticipación, como también se ha venido contando mes a mes en este diario, han crecido por encima de la inflación durante 10 meses seguidos desde marzo último.
Los crecimientos de la recaudación propia de Misiones y de lo que recibe por “Copa” son, sin dudas, los dos grandes datos económicos de un año en donde, si bien se salió de la recesión, tampoco hubo grandes cosas para festejar.
La performance de la DGR estuvo en línea con lo hecho por la AFIP en todo el país. La semana pasada, Alberto Abad anunció que la recaudación nacional de todo el 2017 se incrementó en 29,2% -casi idéntico número al de la DGR- a un total de 2,6 billones de pesos (millones de millones).
“Confirma un repunte económico”, señaló Abad en la conferencia de prensa en la que informó los datos de la recaudación.
Los sabuesos de la provincia
La DGR misionera –que a veces es una “pesadilla” para empresarios y otros contribuyentes- es una de las más eficientes del país. Misiones es la octava provincia que más recauda con su fisco provincial en la Argentina.
De los $9.950 millones que percibió la DGR el año pasado, el grueso estuvo explicado por Ingresos Brutos. Un 90,56% del total percibido fue por IIBB. En tanto, el impuesto a los sellos explicó otro 6,17%. El impuesto inmobiliario, por otra parte, fue responsable del 1,70% de lo recaudado.
Estos datos también sirven para ilustrar el “golpe” que significan para Misiones las modificaciones en Ingresos Brutos que se han puesto en vigor este año y que seguirán en los siguientes hasta ir bajando la importancia de este tributo tanto en Misiones como en el resto de las jurisdicciones. Todo esto, como se sabe, a partir de la adhesión de la provincia al Pacto Fiscal, que ha mandado a todas las jurisdicciones a disminuir la presión impositiva en este gravamen.
Para provincias poco eficientes en la recaudación, el impacto no será tan importante. Pero para una provincia como Misiones que tiene en la DGR una verdadera máquina de recaudar, el golpe a sus finanzas será significativo. Rentas de Misiones recauda casi tanto como Corrientes y Chaco juntas.
En la DGR estiman que entre $1.500 y $1.700 millones se perderán este año por las modificaciones en las alícuotas que impuso la puesta en vigor el nuevo Pacto Fiscal entre Nación y provincias.
La DGR había recaudado en 2016 unos $7.709,68 millones, con un incremento de 25,7% que en ese año no alcanzó para “empatarle” a la inflación. En tanto, en el 2015, la DGR había recaudado $6.133,4 millones, lo cual representó un 44,7% de crecimiento con respecto al año 2014.
Hay que tener en cuenta, más allá de los incrementos porcentuales, que el 2015 y el 2016 fueron años donde la inflación real –el INDEC aún no estaba normalizado- superó ampliamente el 30% e incluso rondó el 40% en el 2016.
La fuerte recaudación de Rentas de Misiones es también necesaria por la baja alícuota de Coparticipación que recibe la provincia, que está por debajo de Corrientes, Chaco y Formosa, aun cuando es la que más población tiene de sus pares del NEA.
Sin dudas, ahora que Buenos Aires obtuvo su reparación histórica con el Pacto Fiscal, Misiones aparece como una de las provincias más injustamente tratadas en el mapa del reparto de los recursos. Una reparación que solo se puede lograr con la sanción de una nueva ley de Coparticipación cuya discusión, el Gobierno Nacional pateó para el 2019. Hoy parece muy difícil que Mauricio Macri logre durante lo que le queda de mandato esta nueva Coparticipación, donde Misiones tiene todo para ganar. Pero mientras no se discuta, es una de las que más pierde.

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