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Menos presión sobre reservas: el FMI da aire al BCRA hasta 2027

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Según un análisis de Ecolatina el Fondo Monetario Internacional aprobó una significativa modificación en los objetivos de acumulación de reservas del Banco Central para los próximos años, reduciendo en USD 5.000 millones la meta 2025 y en USD 2.000 millones la de 2026, con traslado de esas exigencias a 2027. La decisión se da en un contexto de alivio cambiario, con el dólar oficial interrumpiendo su tendencia alcista y encadenando seis ruedas a la baja, cerrando la semana en $1.326, un 2,8% menos que el viernes anterior.

Queda atrás una semana de relativo alivio en el plano cambiario-monetario. El dólar oficial detuvo la racha alcista que venía exhibiendo desde mediados de junio e hilvanó seis ruedas consecutivas a la baja, finalizando durante la jornada de hoy en $1.326 (-2,8% respecto al viernes anterior).

Detrás de esto, dos son las razones. Por un lado, el ajuste automático propio del esquema cambiario, incentivando la liquidación de exportaciones y la pausa de las importaciones en la medida que se acerca al techo; y retomando la estrategia de carry producto de rendimientos en pesos elevados y expectativas de un dólar menos en el corto plazo. A esto se agregó la escasez de pesos producida por la efectivización de la nueva suba de encajes promovida por el BCRA. En otro orden, ingresó el desembolso del FMI y con ello la modificación de la meta de reservas. Tres son los aspectos principales: 1) Reducción de USD 5.000 M para 2025 y USD 2.000 M en 2026, trasladados a 2027; 2) Se computa de pleno los préstamos en dólares que obtenga el Gobierno; y 3) La revisión será de forma semestral en lugar de trimestral.

Siguiendo con esto último, más allá del reacomodamiento y el cumplimiento de las metas, es importante que el Gobierno muestre cada vez más contundencia en la dirección por recuperar las Reservas del BCRA, factor elemental para reducir el riesgo país y retornar a los mercados financieros en 2026 para afrontar un abultado umbral de vencimientos en dólares. 

Queda atrás una semana de relativo alivio en el plano cambiario-monetario. El dólar oficial detuvo la racha alcista que venía exhibiendo desde mediados de junio y que tuvo como pico los $1.374 que marcó el dólar spot al cierre del 31 de julio (saltó +4,5% diario). Desde entonces, el spot hilvanó seis ruedas consecutivas a la baja, finalizando durante la jornada de hoy en $1.326 (-2,8% respecto al viernes anterior).

A grandes rasgos, dos son las razones detrás de la reciente caída del dólar oficial. Por un lado, se encuentra el ajuste automático (de mercado) del propio esquema cambiario propiciado por la credibilidad del sostenimiento (al menos hasta las elecciones). En la medida en que la divisa se aproxime al techo de la banda (quedó a tan sólo 5,5% el 31/7) el canal comercial tiene incentivos para que las exportaciones aumenten y se reduzcan las importaciones, bajo la premisa de que en el corto plazo la cotización se reducirá.

En este sentido, las liquidaciones del sector agropecuario retomaron tímidamente y acumularon en las últimas cinco ruedas un ingreso por USD 411 M (7/8 último dato disponible), muy por encima del mínimo por USD 195 M que tocó el 31/7 cuando saltó el TC, aunque lejos de las cifras exhibidas a lo largo de julio. Para dimensionar, la suma móvil de 5 días se ubicó por encima de los USD 1.000 M durante más de la mitad de julio.

Asimismo, se produce una reactivación del canal financiero o el carry trade. Desde mediados de junio, al compás de la suba del dólar oficial, los rendimientos de futuro de dólar se encontraron de forma sostenida por encima de los instrumentos en pesos, a pesar de los esfuerzos del BCRA, por un lado (USD 5.000 M alcanzó la posición short del BCRA a finales de julio, según el FMI), y del Tesoro, por otro (sucesivos premios por encima del secundario en las licitaciones).

La otra razón se encuentra en las recientes medidas del BCRA. En concreto, desde el 1/8 los encajes de los Fondos Comunes de Inversión pasaron del 20% al 40%, al tiempo que los encajes para depósitos a la vista (CC, caja de ahorro, saldos sin utilizar en adelantos en CC) para determinados grupos de bancos locales y extranjeros pasó de 36% a 40% al eliminar la parte que podían integrar mediante títulos públicos.

Como consecuencia, los pesos circulando en el sistema se redujeron. Los encajes de los bancos en el Central subieron en $5,4 bn entre el 30 de julio y 4 de agosto (último dato disponible), dejando un saldo inmovilizado por $18,9 bn. Más en detalle, los encajes promedio durante junio y julio se encontraron en el rango de los $13,5 bn – $14 bn, y vienen subiendo de forma sostenida desde abril cuando se produjeron las primeras modificaciones a la par del nuevo esquema cambiario-monetario.

Naturalmente, esta falta de liquidez comenzó a tensar las tasas de mercado sobre finales de semana. En medio de los cambios regulatorios y con el fin de las LEFIs mediante, los bancos tendrán recién una ventanilla de liquidez en la próxima licitación del Tesoro pautada el 13/8 (con liquidación el 18/8). En este marco, durante la jornada del jueves la necesidad de liquidez impulsó nuevamente la tasa del mercado al alza: la tasa de cauciones a 1 día tocó máximos de 44% TNA (venía promediando un 30% TNA); los instrumentos en pesos con vencimiento hasta octubre 3,9% TEM vs 3,5% TEM el miércoles; y la tasa PP interbancaria pasó de 45% TNA a 56% TNA.

Así las cosas, siguen presente las condiciones para que la volatilidad de tasas persista. En un contexto de menor liquidez, un cronograma de licitaciones que luce “lejano” para las necesidades inmediatas y un mercado aun adaptándose, la volatilidad en las tasas seguirá diciendo presente y el BCRA seguirá realizando intervenciones puntuales, aunque menos sistemáticas que las vistas tras el desarme de las LEFIs.

En otro orden, el lunes ingresó el desembolso del FMI. Los depósitos del Tesoro en el BCRA en moneda dura crecieron en USD 2.075 M, impulsando las Reservas Brutas de USD 41.034 M el viernes 1/8 al USD 43.039 M al 4/8. No obstante, desde dicha fecha a hoy las Reservas cayeron cerca de USD 900 M al cerrar en USD 42.144 M en la jornada de hoy, en lo que creemos se debe al pago por intereses por USD 800 M que debíamos pagarle al Fondo a comienzos de agosto y a movimientos de encajes.

La aprobación vino con una fuerte modificación de las metas tras el incumplimiento de junio. La más importante se desprende en la reducción de la acumulación por USD 5.000 M para 2025 y otros USD 2.000 M extras para 2026, trasladándose dichas exigencias hacia 2027, algo para nada trivial teniendo en cuenta las dificultades que presentan los años electorales.

Asimismo, se eliminaron los ajustadores que utiliza el organismo para computar ingresos de divisas por préstamos en moneda dura. Concretamente, en la medición previa los préstamos del Gobierno con los agentes privados sumaban a la meta una vez se supere el umbral de USD 1.500 M. Como resultado, el REPO entre el Central y bancos internacionales de comienzos de junio por USD 2.000 M ahora impacta de pleno en la meta (antes era sólo USD 500 M). Producto de esto, la exigencia de acumulación para cumplir las metas hasta finales de 2025 estaría próxima a los USD 4.000 M, las cuales podrían obtenerse mediante el mercado cambiario, colocaciones de BONTE, REPOs, etc.

Por último, y no menos importante, ahora las revisiones pasarán a ser semestrales en lugar de trimestrales. De esta forma, con el nuevo diagrama no hay una revisión con el organismo en medio de las elecciones de octubre (estaba estipulado para esa fecha), algo no menor ya que evita un factor extra de incertidumbre. Por ende, la próxima revisión está pautada para el próximo 23 de enero de 2026 y la siguiente para finales de julio del mismo año.

A modo de cierre, más allá del reacomodamiento y el cumplimiento de las metas, es importante que el Gobierno muestre cada vez más contundencia en la dirección por recuperar las Reservas del BCRA, factor elemental para reducir el riesgo país y retornar a los mercados financieros en 2026 para afrontar un abultado umbral de vencimientos en dólares. 

Retrocede el dólar oficial

El dólar spot finalizó en $1.326 (-2,8% semanal) en medio de una tenue recuperación de la liquidación del sector agropecuario y mayores posturas de carry. Por otro lado, las Reservas Brutas finalizaron en la zona de los USD 42.000 M impulsadas por el desembolso del FMI.  Por su parte, las Reservas Netas descontando los depósitos del Tesoro, BOPREAL y DEG se encontrarían en un leve rojo por USD 100 M (aunque mejorando a +USD 7.300 M si no se descuentan aquellos ítems).

La brecha cambiaria se mantiene estable

En la semana, los dólares alternativos finalizaron a la baja. En números, el dólar minorista bajó 2,8% ($1.337) respecto al viernes de la semana anterior, el dólar MEP descendió en igual cuantía ($1.328), el dólar CCL medido en CEDEARs bajó 2,1% ($1.338) y el blue cayó un leve 0,7% ($1.325). Como resultado, la brecha cambiaria promedio finalizó en la zona del 0%.

Los futuros de dólar bajan

Los contratos a futuro del dólar acompañaron el movimiento del spot. En detalle, los contratos de agosto a octubre bajaron 1,8%, y aquellos con vencimiento desde noviembre lo hicieron en 0,6%. Respecto a las devaluaciones implícitas, el mercado cerró con una devaluación próxima al 5,6% para el trimestre agosto-octubre, y promedia un 13,5% para el trimestre siguiente.

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Horticultores correntinos advierten que la sobreoferta desploma precios y amenaza la producción de tomate

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La sobreoferta de tomate fresco en la región productiva de Santa Lucía, Corrientes, desató una crisis sin precedentes para los horticultores locales. Los precios mayoristas cayeron a niveles tan bajos que hoy los productores reciben por un cajón de 20 kilos lo mismo que paga el consumidor por un solo kilo en la verdulería. Ante la falta de rentabilidad y costos que superan ampliamente el valor de venta, muchos evalúan regalar la producción en rutas y accesos o directamente desecharla en chacras.

Apenas meses atrás, los productores enfrentaban el escenario opuesto: menor superficie sembrada, adversidades climáticas y presión de las importaciones chilenas, que mantenían los precios internos elevados. En aquel momento, un cajón de 20 kilos en Corrientes se pagaba hasta 115,3% más caro que en Buenos Aires y 102% más que en la propia provincia.

Hoy, el panorama es radicalmente distinto. La cosecha abundante y la rápida maduración del fruto saturaron el mercado interno, generando un derrumbe de precios. Según el productor y referente sectorial Miguel Tomasella, un cajón de 20 kilos se paga alrededor de $3.000, cuando para cubrir costos deberían recibir no menos de $15.000.

Precios que no cubren ni los costos básicos

En diciembre, el mejor precio posible para un cajón de 18 kilos rondaba los $4.000, menos de la décima parte de lo que el consumidor abonaba por kilo en la verdulería. La explicación oficial de mercados concentradores y distribuidores es la saturación del mercado y la alta proporción de tomates muy maduros, que reducen su vida útil y obligan a liquidar rápidamente el stock.

El problema se agrava por la estructura de comercialización: el productor es el eslabón más débil, y el precio final se define en ferias, camiones y cámaras frigoríficas, con márgenes que se concentran fuera de la chacra.

La falta de rentabilidad empuja a muchos horticultores a dejar la actividad. En paralelo, crece la idea de repetir medidas de protesta ya utilizadas en años anteriores, como regalar tomates en rutas y rotondas de acceso. La rotonda de ingreso a Goya podría convertirse en uno de los puntos de distribución gratuita, con productores ofreciendo la mercadería “al precio que quiera pagar la gente” o directamente sin costo.

“Lo que hoy se desecha en las chacras podría mañana escasear en las góndolas”, advirtió Tomasella, alertando sobre un posible efecto rebote con suba brusca de precios si cae la oferta.

Un mercado global en expansión, pero con problemas locales

A nivel internacional, el mercado del tomate muestra una demanda sólida y creciente. En 2024 se estimó en 164,68 millones de toneladas y proyecta un crecimiento del 3,9% anual hasta alcanzar 232,84 millones de toneladas en 2034, según informes privados.

En Argentina, el consumo per cápita anual ronda los 16 kilos de tomate fresco, con una producción concentrada en Mendoza, San Juan, Salta, Jujuy y Buenos Aires, además de polos hortícolas como Corrientes. Sin embargo, la dinámica de precios locales responde más a condiciones coyunturales de oferta y logística que a tendencias globales.

La caída de precios compromete seriamente la economía regional. La horticultura en Corrientes no solo emplea mano de obra intensiva, sino que también sostiene actividades asociadas como transporte, empaque y comercialización minorista. Una reducción drástica en la siembra implicaría pérdida de empleos y menor dinamismo económico en las localidades vinculadas a la cadena productiva.

El riesgo de abandono masivo de la actividad y la ausencia de políticas de estabilización de precios o amortiguación de costos podría generar, a corto plazo, el mismo ciclo que se observa en otros sectores primarios: de sobreoferta y precios bajos a escasez y valores altos para el consumidor.

Si bien el excedente de oferta podría atenuarse hacia fin de temporada, la ausencia de un mecanismo de regulación o compras estatales dificulta sostener la actividad en el corto plazo. Productores reclaman líneas de crédito blandas, programas de compensación y mejoras en la logística de comercialización para acortar la distancia entre chacra y góndola.

El desafío será evitar que la actual crisis derive en un nuevo golpe inflacionario en frutas y hortalizas, manteniendo al mismo tiempo la viabilidad económica de miles de familias productoras.

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Las acciones del Merval caen hasta 9% y ADRs argentinos se desploman en Nueva York

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El mercado local transita una jornada teñida de rojo, con bajas generalizadas que golpean tanto a la Bolsa porteña como a los papeles argentinos que cotizan en Nueva York. El S&P Merval retrocede 2,7% hasta los 2.349.020 puntos, mientras que su versión en dólares (medida por CCL) cede 2,5% a 1.764 puntos. El clima vendedor se impone en el panel líder, con caídas que superan en varios casos el 4% y que llegan a rozar el 9% en el papel más castigado del día.

En el frente local, Loma Negra encabeza las pérdidas con un desplome de 8,5%, arrastrada por un balance flojo que, según analistas, no logró convencer al mercado. Le sigue de cerca YPF, que cae 4,3% luego de presentar resultados que generaron desconfianza entre los inversores. Pampa Energía también sufre un castigo importante, con una baja de 4,6%, mientras que Supervielle pierde 4,5%, golpeado por el desinterés generalizado hacia los activos financieros en pesos.

El sector bancario en general opera en terreno negativo: Banco Macro retrocede 2,7%, Grupo Financiero Galicia lo hace en 1,7% y BBVA cae 0,9%. Entre las energéticas, Edenor baja 3,4% y Transportadora de Gas del Norte cede 3,8%. Incluso empresas que venían mostrando buen rendimiento en las últimas semanas, como TGS (-3,6%) o Telecom (-1,1%), hoy se suman a la tendencia bajista.

En Nueva York, el panorama es igual o más complicado. Los ADRs de Loma Negra se derrumban 8,9%, los de YPF pierden 4,7% y Edenor se desploma 5,3%. También retroceden con fuerza Pampa Energía (-4,4%), Supervielle (-3,7%) y Macro (-3,9%). Las tecnológicas tampoco escapan: Globant cede 3,6%, mientras que Mercado Libre sube apenas 0,4%, convirtiéndose en una de las pocas excepciones positivas de la jornada.

Consultado por Ámbito, Rafael Di Giorno, director de Proficio Investment, advirtió que el retroceso no se explica solo por balances débiles. “El de YPF dejó un sabor amargo y el de Loma Negra fue flojo, pero la baja alcanza a sectores que no publicaron resultados. El rebote de semanas anteriores se está diluyendo ante la falta de recuperación en la curva en pesos y la persistencia de tasas altas. Además, el clima político agrega ruido en un momento clave de negociaciones en el Congreso”, señaló.Dólares y mercado cambiario

En el frente cambiario, el dólar mayorista sube 0,1% y se ubica en $1.328. El oficial baja 0,4% hasta $1.335, mientras que el dólar MEP avanza 0,3% a $1.332. El MEP Lede, en tanto, registra un salto de 1,0% y se ubica en $1.327,16, mientras que el contado con liquidación (CCL) retrocede 0,2% hasta los $1.331,60.

La brecha cambiaria se mantiene contenida, aunque los analistas advierten que cualquier tensión en la deuda en pesos podría trasladarse a la demanda de dólares financieros.


Bonos y riesgo país

Los bonos en dólares muestran mayoría de bajas moderadas. El AE38 cae 0,3%, el AL41 pierde 0,8% y el GD46 retrocede 0,2%. El GD30 y el GD35 muestran variaciones positivas marginales, con avances de 0,1% y 0,2%, respectivamente.

El riesgo país, medido por el JP Morgan, se mantiene en 773 puntos básicos, sin cambios frente a la jornada anterior. Aunque este nivel es bajo en comparación con los máximos de años pasados, todavía está lejos del umbral de 700 puntos que muchos inversores consideran un punto de inflexión para mejorar el acceso al financiamiento.


Contexto internacional

Mientras el mercado argentino acusa recibo de factores internos, en el exterior predomina el optimismo. A esta hora (15hs), el Nasdaq sube 0,9%, el S&P 500 gana 0,8%, el Dow Jones avanza 0,6% y el Russell 2000 mejora 0,2%.

La performance positiva de los índices norteamericanos refuerza la idea de que el mal humor local responde más a la coyuntura política y económica doméstica que a una tendencia internacional.

Perspectivas para el cierre

El mercado encara el tramo final de la semana con un clima de cautela. Los analistas coinciden en que las bajas de hoy tienen un componente de corrección técnica después del rally de julio, pero advierten que la falta de señales claras en materia de política económica y la tensión política creciente podrían extender la presión vendedora.

Si bien todavía queda margen para que las cotizaciones se muevan antes del cierre, el rojo dominante a media rueda indica que la jornada difícilmente revierta por completo. Para los inversores, la clave estará en el comportamiento de la curva de deuda en pesos, las definiciones políticas en el Congreso y el monitoreo del mercado cambiario, que sigue siendo el termómetro más sensible de la economía argentina.

En este escenario, la pregunta que sobrevuela a los operadores es si lo que se ve hoy es solo una pausa en la recuperación o el inicio de un nuevo período de ajuste.

El cierre de la jornada dará una primera respuesta, pero el verdadero test se verá en las próximas semanas, cuando se ponga a prueba la resiliencia de los activos locales frente a un contexto que combina alta volatilidad política, tasas elevadas y expectativas frágiles. 

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Consumo privado récord en 2025: el boom importador impulsa el crecimiento

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El consumo privado también tiene dos velocidades, según la consultora Ecolatina

El consumo privado es un indicador relevante de la economía pero también muy heterogéneo, dado que capta el gasto que realizan las familias en bienes y servicios, en muchos casos afectados por los cambios en sus precios relativos. Durante 2025, es relevante diferenciar la trayectoria del consumo en bienes y servicios importados y domésticos.

A falta de poco más de un mes para la publicación oficial, estimamos que el consumo privado creció 10% i.a. a lo largo del primer semestre y continuará en sus máximos. Esto se explica por un crecimiento muy significativo de los bienes importados, que permite explicar la disociación entre el consumo privado con otras variables macroeconómicas, indicadores sectoriales y la propia demanda a la que se enfrentan las empresas.

No todos los factores que propiciaron esta expansión continuarán plenamente vigentes en lo que resta del año, pero el consumo doméstico no logrará compensar y sostener la fuerte suba del consumo privado en un contexto de salario real estancado y un costo de financiamiento que se mantiene elevado.

El consumo privado creció 10% i.a. durante el primer semestre

El consumo privado refleja el gasto de las familias en bienes y servicios finales y absorbe más de la mitad de la oferta global (producción local e importaciones). Al estar vinculado al poder adquisitivo, para muchas empresas es una variable mucho más informativa que el PIB, más asociado a la demanda interna en general -incluye la inversión y el gasto del gobierno- y también más influenciado por lo que ocurra con sectores puntuales, como el sector agropecuario, por ejemplo.

No obstante, la forma en la que se calcula hace que indagar dentro del indicador sea un trabajo algo arqueológico, más aún si pensamos en que el mismo comprende tanto bienes como servicios, de diversas necesidades y características. Por ejemplo, sabemos que apenas el 20% del consumo privado está vinculado a los bienes de consumo masivo, y alcanzaría 25% si sumamos el consumo en bienes frescos -frutas, verduras, carnes, por ejemplo-. Asimismo, otros bienes relativamente inelásticos -es decir, que esperamos tengan una demanda relativamente estable- como medicamentos y combustibles representan alrededor de 5-8%. Por su parte, los servicios que también un componente inelástico (servicios públicos, educación, salud, pero también alquileres y servicios financieros, entre otros, representan un poco más del 30%.

Con esto en consideración y sabiendo que los constantes cambios en precios relativos de la economía hacen que se vuelva difícil e impreciso seguir cada uno de estos componentes año tras año, en términos generales sabemos que alrededor de un tercio del consumo privado está asociado a bienes y servicios más elásticos y que posiblemente sus fluctuaciones sean el principal factor que explique los vaivenes del consumo privado. En este grupo encontramos el gasto en indumentaria, vehículos, electrodomésticos y tecnología, pero también servicios turísticos y transporte aéreo, entre otros.

Estos ejemplos -que conjuntamente son el 20-25% del consumo privado- no fueron al azar. Tienen en común que son grandes beneficiados por una economía con mayor apertura comercial, acceso al crédito y salario en dólares altos, al menos para la historia reciente. ¿Vale pensar en un cambio en las características del consumo privado a través de estos factores?

Para intentar responder esta pregunta, realizamos un ejercicio en función de otras fuentes de información oficiales para intentar diseccionar lo que ocurre con el consumo privado de -bienes y servicios- importados y, en consecuencia, nacionales. Desde el inicio de la convertibilidad, los primeros representaron casi 10% del total, valores interrumpidos por la crisis de comienzo de siglo que se superaron recién durante la primera mitad del gobierno de Cambiemos y se volverían a alcanzar este 2025.

La razón de la dinámica reciente fue que durante la primera mitad de este año se profundizó el crecimiento de las importaciones iniciado en el cierre de 2024: las cantidades de bienes de consumo importados aumentaron 70% i.a. y la de autos treparon casi 150% i.a. A esto se le sumó la fuerte expansión en el gasto en servicios en el exterior -fundamentalmente turismo- (estimamos un aumento del 80% i.a. en precios constantes).

Este fenómeno redundó en un crecimiento del consumo privado del orden del 10% i.a. a lo largo de la primera mitad del año (aún restan publicarse los datos oficiales de INDEC para el segundo trimestre) que hizo que la variable se encuentre en valores máximos de la serie, aspecto recalcado por el oficialismo en reiteradas ocasiones.

Los bienes y servicios importados, claros ganadores de un salario en dólares que se recuperó fuertemente bajo cualquier medición, amalgaman las estadísticas oficiales con el termómetro de muchas empresas, especialmente las ligadas al consumo y dependientes del poder adquisitivo, cuyos productos no logran recuperar la demanda perdida con la crisis. De hecho, consideramos que el aumento del 10% i.a. del consumo privado en la primera mitad de año esconde que el consumo de bienes y servicios locales creció menos de 6% i.a., por debajo de la evolución del PIB y algo por encima de indicadores de consumo masivo, pero en definitiva mucho más en línea con la economía doméstica.

¿Será sostenible este ritmo de crecimiento para lo que resta del año?

La combinación de dólar apreciado, apertura comercial, una baja base de comparación -y hasta cierto “efecto riqueza” por el rally de los activos argentinos durante 2024-, fueron los ingredientes que explicaron esta disonancia entre el consumo de bienes importados y locales. Sin embargo, un tipo de cambio real que será superior al del primer semestre, una base de comparación más exigente y una perfomance nada auspiciosa de los activos argentinos sugieren que la voracidad en el consumo de importados será menor en lo que resta del año. En este sentido, estimamos que la misma podría crecer “apenas” 20% i.a. en la segunda mitad del año.

Además, el “boom” crediticio se está desacelerando y aparecen algunas nubes en el horizonte en lo que respecta al financiamiento de las familias: tasas de interés al alza, muy por encima de las mejoras nominales de los ingresos y una creciente -aunque aún no preocupante- morosidad de las familias.

Como este factor adicional también impactará en la demanda de bienes y servicios locales, no vemos que estos compensen la merma del consumo de importados, en un contexto en el que la recuperación salarial carece de fuerza y no vemos que repunte en los próximos meses. Por lo tanto, la fuerte expansión de la primera mitad del año no se repetirá y prevemos que el consumo privado crezca en promedio 4% i.a. en lo que resta de 2025.

Sin embargo, si el gobierno logra recrear la confianza en su política económica, reiniciar la baja de las tasas de interés para estimular el crédito y seguir el camino de la apertura comercial -o al menos logra una mayor oferta de bienes importados-, no debemos extrañarnos de volver a ver un consumo privado disociado de la realidad de la producción nacional. De todos modos, será necesario que el modelo económico que pretende llevar adelante el gobierno, basado en las ventajas comparativas del país retome el crecimiento y la oferta de dólares no se interrumpa para que este proceso no alcance su techo como en 2017.

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Trump ordena al Pentágono atacar a los carteles de la droga, según el New York Times

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Trump ha ordenado a su Ejército atacar a los cárteles de drogas en operaciones por tierra, mar y en otros países, un punto de discordia con México.

El presidente estadounidense Donald Trump ha firmado un decreto dirigido al Pentágono que habilita el uso de la fuerza militar contra los cárteles de droga transnacionales, a los que considera organizaciones terroristas, en un intento por detener el flujo de fentanilo y darle al Ejército el marco legal para que pueda llevar a cabo operaciones contra el narcotráfico en territorio extranjero.

En ese sentido, la orden emitida por Trump proporciona el sustento legal para que comience a usar la fuerza militar para desbaratar a los cárteles de drogas, dando el visto bueno para atacarlos por vía aérea, terrestre, en aguas internacionales y hasta en territorio extranjero.

El republicano ha dispuesto esta orden con base en su promesa de campaña. Es que Trump se comprometió a combatir la crisis de fentanilo en el país, la cual se cobra la vida de cien mil jóvenes y personas sin hogar, quienes suelen caer por la falta de oportunidades en el abuso de este adictivo opiáceo que los convierte prácticamente en zombis y los lleva a cometer actos al margen de la ley, que incluyen la prostitución y el robo carterista.

Según fuentes anónimas que dialogaron con The New York Times, tras el visto bueno de la Casa Blanca varios oficiales estadounidenses han empezado a elaborar distintas opciones sobre cómo se podría atacar a los cárteles de drogas transnacionales.

Marines estadounidenses en la frontera norte de Tijuana, el 6 de febrero de 2025 | GENTILEZA REUTERS


Trump despliega una ofensiva letal contra las pandillas hasta terrenos extranjeros

Este año, el líder de la Casa Blanca, Donald Trump, ha desplegado a la Guardia Nacional en la frontera suroeste para frenar el tráfico de fentanilo y de inmigrantes ilegales, como parte de su política internacional para combatir el tráfico de drogas que ingresa a los Estados Unidos.

En enero, en el primer mes de su retorno al poder, Trump firmó una orden ejecutiva que habilitó al Departamento de Estado a comenzara a clasificar a los cárteles de la droga como organizaciones terroristas extranjeras, de manera tal que sea más fácil la extradición de los pandilleros.

El republicano viene atacando específicamente a los cárteles mexicanos, venezolanos y salvadoreños, entre los que se encuentran el cártel de los Soles, el Tren de Aragua y Mara Salvatrucha (conocida como MS-13), a los que considera “una amenaza a la seguridad nacional más allá de la que plantea el crimen organizado tradicional”.

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