AMAZONAS

Una agencia de la ONU con una misión verde y socios sucios en la Amazonía

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Por Sarah Hurtes y Julie Turkewitz. En el borde de la Amazonía colombiana, en una aldea indígena rodeada de torres de perforación petrolera, el pueblo siona enfrentaba un dilema.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, o PNUD, acababa de anunciar un paquete de asistencia regional de 1,9 millones de dólares. En una comunidad sin servicio de agua corriente, con electricidad intermitente y donde la pobreza es un problema que persiste, cualquier suma de dinero significaría alimento y oportunidades.

Pero el programa de asistencia formaba parte de una alianza entre la agencia de Naciones Unidas y GeoPark, una empresa petrolera multinacional. La compañía tiene contratos para perforar cerca de la reserva de los siona, entre ellos uno con el gobierno que extendería las operaciones hasta lo que los siona consideran su tierra ancestral. Para el pueblo siona del resguardo Buenavista (una reserva indígena), la perforación petrolera es una violación, similar a sacar la sangre de la tierra.

Esta colaboración es un ejemplo del modo en que una de las organizaciones para el desarrollo sostenible más grandes del mundo se asocia con agentes contaminantes, incluso con aquellos que en ocasiones trabajan contra los intereses de las comunidades que se supone que la agencia debería ayudar.

De México a Kazajistán, estas alianzas forman parte de una estrategia que no considera a las empresas petroleras como villanos ambientales sino como grandes empleadores que pueden llevar electricidad a las zonas remotas y crecimiento económico a los países pobres y de ingreso medio. La agencia de desarrollo ha usado fondos de la industria petrolera para proveer de agua limpia y capacitación laboral a zonas que de otra manera estarían abandonadas.

Pero documentos internos y decenas de entrevistas con funcionarios y exfuncionarios muestran que cuando Naciones Unidas se ha aliado con las grandes petroleras, la agencia también ha sofocado la oposición local a la perforación, además de realizar análisis de negocios para la industria y trabajar para que sea más fácil que las compañías sigan operando en zonas sensibles.

La oficina de la agencia en Colombia, en particular, es una puerta giratoria de funcionarios que entran y salen de empresas petroleras y oficinas gubernamentales de energía. La agencia de desarrollo de Naciones Unidas también ha trabajado con el gobierno y con la industria petrolera para recopilar expedientes sobre los opositores a la perforación. No hay pruebas de que esos expedientes se hayan usado para atacar a alguna persona, pero en un país donde los activistas ambientales son asesinados a mayor ritmo que en cualquier otro lugar del mundo, activistas e integrantes de la comunidad dijeron que sintieron que sus vidas se habían puesto en riesgo.

Incluso cuando Naciones Unidas advierte con alarma sobre el cambio climático y hace llamados para la reducción dramática del consumo de combustibles fósiles, su agencia de desarrollo en ocasiones funge como un ente que impulsa la industria del gas y del petróleo.

“El sector de petróleo y gas es uno de los sectores industriales a nivel mundial capaz de generar los mayores impactos positivos en las condiciones de desarrollo de las personas”, apuntó el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en 2018.

La agencia de desarrollo dijo que apoya la transición a una energía limpia y no alienta la perforación. Pero Achim Steiner, líder de la agencia, dijo que su misión es sacar a las personas de la pobreza y que, a menudo, eso significa trabajar en países que dependen del carbón, el petróleo y el gas. “Tenemos que empezar donde las economías están hoy”, dijo Steiner en una entrevista. “No veo una contradicción, sin embargo hay una tensión”.

Según funcionarios y exfuncionarios, un factor que incrementa esa tensión es la incesante presión para recaudar fondos. La agencia se queda con una parte —entre 3 y 10 por ciento— de las donaciones. Los funcionarios, respaldados por las propias auditorías de la agencia, dicen que eso presiona a los funcionarios de desarrollo para encontrar aliados en sus países asignados, incluso cuando los donantes trabajan en contra de los propios intereses de su agencia.

Un arroyo contaminado con petróleo en el departamento del Putumayo
Un arroyo contaminado con petróleo en el departamento del Putumayo. Credit…Federico Rios para The New York Times

Correos electrónicos internos muestran que altos funcionarios se han molestado por tener que lavarle la cara a algunas de las empresas más sucias, un proceso que los críticos denominan blue washing (o lavado azul), debido al color emblemático de la organización.

En 2017, por ejemplo, dos años después de que los líderes mundiales adoptaron el acuerdo de París sobre el clima, la agencia publicó un informe sobre el papel positivo que la industria de petróleo y gas podía tener en el mundo. Mencionaba una iniciativa de reciclaje de Exxon Mobil y la promoción de Chevron de la ingeniería en los salones de clase.

“Realmente considero que esta publicación es problemática, pues busca presentar a la industria de hidrocarburos bajo una luz favorable”, escribió un empleado de la agencia en un correo electrónico grupal. El informe “estaba perjudicando nuestro mensaje sobre energía sostenible”, decía otro correo electrónico.

Como parte del presupuesto total de 8000 millones de dólares de la agencia, el dinero de la industria de la energía es mínimo: unos 6 millones de dólares al año, según los datos proporcionados por el PNUD. Pero, a nivel local, estos fondos pueden tener efectos enormes.

En ningún otro lugar estos efectos se sienten más que en Colombia, donde las empresas petroleras, el gobierno, los grupos armados y los ambientalistas se enfrentan por el futuro de la Amazonía. La deforestación ha alcanzado niveles récord y amenaza a un bosque tropical que sirve como amortiguador clave contra el cambio climático.

Hasta el año pasado, el pueblo siona, que vive en las orillas del terroso río Putumayo en el sur de Colombia, veía a la agencia de desarrollo de Naciones Unidas como una posible aliada en ese enfrentamiento. La comunidad ya se había beneficiado de un fondo previo procedente de la agencia.

Luego sucedió la alianza con GeoPark.

Mario Erazo Yaiguaje, un líder comunitario de voz suave y exgobernador de la reserva Buenavista, sospechaba que el programa de asistencia del PNUD era un intento encubierto de la petrolera para presionar a su pueblo con el fin de que aceptara su presencia en la región.

Los siona de Buenavista viven en casas de madera en un pequeño pueblo de la Amazonía, en la frontera con Ecuador. La vida comunitaria gira en torno a la parcela agrícola familiar, llamada chagra, y al yagé, una sustancia que en el mundo exterior se tipifica como alucinógena pero que los siona consideran como una medicina que, si se toma bajo el acompañamiento de un guía, les permite adquirir sabiduría y orientación.

Durante generaciones esta región ha sido un escenario de conflictos y los siona perciben a las empresas petroleras como la fuente de sus problemas, al atraer tanto a los rebeldes de izquierda que han atacado los oleoductos de la zona como a los soldados gubernamentales que han sido enviados para resguardar la infraestructura de las compañías. La industria petrolera y el negocio de la cocaína han contribuido tanto a la violencia que la Corte Constitucional de Colombia clasificó a los siona como en “riesgo de exterminio”.

Naciones Unidas anunció su alianza con GeoPark en un momento de controversia. La compañía ya estaba defendiéndose en una demanda por un derrame de petróleo en la región. Luego, una organización local de defensa acusó públicamente a GeoPark de contratar a un grupo armado para amenazar a quienes se oponen a la perforación. La empresa negó con vehemencia la denuncia, pero los activistas en la región indicaron que temían por sus vidas.

Para Erazo el acuerdo con GeoPark era una táctica. “Una cosa de limpiar el nombre”, dijo. “Cuando nos damos cuenta de que GeoPark le da recursos al PNUD, lo miramos como que hicieron el gran negocio del año”.

GeoPark dice que no tiene interés en perforar en la reserva siona y que ha tomado medidas para abandonar su concesión en el territorio en disputa. Dijo que su alianza con la agencia de desarrollo estaba enfocada en ayudar a las comunidades afectadas económicamente durante la pandemia de la COVID-19. El dinero nunca estuvo destinado para los siona, dijo la empresa.

“Siempre hemos tenido una relación con nuestros vecinos basada en el diálogo, el respeto y la construcción de confianza”, dijo la empresa en un comunicado.

Los siona de Buenavista vieron las cosas de otra manera y empezaron a prepararse para una decisión difícil. Sentado en la primera fila de una asamblea comunitaria el año pasado, ataviado con la túnica blanca tradicional que se reserva para las ocasiones especiales, Erazo escuchaba mientras abogada de la comunidad, Lina María Espinosa formulaba así su decisión:

“Van a recibir una platica que les va a servir para cualquier necesidad familiar”, dijo. “Pero la platica que viene, o la que va a venir más adelante, es de la petrolera”.

Espinosa preguntó: “¿Van a recibir?”

Erazo comprendía por qué GeoPark querría asociarse con Naciones Unidas. Pero ¿por qué querría una agencia de desarrollo sostenible asociarse con una empresa petrolera?

Los orígenes de estos acuerdos son turbios. A diferencia de Naciones Unidas, la agencia no recibe aportaciones de los Estados miembro. Sus donaciones provienen en su mayor parte de gobiernos y grandes fondos internacionales. Los grupos como la Fundación Bill y Melinda Gates y las empresas privadas conforman el resto.

Algunos exfuncionarios dicen que la relación actual con las grandes compañías energéticas puede remontarse a una pelea con uno de los mayores benefactores de la agencia, un fondo sin fines de lucro llamado Global Environmental Facility que reúne dinero de los gobiernos para atender los principales desafíos del planeta.

En 2011, Monique Barbut, la principal ejecutiva del fondo en ese momento, se convenció de que el PNUD estaba demasiado enfocado en recaudar fondos y tenía poco que mostrar como resultados. “Esta gente no era responsable ante nadie”, dijo Barbut en una entrevista. Y empezó a recortar el financiamiento.

Esos recortes coincidieron con los efectos persistentes de la crisis financiera global y un aumento en la demanda de ayuda para el desarrollo. Así que la agencia reforzó sus labores de recolección de fondos. Entre los objetivos estaban las empresas de energía.

“En un ambiente de ayuda decreciente, los ingresos de los sectores extractivos pueden servir como una fuente adicional de financiamiento”, escribió el PNUD en 2012 como parte de una estrategia dedicada al petróleo, el gas y la minería.

Ese año, la agencia anunció una alianza con Shell Oil que ayudó a capacitar a iraquíes para trabajar en la industria de hidrocarburos. Un proyecto con la empresa estatal Pemex ayudó a ampliar la producción petrolera en México.

Funcionarios de desarrollo, que operan con amplia autoridad en sus países asignados, recuerdan la presión constante para conseguir dinero.

“Es un sistema centrado en alimentar a la bestia”, dijo Benoit Lebot, quien trabajó en proyectos ambientales durante ese periodo. Lebot dijo que estalló con sus supervisores: “¡No soy un número en una hoja de cálculo!”. Y terminó por renunciar.

Incluso hoy, los integrantes del personal dicen —y lo reiteran las formas de evaluación de desempeño— que los supervisores priorizan la recaudación de fondos y el lanzamiento de proyectos. “¿Cuántos proyectos conseguiste? ¿Cuánto dinero trajiste?”, dijo Dominic Rasool, quien renunció a su trabajo de asesor técnico en 2018. Si los proyectos tenían éxito o no, dijo, importa menos.

Steiner, el principal ejecutivo de la agencia, no se disculpa por el enfoque en la recaudación de fondos.

“Para quienes dicen que ahí hay esa presión, solo puedo decirles: ‘Bueno, bienvenidos a la realidad’”, dijo.

Sin embargo, rechazó con firmeza la idea de que prioriza la recaudación de fondos por encima de la operación de programas exitosos. Dijo que cada proyecto es revisado y calificado por evaluadores independientes.

No obstante, evaluadores actuales y anteriores dicen que, cuando sí identifican problemas, Naciones Unidas y funcionarios gubernamentales locales a menudo los presionan para que suavicen sus conclusiones.

“La mayor parte del tiempo se hace de forma elegante”, dijo Roland Wong, quien evaluó proyectos para la agencia durante más de una década. En otras ocasiones los cambios son más indignantes. “Las evaluaciones pueden sufrir un embellecimiento grosero al punto que es casi falso”.

Una técnica común, según dijeron funcionarios y exfuncionarios, es presentar los fracasos como “lecciones aprendidas”.

Steiner habla de que hay que encontrar a las economías donde están y la economía de Colombia depende mucho del petróleo. Es la exportación más importante del país. Cualquiera que busque recaudar dinero para el desarrollo aquí naturalmente hallaría el camino hacia las empresas de combustibles fósiles.

Si bien Steiner dice que la agencia no apoya la perforación, los registros muestran que sí trabaja para que sea más sencillo perforar. Durante años, las agencias nacionales de hidrocarburos de Colombia y la mayor empresa del país, Ecopetrol, han contratado a PNUD para analizar riesgos y brindar asesoría con el fin de llevar a cabo el negocio con menos contratiempos.

Ese negocio puede significar un ducto con fuga, donde el análisis de la agencia puede ayudar a prevenir o mitigar un problema medioambiental. En otras ocasiones el riesgo de negocio puede ser una comunidad molesta que se opone a la perforación.

En esas situaciones, los registros muestran que los funcionarios de desarrollo intervienen para calmar las cosas, con el objetivo de asegurar que las operaciones procedan según lo planeado. Como parte de varios proyectos del PNUD, la agencia trabajó con Ecopetrol y el ministerio de hidrocarburos de Colombia para recopilar expedientes de personas en zonas de perforación.

Un informe, en el departamento de Meta, en la zona central del país, fue publicado inadvertidamente en un sitio web del gobierno en 2015. El reporte, preparado para el ministerio del Interior, identificaba a concejales locales y agricultores que tenían un “discurso agresivo” contra la industria petrolera. Se identificaba una iglesia donde, al final de la misa, el párroco “toma los últimos minutos para pronunciar discursos contra la industria”.

En Colombia los activistas ambientales son asesinados a un ritmo de más de uno por semana, según Global Witness, una organización de derechos humanos con oficinas en Londres, Washington y Bruselas, lo que convierte al país en el lugar más mortífero para defender al planeta. Cuando los activistas se vieron en el reporte, sintieron que la agencia de desarrollo los había puesto en riesgo. No hay pruebas de que este documento u otros expedientes hayan provocado incidentes violentos.

Ecopetrol indicó en un comunicado que trabaja con la agencia de desarrollo por su reputación de imparcialidad y para asegurarse de que las comunidades desfavorecidas reciban la atención que merecen.

“La empresa ha reconocido de forma reiterada la relevancia que tienen los líderes sociales y su aporte a la sociedad”, dijo Ecopetrol, refiriéndose a los líderes medioambientales. La empresa indicó que rechaza cualquier acción o amenaza “que impida el libre, seguro y legítimo ejercicio de su labor.”

Steiner dijo que este es un proceso esencial conocido como “mapeo de actores” o de stakeholders. Si los gobiernos van a consultar a la gente en todos los bandos de un tema, hay que identificar a los participantes clave.

Sin embargo, el reporte publicado se enfocaba en los opositores a la industria petrolera. Entre las actividades a realizar del informe resaltan la organización de un foro con integrantes de la comunidad y ambientalistas y “desestimar su discurso”.

El PNUD dijo que, aunque el reporte fue redactado por un contratista de la agencia y se alojaba en el servidor de la agencia e incluía su logotipo, en realidad había sido redactado por solicitud del gobierno colombiano. Por lo tanto, un portavoz de la agencia no quiso comentar el contenido del informe.

Un activista ambiental, Édgar Humberto Cruz, quien fue mencionado en la categoría de “problemático” en el documento, dijo que el PNUD organizó reuniones para destacar los beneficios que Ecopetrol y otras empresas traían a la región. “Nos dijeron que no era conveniente oponerse a la industria”, dijo Cruz.

Un portavoz de la agencia dijo que esas conversaciones no son parte de la política de la agencia.

Hoy la desconfianza en el Meta es profunda.

“Por lo que solo ha llegado aquí, a nuestra región, es a tratar de suavizar a las comunidades para que Ecopetrol pueda entrar a hacer sus trabajos petroleros”, dijo Gustavo Carrión, un líder en Castilla La Nueva, un poblado al noroeste del Meta.

Los propios empleados de la agencia lo reconocen. Fabián Espejo, quien trabajó durante cinco años para la agencia en Colombia, escribió en su tesis de doctorado de 2020 que la agencia tenía buenas intenciones pero que también le daba pie a los ministerios de petróleo, gas y minería “para mantener la producción sin contratiempos”.

El pueblo siona de Buenavista vive en hogares de madera en un pequeño territorio en la Amazonía, en la frontera con Ecuador.
El pueblo siona de Buenavista vive en hogares de madera en un pequeño territorio en la Amazonía, en la frontera con Ecuador. Credit…Federico Rios para The New York Times

Steiner comentó que su agencia trabaja en condiciones difíciles para llevar dinero y oportunidades a la gente que más las necesitan. Él no formula las políticas energéticas de Colombia y no puede ordenarle al gobierno que deje de perforar en ciertas zonas. Lo que puede hacer, dijo, es buscar formas de minimizar el daño a las comunidades y al medioambiente.

“Pero también de maximizar los beneficios de una industria —a gran escala las industrias extractivas– que es muy significativa y una fuente muy significativa de ingresos para muchos países en desarrollo”, dijo.

Una funcionaria de desarrollo formuló un argumento similar durante una tensa llamada con Erazo y otros sobre la alianza con GeoPark. Naciones Unidas no invitaba a las empresas petroleras a la zona, dijo la funcionaria, Jessica Faieta. Pero “ya que están en estos territorios, podemos nosotros, de cierta manera, garantizar su cumplimiento con los derechos humanos”.

Los siona de Buenavista estaban furiosos. Parecía que Naciones Unidas estaba respaldando a una empresa petrolera, dijo Erazo.

La conversación echó por tierra cualquier esperanza de ganárselos. Los siona presentaron una queja formal con la agencia, devolvieron un fondo previo y juraron jamás volver a aceptar ayuda del programa de desarrollo.

“La gente está aplaudiendo cada vez que sale un representante del PNUD, porque nos ha llegado con algo. ¡Bendito sea!”, comentó Erazo. Pero, añadió, “es un engaño”.

La alianza con GeoPark, dijo, fue “la muerte de esa organización para nosotros”.

Hoy, a lo largo de las riberas del Putumayo, Erazo anticipa los problemas que van a presentarse. La inflación ha disparado los costos de alimentos. Los precios de gasolina han hecho que incluso la transportación sencilla se vuelva difícil.

Una relacióncon el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo ciertamente tendría beneficios.

Pero no se arrepiente.

La agencia de desarrollo canceló la alianza con GeoPark y ahora está investigando por qué se involucró con la compañía si los agravios de los siona ya eran tan conocidos.

“Creo que esa es una crítica legítima”, dijo Steiner. Y añadió: “Sabe, hemos aprendido lecciones”.

Una nota de Cara Buckley esta semana reportaba que los herederos de fortunas petroleras están financiando protestas contra los proyectos e iniciativas con combustibles fósiles.
“Es hora de poner al genio otra vez en la botella”, comentó uno de los descendientes de la familia Rockefeller, en su época la mayor fortuna petrolera del mundo. “Siento una obligación moral de hacer lo que me toca. ¿No lo harías tú?”.

Sofía Villamil y Genevieve Glatsky colaboraron con reportería desde Bogotá.

Sarah Hurtes es una periodista con sede en Bruselas. Se unió al equipo de investigaciones internacionales del Times en 2022. @HurtesSarah

Julie Turkewitz es jefa del buró de los Andes, que cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Surinam y Guyana. Antes de mudarse a América del Sur, fue corresponsal de temas nacionales y cubrió el oeste de Estados Unidos. @julieturkewitz

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Los incendios en la Amazonia brasileña aumentaron 8% en julio con más de 5000 focos en la región

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El número de incendios forestales en la Amazonia brasileña aumentó un 8% en julio en comparación con el mismo mes del año pasado, con más de 5000 focos de incendio en la región, según datos oficiales publicados este lunes.

“Este es solo el inicio del verano amazónico, la estación con menos lluvias y humedad en la que lamentablemente se dispara la práctica de quemas e incendios forestales criminales”, dijo Rômulo Batista, portavoz de la Amazonia de Greenpeace Brasil.

“En esta época se realizan quemas de las áreas que fueron taladas recientemente y que habían sido dejadas para secar o se queman zonas selváticas que ya habían sido degradadas por la extracción ilegal de madera”, agregó.

A su vez, Brasil registró una deforestación récord en el primer semestre del año, con casi 4.000 km2 talados, el mayor registro desde que el Sistema de Detección de Deforestación en Tiempo Real (Deter) empezó a llevar las cuentas, en 2016, según consignó la agencia AFP.

La cifra representa un aumento del 10,6% en comparación con el mismo periodo de 2021.

Los meses más devastadores de los incendios forestales en la Amazonia suelen ser agosto y septiembre, agregó la agencia.

En cuanto a los focos de incendio, los satélites del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) detectaron el mes pasado 5.373 focos en esa región, frente a 4.977 de julio de 2021.

La cifra de focos de incendios de este año fue ligeramente superior a la de 2019, cuando se registraron 5.318, e inferior a la de 2020, cuando se registraron 6.803.

Desde principios de año se detectaron 12.906 incendios, lo que significó un aumento del 13% respecto a los siete primeros meses de 2021.

El humo de los incendios “afecta la salud de la población local y destruye la biodiversidad”, señaló el referente de Greenpeace Brasil.

Los ambientalistas cuestionaron, además, al presidente Jair Bolsonaro por sus políticas medioambientales y lo acusaron de “fomentar la deforestación al defender la minería y la agricultura en la Amazonia -incluso en zonas protegidas como las reservas indígenas- y de debilitar a los organismos de control del medio ambiente”.

Según las cifras oficiales, desde que Bolsonaro asumió el cargo en enero de 2019, la deforestación media anual en la Amazonía “aumentó un 75% en comparación con la década anterior”.

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Bolsonaro le contesta al actor Di Caprio sobre sus críticas a la deforestación amazónica

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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, volvió a polemizar en las redes sociales con el actor estadounidense Leonardo DiCaprio, tras las nuevas críticas que realizó el protagonista de Titanic por la situación ambiental en la parte brasileña de la selva amazónica.

“¿De nuevo vos, Leo? Así, vas a convertirte en mi mejor gran elector”, respondió Bolsonaro en una serie de publicaciones en la red social Twitter, en referencia a que las críticas lo hacen más fuerte para su intento de reelección en los comicios del 2 de octubre.

El actor publicó en martes en Twitter un mapa de la ONG MapBiomas que muestra el cambio que sufrió la Amazonía brasileña en los últimos tres años a raíz de la deforestación por las actividades extractivistas ilegales.

Bolsonaro, como había hecho en mayo de este año, apuntó al yate del actor de El Renacido: “Te podría decir de nuevo que desistas de tener un yate antes de dar sermones al mundo, pero conozco a los progresistas, quieren cambiar el mundo pero nunca quieren cambiar sus conductas”.

El mandatario de ultraderecha se quejó de que el actor no publica los incendios forestales en Estados Unidos y Europa: “Alguien puede pensar que estás obsesionado por mi país (o sus recursos naturales) o si crees que Brasil es el único en la tierra”.

“Podés seguir jugando con tus juguetes de estrellas de Hollywood mientras acá seguimos trabajando”, añadió Bolsonaro, que sostuvo que el promedio de deforestación amazónica de su gobierno es menor que el de administraciones anteriores.

El informe publicado por DiCaprio indica que el ritmo de deforestación amazónica en 2021 fue de 1,9 hectáreas por minuto.

Según MapBios, la selva amazónica concentra el mayor frente de deforestación de Brasil, con el 59% de la tala a nivel nacional registrada por imágenes de satélite.

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En el Amazonas el aire está irrespirable

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Eduardo Chaves, Amanda Gorziza e Renata Buono, revista Piauí. A diferencia de otros países, Brasil aumentó las emisiones de gases de efecto invernadero durante la pandemia. Este es el resultado de la creciente deforestación en los bosques brasileños. En 2020, hubo un aumento del 24% en las emisiones de CO2 por cambios en el uso del suelo en comparación con el año anterior. 

El CO2, dióxido de carbono equivalente, se utiliza para medir el conjunto de gases de efecto invernadero. En un año, las emisiones de la Amazonia aumentaron en 187 millones de toneladas, el equivalente a las emisiones de Perú

La deforestación fue responsable por las tres cuartas partes del CO2 liberado en los nueve estados en 2020. Altamira (PA), líder en el ranking por municipios, emitió 35,2 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en 2019. 

En 2020, Brasil registró un aumento del 24% en las emisiones de CO2 por deforestación en comparación con el año anterior. En todo el país, se emitieron 998 millones de toneladas de gases de efecto invernadero debido a cambios en el uso del suelo, frente a 807 millones en 2019. La deforestación es el sector con la mayor parte de las emisiones de CO2 en Brasil, representando aproximadamente la mitad (46 %) de ellas.

Todos los días, las personas emiten gases de efecto invernadero debido a sus actividades, como viajar en autobús y encender el aire acondicionado. En 2020, la emisión media de CO2 de cada brasileño fue de 10,2 toneladas brutas. El promedio mundial está muy por debajo de las 6,7 toneladas. Por año, es como si un brasileño produjera, en gases de efecto invernadero, lo mismo que 30 autos corriendo 10 kilómetros por día, durante un año.

Entre 2019 y 2020, las emisiones de gases de efecto invernadero aumentaron un 20% en los estados de la Amazonía Legal. Juntos, Acre, Amapá, Amazonas, Mato Grosso, Pará, Rondônia, Roraima, Tocantins y Maranhão registraron un crecimiento de 187 millones de toneladas de CO2, equivalente a las emisiones observadas en todo 2019 en Perú.

Los cambios en el uso del suelo, causados ​​básicamente por la deforestación, fueron responsables del 75% de las emisiones de CO2e en los nueve estados de la Amazonía Legal en 2020. La agricultura representó el 19% de las emisiones, la energía el 5% y los residuos el 1%.

En 2019, los 50 municipios brasileños que más emitieron gases de efecto invernadero fueron responsables de una cuarta parte de todas las emisiones del país. Altamira-PA (35,2 millones de toneladas de CO2), São Félix do Xingu-PA (28,8) y Porto Velho-RO (23,3) lideran el grupo, que totalizó 475,2 millones. Las otras 5.520 ciudades brasileñas sumaron 1.400 millones de toneladas de gases de efecto invernadero. Entre los estados, Pará fue el principal emisor de Brasil.

Altamira (PA) registró 35,2 millones de toneladas de CO2 en 2019. Si la ciudad fuera considerada un país, ocuparía el puesto 108 en el ranking mundial de emisiones. Países como Suecia, Noruega y Croacia produjeron menos gases de efecto invernadero que el municipio de Pará, aunque tienen al menos 35 veces más habitantes.

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La Amazonia y la humanidad tienen dos nuevos mártires

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RÍO DE JANEIRO, INTER PRESS SERVICE – La humanidad ganó dos nuevos mártires. Bruno Araújo Pereira y Dom Phillips murieron por defender la Amazonia y los indígenas, sostenes de la vida humana en el planeta.

Los dos estaban en la Amazonia profunda, en el noroeste de Brasil, cerca de la frontera con Perú. Dos pescadores locales confesaron haberlos asesinado el 5 de junio, según la Policía Federal brasileña, que aún investiga la participación de otras personas en el crimen.

Se reafirma así la máquina amazónica de producir héroes y mártires que intentan contener la destrucción de los bosques, ríos y biodiversidad. Sobrepasar el punto de no retorno de la deforestación, que ya está muy cerca, convertiría a la Amazonia en una bomba de carbono, acelerando el recalentamiento global, advierten investigadores.

Por eso, defender los mayores bosques tropicales del mundo, como hacen los indígenas, es una lucha por la humanidad. La Amazonia es hoy el centro del mundo, según Eliane Brum, la periodista más premiada de Brasil, que desde 2017 vive en Altamira, en la Amazonia oriental.

El periodista británico Phillips recogía informaciones, especialmente en diálogo con los indígenas, para un libro que, según sus allegados, trataría de apuntar “como salvar la Amazonia”, sometida a la deforestación y otras actividades destructoras, como la minería y la pesca ilegal.

Para eso contaba con una beca de la estadounidense Fundación Alice Patterson. Y era colaborador del diario The Guardian, de Londres, pero en sus 15 años en Brasil escribió para otros grandes diarios de Estados Unidos y el Reino Unido.

Manifestación de indígenas, ambientalistas y opositores al gobierno brasileño del presidente Jair Bolsonaro en Manaus, capital del estado de Amazonas, tras la confirmación del asesinato del indigenista brasileño Bruno Araújo Pereira y del periodista británico Dom Phillips. Foto: Alberto César Araújo / Amazônia Real-Fotos Públicas

Indigenistas bajo fuego

El brasileño Pereira refleja el heroísmo de los indigenistas que tratan de cumplir su misión y vocación en las condiciones adversas impuestas por el actual gobierno. Era funcionario de la Fundación Nacional del Indio (Funai), órgano gubernamental de promoción de los derechos indígenas, desde 2010, pero estaba con una licencia desde 2019.

Ascendió en la carrera como coordinador local de la Funai en el Valle del Javari, donde viven cerca de 6000 indígenas de 26 grupos, 19 de los cuales en condición de aislamiento, es decir sin contacto con la sociedad envolvente, en un área reservada de 85 444 kilómetros cuadrados, el doble de la extensión de Países Bajos.

En 2018 asumió la Coordinación General de Indígenas Aislados y de Reciente Contacto, la división de la Funai que trata de proteger esos grupos más vulnerables y las tierras que ocupan.

Una operación que condujo en septiembre de 2019 destruyó más 60 embarcaciones de la minería ilegal que había invadido la Tierra Indígena del Valle del Javari, considerada la mayor concentración de indígenas aislados en el mundo.

El éxito en la expulsión de los invasores al parecer no gustó a las nuevas autoridades del gobierno de extrema derecha de Jair Bolsonaro, en el poder desde enero de ese año, que luego destituyeron a Pereira de sus funciones de jefatura.

Relegado a tareas burocráticas en Brasilia, el funcionario pidió entonces una licencia, manteniendo su vínculo con la Funai pero sin remuneración, para volver a la Amazonia como consultor de la Unión de los Pueblos Indígenas del Valle del Javari (Univaja), donde los ayudaba a proteger sus tierras.

La Univaja organizó la defensa del territorio con guardianes propios, ante el aumento de las actividades ilegales, de minería, pesca, extracción de madera e incluso narcotráfico, en los alrededores y dentro del área indígena. La cercanía de las fronteras con Perú y Colombia favorece el tránsito de las drogas con sus rastros de violencia.

Esos guardianes fueron decisivos para detectar pronto la desaparición del indigenista y el periodista, apuntar posible local del crimen e identificar los sospechosos.

Policías y militares durante una rueda de prensa sobre la prisión de los pescadores Amarildo y Oseney da Costa de Oliveira, dos hermanos y presuntos homicidas del indigenista Bruno Pereira y el periodista Dom Phillips. La reunión informativa ocurrió en la ciudad de Manaus el 15 de junio y excluyó la participación de los indígenas que fueron decisivos en la investigación del crimen. Foto: Alberto César Araújo/Amazônia Real-Fotos Públicas

Producción de mártires

“Fue un crimen horrible, pero no aislado. La Amazonia registra una larga historia de seguidos atentados contra ambientalistas y activistas sociales”, recordó Marcio Santilli, socio fundador del Instituto Socioambiental (ISA), organización no gubernamental volcada al ambiente y los pueblos originarios.

“La intensificación de la criminalidad tiene que ver con la impunidad. La responsabilidad en este caso actual no se limita a los dos presos. Debe haber mandantes y otros involucrados. Llevar la investigación hasta el final es importante para revertir la escalada de la violencia”, acotó.

“El presidente Jair Bolsonaro tiene la corresponsabilidad al incitar la violencia con sus declaraciones y acciones de gobierno, al estimular la minería depredadora y desmontar los instrumentos de control de la deforestación”, opinó Santilli a IPS, por teléfono desde Brasilia.

Ya son muchas las víctimas de una violencia que es tradicional en la Amazonia. Algunos asesinatos ganaron gran repercusión nacional e internacional, como este de Pereira y Phillips.

Chico Mendes, un símbolo de las luchas sociales y ambientales amazónicas, murió en 1988 en el estado de Acre, también cerca de la frontera con Perú y Bolivia. En 2005 fue la vez de Dorothy Stang, una misionera estadounidense que impulsaba proyectos de desarrollo con pequeños agricultores, en conflicto con grandes propietarios de tierra.

En cambio, el asesinato de Maxciel Pereira dos Santos, también funcionario de la Funai como Pereira, en septiembre de 2019, cayó en el olvido y no se conoce su autor. Lo mataron con dos tiros en la nuca en Tabatinga, ciudad de 68 000 habitantes en la frontera con Colombia.

Muchos miles de indígenas perdieron la vida en la década de los 70, cuando la dictadura militar brasileña de 1964-1985 inició la construcción de carreteras que cruzan la Amazonia en varios puntos y direcciones, en un genocidio sin datos precisos y gradualmente desnudado.

La presencia de un periodista extranjero al lado de Pereira contribuyó a la gran repercusión actual del asesinato del indigenista brasileño, al igual que los avances en los debates y negociaciones de la crisis climática y otros temas ambientales en el mundo.

El río Itaquaí, un afluente del río Javarí, que da nombre a la región del noroeste de Brasil y a la tierra indígena en la frontera con Peru, en el tramo donde ocurrió el asesinato del indigenista Bruno Araújo Pereira y del periodista británico Dom Phillips y cerca de donde se descubrió los restos mortales de los dos asesinados. Foto: Cícero Pedrosa Neto / Amazônia Real-Fotos Públicas

Política de extinción

Bolsonaro intenta promover en la Amazonia una política similar al de la dictadura militar, de ocuparla a cualquier costo, en desmedro de la naturaleza y de los indígenas. Presiona al legislativo Congreso Nacional a aprobar leyes que permiten la explotación minera en las tierras indígenas, así también otras actividades hasta hoy limitadas, como la agricultura de gran escala.

La Funai ha soportado la reducción de su presupuesto y la toma de su dirección por militares y personas ajenas al tipo de conocimiento necesario, así como órganos de control ambiental como el Instituto Brasileño de Medio Ambiente.

“Vivimos un momento crítico”, resumió Santilli. Más amenazador que en la dictadura militar “en algunos aspectos”, según el especialista de ISA, porque se busca destruir los avances de las últimas cuatro décadas sin “las resistencias que había en las mismas fuerzas armadas que no permitían un dictador personal”.

Durante los 21 años bajo el gobierno militar, hubo una alternancia en el poder. Cinco generales ocuparon la presidencia, sin derecho a reelección. Ahora Bolsonaro intentará reelegirse en los comicios de octubre para cuatro años más en el gobierno.

Si lo consigue, la situación se agravaría demasiado. Un nuevo gobierno tiene que asumir “un compromiso con la Amazonia y su población”, concluyo Santilli.

Los presuntos asesinos del indigenista Pereira y del periodista Phillips son simples pescadores, que pretendían seguir en la pesca ilegal dentro de la tierra indígena. Difícilmente se beneficiarían a la larga de las medidas propuestas por Bolsonaro.

No hay hipótesis de que los dos pescadores fueran solo los ejecutores de un plan mayor contra los dos asesinados, pero la forma en que fue realizado el crimen lo descarta inicialmente.

Pero sí es un hecho que el discurso presidencial exacerba los conflictos y el efecto puede ser tragedias como la que conmueve el mundo estos días. Por eso Bolsonaro es responsable, aunque no sea culpable, es una opinión diseminada en amplios sectores y medios de comunicación.

ED: EG

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