AXEL KICILLOF

De Misiones al país: Biofábrica exporta biotecnología y transforma el conocimiento en un negocio

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Cuando abrió sus puertas, en octubre de 2006, hubo quienes cuestionaron la necesidad de contar con una fábrica de este tipo en una provincia chica como Misiones. Veinte años después, la Biofábrica es referencia en biotecnología y se transforma en un socio corporativo de provincias como Buenos Aires y Salta. En la provincia norteña, la experiencia con bananos está transformando la industria. 

La visita de Axel Kicillof a Misiones dejó una fotografía política, pero detrás de esa imagen había una historia económica bastante más profunda. Cuando el gobernador bonaerense recorrió Biofábrica Misiones junto al gobernador Hugo Passalacqua y el ministro de Desarrollo Agrario, de Buenos Aires, Javier Rodríguez, no estaba conociendo simplemente una experiencia tecnológica del Nordeste argentino. Buenos Aires ya es cliente de la empresa misionera y se prepara para recibir un nuevo laboratorio desarrollado en Misiones que será instalado en Miramar para multiplicar plantas de kiwi. No será el primero.

La relación comenzó hace años y ya incluye un Phytolab instalado en Mercedes, inaugurado por Kicillof en 2021. El de Miramar será el cuarto desarrollado en total por la empresa misionera y el tercero destinado a territorio bonaerense, aunque el segundo específicamente orientado a producción.

La diferencia parece técnica. En realidad, muestra algo bastante más importante: Misiones está empezando a vender fuera de sus fronteras un conocimiento que tardó dos décadas en construir.

Somos socios biotecnológicos”, sintetiza Federico Miravet, presidente de Biofábrica Misiones. No utiliza la palabra por casualidad.

Lo que vende Misiones no es solamente un laboratorio dentro de un contenedor. Vende el equipamiento, los protocolos, el conocimiento acumulado, la instalación, la capacitación de los profesionales que deberán operarlo y la asistencia posterior. Es decir, vende tecnología.

El Phytolab que será instalado en Miramar tiene actualmente un valor cercano a los $530 millones, alrededor de US$300 mil según la referencia utilizada por la empresa.

La estructura puede trasladarse en dos camiones y requiere básicamente conexiones de agua y energía para comenzar a funcionar. Pero detrás de esa aparente sencillez existe un sistema de producción de alta complejidad.

La capacidad prevista está entre 300 mil y 500 mil plantas in vitro de kiwi por año.

La entrega está proyectada para febrero. Antes, en noviembre, Biofábrica deberá acreditar un avance del 70% del proyecto, instancia que habilitará otro desembolso de la provincia de Buenos Aires. El contrato se paga contra avances de obra.

Pero Miravet insiste en que mirar solamente el precio del laboratorio sería quedarse con la mitad de la historia.

Antes de la instalación viajan técnicos misioneros. Permanecen durante el montaje y continúan después. El proceso puede demandar un mes o más de acompañamiento para capacitar a los científicos bonaerenses en los procedimientos específicos desarrollados por Biofábrica.

Ahí aparece una de las claves del modelo. Un laboratorio puede comprarse. Los equipos pueden conseguirse. Los protocolos, la experiencia acumulada y el conocimiento sobre cómo hacer funcionar correctamente el proceso productivo son otra cosa. Por eso Miravet evita hablar de una simple relación proveedor-cliente. “Somos socios, no proveedores”.

La frase adquirió otra dimensión durante la visita de Kicillof. Según recuerda Miravet, el gobernador bonaerense llegó a Misiones con conocimiento previo del proyecto y mencionó expresamente los desarrollos de Mercedes y Miramar.

Para el presidente de Biofábrica, ese reconocimiento tiene un peso que trasciende la relación comercial: significa que una tecnología desarrollada por una empresa pública misionera empieza a incorporarse a la estrategia productiva de la provincia más grande del país.

Si Buenos Aires representa la venta de infraestructura y conocimiento, Salta muestra la otra cara del negocio: la producción biotecnológica a escala industrial.

Biofábrica se convirtió en el principal proveedor de plantines de banana de Salvita, una compañía salteña con aproximadamente 2.300 trabajadores y distintas unidades productivas. 

Entre 600 y 800 empleados de la firma están vinculados, según la época del año, a la producción bananera.

Para Miravet, conocer esa estructura cambió incluso la manera de interpretar el contrato. “Asombra la perfección de esas plantaciones. Ahí caí y dije: no somos proveedores, somos socios”.

La afirmación tiene una explicación económica.

Este año Biofábrica envió aproximadamente 200 mil plantines de banana desde Misiones hacia Salta. Fueron necesarios seis viajes en camión entre abril y agosto.

El próximo paso ya está proyectado: 300 mil plantas en 2027. Y después viene el salto mayor.

La empresa salteña pretende llegar a 500 mil plantines, producción que Biofábrica debe comenzar a preparar con mucha anticipación porque el proceso comienza con los hijuelos -las plantas madre- que llegan desde Salta y son introducidos al laboratorio misionero para iniciar su propagación.

Desde enero, la logística cambiará. En lugar de recibir grandes partidas esporádicas, llegarán plantas madre aproximadamente cada quince días para alimentar de manera continua el proceso de multiplicación destinado a las plantaciones de 2028.

La genética vegetal sale de las fincas salteñas, viaja hasta Misiones, ingresa al laboratorio, se multiplica mediante biotecnología, pasa al vivero y finalmente vuelve al Noroeste convertida en cientos de miles de nuevas plantas.

Después, las bananas terminan en los grandes mercados consumidores del país, especialmente Buenos Aires.

Misiones ocupa en esa cadena un lugar invisible para el consumidor, pero decisivo: es la fábrica tecnológica de las plantas que hacen posible la producción.

La escala económica tampoco es menor. Los plantines de banana se comercializan en valores cercanos a US$1 a US$1,20 por unidad. Si el contrato alcanza las 500 mil plantas pretendidas por la compañía salteña, la operación puede ubicarse en un rango de aproximadamente US$500 mil a US$600 mil, dependiendo del precio final acordado.

El éxito comercial empieza a chocar contra la capacidad instalada.

“Si nosotros en vez de medio millón hacemos dos millones, ellos compran”, explica Miravet.

El problema es que Biofábrica llegó prácticamente al límite de lo que puede producir con su estructura actual.

Duplicar o multiplicar fuertemente la producción mediante el sistema tradicional exigiría construir otro laboratorio, además de incorporar personal y equipamiento.

La alternativa es tecnológica. La empresa analiza proveedores de Argentina, Brasil y Bélgica para incorporar sistemas de inmersión temporal, una generación de biorreactores que permitiría multiplicar considerablemente la capacidad de propagación vegetal sin necesidad de replicar toda la infraestructura existente.

También comenzaron a mirar hacia China.

Miravet introduce allí una autocrítica poco frecuente dentro de una empresa pública tecnológica: buena parte del sistema productivo utilizado actualmente deriva de la tecnología con la que nació Biofábrica hace veinte años.

El mundo está en otro proceso”, admite.

La discusión dejó de ser solamente cómo vender más. Ahora es cómo aumentar productividad para poder atender un mercado que ya existe.

Del laboratorio misionero a Croacia

La internacionalización aparece además por caminos menos evidentes. Durante este año Biofábrica produjo alrededor de 200 mil plantines de menta piperita. Parte de esa producción fue destinada a establecimientos de Campo Grande y El Soberbio, donde continuó el proceso de enraizamiento. El producto final tuvo como destino Croacia, con Klimiuk Infusiones como exportador. 

Es una exportación indirecta, pero revela nuevamente el lugar que pretende ocupar la empresa: generar la base biotecnológica para que empresas privadas puedan desarrollar después el negocio comercial.

Algo parecido ocurre con MisioFlor. Biofábrica abastece de ornamentales a la cooperativa misionera y esa producción llega posteriormente al mercado de La Plata.

La empresa pública queda así en el comienzo de cadenas que después continúan por manos privadas.

“Biofábrica es una empresa pública, con pensamiento de empresa privada”.

La compañía es una SAPEM -una sociedad anónima con participación estatal mayoritaria- y el Estado provincial sostiene parte de su estructura, particularmente salarios y gastos corrientes. Pero Miravet pretende que esa condición pública no signifique renunciar a buscar clientes, competir por precios, generar ingresos y conquistar mercados.

Una empresa privada necesita que cada investigación termine generando rentabilidad. Biofábrica puede sostener investigación y desarrollo incluso cuando el retorno no es inmediato porque parte de ese conocimiento termina después convertido en bienes públicos: bioinsumos para productores, nuevas variedades, forestales nativos, aromáticas, medicinales o tecnologías aplicadas a las chacras misioneras.

“Sin ese I+D nosotros no tendríamos el bioinsumo que después va a tu chacra”, resume Miravet.

Entre la sede central y el centro de San Vicente trabajan en Biofábrica alrededor de medio centenar de personas, con una producción que, por las características biológicas del proceso, requiere guardias y atención permanente. Miravet asegura que una parte del cambio fue organizacional.

Cuando asumió encontró áreas prácticamente separadas entre sí. Laboratorio y vivero funcionaban como mundos distintos. El primer movimiento fue elemental: hacer que las personas se encontraran y comenzaran a conversar.

Después vino otro desafío todavía más complejo: integrar la dinámica de Biofábrica y Biofarma.

Hoy comparten espacios, reuniones de responsables de áreas y procesos productivos. La transformación interna acompaña otra mucho más ambiciosa hacia afuera.

Biofábrica acumulaba alrededor de 50 protocolos vegetales, pero cuando la actual conducción comenzó a explorar seriamente la posibilidad de internacionalizar la empresa descubrió que faltaban cuestiones tan elementales como nomencladores y procedimientos aduaneros para sacar determinados productos del país.

Había conocimiento científico, pero faltaba arquitectura comercial. La empresa comenzó entonces a trabajar con Cancillería y representaciones diplomáticas para construir los procedimientos necesarios para exportar.

Ese cambio probablemente explique mejor que cualquier discurso lo que está ocurriendo.

Durante años, Biofábrica fue pensada fundamentalmente como una herramienta de política productiva misionera. Sigue siéndolo. Pero ahora pretende sumar otra identidad: una empresa tecnológica capaz de vender conocimiento argentino dentro y fuera del país.

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Kicillof cerró su gira en Misiones con fuertes críticas a Milei y un llamado a reconstruir el peronismo

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El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, cerró este miércoles su paso por Misiones con un acto político en la sede del Partido Justicialista, acompañado por el presidente partidario Christian Humada y ante cerca de cuatro mil personas, según la estimación de los organizadores.

El encuentro fue el punto final de una gira que tuvo previamente un marcado perfil institucional y productivo. Kicillof visitó la Biofábrica de Misiones, donde conoció desarrollos biotecnológicos provinciales, y mantuvo una reunión con el gobernador Hugo Passalacqua. El recorrido permitió al bonaerense articular dos planos: mostrar gestión y cooperación entre provincias y, horas después, elevar el tono político frente al Gobierno nacional.

En el PJ, Kicillof construyó buena parte de su discurso alrededor de una crítica frontal al presidente Javier Milei, aunque introdujo una definición menos habitual en el debate interno opositor: reconoció explícitamente que la experiencia nacional anterior encabezada por el peronismo terminó generando frustración.

“En Argentina venimos de una etapa donde los gobiernos, primero el de Macri, un desastre absoluto, luego un gobierno peronista que también nos dejó en la frustración, y vino Milei a decir que él traía las soluciones y las respuestas para los problemas que teníamos en la Argentina”, sostuvo.

La frase marcó uno de los ejes políticos de su intervención. Kicillof buscó diferenciar la construcción de una nueva alternativa tanto del macrismo como de los errores del último gobierno peronista, mientras profundiza una agenda territorial que en las últimas semanas lo llevó por distintas provincias.

El gobernador bonaerense apuntó especialmente contra una de las principales promesas con las que Milei llegó a la Presidencia: terminar con la denominada “casta”.

“Dijo que iba a combatir contra la casta. Pasa un día, pasa otro día y yo no conozco un gobierno más lleno de casta que el de Javier Milei”, afirmó.

También cuestionó el destino del ajuste fiscal y económico. Según Kicillof, la motosierra que el Presidente había prometido aplicar sobre los sectores privilegiados terminó afectando principalmente a trabajadores, jubilados, sectores medios, empresarios nacionales, comerciantes, industriales y productores.

“Hoy vemos que el ajuste y la desgracia recayeron sobre los pobres, los humildes, sobre los trabajadores, sobre los sectores medios, sobre los empresarios nacionales, sobre los productores de toda la Argentina”, enumeró.

El gobernador incluyó entre los sectores afectados a la universidad pública y al sistema científico y tecnológico nacional, dos áreas que vienen ocupando un lugar central en su confrontación política con la Casa Rosada.

Kicillof sostuvo además que varias de las principales promesas disruptivas del libertario no se concretaron y cuestionó la presencia dentro del Gobierno de dirigentes y funcionarios que anteriormente integraron la administración de Mauricio Macri.

A partir de esa lectura lanzó una de las frases más fuertes de la noche: calificó al gobierno libertario como “la estafa electoral más grande de la historia argentina”.

“Llegó a través de unas elecciones, pero también podemos decir que estamos ante la estafa electoral más grande de la historia argentina”, aseguró.

A diferencia de un discurso puramente nacional, Kicillof buscó aterrizar sus críticas sobre la estructura económica misionera. Mencionó específicamente la forestoindustria, la yerba mate, el té y el turismo, cuatro actividades centrales para la generación de ingresos y empleo provincial.

“Misiones es una provincia que tiene enormes riquezas y gente de laburo, comprometida”, señaló antes de referirse a la situación de la actividad forestal.

Para el gobernador bonaerense, la crisis del sector está relacionada con la caída del mercado interno y el freno de la construcción. “La actividad forestal cae y tiene crisis por decisión de Milei, que destruyó el mercado interno y paró la construcción”, afirmó.

También dedicó un tramo particular a la yerba mate, una de las economías regionales que más sintió el cambio regulatorio iniciado por el Gobierno nacional.

Kicillof vinculó la crisis yerbatera con la pérdida de las facultades regulatorias del Instituto Nacional de la Yerba Mate, la debilidad del consumo interno y el esquema cambiario. “La yerba mate está en una de las crisis más profundas”, sostuvo.

En rigor, el INYM no fue cerrado: continúa funcionando, aunque el DNU 70/2023 eliminó facultades centrales como la fijación de precios de la materia prima y posteriormente se profundizó la desregulación de la actividad. La precisión resulta relevante porque el cuestionamiento político de Kicillof apunta fundamentalmente al vaciamiento de las herramientas regulatorias que históricamente tuvo el organismo.

En el mismo diagnóstico incorporó al té y al turismo interno, sectores particularmente sensibles para Misiones por su peso en las exportaciones, el empleo y la actividad económica provincial.

Kicillof comparó además el discurso económico libertario con experiencias anteriores de gobiernos liberales y cuestionó la promesa de que el ajuste inicial desembocaría rápidamente en una recuperación.

Recordó las metáforas de la “luz al final del túnel”, el “segundo semestre” y los “brotes verdes” utilizadas durante otras etapas de la política argentina y las vinculó con las promesas actuales de crecimiento posterior al sacrificio.

“Empezó diciendo que hay que sufrir, que hay que hacer un sacrificio, que hay que transitar un tiempo difícil, pero que después vendrá el paraíso, que hay que atravesar el desierto”, señaló.

Y contrapuso: “La realidad es que el gobierno de Milei sólo nos trajo un desierto en términos de trabajo, salario y producción”.

La elección de esos tres conceptos -trabajo, salario y producción- no fue casual. Son precisamente los ejes con los que Kicillof intenta estructurar su discurso económico frente al modelo libertario y ampliar su llegada más allá del electorado tradicional del peronismo hacia pequeños y medianos empresarios, productores, comerciantes, trabajadores y sectores universitarios.

La visita a Misiones tuvo además una particularidad política. Kicillof llegó después de recorrer Chaco y Corrientes y mencionó también sus recientes pasos por Córdoba, Tierra del Fuego y La Pampa, en una secuencia de viajes que empieza a adquirir dimensión nacional.

En Misiones procuró separar la agenda institucional de la partidaria. Primero recorrió la Biofábrica y conoció la experiencia provincial en biotecnología, innovación y producción vegetal. Allí tomó contacto con el desarrollo del Phytolab, tecnología misionera que será instalada en Miramar para la producción de plantas de kiwi, una experiencia concreta de cooperación entre Misiones y Buenos Aires.

Posteriormente mantuvo un encuentro institucional con Passalacqua y finalmente desembarcó en el PJ para cerrar la jornada con el acto partidario.

Esa secuencia permitió mostrar una doble faceta: gobernador que busca acuerdos de gestión con otras provincias y dirigente opositor que comienza a recorrer el país con un discurso nacional.

“¿Qué le trajo Milei a Misiones?”

En el tramo más confrontativo de su discurso, Kicillof recordó la visita presidencial a Misiones y contrastó el estilo de Milei con el que, según sostuvo, debería tener un jefe de Estado frente a las provincias.

“¿Qué le trajo a Misiones Milei en tres años? Nada de nada”, lanzó.

Cuestionó además los viajes internacionales del Presidente y su permanente interlocución con inversores y mercados. “Ser presidente es darle respuesta al pueblo”, afirmó, antes de expresar su “repudio” a la reciente visita presidencial.

Más allá de la dureza retórica, el mensaje buscó instalar una disputa concreta: quién puede representar políticamente a los sectores productivos que sienten el impacto de la caída del consumo y de la actividad económica.

El acto en Misiones también dejó una señal hacia el interior del peronismo. Kicillof evita por ahora formalizar una candidatura presidencial, pero sus recorridas provinciales, las reuniones con gobernadores, dirigentes políticos y sectores productivos y la construcción de un discurso sobre los problemas de las economías regionales comienzan a darle volumen nacional a su figura.

En ese esquema, Misiones tiene una significación particular. No solamente por tratarse de una provincia gobernada por una fuerza política provincial, sino porque concentra varios de los sectores que permiten al bonaerense discutir el programa económico nacional desde la producción: yerba mate, té, madera, turismo, comercio fronterizo, economía del conocimiento y biotecnología.

El mensaje que dejó en Posadas tuvo, por eso, dos destinatarios. Uno fue Milei. El otro fue el propio peronismo.

Al reconocer la “frustración” provocada por la última experiencia nacional del PJ, Kicillof admitió implícitamente que la oposición no puede limitarse a esperar el desgaste del Gobierno libertario. Su apuesta pasa por reconstruir una propuesta capaz de convocar nuevamente a trabajadores y sectores populares, pero también incorporar a productores, empresarios nacionales, comerciantes, estudiantes, científicos y sectores medios.

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Kicillof en Misiones: “Es tiempo de  construir una alternativa amplia a Milei”

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La visita de Axel Kicillof a Misiones combinó gestión, producción, educación y política. El gobernador de Buenos Aires llegó a Posadas para desarrollar una agenda institucional junto al Gobierno provincial, recorrer experiencias de innovación misioneras y avanzar en convenios de cooperación, pero también dejó definiciones que empiezan a delinear su posición frente al escenario nacional y la discusión política hacia 2027.

La cuestión yerbatera ocupó un espacio central en su análisis económico. Kicillof trazó un paralelo entre la situación de los productores misioneros y diferentes economías regionales bonaerenses afectadas por la caída del consumo y la desregulación.

Su cuestionamiento apuntó directamente a la política nacional aplicada sobre el Instituto Nacional de la Yerba Mate. Recordó que durante su gestión como ministro de Economía de la Nación participó del esquema de determinación del precio de la materia prima y sostuvo que, en cadenas productivas con fuertes asimetrías, el Estado debe intervenir para equilibrar el poder entre los distintos actores.

Si no se determina un precio que permita distribuir al interior de la cadena a quién le va una parte del ingreso, obviamente el que sufre es el que menos poder tiene”, afirmó.

Kicillof sostuvo que la desregulación no elimina las relaciones de poder sino que fortalece al actor con mayor capacidad de negociación. “Cuando uno la ve en concreto, se trata de que el Estado se corra y entonces quede una especie de imperio del más fuerte”, planteó.

También utilizó como referencia la caída del precio de la hoja verde. Según relató después de conversar con el gobernador Hugo Passalacqua, dos años atrás los productores reclamaban alrededor de 505 pesos por kilo y actualmente reciben cerca de 250 pesos, una evolución que calificó como de “desastre” para el sector.

“La macro es la suma de las micros”

La definición económica más fuerte de la conferencia apareció cuando Kicillof cuestionó la idea de que la Argentina pueda exhibir buenos indicadores macroeconómicos mientras empresas, trabajadores y consumidores atraviesan dificultades.

¿Qué es la macro si no la suma de todas las micro?”, preguntó. Y agregó: “No puede haber una macro bien y una micro toda mal. Y la micro es la vida de la gente”.

Desde esa perspectiva, rechazó la tesis de que el deterioro del consumo y de la producción sea una etapa transitoria necesaria para alcanzar posteriormente una recuperación. Según Kicillof, el esquema económico combina salarios deprimidos, atraso cambiario, tasas de interés elevadas, energía cara y apertura importadora, factores que afectan simultáneamente a las familias y al aparato productivo.

El gobernador mencionó como resultado de ese proceso la pérdida de 411.000 puestos de trabajo y el cierre de 30.000 empresas desde el inicio del actual Gobierno nacional, cifras que utilizó para argumentar que la crisis ya atraviesa al sector privado que la desregulación prometía beneficiar.

Para explicar su cuestionamiento al programa antiinflacionario recurrió a una referencia a John Maynard Keynes. Sostuvo que reducir la inflación mediante la contracción de la actividad, el crédito y el consumo puede generar una aparente estabilidad, pero comparó ese resultado con “la paz de los cementerios”: una economía donde los precios pueden desacelerarse porque la actividad está paralizada.

“Este modelo no le sirve a nadie”

Kicillof extendió el diagnóstico desde Misiones hacia el resto de las provincias. Mencionó problemas en las economías regionales, la industria forestal, la construcción y las exportaciones y puso como ejemplo al té misionero, cuya competitividad atribuyó también a las condiciones cambiarias.

Su argumento fue que los problemas que observa en Misiones se reproducen, con diferentes actividades, en Buenos Aires, Chaco, Corrientes y otras provincias.

Este modelo no le sirve a nadie”, resumió al referirse al deterioro industrial. La afirmación surgió después de describir cierres fabriles incluso en pequeñas localidades del interior bonaerense y de señalar que Buenos Aires concentra aproximadamente la mitad de la industria argentina.

La relación con Brasil fue otro de los puntos utilizados para diferenciarse de la política exterior del Gobierno nacional.

Kicillof sostuvo que la política internacional debe organizarse alrededor de los intereses económicos y estratégicos argentinos y no de afinidades ideológicas personales entre presidentes.

“No estoy de acuerdo con pelearse con Brasil”, afirmó. Aclaró que su planteo excede su relación con Luiz Inácio Lula da Silva: “El problema es qué hace Argentina sin Brasil”. Cuestionó además que las diferencias políticas entre gobiernos puedan deteriorar la relación con el principal socio regional de la Argentina.

La visita tuvo inevitablemente una lectura electoral. Consultado sobre una eventual candidatura presidencial en 2027 y posibles acuerdos políticos con sectores misioneros, Kicillof evitó confirmar cualquier postulación.

“Las dos cosas son prematuras”, respondió. Definió 2026 como “un año para construir” y sostuvo que una candidatura individual no debería anteponerse a la conformación de una alternativa política.

La definición permite observar, sin embargo, el tipo de construcción que propone. Kicillof planteó que el espacio opositor debería trascender las fronteras tradicionales del peronismo e incorporar dirigentes y sectores provenientes de diferentes tradiciones políticas.

“No quiero anteponer ni una candidatura ni una campaña electoral a una construcción que tiene que ser desde abajo y desde las provincias”, sostuvo.

Más adelante profundizó esa idea. Consideró que todavía es temprano para determinar frentes y candidaturas y propuso reemplazar por ahora esa discusión por “una convocatoria más amplia”.

En esa construcción enumeró expresamente a estudiantes, investigadores, jubilados, productores e industriales, además de las distintas expresiones políticas que cuestionan el rumbo económico nacional.

Kicillof también se pronunció contra la eliminación de las PASO nacionales. Interpretó la iniciativa oficial como parte de una estrategia política vinculada con la reelección de Javier Milei y sostuvo que las primarias podrían funcionar como una herramienta para organizar una oposición más amplia.

El gobernador bonaerense afirmó que todavía no está definido si su espacio utilizaría las PASO, pero consideró incorrecto eliminarlas anticipadamente. Según su lectura, las primarias podrían permitir ordenar distintas alternativas dentro del peronismo o incluso de una coalición que lo exceda.

Exportación de biotecnología

Uno de los datos económicos más concretos de la jornada surgió en la Biofábrica de Misiones. La provincia profundizará la transferencia de biotecnología hacia Buenos Aires mediante la instalación de un Phytolab destinado al desarrollo y multiplicación de kiwi en Miramar, una nueva expresión de la capacidad misionera para exportar conocimiento, procesos y tecnología aplicada a la producción.

Kicillof destacó especialmente esa experiencia. Recordó que Buenos Aires ya trabaja con tecnología desarrollada en Misiones y señaló que existen proyectos vinculados con Mercedes y Miramar. La experiencia bonaerense, explicó, utiliza conocimiento y manejo transferidos desde la Biofábrica misionera para trabajar con especies nativas y producciones como alcaucil, batata, bromelias y kiwi.

Para el mandatario bonaerense, además, el modelo constituye una demostración del papel que pueden desempeñar el Estado, las universidades y el sistema científico en el desarrollo productivo. Vinculó expresamente la tecnología que observó en Misiones con investigaciones del CONICET y de universidades públicas y destacó el trabajo de científicos y técnicos argentinos.

La incorporación del Phytolab amplía esa relación. La tecnología desarrollada por Biofábrica permitirá avanzar en Miramar con herramientas de propagación vegetal y mejoramiento de las condiciones productivas del kiwi, trasladando conocimiento generado en Misiones hacia otra economía regional argentina.

La operación tiene además un valor simbólico: muestra a Misiones no solamente como productora de materias primas, sino como exportadora de tecnología y conocimiento aplicado al agro.

Antes de llegar a Biofábrica, Kicillof recorrió la Escuela de Innovación, otra experiencia que despertó elogios del gobernador. Destacó el modelo pedagógico, el protagonismo de los estudiantes y la posibilidad de generar intercambios entre los sistemas educativos de ambas provincias. Según explicó, se llevó ideas para analizar junto con las autoridades educativas bonaerenses y misioneras.

Ese recorrido sirvió además para uno de los argumentos centrales de su visita: la defensa de la capacidad estatal para innovar. Para Kicillof, tanto la Escuela de Innovación como Biofábrica muestran que lo público puede producir conocimiento, experimentar con nuevos modelos y trasladar soluciones concretas hacia la producción.

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Raúl Timerman: “Milei está para perder, pero no tiene contra quién”

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La paradoja que atraviesa al escenario político argentino puede resumirse en una frase: Javier Milei está en condiciones de perder una elección, pero todavía no aparece un adversario capaz de derrotarlo.

Así lo planteó Raúl Timerman, analista político y consultor de opinión pública, durante una entrevista con Open 101.7. Su diagnóstico combina dos dimensiones que avanzan en paralelo: por un lado, una sociedad golpeada por la crisis económica, el endeudamiento y la pérdida de expectativas; por otro, una oposición fragmentada que aún no consigue transformar ese malestar en una propuesta política común.

“El Gobierno está para perder, pero no tiene contra quién”, sintetizó Timerman. La definición no supone que Milei conserve la fortaleza electoral de otros momentos, sino que la debilidad presidencial todavía no encuentra enfrente una construcción política capaz de capitalizarla.

Una sociedad dividida por la capacidad de llegar a fin de mes

Para Timerman, cualquier descripción del humor social debe comenzar por reconocer que la Argentina está profundamente segmentada.

Una parte de la población logra llegar a fin de mes e incluso conservar alguna capacidad de ahorro. Otro grupo consigue cubrir sus gastos, pero después de haber realizado ajustes en su economía familiar y sin margen para ahorrar. En conjunto, ambos sectores representan algo menos de la mitad de la sociedad.

Del otro lado aparece una mayoría que necesita utilizar ahorros o recurrir al endeudamiento para sostener sus gastos cotidianos.

“Alrededor del 36% de los argentinos se endeuda para llegar a fin de mes. Hoy ya están endeudados, la mayoría son morosos y no saben si van a poder pagar sus deudas”, describió.

A esa situación se suma que más del 70% considera que el país atraviesa una crisis económica. Dentro de ese universo, la mayoría cree que lo peor todavía no pasó.

“La situación anímica de la sociedad argentina es de depresión y desesperanza, a pesar de que existe un sector que vive bien”, señaló.

El consultor apeló a una imagen para graficar la magnitud de las diferencias. En la Argentina conviven quienes nunca viajan en avión, quienes pueden hacerlo ocasionalmente, quienes utilizan habitualmente vuelos comerciales y una minoría que se desplaza únicamente en aviones privados.

“No podés describir la sociedad si no la particionás”, explicó. Esa fragmentación económica también tiene consecuencias políticas: un sector que inicialmente había depositado expectativas en el Gobierno comenzó a perderlas, aunque todavía no encuentra una representación alternativa.

Un Gobierno que conoce el deterioro, pero no logra corregirlo

Timerman rechazó la idea de que el Gobierno desconozca el deterioro social. Según explicó, algunos sectores de la administración nacional monitorean permanentemente la opinión pública y cuentan con información precisa sobre el impacto económico del programa oficial.

El problema, advirtió, no sería la falta de diagnóstico, sino la imposibilidad de modificar el rumbo.

“El Gobierno conoce muy a fondo esta situación, porque evalúa la opinión pública de manera permanente”, sostuvo. Sin embargo, describió una gestión condicionada por el aislamiento presidencial, la rigidez del modelo y la escasa capacidad de los funcionarios para manifestar diferencias.

“Hay muchos ministros y secretarios de Estado que se dan cuenta del estado en el que está el Presidente, de su aislamiento, de su obsecuencia con un modelo y de la poca posibilidad que tienen de presentar disconformidades”, afirmó.

Ese esquema, según su análisis, deja al Gobierno “paralizado” frente a la necesidad de introducir correcciones. La dificultad no surge solamente del contenido del programa económico, sino del “empecinamiento” de Milei en sostenerlo incluso cuando aumentan las señales de deterioro social y político.

El peronismo permanece junto, pero no unido

La oposición percibió esa debilidad, pero tampoco resolvió sus propias contradicciones. Timerman ubicó dentro del espacio panperonista a Cristina Fernández de Kirchner, Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa.

Todos ellos, explicó, reconocen que el desgaste del Gobierno abre una oportunidad para regresar al poder. Esa expectativa es, por ahora, el principal factor que los mantiene dentro de un mismo espacio.

“Es lo único que los mantiene juntos. No diría unidos, pero sí juntos”, diferenció.

Las tensiones internas podrían profundizarse al momento de definir las candidaturas presidenciales de 2027. Timerman consideró probable que Kicillof busque competir y señaló que Massa también podría presentarse. En ese escenario, Cristina Kirchner deberá decidir cómo intervenir en la interna.

“No creo que apoye a Axel Kicillof. Eventualmente puede llegar a apoyar a Sergio Massa, aunque tampoco es ideológicamente cercana”, evaluó.

La incertidumbre opositora, por lo tanto, no se limita a la selección de nombres. También involucra la falta de una síntesis política, programática y generacional que permita ampliar su representación más allá de los límites tradicionales del peronismo.

Tres bloques y el crecimiento del “ningunismo”

Timerman describió una sociedad electoral dividida en grandes franjas. Cerca del 30% permanece próximo al Gobierno; otro porcentaje similar se identifica con el espacio que representó Fuerza Patria; y alrededor de un tercio no se siente cercano a ninguno de los dos polos. A ellos se suman la izquierda y otras fuerzas minoritarias.

Ese tercer bloque alimenta lo que comienza a definirse como “ningunismo”: ciudadanos que rechazan tanto al oficialismo como a la principal oposición, pero que todavía no confluyen detrás de una misma candidatura.

La existencia de ese espacio no garantiza, por sí sola, el surgimiento de una tercera fuerza competitiva. Para Timerman, todo dependerá de la aparición de un liderazgo capaz de reunir demandas muy diferentes.

El consultor ilustró esa dificultad con una medición construida a partir de tres afirmaciones.

Un 29% responde que está de acuerdo con el Gobierno de Javier Milei. Ese porcentaje constituye el núcleo duro oficialista.

Otro 12% sostiene que no está de acuerdo con el Gobierno, pero que no encuentra una alternativa. La suma de ambos grupos alcanza el 41%, una cifra equivalente al desempeño electoral obtenido por La Libertad Avanza en las elecciones legislativas.

Finalmente, un 56% afirma que no está de acuerdo con el Gobierno y considera que existe otra alternativa.

El problema aparece al analizar la composición de ese último grupo.

“No para todos la otra alternativa es la misma. Ven alternativas diferentes”, explicó Timerman. El desafío será determinar si algún candidato puede reunir dentro de ese 56% el respaldo suficiente para llegar a la Presidencia.

La avenida del medio que nunca terminó de consolidarse

La dificultad para construir una tercera alternativa no es nueva. Timerman recordó experiencias electorales como las de Roberto Lavagna y Juan Schiaretti, que buscaron representar una opción intermedia, pero terminaron obteniendo entre seis y siete puntos.

Para describir los límites de ese espacio, citó una definición del analista Luis Tonelli sobre la denominada “ancha avenida del medio”: “Rodríguez Larreta la llenó de Metrobús”.

La ironía apunta a una conclusión concreta: existe un electorado que rechaza la polarización, pero eso no significa que esté políticamente vacío, disponible o dispuesto a acompañar cualquier candidatura presentada como moderada.

Ese electorado reúne posiciones económicas, sociales e ideológicas diferentes. La sola promesa de ocupar el centro no alcanza para transformarlo en una fuerza electoral.

¿Una nueva polarización o una figura inesperada?

De cara a las presidenciales de 2027, Timerman evitó anticipar si la Argentina volverá a una competencia entre dos grandes bloques o si aparecerá una tercera candidatura capaz de romper esa dinámica.

“Es difícil saberlo ahora. Va a depender mucho de si surge o no una figura política”, indicó.

El antecedente más inmediato es el propio Milei. Antes de su irrupción, la política argentina parecía encaminada a repetir la polarización entre el peronismo y el PRO. Sin embargo, el economista libertario apareció por fuera de esa disputa, desplazó a Juntos por el Cambio y llegó a la Presidencia.

“Entre la polarización del peronismo y el PRO surgió Javier Milei. La polarización no era con Milei, era con el PRO. Puede surgir alguien, puede irrumpir alguien”, remarcó.

La posibilidad existe, pero todavía no tiene nombre. Mientras tanto, Milei conserva una ventaja paradójica: el deterioro económico y la pérdida de expectativas lo colocan en una situación de vulnerabilidad, pero la fragmentación opositora le impide al descontento convertirse en una amenaza electoral definida.

El Gobierno perdió parte de la esperanza que lo llevó al poder. El peronismo continúa atrapado en su disputa interna. El radicalismo carece de centralidad y el PRO busca evitar su disolución política. Entre esos espacios crece una sociedad que quiere otra alternativa, aunque todavía no sabe cuál.

Ese vacío es, al mismo tiempo, la principal debilidad de Milei y su mayor fortaleza.

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La batalla de los elementos

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Otra victoria como esta y estamos perdidos”. La frase fue pronunciada por el rey Pirro de Epiro en el año 279 a. C tras vencer a los romanos en la batalla de Ásculo, debido a la enorme cantidad de soldados propios que perdió en el combate.

La cita nunca perdió vigencia y sirve para describir el estado de situación tras la aprobación de la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, impulsada por el Gobierno de Javier Milei para seducir a potenciales inversores. 

La ley diseñada por Federico Sturzenegger obtuvo la media sanción en el Senado, pero reducida a una mera hojarasca, como “El Coloso” gusta llamar a las normas que no son de su agrado. 

El diario de sesiones dirá que la ley fue aprobada por 37 votos contra 33 rechazos, pero el resultado, en verdad, fue desastroso para el Gobierno. Perdió en todos los niveles posibles, en el ámbito legislativo, pero peor aún, en la pulseada política, en la calle y hasta en las redes sociales, su elemento favorito. Hasta Tini Stoessel, usualmente inexpresiva en cuestiones políticas,  usó sus redes para manifestarse en contra. Lo mismo hizo Lisandro Martínez, el defensor de la Scalonetta. Faltó Messi. Pero sí se anotó Antonela Roccuzzo, quien le dio like a una publicación que rechazaba el proyecto oficial. 

Quedó flotando la sensación de que se despertó una bestia dormida. La política también se desperezó, aunque es pretensioso que algún dirigente se adjudique poderes de convencimiento como el que le quieren atribuir a Sergio Tomás Massa. Los gobernadores fueron clave para frenar la ley, incluso los que la Casa Rosada consideraba aliados constantes. 

El misionero Hugo Passalacqua se puso, literalmente, la gorra: “Lo que amamos no se vende”, se podía leer en la visera que usó en la Fiesta del Azúcar Rubio, en Mojón Grande. Horas antes de la sesión, remarcó en un video: “Nuestra posición es clara, no acompañaremos ninguna iniciativa que facilite la extranjerización de nuestras tierras. Defender la tierra es defender a los misioneros y a las generaciones que vienen”.

Passalacqua rompió con el alineamiento automático y los senadores misioneristas fueron los que activaron la reacción en cadena. Habían recibido el pedido del Gobernador de votar en contra de la ley. Sonia Rojas Decut ya había anticipado su oposición al capítulo tercero, de la extranjerización de la tierra. Carlos Arce emitió un comunicado horas antes de la sesión. Tras ese posicionamiento, senadores de otras provincias comenzaron a anticipar su rechazo, lo que obligó a Patricia Bullrich, la jefa del bloque libertario, a dar de baja el capítulo entero para salvar la ley. 

La perenne, apenas unas horas antes se había jactado de ganar por un voto. En la sesión quedó en evidencia que contó mal los porotos y la ley estuvo a punto de fracasar. También hubo que quitar del paquete la reforma a la ley del Manejo del Fuego, que el Gobierno quería desesperadamente derrumbar. La norma actual impide -por 30 años para zonas agropecuarias, pastizales o matorrales o 60 para áreas sensibles- modificar el uso del suelo después de un incendio, para evitar que la especulación inmobiliaria devore humedales, montes o estepas patagónicas. La resistencia en las calles y de diversos actores ambientalistas forzó el rechazo de los senadores. No ayudó demasiado al Gobierno la revelación de que el senador libertario Joaquín Benegas Lynch maneja una empresa dedicada a vender propiedades a extranjeros. 

¿Por qué eran importantes ambos capítulos para Misiones? La flexibilización de los límites para la compra de tierras por parte de extranjeros tendría un enorme impacto en un territorio tan pequeño. Hoy Misiones ya tiene el 11 por ciento de la tierra en manos extranjeras, pero hay varios departamentos por encima del límite, con Iguazú al tope con casi 39 por ciento. Habilitar la extranjerización del acceso a recursos naturales como el agua, atenta contra la identidad misionera, lo mismo que implica un riesgo para la biodiversidad custodiada. Los libertarios, como antes el macrismo, promocionan el plan Maizar para extender la frontera agraria y la crisis de la yerba mate volvió a colocar en la vulnerabilidad a miles de pequeños productores. Razones que explican la resistencia política ejercida por Passalacqua y diversos espacios políticos, incluido un colectivo de ex legisladores de diversas corrientes, que firmó un comunicado conjunto.

Caídos los capítulos de Tierra y Fuego, el Gobierno se quedó apenas con la normativa referida al encarecimiento de las expropiaciones y los desalojos exprés, pero ésta última norma regirá únicamente para Capital Federal si no se adhieren las provincias. Muy poco para semejante traspié. Más de cuatro meses de desgaste, cuatro sesiones fallidas y 17 borradores.

En el Gobierno nadie quiere asumir los costos. Bullrich acusa a Sturzenegger de ser demasiado pretencioso con los planes de reforma y El Coloso tambalea, lo mismo que las garantías de aprobación de la reforma del Banco Central, Inocencia Fiscal II, el Súper RIGI y el régimen de Zona Fría. Se dice que se frenará una segunda oleada de desregulación por el temor libertario a poner en riesgo el plan reelección, para la que Milei dice ya tener elegido al candidato a vice. La actual, Victoria Villarruel, es protagonista de la guerra fría con el Presidente y podría ser candidata presidencial, según adelantó Miguel Ángel Pichetto.

Pero el plan de reelección enfrenta hoy mismo otros riesgos: el agotamiento de la sociedad, una inflación que no se deja domar -marcó 2,9 por ciento en Capital Federal y encendió todas las alarmas- y una pobreza que volvió a subir al 30% en el primer trimestre según la Universidad Católica Argentina.  

Todas las encuestas empiezan a contar la misma historia. Cambian las consultoras, las preguntas y los porcentajes, pero el clima se repite. Domina el pesimismo económico y la bronca y la tristeza superan largamente a la esperanza. Milei todavía conserva un núcleo duro considerable, pero el problema está fuera de ese perímetro. Cuando más de la mitad de la sociedad dice estar peor, seis de cada diez quieren un cambio de Gobierno y el rechazo presidencial empieza a convertirse en un techo electoral, la discusión deja de ser sobre comunicación, relato o “batalla cultural”. 

Ahí aparece la paradoja que puede definir 2027. Milei llegó al poder porque consiguió convertir el hartazgo en esperanza; ahora corre el riesgo de que ese mismo hartazgo encuentre otro vehículo político. Ya no puede responsabilizar indefinidamente a “la casta”, al kirchnerismo o a la herencia recibida porque, después de años en la Casa Rosada, la realidad empieza a ser suya. Y mientras el oficialismo se enfrenta a ese desgaste, el peronismo descubre que ni siquiera necesita enamorar todavía: le alcanza, por ahora, con que crezca el desencanto. 

Hay un dato adicional que empieza a modificar el tablero y que hasta hace pocos meses parecía improbable: Axel Kicillof aparece por primera vez arriba en varias mediciones -Zuban & Córdoba lo registra por primera vez- y se consolida como el dirigente opositor con mayor capacidad de disputar el centro de la escena, a pesar de las zancadillas constantes de Máximo Kirchner y La Cámpora. Zuban Córdoba muestra al peronismo con 31,3% de intención de voto contra 28% de La Libertad Avanza. En paralelo, el Presidente acumula 61,3% de imagen negativa, su Gobierno llega al 65,3% de desaprobación y el 61,9% dice que votaría por un cambio del Gobierno actual.

Por primera vez desde la llegada de Milei al poder, el descontento empieza a encontrar enfrente una referencia política competitiva

Y quizás allí esté el dato más incómodo para el oficialismo. Milei conserva un piso electoral duro, pero también construyó un techo de rechazo cada vez más difícil de perforar: Zentrix mide 58,5% de imagen negativa y apenas 30,9% positiva, mientras otras encuestas colocan a Kicillof por encima del Presidente. 

Hay otro indicador que completa el cuadro y acaso sea más significativo porque mide algo más profundo que la popularidad de un dirigente: la confianza en el Gobierno. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella cayó 6,5% en julio y quedó en apenas 1,94 puntos sobre cinco. Además, el nivel de confianza en el mes 31 de Milei resulta 3,9% inferior al que tenía Mauricio Macri en el mismo momento de su presidencia. La señal se vuelve difícil de relativizar. Ya no es una encuesta adversa ni una mala semana: son distintos termómetros marcando la misma fiebre. El Gobierno conserva poder, iniciativa y un núcleo electoral fiel, pero está perdiendo el activo que hizo posible la experiencia libertaria: la expectativa de que el sacrificio de hoy necesariamente desembocaría en un mañana mejor. 

La batalla de los elementos también dejó claro que el Gobierno nacional depende más de los gobernadores que éstos del Presidente. 

En Misiones el Gobernador puso fin al alineamiento automático que caracterizó los tiempos de la Renovación en relación con el Gobierno nacional. 

Con la implosión de ese espacio, Passalacqua asumió un nuevo liderazgo que prioriza el interés misionero. El nuevo concepto concitó una enorme adhesión, incluso de extrapartidarios, entre ellos varios dirigentes radicales que podrían sumarse en las próximas horas. De todos modos, el tiempo de (re) organización se termina. El próximo lunes, el 17 de agosto, marcará el inicio de una nueva fase que tendrá definiciones y acciones que identificarán el nuevo tiempo. Habrá que estar atentos a las palabras y a la foto.

El Movimiento por lo que viene tendrá un debut legislativo bastante más contundente de lo que sugerían los cálculos iniciales. El nuevo bloque arrancará con 17 diputados provinciales, bajo la presidencia de Juan José Szychowski, cuando el objetivo original era reunir al menos ocho bancas que funcionaran como respaldo político de la gestión provincial. El número final duplica aquella expectativa y convierte al espacio en la primera minoría dentro de la nueva configuración de la Legislatura misionera. Además, la nómina incorpora figuras de procedencias políticas diversas, una señal de que el armado pretende trascender las fronteras partidarias tradicionales.

El bloque estará integrado por Juan Alberto Ahumada, Alejandro Fabián Arnhold -ex presidente del bloque renovador-, Aryhatne Nicold Bahr, Roberto Hugo Benítez, Rudi Samuel Bundziak, Sara Carolina Butvilofki, Anazul Centeno, Rita Marina Flores, Waldovino Enio Lemes, María del Carmen Méndez Ason, Blanca Raquel Núñez, José Luis Pastori, Juan Manuel Rodríguez, Roque Soboczinski, Arabela Azul María Soler, Juan José Szychowski y Alicia Beatriz Zalesak. 

El bloque Encuentro Misionero quedará bajo la conducción de Carlos Rovira, con tres legisladores, incluido el presidente de la Legislatura, Sebastián Macías. 

Pero la onda expansiva generada por la irrupción del Movimiento, amenaza con extenderse. En el Concejo Deliberante de Posadas, el nombre Encuentro Misionero va camino a diluirse. El intendente Leonardo Stelatto tendrá bloque propio en una alternativa intermedia, el ex presidente del Cuerpo, Jair Dib tiene espacio unipersonal y quedan tres concejales que evalúan su futuro. En Oberá el ex bloque renovador migró masivamente. En el Senado, Sonia Rojas Decut armó un bloque unipersonal denominado Movimiento por Misiones. En Diputados podrían imitarla.

El debut del nuevo bloque, que será presidido por Juan José Szychowski, será con el análisis del Presupuesto provincial diseñado por Passalacqua. Tomará estado parlamentario el próximo jueves y como dato saliente, a diferencia de las políticas nacionales, blinda la inversión social, a la que se destina el 63 por ciento de los recursos. La preocupación de Passalacqua es compartida por la Iglesia: el viernes, en la misa central en homenaje a San Cayetano, el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez no usó eufemismos: “Queremos subrayar que nos genera mucha preocupación que aquellos que tienen responsabilidades de todo tipo en la sociedad, por ahí no entiendan la importancia que tiene el trabajo para el pueblo, para la gente, para los ciudadanos”, planteó.

“Cuando se piensa en una Argentina mejor por ahí se piensa en una especie de macroeconomía o de proyectos económicos”, señaló. Y cerró: “Proyectos económicos donde cierran los números, pero donde la gente no está. No nos sirve cuando la gente no está”.

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