Banco Central

5×1: El negocio financiero y la fuga de dólares

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El año 2016 representó un fuerte quiebre de la tendencia mostrada por la fuga de capitales en relación al PBI. Dicho ratio se redujo de manera inequívoca desde la imposición de los controles cambiarios hacia fines de 2011, llegando a representar el 0,2% de la riqueza anual del país en 2015 (que incluso considera el mes de diciembre donde la Formación de Activos Externos –FAE- se incrementa bruscamente producto de la “liberación del cepo”), pero duplicándose hasta el 0,5% en 2016. Siempre en términos netos, es decir restando los ingresos de dólares por la misma operatoria, la Formación de Activos Externos alcanzó los USD 12,7 mil millones, casi un cuarto de las reservas.

Al observar la radiografía completa, se evidencia que por cada dólar ingresado como IED, se fugaron 5 dólares (5×1). Este esquema implica que el endeudamiento es colectivo pero la fuga es privada.

…la fuga de capitales es “esperable” en un modelo donde el Estado es el prestador del servicio de endeudamiento, tal como sucedía en el modelo de Valorización Financiera (1976-2001). Lo que el BCRA indica no es más que lo que hemos advertido desde hace tiempo: el Estado toma deuda para que los grandes actores de la economía puedan fugarlos.

El primer año del gobierno de Cambiemos se caracterizó por un fenomenal proceso de endeudamiento externo encarado desde el Estado, que posicionó al país como el principal tomador de crédito externo entre los países emergentes. Incluso, la colocación de abril de 2016 para “cerrar” el conflicto con los fondos buitre (unos USD 16,5 mil millones) fue consagrada como la más importante en la historia de un país emergente, record que sólo fue superado por Arabia Saudita unos meses después.

El festival de deuda no cesó en 2017 y el gobierno continuó endeudándose en dólares con bancos privados (a través de REPO), actores locales (con LETES) e internacionales (a través de la colocación de bonos a 5 y 10 años).

A esta altura, la caracterización de este proceso es por todos conocida: el gobierno pretende zanjar la brecha externa por la vía del endeudamiento, pero recorriendo a la vez, un camino distinto al desafío que implica la industrialización y el cambio estructural necesario para atacar el problema histórico de la restricción externa en un país periférico como la Argentina. Sin embargo, surge la pregunta ¿por qué hay brecha externa en una economía que no crece? Para ello basta hacer un somero repaso de dos cuestiones centrales en el frente externo actual: la evolución de la inversión extranjera y la fuga de capitales.

 

Lluvia de inversiones

Durante 2016, la tan mentada “lluvia de inversiones” sólo permitió volver a los niveles de inversión de 2013, algo mayores a 2015 pero muy por debajo de 2011 y 2012. Esto no resulta un tema menor si se tiene en cuenta que se pretende dinamizar la economía con dichas inversiones.

Esta performance resulta aún más abrumadora cuando se analiza el desempeño de nuestro país durante 2016 en relación al resto de los países de la región: Argentina fue el que ostentó el ratio inversión extranjera/PBI más bajo, sólo apenas superando a Ecuador.

En efecto, la evidente negativa del capital internacional de instalarse en nuestro país aceleró bruscamente el proceso de endeudamiento. Esta manifiesta necesidad derivó en costos de financiamiento aún muy elevados. En esa categoría -referida a los costos de la financiaciónArgentina es el país más castigado apenas por detrás de Ecuador, con la salvedad de que, a diferencia del modelo de Cambiemos, el crecimiento ecuatoriano no es dependiente del endeudamiento externo (menos aun considerando que se trata de una economía dolarizada). Como ya advertimos en trabajos anteriores1 , el gobierno no logra convencer a los mercados internacionales ni al mercado local sobre la consistencia del “cambio” en términos económicos y políticos. Las constantes rectificaciones de rumbo y la seguidilla interminable de pésimos indicadores en los 15 meses de gobierno que ya lleva su gestión no hacen más que agravar esta situación. Incluso, el poder financiero transnacional aún le reclama al gobierno el hecho de endeudarse por fuera de la plaza internacional (a través REPO, Letras locales, etc.), a tal punto de que algunas firmas nacionales lograron financiarse a una mejor tasa que la obtenida por el propio Estado Nacional.

Recapitulando, el magro desempeño inversor cristaliza una dinámica externa crecientemente consolidada como eje del esquema macroeconómico: los dólares sólo ingresan por endeudamiento y a un costo medio superior al que paga cualquier país de la región. Este segundo punto podría ser anecdótico, pero redundará en dato central a la hora de estimar qué tan caro saldrá el “retorno al mundo”, cuando haya que pagarlo. Menos inversiones, más fuga El año 2016 representó un fuerte quiebre de la tendencia mostrada por la fuga de capitales en relación al PBI.

Dicho ratio se redujo de manera inequívoca desde la imposición de los controles cambiarios hacia fines de 2011, llegando a representar el 0,2% de la riqueza anual del país en 2015 (que incluso considera el mes de diciembre donde la Formación de Activos Externos –FAE- se incrementa bruscamente producto de la “liberación del cepo”), pero duplicándose hasta el 0,5% en 2016. Siempre en términos netos, es decir restando los ingresos de dólares por la misma operatoria, la Formación de Activos Externos alcanzó los USD 12,7 mil millones, casi un cuarto de las reservas.

Al observar la radiografía completa, se evidencia que por cada dólar ingresado como IED, se fugaron 5 dólares (5×1). Este esquema implica que el endeudamiento es colectivo pero la fuga es privada. El modelo: las penas son de nosotros, los dólares son ajenos Queda aún en el tintero la pregunta: ¿para qué necesita dólares una economía en recesión? Tal como han manifestado las autoridades económicas en varias oportunidades, el camino a recorrer es hacia un esquema puro de tipo de cambio flexible, donde la variable de ajuste ante shocks externos es la cotización del dólar. En ese modelo, las reservas no tienen mayores utilidades dado que el BCRA no opera de manera directa en el mercado cambiario. Por ello, el único fin del endeudamiento es el financiamiento artificial de la fuga de capitales. En palabras del propio BCRA: “El sector público no financiero se constituyó como el principal tomador de crédito externo, dada la estrategia de reducción gradual del déficit fiscal heredado. En un régimen de tipo de cambio flexible como el elegido por el BCRA para darle sostenibilidad al proceso de desinflación, es esperable que el sector privado se transforme en quien adquiera las divisas ingresadas por el sector público (tanto para la formación de activos externos como para el giro de utilidades, transacciones que se encontraban restringidas anteriormente).” Informe de Política Monetaria del BCRA, Enero de 2017, Pag. 19; Énfasis añadido Como se desprende de la cita anterior, la fuga de capitales es “esperable” en un modelo donde el Estado es el prestador del servicio de endeudamiento, tal como sucedía en el modelo de Valorización Financiera (1976-2001). Lo que el BCRA indica no es más que lo que hemos advertido desde hace tiempo: el Estado toma deuda para que los grandes actores de la economía puedan fugarlos.

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El turismo tuvo un déficit de u$s 2163 millones, el más alto de la historia

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El Banco Central informó hoy que entre enero y febrero de este año el déficit entre los ingresos y egresos de divisas por turismo alcanzó el récord de u$s 2163 millones, el máximo histórico registrado en el Mercado Único de Cambios.

“Los egresos netos por US$ 2.163 millones del primer bimestre de 2017 representaron el máximo de la historia del MULC por el concepto”, informó el BCRA en el informe de Balance Cambiario de febrero de 2017.

La caída más pronunciada se registró en enero, cuando el rojo para el mercado de cambios fue de u$s 1266 millones, casi el doble de lo que se había registrado en el mismo mes del 2016. Este año, el aumento de los egresos fue del 56% (u$s 1433 millones), mientras que los ingresos de divisas por turismo fueron 27% mayores (u$s 167 millones).

En febrero, en tanto, el déficit cambiario fue de u$s 897 millones, con un aumento del 17% de los egresos (u$s 1048 millones) y 21% de aumento interanual de los ingresos brutos en este rubro (u$s 151 millones).

 
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A pesar del repunte de la inflación, el Banco Central bajó las tasa de Lebac a 22,25%

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El Banco Central decidió recortar este martes en 50 puntos básicos la tasa de las Lebac a 35 días, que quedó en 22,25%, a pesar de que la inflación en febrero fue de 2,5% por encima del objetivo de la entidad monetaria (1,5% mensual).

En la licitación mensual de Lebac, la entidad debía afrontar un megavencimiento de $274.000 millones, que equivale a un tercio de la base monetaria. Eran letras que se renuevan o deben pagarse, con la consiguiente inyección de ese dinero en la plaza, presionando hacia arriba los precios.

Este ajuste “no se condice con lo que había reconocido hace 15 días el BCRA de que un repunte de la inflación para estos meses, ni con los datos del Indec de la semana pasada”, indicó el analista Christian Buteler, quien consideró que en esta decisión “tuvieron más peso el ala política y la necesidad de mejorar la economía”.

“Creo que es buen dato para la economía pero malo para la reputación del BCRA”, sentenció Buteler.

Algunos analistas piensan que, más allá del discurso “duro” de Sturzzenegger, de aguantar las presiones para bajar la tasa, mantener los tipos de interés alto y combatir la inflación, al final del día lo que prima es siempre la imperiosa necesidad política del Gobierno de mostrar que hace cosas para reactivar la economía y que los “brotes verdes” lleguen al bolsillo de la gente.

MB

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Para no dejar lugar a un rebrote inflacionario, el Banco Central mantiene las tasas en 24,75%

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El Banco Central (BCRA) anunció que mantiene, por decimocuarta semana consecutiva, su tasa de política monetaria en 24,75%, preocupado por un repunte de la inflación de acuerdo a datos obtenidos de diversos índices y en vista de los aumentos de precios regulados que tienen lugar en los próximos meses.

La autoridad monetaria basó su decisión, por un lado, tras conocer los resultados del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que arrojó que los analistas ven la inflación más alta respecto a al pronóstico de enero.

“Las expectativas de inflación para 2017 se mantuvieron en 20,8% para el nivel general del IPC-GBA y aumentaron de 18,4% a 18,5% para su componente núcleo. Para 2018, los valores se incrementaron levemente”, explicó la autoridad monetaria en su comunicado.

Estas expectativas se mantienen por encima de las metas de inflación de la autoridad monetaria para 2017 (12-17%) y para 2018 (8-12%).

Por su parte, la entidad que conduce Federico Sturzenegger sostuvo que “las estimaciones y los indicadores de alta frecuencia de fuentes estatales y privadas monitoreados por el Banco Central indican que la inflación de febrero mostrará un alza respecto del valor registrado en los últimos meses, tanto para el nivel general como para el componente núcleo, con una incidencia importante, aunque no exclusiva, de los precios regulados”.

Aclaró de todos modos que “los mismos indicadores sugieren que durante el mes de marzo el proceso de desinflación se encuentra en el sendero previsto por el BCRA”.

Según el BCRA “estos desarrollos muestran un nivel de volatilidad de la inflación mensual esperable en los procesos de desinflación -acentuado en este caso por las variaciones en los precios regulados- y ameritan una actitud de cautela”.

El Central reiteró que seguirá manteniendo un claro sesgo antiinflacionario para asegurar que el proceso de desinflación continúe hacia su objetivo de una inflación entre 12% y 17% durante 2017.

MB

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En 30 días el Central destruirá 25.000 millones de pesos

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Las reuniones que se venían llevando a cabo todos los viernes en el BCRA (las primeras algo tensas) bajaron de decibeles, al punto que ahora dejarán de verse los rostros semanalmente para pasar a una frecuencia quincenal. El viernes estuvieron presentes, además de funcionarios del Central y de la AFIP, las cámaras que agrupan a los bancos, y directivos del área corporativa de Santander, Citi, HSBS, Galicia, Macro, Francés y Patagonia, entre otros, además de las entidades extrabancarias y de las redes Prisma y Red Link.
Ahora el panorama ya está más claro, pues la autoridad monetaria se comprometió a destruir $ 25.000 millones en billetes de $ 100 deteriorados en los próximos 30 días, a razón de $ 1000 millones diarios, más una tanda extra de $ 5000 millones one shot esta semana, de forma tal de cumplir con los $ 25.000 millones a lo largo de un mes.

En rigor de verdad, se estableció 10 millones de billetes por día, que sumarían $ 1000 millones en caso de ser todos de $ 100, pero las entidades tienen billetes de baja denominación (de $ 2 y de $ 5) en pésimo estado que ya ni se pueden usar y les ocupan mucho lugar, por lo que no les conviene tenerlos, ya que les ocupa mucho espacio físico en las bóvedas.
Como la capacidadde destrucción de billetes venía siendo muy escasa, aún no se habían podido desprender de ellos. Desde ya, no todos los bancos tienen las mismas necesidades, ya que hay entidades públicas que pagan jubilaciones y planes sociales que necesitan más “físico” que otras. Lo cierto es que la cifra de $ 25.000 millones surge porque es el monto que los bancos tienen en circulante en sus tesoros y no pueden incluirlo en la posición de efectivo mínimo.

Por ejemplo, los fondos que las empresas tenían en cuenta corriente no los podían colocar en tasas activas.
Este puntapié arroja una masa de normalización en el sistema y pone las cosas en condiciones como figurita de cambio para que los bancos acepten postergar 180 días el cobro de comisiones del 1% por depósito en efectivo a empresas.

De todas formas, no fue eso lo que las entidades anunciaron a sus clientes empresas. Quienes habían avisado que empezarían a cobrar desde marzo, anunciaron que lo postergaron hasta abril, y quienes iban a empezar desde abril lo postergaron hasta mayo. En todos los casos, los bancos aclararon que se irá viendo mes a mes, a medida que se vayan cumpliendo los compromisos acordados con el Central. Para lograrlo, en la Casa de la Moneda habrá una ampliación y optimización del uso de la máquina de destrucción de billetes que compraron los bancos, con más turnos de trabajo.

El foco ahora está puesto en que las empresas de cobranzas instalen en la primera quincena de abril tarjeta de débito para poder pagar las facturas (ya lo tienen acordado con Red Link, mientras con Prisma esperan hacerlo entre mayo y junio).

La premisa es que el que esté en blanco consuma en blanco: que los jubilados y beneficiarios de planes sociales empiecen a usar más los canales electrónicos. A su vez, que los comercios minoristas tengan las terminales para poder cobrar con tarjeta, por eso el incentivo de dársela gratis por dos años. Lástima que justo eliminaron la devolución del 5% del IVA, que era un beneficio concreto.

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