Banco Central

Sturzenegger empieza a admitir que el mercado ya no cree en su plan anti-inflación: “Tenemos un gap de credibilidad”

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¿Se puede bajar la inflación en la Argentina únicamente combatiéndola con la tasa de interés del Banco Central? Es uno de los grandes debates del mundillo económico de la gestión Macri.

De un lado, los que dicen que si, se puede. Con el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger a la cabeza. Del otro, la otra “mitad de la biblioteca”, con figuras como Martin Redrado (ex titular del Central) quien afirma que “querer parar la inflación únicamente subiendo la tasas es como querere parar a un auto agarrándolo por la antena”. Quienes sostienen esto afirman que sin un plan integral, que contemple bajar el déficit fiscal, no se puede pensar en reducir la dinámica de los precios en la Argentina.

Y en el medio, para zanjar la discusión, la realidad. Y la realidad indica que el BCRA con casi dos años de política monetaria “contractiva” y de tasas altas, proyectó para todo el 2017 una inflación de 17% cuando los precios ya alcanzaron casi el 24% (enero-septiembre) y aún quedan los últimos tres meses del año por correr.

Para reacomodarse un poco en este debate seguido -a veces- sólamente por el mundillo económico, Federico Sturzenegger salió ayer a realizar comentarios tras conocerse el dato de la inflación de septiembre, que fue de 1,9%. Más alto de lo que se esperaba y más alto de lo que el funcionario tenía proyectado hace meses.

En los planes de Sturzenegger, quien le aseguró al presidente Mauricio Macri que podía doblegar a la inflación con su política de subir las tasas de interés de las Lebac, no estaba contemplado hace un tiempo tener que lidiar a esta altura de su gestión con un índice de precios de este nivel. Al contrario, el año pasado el jefe del Central pensaba que el índice que difunde el Indec mes a mes, ya para esta época del 2018 iba a dar siempre por debajo del 1% mensual.

Ayer salió a ofrecer sus explicaciones, y en una declaración muy fuerte, aceptó que el BCRA perdió credibilidad. Hasta ahora, Sturzenegger defendía a capa y espada sus proyecciones, a pesar de que ya se veía venir que no se podían cumplir. Ahora empieza a admitir que algo falla. Que está equivocado.

¿La pregunta es, perdió credibilidad también ante el presidente Macri? Porque todo el mundo tomó nota que, ante el recrudecimiento del dato de inflación, la decisión del BCRA no fue la lógica, de subir un poco las tasas. Las elecciones están a pocos días y la impopularidad de esta acción lo hacen inviable, dicen algunos.

Pero hay más. Si Macri ve que el plan de Sturzenegger no funciona, no va a respaldar su política antipopular de subir el costo del dinero y encarecer, por ejemplo, el fondeo de pymes o créditos al consumo.

Qué dijo Sturzenegger

En una conferencia de prensa con la excusa de presentar el Informe Monetario (que habitualmente se distribuye por mail), Sturzenegger comentó que “tenemos un gap de credibilidad porque nuestra meta para el año que viene es 10% y el mercado está esperando 15,8%. Nuestra meta es 5% para 2019 y el mercado está esperando 11%… Así que quiere decir que tenemos que trabajar más y mejor para hacer esa convergencia de expectativas”.

Cuando Sturzenegger habla del mercado, se refiere al relevamiento que realiza el BCRA entre economistas, analistas, universidades, y que arroja un consenso de las estimaciones de inflación para los próximos tiempos. Se llama REM. Entre lo que el Central dice que va a ser la inflación y lo que cree el mercado, cada vez hay una brecha más importante.

“La credibilidad del BCRA surge de que actúa con consistencia para afrontar el problema que enfrenta”, dijo Sturzenegger, que ya no sabe cómo dar vuelta los argumentos para seguir insistiendo en que está por el camino correcto. Y acá hay que poner sus palabras en contexto.

Para un banquero central hablar de “credibilidad” y aceptar que hay un “gap” de credibilidad, que es como decir que el mercado no le cree, es muy fuerte. Todo el poder de un Banco Central se basa en la creencia del mercado de que tiene poder “de fuego” para hacer lo que anuncia que va a realizar.

A veces lo anuncia con palabras, otras con acciones en el mercado (comprar dólares, o vender dólares para hacer bajar el precio, por ejemplo).

Sin embargo, Sturzenegger insistió en que está el camino correcto. “Ha habido un proceso de desinflación que ha continuado de manera sostenida durante todo el año. Quizá la última caída no es la que nosotros hubiéramos querido pero definitivamente es una tendencia a la desinflación”.

Al momento de explicar los motivos por los cuales ya se sobrepasó el techo de 17% de la meta de inflación para este año, Sturzenegger recordó que la inflación subió entre febrero y abril como consecuencia de un excesivo relajamiento de la política monetaria a fines de 2016 y señaló que la entidad ya había anticipado esta suba que, “también obedece a la reversión de las tarifas que se produjo en agosto del año pasado”.

El economista igual se mostró preocupado porque la inflación núcleo no baja como el pensaba, tampoco. “Está costando bajarla”, dijo.

Para cerrar, Sturzenegger dijo dos buenas a su favor.

Una, que la Argentina bajó de 40% a alrededor de 23% la inflación en 2017 respecto de 2016.”Este proceso de desinflación se produce a pesar de que sistemáticamente los precios de los regulados están creciendo por encima del nivel general”.

La segunda buena. “Nos ha sorprendido la velocidad con la cual se ha desacoplado la dinámica de los precios del tipo de cambio. Ese desacople es muy natural en los países que tienen regímenes de tipo de cambio flotante con metas de inflación”, señaló. En otras palabras, miren que el dólar subió bastante y los precios no siguieron el mismo recorrido, ¿eh?

 

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Para el mercado las tasas no van a bajar, pero tampoco van a subir por la mayor inflación

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El Banco Central afrontará el martes el vencimiento de 381.044 millones de pesos en Lebac, para lo que el mercado no espera una agresiva suba de tasas a pesar del negativo dato de inflación ascendente que el INDEC dio a conocer la semana pasada.

Tras conocerse el 1,9% de inflación para septiembre, el mercado secundario no mostró una reacción virulenta y mantuvo la curva en sintonía con lo que venía mostrando, en torno a un 27,25% en el tramo de 270 días y casi no hubo modificaciones en el plazo más corto, señaló hoy el diario El Cronista.

Lo que el mercado da como un hecho es que no habrá baja de tasas hasta avanzado el primer trimestre de 2018 e incluso los operadores comenzaron a especular ahora con un posible retraso en la nueva suba de tarifas que el Gobierno prometió para después de las elecciones legislativas.

La meta anual de inflación del BCRA de 17% fue superada ya en septiembre y ahora los operadores advierten que si hay un ajuste de tarifas, el IPC se mantendrá alto en octubre, noviembre y diciembre y eso generará un efecto arrastre sobre el indicador en el inicio de 2018.

Para el economista Amilcar Collante, del Centro de Estudios Económicos del Sur (Cesur), la tasa está actualmente muy agresiva dado que sigue diez puntos arriba de lo que marcan las expectativas inflacionarias para los próximos doce meses.

“Preveía que el mercado podía empinar un poco más la tasa después de conocerse el dato de inflación de septiembre, pero eso no ocurrió. Casi no hubo movimientos y el BCRA no salió a anticipar señales‘, dijo Collante en declaraciones a NA.

El expresidente del Banco Central, Martín Redrado, señaló que en la semana previa a las elecciones, los vencimientos de Lebacs son los más bajos desde marzo, lo que podría generar que el BCRA no necesite de una expansión tan significativa de dinero para responder a quienes no renueven.

El vencimiento de Lebac del martes será mucho más llevadero para el BCRA que el del mes pasado, dado que -gracias al estiramiento de plazos- equivale a unos 100.000 millones de pesos menos que la licitación de septiembre.

Lo que podría impedir que el ministerio de Energía suba las tarifas de electricidad y gas para bajar el porcentaje de subsidios que reciben las empresas es el elevado rojo fiscal que el Gobierno pretende cerrar este año en 4,2% del Producto Bruto.

Operadores del mercado consultado por NA dan por hecho que el dato de inflación de octubre será más bajo que el 1,9% de septiembre, pero advierten que si se ajustan las tarifas en noviembre, la inercia alcista volverá, complicará más la a la inflación y podría demandar un mayor endurecimiento de la política monetaria.

“Por ahora, el Gobierno tiene todo para cumplir con la meta de déficit. Parece haber sintonía fina entre Hacienda y el BCRA. Y si el rojo fiscal se mantiene con tendencia a la baja, no hará falta que suban las tasas. Es un escenario complicado”, dijo un operador de la city porteña.

Otro problema para subir la tasa, dicen los operadores, es el nivel del tipo de cambio, porque se profundizaría el atraso cambiario dado que los inversores que tienen sus carteras dolarizadas irían al peso generando una apreciación de la moneda nacional.

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El Banco Central se anotó una derrota en su batalla en contra del efectivo

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El Banco Central (BCRA) podrá decir que en la batalla contra la inflación está dando una buena pelea. Pero hay una batalla en la que no logra sumar demasiadas victorias: la del efectivo. Pese a los esfuerzos de la autoridad monetaria por imponer nuevos medios de pago electrónicos, en los últimos meses creció la demanda de billetes y de monedas del público. Y lo que más desconcierta a los técnicos del BCRA es que el crecimiento se da en un momento en el que, estacionalmente, todos los años cae la cantidad de billetes en circulación.

En la entidad que preside Federico Sturzenegger barajan varias hipótesis de por qué podría estar sucediendo este fenómeno. Una de las explicaciones las dio públicamente el propio presidente del BCRA en uno de sus últimos discursos. Según dijo detectaron una correlación entre la demanda de efectivo y el dinamismo de la construcción, un sector en el que históricamente siempre se registró un alto nivel de informalidad. En estos meses la construcción no sólo está creciendo fuerte, sino que además es probablemente la actividad de mayor dinamismo de toda la economía. 

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Este es el nuevo billete de $ 20 con la imagen del guanaco que el Central pone en circulación

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) pone en circulación el billete de $20 pesos con la imagen del guanaco, que coexistirá con el billete actual del mismo valor en circulación con la imagen de Juan Manuel de Rosas. Este billete es el tercero de la nueva familia “Animales autóctonos de Argentina”, que busca concientizar sobre la preservación del medio ambiente y que cuenta con mayores medidas de seguridad, introduciendo un diseño vertical en su anverso. 
El primero fue el billete de 500 pesos con la imagen del yaguareté, lanzado en junio de 2016, y el segundo el de 200 pesos con la ballena franca austral, en octubre del mismo año.

En el billete de 20 pesos, cuyo papel es de algodón de 95 g/m2, predomina el rojo, informa la entidad y adelanta que mantiene el mismo tamaño de la Línea Peso y será distribuido progresivamente desde mañana a través de la red de sucursales bancarias y cajeros automáticos de todo el país. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Cuidado, que en 2018 el BCRA pasa a jugar de local !!

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En un año electoral, como es este 2017, se supone que la autoridad monetaria debería haber “jugado de visitante”, con una estrategia más bien defensiva, cuidando de no enfriar la economía, de modo de no perjudicar las chances del oficialismo. El Banco Central parece haber asumido ese rol hasta marzo, pero a partir de allí escapó del estereotipo, empujando hacia arriba las tasas de interés. Maquiavelo podría decir que con eso fue suficiente, ya que la expansión monetaria actúa con rezago sobre el nivel de actividad, pero lo cierto es que ahora estamos en otro escenario, con tasas reales de interés de los pases y las Lebacs llegando a entre 7 y 10 puntos/año, según el indicador de inflación que se tome. Los datos de agosto de precios minoristas han mostrado un avance de la desinflación pero, por lo actuado desde abril, cabe esperar que el Central sólo habrá de relajar su política cuando los índices converjan al 1 % mensual. Si ese logro se demora, conviene tener en cuenta que, con el probable resultado de octubre y sin elecciones a la vista, la autoridad monetaria pasará a “jugar de local” en 2018, con lo que eso significa.

El recorrido de la inflación hasta aquí permite afirmar que el Banco Central habrá de incumplir el techo de la meta del 17 % anual en diciembre. Si bien esto significa un daño a su reputación, hay un factor cualitativo compensatorio, ya que no dudó en comenzar a subir las tasas de interés desde abril, seis meses antes de las legislativas, aun sabiendo la importancia que tienen para el oficialismo.

El rol asumido por el BCRA en buena parte de 2017 está destinado a dejar huella. A la hora de imaginar el 2018, los agentes económicos están incorporando señales que quizá a fin de 2016 no resultaban tan evidentes. Así, la permanencia del sesgo contractivo de la política monetaria hasta que la inflación converja a 1 % mensual es un escenario que parece tener cada vez más adherentes.

Existen matices para explicar la divergencia entre metas e inflación en 2017. Uno es la falta de consistencia entre la política fiscal y monetaria; otro, el problema de la inercia en un país con tanta historia inflacionaria. Además, está el hecho que las subas de tarifas tienen efectos de primera y segunda ronda que quizá no han sido suficientemente ponderados, además de la influencia sobre las expectativas de los ajustes pendientes.

Por su parte, los mecanismos de transmisión de la política son débiles por la pequeñez del sistema financiero, y existen filtraciones por el elevado spread, que determina tasas que siguen siendo negativas en términos reales para cierta franja de ahorristas.

Pero lo relevante no es lo que piensan los analistas, sino el diagnóstico del propio Banco Central. Y, tras varios discursos de su presidente, no hay dudas acerca de la importancia que los funcionarios le asignan al “relajamiento prematuro” de la política monetaria, hacia fin de 2016, principios de este año.

En función de ese diagnóstico, el Central está preparado para “jugar de local” en 2018. Una medición simple de la tasa real de interés la ubica actualmente encima de 9 puntos (pases y Lebacs) contra la inflación esperada (REM) de los próximos doce meses. Ese guarismo se ha casi duplicado respecto de fin de 2016. Algo análogo ocurre cuando se compara la tasa de interés de política monetaria con la inflación núcleo (promedio de tres meses) anualizada. De 2 puntos porcentuales a fin de 2016, se ha pasado a casi 7 puntos en el presente. A esta trayectoria de la tasa real se suma el hecho que la curva de rendimientos se ha invertido desde hace un par de meses, resultando más atractivo el retorno de las Lebacs a medida que nos alejamos de los 30 días.

Dado el rezago con el que actúan estas políticas, cabe preguntarse qué habrá llegar antes, si la desinflación o el enfriamiento de la economía. El canal del crédito, que hoy es poco menos que un boom, podría comenzar a resentirse si este escenario se prolonga. Pero, en realidad, el crecimiento de 2018 puede absorber una desaceleración de los bienes durables.

El consumo básico está repuntando, y el mercado de trabajo puede darle continuidad a este movimiento, siempre a un ritmo moderado. El gobierno, además, apunta a un empalme entre obra pública y Proyectos Público-Privados que podría extender la recuperación de la inversión. La salida de la recesión de Brasil podría permitir que la industria y las exportaciones agreguen algunas décimas al crecimiento del PIB local.

Del lado de las expectativas de inflación, es positivo que las pautas presupuestarias sean más consistentes para 2018: la emisión a favor del Tesoro se habrá de achicar a un 14 % de la base monetaria del próximo año, incidencia que en 2015 había sido de nada menos que el 31 % de la base. Respecto del tipo de cambio, el piso más elevado por el mayor déficit comercial seguirá siendo contrarrestado por el ingreso de divisas derivado del financiamiento externo del rojo fiscal. En cuanto al impacto de 2 a 3 puntos del ajuste de tarifas sobre los índices, esta vez puede ser parcialmente contenido por una demanda de dinero más firme de los particulares, con los pesos “quemando menos” en el bolsillo. Este último factor es muy relevante, pero hasta julio se había manifestado de un modo débil, dejando toda la tarea de esterilización al Banco Central, con el consiguiente aumento del stock de Lebacs. Desde agosto, sin embargo, la demanda de dinero parece estar saliendo en ayuda de la política monetaria.

Al final del día, todo indica que el momento clave del partido de 2018 será el período de marzo a mayo, en el que se negocia el grueso de las paritarias. Si la pulseada se acota a guarismos entre 10 y 15 % es un buen escenario, tanto para la inflación como para el nivel de actividad. Pero el horizonte será menos favorable para ambas variables si aquella brecha es mayor. Los empresarios ya han tenido oportunidad de calibrar al Banco Central. Resta ver cuánto de ese mensaje ha llegado al mundo sindical.

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